PURE LOVE

Capítulo 15: El Valor del Perdon.

Tendida sobre una cama de hospital, cubierta con una sábana blanca hasta los hombros y su cabeza recostada sobre una simple almohada. ¿Cuántas veces había visto en ese estado a la Teniente Hinamori Momo? Más de las que quisiera recordar, se respondió con un suspiro la Capitana de la Cuarta División, realmente la angustiaba tener a un paciente al que tuviera que atender más de una vez.

Revisó los índices cardiacos que se mostraban en una pequeña pantalla a lado de la chica, el ritmo era estable. Después, se cercioró que los medicamentos que se le suministraban de forma intravenosa estuvieran llenos a más de mitad de sus contenedores. Y por último, con suma delicadeza tocó la frente de la paciente y aliviada comprobó que la fiebre que hace unos momentos padecía, se había extinguido por completo. La Capitana abandonó la habitación en absoluto silencio, y antes de cerrar la puerta bajó el interruptor de luz.

Recorrió el pasillo que conducía hasta la recepción meditando la situación en general. Había algo que la inquietaba, y no precisamente el delicado estado en el que nuevamente habían traído a la Teniente Hinamori, quien gracias a Dios no presentaba los mismos síntomas de la última vez, ya que de haber sido así… sacudió su cabeza para apartar los pensamientos trágicos que surgían por dejarse llevar por el pesimismo. Su inquietud tenía otro origen, en especificó lo que había observado durante la operación de aquella grave herida en la espalda de la chica: justo al aplicar la energía de su Zanpaktou para suturar y cicatrizar la cortada otra energía se fue despojando de su cuerpo, una que le provocaba una familiar sensación.

Justo al doblar la esquina al final del pasillo, un grupo de Shinigamis esperaban su retorno. Entre la multitud destacaba una figura por demás conocida y esperada.

- Capitana Unohana – La abordó en cuanto dio un paso fuera del umbral de la sala de emergencias.

- Capitán Hitsugaya – le sonrió, tratando de apaciguar su desesperación – La paciente se encuentra fuera de peligro y en estos momentos está en reposo.

Las facciones del peliblanco se relajaron, y el color le volvió al rostro – Muchas gracias por todo su trabajo Capitana – hizo una reverencia no sólo en señal de respeto, más bien de eterna gratitud.

- ¿Podemos pasar a verla? – se aventuró a preguntar una mujer bajita y de grandes ojos azules.

La mujer de larga cabellera que llevaba sujeta en una trenza, con serenidad respondió – Considero que en estos momentos es más conveniente dejar pasar unas horas hasta que el cuerpo de la teniente se recuperé por completo.

- Entendemos… - un alto y delgado rubio dijo con resignación – Ya es tarde, creo que será mejor volver mañana – regresó a ver sus compañeros en busca de su aprobación.

- Si, tienes razón – un fornido pelirrojo se cruzó de brazos y agregó – No tiene caso que nos quedemos todos… - enfocó su mirada en una voluptuosa mujer sentada cómodamente en una banca sobre el pasillo.

- Sí, me parece bien que se vayan… - la mujer respondió a la defensiva tras la indirecta.

- Si no escuchaste bien, ¡dije todos! – con una venita alzada en la sien le reiteró el pelirrojo.

La rubia hizo un puchero e ignorándolo cruzó la pierna para recalcar que no se movería de su actual posición.

Entre tanto, un joven peliblanco quien observaba con desinterés la escena decidió intervenir - Basta - dijo en un resoplo, captando toda atención.

- Taichouuuu… - con voz chillona se quejó – Fue Renji quien empezó, yo estaba tranquilamente sentada y… -

- Matsumoto, por favor retírate – la miró de una forma tal que no pudiese contradecirlo.

La rubia asintió en silencio, no cabía duda que el vaso que contenía la paciencia de su Capitán estaba justo en el borde y a punto de derramarse, y eso era algo que ni ella deseaba presenciar.

Todos los visitantes se retiraron lo más silenciosamente posible, no sin antes brindar sus mejores deseos para la paciente, a quien estimaban con absoluta sinceridad.

- Acompáñeme… - lo miró de reojo la Capitana de facciones suaves y juntando sus manos delante de su regazo – Estoy segura que resultaría imposible intentar convencerlo de que regrese mañana al igual que los demás – concluyó con una sonrisa.

