Hola gente queridaa! Tanto tiempo! Cómo están? Cómo los recibió el 2014? A mí a las corridas para variar… Pero acá estoy de nuevo después de larga ausencia!

Año nuevo, cap nuevo. En esta ocasión les traigo buenas nuevas para nuestra adorada parejita, el amor entre estos dos tortolitos se consolida cada vez más y su vida se encamina de la mejor manera…

Les recomiendo que busquen y escuchen la canción que elegí para este cap, se trata de "It's only time" de The Magnetic Fields. Un precioso tema, como todo lo que ellos hacen, que a mi criterio encaja perfecto con la escena donde lo ubiqué… Ojalá les guste…

Quiero anunciarles también que ya empecé un nuevo proyecto que en breve subiré un adelanto para que se vayan poniendo a tono…!

Bueno gente, les dejo que lean el DIECINUEVE en paz. Disfrútenlo y no dejen de contarme qué les pareció!

Todos los personajes pertenecen a su autora, Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.

Saluditos y hasta la próxima!

Bell.-


:: Capítulo Diecinueve ::

Desde que vivían juntos las cosas entre Serena y Darien siguieron marchando cada vez mejor. Tenían una sólida y comprometida relación, se amaban profunda e incondicionalmente, y la convivencia funcionaba a la perfección. Eran excelentes compañeros, compartían todo lo que hacían, se aceptaban con todo lo que tenían, se comunicaban abiertamente, se acompañaban y eran plenamente felices juntos.

Emprendieron el nuevo año con muchos cambios y nuevos proyectos. Darien había decidido renunciar al equipo de investigación de la universidad pero seguía manteniendo su puesto de trabajo en la empresa. Disfrutaba de tener más tiempo libre, para dedicarse a organizar un nuevo proyecto de trabajo con unos colegas que consistía en armar una consultora para ofrecer servicios informáticos a empresas. Y también disponía de más tiempo para a hacer y compartir muchas cosas con su novia, su adorada y fiel compañera, el amor de su vida.

Y por su parte Serena también había renunciado a su trabajo en la librería tras iniciar una pasantía en una fundación y algunas guardias en el hospital donde había hecho su práctica final. Además había retomado su proyecto del ciclo de cine, lo cual la entusiasmaba mucho y Darien la ayudaba a elegir las películas y la acompañaba a recorrer distintos lugares para encontrar un espacio adecuado para poder llevarlo a cabo. Ambos estaban muy conformes y a gusto con sus actividades y disponían de mucho tiempo para hacer cosas juntos.

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Cuando inició la primavera, llegó el día en que finalmente Serena se graduaba. El tan ansiado acontecimiento tuvo lugar los primeros días de abril y todos la acompañaron a la facultad para brindarle su apoyo: sus amigos, su familia y por supuesto su inseparable y leal compañero, Darien.

Después de celebrar durante largo y tendido junto a todos sus seres queridos, la feliz pareja regresó a su hogar entrado el atardecer. Serena estaba en el baño limpiando su maquillaje y peinando su cabello, y Darien la esperaba en el balcón. Cuando ella terminó de arreglarse salió a su encuentro y se acercó a él. —Hola, amor —le dijo mientras lo abrazaba por la cintura.

Él la saludó con una cálida sonrisa y un beso en la frente. —Hola, mi hermosa licenciada —y rodeó sus hombros con su brazo.

—Licenciada… —repitió ella con un nostálgico suspiro—. Ya soy licenciada, no puedo creerlo.

Permanecieron abrazados por largo rato, contemplando la puesta de sol sobre la ciudad. Había sido un día muy intenso y ambos se sentían muy cansados, sobre todo Serena, que había estado muy nerviosa con su graduación y todos los preparativos de los días anteriores. Necesitaban estar solos, en calma, refugiarse en la tranquilidad de su hogar.

Darien acariciaba el brazo de Serena con suavidad y ella suspiraba a cada instante sintiéndose acogida y contenida por su novio, quien la había acompañado y apoyado incansablemente durante todo el proceso que le tomó poder llegar a este momento tan importante de su vida, y se sentía plenamente agradecida con él.

—Amor —dijo él al divisar las primeras estrellas que aparecían en el cielo—, ¿te acuerdas de nuestro primer beso? —ella no respondía—. Bueno, en realidad me refiero al segundo —Serena lo miró con una dulce sonrisa—. Ese día habíamos contemplado juntos el atardecer también por segunda vez y tú me contaste una bonita historia sobre el origen de los eclipses, ¿lo recuerdas? —ella asintió—. Y cuando al fin reuní valor y me animé a demostrarte lo que sentía por ti, te besé —y le dio un corto beso en los labios.

