PURE LOVE

Capítulo 12: Situaciones Imprevistas.

Un joven Shinigami limpiaba con esmero la extensa duela de madera de una sala de entrenamiento, su frente empañada de sudor reflejaba que llevaba largo rato realizando dicha tarea sin descanso alguno.

- Y pensar que todavía me faltan tres salas más… - jadeó – a este ritmo me tomará todo el día poder terminar.

Tallaba un trapo húmedo uniformemente por el piso y una vez seco, lo volvía a sumergir en el balde de agua repetidas veces para después exprimirlo y tallarlo de nuevo en las áreas opacadas por el polvo.

Escuchó de repente unos pasos acercarse por el pasillo que conducía hasta la habitación en la que se encontraba. Aquellos pasos a penas eran perceptibles, ya que en vez de sonar el característico golpe seco que producía el choque de los talones contra el suelo, se escuchaba el ligero y suave andar de unas pisadas que rozaban con delicadeza la superficie de madera.

- ¿Hay alguien aquí? – una cabeza se asomo con timidez por el marco de la puerta.

El joven examino con escrutinio la menuda chica que yacía parada frente a él.

- Disculpa… ¿Te interrumpí? – soltó una risita – No fue mi intención, es que estoy buscando a una persona pero al parecer no hay nadie.

- ¡Todos se fueron! – exclamó el joven, quien se percató segundos después de su forma tan brusca de responder por lo que carraspeó su garganta para reiterar de una forma más adecuada – Es decir, todos los miembros de la División se han ido a una misión de reconocimiento y no regresaran hasta ya muy tarde.

- ¿Ah si? – se llevo un dedo a la barbilla - ¿Y por qué te han dejado aquí solo?

Un ligero rubor invadió los pómulos del joven por la vergüenza de tener que admitir la razón de su abandono – El Capitán Hitsugaya me ha impuesto el castigo de limpiar todo el cuartel durante esta semana.

- ¿Hitsugaya Kun hizo eso? – la chica abrió sus ojos con asombro - ¿Pues que fue lo que hiciste?

El joven depositó el trapo dentro del balde, se puso de pie y sacudió las palmas de sus manos en los costados. Observó con mayor atención a la chica que ahora estaba recargada en la pared escondiendo sus brazos tras su espalda: su cara tenía facciones muy finas, su cuerpo era esbelto y de tez blanca, y sus cabellos de color castaño oscuro contrastaban perfectamente con sus ojos de un tono más claro – "Es muy bonita…" – pensó para sus adentros; Sin embargo, algo que había dejado pasar por alto saltó a su menté con claridad - ¿Acaso Usted conoce al Capitán?

- ¿Por qué lo dices? – preguntó sin prestar mucha importancia a su interrogante.

- Me resulta extraño que se dirija al Capitán Hitsugaya de manera informal – sobó su nuca.

- Ah ya veo… - cubrió su boca para sofocar otra risita - Me disculpo por mi falta de respeto a tu superior, pero a veces me gana la costumbre.

El joven arqueó una ceja con incredulidad ya que se encontraba más confundido que antes.

- En fin… ¿Necesitas ayuda? – le sonrió, acto seguido la cara del joven enrojeció por completo.

- ¡No!... ¡No por favor! – agitó las manos y la cabeza al mismo tiempo – No es correcto que acepte su ayuda, además el Capitán Hitsugaya me reprendería aún más si se llegara a enterar.

- Descuida, Hitsu… digo, el Capitán Hitsugaya no se dará cuenta – le aseguró ensanchando más sonrisa.

- Por favor… – agachó la mirada – Permítame cumplir con mi castigo, es lo menos que puedo hacer.

- ¿Tan grave fue lo que hiciste?

- Es una larga historia, pero, sólo le diré que espero no haberle causado ningún problema a nadie por lo ocurrido.

La chica se acercó al alto y fornido joven, apoyo su mano sobre su hombro e inquirió – No creo que tu puedas causar problema alguno, es más… - le dio una palmadita – luces totalmente como una persona de buenos sentimientos.

El joven alzó la mirada y quedo cautivado con el rostro puro y sincero de aquella mujer.

- ¿Cuál es tu nombre? – pregunto con curiosidad.

- Tanaka… - dijo vacilante – Tanaka Ryota.

- Bueno Ryota Kun, será mejor que me vaya… - retiró su mano y giró su cuerpo en dirección a la puerta – No quiero retrasarte más en tus labores.

Al ver alejarse a la chica, el paralizado cuerpo del joven reacciono al instante – Usted perdone, pero podría por favor decirme su nombre.

- Ah pero que mal educada soy – sacó su lengua de forma traviesa – Soy la Teniente de la 5ta División, Hinamori Momo.

Con la potencia de un rayo el joven sintió que una energía atravesaba su pecho, no dijo una palabra más y contempló como la mujer desaparecía de su vista.

Un pequeño sobre de color amarillento yacía sobre la amplia cubierta de un escritorio, tenía escrito con tinta negra en la parte de en medio el nombre de: "Abarai Renji".

Un hombre de gran estatura y larga cabellera roja deslizó la puerta corrediza para adentrarse a una oficina bastante ordenada y también vacía.

- Que raro… - se rascó la cabeza – Hinamori ya debería haber llegado.

Dejó unos papeles en la esquina de su escritorio e inmediatamente se percató de la existencia de aquel particular sobre.

- Así que por fin sabremos donde se llevara a cabo la dichosa prueba de Hinamori – tomó el sobre con cierta repulsión y enseguida se dispuso a abrirlo.

Con letras grandes y de muy hermosa caligrafía venía escrito en una simple hoja de papel, el siguiente texto :

Abarai Renji

Capitán de la Quinta División del Sereitei

"Favor de presentarse puntualmente en el área 51 del

Distrito de Karakura a las 9:00 PM. del día de mañana.

es muy importante que traiga consigo a la Sub-Capitana

Hinamori Momo, a quien se le prohíbe estrictamente

portar el emblema oficial de su División".

El pelirrojo dio un profundo suspiro y echó un último vistazo al papel justo donde aparecía el nombre del remitente - Así que estas son las ordenes directas del Capitán Yamamoto – doblo la hoja y la coloco nuevamente dentro del sobre – Será mejor que hoy no le diga nada a Hinamori, prefiero que…

- ¿Decirme qué? – una vocecita lo asalto por detrás.

Renji volteó con los pelos erizados en dirección de aquella voz y espetó con furia a causa de la repentina sorpresa - ¡Hinamori deja de estar apareciéndote así! ¡Casi me provocas un infarto!