Hitsugaya respondió cabizabajo – En verdad, que no tengo palabras para agradecer todo lo que ha hecho por ella.

- Tenga la plena certeza Capitán Hitsugaya, que cualquier oficial de nuestro rango haría todo en cuanto esté en su poder con el fin de salvar un alma - empezó a caminar dentro del pasillo que conducía a las habitaciones de pacientes de alto riesgo – No solo es nuestra obligación, es lo que dicta nuestro código de honor.

- Usted mejor que nadie, conoce el significado de eso… - siguió el ritmo de sus pasos.

Llegaron hasta una habitación ubicada justo al fondo, misma que al estar apartada del resto era más amplia y permitía una completa privacidad.

La mujer a cargo, separó sus manos y giró la perilla de la puerta con extrema suavidad sin producir sonido alguno, para posteriormente indicarle con un ademán que podía pasar El peliblanco entró sin reparos y sintió la ligera ráfaga de viento al cerrarse la puerta.

Se acercó con cautela hasta la cama donde estaba recostada la mujer que ama, sin dejar de morderse el labio por contener la rabia que sentía al tener que contemplarla nuevamente así: pálida, sin ese color rosado en sus mejillas y finos labios, de aspecto débil y ausente de esa vitalidad que la caracterizaba. Se reprochaba sin compasión haber permitido que le hicieran daño nuevamente.

Sin prestar atención a los múltiples cables conectados a su cuerpo, los cuales mostraban en diferentes pantallas que la chica estaba viva. El simplemente comprobaba tal hecho escuchando la tenue pero existente respiración acompasada por el suave movimiento de su pecho. Le apartó unos mechones de su frente, la cual percibió más cálida de lo normal – Pobrecita… de seguro tuvo fiebre… - pensó dolido con tal sólo imaginarlo.

De repente, las pobladas y largas pestañas femeninas se entreabrieron y con voz seca pronunció la mujercita – Tou… Toushirou…

- ¿Momo? – tomó una de sus pequeñas manos y la cubrió con ambas de sus palmas.

- Toushiro… - pequeñas gotas se formaron en sus ojos – Viniste por mí… Estas aquí…

- Por supuesto amor mío.. – Hitsugaya luchaba por contener el llanto – Aquí estoy, tranquila… - apretó su mano de forma inconsciente – Y no me voy apartar de tu lado, nunca…

- Tenía miedo, mucho miedo… - su voz se cortaba, por el esfuerzo que realizaba al querer hablar al tiempo que sus lágrimas salían descontroladas.

- Lo sé… Lo sé… - soltó una de sus manos y acaricio sus cabellos en un intento por tranquilizarla - Todo está bien, estoy aquí contigo…

Dejó que se desahogara, sólo Dios sabía que tanto sufrimiento llevaba reprimiendo.

Al pasar unos minutos de reconfortante silencio, donde él no dejo de brindarle cariño y palabras consoladoras. Hinamori pareció ya más relajada y dispuesta.

- Momó… - depósito un beso en su frente – Por favor intenta recordar lo más posible, y dime….

Ella lo regresó a ver, entiendo perfectamente a que se refería y sin más preámbulo dijo – Fue Reegan…

Aquél nombre resonó en los tímpanos de Hitsugaya como la peor de las blasfemias, y lo maldijo incansablemente en sus adentros.

- ¿Que te hizo ese desgraciado? – el ceño fruncido y la gélida mirada del joven Capitán concentraban todo pensamiento en él.

- Yo… - dubitativa pensaba en si debía decirle todo, "todo"…

- Te lo suplico, no me ocultes nada – la ansiedad se denotaba en su voz – Confía en mí, sea lo que sea… - hizo una pausa, consciente de que quizás lo siguiente no era del todo verdad – Sea lo que sea estoy preparado.

- Toushiro, primero que nada – alzó su delgado brazo para acariciarle el contorno de su mejilla – Puedes estar seguro, que tú has sido el único hombre de mi vida… sólo tú.

- Estoy seguro… - dijo sin vacilar y sujeto aquella mano que lo acariciaba y la beso repetidas veces.

Ella le sonrío con ternura en señal de agradecimiento, y tras dar un largo suspiró confesó – Después de haber dejado a Matsumoto San en la enfermería, me abordó un conocido. De hecho era un oficial de tu escuadrón.

