Hola a todos! Cómo están? Espero que muy bien :)
Nuevo día nuevo cap. En esta ocasión les traigo un episodio que me está quedando muy largo, así que lo dividí en dos partes para que quede más prolijo. Quizás esta primera parte quedó algo corta, pero creo que lo que cuento acá es importante. Es una escena relativamente cotidiana, pero en ella se puede ver el fuerte compromiso que existe entre nuestros adorados tortolitos. Ya casi casi nos acercamos al final de esta historia, y las cosas entre ellos cada vez van a ser mejores…
Aclaración: El texto que relata Darien en este cap es un extracto de una obra de Julio Cortázar. Espero que les guste ese fragmento…
Bueno, lean la primera parte del DIECIOCHO en paz. Si termino a tiempo mañana subo la segunda. Y no dejen de comentarme qué les pareció! Saben que todo lo que me dicen es super valioso para mí, todo es bienvenido!
Todos los personajes pertenecen a su autora, Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.
Besos!
Bell.-
:: Capítulo Dieciocho : Primera parte ::
Un año nuevo comenzaba…
Después de despedir el año viejo con sus amigos, Serena y Darien salieron de viaje el 1ro de enero a la madrugada. Pasaron unos días increíbles, recorrieron y pasearon por París durante semanas y después también conocieron otros países de Europa. Viajaron durante un mes y medio, no quisieron desperdiciar un solo día para disfrutar de hacer algo tan intenso y gratificante juntos.
A su regreso, Serena comenzó enseguida a alistar todo para mudarse al departamento de Darien. Dedicaron un fin de semana completo para el traslado de sus cosas y algunos de sus muebles, y el resto lo enviaron a la casa de sus padres.
Era un sábado en la tarde, Serena ya estaba terminando de instalarse en su nuevo hogar. Todavía había muchas cajas y bolsas por todos lados y le llevaría un tiempo considerable terminar de ordenar todo. Darien puso algunos discos a andar y la ayudaba a desembalar sus cosas. Ella colgaba adornos y cuadros en las paredes y él le halagaba fascinado cada detalle que ella le mostraba. Si bien hacía tiempo que Serena había comenzado a decorar su departamento, ahora estaba más entusiasmada que nunca al poder ubicar todas sus pertenencias en el lugar que a partir de ese día compartirían como su nidito de amor.
—¡Ay, ya casi lo olvido! —exclamó Serena al desenvolver un gran portarretratos—. Mira, amor, esto irá a nuestro cuarto —Darien se acercó y la abrazó por la cintura. Serena acomodó el cuadro sobre un estante para verlo mejor—. Lo terminé de armar ayer —contaba contenta. Eran un montón de fotografías de su viaje distribuidas por todo el portarretratos—. La mayoría son de París.
—Son hermosas, amor —dijo él mientras la besaba en la mejilla y la soltaba para acercarse al cuadro y poder ver mejor las fotos—. Ésta es genial —señaló riendo—. Recuerdo que le pediste al mesero de aquel café que la tomara y tu francés era tan 'fluido' que el pobre hombre no entendía nada, ni siquiera enseñándole la cámara comprendía lo que le decías.
—Darien, no te burles —dijo ella haciendo pucheros.
Él seguía riendo. —Encima le gritabas, como si así lograras que te entendiera mejor. El hombre era francés, amor, no sordo —y la abrazó al ver que ella se empezaba a molestar—. No te enojes —le dio algunos besitos en la nariz para calmarla—. Me río contigo, no de ti.
—Yo no me estoy riendo —Serena se esforzaba por mantenerse seria.
—Sí lo estás —él acariciaba sus labios con sus dedos—. Sí te ríes, aquí está tu sonrisa, no puedes ocultármela —y ella sin poder contenerse más echó a reír.
Pero ahora Darien permanecía serio y no dejaba de acariciar los labios de Serena. Ella sonreía y lo miraba fijamente a los ojos. —"Toco tu boca —susurraba—. Con un dedo toco el borde de tu boca. Voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera. Y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar. Hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara. Una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara. Que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja. Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca. Y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen. Y los cíclopes se miran, respirando confundidos. Y las bocas se encuentran —comenzó a besarla—. Y luchan tibiamente —seguía susurrando entre besos—, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua".