- Perdon Renji … - curvó sus labios inocentemente – No fue mi intención asustarte, pero, tú también tienes la culpa por andar siempre en las nubes.

- Por si no lo sabías, estaba concentrado en algo muy importante – se cruzó de brazos – Y gracias a ti he perdido el hilo de mis pensamientos.

Ambos se miraron de reojo un buen rato, hasta que de repente estallaron en carcajadas.

- Hinamori… – tosió un par de veces para apaciguar su risa.

- ¿Qué ocurre? – limpio las lagrimas de sus ojos.

- Hoy no será necesaria tu presencia en el cuartel – su semblante se torno serio – Lo que quiero decir es que te doy el día libre, así que puedes hacer lo que gustes.

- ¿Lo dices en serio? Pero, por mi no hay problema en…

- ¡Hinamori! – la interrumpió tajante – Mañana es el día de tu prueba, y hoy no quiero que te estés preocupando por cosas insignificantes del trabajo ni mucho menos que te dediques a entrenar hasta que te quedes sin fuerzas – posó su mano sobre los cabellos oscuros de su amiga y los revolvió – Yo mejor que nadie se lo mucho que te has esforzado para estar preparada para tu prueba, por eso hoy quiero que procures no pensar en ello y te relajes.

- Gracias… - susurro mientras sus ojos se llenaban de lágrimas nuevamente.

- No me des la gracias – se rasco la nariz apenado – Simplemente limítate a obedecer mis ordenes.

- De acuerdo, eso haré – le sonrió.

- Por cierto, ¿Dónde estabas? – se fue a sentar en su cómodo sillón – Tu siempre llegas temprano.

- Ahh… Fui a buscar a Hitsugaya Kun, pero… - hizo un puchero – No estaba, al parecer salió junto con todo su escuadrón a una misión de reconocimiento.

- Oh ya veo.. – dejó recargar toda su espalda en el sillón, inclinándolo un poco – Bueno pues… Tal y como te dije tu presencia aquí no es necesaria, es más… ¡me molesta! – le señalo la puerta – ¡Fuera!

Hinamori salió de la Oficina de su Capitán ahogando risas en su garganta.

Shinigamis de la Décima División marchaban sobre un campo despejado y de verde intenso en dirección al norte, donde se divisaba a lo lejos una Montaña de aspecto tétrico y solitario.

- ¿Por qué precisamente hoy teníamos que hacer esta misión tan aburrida? – con voz chillona se quejó la mujer rubia que caminaba a lado del Capitán.

- ¿Qué tiene de malo el día de hoy? – le respondió sin desviar su mirada del frente.

- Pues que hoy tenía planes – bufó arrugando el ceño - ¡Por si no lo recuerda hoy es mi día de descanso!

- Para ti todos los días son de descanso… - arqueo las comisuras de sus labios en un gesto sarcástico.

- Taichouuuuu…- agudizó más su voz al punto que los dientes del peliblanco rechinaron – No es justo que yo este aquí, bien pudo dirigir esta misión Usted solo.

- Sí, lo sé… - exhalo una bocanada de aire – Considera esto como tu castigo.

- ¿¿Queee?? – exclamó, más bien gritó captando la atención de varios seguidores - ¿¿Castigo de qué o porqué??

- Por tu osadía de mandar hacer a otros tus trabajos sucios.

- ¿¿Todavía que hice eso pensando en Usted así me agradece?? – le reprocho irritada.

- Estoy agradecido contigo – por fin la regresó a ver, mostrando una pícara sonrisa – Pero eso no quiere decir que apruebe lo que hiciste.

- Taichou es Usted muy cruel, es un demonio de corazón frío… - lloriqueaba dando de pisotones.

- Si fuera eso que tu dices, te hubiera dejado con el novato para que ambos limpiaran todo el cuartel, dime ¿acaso hubieras preferido eso?

- ¡Por supuesto que no! - apretó los puños en forma de protesta.

- Entonces deja de quejarte y al menos intenta disfrutar el paisaje ya que nos falta mucho por recorrer – se adelanto un buen tramo con varios movimientos de shunpo intentando liberar su mente del stress que le causaba su Teniente. Una vez que ya no se sintió observado, alzó la vista al cielo para traer a su memoria gratos recuerdos de su amada, no teniendo que esforzarse mucho ya que justo ayer por la noche había tenido uno de los mejores.

Flash Back

Después de un ajetreado día, Hinamori se disponía a retirarse de la oficina e ir a su dormitorio para recostarse. Habían sucedido muchas cosas, dar una lección de Kidoh avanzado a los Shigamis de nuevo ingreso, su confrontación con Hitsugaya al mediodía, revisión de mucho papeleo que Renji había postergado, y ya por la tarde su acostumbrado entrenamiento. Definitivamente le urgía un descanso.

Colocó el montón de papeles que no alcanzó a revisar en un cajón del escritorio y acomodó todos los utensilios que había usado en su lugar. Por fin, al dejar ordenada la oficina se propuso retirarse tranquilamente, pero, antes de que pudiera jalar la puerta otra mano se le adelantó.

- ¿Lista? – unos ojos turquesa la contemplaron ansiosos.

- Hitsugaya Kun… - se sobresalto – no pensé que fueras a venir por mí.

- Vaya, tu no aprendes – torció la boca – Te dije que ya no me llamaras así.

- Perdón… - jugueteó con un mechón de su cabello – Es solo que, me da un poco de pena llamarte por tu nombre cuando no estamos solos.

- Entiendo, pero… - entrelazó sus dedos con los de ella – Más vale que te acostumbres a llamarme por mi nombre, ó de lo contrario deberás referirte a mí como "Capitan Hitsugaya".

- ¡Eso será más difícil aún! – rió divertida.

- Calla… - la besó – No me provoques que te puede ir muy mal.

Empezaron a caminar juntos hasta la salida de la Quinta División y una vez fuera, Hinamori se dio cuenta hacia donde la estaba conduciendo su pareja.

- Toushiro… - susurro dubitativa – ¿Vamos a ir tu casa?

- Sí, ¿o quieres pasar antes a algún otro lugar?

- No, no es eso…

Hitsugaya volteó a verla extrañado - ¿Estás bien? Te noto un poco nerviosa.

- Bueno, la verdad tenía planeado ir a mi ca…

- ¡Ni hablar! – el ojiverde no la dejó terminar – ¡Tu vendrás conmigo! – apretó su mano y la jaloneó hasta él.

- Espera, no es que no quiera, pero… - tropezó con sus propios talones y fue caer justo en los brazos de Hitsugaya.

