Este capitulo es uno de los más largos y hermosos, al menos para mí. Aquí veremos como empieza todo el romance y más de parte de ellos dos. Gracias Brend por ayudarme, eres parte de este capitulo como también lo serás de los siguientes…
Isa
Yo te cuidaré
Capitulo 12
Excelso
Estoy nervioso, no puedo creer que tenga desde hace cuatro horas la respuesta de nuestras solicitudes universitarias. Mi sueño fue estudiar en Boston, pero todo cambió. Mi mundo ahora gira entorno a mi familia, ellos dos son lo más importante y sagrado que poseo. Por eso decidí estudiar aquí en Seattle, no puedo hacer lo mismo con los horarios, pero al menos puedo estar cerca de ellos y estudiar la misma carrera que deseé estudiar en Boston.
Subí las escaleras del edificio con rapidez, tengo que contarle a Sam y abrir a su lado estos sobres. Es importante vivir cada etapa con ella, desde nuestros inicios tortuosos hasta nuestra amistad repentina, para finalizar como una pareja algo no convencional que luego despertaría mis sentimientos hacia ella. Por ese motivo, cuando el cartero me entregó los sobres esta mañana no me atreví a abrirlos, debe ser con ella.
Abrí la puerta y me encontré con la imagen más hermosa que mi mente ha procesado en años. Era Sam cubierta con una toalla verde, algo corta, pero que se ciñe a su cuerpo de forma que mi imaginación no deja de volar. Ella me sonríe y se sonroja al mismo tiempo, se desliza lentamente hacia nuestra habitación y cierra la puerta sin colocar el seguro. Ella confía en mí, sabe que no haré nada y eso en cierto modo me emociona. Sin embargo, debo confesar que un día de estos ella me volverá loco porque no tiene ni la más mínima idea de lo que me hace con sus inocentes acciones.
Caminé hacia el cuarto de David, él juega con un montón de juguetes que le hemos comprado y otros que Carly le ha regalado; ella se toma muy en serio su papel de tía, a veces la escucho decir que mientras este en sus posibilidades a él no le faltará nada y de cierto modo estoy agradecido por ello. Él notó mi presencia porque comenzó a llamar mi atención con gritos e intentos de palabras que nunca comprenderé. Muero por escuchar sus primeras palabras, ese será un día memorable.
-¿Cómo está mi niño? –Pregunté sin recibir respuesta, eso lo sabía pero igual lo hice. –Supongo que muy bien porque este cuarto parece un campo de batalla…
Me acosté en el suelo a su lado y comencé a hacer cualquier clase de locura para hacerlo reír. Me encanta escucharlo tan feliz, puedo imaginar mi vida completa a su lado; verlo crecer, graduarse y al final verlo casarse.
-No maduras nunca –sonreí desde mi posición, nunca lo haré porque siempre seré el mismo.
-Tengo una sorpresa –alcé los sobres y ella abrió más sus ojos, ya sabe de lo que se trata.
-¿Qué estamos esperando Freddie? ¡Ábrelos! –Chilló sentándose a mi lado.
La atraje más a mi cuerpo para abrazarla, luego abrí el primer sobre que tomé, era el de Sam. Lentamente saqué la hoja que decidiría su destino, no pasaron ni diez segundos cuando la escuché gritar.
-Me aceptaron… Freddie, me aceptaron –ella se abalanzó sobre mi cuerpo antes de unir nuestros labios. -¡Lo logré! Ahora abriremos el tuyo…
Ella me arrebato el segundo sobre y comenzó a leerlo aun sobre mí. Cuando borró su sonrisa todo mi estado de ánimo decayó, la vi morderse el labio para luego mirarme.
-Tendrás que hablar con T-Bo… -fruncí el ceño sin entender. –Porque no sabes cual será tu horario, ya sabes… informática es una carrera algo agobiante…
¿Me aceptaron? ¡Lo hicieron! Mi mente era un enredo, pero solo una cosa tengo clara, ella es mi mundo en este momento. La estoy besando con tanta intensidad que siento como todo el aire se escapa de mis pulmones, no me importa nada y la sigo besando. A ella tampoco le parece importar, todo lo que quiere es unirme más a ella, yo acepto gustoso.
En todo el mes que llevamos como "novios", esto es lo que más hacemos, besarnos y de vez en cuando hacer algo que no está en nuestros planes; deslizar la mano por su piel, mordisquear mi cuello o enterrar sus uñas en mi espalda, está demás decir que eso me enloquece. No es un secreto para ella que nunca he tenido novia, no como ella.
