Bueno gente, llegó el final… Disfruté muchísimo de escribir esta historia, fue todo un desafío para mí meterme con temas delicados, con historias duras y escenas tristes. Pero creo que logré compensar todo eso con un montón de otras cosas que estuvieron bonitas…
Bueno, este cap al final quedó más corto de lo que creía… Igualmente lo que narro en esta ocasión es más que claro y resume todo el amor y el compromiso que nuestros adorados protagonistas lograron construir durante toda la historia. Y la verdad es que estoy más que conforme con cómo quedó…
Recomendación: Busquen y escuchen la canción que elegí para este final, "Quedándote o yéndote" de Luis Alberto Spinetta.
Quiero agradecer especialmente a quienes siguieron y comentaron esta historia, particularmente a: Erika Tsukino, yesqui2000, Cotita83, Flakis, Etsuko-Ai, kaguya y yssareyes48. Y a todos los que sin habérmelo dicho directamente me acompañaron día a día, cap a cap, con su lectura y su interés :) Espero de corazón que hayan disfrutado de esta historia tanto como yo.. Y ojalá qué más gente se sume para comentar y compartir qué pensaron y sintieron al leer..
Bueno, llegó el acabóse… Lean con calma y en paz este FINAL y no dejen de decirme qué les pareció!
Ah! Y vayan dándose una vueltita por mi nuevo proyecto, "Inoportuna", que ya subí el adelanto y el primer cap :)
Todos los personajes pertenecen a su autora, Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.
Besitos y abracitos per tutti! Gracias totales de nuevo! :)
Bell.-
:: Capítulo Final ::
Los meses pasaron. Serena y Darien eran inmensamente felices al compartir sus vidas y comprometerse para formar una familia juntos. Habían decidido esperar para casarse después de que naciera el bebé, querían disfrutar del embarazo que marchaba perfectamente bien, Serena estaba muy saludable y Darien la cuidaba y la acompañaba todo el tiempo. Él finalmente había renunciado a la empresa y había conseguido emprender con mucho éxito el nuevo proyecto con sus colegas. Y podía manejar y organizar sus tiempos libremente.
Un día salió temprano de la oficina y después de pasar por el centro comercial para hacer unas compras, fue a su departamento. Cuando llegó dejó sus llaves y su maletín sobre la mesa y las compras en el sillón. —¡Amor, ya llegué! —gritó mientras entraba a la cocina para beber un poco de agua.
—¡Aquí estoy! —respondió Serena desde su cuarto.
Darien tomó las cosas que había dejado en el sofá y fue hasta la habitación. —Hola, mi amor —dijo al entrar con una alegre sonrisa—, ¿cómo estás? —se acercó a ella que estaba recostada en la cama para darle un dulce beso en la frente y sentarse a su lado.
—Hola, amor —dijo ella mientras acomodaba unos almohadones para hacerle espacio—. Estoy bien, sólo me dolían un poco los pies y me acosté un ratito. ¿Tú cómo estás? ¿Cómo te fue hoy?
—Muy bien y como logré salir más temprano me fui de compras —dijo con una pícara risita.
—¿Otra vez? —ella también reía—. Haces compras todos los días, así tu negocio jamás prosperará —bromeó.
—Esto es para ti —dijo al sacar de una bolsa un vestidito rosa que apoyó sobre el abultado vientre de Serena—. Te verás hermosa con esto, conejo —y le dio tiernos besitos a la panza de Serena, ella sonreía enternecida.
—No le digas conejo, la pobre niña tiene nombre —y volvía a reír.
—Y esto es para la mamá más bella del mundo —y le acercó a Serena una hermosa rosa roja.
—Amor, es preciosa.
—Tú eres preciosa —y volvía a besar su vientre—. ¿No es cierto, conejo? ¿Verdad que tú mamá es la más preciosa de todas las mamás de la tierra? ¿Y que tú serás igual de preciosa que ella?
Serena no dejaba de reír. —Deja de decirle conejo, amor, dile Rini.
—Rini es el conejo de papá —le hacía cosquillas—. Papá le dice conejo a su conejito porque es su conejo preferido —Serena reía aún más por la voz graciosa de Darien y él también echó a reír—. Te amo, Serena —se acercó a su rostro y le regaló un cálido y largo beso en los labios.
—Te amo… —dijo ella mientras acariciaba el rostro de Darien con una dulce sonrisa. Hasta que un repentino dolor la hizo estremecer.
