Yo te cuidaré
Capitulo 11
Medianoche
Cuando Sam abrió los ojos estaba acostada en su cama y los brazos de Freddie rodeando fuertemente su cintura. Ella no se había sentido tan bien desde hace tanto, se sentía protegida y aun sabiendo que su hijo estaba desaparecido, estaba llena de esperanza con solo tenerlo allí a su lado. Sam se giró solo un poco para despertarlo, lo haría despacio y con mucho cariño, se lo debía.
-Freddie… amor –susurraba Sam en su oído mientras deslizaba sus dedos por el brazo. –Despierta, cariño… -ella lo escuchó gemir y negar con la cabeza.
-No quiero… tengo miedo de abrir los ojos y darme cuenta que no estás aquí –murmuraba el castaño con los ojos cerrados fuertemente.
-Cuando los abras estaré aquí mi amor –ante esas palabras Freddie no podía hacer otra cosa que abrirlos, sentía como todo el aire abandonaba sus pulmones.
-Eres tan hermosa… -susurraba acariciando el rostro de la rubia antes de unir sus labios en un beso lleno de sentimientos, a Sam no le importaba el sabor matutino ya que después de lo que le había hecho lo necesitaba más que nunca. –Te tengo… -murmuraba el castaño con voz entrecortada cuando inicio el llanto de su esposa.
-Y yo a ti… -Freddie asintió con lágrimas en los ojos. –Debemos encontrarlo, lo necesito… lo necesitamos a nuestro lado…
El castaño suspiró aliviado, ella lo había tomado en cuenta nuevamente. Estaba a punto de decirle cuanto la amaba cuando su teléfono comenzó a repicar. Él se tensó al ver el nombre de su madre en la pantalla, "Marissa Benson".
-No le contestaré –murmuraba él con los ojos cerrados.
Sam no le dijo nada, respetaba su posición y no quería que él se sintiera más mal de lo que ya estaba. Por su culpa pasaron dos noches separados y sufriendo el doble, ahora juntos el dolor era más soportable. De nuevo el teléfono volvía a sonar, pero esta vez no era una llamada si no un mensaje de texto.
"Yo sé donde esta David
Marissa"
Freddie se había levantado tan rápido que ella no entendía lo que le sucedía, lo vio entrar al baño y cepillarse rápidamente.
-Vamos, ella sabe donde está David –gritó desde el baño mientras se quitaba la camisa y los pantalones para quedar solo en bóxer.
Ella no se detuvo a mirarlo siquiera porque se le veía correteando por toda la habitación para buscar lo necesario, ropa y zapatos antes de encerrarse en el baño de huéspedes. Minutos más tarde, Sam correteaba por toda la casa en busca de sus zapatos y Freddie terminaba de vestirse, no habían pasado ni quince minutos de ese mensaje y no querían tardar más de lo debido.
-¿Dónde rayos dejé mis zapatos? –Gritaba Sam desde la sala.
-Aquí, los tengo –Sam corrió hasta el cuarto para luego sentarse en la cama y ponérselos. –Estoy tan nerviosa, no puedo creer que tu madre sepa donde está…
-Ni yo, juro que si algo le pasa la mataré –murmuró Freddie con la mirada perdida.
-No si antes la mato yo… te juro que la odio más de lo que pensé odiar a una persona –le decía mientras lo abrazaba. –Ahora no perdamos el tiempo, debemos encontrar a nuestro bebé.
-Así será… -dijo Freddie mientras llamaba a alguien por su teléfono. –Papá, ella me llamo y quiere que vaya a Brushwell…. Sí, necesito que llames a la policía, ella sabe donde está David.
-¿Papá? –Freddie esbozó una sonrisa ladeada encogiéndose de hombros.
-Nunca es tarde para empezar de nuevo… -dijo antes de besarla para luego salir del apartamento.
Solo cinco minutos les había tomado ir hacia Brushwell, incluyendo la espera en el elevador. Sam no parada de dar brinquitos de ansiedad mientras que Freddie movía su pie con nerviosismo. No sabía que esperar de su madre ya que la ultima vez la había insultado, aunque se lo merecía. Sin embargo, no estaba en su crianza tratar de esa manera a ninguna persona mayor, ni mucho menos a una mujer, pero no era el momento para preocuparse por eso.
