Hola gente querida! Cómo les va? Yo muy bien :)
Acá les dejo la continuación del cap anterior, que también quedó algo corta porque al final sobre la marcha decidí hacer algunos cambios y lo que pensaba contar en este episodio lo voy a dejar para el próximo.
En esta ocasión me puse algo seria de nuevo. No se asusten, nada malo va a pasar, al contrario, las cosas siguen marchando cada vez mejor. En realidad lo que quise hacer con este cap, tanto en la primera como en la segunda parte, fue plasmar un aspecto de la relación de Serena y Darien un poco más realista. No niego que todo lo que vengo contando, si bien es una ficción, tiene mucho de verdadero en el sentido de que las relaciones humanas, y en particular las de pareja, tienen matices realmente hermosos y que valen la pena ser reconocidos y descritos desde lo romántico y nutritivo. Pero me parece importante no negar otros aspectos que también son parte, como en este caso el asunto de los celos y también otras cuestiones que a veces hacen tambalear el tablero… No sé si estoy siendo clara. Lo que intento transmitir con esto es que no todos somos perfectos, no todas las relaciones lo son, por más divinas e ideales que parezcan, y que está bueno tener una mirada más abierta y contemplativa de las cosas tal cual son, con todo lo que hay, lo lindo y lo no tan lindo, lo que ayuda a avanzar y crecer y lo que interrumpe. Pfff… me puse profunda, je! Pero bue, es mi humilde opinión, y espero sepan comprenderme…
En fin, una vez más agradezco enormemente a quienes me siguen y comentan día a día, en verdad me llenan de alegría las cosas que me dicen y me motivan a seguir desarrollando este hermoso hobby que cada vez disfruto más! Gracias totales por su apoyo y sus palabras!
Bueno, lean la segunda parte del DIECIOCHO en paz y después me dicen qué les pareció!
Todos los personajes pertenecen a su autora, Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.
Les deseo un muy feliz y próspero año nuevo a todos y todas! Espero que el 2014 (por dios.. cómo vuela el tiempo…) los reciba lleno de lindas sorpresas y muchos proyectos para concretar!
Besitos y hasta el año que viene! :)
Bell.-
:: Capítulo Dieciocho : Segunda Parte ::
Pasaron un par de semanas desde la mudanza de Serena al departamento de Darien. Y a pesar del pequeño pleito que tuvieron, las cosas siguieron marchando muy bien entre ellos. Pero él se había quedado un poco preocupado con lo que pasó. No tanto por lo que motivó la pelea, sino más bien por cómo había reaccionado ante esa llamada que lo hizo estallar de celos. Confiaba plenamente en Serena y sabía que ella no estaba molesta con él por lo que había sucedido, pero se sentía intranquilo por haber actuado impulsivamente de nuevo y haberle gritado de esa forma. Así que decidió retomar la psicoterapia antes de lo acordado con su psicóloga para ocuparse de lo que le pasaba. Muchas cosas en los últimos tiempos lo tenían muy movilizado y necesitaba recuperar la seguridad que creía estar perdiendo.
Serena como siempre lo acompañaba cada vez que tenía sesión y lo esperaba en la placita como ya era su costumbre. Una tarde estaba sentada en la misma banca con un libro en la mano esperándolo. Cuando lo vio aparecer por la esquina de siempre y se acercó a ella con una tranquila sonrisa lo saludó contenta. —¡Hola, amor!
—Hola, Serena —Darien se sentó a su lado y la abrazó.
—¿Cómo estás, amor? ¿Cómo te fue hoy? —preguntó Serena sin soltar el abrazo. Se mostraba interesada como cada vez que salía de terapia y él se podía sentir contenido y apoyado por ella.
—Bien —él suspiró un tanto afligido.
—¿Bien? No te noto tan 'bien' —aunque intentaba mostrarse tranquila y paciente, ella podía notar que desde que discutieron aquel día Darien no estaba con sus mejores ánimos y eso la preocupaba.
—En serio, amor, estoy bien. Sólo que todavía me da vueltas en la cabeza todo lo que acabo de hablar.
—¿Quieres contarme? —Serena acariciaba su cabello con dulzura, quería demostrarle su apoyo y preocupación.
