UN SILENCIO PROLONGADO
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Cursiva: flash back o pensamientos.
Recomendación: escuchar una música sumamente triste, instrumental o algo dramático (según el gusto de cada quien)
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-.-.-.-.-.-.-.-Flash back-.-.-.-.-.-.-.-
Promete que le dirás – pidió y siguió acariciando su sedoso cabello. Espero hasta que ella asintiera o hablara, pero se rehusaba a tales cosas - ¿Roya..? Tienes que ser valiente y decirle.
-.-.-.-.-.-.-.-Fin flash back-.-.-.-.-.-.-.-
Pero es que decirlo era más fácil que hacerlo. Como él no estaba en sus zapatos, no comprendía por lo que estaba pasando en esos momentos. Si Khai sintiera lo que en esos momentos estaba sufriendo su alma entera, comprendería.
-.-.-.-.-.-.-.-Flash back-.-.-.-.-.-.-.-
Dime Khai, ¿Cómo acabara todo esto? – preguntó con los ojos llenos de lágrimas.
Princesa – secó las lágrimas –él, ira a buscarla y cuando la encuentre tal vez sea feliz o tal vez no. El muy idiota dejo ir la cosa más hermosa que puede existir en esta tierra – acarició su mejilla con ternura – tú no debes decidir que es mejor para otras personas, sólo porque no estas incluida en sus vidas.
Roya jaló aire entrecortado mientras tallaba sus mejillas mojadas.
Veras que pronto pasara todo esto – animó – tal vez solo sea simple coincidencia y jamás la encuentre, pero eso no te debe alegrar, ni tampoco debes guardas esperanzas que por esa razón cambiarían las cosas.
Roya hipeó, mientras lo miraba más triste.
No me mal entiendas, no quiero que te engañes, ni guardes falsas esperanzas sobre este asunto. ¿Me entiendes, verdad? No quiero que salgas más lastimada.
-.-.-.-.-.-.-.-Fin flash back-.-.-.-.-.-.-.-
Ahora su conciencia le exigía que hiciera lo correcto, la estaba atormentando con cada minuto que guardaba la tan ansiada salvación para el peli-blanco.
-.-.-.-.-.-.-.-Flash back-.-.-.-.-.-.-.-
Quiero que cuando vuelva hayas hecho lo correcto – pidió.
¿No estarás conmigo? – preguntó angustiada.
Lo siento, tengo cosas que hacer. Esto lo debes hacer sola Roya.- apoyó sus fuertes manos sobre los delgados hombros – se fuerte y dile. Además que si me entero que te ha tratado mal, yo mismo me encargare de darle su merecido – dijo sonriendo, mientras se señalaba – no permitiré que su carácter espantoso te haga sentir mal.
¿Y si no puedo? ¿Si me arrepiento?
Eso no pasara, ¿y sabes por qué? – ella negó – porque tu corazón es muy noble, y sé que te dictara que hagas lo correcto hasta el último momento de tu vida.
-.-.-.-.-.-.-.-Fin flash back-.-.-.-.-.-.-.-
Tan mal se sentía que, lo que no había hecho durante unas semanas, hoy lo pensaba hacer. Seguro no se encontraría y podría moverse sola por la casa.
Caminó perezosamente por la estrecha vereda de piedra y daba vueltas rodeando una pequeña colina. Miro el cielo, el que le dio una sensación de tranquilidad. La tarde ya estaba avanzada y el calor ya había desaparecido.
Entró y efectivamente el hogar se encontraba en un completo silencio. Bien, solo entraría y saldría.
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Pensé que estarías ocupado en el albergue. Mira, pensaba llevarles de comer – levantó una canasta de comida –
Hoy no quería estar allí – contestó un tono más bajo de lo normal.
Mmm ya veo – un minuto de silencio – entonces lo comeremos en casa.
Caminaron en completo silencio, dieron unos cuantos pasos y ya se encontraban justo frente de su hogar. Se abrió la puerta principal de la humilde casa y un delicioso aroma entro por sus narices.
¿Es mi imaginación o huele muy bien? – preguntó confuso, mientras terminaba de entrar a la casa.
No, huele a comida – contestó simple, cerrando la puerta a su espalda.
¿Roya..?
Se escuchó el resonar de su voz por la casa vacía.