-Debemos hacer algo para celebrar –dijo de pronto entre jadeos. –Tal vez una cena…
-Tal vez. Aunque no hace falta –murmuré con la mirada fija en David. –Para mí todos los días a lado de ustedes dos es como estar celebrando –Sam dejó escapar una risita antes de besar mi cuello.
-Te amo –cerré los ojos satisfecho, amo cuando es así conmigo.
En realidad, amo todo sobre ella. Su cabello largo y sedoso, sus ojos azules como el océano, sus labios carnosos y su piel suave. También está su lado sentimental, esa parte de ella que solo me muestra a mí.
-Trata de dormir a David, son las siete y después se descontrolará su horario –dijo antes de levantarse. –Veré que hay para cocinar…
Media hora más tarde me encuentro a su lado, ayudándole a cortar algunas verduras. Me cuesta admitirlo, pero me gusta ayudarla en todo ya que me siento cerca de ella. Sam no lo nota, pero admiro todo su coraje y ganas de salir adelante. En cambio, yo soy diferente porque conté con el apoyo de mi padre al menos, pero ella de nadie. No sé que hubiera sido de ella si no acude a nosotros aquella noche. Tal vez no sería la misma que es ahora. La verdad es que no sé que hubiera sido de mí si no la ayudo esa noche, si no le digo a su madre que David es mi hijo.
-¿Es que piensas? –Negué con la cabeza mientras esbozo una sonrisa.
Ella se encogió de hombros y siguió con lo suyo. Yo no quiero decirle mis pensamientos, no es que desconfíe de ella, es solo que me parece injusto traer esos recuerdos de nuevo a su mente. Por esto y más ella es un ejemplo para mí, a los dieciséis se supo que sería madre y lo fue, luego lucho contra todos para salir adelante. ¿Cómo una madre puede darle la espalda a una joven de esa edad? ¿Cómo puede una madre darte la espalda cuando más la necesitas? ¿Qué puedes hacer cuando tienes las manos atadas? De seguro buscar el camino más fácil, pero ella no lo hizo. Afrontó la realidad, asumió las consecuencias y yo las asumí con ella.
No se lo he dicho, pero la admiro desde aquella noche que acudió a nosotros. La admiro por no buscar la salida fácil. La admiro por regalarme la dicha de ser un padre aun sin serlo realmente. Ella es una mujer de convicciones fuertes, capaz de defender así sea con su vida, a la persona que ama. Me siento honrado de ser parte de eso…
-Freddie, tu no me engañas –la miré fijamente a los ojos y sonreí.
-Te admiro Sam, eres una mujer extraordinaria y estoy agradecido porque me permites estar en tu vida –Sam me sonrió antes de besar mis labios rápidamente.
-Tu no te quedas atrás –murmuró mientras hace pequeños cortes a la carne. –Pero aun hay tiempo para hablar de eso, ¿no crees?
-Está bien. ¿Quieres que te ayude en algo más? –Pregunté antes de rodear mis brazos en su cintura.
-Puedes preparar la mesa –murmuró sin apartar la mirada de mis ojos.
Lentamente soltó el cuchillo antes de unir sus labios a los míos. El beso era lento y único, nunca en mi vida he experimentado tantos sentimientos como lo hago a su lado. Creo que puedo hacer una comparación exacta, besar a Sam es como sentir el vértigo al estar en la cima de una montaña rusa, te olvidas de todo y solo te limitas a sentir; sientes la adrenalina correr por tus venas y una sensación de euforia irremplazable. Así me siento al besarla, en realidad, así se siente estar enamorado de Sam.
-Estoy tan enamorado de ti… Dios, Sam, gracias por aceptarme –murmuré con los ojos cerrados.
-Tu no tienes idea de lo mucho que te amo… ya las palabras no son suficientes para demostrarlo –me dijo de igual forma antes de besar mi mejilla y volver a su trabajo.
Media hora más tarde todo estaba listo. Ella acomodó las ollas de forma que el calor no dañe la madera de la mesa, algo así es común en muchas familias, pero en Sam era algo nuevo. Me acerqué a una de las gavetas que hay en la cocina, para buscar los cubiertos y cuchillos. Sin embargo, me encontré con algo que dio pie a una idea, velas. Tal vez le parecerá estúpido, pero quiero experimentar todo con ella, desde la cosa más mínima, hasta lo más exagerado que pueda pasar por nuestras mentes.