Él vio a la rubia caminar hacia el apartamento 8-D y luego tocar la puerta con desespero. Cuando Marissa Benson abrió la puerta, recibió una cachetada tan fuerte que casi la cae al piso.
-Me dirás donde está David o te juro…
-Cálmate Samantha, sé muy bien lo que puede o no pasarme si no aparece David –gruñía la mujer tomando su mejilla para aliviar el dolor. –Adelante, no tengo mucho tiempo… ¿Se les ofrece algo?
-No vinimos por una taza de té mamá, dinos de una buena vez donde está David –él vio como su madre caminaba nerviosa por la sala y parte de la cocina.
-Cuando le dije a Pam que necesitaba su ayuda, nunca pensé que lo que robaríamos a un menor –admitía con voz entrecortada. –Yo solo lo hice para alejarte de esa roba hijos… pero ahora, Pam quiere venderlo…
Sam había dejado escapar todo el aire de sus pulmones antes de caer en el suelo, se sentía mareada y asqueada. Freddie no se había movido de su lugar, sus ojos estaban vidrioso a causa de las lágrimas contenidas y sus manos estaban echa puños, trataba de contenerse.
-Dime que puedes impedirlo… -bramó el castaño desde su lugar.
-Sí, ya la policía lo sabe –susurraba la ojiverde con la cabeza gacha. –Me darán seis años por esto…
-Debería pudrirte en una celda –susurró Freddie con voz temblorosa.
-David está…
Ninguno de los dos podía hablar, el patrullero solo los miraba por el retrovisor con lastima puesto que no habían parado de llorar desde que se montaron. Sobre todo la rubia que se escondía en el cuello de su esposo para poder llorar tranquila. Él dejaba escapar algunas lágrimas, pero no sucumbía al llanto como ella, tenía que ser fuerte y rogar porque llegaran a tiempo.
El viaje tardaba más de lo que esperaban, pero confiaban que Marissa lograra obtener un poco más de tiempo. Cuando el coche se detuvo en un paraje árido y alejado de la ciudad se sorprendieron, no había nada alrededor, solo una pequeña choza donde, de seguro, en el pasado guardaban herramientas y cachivaches.
-No… no pudo habernos engañado –susurró Freddie con voz rota.
Él podía sentir las uñas de Sam en sus brazos y escuchar el llanto descontrolado, no podía creer que su madre le hiciera eso. De pronto, las puertas de la choza se abrieron dejando al descubierto a una mujer idéntica a Sam.
-Maldita zorra… -gruñó la rubia antes de salir disparada hacia su igual. –Regrésame a mi hijo… -a Sam no le importaba nada, solo quería tener a David entre sus brazos.
-Tranquila Sammy, vengo a traértelo –su voz llena de fastidio lograba encolerizar más a la rubia. –Es un llorón, por eso nunca tendré hij… -su hermana le había arrebatado al bebé de sus brazos que lloraba como nunca.
-Mami esta aquí, no tienes que temer…
-Tranquila, no le iba a pasar nada… -Freddie recibió a David y tan rápido como fue su movimiento, Melanie estaba tendida en el suelo, inconsciente.
-Vete a la mierda hermanita –gritó antes de girarse y ver como su esposo… sí, su esposo, tenía que acostumbrarse a eso ahora. Ella lo veía abrazar al bebé con lágrimas en los ojos.
-Oh Dios, estás bien… no te paso nada –murmuraba entrecortadamente. –Por favor, que sea real…
La rubia se mordía los labios para tratar de no llorar, pero era imposible cuando lo escuchaba de esa forma, él también había sufrido. Se acercó para abrazarlos y ella sentía sus brazos rodearla por completo, ahora estaba completa.
-Señora Benson, debe entregarle el niño a los paramédicos, deben revisarlo –ella negaba con la cabeza mientras nuevas lágrimas se deslizaban por sus mejillas.
-Debes entregárselo Sam, yo tampoco quiero –admitía el castaño acariciando su cabello sedoso. –Pero también quiero saber como se encuentra de salud, por favor… solo será un rato.