¿Eres tú..? – insistió, pero no recibió respuesta alguna.
El Shard Caster miraba todo desde la parte de atrás, manteniendo cierta distancia. Se acercaron por el agosto pasillo, para encontrar a nadie en la cocina.
¡OH! Que amable de su parte, mira nos ha preparado la comida – sonrío el panadero.
O tal vez se siente culpable – dijo y se retiro
¿¡No vas a cenar algo!? ¡Pensé que tenías mucha hambre! –gritó Micky.
Tenía….
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Había salido como ladrón, al ver a hora que era. Pronto estarían allí, y lo que menos deseaba era cruzar miradas con el oji-verde. ¡Pero que valiente eres! - se burló de sí misma.
Salió con sigilo, cortando camino para no topárselos.
¿Por qué cambiaste conmigo? ¿Qué hice, para que me trates de esa forma? – se preguntaba.
Estas muy callada.
No, nada de eso, sólo estoy pensando que haré el día de hoy. Estaré sola – dijo en un suspiro.
¿Otra vez te dejo?
Si, Khai no tiene ninguna consideración conmigo. – infló los cachetes indignada.
Si, lo veo mi querida – esbozó una linda sonrisa. - ¿y cuánto crees que tarde?
Mm, no lo sé. Siempre que el maestro Sebastián tiene una misión, se pierde por días – se dejó caer sobre la mesa con las manos extendidas hacia el frente – estoy aburrida y apenas se va esta mañana – guardó silencio por unos segundos y se levantó de golpe – tal vez ayude a Micky, no lo sé.
Me parece bien. Esta mañana tengo muchas cosas pendientes, así que no me esperes. – anuncio el anciano levantándose de su asiento – tampoco me esperes para comer. Tengo una charla pendiente, y no sé cuánto me entretenga
Está bien maestro. ¿Es algo malo?
Pues – sorbió de lo que quedaba de té -No lo creo mi querida. Ahora es tarde tengo que salir.
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Micky, ingería con paciencia sus alimentos, mientras su cabeza formulaba ciertas cuestiones, de las cuales había notado semanas atrás. No es que no se hubiera dado cuenta, de hecho, había sido evidente la primera semana que ocurrió, solo no quiso ser entrometido en ese asunto, pues creyó que podría estar equivocado. Pero ya había pasado tanto, y él seguía igual. Y ella, pues ya ni siquiera se dejaba ver por la casa como solía hacerlo.
De hecho, cuando solía pasar por la tienda, podía jurar que se encontraba muy pendiente de la calle y la puerta, esperando ver o escuchara entrar, para que ella saliera corriendo. En definitiva, estaban muy distantes.
¿Por qué no permites que se acerque? – fue directo, pues algo ocurría entre ellos.
¿Qué dices..?
Ya lo he notado, no te has alejado de mí, ni del maestro Zico, ni Sebastián, ni siquiera del señor Robés…sólo de ella.
Claro que no – defendió sin el más mínimo interés al reclamo y sin cuestionar de qué hablaba. A lo que el panadero supo que él comprendía a lo que se refería. Entonces no estaba tan errada sus sospechas - lo único que quiero es un momento de tranquilidad, y con ella nunca la consigo.
¿Tuvieron algún problema?
No.
Si es a causa ..
Ya te dije que no es nada Micky. No hay más explicaciones a este asunto, las cosas cambian.
Si, cambian- acepto atrayendo la atención de su amigo. Se levantó y dejo el plato en el lavabo, para después pasar a un lado del peli-blanco – y espero que estés de acuerdo – concluyo. Se despidió y salió.
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Había pasado gran parte de su mañana ayudando a su amigo panadero, entre dejar pedidos y risas, las horas habían sido tolerables. Pero después de que Pinot hiciera su entrada, el ambiente cambio radicalmente, sin duda el amor andaba por aquella tienda. Salió excusándose, dejándolos con sus miradas y risitas tiernas, seguro que no la extrañarían, tal vez ni cuenta se dieron cuando salió.
Suspiró cansada.
Doblo en la esquina. Ya sabía dónde la dirigían sus pies. Prometido confesar "aquello" que estaba atormentando a su conciencia. Sólo que no encontraba por dónde empezar, y con el carácter que se cargaba el peli-blanco sería un poco más difícil aquello- suspiro por segunda vez - Tomaría valor.
