Hola gente linda! Cómo están? Espero que muy bien!

Volví un tantito atrasada, pero aquí estoy actualizando con un nuevo cap. En esta ocasión les traigo la presentación de los suegros, je! Habrá algo de tensión y nerviosismo, pero a pesar de todo las cosas siguen encaminándose hacia donde todos queremos… A estos dos tortolitos no los separará nada ni nadie :)

Agradezco a mis fieles seguidoras por sus comentarios! Me alegra de corazón que estén entusiasmadas con la historia y que día a día compartan conmigo todo lo que piensan y sienten! No dejen de hacerlo! Y a quienes aún no se animaron pero me leen, les pido por favor que también me cuenten qué les parece lo que escribo. Todo es sumamente valioso y bienvenido!

Por si no me conecto en los próximos días, quiero desearles una feliz y hermosa navidad a todos y todas! y ojalá que puedan cerrar el año que se va con mucha paz y luz! Felicidades per tutti!

Bueno, lean y disfruten del DIECISÉIS! Y cuéntenme qué les pareció!

Todos los personajes pertenecen a su autora, Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.

Saluditos!

Bell.-


:: Capítulo Dieciséis ::

Darien terminó de vestirse lo más rápido que pudo. Tendió la cama, ordenó la sala y fue al baño para verse en el espejo incontables veces. Estaba tan ansioso con la llegada de los padres de Serena que no podía quedarse quieto.

—Amor, por favor —lo llamó Serena desde su cuarto—, ¿te puedes calmar un poco? —él fue hasta la habitación y se sentó en la cama para esperarla. La observaba mientras ella se arreglaba y no dejaba de mover la pierna nervioso. Cuando estuvo lista, Serena se acercó a él—. Darien, ¿qué pasa? ¿Por qué estás tan nervioso? —se sentó a su lado.

—Lo siento, Serena, es que esto es… Es muy fuerte para mí —respondió él con una expresión de miedo imposible de disimular.

—¿Muy fuerte? ¿Qué quieres decir con muy fuerte? —preguntó ella confundida.

—Es que yo… No sé, nunca pasé por una situación así antes. Tú eres la primera chica con la que tengo una relación tan seria y no sé, es mucho de golpe.

—No te entiendo, Darien —Serena comenzaba a molestarse—. Me acabas de pedir que viva contigo a pesar de que hace poco que estamos juntos, ¿pero te asusta conocer a mis padres?

—No, Serena, no te enojes, por favor.

—Está bien, si no deseas conocerlos puedes irte ahora antes de que lleguen —Serena se puso de pie y se encaminó para salir de la habitación.

—No, Serena —Darien la alcanzó—. Por favor, no me malinterpretes —la tomó de la mano para hacerla girar y que lo mire—. Lo que pasa es que… —suspiró apenado.

—¿Qué es lo que pasa, Darien? —ella se mostraba preocupada—. ¿Qué es lo que tanto te asusta?

—Es que… —Darien volvió a suspirar—. Yo no tengo idea de lo que es tener una familia, no sé lo que es pasar un momento familiar 'normal'. Y ahora que siento que entre nosotros las cosas marchan cada vez mejor, conocer a tus padres significa que me estás haciendo parte de tu familia y tengo miedo de que no me acepten o que no les caiga bien y con eso decepcionarte. Y además…

—Amor —lo interrumpió ella—, comprendo totalmente lo que me dices pero creo que te preocupas y piensas demasiado. No seas tan exigente contigo, acuérdate de todo lo que me dijiste esta mañana —acarició su rostro con dulzura—. Tú eres una hermosa persona, amor, eres amable, divertido, cariñoso, leal —lo besó en los labios—, cerebrito —ambos rieron—. Y yo te amo —volvió a besarlo—, y te acepto tal y como eres —él volvió a suspirar un poco más tranquilo—. Y ellos también te aceptarán, confía en mí —y le regaló una cálida sonrisa.

—Pero es que…

—Pero nada, jovencito —volvió a interrumpirlo—. Créeme, todo saldrá bien, ¿si? Vamos a conversar un rato, compartiremos la cena distendidamente y listo. Nada malo va a pasar. Tú muéstrate tal cual eres y no te menosprecies, no pienses que no te mereces que te acepten. Insisto, eres una hermosa persona, Darien, aunque a veces bastante cabezón —volvieron a reír—. ¿Confías en mí? —él asintió—. Bueno, entonces deja de pronosticar catástrofes y trata de tranquilizarte —lo besó de nuevo.