Y ambos se fundieron en un apasionado y largo beso. Se besaban con calma, se acariciaban con delicadeza y profundizaban sus respiraciones al intensificar las cálidas y húmedas caricias de sus bocas.
—Te amo… —susurró Serena mientras suavizaba los besos, Darien sonreía tranquilo y la miraba a los ojos sin soltarla—. Te amo tanto… —y volvió a besarlo. Él comenzó a caminar guiándola hacia la habitación y ella se dejaba llevar sin cortar los besos.
Pero mientras atravesaban la sala, un teléfono empezó a sonar. —Es una broma —dijo él al detenerse—. Tiene que ser una broma —y suspiró molesto.
—Amor, no te enojes —ella intentaba consolarlo—. Es la primera vez en todo el día que nos interrumpen —dijo riendo—. Seguro es mi mamá que me avisa que llegaron mis cosas.
—¿Acaso tiene un radar? —preguntó él y Serena rió—. En serio te lo digo, debe tener un radar o algo parecido, no puede ser que llame siempre en momentos así.
—Eres muy mimoso, amor —ella acarició su rostro con dulzura y Darien sonrió.
—Bueno —él caminó hasta la mesa para buscar el teléfono—, atiéndela pero date prisa —Serena echó a reír de nuevo por su impaciencia.
Pero cuando Darien tomó el celular y vio quién llamaba, su rostro se transfiguró.
Se acercó a Serena para darle el teléfono y ella se asustó por su expresión. —¿Quién es? —preguntó confundida y cuando agarró el celular y leyó, comprendió por qué Darien se mostraba tan molesto—. ¿Seiya? —dijo sorprendida.
—¿Qué esperas? ¿No vas a atender? —preguntó él, se mostraba realmente enojado.
Serena atendió la llamada y se fue a la cocina para hablar con reserva. Darien inevitablemente se puso muy nervioso con la situación y comenzó a caminar de un lado a otro mientras maldecía entre dientes. Serena no demoró mucho en regresar, pero para él la espera había sido una eterna tortura. Y cuando vio que se acercaba a él con una gran sonrisa se sintió aún peor.
—¿Qué pasó? —preguntó Darien impaciente—. ¿Qué quería? —intentaba controlar sus emociones, pero estaba furioso.
—Amor, ya tengo fecha —respondió ella emocionada—. ¡Tengo fecha de graduación!
—¿Qué? —Darien no entendía nada, sólo era consciente de lo molesto que estaba con la inoportuna llamada del ex novio de Serena—. ¿Para eso te llamó? ¿No se le podría haber ocurrido una excusa mejor? —comenzaba a levantar el tono de su voz.
—¿De qué hablas? —Serena tampoco lograba comprender lo que pasaba y la alegría que había tenido con la noticia empezó a desvanecerse al ver a Darien sulfurado—. ¿Una excusa?
—¡Claro! ¡Seguro que es una estúpida excusa para hablar contigo, para buscarte! —Darien gritaba y volvía a caminar nervioso—. ¿O acaso tú te crees que te llama un sábado en la noche sólo para hablar de tus estudios?
Ella también empezaba a enojarse. —Darien —intentaba controlarse para no elevar la voz—, ¿me estás hablando en serio?
—¡Claro que hablo en serio, Serena! ¡Yo sabía que esto iba a pasar algún día, estaba seguro de que volvería!
—Darien, estás mezclando todo, estás interpretando cualquier cosa. ¿No escuchaste lo que te acabo de decir? Me voy a graduar, para eso me llamó, para avisarme que…
—¿A esta hora? —la interrumpió él—. ¿Un sábado en la noche? ¿De repente se entera y te llama para avisarte? ¡Pero qué feliz coincidencia! —dijo con sarcasmo y no dejaba de caminar.
—Él trabaja en la facultad, conoce a todos los profesores y justo uno de los que evalúa mi trabajo es amigo suyo —intentaba explicarle—, y esta tarde le contó que ya estaban las fechas y que las publicarán el lunes, entonces…
—¡Sí, claro! ¡Me lo creo! —la interrumpió de nuevo—. ¿Es que no te das cuenta, Serena? ¡Te está buscando! ¡Jamás te llamó en todo este tiempo! ¿Y ahora de repente son buenísimos amigos que se hablan por asuntos de la facultad? ¡Pero qué considerado, qué gran compañero tienes!