- ¿Quién? -

- Tanaka Ryota – afirmó – Sí lo conoces ¿verdad?

- Por supuesto, es un novato que se atrevió a… - se calló, no quería indagar en asuntos menos relevantes antes de terminar de escucharla.

Hinamori la miró perpleja, pero, decidió continuar – Bueno, él se acercó a mí primero con la intención de desearme suerte para mi Prueba, lo cual me resultó muy extraño ya que únicamente había cruzado palabra con él una vez y la impresión que tuve fue que era un chico bastante tímido.

- Tímido eh… – hizo una mueca, tratando de tomar nota de cada detalle.

- Sin embargo, me hizo una petición bastante extraña, más bien atrevida al no haber relación cercana entre ambos.

- ¿Cuál? – le preguntó con una pizca de molestia.

- Me pidió abrazarme y…

- ¿Accediste?

Hinamori asintió, argumentando – En ese momento no percibí ninguna mala intención, y sabes a lo que me refiero.

El joven Capitán mejor que nadie conocía la sensibilidad que tenía su amada ante las auras demoniacas y que su declaración era cierta.

La chica interpretó su silencio para seguir su historia – Para cuando él me abrazó, ya era muy tarde… Pues ya no se trataba del chico de tu escuadrón.

- No comprendo, ¿Qué quieres decir?

- Se había transformado en Reegan, y no me explicó que tipo de arte ó habilidad fue la que utilizo – en eso se percató de algo que hasta ahora no le había prestado atención – ¡Oh por Dios! - contuvo un sollozo con su mano.

- ¿Qué ocurre Momo? – asustado por su reacción se acercó instintivamente a ella y la envolvió protectoramente.

Agarrando con fuerzas sus hombros, espetó desesperada – Toushiro… Estoy segura que ese joven está... esta…

- Muerto, ¿no es así? – dijo con aire resignado, al sentir el cuerpo de Momo temblar entre sus brazos.

Soltó un sollozo más - Cuando lo vi en el pasillo, era él – apretó con fuerza los amplios hombros de su amado – Su alma, su cuerpo… ¡Lo sentí!

- Te creo Momó – le acarició la espalda para sosegarla – Te prometo que mañana la primera orden que dé será investigar el paradero de ese muchacho. Por favor ya no te preocupes…

La menuda chica relajó sus músculos ante la calidez que aquel abrazo le propiciaba.

- Considero que… que es mejor terminar esta conversación mañana – la apartó de su cuerpo unos centímetros para mirarle a los ojos – Para mí es más importante que descanses, debes de…

- No… - le interrumpió – Quiero decirte todo ahora, ya no quiero guardarte más secretos.

- Esta bien… - exhalo una bocanada de aire – Pero por favor recuéstate, no quiero que te esfuerces.

- Sí… - se acurrucó en la cama, pegándose a la orilla y dando una palmadita al espacio que acaba de hacer – Acuéstate conmigo.

Ante esa invitación, no pudo negarse. Dejó caer su cuerpo, acunando el suyo más pequeño con sus brazos y piernas.

- Lo que voy a contarte ahora, es más… - sus ojitos parpadearon nerviosos – Me da mucho pena, pero…

- Calma – le susurró –Ya te dije que puedes confiar en mí.

- Sólo quiero que no te alteres… Eso es todo.

Hitsugaya levantó un poco el brazo en señal de promesa, y con ello la chica se animó proseguir.

- Justo cuando Reegan apareció no pude zafarme de su abrazo, era como si mi energía fuera oprimida por la de él y me dejara indefensa, y entonces perdí el conocimiento justo cuando él… - sintió las manos de Toushiro apretar con más fuerza – Cuando él me besó.

Hitsugaya cerró los ojos, apaciguando la ira que comenzaba a emerger de sus entrañas. Había más por escuchar, y no era el tiempo ni la persona con quien deseara manifestarla.

- Al despertar me encontraba en un cuarto, muy viejo y sucio – torció la boca con descontento - No logró recordar cómo llegue hasta allí, pero, cuando intenté levantarme para escapar me di cuenta que mi cuerpo estaba inmovilizado por alguna fuerza muy poderosa, porque por más que luche no logré romper con ella – apretó un puño – Y entonces él llego, y me dijo tantas cosas acerca de cómo me había buscado por mucho tiempo, y que deseaba vengarse de mi por haberlo abandonado.