—Claro que me acuerdo —dijo ella al reposar su rostro sobre su pecho—. Fue el beso más perfecto que podría haber siquiera soñado, porque era tuyo —lo abrazaba con fuerza—. Y yo lo deseaba hacía tanto, aunque aún estuviera algo indecisa y asustada.

—Yo también estaba muy asustado —siguió él—. Sabía que entre los dos había algo mucho más fuerte que una simple amistad, que nos amábamos, que deseábamos estar juntos. Pero temía haber echado todo a perder aquella noche que me volví loco y perdí el control —suspiró apenado al recordar—. Sin embargo moría de ganas por besarte, por decirte lo que sentía y cuando al fin me atreví a hacerlo y tú me correspondiste, sentí… Sentí por primera vez que era completamente feliz —la miró de frente y comenzó a acariciar su cabello—. Y aunque a partir de ahí me propuse hacer las cosas con calma, sin precipitarme a hacer o decir algo fuera de lugar, sin apurarte ni presionarte a algo que no quisieras, todo se fue dando tan bien entre nosotros. De una forma tan fluida y natural, sin esfuerzo, sin estrategias, sin interferencias, y hemos podido hacer tantas cosas juntos desde entonces.

—Es cierto —agregó ella—, hicimos muchísimas cosas. Navidad, Europa, la mudanza —volvía a abrazarlo y suspiraba con nostalgia.

Quedaron de nuevo en silencio por unos instantes sin dejar de abrazarse, no querían separarse. —¿Y sabes cuánto tiempo pasó desde ese beso? —ella lo miró y negó con la cabeza—. Exactamente 6 meses.

—¿6 meses? —preguntó sorprendida—. ¿Hoy mismo se cumplen 6 meses? —él asintió con una sonrisa—. Pues para mí es como si estuviéramos juntos desde siempre.

—Es que somos almas gemelas, no lo olvides —le dio un besito en la nariz.

—Es cierto —dijo sonriendo emocionada—, nos amamos desde hace una eternidad —y le dio un tierno beso en los labios.

—Y nos amaremos por siempre —le devolvió el beso de una forma tan dulce y cálida que lo alargó lo más que pudo—. Amor, quiero que celebremos, que brindemos por este tiempo juntos con un delicioso jugo de manzana bien frío, ¿qué dices? —dijo con una alegre sonrisa.

—Está bien —respondió ella riendo—, amerita celebrar con jugo de manzana.

Él volvió a besarla. —Espérame aquí, iré a buscar unas copas —y entró al departamento.

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Serena lo esperó unos minutos observando la vista de la ciudad y pensando en lo que acababan de hablar, en todo lo que había pasado ese día, en cuánto habían compartido desde que estaban juntos y sonreía contenta al darse cuenta una vez más de cuánto lo amaba y de lo inmensamente feliz que se sentía estando a su lado. Suspiró de nuevo y cuando notó que él se estaba demorando en regresar entró para buscarlo.

Atravesó la sala, llegó hasta el comedor y notó que sobre la mesa estaba el diario de Darien abierto. Se acercó curiosa y leyó las últimas líneas que estaban escritas:

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"Why would I stop loving you a hundred years from now?

(¿Por qué habría de dejar de amarte en cientos de años a partir de ahora?)

It's only time…

(Eso sólo es tiempo…)

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"Serena, mi dulce ángel, mi princesa, mi amor. Hoy se cumplen exactamente 6 meses desde que estamos juntos y quiero decirte una vez más a través de estas cortas líneas que cada día me siento más seguro de que deseo estar a tu lado por siempre.

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What could stop this beating heart once it's made a vow?

(¿Qué podría detener este corazón que palpita una vez que se ha convertido en un voto?)

It's only time…

(Eso sólo es tiempo…)

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Puedo darme cuenta de que en ti encontré a alguien que me ayuda a crecer, que me comprende, me ama y me acepta completamente con todo lo que tengo y todo lo que soy, y me enseña a cada instante que el amor sana. Y hoy puedo decir con convicción que gracias a tu amor he logrado al fin curar todas mis heridas.

