Gente bella!
Aquí estoy al fin con la sorpresita que les pormetí: El epílogo de esta historia.
En esta ocasión habrá boda y post-boda. Y en el medio un poco de miel… Espero que les guste… Y les pido por favor que compartan conmigo sus opiniones. Todo lo que piensan y sienten al leerme es sumamente valioso para mí, y me motiva a seguir produciendo y perfeccionándome en lo que hago. Aunque siempre trato de poner lo mejor de mí a la hora de escribir, sé que no soy para nada profesional en esto, y tampoco aspiro a serlo. Pero quiero lograr los mejores resultados posibles… Así que todas sus opiniones y sugerencias son más que bienvenidas!
Quiero hacer una breve aclaración: Las frases que agregué en este cap pertenecen a fragmentos de una canción de Olga Román, "Me asomo", y les recomiendo que la busquen y la complementen a su lectura.
Reitero una vez más mi especial agradecimiento a Erika Tsukino, yesqui2000, Cotita83, Flakis, Etsuko-Ai, kaguya y yssareyes48. Y también a Eli Chiba y princessqueen. Y a todxs lxs que me acompañaron día a día, cap a cap, con su lectura y su interés. Deseo de corazón que disfruten de este cap tanto como yo… Y espero que más se sumen para comentar y compartir qué pensaron y sintieron al leerme…
Bueno, lxs invito a leer con calma y en paz este EPÍLOGO y les pido que no dejen de decirme qué les pareció!
Todos los personajes pertenecen a su autora, Naoko Takeuchi, yo sólo los tomé prestados.
Besitos per tutti!
Bell.-
:: Epílogo ::
Unos meses después del nacimiento de Rini…
Llegó el ansiado día de la boda de Serena y Darien. Era el momento más feliz de sus vidas… Con este paso volvían a consolidar y reafirmar el inmenso amor que compartían desde que estaban juntos. Volvían a elegir continuar por el camino que los ayudara a crecer juntos y a acompañarse dando y recibiendo agradecidos todo lo que eran, todo lo que tenían. Para apoyarse y contenerse, para ayudarse a salir adelante y enfrentar la vida dando lo mejor de cada uno, a pesar de las diferencias, a pesar de las dificultades. Y lo más importante de todo: construir una familia.
La ceremonia y la fiesta se iban a llevar a cabo en el mismo lugar, una enorme y rústica casa quinta cerca del pueblo natal de Serena. Era un muy bonito día de sol, y el matrimonio se celebraría al aire libre.
El altar, ubicado bajo la sombra de unos frondosos árboles, estaba decorado con telas y flores blancas, y el tramo que recorrería Serena acompañada de su papá estaba adornado con pétalos de rosas. Los invitados ya estaban distribuidos por el lugar esperando a que la boda iniciara.
Junto al altar, Darien, elegantemente vestido con un traje negro, ya estaba de pie acompañado por Andrew, Ami y la mamá de Serena. Se sentía muy nervioso y ansioso y aunque se esforzaba no podía disimularlo.
Cuando la ceremonia estaba por dar inicio, todos los asistentes se quedaron en silencio y cuando Darien vio aparecer a Serena tomada del brazo de su padre y comenzó a caminar hacia él sintió a su corazón acelerarse de tal forma que temía que se le escapara del pecho. Estaba tan hermosa, su largo vestido era de color marfil, con delicados encajes y una amplia falda. Llevaba su cabello suelto, adornado con algunas florcitas violetas que combinaban con las de su ramo. Y mientras caminaba hacia él no dejaba de sonreír y al estar cada vez más cerca ya no podía contener las lágrimas que escapaban de sus ojos.
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"Me asomo al borde del puedo, para perder el control
y después para tenerlo, para no decir que no,
para visitar el templo de las viejas ceremonias,
me quiero asomar al fondo y al quiero de nuestra historia…
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Al llegar al pie del altar Kenji le entregó la mano de la novia al novio, Darien le dirigió una expresiva mirada a su suegro intentando transmitirle su agradecimiento por aceptarlo y hacerlo parte de su familia, Kenji sonrió también emocionado y se ubicó junto a Ikuko.