El ojiverde la acuno en su pecho y le dijo al oído - Tal vez sea egoísta de mi parte Momo, pero no concibo ya las noches si tú no estás a mi lado.

- Yo… - Hinamori no tuvo tiempo de objetar porque un segundo beso la silencio.

Llegando a la sencilla pero muy impecable morada del joven Capitán, la ansiedad se apodero nuevamente de la chica.

- Es-este… - balbuceó – ¿Toushiro puedo darme un baño?

- Momo, no tienes porque pedirme permiso – soltó su mano finalmente y acarició con dulzura su mejilla – Esta es tu casa.

- Gracias – no pudo retener su intensa mirada ya que los nervios la seguían traicionando – Bueno, enseguida vuelvo.

Hitsugaya la siguió con la vista hasta que cerró la puerta del baño tras de ella.

Hinamori recargó todo el peso de su cuerpo sobre la puerta, con su corazón latiéndole a mil por ahora - "Que me pasa" – meditó para sus adentros – "Porque siento tanta pena cuando estoy a solas con Toushiro"

Comenzó a desvestirse y despeinar su cabello.

- "Quizá después de lo que pasó entre nosotros es normal que ahora vivamos juntos, pero…" – fue hasta el espejo y se observó con detenimiento – "Pienso que primero él y yo deberíamos de…"

La puerta se abrió repentinamente.

Hinamori invadida por el pudor en seguida agarró una toalla de la repisa para taparse - ¡N…No m…me veas! – consiguió articular.

Hitsugaya sigilosamente la acorraló contra la pared. Entrelazó sus dedos con la mano que tenía libre y empujó su cuerpo contra el suyo.

- ¿Por qué te apenas? – el calido aliento de su boca le acariciaba la oreja.

- Yo… yo… - sus piernas le tambaleaban.

- Vamos – su voz ahora chocaba contra su cuello – Déjame contemplarte, déjame sentirte…

La toalla resbalo por aquella blanquecina piel, cada poro de esta comenzó a erizarse y a necesitar calor humano.

- Toushiro, espera… - apretaba sus ojos por la vergüenza.

- Se que es lo que estas pensando – agarró su quijada para que lo volteara a ver – Que tu y yo no estamos casados y por eso no está bien que vivamos juntos ¿no es así?

Hinamori se quedo pasmada.

- Eso se puede arreglar… - metió su mano dentro de su haori y sacó un precioso anillo plateado con una piedra azul en el centro.

El dedo anular de la mano izquierda de la chica sintió el frio contacto del metal.

- Momo ¿te casarías conmigo? – fijó sus ojos en los de ella, en busca de una respuesta.

- Sí, sí quiero – sus ojos empezaron a destellar un brillo cristalino.

- Te amo… - sentía un vértigo en el estomago producto de la emoción - Y eres sólo mía…

- Me gusta… – murmuro bajito.

- ¿Perdón? – la miró confuso.

- Me gusta como suena eso; "soy tuya" – sonrió con ternura.

Rodeó su espalda con sus fornidos brazos y atrapó sus labios en un apasionado beso - ¿Puedo pedirte algo?

Ella asintió susurrando un débil "si".

- Prométeme que nunca te apartarás de mi lado… ¡Prométeme que a partir de hoy estaremos juntos!

- Te lo prometo – respondió sin vacilar.

- Quiero que no guardes ningún secreto para mí, cualquier duda o temor que tengas estaré aquí para apoyarte.

- Lo sé… Lo he sabido siempre… - lagrimas comenzaron a formarse bajo sus pobladas pestañas.

- Tranquila… - apretujó más su delicado cuerpo a su pecho – No llores, si algo me hace sentir inquieto, es verte hacerlo.

- Descuida – soltó una risilla – Lloro porque me siento muy feliz.

- Mmmmm… - se rascó la barbilla – Voy a tener que hacerme a la idea de tener a mi lado a la mujer más llorona de todas, si esa es la forma en que ella demuestra su felicidad.

- ¡Tonto! – hizo una mueca de descontento.

Levantó el fino mentón de la chica con el pulgar y depositó en su frente un tierno beso - ¿Me puedo bañar contigo?

Hinamori se sonrojo un poco al acceder a tal propuesta y agregó – Sólo si yo puedo desvestirte.

El ojiverde arqueó sus labios complacido - ¡Claro que puedes!

End Flash Back

-"Por que precisamente hoy tenían que hacer esta misión tan aburrida" – repitió las palabras de su teniente en su cabeza, ya que solamente allí era donde se atrevía a coincidir con una opinión de ella.

Una mujer de baja estatura, pelo negro corto y grandes ojos azules caminaba junto a un hombre que le doblaba la altura y de alborotada cabellera naranja.

- Estoy segura que la encontraremos en el Cuartel de la División 10 – aseveró la mujercita.

- Te digo que primero vayamos con Renji y la busquemos allí – alegó el chico.

- Por que no me dejas decidir a mi esta vez – refunfuñó – Si me equivoco tendrás todo el derecho de reprocharme después.

- ¡Con gusto lo haré! – sonrió con malicia.

Siguieron avanzando hasta llegar al destino que había elegido la mujer. Una vez allí, preguntaron al único presente del todo el escuadrón la ubicación de aquella a quien buscaban.

- ¿¿Cómo que salieron?? – con cierta molestia cuestionó la ojiazul.

- Sí, lo siento pero nadie excepto yo se encuentra en el cuartel por el momento – respondió intimidado por la dura expresión de la mujer.

- ¡Demonios! – torció la boca encaprichada.

- Eso significa que yo tenía la razón – alardeó el chico de picuda y naranja cabellera – Ella no esta aquí.

- ¡Cállate Ichigo! – lo miró con furia - Entonces habrá que ir a buscarla con Renji.

- Tal y como te había dicho… - continúo provocándola.

- Dis-disculpen… - alzo la mano el tercer sujeto presente - ¿Puedo saber a quien buscan? Quizás, pueda ayudarles en algo…

- Buscamos a la Teniente de la Quinta División, Hinamori Momo – dijo la chica de oscuros cabellos.

El joven Shinigami con gesto de asombro respondió – Ella vino aquí por la mañana a buscar al Capitán Hitsugaya, pero, como Ustedes ya sabrán no lo encontró y se fue en seguida.

- ¿En serio? – aquellos ojos azules se abrieron más - ¿Te dijo a donde iría?

- No, no me lo dijo – agacho la mirada.

- ¡Rukia! – el pelinaranja recargó su largo y fornido brazo en la cabeza de la mujercita – Te digo que vayamos con Renji, ya deja de perder el tiempo.