—Sucede que… —Darien volvió a suspirar—. No lo sé, a veces me siento cansado de todo esto. Tengo la sensación de que voy tan lento, que avanzo muy poco a poco, muy despacio —se mostraba realmente intranquilo—. No sé, yo creía que tenía las cosas tan claras, que había llegado a resolver muchas cuestiones, pero siento que no estoy logrando avanzar como creía y me frustro, me canso.
Serena lo escuchaba con atención e intentaba comprender lo que le pasaba. —¿Por qué dices eso, amor? Me parece que estás siendo muy negativo, yo creo que sí has podido lograr muchas cosas.
—Sí, yo también lo creía, pero después de lo que pasó el otro día me sentí muy decepcionado de mí mismo.
—Darien, no pasó nada malo, nada tan terrible como para que te sientas así. Pudimos hablar, pudimos aclarar las cosas entre nosotros. Todo el mundo tiene discusiones, todas las parejas pelean.
—Pero te traté tan mal y te lastimé y no tolero verte triste, mucho menos si es por mi culpa.
—Amor, no te sientas culpable. Ya pasó, todo está bien, yo no me siento mal, en serio.
Darien suspiró de nuevo. —Le conté a ella lo que pasó, le hablé sobre nuestra pelea. Le dije cómo había sido, cómo reaccioné yo con la bendita llamada, cómo reaccionaste tú y cómo después pudimos hacer las paces.
—No le habrás dado detalles de nuestra reconciliación —bromeó ella.
Él sonrió con timidez. —No, eso no se lo mencioné.
—Bueno, ¿y qué te dijo entonces?
—Muchas cosas. Lo primero que me dijo fue que a veces los celos son normales, que sentir temor de perder a alguien querido es una emoción muy común y que lo que pasó había sido algo bueno —ella lo miró con sorpresa—. Dijo algo así como que yo, al sentirme amenazado por algo, o en este caso por alguien, pude expresar lo que me pasaba, aunque de una manera explosiva. Y que también fue bueno que después haya conseguido calmarme y hablar tranquilamente contigo para aclarar las cosas.
—Sí, mirándolo de esa forma creo que tiene razón, después de todo pudimos resolverlo.
—Me hizo ver que estoy consiguiendo cambiar mi forma de reaccionar ante situaciones adversas o que me generan impotencia. Algunos meses atrás habría recurrido a… —suspiró afligido de nuevo.
—¿Beber? —él asintió con pena—. Pero no lo hiciste.
—Sí, lo sé, eso es algo que ya puedo controlar. Pero lo mismo siento que hay ciertas cosas que todavía no puedo manejar como quisiera. No quiero tener reacciones como la que tuve el otro día, no quiero ser tan explosivo, impulsivo, no quiero volver a gritarte como lo hice. No debo comportarme así, no tengo que…
—Darien —lo interrumpió—, no seas tan duro contigo. Entiende que no puedes cambiar rotundamente de un día para el otro, estos procesos llevan tiempo.
—Ella me dice lo mismo.
—Claro, además has conseguido muchas cosas en este tiempo. Piensa en todo lo que ha pasado, en todo lo que has hecho desde que empezaste la terapia: No volviste a beber, te ordenaste en tu trabajo y tus estudios, estás conmigo, te integraste con mi familia, estamos conviviendo. Todo eso es muchísimo.
—Sí, lo sé —las palabras de Serena lo ayudaban a sentirse mejor.
—Amor, comprendo totalmente que tengas miedo a equivocarte, a que sucedan cosas que no deseas. Pero debes saber que a todo el mundo le pasa eso. No puedes estar completamente seguro y confiado en que nada malo vas a permitir que suceda jamás, esa es una actitud muy omnipotente. Hay cosas que no se pueden controlar, tú me lo dijiste una vez: si te empecinas en ser y comportarte de una única y rígida manera te convertirás en una máscara, en alguien en quien no eres —él la escuchaba con atención y reflexionaba sobre cada cosa que le decía—. Debes tener paciencia, amor, y ser más flexible. Tú tienes muchísimas virtudes, no permitas que tus miedos las opaquen —él sonreía agradecido por el apoyo que le transmitía—. Además yo creo que los celos o cualquier otra cosa poco grata que pueda surgir alguna vez entre nosotros, si conseguimos hablarlo y encontrar una solución entre los dos, eso nos ayuda a descubrir nuevas maneras de reconstruir y fortalecer nuestra relación.