Darien se asustó al ver su expresión. —¿Qué pasa? —comenzó a preocuparse—. ¿Qué te pasa, Serena?
Ella se agarraba la panza con las dos manos y trataba de sentarse. —No sé, me duele mucho.
Darien la ayudó a incorporarse. —Por dios, Serena, me estás asustando. ¿Qué te duele? ¿Qué tienes?
—Parece una contracción. Últimamente estoy teniendo contracciones más seguido pero nunca me habían dolido tanto —apretaba los ojos para intentar resistir el terrible dolor que sentía.
—Pero… —Darien se estaba poniendo muy nervioso—. Pero todavía falta más de un mes —Serena pegó un grito de dolor y él se desesperaba cada vez más—. ¡Por dios, ¿qué pasa?! —se puso de pie y comenzó a caminar impaciente—. ¿Qué hago? ¡¿Qué hago?! —se agarraba la cabeza y se ponía más nervioso aún—. ¿Qué hago, Serena? —volvió a sentarse a su lado y le copiaba el ejercicio de respiración que ella hacía—. Eso, respira como nos enseñaron en el curso.
Serena volvió a gritar de dolor. —Busca… —intentaba controlarse—. Busca el bolso, tenemos que ir a la clínica.
Darien se puso de pie. —Pero todavía falta más de un mes —insistió.
—¡Busca el bolso, Darien! —le gritó enojada y él obedeció.
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Llegaron a la clínica y después de revisar a Serena en la guardia los llevaron a una habitación para que esperen. Serena estaba un poco más tranquila pero no se sentía nada bien, estaba sentada en la cama acompañada de Darien que no colaboraba en nada con lo nervioso que se encontraba. —Amor, ¿cómo te sientes? —le preguntó por enésima vez.
—Mal, Darien —respondió de mala gana—. Me siento mal, ya te lo dije mil veces —intentó calmarse para no seguir maltratándolo—. Lo siento, amor, es que me duele mucho la cabeza y estoy muy nerviosa —dijo al apoyar su rostro en el hombro de Darien, que la abrazaba con fuerza.
—Tranquila, amor —también intentaba calmarse—. Todo va estar bien.
Golpearon a la puerta y entró el médico de Serena con una evidente expresión de preocupación. —Bueno, chicos, pasaré a explicarles lo que vamos a hacer. —ambos escuchaban con atención—. Serena, tu presión arterial está muy alta y no podemos arriesgarnos a seguir esperando, este bebé tendrá que nacer hoy.
—Pero todavía falta más de un mes —dijo Darien con una expresión de pánico imposible de disimular.
—Es cierto, pero es muy peligroso para las dos si no adelantamos el parto.
—¿Peligroso? —preguntó Serena con voz temblorosa—. ¿Por qué es peligroso, doctor?
—No te asustes, Serena, vamos a hacer una cesárea y tú y la pequeña Rini estarán bien.
—Pero usted dijo que es peligroso —insistió Serena —¿Por qué, doctor? ¿Mi bebé está bien? ¿Está sufriendo? —ya no podía contener las lágrimas.
—Sí, Serena, está sufriendo, por eso hay que hacerla nacer lo antes posible —respondió mientras entraba una enfermera con una silla de ruedas—. Ya está listo el quirófano, así que te llevaremos a otra sala para prepararte y en 15 minutos te buscarán para ir a cirugía. Con permiso —y el médico salió de la habitación.
—Amor… —Serena temblaba entera mientras la sentaban en la silla—. Amor, tengo miedo —no dejaba de llorar y apretaba la mano de Darien con fuerza —Tengo miedo, amor.
Darien estaba desesperado. —Tranquila, todo saldrá bien —besaba su mano—. Yo estaré contigo, nada malo va a pasarte. Cuidaré de ti y de nuestra Rini, no te preocupes.
—Lo siento, señor —dijo la enfermera—. Pero usted no podrá estar presente, es una intervención de emergencia y sólo el personal del servicio puede estar en el quirófano.
Serena se puso peor al escucharla. —No, no, no —y apretaba más fuerte la mano de Darien—. Ven conmigo —estaba tan asustada que no dejaba de temblar y de llorar desconsolada—. Tengo miedo, Darien, ven conmigo.
—Pero… —él miró a la enfermera con furia—. No puede ser, no es lo que nos habían dicho, yo iba a estar presente en el parto. Mire cómo está, no puedo dejarla sola.
—No estará sola, señor —la mujer abrió la puerta y empezó a empujar la silla para salir con Serena—. La atenderán los mejores profesionales, estará en buenas manos.