Darien miró a su futura esposa. —Eres la novia más llorona y hermosa del mundo —murmuró al acariciar suavemente el rostro de Serena para limpiar sus lágrimas. Ambos permanecieron unos instantes viéndose fijamente a los ojos, apretando sus manos con fuerza, y sin decirlo con palabras se expresaban con sus miradas lo felices y seguros que se sentían con lo que estaban eligiendo para sus vidas, con estar juntos como siempre lo habían soñado
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Me asomo al otro sentido, al tiempo que va al revés,
me asomo a lo que te asomas, para ver lo que no ves,
me asomo a la vida nueva, para conjurar el tiempo,
me asomo a ver tus preguntas y decir que sí otra vez…
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La ceremonia comenzó al fin, no soltaron sus manos en ningún momento y cada vez que se miraban sonreían emocionados. A la hora de intercambiar los votos lo hicieron de manera acotada y sencilla, pero sin dejar de expresarse en sus palabras todo el amor que sentían el uno por el otro.
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Me asomo cada mañana para tener tu latido,
para sentir que estoy viva, para perder el sentido,
y descifrar el misterio de ti y de mí cada día,
si me da miedo asomarme, me asomo más todavía…"
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Una vez que acabó la ceremonia, tuvieron lugar las felicitaciones a los recién casados. Todos se pusieron de pie para aplaudir y ovacionar a los novios que no dejaron de besarse apasionadamente desde que habían dado el 'sí'. Y un montón de pétalos de colores llovió sobre ellos. Todos sus seres queridos los abrazaban y felicitaban efusivos, estaban felices de compartir con ellos el tan esperado acontecimiento.
Dentro del salón de la vieja casona tuvo lugar la intensa y larga fiesta, donde todos festejaron y se divirtieron durante toda la noche junto a los flamantes esposos, el ambiente era de plena alegría y celebración.
Y avanzada la madrugada, la música comenzó a ser más suave, los decibeles bajaron y muchas personas ya se disponían a retirarse. Los novios, junto a algunas parejas más, bailaban tranquilos en la pista. Darien abrazaba por la cintura a su esposa y ella rodeaba el cuello de su esposo con sus brazos. Bailaron abrazados y en silencio por largo rato. Y no dejaban de regalarse tiernos besos y miradas afectuosas. —Y llegó el día, amor —dijo Darien con un suspiro—. Al fin nos casamos.
Ella lo miró a los ojos. —Hoy es el día más feliz de mi vida —dijo emocionada.
—El mío también —dijo él mientras le daba unos besitos en la nariz—. Eres mi dulce ángel —decía entre besos—, mi amor, mi princesa. Y ahora también mi esposa.
—Te amo, Darien… —dijo ella al volver a abrazarlo con fuerza.
—Yo también te amo, Serena… —él suspiró de nuevo y volvieron a quedar en silencio por unos minutos más—. Amor… —dijo Darien volviendo a mirar de frente a su esposa—, aunque la fiesta ya haya terminado, nosotros tenemos que seguir celebrando —dijo con una pícara sonrisa—, solos tú y yo —la besó en los labios—. Te tengo preparada una pequeña sorpresa —ella lo miraba impaciente sin dejar de sonreír—, pero tenemos que irnos de aquí.
—Pero, ¿y Rini? —preguntó Serena preocupada.
—El conejo se quedará con sus abuelos, no te preocupes —respondió él riendo por su expresión—. Esta noche tiene que ser nuestra noche —murmuró seductor—. Y quiero estar sólo contigo —volvió a besarla—, para comerte a besos, para tenerte toda para mí —y profundizó el beso.
—Eres un esposo muy mimoso —susurró ella sin dejar de besarlo—. Yo también quiero comerte a besos —decía entre besos—, toda la noche, todas las noches por el resto de mi vida.
—Entonces —Darien comenzaba a vencerse por los besos y caricias de su esposa—, ¿nos vamos? —preguntó impaciente y ella asintió con una enorme sonrisa.