Apretó el paso y en pocos minutos ya se encontraba a escasos pasos de la entrada. Se detuvo justo frente a la puerta roída de madera y jaló aire mientras levantaba la mano para abrir la puerta, pero un grito detuvo su avance. Aquel ruido provenía de la parte posterior de la casa. Dirigió su caminar al tras patio y lo vio entrenando. Cabe de más decir, que la pelinegra se sorprendió bastante al verlo. La escasa ropa que traía le dejaba ver su ancha y fuerte espalda. Que si hubiera tenido una mejor vista, también hubiera podido ver su bien formado abdomen.
Dio un paso atrás y trato de contener su repentino sonrojo y su agitada respiración, tal vez por la emoción de verlo, o por su nerviosismo de saberlo ahí.. juntos y a solas. Tal vez esa sería su oportunidad.
Entro a la casa aun sorprendida. Se le veía cansado y seguramente gran parte del día estuvo entrenando. Miro a su alrededor y no vio nada de comer. Suspiro y negó con la cabeza resignada. ¿Nunca cambiaras las cosas verdad Roya? – se regañó.
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Había doblado en la esquina, hecho una furia. Aquella mañana un mensajero del anciano le pedía que tuvieran una reunión, concerniente al tema que le interesaba desde hace unas semanas. El palacio, donde todos los concejeros solían tener sus discusiones, era el punto de reunión, pero, ¿De qué había servido aquello? Tanta espera, si el maldito anciano se había negado rotundamente. Y para colmo, el amigo idiota se encontraba a su lado, negando cualquier ayuda de su regimiento.
-.-.-.-.-.-.-.- flash back-.-.-.-.-.-.-.-
Lo siento, pero no estamos seguros que eso sea verdad.
¡Anciano! ¡Llevo esperando una respuesta hace más de tres semanas! – golpeó la mesa.
Los sabios hemos tomado una decisión, y esperamos que se cumpla.
Zed apretó tan fuerte su puño que pudo sentir heridas en la palma de su mano.
¡¿Y solo porque no creen que siga con vida, la dejaran?!
Es una plática sin fundamentos – se unió una tercera voz a la plática.
Zed dirigió su mirada hielo, al azul pasivo.
Nuestras tropas peinaron cada rincón buscando más ciudadanos, los cuales no encontramos. No podíamos adentrarnos más a unas tierras tan poco conocidas por nosotros, no sabíamos qué tipo de trampas podrían seguir latentes – hablo sin temor- no me lo tomes a mal, pero no pienso arriesgar a más gente solo por ir a buscar a una persona que no sabemos si aún sigue con vida.
Sus miradas se mantuvieron unidas por un largo momento. El ambiente se volvió pesado.
Khai tiene razón, se perdieron muchas vidas por este desastre – meditó por unos segundos – ella no será la primera ni la única. Debemos concentrarnos por los aún están con nosotros.
¿Entonces, esa es su absurda respuesta? – soltó en voz ronca.
El sabio lo miro por escasos minutos, para luego asentir y cerrar sus ojos.
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Lo demás era historia, salió azotando y empujando todo a su paso. Si era necesario se marcharía de Templar sin su apoyo, él solo se las arreglaría para encontrarla, sin ayuda de nadie. No necesitaba a nadie.
Estaba sudoroso y muy cansado. Pero es que estaba furioso y su coraje no paraba. Su mente ya estaba comenzando a tramar su huida sin que nadie se percatara. Tal vez le costaría mucho trabajo evadir a los guardias que custodiaban la entrada del cuarto de desplazamiento, para eso tendría que dejarlos inconscientes si era necesario.
Dio otro par de golpes a aquel trozo de tabla pegada a la tierra. Su cuerpo ya se encontraba adolorido y muy sudoroso. Comenzaba a sentirse más irritado de lo normal.
¡Maldita sea! –dio otro par de golpes con la espada. Tomó un trozo de tela y secó su rostro. Se encaminó hacia la entrada y la vio. Ahí parada, su cabello suelto, con un delicado vestido color melón; ajustado a su esbelta figura que dejaba al descubierto sus hombros y a la vista sus bien formadas piernas. Lo que menos hubiera deseado en esos momentos era verla justo frente a él, no era el momento idóneo para su presencia. Sabía que eso no terminaría nada bien.