Una venita salto en la frente de la chica, quien con un manotazo retiró aquel pesado brazo – ¡Esta bien! Tu ganas… Vamos con Renji.

- ¿Qué te pasa? – preguntó con extrañeza ante la agresiva reacción de su acompañante – Parece como si te molestara ir a ver a Renji, créeme que a mi también pero si no hay opción me resigno – rió con saña.

- Me molesta ir a verlo si tú estas conmigo… - bufó.

- ¿¿Queee?? – exclamó ofendido - ¿¿Y por qué conmigo?? ¿¿Yo que rayos hice??

- Simplemente por el hecho de que Ustedes dos no pueden estar en la misma habitación por más de 5 minutos sin que empiecen a pelearse como animales – alegó exaltada.

- Yo no soy quien inicia las peleas – frunció el entrecejo - Renji es un bruto que por todo se enoja.

- Como sea… Si vamos a ir juntos, más vale que te comportes ¿de acuerdo?

- Ya que… - comenzó a caminar apoyando las manos en su nuca.

- ¡Oye! No me des la espalda cuando te estoy hablando – fue tras él levantando los puños al aire – ¡¡Ichigo!!... ¡¡Ichigo!!...

El novato de la Quinta División observó con cierto alivio alejarse a la inusual pareja, debido a que se sentía muy nervioso al estar cerca de personas tan temperamentales como ellos.

Hinamori deambulaba por las calles del Sereitei con la vista fija en la nada. La actividad a su alrededor era mínima, unos cuantos Shigamis dando rondas rutinarias en los perímetros de sus Divisiones, uno que otro estudiante pasaba corriendo atrasado para sus clases y pequeños locales de comida se mantenían cerrados. Probablemente se debía a la hora, siendo aún temprano por la mañana todos estarían ocupados y no de ociosos dando paseos, justo como ella lo hacía ahora.

- No se que hacer, un día libre no es para nada divertido si no tienes con quien compartirlo.- arrastraba lo pies con desanimo, sin molestarse en tomar una dirección - Quisiera estar con Toushirou… - suspiró.

Un individuo venía caminando justo delante de ella, pero no a la misma velocidad. Sin embargo, Hinamori no le presto atención sino hasta que lo tuvo a tres pasos de distancia.

- ¡Hinamori Kun! – un joven alto y rubio la saludo alegremente - ¡Que sorpresa encontrarte por aquí!

- Kira Kun… - alzo la vista .

- ¿Por qué estas sola? ¿A dónde vas? – interrogaba en tono amistoso.

- Bueno yo… - se llevo un dedo a la barbilla – Renji me dio el día libre, pero, no tengo ni idea de que hacer.

- ¿Y ya fuiste con el Capitán Hitsugaya? – preguntó algo temeroso.

- Sí… - contestó con desaliento – Él y todo su escuadrón salieron a una misión de reconocimiento y dudo mucho que regresen pronto.

- Ah ya veo… Entonces estas aburrida ¿no es así? – inquirió.

- Bueno, en realidad no pero… -

- ¡No te preocupes! – la interrumpió – Yo tampoco tengo nada que hacer en estos momentos así que podemos hacer algo juntos… - calló un segundo al ver el rostro pasmado de su amiga - Claro, si tu quieres…

- Esta bien.. – dijo no muy convencida – ¿Qué tienes en mente?

- ¿Te parece si vamos al Distrito Uno del Rukongai? – propuso con emoción – Para recordar viejos tiempos, después de todo fue allí donde creciste.

Hinamori asintió, luego pudo sentir como su muñeca era sujetada por los largos y delgados dedos de Kira.

- ¡Vamos Hinamori! – el rubio sonrió y dio un ligero jalón al menudo cuerpo de la chica.

El Despacho del Capitán de la Quinta División se mantenía en calma, su ocupante de amplia y tatuada frente estaba sumergido en una montaña de papeles, no precisamente leyéndolos, más bien, utilizándolos como almohadas.

- ¡¡Renji!! – Una voz conocida llamó a la puerta y la azotó estrepitosamente.

El aludido giró su cabeza aturdido y borrosamente divisó a las dos figuras paradas en la puerta.

- ¿Qué demonios quieren? – musitó - ¿Qué no ven que estoy ocupado?

- ¡No venimos a verte a ti! – replicó una voz femenina – Sólo queremos saber donde está Hinamori Chan,

- ¿Hinamori? – se rasco la cabeza – Le di el día libre así que no está.

- ¡¡Qué!! ¿¿Por qué hiciste eso? – exclamo molesto el chico de pelo naranja.

- ¡¡Que te importa!! – se levantó de su asiento dejando caer las manos sobre su escritorio – Yo soy su superior y puedo ordenarle lo que se me venga en gana.

- ¿Ah sí? – apretó los puños – ¡Pues déjame decirte que eres un pésimo Capitán!

- ¡Qué dijiste! – gruño - ¡¡Atrévete a decirlo una vez más!!

- ¡Será un placer!

Antes de que el pelinaranja diera un paso al frente, una mujercita se interpuso entre aquellos enormes chicos y los regresó a ver con furia.

- ¡¡Basta ustedes dos!! – extendió sus brazos para mantenerlos a distancia.

- Rukia hazte a un lado – exigió el chico de melena roja.

- ¡Quítate Rukia! – secundó el otro.

- ¡He dicho que basta! - gritó y fijó la mirada en Ichigo - ¿Vez como tenía razón? Tú y Renji nunca pueden estar en paz.

- ¡No es mi culpa! – respondió irritado – Renji es quien comete las idioteces.

- ¡Estupido! ¿Dices que darle un día de descanso a Hinamori es una idiotez?

- Bueno no… pero… - relajo sus facciones - Es que…

- Renji tiene razón Ichigo – le reprocho Rukia - ¿Cómo se te ocurre enojarte por algo así? Ó acaso tu molestia es por otra cosa… - le dirigió una cómplice mirada.

- ¿De que demonios hablan? – preguntó Renji.

- Lo que sucede es que Ichigo tenía la certeza de que encontraríamos a Hinamori aquí – Rukia habló lentamente con la intención de evidenciarlo – Y al darse cuenta que no fue así, no quiere aceptar que se equivocó.

- ¡Cállate Rukia! – su comportamiento lo delató aún más – ¡Tú te equivocaste primero!

- Lo que quiero decir… - posó las manos en su cadera y sentenció - ¡Es que ninguno tenía la razón!

- Están locos…- Renji exhalo una bocanada de aire – Sólo Ustedes se entienden. ¿Me pueden decir para que necesitan a Hinamori?

- Mañana es el día de su prueba ¿no? - los ojos de Rukia denotaron preocupación.