Me acerqué a ella con una sonrisa en los labios mientras alzo, con mi mano derecha, las velas que conseguí. Sam me sonríe sin dejar de servir la comida y me indica que lo haga, ella está de acuerdo con esto. Encendí las velas mientras ella apaga las luces, todo a mí alrededor parecía estar encerrado en una burbuja.
Las velas solo alumbran lo necesario, su rostro y brazos, parte de su cuerpo y cabello, el resto era la nada. No sé porque eso causo que mi corazón se aceleré más de lo que ya está y que el nudo en mi garganta se haga insoportable. Es como si ahora puedo verla como en realidad es, una mujer hermosa y que está dispuesta a amarme como yo la amo.
-Bueno Fredward… espero te guste –dijo con voz calma, pero por dentro sé que es un manojo de nervios.
Para ella es importante mi opinión sobre su comida, nunca ha tenido quejas porque cocina de maravilla, es una Diosa en esto y en muchas cosas más. Miré el plato de comida, era sencillo, pero con un toque único en ella. Tomé el cubierto e hice un pequeño corte con el cuchillo a la carne, mis ojos quedaron en blanco para después deja escapar un suspiro placentero. Sin decir una palabra, probé la ensalada y dejé escapar un gemido, nunca he probado algo así.
-Dios, Sam –murmuré aun con los cerrados. –Esto es lo más sabroso que he probado.
-Mi placer radica en que te agrade –dijo con un tono de voz tan bajo que me sorprendió.
-¿Qué es?
-Lomo de res al Whisky y ensalada de queso gruyere con nuez… -comentó entre bocados. –Algo que aprendí de uno de mis tíos.
-Eres buena en esto… -admití con una sonrisa en mi rostro.
-Yo me dije: "Sam, cuando cocines esto será para tu familia". Ya ves, no me equivoque –mi pecho se hinchó con un sentimiento diferente y mi sonrisa se ensanchó hasta el punto de causarme dolor.
-Tú y David son mi familia también…
-Come, se te enfriará –me reprendió sin borrar la sonrisa.
-Si mamá…
Después de un rato, Sam sacó una copa de tamaño medio con algo, que deduzco es chocolate.
-No es mucho porque se me ocurrió antes que llegaras y solo quería probar que tal se me daba esto –explica mientras camina hacia mí para luego sentarse a mi lado en el sofá. –Es una copa de chocolate y ron, tiene trozos de fresa y un poco de crema… es para los dos así que –se encogió de hombros antes de otorgarme el primer bocado.
-Exquisito Sam –murmuré con los ojos cerrados. –Esto y más es lo que adoro de ti.
Su rostro se iluminó de pronto.
-Freddie, ¿Cómo te diste cuenta que estabas enamorado de mí? –Preguntó sin apartar la mirada de mis ojos.
-Hmm, no fue fácil –admití con la mirada fija en la distancia, trato de recordar algo importante. –Al principio, antes que todo esto pasara ya sabía que me atraías –admití sorprendiéndola. -¿Cómo no atraerme Sam? Eres hermosa… tus ojos, tu nariz, tu boca… esa extraña pero adorable mueca que haces cuando algo te molesta o te hace feliz. Cada cosa que te parezca insignificante a ti, es mil veces interesante para mí.
-Wau, nunca me habías dicho algo así –me encogí de hombros.
-Nunca se presento la oportunidad supongo –comenté tomando otro bocado de esa delicia. -¿Cómo te diste cuenta tu?
-A mi no me engañas, no has respondido… -dijo con una sonrisa en los labios. –Pero te responderé lo mismo que tu a mí. Mucho antes que todo pasara, cuando tenía catorce años y compartimos nuestro primer beso, desde antes ya sabía que me gustabas –jadeé con fuerza al escuchar sus palabras. ¿Tanto tiempo? –Pero por muchas cosas que ahora no son importantes, tu nunca lo notaste y vaya que estoy agradecida que me consideraras tu amiga. ¿Quieres saber lo que me gusta de ti?
Yo solo pude asentir.