Le daba la espalada y pudo ver que no se había percatado de su presencia, de hecho, él no escucho cuando llego. Frunció el ceño y aventó su espada; que golpeo estrepitosamente con la madera. Vio que Roya dio un salto y se giró.
¡Me asustaste! – recriminó, poniendo de forma de protección el cuchillo a la altura del pecho.
Un silencio eterno y después, su rubor, lo que no había podido apreciar minutos atrás ahora lo contemplaba de frente.
¿Qué haces aquí? –le miró profundamente.
Ahm..yo..pues – apartó el cuchillo de su pecho y se giró aun con las mejillas ardiendo - vi que entrenabas y no había comida – movió rápido las manos, mientras más rápido terminara de cortar, más rápido saldría de aquella atmósfera que le pesaba y le dolía- no me hubiera quedado – se dijo – pensé que tendrías hambre, pero..ya..ya termino..
No necesito que hagas nada… – habló bajo
S-sí.. – respondió muy bajito. Sus manos temblaban. No podía negar que le dolía, ella realmente lo quería, lo quería mucho, pero él no correspondía a ese sentimiento.
…de hecho no es necesario que vuelvas.- continuó en tono bajo. Roya trago saliva y sintió nublados los ojos. Mordió su labio.
Zed seguía ahí parado, justo en la entrada de la pequeña conciba, seguramente esperando a que se largara de su casa. Quizás en cuanto saliera le pondría llave. Dejo apresurada los utensilios y apago el fuego. Tomo aire y dio media vuelta. No levanto la mirada cuando paso a su lado.
Él ni siquiera se había hecho a un lado cuando paso por el pequeño espacio entre su cuerpo y la pared.
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Se levantó muy temprano esa mañana, tenía la cabeza demasiado saturada de información, y no decir de ciertas imágenes que, al recordarlas solo le crispaban las pocas fuerzas de autocontrol. Aun no llegaba a la conclusión de cómo tendría que tomar aquel asunto. Pero de algo estaba seguro, en cuento lo viera, dejaría en claro ciertas cosas.
¡Niño! – gritaron a su espalda.
Casi sudor frío.
Otra vez usted – dijo cansado. Era aquel viejo que lo confundía con quien sabe quién. – lo siento, no tengo tiempo
¡Qué bueno que te veo! – se aproximaba erráticamente hacia él.
Aja – y siguió caminando. No perdería su valioso tiempo. Tenía mejore cosas que hacer.
¡Muchacho, espera que no pueda correr! – llamó con dificultad.
Pues no venga.
¡Espera, espera! Estuve preguntando por ti, pero nadie me sabía dar razón tuya – caminaba con dificultad - ¿Me recuerdas verdad?
Creo que no – contestó sin mirar atrás.
Claro que sí, soy el anciano que le diste de beber agua, y que creyó conocerte.
Vaya, hasta que lo admite- pensó Zed.
¡Ya lo he recordado! – gritó emocionado.
Zed se detuvo y suspiro cansado. Vaya que había personas raras en el mundo. Dio media vuelta, para esperar al anciano.
Yo estaba seguro que te conocía, hasta apenas ayer por la tarde, cuando supe que fue todo un error.
Ya le dije que…
Nunca te vi – sonrió. Zed lo miro con un "se lo dije" – pero le escuche hablar mucho de ti, de eso no hay duda.
¿Le escucho…? – frunció el ceño. Seguro que el pobre se había golpeado muy duro. – creo que se confunde de persona. Para empezar, no existe persona en Task que me conozca y pudiera hablar de mí.
Claro que si – aseguró – ¿una chica quizás?
El Shard Caster profundizo su mirada.
¿Cómo…?
Si, ahora que tengo tu atención – tomó asiento en la piedra más cercana, pues sabía que el chico ya no se escaparía- Había una chica preguntando por un joven. Dio dato y seña – le miró- y llena tu perfil.
¿Cuál era el nombre de la chica? – preguntó sorprendido - ¿puede decirme cómo era?
El ciudadano guardo silencio, llamando las imágenes a su cabeza.
El nombre no lo recuerdo, pero era una linda jovencita, más o menos de tu edad, se le veía muy sola y preocupada. Decía buscar a un chico, al principio creí que a su esposo, pero era muy joven para ser casada, después pensé en un hermano o amigo.