—No me grites —suplicó ella con voz temblorosa—, no me gusta que me grites.
—¿Cómo quieres que te lo diga, Serena? —Darien estaba tan enojado que no podía evitar seguir levantando la voz—. ¡Es evidente que se está echando un lance contigo! ¡¿Cómo puedes ser tan ingenua?!
—No puedo creerlo. Te preocupa más hacer una ridícula escena de celos cuando en realidad él tuvo la mejor intención de darme una noticia importante. Es mi graduación, Darien, tú sabes lo que significa esto para mí.
—¡Con más razón todavía! ¡Es la excusa ideal para volver a acercarse a ti! ¡Sabe perfectamente lo obsesionada que estás con ese asunto y que le estarás eternamente agradecida por su preocupación!
—¿Obsesionada? —Serena ya no podía contener las lágrimas.
—¡Ya lo veía venir! —siguió Darien—. ¡Era obvio que tarde o temprano esto iba a pasar! ¿Cómo puede ser que no te des cuenta de lo que sucede? ¡Eres muy inocente, Serena! ¡Abre los ojos, mujer, te está buscando de nuevo, eso es lo que está haciendo!
—No puedo creerlo —Serena se acercó a una de las cajas y empezó a guardar cosas sin fijarse en qué—. No quiero escucharte más —no podía dejar de llorar—. Ha sido un error venir aquí —estaba tan enojada y dolida con la forma en que Darien le había gritado que no pensaba lo que hacía, sólo quería huir de ahí lo antes posible. Colgó su bolso de su hombro, alzó la caja y caminó hacia la puerta.
Darien recapacitó de golpe al verla tan decidida a partir. —No, Serena, no. No te vayas, no… —y la detuvo antes de que abriera la puerta, ella lloraba con desconsuelo y él sintió que se rompía por dentro al darse cuenta de lo que acababa de hacer—. No, amor, no llores, por favor, no… —tomó la caja que llevaba Serena y la dejó en el suelo—. No te vayas, Serena —la abrazó con fuerza—. Perdóname… Perdóname, no quise lastimarte, no quise gritarte. Perdóname —estaba desesperado, temía haber echado todo a perder.
El llanto de Serena fue disminuyendo de a poco. —Suéltame, Darien —gimoteaba—. Estoy muy molesta contigo, no puedo creer que hayas reaccionado así.
—Perdóname, por favor. No sé qué fue lo que me pasó, me sentí furioso, me irritó tanto esa llamada que…
—Te pusiste celoso —ella completó la frase.
Darien la miró de frente sin soltar el abrazo. —Sí —admitió—, me volví loco de los celos al instante. En realidad siempre me enojo cuando nos interrumpen, pero esta vez fue diferente. Pero no me enojé contigo, no sé qué me pasó. Perdóname, no quise gritarte, no quise tratarte así. Perdóname, por favor —se mostraba realmente arrepentido.
—¿Acaso desconfías de mí?
—No, Serena, por favor, eso jamás. Desconfié de él, lo primero que pensé es que sigue interesado en ti y que…
—Darien —lo interrumpió—, ya te expliqué por qué me llamó, deja de pensar tonterías.
—Sí, amor, lo sé. Lamento tanto haber reaccionado así —la abrazó de nuevo—. Por favor, no te vayas.
—No me voy a ir, sólo estaba enojada —Serena suspiró un poco más aliviada—. Y sigo estándolo —se separó de él y caminó hacia la mesa. Se sentó y dejó su bolso en una silla. Darien la siguió y se sentó a su lado—. ¿Podemos hablar con calma? —él asintió—. ¿No vas a volver a gritar? —él negó con cabeza.
Darien la tomó de las manos. —Serena —se sentía muy afligido por lo que había pasado y necesitaba aclarar las cosas con ella—, entiendo que estés enojada. Me porté como un idiota, perdí el control y te traté mal. Perdóname, por favor. Lo que pasa es que… —suspiró con pesar.
—¿Qué es lo que pasa, Darien? ¿Desconfías de mí? —volvió a preguntar ella, en realidad lo que le dolía era creer que eso era lo que pasaba y necesitaba estar segura de lo que él pensaba.