—¿Tú crees? —preguntó sorprendido.
—Absolutamente, así lo 'negativo' puede convertirse en un sabroso condimento que nos haga recordar que aunque estas cosas puedan alejarnos también nos sirven para volver a elegir continuar estando juntos.
—Puede ser.
—Sí, amor, nos elegimos y aceptamos con todo lo que tenemos, lo bueno y lo malo. Tú con tu mal carácter, tu impaciencia, tus arranques de cabezón gruñón —ambos reían—. Y yo, que soy una tremenda llorona y miedosa, con mis inseguridades, mis dudas. Cada uno como es, como puede.
—Es muy lindo lo que me dices, Serena —ella sonreía con dulzura y se sentía tranquila de verlo más relajado—. Igualmente mi terapeuta también me dijo que tenemos que continuar trabajando mucho, que debo seguir revisando cuestiones de mi autoestima, mis exigencias, etcétera etcétera etcétera —volvió a suspirar más aliviado—. Parece que esto recién empieza —y esbozó una sonrisa.
—¿Y no te dijo que eres un cabezón? —bromeó ella.
Darien rió. —No, al menos no directamente. Yo le conté que tú siempre me llamas así y te dio toda la razón.
—Eres un cabezoncito todo hermoso y divino —y lo abrazó por el cuello para besarlo en los labios.
Él también la abrazaba y le devolvía cada beso con mucha ternura. Poder hablar con ella, tener una comunicación tan transparente y sincera, le daba mucha seguridad. Contar con su apoyo le permitía sentirse en paz, tranquilo y confiado con quien era y con cómo estaba logrando reparar su vida.
Se besaron largamente hasta que el teléfono de Serena los interrumpió. —Tengo que destruir ese radar —protestó Darien y ambos rieron—. Lo tengo que encontrar y hacerlo pedazos.
Serena buscó su celular en su bolso sin dejar de reír. —Vaya —dijo al ver quién llamaba—, esto sí que es una inesperada coincidencia.
—¿Quién es? —al ver la expresión de preocupación de Serena, Darien pudo adivinar—. ¡¿Seiya?! —ella asintió—. ¡No puedo creerlo! ¿Tiene el coraje de volver a llamar? —comenzaba a enojarse.
—Amor, cálmate, acuérdate de todo lo que acabamos de hablar —tomó su mano—. No te pongas loquito, es sólo una llamada, nada malo va a pasar —él se esforzaba por controlarse—. Vamos a hacer esto: yo atenderé y hablaré delante de ti así escuchas todo, pero sólo si te mantienes tranquilo. Si empiezas a sulfurarte me voy a la esquina y me esperas aquí —dijo con determinación—. ¿Estás de acuerdo?
Él asintió con un suspiro. —Está bien.
—Bueno, aquí vamos —también suspiró para soltar la tensión y atendió la llamada—. ¿Hola? —durante toda la conversación, que fue bastante breve, sostuvo con fuerza la mano de Darien, que la miraba y escuchaba impaciente—. Seiya, ¿cómo estás? … Bien, muy bien … Sí, tengo tiempo, te escucho … ¡Qué buena noticia, te felicito! … Sí, comprendo … También creo que es mejor así … La verdad es que sí —miró a Darien con una alegra sonrisa—, soy muy feliz con él —apretó su mano—. Gracias … Gracias, Seiya, igual para ti … Adiós, Seiya … Adiós —y cortó.
—¿Y? ¿Qué te dijo? —preguntó Darien nervioso.
—Me dijo que dentro de un mes, después de graduarse, regresará con una nueva beca a París para hacer un postgrado. Que cuando le dieron la noticia se acordó de mí y que me llamó con la excusa de la fecha para volver a hablar conmigo. Que pensaba decirme que tenía ganas de verme y…
—¿Viste? ¡Te lo dije! ¡Llamó para buscarte, lo sabía! —él levantaba el tono de su voz.
—¿Te puedes calmar? ¿Me dejas seguir hablando? —ella lo regañó.
