Yo te cuidaré

Dilemas y verdades

Freddie se despertó sintiéndose como la mierda, literalmente. Su vida buena y especial se había terminado la noche anterior cuando vio a Sam besándose con otro. Era tan difícil de creer, después de tantos "te amo" y "siempre estaré a tu lado", era difícil entender en que se había equivocado. Pero esos problemas debían esperar y pasar a un segundo plano, su hijo estaba enfermo y debía poner todo en orden antes de hablar con ella. Negando con la cabeza, dejó escapar una que otra risa.

-Buenos días, Señor Benson -saludó la enfermera de turno. -Su hijo ha tenido mejoras, ha bajado la fiebre y estoy segura que su incomodidad para comer ha disminuido. Los biberones vacíos lo certifican. Por cierto, su esposa está afuera.

Él no se sorprendió ante la noticia. Es más, lo esperaba. Sam era una persona muy testaruda y al saber que su hijo estaba enfermo, no le cabía duda que dormiría aquí en el hospital. Con un asentimiento, le dio las gracias a la enfermera antes de abrir la puerta y encontrarla profundamente dormida en el suelo. Dejando escapar un suspiro, la tomó entre sus brazos y la acostó en el sillón que estaba en la habitación de su hijo. Solo tuvo que esperar varios minutos hasta que ella demostrara signos de despertar.

Sam no se sorprendió al verse allí. Ella sabía que no importaban los problemas que existieran entre los dos, él nunca la dejaría fuera. Sintió una pequeña punzada de culpa y arrepentimiento, pero no era el momento. David era la prioridad. Luego le diría a Freddie porque se comportaba de aquella manera y que, si se hubiera quedado un poco más, tal vez las cosas fueran distintas. ¿A quien engañaba? Nada podía ser distinto, eso tenía que pasar de un momento a otro. Buscar culpables o escusas no era muy honesto de su parte.

Ella escuchó a Freddie salir durante la mañana y ausentarse un par de horas antes de volver. Quiso decirle un par de veces que lo mejor era descansar, pero las palabras nunca llegaron a su boca. Ya muy tarde, en la noche, el doctor indicó que era seguro llevarse a David, pero debían mantenerlo bajo vigilancia.

-Yo dormiré está noche con él -murmuró la rubia sin mirarlo a los ojos.

Freddie solo asintió antes de encerrarse en el cuarto. Ella de verdad odiaba esa situación, pero como se dijo horas atrás, sus problemas con él debían esperar.


Dos meses después

La alarma del reloj de Sam sonó estridentemente a las cuatro en punto de la mañana. Con un gruñido y golpecito, algo fuerte, la hizo callar. La prueba más importante de Historia era ese día. ¡Qué suerte la suya! Moviéndose perezosamente, Sam encendió la luz de su mesita de noche y subió a la cama todos los libros y apuntes que se encontraban esparcidos por el suelo. ¿Por qué se encontraba en esa situación cuando tenía un tutor? Simple, la rubia prescindió de sus servicios. No solo fue el causante de su confusión sino de destrozar lo más importante de su vida, su familia. No es que ella no tuviera nada que ver, nada de eso, pero ya no podía seguir viéndolo y soportar su cara triunfal cuando notara que estaba sola y libre. Sam no quería estar libre.

Muchas veces intentó decirle todo a Freddie, pero solo lograba escuchar como cerraba con fuerza la puerta de su habitación dejándola con la palabra en la boca. Poco a poco dejó de intentarlo, de igual forma con su amiga o... ¿ex amiga? Ya habían pasado dos meses desde él se mudo a la habitación contigua y que solo habían pasado a ser compañeros de apartamento con algo en común, David.

-Mierda... -susurró Sam al notar la hora.

Seis de la mañana, la prueba era a las ocho y aun no había estudiado nada. Internamente gritaba mientras se daba una ducha rápida y preparaba el desayuno de su hijo. Luego de acomodar todas las cosas de David y esconder un lápiz en su cabello, salió del apartamento, no sin antes dejar un poco de comida para Freddie. Sabía que no quería ni verla, ni siquiera hablarle, pero eso no significaba que no apreciara su esfuerzo y ayuda.

Después de dejar a David en la guardería, corrió como desquiciada por toda la ciudad hasta llegar a la universidad.

-Nos honra con su presencia, Señora Benson -¡Auch! La profesora no estaba de humor.

Dos horas más tarde, ella se encontraba sentada bajo un árbol acompañada de la única persona que le dirigía la palabra.