- Así es…

- Pues queríamos desearle suerte y… - volteo la mirada hacia Ichigo esperando que él continuara.

- ¿¿Y…?? - Renji insistió al ver que ninguno decía nada.

- Queremos saber donde se llevará a cabo la prueba – repuso finalmente Ichigo.

- No sean tontos… - soltó una risotada - ¿Acaso creen que se los diré así de fácil?

- ¿Y por qué no? – dijo Rukia emberrinchada.

- El Capitán Yamamoto ha ordenado que esa información sea confidencial, únicamente los Capitanes que servirán de Jueces y la misma Hinamori deben saberlo.

- ¡Eso es estúpido! – profirió Ichigo indignado - ¿Qué tiene de malo que otros lo sepan?

- Y a mí qué me dices… - se encogió de hombros - Si en algo son expertos los del Primer Escuadrón es en crear reglas absurdas.

- Si… - Rukia concordó con su opinión – Lo sé por experiencia propia.

Renji observó las expresiones cabizbajas de sus amigos y comprendió perfectamente el sentimiento de impotencia que albergaban en esos momentos. Reflexionando ante el hecho de que si él se encontrará en el lugar de ellos igualmente haría todo lo posible por enterarse donde se realizaría la Prueba de Hinamori, para estar allí y apoyarla.

- De acuerdo... – la voz grave de Renji rompió el silencio, atrayendo miradas perplejas hacía él - Se los diré…

- ¿Lo dices en serio? – dijo Rukia con ilusión.

- La verdad es que… - recargó su cadera en el borde del escritorio – Yo también querría saberlo si estuviera en su lugar. Pero tengo una condición.

- ¿Qué cosa? – ambos preguntaron al unísono.

- Que no vayan a ser lo suficientemente tontos como para que los descubran – cruzó sus brazos – Ya que no quiero ni imaginar los serios problemas que tendremos si eso sucede.

- Descuida Renji – Rukia le mostró una sonrisa llena de seguridad – No te defraudaremos ni a ti ni a Hinamori Chan.

- Y bueno… ¿Dónde será la prueba? – cuestionó Ichigo impaciente.

- Creo que te llevarás una gran sorpresa cuando lo sepas.

- ¿A que te refieres? – arqueó una ceja.

Renji giró medio cuerpo para tomar nuevamente aquel sobre amarillento que había dejado sobre su escritorio. Entregó a Ichigo el sobre y agregó – Lee esta carta y entenderás.

Ichigo cogió el sobre y con brusquedad sacó la carta, la cual comenzó a leer en voz baja.

- ¿Qué es lo que dice Ichigo? – Rukia se acercó a él, pero ni poniéndose de puntitas alcanzó a ver la carta que sostenían en sus manos.

- ¿¿Karakura?? – alzó la voz y miró a Renji con incredulidad – ¿¿Acaso es una broma??

- ¡Déjame ver! – Rukia le arrebato el papel a Ichigo para cerciorarse ella misma de la verdad y tras un vistazo rápido espetó – El área 51 de Karakura, eso es…-

- La preparatoria de Ichigo… - aseveró Renji – Más bien, la que solía ser su Preparatoria.

- Pero… ¿Por qué allí? – cuestionó Ichigo aún sin poder creerlo, a la vez que cierta nostalgia. lo invadía.

- Otra vez haciendo preguntas estúpidas… - una venita saltó de la frente del Pelirrojo - ¿Cómo demonios esperas que responda a eso?

- ¡Pues eres un ignorante! – gruñó irritado - ¡Nunca sabes nada!

- ¡¡Ya basta!! – gritó Rukia con autoridad - ¡¡Mas vale que se tranquilicen de una vez por todas!!

Los dos se callaron al instante, y desviaron su mirada uno del otro.

- Así esta mejor… - la ojiazul volvió a guardar la carta dentro del sobre, y se lo entregó a Renji. Posteriormente tomó asiento en el sillón del Capitán, para argumentar con toda calma – No importa el porqué, ni el lugar, el día ó la hora… Pase lo que pase, nosotros estaremos allí para apoyar a Hinamori Chan. Así que será mejor que nos pongamos de acuerdo y planeamos cuidadosamente lo que haremos ¿Esta bien?

Ambos chicos continuaron en silencio.

- Tomaré eso como un sí… - La menuda mujercita entrelazó sus dedos y los acomodó sobre su regazo.

Entrada la noche, Hinamori caminaba junto a Kira rumbo a su casa, más bien, la casa de su prometido. Hecho que no paso desapercibido por su acompañante.

- Hinamori Chan… - el Rubio aclaró su garganta para disipar sus nervios - Este… Mmm… ¿A dónde vamos exactamente?

- Ehhh… - titubeó - Pues a mi casa.

- Tu casa no queda en esta dirección – discrepó - ¿Ó acaso te mudaste?

- Algo así… - se le escapó una risita nerviosa - Pero, no tienes por que molestarte en acompañarme. Yo puedo irme sola.

- ¡Claro que no! – su voz se escuchó enérgica – No sería correcto dejarte ir sola hasta tu casa.

- Bueno, si tu insistes… - continuó avanzando con pasos vacilantes.

Kira y Hinamori se detuvieron frente a un enorme portón de madera maciza oscura, el cual tenía a un costado un retablo grabado con el apellido "Histugaya".

- Hina… Hinamori… - el rubio balbuceó desconcertado - ¿Estas… Estas viviendo aquí?

Hinamori asintió ruborizada.

- Pero… ¿Por qué? ¿Desde cuando?

- Desde… - el rojo de sus mejillas se encendió aún más – Ayer…

Kira tragó saliva y refutó – Es decir que… El Capitán Hitsugaya y tú… - leyó por anticipado la respuesta a su pregunta en el rostro de su amiga. Abatido bajó la mirada y el brilló fugaz de un objeto sobre la mano de Hinamori reafirmó su pesar – Ese anilló… ¿Te lo dio él?

Inconscientemente, la chica alzó su brazo izquierdo y contemplo la preciosa piedra azul puesta en aquella joya plateada.

- Te luce muy bien… - sonrió con languidez – Y tú más que nadie, luces hermosa con eso.

- Kira Kun… - volteó a verlo, apenada y frustrada - Yo…

El alto y delgado joven se acercó a Hinamori y la encerró entre sus brazos. Apoyando su quijada en su cabeza, respiro el dulce y suave aroma de sus cabellos.

- No digas nada, no es necesario… – susurró – Entiendo.