Zed se impaciento y lo tomó por los hombros.
¡¿Dónde fue la última vez que la vio?! ¡Hable de una buena vez! – sus ojos se volvieron más intensos. Al fin una pista y no la dejaría ir.
Hace ya dos semanas – confesó retraído - La perdimos de vista cuando nos atacaron. Explotó el pánico y las familias se dispersaron, hubo algunas perdidas, entre ellas, aquella jovencita.
Se encontraba aturdido por aquella información, estuvo a punto de darse por vencido y aceptar que le había fallado a Aldya. Pero estaba viva, lo sabía, siempre lo supo. Viva, y su esperanza con ella.
Iría en esos momentos por ella y la traería consigo. El problema residía en ¿por dónde empezar? Ese no era el problema, barrería Task si fuera necesario. Pero primero debería informar de esto al anciano, tendría que mandar una vez más a los soldados para que fuera más fácil su búsqueda. Ahora ya no tenía ninguna excusa de negarle el permiso a ir a buscarla.
Gracias – dijo agradecido y salió a toda prisa.
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Froto sus ojos, aquella tarde, en definitiva había sido una mala idea ir hasta allá, se le notaba que estaba de muy mal humor. Bueno había perdido otra oportunidad. O tal vez, eso es lo que en su interior deseaba, que existieran varios obstáculos para que de sus labios no saliera ninguna palabra.
¿Y si le escribía una carta? Así, sería algo indirecto y no cruzarían palabras, sería una excelente opción.
Llevaba la carta entre sus manos, su corazón palpitaba nervioso. ¿Cómo haría aquello, sin que él la viera agachada en la puerta?
Aquel joven, se veía muy emocionado cuando le dije de aquella muchacha.
Roya levanto la mirada.
¿Entonces si era él? – preguntó el otro señor.
¡Pues claro! Además al parecer sabia de quien estaba hablando, cuando le dije de la jovencita, sus ojos se abrieron sorprendidos, después se emocionó y salió corriendo – sonrió complacido – juro que su mirada se ilumino.
Pues bueno, creo que has hecho algo bueno entonces – aceptó incrédulo – ahora vayamos con mi nieta, debe estar preocupada.
La peli-negra dejo caer el papel entre sus manos y quedo pasmada entre la calle. Alguien más ya se le había adelantado.
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Entro al lugar que le estaba prohibido la tarde anterior, no escucho nada a su alrededor, dio paso tras paso asustada que en cualquier momento Zed saliera de cualquier rincón para recriminarle su presencia. Paro examinando aquel lugar, no escuchaba ruido alguno. Juró que dejo de respirar, para evitar cualquier ruido. Tal vez había llegado demasiado tarde, y en estos momentos estuviera desplazándose a Task, apretujo sus manos dispuesta a salir corriendo y buscarlo.
Un golpe en la planta alta trajo su atención y subió por las escaleras. Se detuvo justo frente a su puerta y subió nerviosa su mano. Toco y giro la perilla. Lo vio metiendo apresurado en una mochila sus pertenencias. Su corazón se agito.
¿Qué? – fue lo único que pronuncio los labios masculinos al verla parada en la puerta. No pensaba perder su tiempo con ella, y menos ahora. Frunció su frente - ¿Qué, te quedaras ahí parada?
Roya reacciono y termino de entrar al cuarto.
¿Te iras?
¿Es obvio? – dijo con ironía, terminando de rellenar su mochila.
¿Ella es… muy importante? – preguntó deteniéndose justo a su espalda.
¿Ella? – levantó una ceja ¿Cómo sabía que iría a buscarla? Pero desecho rápido esa pregunta–ah, te refieres a Yuria.
Zed hizo una larga y mortificante pausa.
Es alguien importante.. – confesó.
Apretó sus ojos .Sabía que sería duro escuchar de sus labios, que esa persona lo era todo para él. Lo sospechaba, pero una cosa era sospecharlo y otra muy diferente que el chico del cual estaba enamorada lo dijera sin ningún toque de delicadeza
..Tengo que encontrarla para sentirme más tranquilo, y cuando la encontré, procurare mantenerla cerca para que no vuelva a pasar por lo mismo.
Si yo..- interrumpió, ocultando su mirada bajo el flequillo.