Darien la abrazó con fuerza. —Serena, definitivamente eres mi dulce ángel de la guarda —ella reía—. Consigues salvarme hasta de mí mismo —suspiró una vez más y la miró a los ojos—. Te amo… —y le dio un largo y apasionado beso.

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Mientras Serena retomaba los preparativos de la cena y Darien la ayudaba a poner la mesa, golpearon a la puerta. Al escuchar, él se quedó paralizado en el medio de la sala con los platos en las manos y cuando Serena apareció para ir a atender sonrió enternecida al verlo tan nervioso de nuevo. Se acercó a él para agarrar los platos. —Tranquilo, amor —le dio un corto beso en los labios y dejó los platos en la mesa. Fue hasta la puerta y antes de abrir volvió a mirarlo—. Todo va a estar bien —murmuró y él asintió con un suspiro.

—¡Hola, hijita! —gritó Ikuko efusiva al entrar y abrazar a Serena—. Perdona la demora, es que después de que te llamé tu padre se antojó de comprar unas cosas y nos detuvimos en el centro comercial —la miraba de arriba abajo—. ¡Qué bonita estás, hija, te ves radiante! —y Serena se sonrojó.

—¡Hola, mi niña! —ahora Kenji la abrazaba con fuerza después de dejar unos paquetes en el suelo—. Mi conejita hermosa, cuánto te extrañé —y le daba ruidosos besos en las mejillas.

—Hola, mamá. Hola, papá —los saludó Serena riendo—. ¿Cómo están?

—Agotados, esta ciudad es un caos, es tan estresante conducir por estas calles —respondió Kenji.

Darien seguía inmóvil observando la escena. Se había imaginado que los padres de Serena serían muy carismáticos, pero no podía salir de su asombro al ver cómo la saludaban tan cariñosamente.

Serena se acercó a él y lo tomó de la mano. —Papá, mamá, él es Darien, mi novio —y Darien sentía tanto pánico que deseaba poder salir corriendo de ahí. Apretaba con fuerza la mano de Serena y ella acariciaba su brazo para intentar transmitirle seguridad.

—Hola, querido —dijo Ikuko con una dulce sonrisa al saludarlo—. Encantada de conocerte.

—Ho… hola, señora —dijo Darien casi sin voz y carraspeó nervioso para acomodarse la garganta—. Mucho gusto.

—Hola, muchacho —dijo Kenji más serio y le tendió la mano.

—Hola, señor —Darien le respondió el saludo—. Mucho gusto.

—Mmm, conejita, ¡qué rico huele! —Dijo Kenji mientras alzaba las bolsas del suelo y se dirigía a la cocina—. ¿Qué estás cocinando?

—No seas metiche, querido —Ikuko lo siguió.

Serena y Darien se quedaron solos en la sala, él seguía atónito y ella reía al verlo. —¿Viste, amor? No fue tan terrible —le dijo mientras le daba un dulce beso en los labios—. Lo peor ya pasó.

Darien soltó un largo suspiro. —Eso parece…

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La velada continuó de la mejor manera. Comieron los cuatro juntos, conversaron relajadamente, Serena y sus papás bromeaban y reían de las cosas que hablaban, pero Darien se mantuvo bastante callado durante toda la cena. Aunque había logrado aliviar algo sus nervios y podía darse cuenta de lo agradables que eran sus suegros, no podía evitar sentirse demasiado expuesto con la inesperada situación. Y temía desilusionarlos si hacía o decía algo inadecuado. Pero Serena no soltó su mano en ningún momento, ella lograba transmitirle tranquilidad.

Después de comer, Serena y su mamá fueron a la cocina a buscar las masitas dulces que ellos habían llevado y preparar té y café para la sobremesa. E Ikuko aprovechó la oportunidad para hablar a solas con Serena. —Hija, te felicito, Darien es un encanto de muchacho.

—¿En serio piensas eso, mamá?

—Sí, hijita, es muy educado, respetuoso y sobre todo muy guapo —agregó Ikuko con una pícara risita.

Serena sonreía emocionada. —Sí, es tan adorable —dijo con un largo suspiro.

—Y se nota que te quiere mucho —siguió Ikuko—, porque cada vez que te mira se le ilumina el rostro de tal forma que es evidente que está perdidamente enamorado de ti —Serena se sonrojó—. Me parece muy agradable, hija, en serio. Aunque es un poco callado, ¿siempre es así?

Serena rió. —No, sólo es algo tímido, eso es todo. Pero cuando lo vayas conociendo más se irá soltando de a poco, dale tiempo.