La chica no se atrevió a romper aquel abrazo, era demasiado pesado, hasta cierto punto asfixiante. Sentía como si una ola la cubriera con su intensa densidad salina, pero en vez de eso, era oprimida por una inmensa depresión.

- Kira Kun… - su vocecita se abrió pasó a través de su seca garganta – Acaso tú…

- Eso no importa ahora – la soltó finalmente y la miró directo a los ojos – Puedo darme cuenta que tu ahora eres feliz. Como hacía mucho que no lo eras. – respiro hondo, como si ahogara un sentimiento en su pecho – Sólo él pudo lograrlo. Sólo él es quien te merece.

Hinamori sintió como un ligero temblor recorría los largos brazos de Kira, los cuales mantenía apoyados en sus hombros.

- Bueno, será mejor que me vaya… - la tensa línea de sus labios intentaron formar una curva, sin éxito – Cuídate mucho Hinamori.

- Gracias por acompañarme Kira Kun – agitó su mano - Tu también cuídate.

- Ahhh…. – antes de dar media vuelta, recapacitó en algo - Te deseo la mejor de las suertes en tu Prueba de mañana. Aunque, creo que no la necesitas. Yo sé que tú podrás conseguir aprobarla sin problema.

- Eso espero… - murmuró justo cuando el chico rubio se perdió de su vista en un pestañeo.

Una gran cantidad de Shinigamis ingresó por la entrada principal del Cuartel de la División 10, sus semblantes reflejaban signos de cansancio, pero ninguno se atrevió a expresar queja alguna. Excepto por uno, quien desde que salió del cuartel no hizo otra cosa más que mostrar su inconformidad.

- ¡Estoy muerta! – jadeó una mujer con larga melena rubia y se dejó caer sobre un cómodo sofá.

- Si lo estás ¿como es que todavía puedes quejarte? – dijo una voz fría.

- Pues estoy al borde de la muerte – respondió el cuerpo inerte acostado en el sofá – ¡Y todo gracias a Usted!

- Bueno, pues si vas a morir ve hacerlo en otro lado – habló con la misma indiferencia – No quiero estorbos en mi oficina.

Se escucharon unos ligeros ronquidos que se profundizaron al pasar de unos segundos.

- ¿Cómo demonios puede dormirse tan rápido? – se pregunto por enésima vez, sin poder creerlo a pesar de haberla visto innumerables ocasiones.

Alguien llamó a la puerta, dando tres golpes e identificándose.

- Soy Tanaka Ryota… - su voz sonó débil pero con claridad - Capitán Hitsugaya. ¿Me permite hablar con Usted?

Hitsugaya torció la boca, y respondió – Adelante, pasa…

- Disculpe molestarlo a estas horas – su cuerpo estaba agachado al igual que su mirada – Sólo quiero informarle que he terminado con las labores que me asignó y solicitó su autorización para retirarme del cuartel.

- ¿Hoy no te toca Guardia?

- No señor.

- Si es así, puedes retirarte – se cruzó de brazos – Pero no olvides que todavía tienes cumplir con tu castigo lo que resta de la semana.

- Si señor. – alzó la vista, entusiasmado - ¡Estaré mañana aquí a primera hora!

- Bien. – se giró en dirección a la ventana – Por cierto, no hubo ninguna novedad durante mi ausencia.

- No… - se apresuró a contestar, luego se corrigió – Bueno sí… Vinieron tres personas.

- ¿Quiénes eran? – cuestiono sin mucho interés.

- Por la mañana vino la Teniente de la Quinta División y…

- ¿La Teniente Hinamori? – se despertó su interés - ¿Qué es lo que quería? ¿No te lo dijo?

- Pues… - vaciló ante la reacción de su Capitán – Hablar con Usted, creo. No me dijo nada más.

Hitsugaya calmó sus estribos y continuó - ¿Quiénes eran los otros que vinieron?

- No me dijeron sus nombres. Era un hombre alto de pelo naranja y una mujer bajita con pelo corto negro y grandes ojos azules.

- Kurosaki Ichigo y Kuchiki Rukia – informó los nombres a su subordinado - ¿Te dijeron el motivo de su visita?

- Buscaban a la Teniente Hinamori, y al no encontrarla aquí se fueron inmediatamente.

- ¿Eso es todo? – la impaciencia se percibió en su voz.

- Si Señor – bajó la vista nuevamente.

- Retírate entonces. – indicó con firmeza – Ah… y gracias por tu reporte.

El joven Shinigami inclinó la cabeza en señal de respeto y cerró la puerta tras de sí.

En un claro del bosque, donde los frondosos pinos y nogales cubrían los alrededores y la luna situada en lo más alto del cielo bañaba con su luz plata. Dos figuras permanecían de pie.

- ¿Aquí esta bien? – casi en un susurro preguntó una.

- Si, será suficiente distancia para evitar ser detectada por alguien – secundó con el mismo volumen.

- Entonces hazlo ya… - presionó – No me gusta este lugar.

- ¡Ya voy! – tomó la empuñadora de la espada que llevaba sobre su espalda y la deslizo con suma delicadeza fuera de su funda, la colocó enfrente y dijo con solemnidad – "Mae… Sode No Shirayuki"

La espalda de aspecto tosco y desgastado se alargó adquiriendo una forma más estilizada y de un color blanco inmaculado. Su portadora hizo varios movimientos gráciles con ella para liberar una técnica de invocación.

- No entiendo que rayos haces… ¿Al menos funcionará?

- ¡Calla! No me desconcentres… - la chica cerró sus ojos y apretó con más vigor la empuñadura de su espada, la cual comenzó a emanar una palpitante energía.

La cinta color verde que sostenía la espada del Capitán de la Décima División se agitó con violencia, como si esta fuera a desprenderse si no se le extraía aquella cosa que irradiaba tanto poder.

- Hyorinmaru… - sacó su espada con rapidez - ¿Qué te sucede?

Cómo si su espada atendiera a su pregunta, una luminosidad la envolvió y se disparó en el techo. Una capa de hielo se formó tras el rastro de luz y lentamente varios símbolos empezaron a tomar forma en la fría superficie.

- El área 51 del Distrito de Karakura a las 9:00 PM. – leyó a prisa aquel mensaje escrito en su techo y comprendió en seguida su significado – Esto es…La prueba de Hinamori.

Con la misma velocidad en que el hielo se vino a materializar se fue a desvanecer, no dejando ni un vestigio de su existencia.

Hitsugaya arrugó el ceño y con absoluta certeza dedujo – Sólo Kuchiki Rukia tiene la habilidad para realizar una técnica como esta, así que… – concentró una gran cantidad de poder espiritual en su espada y con un movimiento lo disipó.