Zed le miro por el rabillo del ojo.
Si yo..- trago saliva – desapareciera …¿tú, me buscarías..como lo haces con ella..?
Ya estaba, lo había hecho, sus sentimientos la habían traicionado, y antes de que se marchara de su vida, tenía que saberlo.
Frunció el ceño ante la peculiar pregunta, algo tonta según el peli-blanco. Sonrió burlón y su mirada se posó en ella.
Claro…
Abrió desmesuradamente sus ojos rojizos.
…que no.
¿Sorprendida?
No digas tonterías.. ¿Qué no tienes a Khai para eso? ¿Por qué no vas y le preguntas a él? Sé que estaría gustoso de perder el tiempo- Fue cruel.
Se hizo otro silencio prolongado. El peli- blanco tomo la mochila y paso a un lado de ella.
Zed – llamó Roya tomándolo por la manga. Se giró y lo observó por unos minutos. Soltó la orilla de la manga y deslizó sus dedos sobre el dorso de su mano ancha, a la que regalo suaves caricias. El oji verde miró sorprendido, bajando apresurado su mirada a su mano que era acariciada.
El momento era muy íntimo, aunque fuera solo una simple caricia, jamás la olvidaría. Sus dedos se iban entrelazando. Su corazón latía con fuerza.
Yo… - habló despacio, su mirada rojiza estaba atenta al movimiento de sus dedos, y como los ajenos no se retiraban, de hecho seguían sus movimientos. Apretó con fuerza la mano de Zed, al tiempo que levantaba nuevamente su mirada y se encontraba con la de él.
Sus labios no fueron capaces de pronunciar palabra alguna, se había perdido en aquel reducido espacio de sus cuerpos, y en la mirada que la llenaba por completo. Soltó su mano y lo abrazó fuerte, haciéndole entender de alguna manera lo mucho que significaba para ella.
Pero por alguna razón no era bien recibido por Zed. Desenredo los femeninos brazos y la alejo.
¡Qué piensas que haces!
¿Qué..te hice? – soltó en un susurro.
¿Qué, no lo sabes? - respondió con un tono de burla en su voz, muy perceptible para la peli-negra. - Tú mejor que nadie debería saberlo – apartó su mano bruscamente de la delgada.
Los labios de Roya temblaron, al tiempo que pestañaba refrescando sus ojos, negando el paso a las lágrimas. Frotó su brazo derecho, sonrió triste, OLVIDALO, grito su mente YA NO TE HAGAS ESTO, SOLO DESÉALE SUERTE.
Sólo quiero..
¡Qué estas esperando! ¡SOLO VETE! – habló molesto -¡¿No he sido suficientemente claro Roya?!– dijo sorprendido y a la vez decidido hacer daño - por si no lo has comprendido, te lo diré para que lo entiendas, no quiero verte, ¡Me molestas! ¡Me irrita tu presencia!¡No comprendo cómo puede existir una persona como tú, siempre importunando a los demás, saltando por todos lados, es molesto! – hablaba pausada y lastimosamente a la chica - ¡es fastidioso tener a alguien siempre detrás de ti, voltear a un lado y ver que aun sigues ahí!, no sé cómo Khai puede soportarte, de verdad…sólo…¡Desaparece! – finalizó manoteando en el aire.
Ella tragó saliva.
Quiero..- continuó sin tomar atención a su grito, pronto terminaría todo – Deseo, que seas muy, muy feliz – se quebró su voz. Ya no podía retener más su llanto. Tenía que salir de ahí.
Rompió el espacio una vez más, acercándose y depositando un tierno beso en la mejilla masculina. Tan delicado, tan tierno y cálido.
Prometo – susurró cerca de su oído – esta vez prometo, que nunca más te molestare. Eres y siempre serás alguien muy especial para mí – terminó, para después salir a toda prisa de aquel pequeño cuarto, donde se quedaría encerrado ese enorme sentimiento. De donde, no saldría jamás.
Adiós Zed.
Baja por la escalera torpe, pues las lágrimas impedían una buena visibilidad. Levantó rápido su vista y miró por última vez su cabaña, el lugar que guardaría muchos recuerdos. Sus labios se estiraron. Era una sonrisa, estaba sonriendo.
Solo..Desaparece
Su mano subió y tomó la perilla; la giró. Su cabeza a un no procesaba toda aquella información.