-Tus ojos, tu cabello y la extraña forma en que cae sobre tu rostro cuando no lo arreglas; ese forma que tienes de arrugar tu nariz y fruncir el ceño cuando algo te molesta, como levantas tu ceja cuando algo te gusta o te disgusta; la forma en que tus labios se curvan al sonreír o cuando los muerdes descuidadamente por el nerviosismo –no puedo dejar de mirarla, esto se siente… no tengo palabras. –Tu sonrisa, tu voz, el color de tu piel… la forma en que te sonrojas, la forma en como me miras… te amo.
La besé, es imposible mantener distancia cuando escucho esa declaración salir de sus labios.
-No lo sé, creo que siempre lo estuve y no me di cuenta –murmuré entre besos. –Siempre estuve enamorado de ti…
-Y yo de ti –susurró antes de cerrar la distancia de nuestros labios.
Cuando desperté esa mañana sentí como cada terminación nerviosa de mi cuerpo vibraba. No es que sucediera algo diferente, no hacemos nada más que besarnos. Sin embargo, la noche de ayer Freddie fue tan sincero en sus palabras que simplemente estoy feliz.
Me giré solo un poco para tomar su almohada y abrazarla, aun conserva su calor. No me extrañó que él no se encuentre a mi lado.
-Es domingo… -razoné con lógica.
Los domingos se han convertido en los días donde él y su padre comparten. No puedo mentir, odio que me deje sola sin su calor, pero estoy feliz que, al menos él, tenga un poco de apoyo por parte de su familia. Volví a girarme y fije mis ojos en el techo, los rayos del sol eran tornasolados al entrar en contacto con el color blanco. No hay ruido a mí alrededor y a juzgar por la hora mi hijo ya debe estar despierto. Sin embargo, es extraño no escuchar su balbuceo.
Me levanté suavemente, mis pies tocaron el suelo frio y me estremecí. Abandonar las cálidas mantas que cubrieron mi cuerpo tantas horas no es algo que desee, pero ahora soy madre y debo cumplir mi papel con honores. Me prometí no ser la misma mujer que me dejo sola tantas mañanas a mi suerte, jamás seré la mujer que no estuvo a mi lado cuando me raspe una rodilla o se cayó mi primer diente, yo seré diferente.
El cuarto de David está vacío, al notarlo mi corazón comienza un desesperado andar. ¿Dónde se encuentra David? Creo que la respuesta llegó tan rápido, ni siquiera me dio tiempo de procesarla.
-Mamá despertará pronto y nosotros le daremos este desayuno… -la voz de Freddie inundó mi sistema, todo mi cuerpo vibra con emoción contenida, no se había ido. –Hoy es tu cumpleaños, pero no solo celebraremos que tienes un año de vida, también celebramos que fue gracias a ella que tu estás aquí.
Lo vi besar su frente antes de darle otra cucharada de papilla.
-Pensé que pasarías los domingos con tu padre –comenté con una sonrisa en el rostro.
-Hmm, mi padre puede estar un fin de semana sin mi –dijo como si se tratara de algo normal. –Además, hoy es el cumpleaños de David y merece estar con su familia.
Esbocé una sonrisa que debió verse algo tonta, es imposible no actuar de esta manera con un hombre como él.
-Es cierto, hoy es el cumpleaños de mi bebé –susurré acercándome a ellos lentamente. -¿Cómo está el hombre de mis sueños? –Freddie no respondió. Él sabe que mi pregunta era para David. –Sé que estás perfecto con los cuidados y la atención de tu papá. Hoy tenemos que hacerte algo especial –su risa me hizo sonreír.
Cuando piensas que nada puede sorprenderte, te das cuenta que todo, hasta lo más mínimo te sorprende.
-Buenos días amor –murmuré mirando sus ojos. –Debiste despertarme.
-No pude… -murmuró antes de besarme. –Verte dormir se ha hecho mi practica predilecta.
-Tonto… -dije.
Sus besos son como una droga que se impregna en mi sangre. Cada día es algo nuevo.
-¿Por qué no desayunas, te das una ducha y vamos a pasear en el parque? –Asentí con una sonrisa antes de sentarme en una silla.
Abrí la puerta del apartamento y me giré aun con la sonrisa en mi rostro. Freddie y David están cubiertos de barro, una idea loca que se me cruzó por la mente durante el paseo y terminaron de esa forma, y yo no quedé atrás. Me encerré en el baño y me quite toda mi ropa mojada. Miré fijamente mi reflejo, mi cabello era un desastre, todo lleno de barro y hojas secas. Pero no me arrepiento, disfruté cada momento al máximo al lado de mis dos hombres.