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Después de despedirse de los últimos invitados que quedaban en el lugar, los flamantes esposos se dirigieron al hotel donde pasarían su noche de bodas.
Darien había reservado la suite de luna de miel para sorprender a Serena. Y cuando llegaron al piso donde estaba su habitación, caminaron tomados de la mano por el pasillo y entraron a la sala.
Serena estaba fascinada con el lugar. —Amor, esto es más grande que nuestro departamento —dijo riendo mientras observaba cada espacio detenidamente.
Había un enorme sofá cama, un comedor y hasta una cocina dispuesta a un costado del balcón.
—Ven conmigo, princesa —dijo Darien mientras dejaba su saco en una silla y la tomaba de nuevo de la mano para caminar juntos hasta el dormitorio.
Antes de abrir la puerta él se detuvo. —Serena, ésta no será la primera vez que estaremos juntos. Pero sí será la primera noche que compartiremos como esposos y quiero que sea especial —ella no dejaba de sonreír—. Sé que a ti no te gustan los lujos y los detalles ostentosos, pero quiero que la de hoy sea una noche inolvidable —le dio un tierno beso en los labios—. Espero que te guste la sorpresa —sonrió con picardía y sin soltar su mano abrió la puerta, dejó que ella entre antes que él y esperó a ver su reacción.
Serena no podía creer lo que estaba viendo, estaba frente a una espaciosa y acogedora habitación iluminada con cientos de velas y la tenue luz de la luna que entraba por el balcón. Había a un costado una mesita con más velas, un par de rosas rojas y dos copas altas. Y desparramados sobre la enorme cama matrimonial un montón de pétalos de flores. Era el detalle más romántico que jamás le habían dedicado, y más especial era aún porque su amado esposo era quien se lo regalaba.
Volteó a verlo, Darien estaba apoyado contra la puerta observándola y cuando ella lo miró le regaló una tranquila sonrisa que ella le devolvió enseguida. —¿Te gusta? —preguntó mientras se acercaba lentamente a ella. Serena no podía emitir palabra, sólo asintió con la cabeza sin dejar de sonreír.
Él le tendió su mano, ella lo tomó y caminaron juntos hasta la mesita. Darien sirvió jugo de manzana en las copas, le entregó una a Serena y él alzó la otra. —Lamento que no sea champagne —dijo con una tímida sonrisa—, pero en realidad lo importante es el motivo de este brindis —ella lo escuchaba con atención—. Serena, hoy vuelvo a hacer realidad un hermoso sueño a tu lado. Siento que haberme encontrado contigo no fue casualidad y que el amor que nació entre nosotros tampoco lo es. Sino que es fruto de nuestros deseos de ser felices y de querer compartir nuestra vida juntos, de confiar en lo que sentimos, en esto tan hermoso que pudimos construir que es tan maravilloso y real. Y quiero prometerte que seré un esposo fiel, que estaré a tu lado para acompañarte y apoyarte en todos y cada uno de tus sueños y tus deseos para siempre. Que compartiré todo contigo, todo lo que soy y todo lo que tengo es tuyo desde este momento hasta la eternidad. Te amo… —y chocó su copa con la de ella.
Serena no podía contener más sus lágrimas. —Darien —dijo en un suspiro y ahora él la escuchaba con atención—, desde que estamos juntos los dos hemos elegido unir nuestras vidas para siempre y sé que la fuerza de nuestro amor está en querer caminar juntos, acompañarnos en todo momento y hacer todo lo posible por lograr ser felices. Y a partir de hoy te prometo seguir siempre a tu lado para ser tu esposa y tu compañera, comprenderte, cuidarte y amarte con toda mi alma todos los días de mi vida. Te amo…
Después de brindar, Darien dejó las copas sobre la mesa y la abrazó. —Te amo tanto, Serena… —dijo emocionado—. Sé que vamos a ser muy felices juntos. Te amo… —la abrazó con más fuerza y juntos se mecieron por unos instantes hasta que Serena pudo dejar de llorar.