Un viento helado arremetió con fuerza las copas de los árboles del bosque e incluso a los que allí merodeaban.

- ¡Esto es una señal! – exclamó una mujercita mientras cubría con la manga de su Kimono la ventisca que chocaba contra su cara – Quiere decir que él ya recibió el mensaje.

- ¿Estas loca? - escupió sus palabras, junto con unas cuantas hojas - ¿Cómo demonios sabes eso?

- Simplemente lo sé… - reiteró – Además, si te explico de todos modos no entenderías el estrecho vinculo que existe entre las Zanpaktous que son del mismo tipo.

- Si tu lo dices… - dijo con desgana – ¿Ya nos podemos ir?

La chica asintió – Gracias por acompañarme Ichigo.

Un ligero rubor invadió el rostro del chico - ¿Qué? ¿Por qué me das las gracias?

- ¿No puedo? – se acercó sigilosamente a él.

Ambos se miraron fijamente, el viento azotaba sus cabellos y enfriaba su piel.

- Rukia… - Ichigo parpadeó finalmente – Tu tienes mi apoyo, sea lo que sea que necesites. Siempre lo tendrás.

- Es por eso que te elegí – dijo casi en un sollozo – Tú nunca me has abandonado. Eres lo único que ha permanecido constante en mi vida.

La menuda chica rodeó la cintura del pelinaranja y hundió el rostro en su marcado abdomen, en el cual se comenzó a percibir cierta humedad a través de los ropajes.

- Tonta… - la miró con ternura y posó sus manos en aquellos delicados hombros - No es hora de ponerse sentimental.

- No me molestes… - musitó.

- Si quieres darme las gracias, sólo hay una forma de hacerlo. – acarició un mechón de su oscuro cabello y lo colocó detrás de su oreja.

Rukia regresó a verlo a los ojos, expectante.

- Sonríe – las pupilas de Ichigo desprendieron un brillo cautivador – Sonríe para mí. Así me gustas más.

Los finos y rosados labios de Rukia se curvaron, luciendo una sonrisa llena de amor.

- Justo así… - Ichigo tomó las mejillas de la chica con sus manos y acercó su rostro al suyo hasta que su boca hizo contacto con la de ella.

Desde una ventana escapaban nubes de vapor que se disipaban conforme ascendían hasta el cielo. También se respiraba una esencia en el aire, ligera y dulce, el exquisito aroma de la flor de durazno.

El cuerpo de tez blanca y tersa de Hinamori reposaba en la tina de baño, el agua caliente había provocado que su frente y pecho se perlara, y que sus mejillas se tornaran rojizas.

- Se siente tan bien estar aquí… - cerró lo ojos y recargó su nuca en el borde de la tina.

Unas velas que emanaban la suave fragancia del durazno e iluminaban tenuemente la habitación, continuaron devorando su mecha a fuego lento acompasadas por la lenta y profunda respiración de la chica.

Blanco… Un extenso manto blanco cubría la superficie de lo que una vez fue una pradera. Los restos de unas ramas secas se aferraban a permanecer de pie, con la esperanza de volver a recibir la calidez del sol. No obstante, la gélida nieve mantenía todo cuanto cubría muerto, sin vida. Un desierto frío y silencioso.

Pasos pequeños y livianos quedaban impresos al pasar por la blanca alfombra, llevaban ya una larga trayectoria, y seguían avanzando rumbo al otro extremo del horizonte del que provenían.

Otra figura se hizo visible en aquel invernal escenario. Llevaba puesta una larga y desgastada gabardina negra que bien creaba la ilusión de hacer parecer a su portador como una sombra u espectro. Sobre aquella singular prenda se sostenía una cabeza con cabellos largos, lacios y de color blanco, blanco como la misma nieve que lo rodeaba.

Los pequeños pasos en un principio determinados, ahora eran indecisos. Algo muy en el fondo de la mente le dictaban que debían evitar a toda costa acercarse a aquella persona y alejarse, desaparecer de su vista.

Como si aquel extraño pudiera escuchar los pensamientos del que pretendía evadirlo, dio un paso que de un abrir y cerrar de ojos lo hizo aparecer justo delante de él, o mejor dicho, ella.

- ¿Quién es Usted? - ojos castaños contemplaron anonadados los rasgos de aquel rostro masculino. La piel que lo envolvía era casi tan blanca como el cabello que le caía en cada costado, el mentón era alargado, la nariz recta y puntiaguda, los pómulos pronunciados, la frente amplia, los labios delgados y pálidos, pero… faltaba ver sus ojos, estaban cerrados y protegidos por unas pestañas plateadas.

- Estoy perdido…y pensé que quizás podrías ayudarme.

La voz era grave y de un acento extranjero, la chica no supo identificar cual.

- Disculpa… - intento captar su atención – No es mi intención asustarte, es sólo que llevo mucho tiempo recorriendo este lugar y no me había encontrado a nadie, jamás…

- ¿A dónde quiere llegar? ¿Qué es lo que busca? – con desconfianza formuló las preguntas.

- Quiero salir de aquí, eso es todo…

A tan corta distancia la chica pudo percatarse de que el hombre de vestimenta extraña tenía un aspecto débil, demacrado incluso, y sus ojos seguían sin abrirse. Pasó la mirada de su cara a las extremidades de sus brazos, donde al ras de las roídas mangas sobresalían unos dedos huesudos y ausentes de color.

- ¿Se encuentra bien? – las sospechas quedaron atrás y abrían paso a la preocupación.

- Si… - ladeó la cabeza al frente.

- No sé si yo pueda ayudarle, este lugar es desconocido para mí.

- ¿Y tu a donde quieres llegar? ¿Qué es lo que buscas? – repitió sus palabras, no con desconfianza sino con un profundo interés.

- Aún no lo sé… - bajó la mirada.

- Puedo acompañarte, tal vez así ambos podamos encontrar lo que buscamos.

La chica reaccionó ante tal propuesta y por fin sus ojos se toparon con los de él.

- ¿Qué es…? – como si estuviera hipnotizada con aquella mirada, no logró finalizar su pregunta.

- Mi nombre es Reegan - de color carmesí eran sus ojos, un rojo tan intenso semejante a la sangre - ¿Cuál es tu nombre linda jovencita?

- Momo… Hinamori Momo…

- Es todo un placer conocerte Hinamori – extendió su brazo derecho en un gesto cortés.

Como si no tuviera el control de su cuerpo, el brazo izquierdo de la chica también se alargo para corresponder al saludo de ese hombre desconocido.