Media hora más tarde me encuentro en la cocina, específicamente revisando la nevera.
-Se quedó dormido, gastó toda su energía en el parque –murmuró rodeando mi cintura con sus brazos.
-Fue diferente, pero creo que lo disfrutó –dije con una sonrisa.
-Así es… ¿Qué tienes en mente?
-Quiero hacer un pastel para David, ¿me ayudas? –Él sonrió antes de ayudarme a buscar el resto. -¿Chocolate o vainilla?
-Vainilla, me encanta esa… -admitió.
Comencé a preparar la mezcla mientras Freddie prepara el merengue. De pronto mis labios estaban cubiertos de merengue, me giré sorprendida y él se encargo de quitármelo con sus labios y lengua.
-No comiences algo que no puedes detener luego –le dije entrecortadamente.
-Puedo tomar todo lo que tienes –lo miré a los ojos antes de alzar una ceja.
Por como sus músculos se tensaron, sé que él sabe que algo sucederá. Esperé unos cuantos minutos, quiero que baje su guardia para atacar. El momento perfecto llegó y toda la mezcla la derramé sobre su cuerpo.
-¡Sam! –Jadeó sorprendido antes de perseguirme, yo también sé lo que quiere hacer conmigo. –Cuando te alcance… -su advertencia quedó en el aire.
Yo solo corrí y esquivé cada intento de tomarme, pero lo logró. Con un ruido fuerte, ambos caímos al suelo. Reímos y jugamos por más de quince minutos hasta que no fue posible hacerlo más; la mezcla se endurecía en nuestra piel.
-Mejor voy por otra ducha, de igual forma David no despertará. Mañana podemos hacer algo por él –dije entre besos. –Freddie, déjame ir… pareces un adolescente…
-¿Y tu no? –Su boca se deslizó hasta mi cuello.
-Si quieres te ayudo a quitar todo este desastre –murmuró sin dejar de saborear la mezcla en mi cuello. –Pero vas a decir que no, así que ve… báñate.
-Está bien, no tardo –dije caminando por el pasillo, luego hice algo que nunca me atreví a hacer.
Cuando dejé caer mi camisa en el suelo, me vi en la necesidad de mirarlo, quiero ver su reacción. Sonreí complacida al verlo, él parecía comerme con los ojos.
Luego de una ducha rápida y de vestirme, me dejé caer en la cama cansada. Freddie se unió a mí luego, como era de esperarse comenzamos a besarnos. Ya era una parte natural entre nosotros y lo adoro.
Cuando Joshua me pidió ser su novia oficial, lo medité mucho para darle una respuesta. Acepté y casi de inmediato él me mostró lo que le gustaba, como quería ser besado o tocado. Esos momentos no me enorgullecen, en ese momento lo único que deseaba era complacerlo, pero lo más importante es que no quería que me dejara. Él fue el primero en demostrarme cariño cuando ningún chico me observaba, a pesar de ser por otras razones, lo sentía de ese modo en ese momento. Ahora quiero aprender a complacerlo… besos y caricias no son suficientes y lo sé.
Lentamente deslicé mi mano por su cuello y obtuve un pequeño estremecimiento de su parte. Me atreví a bajar un poco más hasta llegar a su abdomen, su respiración acelerada y la forma en que me besaba me dio a entender que es de su agrado. De pronto, de los labios de Freddie escapo un gemido gutural, me tomó de la cintura con fuerza mientras hundía sus dedos en la parte baja de mi espalda.
-¿Te gusta eso? –Mi voz salió temblorosa.
-Mi Dios… ¡Sam! –él comenzó a levantarse, pero no estoy dispuesta a dejar esto porque lo quiero, quiero hacer algo más.
-Espera Freddie –usé ambas manos para detenerlo y luego me senté sobre él. -¿Te gusta eso, si o no?
-Sí, es… Oh Dios –lo vi cerrar los ojos antes de morder con fuerza su labio.
¿Quién se hubiera imaginado que su punto débil es el costado de su cuerpo? Solo deslicé mi mano y ya estaba temblando sobre mí, pero estoy decidida a complacerlo esta noche.
Tengo que admitirlo, encontrarme en esta posición me hace sentir poderosa. Nada podrá comprarse con esto, ni siquiera cuando él me temía en el pasado. Su respiración agitada y los jadeos de sorpresa me desarman y a la vez me eleva, creando una nueva confianza. Detallé su rostro mientras deslizaba mí otra mano hacia su intimidad, sin embargo, él me detuvo de nuevo.