Darien llevó sus manos a la cintura de su esposa, ella reposó su rostro contra su pecho y soltó un largo suspiro. Él acomodó su rostro en su cuello y también suspiró. Se sentían tan tranquilos, tan felices, disfrutando de la cercanía de sus cuerpos, de sus caricias, de estar tan estrechamente unidos…
Darien comenzó a acariciar la espalda de Serena y ella le devolvía las caricias, sentía que su corazón latía con fuerza y podía escuchar cómo los latidos de Darien también se iban acelerando.
Él poco a poco empezó a mover su rostro para poder sentirse más cerca de ella y percibir el perfume de su cabello. Sus respiraciones se hacían más profundas al acariciarse con sus rostros. Él rozaba tan delicadamente la mejilla de Serena con su nariz que ella no podía contener los suspiros sobre su cuello. Sentía también su perfume y acariciaba su cuello con los labios casi imperceptiblemente.
Él cada vez acercaba más su rostro al de ella y cuando al fin quedaron enfrentados comenzaron a rozar sus narices. Sus alientos se confundían, sus bocas estaban a milímetros de distancia, se deseaban tanto que encontrarse tan cerca los hacía estremecer de pies a cabeza. Y como cada vez que estaban juntos, ante el más mínimo contacto de sus cuerpos el deseo y la pasión los inundaba enteros.
Serena lentamente se acercó de nuevo a su cuello para comenzar a besarlo. —Te amo… —le susurró al oído y acarició suavemente con sus labios el lóbulo de su oreja, su mejilla, el costado de su nariz y cuando quedaron de nuevo enfrentados él le regaló una dulce sonrisa y ella lo besó en la boca al fin.
Serena enredó sus dedos en el espeso cabello de Darien y él la acercó más a su cuerpo profundizando otra vez el abrazo. Los besos pasaban de ser delicados y tibios a demandantes y abrasadores. Exploraban sus bocas con impaciencia, entrelazaban sus lenguas con desenfreno y poco a poco su respiración se hacía cada vez más irregular.
El calor y el deseo recorrían sus cuerpos con tanta intensidad que desbordaban todos sus sentidos. Se acariciaban, se saboreaban, respiraban el perfume de su piel y profundizaban los besos y las caricias de tal forma que ya no distinguían donde terminaba el cuerpo de uno y comenzaba el del otro. Estaban muy agitados, y jadeaban entre besos por la falta de aire.
Se separaron un momento para poder volver a respirar. —Serena —murmuró Darien con la voz entrecortada—, te deseo tanto… —y ella volvió a besarlo con más intensidad.
Darien tomó su rostro con las dos manos y comenzó a descender con besos apasionados por su cuello hasta llegar a su oído. Besó y mordió el lóbulo de su oreja y ella soltó los primeros gemidos por las sensaciones que él le provocaba. —Te deseo, Serena… —susurró.
—Yo… —Serena estaba tan inmersa en las placenteras sensaciones que él le proporcionaba que le costaba hablar con claridad—. Yo también te deseo… —y apretó el rostro de Darien contra su cuello para que intensificara los besos. Él la abrazó con más fuerza para estrecharla aún más contra su cuerpo y siguió acariciando la piel del sensible cuello de Serena con sus labios, su lengua y suaves mordidas que la hicieron gemir de placer.
Serena llevó sus manos a los hombros de Darien para poder sostenerse, ya que las intensas sensaciones la hacían temblar de tal forma que la fuerza de sus piernas se vencía y ya no sentía más el suelo que pisaba. Todo a su alrededor dejaba de existir, sólo era capaz de percibir los besos y caricias de su esposo, su calor, su perfume, el sonido de sus voz al gemir contra su piel.
Cuando pudo reponerse un poco, ella llevó lentamente sus manos al pecho de Darien y sin que él dejara de besarla comenzó a desprender uno a uno los botones de su camisa. Él se separó un poco para mirarla y ambos sonrieron seductores sin dejar de verse fijamente a los ojos hasta que ella terminó su tarea.