El agua de la tina empezaba a entibiarse, los objetos y cuadros que colgaban en las paredes estaban totalmente empañados, el fuego de las velas se había extinguido por completo y únicamente desprendían un hilo de humo.

- Reegan… - un susurro escapo del cuerpo inconciente que yacía dentro de la tina.

Por calles estrechas y oscuras corría a toda velocidad un joven Shigami, a pesar de que el sudor de su frente reflejaba signos de cansancio él no aminoraba su marcha y seguía animoso hacía su destino.

- ¡Ya debo estar cerca! – giró a todos lados su cabeza intentando reconocer su ubicación. Cuando halló algo que le pareció conocido se detuvo para examinarlo más de cerca.

La residencia donde se quedo parado el joven Shinigami era modesta y en la fachada había un jardín con muchas flores de distintos colores que era rodeado por una barda de tablones blancos. En la puerta del barandal estaba colgado un letrero con el nombre "Momo" escrito y un dibujito de un durazno al final.

- Es aquí… No cabe duda. – dijo el joven posando sus manos sobre las tablas de la pequeña barda y ensanchando su sonrisa – Me pregunto si estará en casa…

- ¿Buscabas a alguien en especial?

Una voz distante sorprendió al Shinigami novato, pero, este enseguida reveló la posición de la misma cuando le volvió a hablar.

- ¿Te he causado un sobresalto? – rió – Me disculpo no fue intencional – se alejó del árbol sobre el cual había estado reposando y la luz de la entrada de aquella sencilla morada lo alcanzó.

El Shinigamo observó con asombro a el hombre que se acercaba; llevaba puesto un traje y camisa de cuello alto oscuro, los zapatos eran puntiagudos y negros. Toda su vestimenta hacia contraste con su cara y pelo, que eran blancos como la nieve.

- ¿Usted vive por aquí? – se aventuró a preguntar.

- No… Y apuesto a que tú tampoco.

El joven trago saliva.

- ¿A quien vienes a visitar? – continuaba caminado hacia donde estaba el Shinigami.

- Bueno yo… Vine a ver a una chica. – de repente los nervios se apoderaron de su cuerpo, y agitando las manos corrigió – Pero no es cualquiera chica, ella es una Oficial de la Sociedad de Almas. Es la Teniente de la 5ta División, su nombre es…

- Hinamori Momo ¿correcto? – el hombre se le adelantó.

- Usted… ¿Cómo supo eso?

- Yo también vine en busca de esa chica – la distancia entre él y el Shigami era menor a un metro.

- ¿Quién es Usted? – el pavor ahora era lo que recorría por cada miembro del cuerpo del joven.

- Reegan... – abrió los ojos de par en par, ojos de un rojo escarlata.

Notas de la Autora :

Después de una larga y ansiada espera por fin he publicado el Capítulo 12 de esta historia. En lo personal déjenme decirles que este ha sido unos de mis favoritos, no sólo por el hecho de que lo hice un poquito más largo que todos los anteriores, sino por el hecho de que este capítulo revela muchas cosas importantes de toda la historia, las cuales de seguro ustedes habrán identificado sin duda alguna (muajajajajaja+++ soy una malvada por cortar siempre los capítulos en lo más interesante).

Realmente estoy muy feliz de poder contar el apoyo de muchas personas que me motivan a seguir y esforzarme aún más en este proyecto mío. A veces lo siento tan imposible y otras tan real, que casi hasta lo sueño.

Lo que es importante para mí siempre es y lo será que lo que yo escriba continúe siendo del agrado de todos los lectores y fans de esta serie, y específicamente de los personajes protagónicos de esta historia.

Para no romper con esta importante costumbre mía, a continuación la sección de agradecimientos a todos aquellos que se tomaron el tiempo de dejarme un comentario :

Shiro-Chappy : ¿Qué te puedo decir? Simplemente eres un encanto de niña, la más dulce que he conocido en mi vida. Realmente estas rebosante de creatividad y energía (no creas que no me he tomado el tiempo para echar un vistazo a tu perfil de Fanfiction y me quede con la boca abierta cuando vi la cantidad de historias que tienes, es admirable). Tu apoyo es muy importante para mí y de corazón agradezco que sigas siendo una de mis lectoras más antiguas. TQM.

Reneesme : Oh que detalle el tuyo de dejarme dos comentarios, que por cierto el segundo si me hizo sentir un poco apenada contigo por no poder complacerte. Disculpa la gran demora que te hago pasar. En fin, muchas gracias por tus palabras tan conmovedoras, jamás pensé que mi historia te hiciera sentir tan feliz e intrigada.

Shiro Kumi : No inventes yo también casi lloro de la alegría cuando por fin había terminado el cap. 11, es que de plano no le veía para cuando acabar. Gracias a la motivación de muchas personas importantes para mí (te incluyo ahora en ellas) es que he podido retomar el tiempo para dedicarme a escribir, que es algo que adoro y me proporciona mucha felicidad. Respecto al lemmon, diste justo al clavo con tu opinión, realmente quería describir una escena que fuera pasional y no morbosa, doy gracias que todos (sino es que la mayoría) me han dicho que lo hice bien.

Tsuki Lawliet : Bueno, para ti y otros que lean esta parte mi nombre es Lizzy, así que siéntete libre de llamarme así. Me da mucho gusto que hayas leído esta historia (al menos hasta donde va) y que sea de tu agrado. Espero continuar con tu apoyo.

Ees : Cizoooo Kuuuunnnn!!!!! No sabes la inmensa felicidad que me dio que tu leyeras mi historia, después de más de 5 años de conocerte y hasta estos momentos tuvieras la oportunidad hacerlo (bueno aquí cabe hacer mención el hecho que también yo te vine a decir de este proyecto mío ya muy tarde upppsss!!! ). Trate de seguir muchos de tus consejos y espero me des el visto bueno, además en este capítulo podrás haber observado que tomé mucho de lo que platicamos respecto a lo del villano que por fin hace aparición en la historia. Valoro mucho cada uno de tus elogios y ánimos que me brindas, sabes lo importante que tu eres para mí y no habrá mayor satisfacción que poder llegar a terminar esta historia contigo a mi lado.

No quiero hacer promesas que no cumplo respecto al tiempo en que demoraré en publicar el siguiente capitulo. Pero si algo si les puedo prometer es que esta historia tendrá un final, pase lo que pase yo continuaré escribiendo. Así que prepárense que a partir de ahora comienza lo bueno y lo que le agrada más a mí querido amigo cizo kun, mucha acción, el suspenso, y si… un triangulo amoroso XD (no puede faltar en cualquier buena historia de amor).

Hasta el próximo capitulo, los quiero.