-No, no tienes que hacerlo –dijo mientras sus mejillas sonrojan, más de lo que ya están. –Yo voy a…
-Quiero aprender a complacerte Freddie, por favor.
-Pero…
-Sin peros, quiero hacerlo –lo vi tragar antes de asentir. –Si no quieres no lo haré… -volvió a asentir, yo también estoy nerviosa, nunca he tocado a ningún hombre como pretendo hacerlo con él. –Recuéstate en la cama por favor…
En el proceso, comencé a quitar sus pantalones para dejarlo solo en ropa interior. Me estremezco de anticipación al ver cuanto deseaba esto, él está así gracias a mí.
-Yo no sé mucho de esto… -murmuré con voz entrecortada. –Dime si te lastimo o… -sentí el calor subir por mi rostro.
-No tienes… no es necesario –él trató de decirme, pero puedo ver el deseo en sus ojos.
Sin decir nada, bajé la última pieza que cubre su desnudez; en el proceso escuché un débil jadeo. No pude evitar morder mi labio inferior con nerviosismo, no puedo creer lo que estoy a punto de hacer. Me senté a una distancia considerablemente corta de su miembro antes de bajar mi mano y tocarlo. Nunca lo he hecho, está es la primera vez que lo veo y siento, y la verdad es que no tengo palabras. Al primer contacto, Freddie jadeo con tanta fuerza, le hice daño.
-Disculpa, yo no quise… -él negó con su cabeza frenéticamente.
-Sigue… por favor –gimió suplicante.
Definitivamente me agrada verlo de esa forma. Es increíble que sea su esposa y nunca intenté hacer algo para complacerlo. Lentamente comencé a mover mi mano de arriba hacia abajo, no aumente o disminuí la velocidad por varios minutos y debo admitir que sus reacciones son sorprendentes. Su ceño se fruncía cada vez más, mientras que sus labios cerrados crearon una mueca a causa de su propio placer y, por último, sus gemidos que me enloquecían.
No lo puedo soportar más, lo besé con rudeza y él respondió de igual forma aumentando sus gemidos y gruñidos. Sin abandonar mi trabajo, deslizó mi lengua por sus labios y así hacer este acto más placentero; no me equivoqué, él comenzó a gimotear y a estremecerse bajo mi toque. Con mi mano derecha deslicé mis uñas sobre su punto débil logrando un grito que fue ahogado por mi boca.
-No te detengas… sigue –pidió entre gruñidos apretando el dominio que tiene sobre mis caderas.
Luego su frente sudorosa chocó suavemente con la mía, aun no ha abierto sus ojos. Esto es como vivir un sueño. Su respiración se hace cada vez más áspera me indica que su final está cerca, pero luego me sorprende cuando su mano cubre la mía aplicando más presión y velocidad.
-Maldición… -esa palabra escapó de sus labios sin permiso, nunca lo escuché decir algo así ni cuando le hacia daño.
No lo entiendo, siento como la emoción se apodera de mi cuerpo, mis latidos aumentan y mi respiración es cada vez más pesada. Abandono mi tarea, solo para apartarlo. Si eso le gusta, entonces seré yo quien lo haga disfrutar sin su ayuda. Imité la presión y velocidad que mostró segundos atrás, no me decepcionó. Sus gemidos aumentaron y, a estas alturas, despertar a David es lo que menos importa.
Lo besé de nuevo antes de escuchar un gruñido que me indica su fin. Observo maravillada como se retuerce bajo mi toque, como sus labios se abren y la mueca en su rostro se profundiza, como si le causo un dolor profundo. Pero en realidad es placer lo que demuestra.
Me levanté y corrí hacia el baño. Tomé una toalla, la humedecí para luego correr de nuevo al cuarto. Lo limpié sin apartar mis ojos de su rostro, aun jadea y se estremece por el placer. Luego, Freddie abre sus ojos y me mira. Yo me sonroje antes de apagar la luz de la mesita de noche y nos cubrí con una manta.
-Freddie… ¿lo hice bien? –su pecho comenzó a vibrar, ahogando su risa.
Sus labios chocan suavemente con los míos, susurra un débil "Te amo" antes de quedar completamente rendido.
-Yo también te amo… -murmuré besando su pecho.