—No, Serena, ya te dije que no. No es por ti que reaccioné así, entiéndeme. Es que me molestó que te llamara.
—Pero ya te dije que me llamó para…
—Lo sé —la interrumpió él—, y te creo, no desconfío de ti, en serio te lo digo. Pero no me gustó nada que te llamara después de tanto tiempo —volvió a suspirar—. Yo ni siquiera lo conozco, sólo lo vi una vez, pero yo te veía tan triste en ese tiempo y él te dejaba de lado, te ignoraba y yo no podía creer lo que hacía. No entendía cómo podía comportarse de esa forma contigo. Tú eres la chica más hermosa del mundo, eres tan especial, dulce, sensible, graciosa —acariciaba su rostro—. Y él no te valoraba, te descuidaba. Y yo casi llegué a odiarlo por eso.
—¿También te ponías celoso entonces? —preguntó Serena en tono coqueto.
—Moría de celos —reconoció él y ella se mordía el labio inferior mientras acariciaba sus manos—. Cada vez nosotros nos acercábamos más y él te seguía lastimando con su indiferencia. Estaba desesperado, quería protegerte, tenerte sólo conmigo, no soportaba que te tratara de esa forma. Y si ahora intentara acercarse a ti de nuevo no voy a tener la paciencia que tuve entonces —Serena sonreía—. En serio, amor, no permitiré que se te acerque nunca.
—Creo que estás exagerando.
—No, no exagero, en verdad desconfío de esta llamada. Entiendo que haya querido darte la noticia de la fecha, puede haber tenido una buena intención con eso, pero para mí no deja de resultar extraño, pienso que tuvo una excusa perfecta para volver a hablar contigo.
—Bueno, supongamos que tienes razón —reflexionó ella—, que está interesado en mí, que quiso intentar buscarme de nuevo y todo eso. Por un lado, sinceramente me importa poco y nada si en verdad le pasa eso. Yo no pienso responderle de ninguna forma, ni siquiera para que seamos amigos. Y por otro, creo que tampoco hay manera de que vuelva a insistir después de lo que le conté.
—¿Qué le contaste?
—Apenas me preguntó cómo estaba le dije: "Feliz, porque acabo de mudarme con mi novio".
Darien la miró sorprendido. —¿Eso le dijiste? —ella asintió—. ¿Y le contaste que era yo? —ella volvió a asentir—. Vaya, no le debe haber gustado ni un poco escucharlo.
—Sí, le dije todo eso. Así que no hay chance de que me llame de nuevo.
Darien soltó un largo suspiro. —Amor, ven aquí —la tomó de la mano y la acercó a él para que se sentara sobre su regazo—. Perdóname, Serena —la abrazaba por la cintura—. No me gusta que discutamos.
—Es nuestra primera pelea de novios, ¿te diste cuenta? —señaló ella riendo.
—Sí, y ojalá sea la última. Odio hacerte llorar, se me parte el corazón cuando te veo llorar. No volvamos a pelear, por favor.
Serena volvía a reír mientras abrazaba su cuello. —Eso no te lo puedo garantizar, amor.
—Es cierto, tú tienes muy mal carácter —bromeó él.
—¡Qué descarado! ¡Fuiste tú el primero en pegar el grito en el cielo como un loquito!
—Y tú quisiste salir corriendo, ¿siempre reaccionas así?
—Sí, no me gusta pelear. No me gusta que me griten.
Darien tomó su rostro con dulzura. —Perdóname, amor —comenzó a besarla en los labios—, a mí tampoco me gusta gritarte. Pero no lo pude evitar, me puse muy nervioso, no quiero que nadie se fije en ti —susurraba entre besos—, que nadie te mire. Eres mía, sólo mía, y no pienso compartirte con nadie.
—Qué posesivo resultaste ser —ella le devolvía los besos—. Posesivo y sobreprotector.
—¿Te molesta?
—Me encanta —respondió con seguridad y lo besó con pasión.
—Amor… —susurró él casi sin voz, los besos y caricias de su novia lo estremecían entero—. Serena, ¿quieres… —ella comenzó a besar su cuello—. ¿Quieres que vayamos a reconciliarnos a nuestra habitación? —ella cortó los besos y asintió con una mirada acechante. Y Darien retomó los besos y la tomó entre sus brazos para llevarla con él hasta su cuarto.