—No, amor, no me dejes sola —Serena no soltaba su mano y él salió de la habitación junto con ellas.
—Lo siento, princesa —decía apenado mientras caminaban por el pasillo—. Lo siento tanto —cuando llegaron a otra puerta donde ya Darien no iba a poder pasar, se arrodilló frente a ella—. Todo estará bien, amor —ambos estaban muy asustados—. Tranquila —le daba cortos besos en los labios—, intenta calmarte, por favor, por Rini —ella asentía sin dejar de llorar—. Ustedes son lo más importante que tengo en este mundo y estaré esperándolas para comérmelas a besos —y le regaló una sonrisa—. Te amo… —volvió a besarla.
—Te amo, Darien… —dijo Serena entre sollozos mientras la enfermera volvía a empujar la silla y no dejó de mirarlo a los ojos hasta que atravesaron la puerta.
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Darien se quedó inmóvil en el medio del pasillo con la mirada clavada en la puerta donde Serena acababa de entrar. Estaba muerto de miedo, sentía tanta desesperación e impotencia que no podía reaccionar de ninguna manera. Recién ahora se daba cuenta de que él también lloraba incesantemente sin mover un sólo músculo de su rostro, sólo dejando que las lágrimas salieran de sus ojos. No tuvo noción de cuánto tiempo permaneció en el mismo estado. El miedo que sentía era tan inmenso que no podía sentir nada más, sólo la tibieza de sus lágrimas cayendo incesantemente por sus mejillas.
Hasta que de repente se dio cuenta de que había alguien que lo llamaba. Volteó al escuchar su nombre y vio que se acercaban los padres de Serena. —Darien, querido —dijo Ikuko al abrazarlo y él intensificó su llanto.
—Muchacho —Kenji le apretaba los hombros para transmitirle apoyo—, no tengas miedo, todo va estar bien.
—Ve a buscar un poco de agua —le ordenó Ikuko y él enseguida se fue—. Querido —dijo al separarse de Darien—, tranquilo —le limpiaba las lágrimas con un pañuelo—. Ya hablé con uno de los médicos y me explicaron todo —él poco a poco se iba calmando al ver la tranquila expresión de su suegra—. Va a salir todo bien, Darien, no tienes de qué preocuparte —y le sonrió con dulzura.
—Pero dijeron que era peligroso, que Rini estaba sufriendo y que…
—Sí, lo sé, son unos desconsiderados a la hora de comunicar las cosas —protestó—. Es verdad todo lo que te dijeron, pero no te asustes, estas cosas son muy comunes, a mí me pasó exactamente lo mismo cuando la tuve a Serena —él la miró sorprendido—. Sí, me operaron de urgencia y Serena nació prematura —recordó nostálgica—. Su papá estaba igual de nervioso que tú en este momento, o quizás peor —dijo riendo y Darien pudo esbozar una sonrisa—. Y ella era tan pequeñita, tan preciosa —suspiró emocionada—. Todo saldrá bien, tienes que confiar en que así será.
Darien no pudo evitar volver a llorar. —Pero tengo mucho miedo, Ikuko —ella lo abrazó de nuevo—. Serena y Rini son lo más valioso que existe en mi vida, si algo llegara a pasarles yo… —no pudo hablar más y lloraba desconsolado con su rostro refugiado en el cuello de Ikuko. Ella tampoco dijo más nada y lo dejó desahogarse todo lo que necesitara.
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Pasó el tiempo. Los amigos de Serena y Darien también habían llegado a la clínica para acompañarlos y apoyarlos. Él seguía muy nervioso y caminaba de un lado a otro del pasillo mirando la hora a cada instante. Hasta que al fin apareció el médico que salía del quirófano y se acercaba a ellos.
—¿Qué pasó? —preguntó Darien impaciente—. ¿Cómo están? ¿Cómo salió todo?
—Todo está bien —respondió con tranquilidad y Darien suspiró aliviado—. No hubo ninguna complicación durante la intervención. Todo estuvo bajo control y fue gracias a que llegaron a tiempo.
Darien pudo sonreír. —Gracias a dios —Ikuko y Kenji lo abrazaron emocionados—. ¿Y cuándo podré verlas? Necesito verlas, doctor, tengo que estar con ellas —suplicó impaciente.
—Puedes pasar ahora mismo si quieres —el rostro de Darien se iluminó al escucharlo—. Están terminando de vestir a la beba y Serena está en otra sala esperándola. Ven, hijo, yo te acompaño.