-¡Bien! –accedió antes de dárselo al paramédico.
-Lo cuidaremos bien Señora…
Por largos cuarenta y cinco minutos esperaron por David, mientras el detective les hacia preguntas rutinarias. También les dijo cual sería el destino de sus madres y de Melanie, ninguno de los dos sintió pena cuando el detective comentaba la segura sentencia; mínimo quince años para Pam por ser la autora de dicho plan, diez para Marissa y tres para Melanie.
Cuando llegaron a su apartamento Sam chilló de alegría, ella daba saltos con su hijo en brazos, que reía descontroladamente a causa del posible vértigo que eso le causaba. Edward seguía a su hijo que no paraba de sonreír ni aunque eso le causara dolor en sus mejillas, él estaba feliz. Ambos se sentaron en el sofá mientras Sam le daba un baño al pequeño, Freddie no se atrevía a ir porque de seguro ella estaba en iguales condiciones.
Ninguno de los dos habló, no hacia falta porque ya todo estaba dicho. El hombre mayor que tanto se parecía a él y al que tanto odio por haberlos abandonado, ahora estaba a su lado y apoyándolo como nunca esperó. Él lo miró sonriente antes de darle un par de palmadas en su pierna, indicándole que era hora de partir.
-Te acompaño… -Edward asintió sonriente, le encantaba saber que su hijo no quería dejarlo ir. Él cumpliría sus palabras, lucharía por recuperar esa confianza que había perdido por culpa de Marissa.
Bajaron en silencio y cuando estaban a punto de llegar a la salida, Freddie lo detuvo.
-Papá… -guardó unos segundos silenciosos mientras pensaba en lo que iba a decirle. –Tengo que darte las gracias por todo lo que has hecho por mí…
-No tienes por qué agradecerme nada, lo hago porque te quiero –el castaño tenía la mirada gacha, sin embargo, la sonrisa que se abría sin permiso en su rostro le demostraba lo feliz que se sentía. –Vamos, te invito un café y así hablamos un rato… -Freddie se vio indeciso, pero al final había aceptado no sin antes enviarle un mensaje a su esposa.
Sam, al recibir ese mensaje, chilló emocionada. El papá de su esposo le había dado el tiempo necesario para preparar la sorpresa que le tenía. La última vez que preparó una torta había sido para el cumpleaños del castaño y la misma fue a parar en el suelo junto a todo lo que había hecho con Carly. Esta vez estaba decidida a recompensar cada golpe y cada mala palabra que lo hirió esa noche. Tal vez no sería tan grande como la última vez, pero si lograría lo que quería.
-Papá tuvo un mal cumpleaños y hoy lo vamos a recompensar –el niño sonreía como si supiera lo que estaba diciendo. -¿Qué clase de merengue crees que le guste? Creo que chocolate, la última vez casi llora cuando lo probo.
El bebé solo dejo escapar un balbuceo sin sentido.
-Sí, mami sabe cocinar… -dijo al terminar el decorado.
La torta era tan pequeña que cabía en un plato. Ella solo esperaba que la sorpresa sea de su agrado porque había puesto todo su esfuerzo en ello. Media hora después de terminar, ella escuchó la puerta abrirse. Freddie no solo no la había visto, si no que fue directo a darse una ducha y eso le dio el tiempo necesario a ella para prepararse, por desgracia David se había dormido y no podía acompañarla, pero el gesto seguía siendo importante.
Ella ya había tomado una ducha, estaba algo nerviosa de lo que él pudiera decirle, luego de pensar en lo horrible que habían sido esos días con el secuestro de David y la pelea, ambos se merecían un espacio libre de estrés y drama. Esperó por más de media hora por él, apagó las luces y tomó asiento en la cama mientras lo esperaba. Cuando él abrió la puerta se sorprendió de encontrarse a oscuras y más aun al escuchar la voz melodiosa de la rubia que se acercaba a él con una sonrisa.
-¿Qué es esto? –Preguntó emocionado, no podía ocultarlo.
-Celebramos tu cumpleaños atrasado –dijo la rubia con una sonrisa. –Esta es mi forma de disculparme por ese horroroso día y de querer compartirlo solo contigo. Ahora sopla niño bonito…
Freddie frunció el ceño recordando algo de su sueño sin borrar su sonrisa.