Serena comenzó a acariciar suavemente su torso desnudo, Darien soltó un suspiro de placer ante el contacto de las pequeñas y tibias manos de su esposa contra su piel y cerró los ojos para disfrutar de su trato. Ella lo observaba disfrutar e intensificaba las caricias, repasando su pecho, sus hombros y descendiendo por sus brazos se deshizo finalmente de su ropa.
Darien no quiso quedar en desventaja y llevó sus manos a la espalda de Serena para buscar el cierre de su vestido y comenzar a bajarlo lentamente. Ella mordía su labio inferior al sentir como poco a poco las manos de Darien recorrían la piel de su espalda y su cintura y él ante su expresión reaccionó volviendo a su boca con besos desaforados. Y entre besos desenfrenados y caricias intranquilas empezaron a caminar juntos hacia la cama.
Darien se sentó en el borde, pero Serena retrocedió un poco y sin dejar de mirarlo a los ojos con una acechante expresión y una seductora sonrisa, se descalzó y comenzó a quitarse el vestido. Deslizó uno a uno los breteles por sus hombros y sin mayor esfuerzo la ligera tela cayó al suelo dejando su cuerpo completamente al descubierto.
Darien no pudo evitar tentarse a recorrer cada parte de su cuerpo con la mirada, sus piernas, sus caderas, su vientre, su pecho. La encontraba irresistiblemente encantadora, llevaba un delicado y sensual conjunto blanco que se confundía con la palidez de su piel, y cuando miró su rostro notó cómo ella sonreía halagada por su expresión.
Él le devolvió la sonrisa y se puso de pie para acercarse a ella. Tomó sus manos y las llevó hacia su pecho invitándola a acariciarlo. Ella comenzó a besarlo en los labios con mucha suavidad y con sus manos recorría cada centímetro de su piel. A medida que recorría el estremecido cuerpo de Darien podía sentir cómo sus músculos se contraían ante el contacto. Repasó su pecho, su cintura, su abdomen y siguió descendiendo hasta los botones de su pantalón que desabrochó muy despacio.
Él comenzaba a impacientarse y sin poder resistir más se deshizo de la ropa que lo estorbaba con un rápido movimiento. Serena no pudo evitar reír por su reacción. —Eres muy impaciente, amor —murmuró coqueta y él la abrazó enseguida para pegarla a su cuerpo y volver a besarla con desesperación. Se sentían ansiosos, desbordados de deseo y ardientes sensaciones, se necesitaban, se amaban y con cada beso y cada caricia se lo demostraban.
Darien en su impaciencia le quitó rápidamente a Serena la prenda íntima que cubría su pecho y fue directo a sus senos. Besó, lamió y mordió con desenfreno cada uno de ellos alternando caricias con sus manos. Serena intensificaba cada vez más sus gemidos, y apretaba con sus manos la cabeza de Darien para pegarlo más a su pecho.
Sin dejar de besarla él volvió a acariciarla con las manos, recorriendo su vientre, sus caderas, sus glúteos hasta que finalmente la tomó entre sus brazos y la recostó en la cama.
Ella lo miraba impaciente, suplicante, lo necesitaba con desesperación y él se acercó para acomodarse sobre ella y volver a besarla con pasión. Serena lo abrazó y lo acarició entero, explorando con las manos sus brazos, su espalda y rodeando su cuello con sus brazos para estrecharlo más a su cuerpo.
Darien volvió a su cuello y descendió de nuevo hasta su pecho. Envolvió uno de sus senos con su boca y acariciaba el pezón con la punta de su lengua y suaves mordidas. Ella arqueaba su cuerpo por el inmenso placer que él le provocaba y gemía sin parar.
Darien llevó su mano un poco más allá del ombligo y comenzó a acariciarla sobre la tela de la prenda íntima. Separó su rostro de su pecho para mirarla y al verla disfrutar de su trato con los ojos cerrados sonrió satisfecho. —Eres muy hermosa, Serena —susurró con voz ronca y la besó en la boca.
Ella estaba tan jadeante que no podía responder a los besos, entonces Darien volvió a descender por su estremecida piel que ya estaba cubierta por una fina capa de sudor mientras acariciaba el lado interno de sus muslos. Besó de nuevo sus pechos, su abdomen, su ombligo y lentamente le quitó la prenda que lo estorbaba dejándola completamente desnuda.