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If rain won't change your mind, let it fall…

(Si la lluvia no te hará cambiar de opinión, déjala caer…)

The rain won't change my heart at all…

(La lluvia no cambiará mi corazón en absoluto…)

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Por todo esto es que también deseo que continuemos afianzando nuestra disposición y constancia para estar juntos y ser felices, desde hoy y para siempre. Quiero entregarte mi vida entera, unirme a ti para que consolidemos y reafirmemos el camino que juntos elegimos emprender 6 meses atrás. Para seguir creciendo, acompañándonos y afrontar la vida con todo lo que concierne, tanto las dificultades como las compensaciones.

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Lock this chain around my hand, throw away the key…

(Cierra esta cadena alrededor de mi mano y arroja la llave…)

It's only time…

(Eso sólo es tiempo…)

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Quiero darte todo lo que tengo y recibir de ti todo lo que me ofreces, reconociendo y agradeciendo nuestras diferencias. Quiero ser tu compañero, poner todo de mí para apoyarte, cuidarte y contenerte, ayudarte a salir adelante y sobre todo valorar tu manera de amarme.

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Years falling like grains of sand mean nothing to me…

(Los años que caen como granos de arena no significan nada para mí…)

It's only time…

(Eso sólo es tiempo…)

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Quiero despertar todos los días a tu lado, encontrarme con tu sonrisa, tan clara, tan dulce y saber que tú también me eliges.

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If snow won't change your mind let it fall…

(Si la nieve no te hará cambiar de opinión, déjala caer…)

The snow won't change my heart, not at all…

(La nieve no cambiará mi corazón en absoluto…)

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Te amo, Serena… Y quiero pedirte que te cases conmigo".

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I'll walk your lands and swim your sea…

(Caminaré en tus tierras y navegaré en tus mares…)

Then in your hands I will be free…

(Y entonces en tus manos seré libre…)

Marry me… Marry me…

(Cásate conmigo… cásate conmigo…)"

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Serena era un mar de lágrimas desde que leyó el primer renglón. Darien, el amor de su vida, le estaba proponiendo matrimonio con las palabras más hermosas que jamás habría siquiera soñado. Notó que él estaba observándola en silencio desde la puerta de la cocina, había estado ahí todo el tiempo desde que ella comenzó a leer, y pudo ver que también estaba emocionado.

Darien se acercó lentamente a ella y Serena intensificaba su llanto y reía al mismo tiempo al verlo caminar hacia ella, pero no podía emitir sonido alguno, la inmensa emoción que la inundaba no la dejaba articular palabra. Sólo lo miraba fijamente a los ojos, intentando transmitirle lo que sentía.

Cuando él llegó a su lado tomó el diario que ella aún tenía en las manos, lo dejó en la mesa y tomó su rostro. —Serena —susurró bajito—, te amo… —y la besó. Ella lloraba con tanta intensidad que no podía responder al beso, sólo pudo reaccionar acariciando las manos de Darien que tenía sobre sus mejillas. Él se separó, la acarició con dulzura mientras la observaba con una tierna sonrisa y buscó una pequeña cajita de su bolsill—. Serena —dijo al sacar el anillo de la cajita y tomó su mano izquierda—, sé que acabas de leerlo, pero ahora te lo pediré de nuevo —y colocó el anillo en el dedo de Serena—. ¿Quieres casarte conmigo?

Serena saltó sobre él y lo abrazó efusiva. —¡Sí! —respondió sin dejar de llorar—. ¡Sí quiero! —y se separó de él sin soltar el abrazo para besarlo—. Te amo… —él le devolvía los besos—. Te amo, Darien… —y volvió a abrazarlo para sollozar refugiada en su pecho. Él suspiraba emocionado y la mecía entre sus brazos, era el momento más feliz de sus vidas, ambos habían elegido dar el paso más importante y significativo para consolidar su amor.

Poco a poco el llanto de Serena fue disminuyendo y Darien se separó de ella para mirarla a los ojos y volver a besarla. —Mi amor —susurraba entre besos—, no tienes idea de lo feliz que me acabas de hacer al responderme que sí —intensificaba los besos—. Te amo tanto… —la abrazó por la cintura para acercarla más a su cuerpo—. Te amo… —ella también lo abrazaba por el cuello y acariciaba su cabello—. Te amo… —y profundizó los besos de tal forma que provocó que Serena llorara de nuevo. Se besaban con calma, se acariciaban con delicadeza y profundizaban sus respiraciones al intensificar las cálidas y húmedas caricias de sus bocas. Él comenzó a caminar guiándola hacia el dormitorio y ella se dejaba llevar sin cortar los besos.