-No creo que salgas mal, esa prueba puede ser difícil, pero tu has estudiado mucho -razonó Gibby revisando los apuntes de Sam. -Además, tu eres muy inteligente y aplicada cuando te lo propones.

-No lo sé, no me estresaré más por ese tema por los momentos -murmuró entre bostezos. -Hoy es un día de locura Gibs, tengo centenares de actividades que esperan por mí en casa.

-Eso está bien, pero no debes acabarte tampoco. Solo mírate -a ella no le hacia falta eso, sabía muy bien como estaba. -Disculpa que lo saque a colación, pero cuando pretendes decirle a Freddie la verdad.

-Cuando él me permita decir al menos dos palabras -susurró con desdén. -Debo irme, tengo que ir a mi última clase del día antes de irme a trabajar y luego tres libros esperan por ser leídos -el animo fingido en su tono le preocupó a su amigo, pero no le diría nada más.

Gibby la observó con detenimiento mientras caminaba hacia el centro del campus. Delgada, mucho más delgada de lo que se podría considerar saludable. Demacrada por los trasnochos y sumamente triste. Él sabía que debía hacer, primero empezaría con Carly y, por último, Freddie. Sacarlo de su miseria era tan difícil como convencer a su amiga de que todo tenía solución. Para él, ambos tenían culpa.

Encogiéndose de hombros, el chico caminó hacia la salida, no sin antes encontrarse con Carly. La castaña le sonríe emocionada de verlo, pero Gibby solo se limita a alzarle una ceja. No estaba muy contento con ella. Podía entender que apoyara a Freddie, pero nunca tomarse tan a pecho un problema que no era suyo y menos alimentar esa separación. Estaba decepcionado y no se detendría en decirle las cosas en su cara.

-Gibby... -chilló Carly antes de lanzarse sobre él y abrazarlo. -Es bueno verte de nuevo. ¿Qué te trae por aquí?

-Sam - se limitó a responder. Como esperaba, Carly borró la sonrisa de sus labios para remplazarlos con una mueca de disgusto. -Hoy tenía un examen muy importante de Historia y vine a ayudarla...

-¿Qué? ¿No le basta la "ayuda" de su tutor? -El tono fue despectivo y activo toda defensa de Gibby hacia su amiga.

-Bueno, la verdad no espero que te interese, Shay -comenzó con desdén-, pero Sam no tiene tutor. El porque no te lo tengo que decir, es más no te tiene que interesar así que ni intentes preguntarme o hacer un comentario inteligente del que te puedas arrepentir.

Sin esperar respuesta, pero si una reacción, Gibby comenzó a caminar hacia la salida. Como esperaba, Carly lo detuvo con una interrogante en su rostro. Jamás la había tratado así y eso la extrañaba.

-¿Qué sucede Gibby? -murmuró entrecortadamente.

-Ni uses ese tono conmigo que no logrará nada -espetó dando a conocer su ira. -Por una vez deja de entrometerte en problemas que no te conciernen. Ni te imaginas que tanto eres culpable de todo lo que está pasando...

-Claro, Sam te dijo algo para ponerte en mi...

-¿Ves? A eso es lo que me refiero con comentario inteligente -él soltó una risa incrédula antes de negar con su cabeza. -Ella no me ha dicho nada, ni siquiera habla mal de ti o de Freddie. Es más, si abrieras un poquito más los ojos te dieras cuenta que la chica se está matando entre estudios, su hijo y tratar de llevar la fiesta en paz con Freddie.

Con esas palabras la dejó y no espero nada más. Horas más tarde se topó con Freddie que salía de su nuevo trabajo. Lo saludo y le invitó a cenar, de todas formas sabía que David se encontraba con Carly en esos momentos.

-Estoy pensando en vivir con mi papá, me siento incomodo en el apartamento -dijo Freddie de pronto mientras le daba una mordida a su hamburguesa. -Las cosas con Sam no están muy bien...

-No es que tu le des una oportunidad -no fue una pregunta y el castaño se sorprendió mucho al escucharle.

-Esta bien, no creo haberte contado nada...

-No hace falta ser inteligente para saber que lo has echado todo a perder... al igual que ella -finalizó alzando su vaso de refresco como si estuviese brindando.

Esa actitud irónica le valió muchas amistades, Gibby lo sabía. Pero no perdería a ninguno de sus verdaderos amigos y esos estaba Freddie. Solo necesitaba darle un poco de sentido al chico para que reaccionara.