—Tu padre seguro lo va a aflojar —dijo Ikuko al escuchar que desde la sala Kenji hablaba y bromeaba sin parar. Ambas rieron—. Y dime, Serena, ¿a qué se dedica? ¿Estudia? ¿Es profesional? Aparentemente es un muchacho muy instruido.

Serena suspiró molesta. —Mamá, por favor, no empieces.

—¿Que no empiece qué? —preguntó Ikuko haciéndose la desentendida.

—¿Por qué tú siempre sobrevaloras las cuestiones académicas? Darien tiene cosas mucho más valiosas —dijo Serena con firmeza—. Tú lo dijiste, es respetuoso, agradable, cariñoso conmigo y también tiene muchísimas cualidades más que no aparecen en su curriculum. Y todo eso es lo que yo amo de él, no si tiene un título de grado o algo por el estilo.

—Está bien, Serena —se disculpó Ikuko—. No te molestes, yo sólo preguntaba —se quedaron en silencio mientras terminaban de acomodar las cosas en una bandeja—. Pero no me respondiste, ¿estudia?

—¡Mamá! —exclamó Serena enojada.

—Está bien, está bien, no preguntaré más —y juntas regresaron a la sala.

Cuando llegaron a la mesa vieron cómo Darien y Kenji conversaban y reían con soltura. Aparentemente habían logrado entenderse bastante bien. Y tal cual Ikuko adivinó, Kenji había logrado aflojar a Darien con su forma de ser tan carismática. —Cariño —se dirigió Kenji a su esposa—, ¿sabes quién es el jefe de Darien? —Ikuko negó con la cabeza—. ¡Tomoe! —soltó una carcajada—. ¿Puedes creerlo? El sabelotodo de Tomoe.

Serena se sentó junto a Darien y estaba encantada con lo desenvuelto que lo encontraba al platicar con su papá. Se miraron sonrientes y de nuevo se tomaron de las manos.

—¿Tomoe? ¿Tu compañero de la preparatoria? —preguntó Ikuko mientras se sentaba junto a su esposo.

—¡El mismo! Es increíble, las vueltas de la vida —comentaba él contento—. Éramos grandes amigos, aunque muy diferentes. Él quería ser un distinguido y gran matemático, estudiaba como loco. En cambio yo me fui para el lado de las ciencias sociales, me decía que era demasiado excéntrico y utópico como para encajar con las ciencias duras —no dejaba de reír.

—¿Es tu jefe, querido? —le preguntó Ikuko a Darien—. ¿Dónde trabajas?

—En una empresa de telecomunicaciones —respondió él acotadamente.

—El muchacho es ingeniero en sistemas —agregó Kenji—. Y Tomoe le está dirigiendo su tesis de maestría.

Ikuko quedó encantada con la información que acababa de escuchar. —¿Tesis de maestría? Eres muy joven, ¿en qué instancia estás?

—Ya terminé —respondió Darien con timidez, no le gustaba hacer alarde de sus capacidades y logros académicos—. La entregué hace unos días y a más tardar a mediados del año que viene tendré la defensa final.

—¡Qué admirable, querido! —agregó Ikuko mirando a Serena—. ¡Te felicito!

—Gracias, señora —Darien notó cómo Serena y su mamá cruzaban miradas y se dio cuenta de que su novia comenzaba a ponerse incómoda.

—¿Y tú, hijita? —habló Kenji—. ¿Ya tienes fecha de graduación?

El rostro de Serena se transfiguró. —Eh… no… aún no… —y bajó la mirada.

—¿Cómo que aún no tienes fecha? —preguntó Ikuko molesta—. Ya casi estamos en diciembre, deberían informarte al respecto.

—Es que… En realidad tuve algunos contratiempos y… Y me demoré con la entrega final y…

—¿Te demoraste? ¿Cómo que te demoraste? —insistió Ikuko—. Creí que lo habías hecho hace tiempo.

—No, lo que pasó fue que a último momento tuve que hacer muchas correcciones —quiso explicar Serena—, y los de la imprenta…

—¿Y cuándo te graduarás entonces? —la interrumpió Ikuko enojada.

—El año que viene —respondió Serena con pesar y se sentía tan disminuida por la forma en que le hablaba su mamá que se encogía cada vez más. Ahora Darien apretaba su mano al notarla tan afligida.

—¡¿El año que viene?! —exclamó Ikuko furiosa—. ¿Cómo que el año que viene, Serena? ¿Y la residencia?