Cuando llegaron a la habitación Darien empezó a tocarla delicadamente bajo el vestido, la recorría entera con las manos, su espalda, su cintura, sus glúteos y no dejaba de besarla con intensidad. Ella comenzó a desprender uno a uno los botones de su camisa y al terminar se la quitó lentamente mientras acariciaba sus hombros y sus brazos. Él no quiso quedar en desventaja y le quitó el vestido de un tirón. Al verla despojada de la ropa que lo estorbaba no pudo evitar recorrerla entera con los ojos. —Serena —susurró agitado, ella llevaba puesto un delicado y sensual conjunto color almendra—, estás… —no hallaba las palabras para describirla—. Estás preciosa —la encontraba despampanante.

Serena se sonrojó por la forma en que la miraba. —¿Te sorprendí? —preguntó con timidez, ella nunca se atrevía a usar ese tipo de prendas y ese día había decidido especialmente regalarle ese detalle a su novio.

Él asintió con una sonrisa lujuriosa y volvió a su boca con más pasión. —Eres muy hermosa —la tomó de la cintura para levantarla y ella rodeó su cuerpo con sus piernas. Caminó hasta la cama sin dejar de besarla, la recostó con delicadeza y una vez que se despojó de su ropa se acomodó sobre ella.

Comenzó a besar su cuello dedicándole suaves y tibias caricias con sus labios. Descendió lentamente por su piel besando y acariciando cada centímetro de su cuerpo, el pecho, los senos sobre la tela de la prenda íntima. —Esto es muy sexy, amor —susurró jadeante—, pero me está estorbando —desabrochó y quitó la prenda que cubría el pecho de Serena y fue directamente a sus senos. Acarició, besó y lamió cada uno de ellos, y ella gemía de placer mientras arqueaba su cuerpo y tiraba de su cabello. Continuó el descenso de besos recorriendo su estómago, alternando caricias con sus labios y su lengua, y cuando llegó un poco más allá del ombligo quitó con delicadeza la última prenda. La miró y sonrió satisfecho al verla disfrutar de su trato con los ojos cerrados y la respiración entrecortada.

Volvió a su boca con besos desaforados y empezó a acariciar el lado interno de sus muslos. —No puedo creer que esta hermosa mujer —susurraba entre besos—, vaya a convertirse en mi esposa —y comenzó a moverse contra su cuerpo. Ambos estaban muy agitados, se miraban con deseo, con necesidad—. Te amo, Serena… y finalmente entró en su cuerpo.

Ella soltó un agudo gemido al sentirlo en su interior y acompañaba su ritmo con movimientos ondulantes. Estaban totalmente desbordados de deseo y de placer, las sensaciones y las emociones se hacían tan estimulantes que los colmaban por completo. Se amaban en cuerpo y alma, como cada vez que hacían el amor, pero en esta ocasión era mucho más especial, ya que con esta unión estaban celebrando la decisión que acababan de tomar de compartir el resto de su vida juntos. —Darien… —exclamó ella casi sin voz y él aceleraba el ritmo de sus entradas—. Darien… —ambos gemían agitados y se besaban con desesperación. Serena tomó su rostro para mirarlo con lágrimas en los ojos—. Te amo… —él disminuyó el ritmo de sus movimientos ejerciendo mayor presión contra su cuerpo y juntos alcanzaron el orgasmo.

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Por unos instantes permanecieron en la misma posición, abrazándose y acariciándose con suavidad hasta recuperar la calma. Después de darle un corto beso en los labios a Serena, poco a poco Darien comenzó a moverse y separó lentamente su cuerpo del de ella. Se acomodó a su lado y ella se recostó sobre su pecho. Comenzaron a respirar libremente y recobrar el aliento. Estuvieron en silencio por largo rato sin dejar de acariciarse.

Serena volteó a verlo, él tenía los ojos cerrados y respiraba profundamente. —Amor —dijo al tomar su rostro con dulzura—, Darien…

Él abrió los ojos y se encontró con los de ella, que lo miraban con tanto amor… Observó su rostro y al ver su expresión sonrió conmovido. —Hola, princesa —dijo con un suspiro.

Ella se acercó a su boca y lo besó largamente, él le respondía los besos y le regalaba suaves caricias en el cabello. Darien interrumpió los besos para buscar las sábanas que estaban desacomodados al pie de la cama y cubrirlos a ambos. Volteó para quedar frente a ella y a abrazó por la cintura para acercarla a su cuerpo y volver a besarla. Cuando los besos y las caricias cesaron, permanecieron un instante mirándose fijamente a los ojos, acariciando sus rostros, sonriendo tranquilos, agradecidos, felices de encontrarse así.