- Momo – alzó un poco la cabeza, consternado – Eso quiere decir que tú…

- No lo recuerdo, y eso mismo le respondí a él – otra vez lagrimas amenazaban con surcar sus ojos – Y eso detonó su rabia.

- Mi querida Momó – le acarició la suave piel de su rostro, rozando con la yema de sus dedos.

- El me gritó cosas horribles y crueles, y declaró que deseaba matarme, pero, en lugar de eso… – sin poder evitarlo, rompió en llanto otra vez – Intento abusar de mí…

Algo estallo en interior de Hitsugaya, un odio irracional y vil. Hizo amago de sus fuerzas para mantener la serenidad, porque su prioridad en estos momentos era reconfortar a su amada.

- Toushiro, te juro que luche, luche y luche pero fue en vano – limpio sus lágrimas con sus muñecas – No sé qué me hizo, pero estaba a su merced y no podía hacer nada. Por un instante pensé que estaba perdida, y que sería suya…

Un rechinar de dientes fue lo que no alcanzó a reprimir el peliblanco, estaba más que furioso. No con la espantosa situación de la que había sido víctima su querida Momo, sino, consigo mismo por haber inclusive permitido que sucediera.

- y fue allí donde le imploré que no lo hiciera, y algo que no reconocí en él cedió – los ojos castaños de Hinamori miraban el techo, como si buscara la respuesta en este – Se detuvo y me dejó postrada en el suelo, y antes de marcharse me advirtió que a su regreso terminaría lo que empezó.

- Desgraciado… - musitó a lo bajo, sin que Hinamori alcanzara a oírlo.

- Intente escapar nuevamente, porque la movilidad de mi cuerpo había vuelto – los ojos de ella se toparon con los aguamarina de él – Seguramente porque él así lo permitió, aun así, ahora estaba prisionera bajo un reducido campo de fuerza el cual inultamente quise anular pero sólo conseguí agotar mis poderes, hasta que perdí el conocimiento.

- Fue así que te encontré – la abrazó – Estabas desmayada en ese asqueroso suelo y… bastante herida.

- ¿herida? – preguntó con asombro – Él si intento lastimarme, pero no me hizo nada de gravedad. ¿Qué clase de herida tenía?

- Tenías una cortada profunda en tu espalda… - le dijo, sintiéndose en el acto culpable.

- ¡¿Cortada?! – se removió en la cama con la idea de ponerse de pie y ver la parte afectada, siendo impedida por su acompañante.

- Momo, tus heridas ya fueron tratadas por la Capitana Unohana y no dejó rastro alguno de cicatriz o marca.

- Entonces me encuentro…

- Estás en una habitación de la sala de emergencias – declaró finalmente.

- Entiendo… - su voz se apagó, el lugar donde estaba no le causaba el más mínimo entusiasmo - Otra vez aquí…

- Pero yo estoy aquí contigo, y no te dejaré sola… ¡Nunca más! – aquella última frase encerraba una promesa solemne.

- Por eso y más te amo – le sonrió, y con timidez agregó – Sabes… pese a estar completamente asustada, y sin saber qué hacer, de algo si estaba segura.

- ¿De qué? – cuestiono curioso.

- Que tú vendrías… - amplio su sonrisa, cautivando al hombre a su lado – Sabía que tú me rescatarías pase lo pase…

- De eso siempre puedes estar segura amor mío - la besó en la frente, en su pequeña y grácil nariz, y una tercera más en sus delicados labios.

Ella correspondió el beso y lo intensificó abriendo su boca lo suficiente para que el pudiese entrar en su cavidad y rozara su lengua con la suya. Estuvieron así un par de minutos, degustando enteramente sus sabores y el tacto divino de sus bocas, hasta que fue indispensable tomar un respiro.

La calidez que el pecho de Hitsugaya daba a Hinamori era muy reconfortante, se sentía segura allí, sin mencionar amada a plenitud. Se dejó arrullar por las caricias de su amado, hasta que un sedante y profundo sueño se apodero de ella.