Solo..Desaparece
Salió y miró el cielo.
Solo..Desaparece
Apretó sus labios. Dio un paso.
Solo..Desaparece
La puerta fue cerrada tras de ella. Y salió corriendo. Una corriente helada corría por toda Templar. El cielo, antes azul, ahora lucia completamente apagado, y un velo oscuro lo cubría. Pequeñas gotas frías caían, acompañando a otras que resbalaban de un rostro delicado.
Corrió tanto como sus piernas se lo permitieron. Jadeaba mientras secaba su húmedo rostro. El viento golpeaba y se arremolinaba sobre su delicado vestido. Había tropezado innumerables veces, provocando raspones en piernas, brazos y cara. Llego a su lugar, a su escondite, se dejó caer de rodillas, soltando más lágrimas de dolor.
Me Molestas ….
Solo..Desaparece…..
Me irrita tu presencia…..
Solo..Desaparece
Apretó con fuerza sus oídos. Aquellas palabras gritaban con desesperación en su cabeza y no paraban, se repetían una y otra y otra vez. Tan dolorosas como si una espada hubiera sido clavada en su pecho y se mantuviera incrustada ahí.
El viento movió feroz las hebras negras que caían por su pálido y lloroso rostro.
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¿Cómo que no está?
Si, esta mañana salió, y aún no ha regresado – anunció con preocupación – Sebastián me dijo que hoy estarías de vuelta, así que pensé..
No, acabo de llegar - mordió preocupado su labio. Miro por la calle ¿dónde diablos estas Roya, y con este tiempo? se preguntaba angustiado. Nunca había llegado tan tarde a casa y menos sin avisarle al maestro Zico. ¿Además con quien podría estar a estas horas de la noche?. Comenzaba a exasperarse, pero no podía demostrar temor frente al anciano, comenzaría a poner a medio pueblo a buscarla- ¡Es cierto!
¿Qué mi joven amigo?
Es cierto, olvide que la vería en el puente – sonrió apenado – que distraído soy, pero no se preocupe la traeré temprano a casa.
Oh, qué bien, comenzaba a preocuparme – dijo un poco más tranquilo – bueno, estoy más tranquilo cuando está contigo. Deberías irte, sino se molestará si la dejas esperando más tiempo.
¡Es cierto! – bajó las pequeñas escaleras dispuesto a salir corriendo- lo siento por preocuparlo – concluyó y se perdió entre las sombras. ¿Roya, donde estás?
Corrió tan rápido como le respondieron sus piernas, mirando cada lado, cada rincón, pero ella seguía sin aparecer. Había corrido otra hora y ella no se dejaba ver por ningún lado. Pregunto en la mansión del maestro Robes, el que con una galante sonrisa, le dijo que su novia no se encontraba con él, y que no se preocupara, la joven guerrera jamás le sería infiel. Lo que lo irrito más, pues eso no venía al caso. Dio media vuelta y pego carrera, su cerebro podía lanzarle muchas posibilidades, y entre todas esas, ninguna le gustaba. Cuando por fin había barrido con todo el pueblo, se vio parado justo frente al puente, donde supuestamente ella estaría esperándolo. Casi rogo, porque su mentira se hiciera realidad.
Sentía sus pulmones a punto de explotar. ¿Dónde estaba a esta hora? Y más importante ¿con quién? Esta última pregunta, hizo que viera una luz. El punto era, con quién. Casi sintió alivio, estaba seguro que se encontraba con él. No tardó mucho en salir nuevamente corriendo. En cuanto la viera, le gritaría hasta que se quedara afónico.
Sus pasos se vieron interrumpidos por una sombra a la lejanía, dudo por unos momentos y tomo carrera. Ya vería cuando se enfrentara con su mal carácter.
No dio dos pasos cuando la vio, estaba empapada, su cabello estaba cubierto por trozos de hierbas, sus ojos estaban muy hinchados, su vestido estaba lleno de lodo, como sus rodillas y brazos, contando uno que otro raspón.
Comenzó a sentir una furia jamás imaginada. Imágenes venían a su cabeza, tan veloces como la luz.
Ella levanto la mirada y soltó más lágrimas. Corrió y se abalanzo a sus brazos.