Serena sin poder contenerse comenzó a llorar de nuevo. —¿Qué te pasa? —preguntó él riendo. Ella le dio un corto beso en los labios, suspiró y se puso seria. Él también se puso serio, no le sacaba los ojos de encima y le acariciaba el cabello acomodando algunos mechones que caían sobre su frente. Ella no dejaba de llorar—. ¿Qué pasa, Serena? —insistió él—. ¿Por qué te pones así? —empezaba a preocuparse.

—Es que… —gimoteaba—. Es que soy muy feliz —él la abrazó con fuerza y Serena intensificó su llanto—. Me haces tan feliz, Darien…

—Tranquila… —susurraba en su oído sin dejar de abrazarla—. Tranquila, amor, no llores —volvió a mirarla a los ojos mientras acariciaba su rostro—. Yo también soy muy feliz —besó su frente, sus mejillas, sus párpados y Serena pudo tranquilizarse. Al ver que ella poco a poco se calmaba, le regaló una cálida sonrisa—. Estar contigo es lo más hermoso que me pasó en la vida y sé que vamos a ser muy felices juntos. Te amo… —volvió a abrazarla—. Te amo tanto… —y serena lloraba otra vez. Él suspiró frustrado por no conseguir calmarla y decidió no insistir. La miró de nuevo—. Ahora vamos a dormir, amor —le dio unos besitos en la nariz—. Hoy fue un día muy intenso para ti, necesitas descansar —ella asintió haciendo pucheros y él volvió a reír—. Eres la novia más llorona del mundo —y ella también rió.

Serena apoyó su frente contra la de él mientras acariciaba su cuello. —Te amo, Darien… —susurró en un suspiro—. Te amo tanto… No puedo creer que vayamos a casarnos —y apretó los ojos para contener las lágrimas que no dejaban de brotar de sus ojos.

Él suspiró agradecido al escucharla, la abrazó más fuerte y la acomodó contra su pecho, la quería toda para él, no la soltaría jamás. Ella también lo abrazaba y le daba suaves besos en el pecho para luego acomodar su rostro sobre él. —Te amo, Serena… —susurró—. Te amo… —y soltando un último suspiro ambos se quedaron dormidos.

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Pasaron algunas horas y Darien despertó. Se desperezó largamente y giró para ver a Serena, pero ella no estaba a su lado. Se sentó en la cama y notó que tampoco se encontraba en la habitación. Se levantó, buscó un pantalón de pijama para vestirse y fue a buscarla a la sala.

Cuando llegó la vio sentada en el sofá abrazada al conejo de peluche que él le había regalado y tarareaba bajito una canción. —¿Amor? —la llamó mientras se acercaba a ella—. ¿Qué haces aquí? Aún es muy temprano, vuelve a la cama —se sentó a su lado y ella lo miró con una melancólica expresión—. ¿Qué sucede? ¿No puedes dormir? —Serena negó con la cabeza—. Ven —tomó su mano y se puso de pie—, volvamos a la cama, vamos a dormir.

Ella lo detuvo. —Quédate un rato aquí conmigo —le pidió con una leve sonrisa.

Él volvió a sentarse. —Está bien —dijo bostezando—, pero suelta a este entrometido —le quitó el conejo y se recostó en el sofá apoyando su cabeza sobre sus piernas. Ella no dejaba de sonreír y comenzó a acariciar su cabello. Continuó tarareando la canción y él poco a poco se fue quedando dormido.

—Eres tan hermoso —susurró Serena en un suspiro y acariciaba una a una las facciones de su rostro sin quitarle los ojos de encima. Lo observaba detenidamente, lo recorría entero con la mirada, su pecho moviéndose al ritmo de su respiración, sus brazos envolviendo al peluche, su rostro tranquilo, su espeso y oscuro cabello que volvía a acariciar con suavidad. Era una imagen perfecta ante sus ojos, el hombre que amaba, que la amaba, estaba junto a ella como siempre había soñado y el profundo amor que sentía por él la inundaba por completo, era inmensamente feliz con él a su lado.

Transcurrieron algunos minutos y Darien despertó de golpe cuando ella dejó de acariciarlo. —¿Qué hora es? —preguntó algo desorientado mientras se frotaba los ojos.

Ella rió. —¿Cómo haces para dormir así? Sólo pasaron un par de minutos y estás como si hubieras dormido por horas.