- Duerme, ángel mío… - apoyo el mentón en aquella cabecita, aspirando el aroma de sus cabellos como si se tratara de un incienso relajante – Yo velare tus sueños…

Las horas que restaban de la noche transcurrieron en calma, sin ningún sonido fuera de lugar ni sombras tintineantes causa de cualquier efecto de luz. Esto permitió que en pequeñas fracciones de minutos el joven Capitán concibiera dormir y recuperar un poco las fuerzas, y más importante la serenidad en su cabeza. Tendría mucho de que ocuparse al día siguiente, y necesitaba estar enfocado, ahora que más que nunca.

Al día siguiente, al atravesar los primeros rayos de luz en las persianas de la única ventana de aquella habitación de hospital, los ojos turquesas del joven capitán parpadearon un par de veces hasta ajustarse a la luminosidad, en un acto reflejo volteó y al no encontrar a Hinamori recostada a su lado se levantó de golpe.

- ¡¿Momo?! – los nervios hicieron que su voz sonara un tono más alto de lo usual.

- Estoy aquí… - la puerta del baño se abrió y descubrió a la mujercita ya sin la bata de hospital, y con un vestido color rosa pálido sin mangas y que le caía hasta las rodillas.

La visión de su amada en aquel atuendo hizo que sus mejillas se encendieran un poco, se veía hermosa y delicada.

- Perdona, no quise despertarte ya que lucías cansado – la chica se percató de la forma como Toushirou la observaba y al instante la timidez la embargo – Encontré este vestido junto a tus cosas – señaló la silla donde el joven capitán había dejado su haori y espada – Y pensé que quizás podría usarlo, la verdad es que ya no quería traer esa bata blanca… No me gusta – declaró con un puchero.

- Te sienta muy bien, estás lindísima.

- Gracias… - el rubor se acentúo más en su cara - ¿Es un obsequio tuyo?

- Me gustaría que así fuera, pero no… - dio un suspiro y se acercó a ella – Ayer, mientras todos esperábamos noticias tuyas Matsumoto me dio una bolsa y me exigió que te la entregara. Estaba tan preocupado por ti que no puse atención a todo lo que me decía y mucho menos me fije lo que era - con sus manos agarro los mechones de cabellos sueltos que caían a los costados de aquel rostro femenino y se los colocó detrás de la orejas – Tengo una Teniente bastante astuta, sabía muy bien que necesitarías para levantarte el ánimo.

- Cuando la vea, me aseguraré de agradecérselo… sonrió, y un segundo después sintió un cálido beso, un beso lleno de amor y ternura. Inconscientemente, lagrimas se formaron en sus ojos.

- ¿Qué te ocurre? – la examino con cuidado - ¿Te he lastimado?

- No es nada, sólo que… - recargo su cuerpo en el pecho de él – Me siento aliviada de que estés junto a mí.

- Perdóname… -la abrazó con fuerza, y sintió como se estremecía – No tomé en cuenta que debes estar aún muy sensible con todo lo que pasaste, yo…

- Estaré bien… - espetó con voz quebrante y sin apartarse de su abrazo – Porque estás aquí.

Besó sus cabellos y puntualizó – Siempre…

Hinamori termino de arreglarse, decidiendo dejar su melena suelta en esta ocasión por considerar que así quedaba mejor con su inusual atuendo, sacó de la misma bolsa donde encontró el vestido unas sandalias que hacían juego y se las calzó sin problema, sin quitarse de la cabeza que su amiga Rangiku la conocía mucho mejor de lo que pensaba.

- ¿Estas lista? – Hitsugaya la esperaba ya en el umbral de la puerta.

- Sí, sólo que no encuentro mi Zanpaktou ni mi uniforme.

- Lo más probable es que los tenga la Capitana Unohana, vamos a su despacho para pedírselos – extendió su brazo, invitándola a que cogiera su mano – y de allí regresemos a casa porque imagino que no deseas permanecer ni un minuto más en este lugar.

Hinamori asintió varias veces, como una niña pequeña a la que le cumplen sus deseos.

Tras registrar el alta de la paciente Hinamori y entregarle sus pertenencias, la Capitana de la División Cuatro se aventuró en llevar a cabo algo más que estaba fuera del protocolo.

- Me gustaría aprovechar que estás aquí y sobre todo en buen estado, y consultarte varias cosas – la miró fijamente, y cruzó las manos sobre su escritorio.

Hinamori se removió en la silla, incomoda y a la vez con frío tras sentir el contacto de la piel que forraba el asiento. Una mano se posó en su pierna, y regresó a ver al hombre que estaba sentada junto a ella y de repente serenidad le volvió en sí - Por supuesto Capitana Unohana.