Serena se sentía tan presionada y ofuscada que su cuerpo se tensaba entero. —No podré rendir el exámen —su voz comenzaba a quebrarse, no podía mirarla a la cara y sus ojos empezaban a llenarse de lágrimas. Darien se desesperaba cada vez más al verla tan tensa.

—Pero, hija, ¡eso es terrible! ¡Vas a perder un año completo! —Ikuko subía cada vez más el tono de su voz.

—Querida, por favor, no levantes la voz —dijo Kenji intentando calmarla.

—Pero Kenji, ¡esto es inadmisible! —estaba realmente furiosa—. Serena, hija, ¿cómo puedes ser tan irresponsable? ¿Cómo pudiste demorarte así? ¿No te das cuenta de que tu futuro está en juego?

Serena no podía emitir palabra, se sentía como una niñita desobediente que estaba siendo regañada. Darien no podía creer lo que estaba sucediendo y no sabía qué hacer para contenerla.

—No puedo creerlo, Serena —siguió Ikuko—. Me decepcionas enormemente, hija. ¿Qué vas a hacer el año que viene? ¿Vas a seguir vendiendo libros? ¿Eso es lo que vas a hacer? ¿Después de tanto esfuerzo, de todo lo que te brindamos tu padre y yo durante estos años? ¿Vas a trabajar en una simple librería? ¿En lugar de dedicarte a tu profesión en el hospital como corresponde?

—Ikuko, por favor, te estás excediendo —volvió a intervenir Kenji—. No es tan grave, podrá intentarlo más adelante, ella es muy capaz, debes tenerle más confianza.

—Si es tan capaz, ¿por qué no se gradúa en tiempo y forma como debe ser?

—Mamá, por favor —dijo Serena con voz temblorosa—. No te pongas así.

—¿Cómo quieres que me ponga, hija? ¡Es terrible lo que está pasando!

—¡Ikuko, basta! —la cortó Kenji molesto.

Serena sin soportar más la tensión, se levantó de la mesa y se fue hasta la cocina lo más rápido que pudo sin decir más nada.

—Mira lo que consigues, mujer. Eres muy hiriente para decirle las cosas —le reprochó Kenji a su esposa.

—Disculpe, señora, no quiero ser irrespetuoso —Darien no pudo contenerse y defendió a Serena—. Pero sinceramente creo que usted está siendo muy injusta con Serena. Yo puedo dar fe de que ella se ha esforzado mucho todo este tiempo, debería tenerle más consideración.

—El muchacho tiene razón, Ikuko, la presionas demasiado —agregó Kenji.

—Con permiso —se disculpó Darien y fue a buscar a Serena. Kenji e Ikuko se quedaron discutiendo en la mesa.

Serena estaba de espaldas a la puerta y al verla Darien se dio cuenta de que estaba llorando. Se acercó a ella y la tomó del brazo para hacerla girar. —Serena… —ella lo abrazó y comenzó a sollozar desconsolada contra su pecho—. Serena, por favor, no te pongas así —la abrazaba con fuerza y sentía que se rompía por dentro al verla tan angustiada.

—Siempre es lo mismo con ella —decía enojada—. Haga lo que haga nunca es suficiente, nunca le alcanza —e intensificaba su llanto.

—Serena, no dejes que te afecte de esta forma —Darien trataba de consolarla—. Tú eres muy capaz, muy comprometida con tus estudios, ya te lo dije miles de veces. Debes sentirte segura y orgullosa por todo lo que conseguiste.

—Pero ella no está orgullosa de mí, jamás lo estará. Haga lo que haga siempre debió haber sido más y mejor. Jamás seré capaz de cubrir sus expectativas.

Darien tomó el rostro de Serena para que lo mire. —Serena, no necesitas la aprobación de nadie para sentirte segura y conforme con lo que haces. Si tu mamá piensa así, es asunto de ella. Antes que nada debes ser tú misma la que reconozca y valore tus logros.

Las palabras de Darien y la calma con la que la acogía ayudaron a Serena a sentirse más tranquila. —Lo sé, si me empecino en ser y actuar como ella espera que lo haga jamás lo conseguiré. Me duele mucho que sea así, pero debo aceptarlo.

—Tranquila, Serena —Darien le dio un tierno beso en los labios—. No me gusta verte triste —y le regaló una cálida sonrisa.

—Gracias, amor —dijo ella y le devolvió el beso.

Ikuko y Kenji aparecieron en la puerta de la cocina y se acercaron a ellos. —Vamos, querida, dile —Kenji la animó a hablar a su esposa.