—Perdón —y se calmó.
—Me dijo también que después de que le contara que estaba mudándome contigo, se dio cuenta de que no vale la pena insistir, que es mejor dejar las cosas como están y que cada uno siga con su vida.
—Menos mal que al fin entendió —protestó.
—Darien…
—Lo siento, continúa.
—Me preguntó cómo estaba yo, cómo marchaban las cosas contigo, si me sentía feliz y me dijo que desea que todo salga bien entre nosotros, que me vaya bien con la graduación y que tenga una buena vida. Y nos despedimos.
—¿Definitivamente? —preguntó Darine sorprendido.
—Definitivamente —respondió Serena con firmeza.
—Bueno, entonces… ¿Ya está? —ella asintió sonriente—. Vaya —se rascaba la cabeza riendo—, creo que exageré un poco.
—Ay, amor —también reía—, ¡eres terrible! —volvió a besarlo efusiva.
—Amor —decía él sin cortar los besos—, perdóname por preocuparte, por ser tan inseguro, por complicar las cosas con mis tontos ataques de celos. No quiero que volvamos a pelear nunca más.
Serena no dejaba de reír y de besarlo. —Amor, tranquilo, ya todo está bien —se separó de él y acarició su rostro—. Ahora disfrutemos de la calma —él asentía y también acariciaba su rostro—. No sabemos cuando puede venir otra tormenta —bromeó.
Darien la abrazó con fuerza. —No me importa si vienen más tormentas o lo que sea. Jamás me separaré de ti, jamás permitiré que nada ni nadie te aleje de mí —volvió a mirarla y a acariciarla—. Te amo, Serena, te necesito conmigo. Tú me ayudas a sentirme tranquilo, seguro. Tú me ayudas a crecer, a ser mejor persona, a ser como nunca fui. Sólo contigo puedo ser quien soy ahora —empezó a besarla en el rostro—. Y quiero compartir todo contigo —besaba sus mejillas—. Vamos a estar siempre juntos —besaba sus párpados—. Vamos a comprar un perro como Verdell —besaba su nariz y ella reía—. Vamos a formar nuestra familia de conejos. Vamos a envejecer juntos —y volvió a abrazarla con fuerza.
—Haremos todo eso y muchísimas cosas más —agregó ella con una dulce sonrisa al separarse y acariciar otra vez su rostro.
—Beso —dijo él en tono infantil y cerró los ojos para esperarla. Serena sonreía enternecida y se mordía el labio inferior al verlo de esa forma. Darien abrió un ojo para espiar y al verla tan cerca no resistió más y la besó—. Te amo, Serena… —susurró.
—Te amo, Darien… —susurró ella.
Después de besarse y mimarse por largo rato, Darien miró la hora en su reloj. —Amor, ¿qué hacemos ahora? ¿Quieres ir a tomar algo? ¿Un café, un helado?
—Se me antoja otra cosa —dijo ella con una risita pícara.
—¿Qué cosa, princesita? —le dio un besito en la nariz.
—¡Quiero pastel! —exclamó contenta—. ¡Pastel de chocolate!
Él echó a reír. —Parece que tienes hambre.
—Sí, muchísima. Últimamente tengo hambre a todas horas y estoy comiendo mucho —dijo mientras se acariciaba el estómago—. Por eso estoy más gordita —comentó riendo.
—Qué vas a estar gordita, amor —la abrazaba por la cintura—. Estás hermosa, más pulposita en todo caso —Bromeó mientras le hacía cosquillas—. Y así me encantas —susurró en tono seductor, ella volvía a morderse el labio al tenerlo tan cerca—. ¿Por qué no compramos ese pastel —volvió a susurrar en su oído mientras le daba cortos besos en el cuello—, y vamos a comerlo a casa?
—Puede ser —susurraba ella—. Ahora que lo dices también se me antoja otra cosa.
—Entonces vamos —la besó en los labios—. Yo me encargaré de saciar todos tus antojos —dijo con una seductora sonrisa que la hizo sonrojar. Él rió por su reacción y la tomó de la mano para ponerse de pie—. ¿Vamos, mi linda princesa?
—Vamos, mi noble caballero —y se fueron juntos.
