Una entrevista con Moriarty nunca acaba bien

Capítulo 3

-¿Todavía nada? ¿De qué sirve entonces toda la vigilancia en la que me tienes las 24 horas del día?

Mycroft apretó levemente los labios como toda respuesta.

Sherlock había estado dando vueltas por la habitación. Lo único útil que había podido hacer era mandar un mensaje señuelo para despistar a los captores de Lestrade.

Mycroft se había puesto en contacto con su gente para que monitorearan las cámaras de seguridad e intentaran rastrear el teléfono del Inspector.

En el momento en el que Sherlock, con un malhumorado resoplido, se dejaba caer en el sillón para retirarse a su palacio mental, su celular sonó, anunciando un nuevo mensaje.

El detective frunció el ceño al ver de quién era.

Lestrade.

(Todo bien sexy. Tu hermano es un mojón de mierda. Me ofreció dinero para espiarte… otra vez. xoxo)

Mycroft notó el pequeño crispamiento en las manos de Sherlock.

-¿Qué dice?

Sherlock le mostró el mensaje a su hermano

-Tenemos que encontrarlo Mycroft. Saben que los estamos buscando.


-Muy bien, Inspector. Muy bien… Ahora pasemos a la relación que tiene con Mycroft. ¿Cómo se tratan entre hermanos?

Lestrade respiraba ahora con dificultad. Tenía la garganta lastimada de tanto gritar y aunque todavía en sus momentos lúcidos se negaba a hablar, el dolor era a veces demasiado insoportable.

Su brazo derecho se encontraba completamente quemado… Después de haberle desgraciado sus cinco dedos le habían quitado las esposas, y mientras uno de los guardias le sujetaba fuertemente el brazo, y otro lo sujetaba fuertemente a él, un tercero lo iba quemando lentamente. Con una especie de encendedor eléctrico que había en la fábrica le recorrieron todo el brazo una y otra vez. Gritó y se removió en la silla desesperado por alejarse del fuego, pero en vano. Intentó suplicar, pero eran oídos sordos a los que se dirigía.

El brazo se le llenó inmediatamente de ampollas; ampollas grandes que cuando se quemaban se rompían y se coloreaban parduzcas. Su brazo se iba chamuscando frente a sus ojos. Duró así dos minutos enteros, hasta que al fin con voz ahogada pudo decir -¡Se drogaba! ¡Se drogaba!… Sherlock… se drogaba…

A una señal del hombre de traje los guardias habían retirado la llama de su brazo.

-Continúe- le ordenó.

Lestrade tragó saliva.

Sherlock perdóname.

Le contó todo lo que sabía. Qué drogas eran las que usaba y cuánto tiempo estuvo luchando contra su adicción… las noches de peligro, su recaída…

-Muy bien, Inspector. Muy bien…-


-Ya tienen la dirección- le comunicó Mycroft a su hermano. Éste se puso rápidamente de pie.

-¿Donde?- preguntó rápidamente

-Ya hay un equipo en camino, Sherlock, no hay necesidad…- comenzó Mycroft.

-¿DONDE?- lo interrumpió Sherlock con los dientes apretados.


Sabía que no iba a servir de nada hablar.

Lo sabía.

Lo había sabido todo el tiempo.

No tenía que haber dicho nada…

Lestrade se encontraba tirado en el suelo de la fábrica. Recriminándose su traición. Después de haberles dicho todo lo que sabía sobre Sherlock, lo que gracias a Dios era poco, lo habían seguido torturando.

Lo habían golpeado una y otra vez, lo habían seguido quemado, cortado… y al final, antes de dejarlo ahí tirado en la oscuridad, el hombre de traje se había acercado a él y le había susurrado su nombre.

Ahora se desangraba lentamente. El dolor lo hacía retorcerse, pero al mismo tiempo cada pequeño movimiento era una nueva tortura para él. Los segundos parecían horas y a Lestrade no le quedaba más que apretar los dientes y cerrar fuertemente los ojos esperando morir.

Varios ruidos lo sacaron de su solitario suplicio. Entre muchas voces, golpes y ruidos reconoció la del Detective.

-Sherlock…- murmuró sintiendo una oleada de emociones que le hicieron derramar más lágrimas, sintió una abrasante y terrible vergüenza mezcladas con una injusta e inmerecida ira hacia el detective, que lo hacía sentir más culpable aún.

-Lestrade- la voz grave sonó muy cerca de él -¡Está aquí!- gritó entonces -¡Traigan a los paramédicos!- Lestrade hizo una mueca, le dolía terriblemente la cabeza, y todos esos ruidos no ayudaban.

-Sherlock…- intentó levantar su brazo izquierdo al que sólo le habían hecho unos cuantos cortes, ya que el derecho estaba completamente inutilizado pero las firmes manos del detective lo detuvieron.

-No te muevas- le ordenó -Los paramédicos ya vienen

Lestrade sintió que se desvanecía, pero no podía irse sin decirle… sin decirle a Sherlock…

-Moriarty…- dijo juntando sus fuerzas a duras penas

-¿Qué?

-Su… nombre… es Moriarty- alcanzó a decir antes de dejarse arrastrar por la oscuridad.


Los personajes de Sherlock no me pertenecen, esta historia fue escrita con fines recreativos únicamente.