-¿Por qué niño bonito?
-Porque eres hermoso Freddie, ¿nunca te has visto al espejo? –El aludido se sorprendió, nunca le había dicho algo así. –Tienes ese algo que tiñe tu rostro de inocencia y picardía al mismo tiempo, por eso eres mi niño bonito como para ti soy tu princesa, además yo no me quejo.
Ella escuchó risas antes de apagar las velas.
-Feliz cumpleaños –murmuró Sam antes de besarlo.
-El mejor –susurró antes de unir sus frentes.
-Ahora pruébalo… -chillaba la rubia desde la entrada del cuarto donde se encontraba el interruptor.
Él hizo lo propio antes de dejar escapar un gemido de placer, definitivamente Sam era buena cocinera. Entre risas y juegos se comieron una porción de pastel antes de guardarlo. Luego Freddie tomó su mano y entrelazó sus dedos, necesitaba sentirla cerca. Caminaron juntos hacia la habitación de David y se quedaron para observarlo, era difícil no amar a ese niño o al menos eso pesaba Freddie; era la perfecta copia de Sam, algo más bronceado, pero igual. Su cabello lizo y dorado, sus ojos azulados y nariz pequeña, definitivamente igual a su madre.
-Vamos a descansar… -murmuraba Freddie suavemente en el oído de la rubia haciéndola estremecer. –Hoy fue un día largo…
Sí, eso era verdad, pero ella tenía otros planes.
-Oh Dios, lo he olvidado… -chillaba Sam correteando por su cuarto.
-¿Qué olvidaste? Sam, no corras –decía Freddie entre risas, ella también había comenzando a reír.
Era imposible ocultar la felicidad que ambos tenían, habían conseguido a su hijo sano y sin un rasguño. Pero lo más importante es que estaba con ellos y no permitirían que nadie lo dañara, ni siquiera con el pensamiento.
-El día de tu cumpleaños te compre algo. No sé… cuando lo vi te imaginé en ese atuendo –murmuraba ella mientras se arrastraba en la cama. –Espero te guste…
Freddie abría la envoltura rápidamente, él no se esperaba un regalo de su parte. Para él ya era un regalo tenerlos a su lado, lo material no le importaba mucho. Sin embargo, cuando descubrió el contenido de esa bolsa no pudo evitar sonreír, Sam era una cajita de sorpresas. Él había dejado la bolsa a un lado para poder besarla, necesitaba tenerla cerca.
Ella deslizaba sus manos por la piel descubierta de su pecho y hombros hasta llegar a su cabello, para luego enredar sus dedos en el. Freddie por su parte, la atraía más a su cuerpo para hacer el contacto más íntimo. Una idea se le había cruzado en su mente desde hace mucho tiempo, él lo deseaba con todas sus fuerzas, pero también quería respetarla. Se separó solo un poco para acariciar el rostro de la rubia mientras sus frentes se tocaban.
Sam acortó la distancia entre ellos hasta que sus labios se tocaban, él se estremeció al sentir su aliento y su calor, necesitaba eso. Cerrando la poca distancia que tenían sus labios, él comenzó a besarla suavemente al principio antes de deslizar su lengua por los labios de la rubia. Sam gimió ante el contacto mientras lo recibía con ansias, la lengua de la rubia exploraba la boca del castaño, eso logró hacerlo gemir ahogadamente antes de caer de espaldas en la cama.
Deslizó los pensamientos sobre si Sam era o no experimentada en este campo tomando en cuenta su situación, eso no era lo importante en ese momento. Su piel se erizó al sentir las piernas de ella rodear suavemente su cintura, permitiéndole estar cada vez más cerca de ella.
-Te amo… -susurró el castaño cuando se vieron en la necesidad de buscar aire.
-Yo más –ronroneó ella ganándose una sonrisa de parte de Freddie. –Ahora deja de hablar y bésame…
-Como desees Princesa –ella esbozó una sonrisa antes de recibirlo ansiosa, nunca lo había pensado, pero amaba ser llamada de esa forma.