Ikuko tomó las manos de Serena. —Hija, lo siento —soltó un suspiro—. Perdóname por haber reaccionado así, no quise gritarte —la abrazó—. Es que me había hecho tantas ilusiones, has hecho tan bien las cosas durante estos años —soltó el abrazo y acarició su rostro—. Admito que a veces soy demasiado exigente contigo pero… —ahora ella se emocionaba—. La verdad es que estoy muy orgullosa de ti, hija —y volvieron a abrazarse—. Has hecho una brillante carrera y sé que serás una excelente profesional.

—¡Por dios! —dijo Kenji riendo mientras se acercaba a Darien—. Estas dos son unas verdaderas cabezonas, ¿no crees? —y Darien también rió.

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Después de que las cosas volvieron a la normalidad y Serena y su mamá consiguieron hacer las paces, Kenji e Ikuko se dispusieron a partir. Serena y Darien los acompañaron hasta el auto para despedirlos.

—Bueno, chicos —dijo Kenji con una alegre sonrisa—. Ha sido una encantadora velada. Gracias por todo —y los abrazó efusivo a los dos.

—Adiós, hijita —se despidió Ikuko—. Gracias por la deliciosa cena —la abrazó—. Y por tenerme tanta paciencia —ambas rieron—. Adiós, Darien —le dio un afectuoso abrazo—. Fue un enorme gusto conocerte —él sonreía con timidez—. Cuida y acompaña mucho a mi niña, ¿si? —él asintió—. Y cuando quieran nos van a visitar a casa. Será un placer recibirte, querido.

—Gracias, señora —dijo él mientras abrazaba a su novia por los hombros.

Terminaron de despedirse y partieron. Serena y Darien permanecieron abrazados hasta que el auto se alejó. —Ay, amor —dijo Serena—, gracias por tu paciencia.

—Al final tú lo pasaste peor que yo —bromeó Darien.

—Qué vergüenza, tuviste que presenciar esa escena tan embarazosa.

—No te preocupes, no fue tan terrible, porque no me tocó a mí —dijo él riendo.

—No quería que las cosas se dieran así, yo esperaba poder hablar con ellos sobre mi graduación en otra ocasión, para evitar que presenciaras la reacción de mi mamá.

—No me imaginé que fuera tan rigurosa, ahora entiendo de dónde sacas tu forma de ser tan exigente —reflexionó él y Serena suspiró apenada—. Y tu papá es muy agradable, sin dudas de él heredaste su genial sentido del humor —ambos rieron.

—Gracias, amor —ella lo besó en los labios—. No sé qué habría hecho sin ti. Me defendiste y me contuviste en un momento realmente incómodo para mí. Eres mi noble y protector caballero —él reía y le devolvía los besos.

—Claro que te iba a defender, tú eres mi princesa —le daba besitos en la nariz—. Y debo cuidar y proteger a mi hermosa doncella ante todas las vicisitudes, dar mi vida por ella y su felicidad.

Serena sonreía emocionada. —Amor, eres tan hermoso —lo abrazó con fuerza.

Darien la mecía entre sus brazos y no dejaba de acariciar su cabello. —Tú eres hermosa, mi amor —dijo en un suspiro. Ella lo miró emocionada y él le regaló una dulce sonrisa—. Te amo… —susurró mientras se acercaba muy lentamente a su rostro—. Mi amor… —y acarició sus labios con un delicado y suave beso.

Serena no sintió más el suelo que pisaba, era un beso simplemente perfecto, cualquier resto del malestar o la tensión que había sentido momentos antes desapareció de repente. Y sólo era consciente del inmenso amor que sentía por él. Se besaban con tanta ternura que se sentían flotar. Darien acariciaba su rostro con las manos y ella se abrazaba a su cuello para profundizar los besos con tibias y húmedas caricias. Se besaron largamente, se demostraban cuánto se amaban, y cada vez se convencían más de que se complementaban a la perfección.

—Amor —dijo Serena sin cortar los besos—, quédate esta noche conmigo —susurró un poco agitada.

—Está bien pero… —su respiración se entrecortaba—. ¿Me vas a dejar dormir? Mira que mañana tengo que levantarme temprano.

—Lo dudo mucho —susurró ella seductora y lo miró acechante.

—¿Ahora quién es la mimosa insaciable? —dijo él con una coqueta sonrisa.

—Es que me has malacostumbrado —ella volvió a besarlo.

—Eres… —decía Darien entre besos—. Eres preciosa, amor… —y la abrazó—. Te amo…