Besó sus muslos, los huesos de sus caderas y ella se retorcía entera contra la cama. La miró a la cara una vez más y decidió dejar de torturarla. Acercó de nuevo su rostro a su cuerpo y comenzó a besarla justo donde ella lo necesitaba.
Serena soltó un agudo gemido y tiró de su cabello al sentir cómo empezaba a besarla, él acariciaba su centro con la punta de su lengua y el intenso y ardiente placer que sentía la desbordaba y la hacía temblar extasiada. Se ondulaba al ritmo de los besos y la presión de Darien contra su cuerpo, y él sin interrumpir su tarea acariciaba sus senos con la mano. —Darien… —Serena estaba a punto de llegar al punto de culminación, gemía agitada y él intensificaba los besos—. ¡Darien! —y sin poder contenerse más se tensó entera para alcanzar el rápido y placentero orgasmo.
Darien satisfecho por el resultado de su trabajo, comenzó a subir por el cuerpo sonrojado que ya había besado y acariciado, y cuando llego a la boca de Serena ella lo besó con desenfreno. —Eres… deliciosa —susurró él en su boca y Serena intensificó los besos. Lo necesitaba con desesperación, pero todavía tenía que hacer su parte. Así que tumbó a Darien boca arriba contra la cama y ahora era ella quien tomaba la iniciativa.
Empezó a recorrer su cuerpo con sus manos y su boca, exploró su pecho, descendió por su abdomen y ante cada contacto de sus labios y su lengua, el cuerpo de Darien se contraía por el placer que ella le proporcionaba y soltaba roncos gemidos. Ella disfrutaba al verlo y sentirlo tan entregado.
Cuando llegó más allá del ombligo sin esperar demasiado tiró de su prenda íntima para acabar de desnudarlo. Volvió a mirarlo y lo recorrió entero con los ojos, estaba agitado, con los ojos cerrados, totalmente entregado a ella. Acercó de nuevo su rostro a su cuerpo, tomó su sexo con una mano y empezó a acariciarlo.
Darien se estremecía y gemía cada vez más agitado y acariciaba con impaciencia el cabello de Serena. Ella acercó más su rostro a su cuerpo y comenzó a besarlo. Lo acariciaba y lamía con suavidad hasta que finalmente lo introdujo en su boca. Darien soltó un ronco gemido y tiró de su cabello. Serena hacía lentos movimientos con su boca y seguía acariciando el cuerpo de Darien con las manos.
Él soltó el cabello de Serena para tomar las sábanas entre sus manos y apretarlas con fuerza entre sus puños. —Serena… —ella suavizaba los movimientos—. Serena, te necesito… —ella cortó los besos y se incorporó. Al verlo de nuevo lo encontró con una expresión de sufrimiento, de necesidad y tan jadeante que se sintió satisfecha y decidió dejar de torturarlo.
Ella también lo necesitaba con desesperación y se acomodó sobre él con una pierna a cada lado de su cuerpo. Darien trató de incorporarse para volver a su boca, pero ella se lo impidió deteniéndolo con las manos contra su pecho y negó con la cabeza.
Serena comenzó a moverse muy lentamente, con la intención de alargar el placer que estaban sintiendo lo más que pudiera. Apoyó sus manos sobre los hombros de Darien, él la tomó de las caderas y con impaciencia la incentivó a acelerar los movimientos. Ella intensificó su ritmo rozando su sexo con el de él y ambos retomaron los gemidos.
Serena volvió a besarlo en la boca sin dejar de moverse y acariciarlo con su cuerpo, lo rozaba con sus senos, su vientre, su sexo y cada vez ambos estaban más agitados. Ella volvió a incorporarse sin dejar de moverse y Darien comenzó a acariciar sus senos con una mano y su entrepierna con la otra. Ella empezó a impacientarse mientras aceleraba su ritmo y gemía cada vez con más descontrol, entonces Darien en un rápido movimiento la tumbó contra la cama cambiando de posición.