-¿Qué quieres decir? -A diferencia de Carly, Freddie podía mantener rencor, pero siempre guardaba esa pequeña parte que deseaba estar equivocado.

-¿No te has puesto a pensar que tal vez lo que viste no es lo que parece? -Gibby lanzó esa pregunta con una sonrisa de suficiencia antes de morder el ultimo pedazo de su hamburguesa.

Después de eso no hablaron más, al menos no del tema y eso estaba bien. Él sabía que su amigo tenía muchas cosas que pensar.


Sábado, detestaba los sábados. Eran los días donde ella tenía tutoría todo el día. Seguro aprovechando cada minuto con su tutor... "Basta", se regañó Freddie internamente. No iba a arruinar su día con su hijo por alguien que no supo apreciarlo. Hoy saldría al parque con David y luego pasaría el resto del día en el centro comercial. Mientras preparaba un bolso con suministros, decidió buscar en el cuarto de Sam las mantas y frazadas que le había regalado para acampar, algo que nunca usaron.

Cuando entró no pudo evitar sorprenderse. El cuarto era un verdadero desastre, había tazas con cereal a medio comer apiladas en la mesa de noche y uno que otro sándwich mordisqueado, pero no terminado. Nunca había visto algo igual, a un lado de su cama estaban regados los apuntes, libros y cuadernos de la universidad con infinidades de notas adhesivas que resaltaban paginas y temas importantes por estudiar. Pero eso no fue lo que más llamó su atención, ella había dejado su celular.

Freddie se acercó lentamente a la cama y lo tomó entre sus manos. Todo su cuerpo temblaba y aunque sabía que eso estaba mal, no pudo evitar hacerlo. Tenía muchos mensajes de texto, la mayoría de sus compañeros de clase que le recordaban trabajos y examenes por realizar. Pero el que más llamó su atención fue el de un numero desconocido. Sin esperar más, lo selecciono y allí solo habían dos mensajes.

"Tienes un buen izquierdazo, Puckett. No quise actuar tan impulsivamente, ¿me disculpas?"

"Puckett, no sabes el error que cometiste. Jamás pasaras historia sola. Eres una pequeña rubia tonta que no cuenta con el apoyo de nadie más. Piensalo..."

El primer mensaje era de aquella noche y el segundo de días después. La verdad es que Freddie no sabía que pensar, no quería hacerse ilusiones, menos cuando había sufrido tanto. Lentamente se dejó caer en la cama, aun podía sentir el olor de la rubia impregnado en las sabanas y no pudo evitar dar rienda suelta a sus recuerdos. Aquellas noches compartidas, besos y caricias que aun sentía como si fuera ayer. De pronto el celular comenzó a repicar dandole un susto de muerte. Esperó varios segundos antes de decidirse a responder.

-¿Hola?

-¡Oh, gracias al cielo! Pensé que lo había botado -fue la voz de Sam llena de alivio. -¿Lo dejé en casa?

Freddie no sabía que responder.

-Freddie... -titubeo Sam al otro lado.

-Sí, aquí está no te preocupes -escuchó un suspiro de alivio antes de despedirse y cortar la comunicación.

El castaño dejo escapar un suspiro al darse cuenta que todavía su corazón se aceleraba cuando escuchaba su voz y que, a pesar de todo, aun seguía sintiendo lo mismo por ella. Esa tarde decidió no salir, en cambio, solo vio películas y compartió juegos con su hijo. Quería esperarla, hablar con ella y exigirle de una vez por todas que le explicara la verdad.

Pasar momentos con David era lo único que lo mantenía en pie y verlo dormir se había vuelto una costumbre, pasaba todas sus noches en ello. Escuchó la puerta del apartamento y luego como Sam caminaba rápidamente a la habitación. Por algunos momentos ignoró ese hecho y se acostó en la cama que estaba en la habitación logrando despejar su mente en algunos momentos. Pero la ansiedad era mucha, tenía que preguntarle. Sin pensarlo dos veces caminó por el pasillo y abrió la puerta. Lo que encontró volvió a dejarle sorprendido.

Sam dormida en el suelo con el lápiz en la mano y muchos libros rodeándole. Dejó escapar un suspiro antes de acercarse a ella y tomarla entre sus brazos. Subió a la cama y sin soltarla la abrazó como solía hacerlo antes de cerrar los ojos y dormir a su lado. Sí quería saber la verdad, quería que todo volviera a ser como antes, pero la confianza debía ser recuperada antes de lograrlo. Mientras podía permitirse ese momento... lo necesitaban.