El médico lo dejó pasar y le indicó dónde estaba Serena. Darien atravesó el corto pasillo y entró a la habitación. Serena estaba recostada en una cama y cuando lo vio llegar sonrió tranquila y estiró su mano hacia él. —Hola, amor —susurró bajito y se acercó a ella—, ¿Cómo estás? —tomó su mano y se sentó a su lado.
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"Y deberás plantar
y ver así a la flor nacer…
Y deberás crear
si quieres ver a tu tierra en paz…
El sol empuja con su luz
y el cielo brilla renovando la vida…
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Serena suspiró emocionada y no dejaba de sonreír. Darien besaba su mano y también sonreía. —Te extrañé tanto, amor —decía entre besos—. Tenía tanto miedo.
—Yo también —dijo ella mientras acariciaba su rostro—. Pero todo salió bien, amor.
—¿Cómo está Rini? ¿Pudiste verla? —ella asintió—. ¿Está bien? ¿Le contaste los deditos?
—Sí, amor, es perfecta. Lo sabrás cuando la conozcas —se miraban fijamente a los ojos, sonreían tranquilos, se sentían tan felices.
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Y deberás amar…
Amar, amar hasta morir…
Y deberás crecer
sabiendo reír y llorar…
La lluvia borra la maldad
y lava todas las heridas de tu alma…
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Golpearon a la puerta y entró la enfermera con la bebita en brazos. —Hola, papá —le dijo a Darien mientras se acercaba a él—. Aquí está su hermoso retoño —le entregó la beba y se fue para dejarlos solos.
Darien no podía creer lo que estaba viviendo, tenía entre sus brazos la criatura más preciosa que jamás había visto en su vida. —Hola, hija —dijo con voz temblorosa—. Hola, hijita —y la acercó a su rostro para besarla.
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De ti saldrá la luz…
tan sólo así serás feliz…
Y deberás luchar
si quieres descubrir la fe…
La lluvia borra la maldad
y lava todas las heridas de tu alma…
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Serena lloraba emocionada al ver a sus dos amores juntos. —Ven aquí, amor —le dijo a Darien.
Él acomodó a la beba en los brazos de su mamá y se recostó junto a ellas. —Es muy pequeña —no le sacaba los ojos de encima—. Es pequeña y hermosa como su mamá —y le dio un suave beso en la frente mientras la abrazaba.
—Y es impaciente y gritona como su papá —agregó ella haciéndolo reír—. No tienes idea de los terribles alaridos que soltó apenas nació.
Darien acariciaba a la beba con dulzura. —Es perfecta, amor —dijo emocionado—. Es un angelito, como tú —volvió a besarla.
Permanecieron en silencio por un instante, contemplando a su hijita que dormía tranquila en los brazos de Serena y él no dejaba de acariciarla. Ambos sentían que el amor que había nacido entre ellos y los unía hacía tanto tiempo se consolidaba aún más con lo que a partir de ese momento comenzarían a construir juntos: una familia.
—Serena —dijo Darien sin poder contener las lágrimas que volvían a escapar de sus ojos—, no encuentro palabras para describir todo lo que estoy sintiendo —y tomó su rostro para mirarla—. Sólo puedo decirte que… —intentaba hablar con claridad—. Que te agradezco por hacerme feliz y por dejarme hacerte feliz. Todo lo que me diste desde que estás conmigo me ha servido para reparar mi vida, para ser mejor persona, para crecer y para sentirme completo —Serena también comenzó a llorar—. Y a partir de hoy te prometo una vez más que te amaré y cuidaré de ti y de nuestro conejito. Todos los días de mi vida desde hoy y para siempre —la besó en los labios—. Te amo…
—Darien —ella le devolvía los besos—, esto que estamos viviendo ahora —decía entre besos—, es un maravilloso sueño hecho realidad. Formar una familia contigo es lo más hermoso que me pasó. Y siempre estaré a tu lado para amarte y acompañarte, oara que juntos cuidemos de ella, para cumplir más sueños contigo, para ser felices —lo besó de nuevo—. Te amo…
Se miraron sonrientes, agradecidos y felices por el inmenso amor que mutuamente se entregaban y seguros de que juntos enfrentarían la vida como una familia. Miraron otra vez a Rini y Darien las besó a las dos. —Te amo, hijita… Te amo, Serena…
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Este agua lleva en sí la fuerza del fuego,
la voz que responde por ti… por mí…
Y esto será siempre así…
quedándote o yéndote…"
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