Ya no podía esperar más para hacerla suya al fin, se acomodó sobre ella, tomó sus piernas para ubicarlas alrededor de su cintura y entró en su cuerpo con un solo y fuerte movimiento. Ella soltó un agudo grito ante la tan ansiada unión de sus cuerpos y los movimientos ondulantes reiniciaron. Ambos se besaban y gemían desesperados.
Él aceleró de tal forma el ritmo de sus embestidas y ella acariciaba y arañaba su espalda con tal desenfreno, que las sensaciones eran cada vez más excitantes y ardientes. Estaban a punto de culminar, el cuerpo de Serena comenzó a tensarse, Darien aceleró aún más el ritmo y la profundidad de sus entradas y cuando ya estaban cerca del clímax hizo mayor presión contra el cuerpo de Serena, acomodó su rostro en su cuello y juntos alcanzaron el orgasmo repitiendo sus nombres al unísono.
Permanecieron en la misma posición por unos instantes.
Él no despegaba su rostro del cuello de Serena y ella acariciaba su espalda para suavizar las marcas que segundos antes le había hecho con las uñas. Todavía estaban agitados, les costaba recuperar el aliento, pero aún no querían separarse.
Poco a poco Darien comenzó a moverse. Separó lentamente su cuerpo del de ella y se acomodó a su lado boca arriba. Ahora podían a recuperar el aire y respirar libremente.
Se tomaron de las manos y Darien le dio tiernos besos en la palma a Serena. Necesitaron unos minutos para recuperarse de la agitación y poder volver a respirar con normalidad. Ella volteó a verlo. —Esto fue… —y sonrió complacida sin terminar la frase.
Él la miró y le devolvió la sonrisa. —Fue muy hermoso —murmuró. Serena se acurrucó contra su cuerpo y reposó su rostro sobre su pecho soltando un largo suspiro. Él la abrazó y comenzó a acariciarle el cabello con dulzura—. Te amo… —susurró ella.
—Yo también te amo… —susurró él.
Ambos soltaron un último suspiro y vencidos por el sueño y el cansancio se quedaron dormidos.
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Unos años después…
La flamante familia Chiba-Tsukino vivía en una antigua y acogedora casa a las afueras de la ciudad que Serena había recibido de sus abuelos. Quedaba a mitad de camino entre la ciudad y el pueblo de la familia de Serena, y contaba con un enorme patio lleno de árboles frutales.
Un viernes al atardecer, Serena llegó de su trabajo algo retrasada y buscó a su esposo e hija dentro de la casa. Sólo se encontró con Verdell, el perro de collar con cascabel que tenían desde que se mudaron, y acompañada de él salió al patio a buscar a su familia.
Divisó que Darien y Rini estaban en la hamaca de madera ubicada bajo un enorme nogal y caminó hacia ellos con una alegre sonrisa. Cuando estuvo cerca su hijita se puso de pie sobre la hamaca al verla. —¡Mami! —gritó efusiva y estiró sus bracitos.
—Shhh —dijo Serena al ver que Darien estaba plácidamente dormido—, habla más bajo o vas a despertar a papá —murmuró al alzar y besar a Rini. Ambas lo miraron enternecidas, tenía tanta facilidad para quedarse profundamente dormido en cualquier lado—. Hagamos algo —volvió a murmurar Serena con picardía—, lo despertemos entre las dos, ¿quieres? —Rini asintió entusiasmada.
Serena acercó de nuevo a Rini a un lado de su papá y ella se sentó en la hamaca al otro lado. Con los dedos le hizo una seña a Rini para contar hasta tres y las dos al mismo tiempo comenzaron a darle ruidosos besos en las mejillas. Darien se despertó enseguida y las dos echaron a reír al ver su expresión. —¿Qué pasó? —decía desorientado—. ¿Qué hora es? —y al alboroto de su esposa e hija se sumaron los ladridos de Verdell. Cuando al fin se pudo ubicar en el tiempo y el espacio real, también comenzó a reír—. ¿Pero por qué tanto escándalo? —dijo al abrazarlas a las dos—. No me dejan descansar tranquilo —y le dio un tierno beso en la frente a cada una.