¿Quién...quién lo hizo? – preguntó mirando a la oscuridad, su voz era tranquila. No recibió respuesta. Sus ojos azules, fueron dos hoyos vacíos y peligrosos - ¡RESPONDE!
Sintió el frágil cuerpo temblar.
¡RESPONDE! – la apartó tomándola por los hombros - ¡¿TE HICIERON DAÑO?! ¡¿QUIÉN FUE?! ¡HABLA!
Ella movió su cabeza negando esa posibilidad, la cual su amigo suponía.
¿Alguien te daño? – bajó el tono de voz - ¿te tocó?
Volvió a negar.
Roya, por favor..- rogó.
Él…dijo que desapareciera…- su voz se oía apagada.
Eso era todo, era lo único que quería escuchar, saber que nada de gravedad le había ocurrido. La abrazó tan fuerte que escucho un quejido por parte de la chica, beso su frente y se separó para tomarla en brazos y dirigirse a su casa, no podía llevarla así ante el maestro Zico, lo más conveniente era que se aseará.
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Estaba sentado frente a la ventana, no se había movido ni un centímetro ¿Qué había sido todo aquello? No lo comprendía y tampoco iba a preguntar. Aparte de todo, se había hecho muy tarde para salir a su misión.
Movió su cuerpo hacia la cama, colocando sus codos sobre las rodillas, apoyando su mentón en estas. Cerró sus ojos y sólo escuchó la calma por todas partes.
Esa despedida – susurró - no me gusta.
Escuchó golpear la puerta de abajo. Y se puso de pie, bajando con pasos cansados.
Abrió la puerta y lo primero que recibió fue un fuerte puñetazo, que lo lanzo unos metros más adentro.
¡ESCÚCHALO BIEN! – señaló con el dedo- ¡NO QUIERO QUE TE LE VUELVAS ACERCAR EN LO QUE TE QUEDA DE VIDA!
Zed limpio su labio roto, mientras intentaba ponerse de pie.
Será difícil, vivimos en la misma ciudad – sonrió burlón.
¡NO TE PREOCUPES, ESO CAMBIARA! – rugió sin poder contener sus palabras y la impotencia que sentía al no romperle la cara- ¡JAMÁS, ESCÚCHALO BIEN! ¡JAMÁS LA VOLVERAS A VER! ¡NO VOLVERAS A LASTIMARLA! ¡DE ESO ME ENCARGARE YO!
Zed esbozó una sonrisa burlona.
¿Y quién eres tú para impedírmelo?
Alguien que se hará, de ahora en adelante cargo de ella – dijo con voz amenazante – Desaparece. Eso se lo dijiste a ella y yo te lo digo a ti - Lo empujó contra la pared y dio media vuelta – jamás regreses… Otra cosa, espero y tengas una buena memoria, porque no la volverás a ver.
Por fin dejas ver tus intenciones – se apoyó en la pared - Pero ve, corre a reconfortarla, así como lo hacías aquella tarde. Seguro que no se opondrá.
Khai se detuvo, volteo su rostro mirándolo por escasos segundos y salió.
Se quedó en silencio en aquella casa. El viento que antes soplaba, había dejado se agitarse.
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¡QUE LES PARECIO! ¿Les gusto? Esta vez no tarde mucho y es porque estaba emocionada en colocar este capítulo. Muajaja, estaba ansiosa, el pobre y trágico destino del peli blanco. Él se lo buscó.
Bien adelante este capítulo, pues me ausentare un poquito (cuestiones de estudio) pero prometo subir el prox. Lo más rápido que pueda.
¡MUCHAS GRACIAS POR SUS REVIEWS! Me llenan de alegría, y me hacen ponerle los kilos a esta trágica y dramática historia. Y con respecto al lemmon… ya está más que apuntado :P! aunque claro será cuestión de esperarlo. Y tal vez, solo tal vez ponga otro, depende como se den las cosas.
suki-saku
Prettycherrystar16
Antux
Susana
Sakurita rukia
Chicatendo
Bd-ten_hyuga
¡MIL GRACIAS POR SU APOYO!
Haber y para todas aquellas personas angustiadas que me preguntan, quien eran la pareja a quien vio Zed, pues claro, se trataba de aquellos jóvenes que ustedes piensan .. Roya y Khai. Pero si leen de nuevo casi lo último del capítulo 5, verán donde dio aquel beso.