Darien se incorporó y se acomodó contra el respaldo del sofá. —Vamos a la cama, tengo frío —ella se acercó para volver a acariciar su rostro y él cerró los ojos para sentirla—. Beso —susurró con un suspiro y Serena lo besó largamente. Él la abrazó por la cintura y ella se acurrucó contra su pecho—. ¿Qué pasa, amor? —preguntó preocupado mientras acariciaba su cabello—. Has estado muy extraña desde que regresamos a casa —se separó para mirarla a los ojos—. ¿Quieres contarme? —y le regaló una tierna sonrisa.

—Amor —dijo ella con voz temblorosa—, necesito hablar contigo de… de algo importante —su rostro denotaba miedo.

—¿Qué sucede, Serena? No me asustes —se preocupó aún más al ver que ella empezaba a llorar—. ¿Qué te pasa? Dime, por favor —se desesperaba al verla llorar de esa forma.

—Darien —inspiró profundo para tomar valor y poder hablar con claridad—, nosotros… —no sabía cómo decirle lo que pasaba—. Yo… —y su llanto se intensificaba.

—Por dios, Serena, me estás asustando, ¿por qué estás llorando tanto? —Darien se desesperaba cada vez más—. Dime, por favor, habla conmigo, confía en mí —y acariciaba su rostro para limpiar las lágrimas.

—Darien… —gimoteaba—. Darien —él la miraba impaciente—, estoy… —y al fin se animó a decírselo—. Estoy embarazada —soltó entre sollozos.

—¡¿Qué?! —Darien no podía creer lo que acababa de escuchar—. ¿Qué… ¿Qué fue lo que dijiste?

—Vamos a tener un bebé —y volvía a llorar con intensidad.

—Serena… —sus ojos se llenaban de lágrimas—. ¡Serena! —la abrazó con fuerza y comenzó a llorar refugiado en su cuello—. Serena, no puedo creerlo… Serena —y los dos lloraron abrazados por largo rato.

Cuando él se pudo calmar volvió a mirarla a los ojos sin dejar de llorar. —¿Vamos a tener un bebé? —ella asintió riendo por su expresión, el rostro de Darien estaba iluminado por una enorme sonrisa a pesar de que las lágrimas no dejaban de brotar de sus ojos—. ¡Vamos a tener un bebé! —también echó a reír—. ¡Un conejito! ¡Vamos a tener un conejito! —la besó en los labios—. No puedo creerlo —decía entre besos—, un bebé, nuestro bebé —ella le devolvía los besos—. ¡No puedo creerlo! —y la abrazó de nuevo —Te amo, Serena. Te amo tanto…

Ambos lloraban emocionados. —Yo también te amo… —Serena acariciaba su cabello con dulzura y sonreía aliviada y conmovida por su emoción.

—Pero, ¿cómo fue? ¿Cuándo pasó? —volvió a mirarla de frente—. Si nosotros siempre nos cuidamos, ¿verdad? —Serena reía—. Esto es… es tan repentino, no me lo esperaba.

—París, amor —dijo ella mientras acariciaba de nuevo su rostro—. La ciudad de las cigüeñas.

—¿París? —preguntó sorprendido—. Entonces… —y volvió a sonreír de oreja a oreja—. ¿Entonces tendremos un conejito francés? —ella asentía emocionada—. Amor —la besaba otra vez—, no tienes idea de lo que esto significa para mí. Una familia, Serena, nuestra familia —se acercó a su vientre y comenzó a besarla—. Gracias, bebé —decía entre besos—. Gracias, conejito, por venir a nuestras vidas —y la abrazó de nuevo apoyando su rostro sobre su vientre y llorando de felicidad.

—Amor… —lo tomó de los hombros para que se incorpore—. Escúchame, amor —acariciaba su rostro y él poco a poco se fue calmando—. Uno de mis sueños es formar una familia contigo —él también la acariciaba—. Y sé que quizás esto es algo precipitado, que no planeábamos que sucediera ahora. Pero me siento tan feliz… Tendremos nuestra familia, Darien. Nuestra familia Conejo —ambos rieron.

—Te amo… te amo tanto, Serena —sus ojos volvían a llenarse de lágrimas—. Me haces tan feliz —lentamente la iba inclinando en el sofá para recostarla y acomodarse sobre ella sin dejar de besarla—. Gracias… Gracias por regalarme la oportunidad de formar una familia contigo —la miró a los ojos—. Gracias por permitirme ser el hombre más feliz del mundo. Te amo… —y se besaron.