—Eres un eterno dormilón, amor —dijo Serena al reposar su rostro en su pecho.
—Y ustedes son unas atrevidas al despertarme con esos besos tan lindos —y las dos volvieron a reír.
—Papá, ¿por qué siempre te duermes cuando te estoy contando un cuento? —Rini siempre le contaba historias que ella misma inventaba, adoraba relatarle cuentos, lo había aprendido de su mamá. Pero Darien, aunque disfrutaba de las increíbles e ingeniosas historias de su hija, siempre se quedaba dormido.
—Lo siento, conejo, no volverá a ocurrir —se disculpó.
—Siempre le dices lo mismo —agregó Serena riendo.
—Y tú siempre me defiendes, ¿verdad? —le dio un tierno beso en los labios—. ¿Cómo te fue hoy? Saliste tarde de nuevo —le reprochó.
—Es que hoy fue el último día que iría el hospital —le explicó ella—. Desde la semana que viene empieza mi licencia.
—Mami —los interrumpió Rini—, ¿me trajiste el libro que me prometiste? —preguntó impaciente.
—Sí, hijita, está en la mesita de la sala, ve a buscarlo —y Rini les regaló un beso a cada uno y se fue corriendo con Verdell hasta la casa.
—Qué niña más presumida, te pide libros que ni yo entiendo —bromeó Darien.
—Es que es un cerebrito como su papá —bromeó ella y lo besó de nuevo.
—El conejo mayor será muy cerebrito, pero también es hermosa como su mamá —y le devolvió el beso—. ¿Y el conejo menor será tan guapo como su papá? —y se acercó al vientre de Serena—. El conejo menor será el conejo más lindo del mundo —murmuraba con voz graciosa—. Y le robará suspiros a todas la chicas de la tierra —acariciaba la panza de Serena mientras le daba cortos besos y el bebé dio una patadita. Ambos rieron y Darien se incorporó para mirar a su esposa—. Será el Don Juan de los conejos —bromeó de nuevo y la abrazó.
—Eres tremendo —dijo ella al volver a acomodar su rostro contra su pecho—. A Rini no la dejarás tener novio, ¿pero a él le permitirás comportarse como un Don Juan? —dijo riendo.
—Rini sí podrá tener novio, pero jamás dormirá con ella —y ambos volvieron a reír.
Permanecieron un rato en silencio sin dejar de abrazarse. Ambos soltaron un nostálgico suspiro. Se amaban más que nunca, eran compañeros, amigos, esposos. Tenían una hermosa familia juntos y la felicidad que sentían al compartir sus vidas les colmaba todo su ser. —Amor —dijo ella al voltear a verlo de frente—, hoy te extrañé tanto…
Él acariciaba su rostro con dulzura. —Yo también te extrañé, princesa —le dio un tierno beso en los labios—. Tanto te extrañé que recién estaba soñando contigo —ella sonrió emocionada—. Soñaba con tus ojos —acariciaba sus párpados—, con tu sonrisa —acariciaba sus labios—, te veías tan bonita en mi sueños —acariciaba su cabello—. Pero ahora que te miro y te tengo de nuevo entre mis brazos, te veo más preciosa todavía —volvió a besarla.
—Te amo tanto, Darien… —le devolvía los besos con más intensidad.
—Yo te amo más… —susurró entre besos sin dejar de acariciarla.
Después de dedicarse muchos besos y palabras de amor, regresó Rini con su libro y acompañada de Verdell. Los dos se subieron a la hamaca de un salto y Serena y Darien echaron a reír. —Vamos a leer todos juntos —dijo Rini mientras se sentaba sobre las piernas de su papá.
Darien con su abrazo acercó más a Serena que volvía a acomodar su rostro en su pecho y juntos escucharon a su hija que comenzaba a leer en voz alta. Se sentían felices y completos. Eran una familia, estaban más unidos que nunca y confiaban en que su amor duraría por siempre.
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:: FIN ::
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