- Desde mi punto de vista, no hemos logrado mucho avance en su caso sólo con los análisis que le hemos hecho – cerró los ojos, buscando ser los más clara posible – Lo único que hemos logrado descubrir es que el problema está en algo que porta en su sangre y que en circunstancias aún no definidas su organismo le produce un rechazo, provocándole intensas hemorragias que le llevarían a una muerte segura.

La castaña tragó saliva, y se percató de como aquella mano que tenía en su muslo la apretó.

- Lo que quiero dar entender es que únicamente hemos resuelto su padecimiento de forma superficial y con medidas extremas; La primera vez que llegó tuve que hacer uso de mi Bankai porque que bajo otros medios ya no era posible hacer nada para salvarle, y el día de ayer pese a que su herida no era tan grave no respondió al medicamento normal y sólo a través de mi energía espiritual logre cicatrizarle, pero, en esta ocasión la diferencia que hubo fue que su sangre se encontraba estable y por ello pude intervenir.

- Capitana, quiere decir que de haber padecido lo mismo que la primera vez… - la expresión del joven Capitán se tornó sombría - Hinamori habría…

Movió la cabeza hacia delante, y espetó – Si la sangre de la Teniente Hinamori hubiese presentado lo mismo que la vez primera vez llegó, habría muerto. Tal y como le había dicho anteriormente Capitán Hitsugaya, la habilidad de resucitar almas de mi Bankai sólo es posible usarla una vez por persona.

Hitsugaya tensó la mandíbula, maldiciendo en silencio – Ese desgraciado ha puesto en peligro la vida de Momo por segunda vez, primero lo mato antes de que le vuelva a poner un dedo encima.

Hinamori miró de reojo a Toushirou y no se atrevió a sacarlo de sus pensamientos, en lugar de ello decidió afrontar su problema de una vez por todas – Capitana Unohana, si me ha dicho todo esto es porque he de suponer tiene algo en mente…

La mujer sonrió ante la acertada lógica de su paciente – Efectivamente Teniente Hinamori, lo tengo.

- Hinamori apretó sus puños en su regazo y con ansias le rogó – Por favor dígamelo, estoy dispuesta a cooperar en lo que usted necesite.

- ¡Espera Momo! – de forma involuntaria olvidó los formalismos y la llamó por su nombre – No sabes aún que…

- Puede estar tranquilo Capitán Hitsugaya – lo interrumpió ante la evidente preocupación que demostró - Jamás llevaría a la práctica ningún procedimiento que ponga en riesgo la vida de mis pacientes. Tampoco voy a negar el hecho de que lo que haré no es algo muy común, pero será de mucha utilidad y puede ser la salvación de la Teniente.

- Estoy de acuerdo – sin vacilar respondió - ¿cuándo podría ser?

- Necesito preparar varias cosas; Sin embargo, considero que es mejor que sea hoy mismo – se levantó de su lugar para caminar hasta la ventana y mirar al exterior – Por la madrugada llegó una mariposa infernal con un mensaje del Capitán General, al parecer la prueba de la Teniente Hinamori se ha pospuesto para dentro de 3 días.

- ¿Qué? – Hitsugaya se sobresaltó y retiró la mano de la pierna de Momo, la cual ahora empuñaba con fuerza el brazo del sillón que ocupaba – Es muy poco tiempo, como pueden ser tan…

- Debe estar más bien agradecido Capitán Hitsugaya, esta es la primera vez en los 500 años que llevo ejerciendo mi rango que atestiguo un cambio en las órdenes del Capitán General. Quien quiera que haya sido el responsable de ello, ha puesto mucho empeño o arriesgado demasiado.

- Abarai… - El peliblanco nombró de quien estaba seguro tenía todo el crédito.

- ¿Renji? ¿Acaso fue Renji? – Hinamori no pudo ocultar una mezcla de entusiasmo y preocupación.

- Te explicaré todo en un momento, antes debemos… - volvió la vista a la Capitana Unohana.

- Muy bien – la Capitana camino nuevamente hasta su lugar y sentándose nuevamente indicó – Vuelva por la noche Teniente Hinamori, la esperaré en el laboratorio que tenemos apartado del cuartel principal.

- Así lo haré… - se levantó finalmente – Muchas gracias por todo - antes de hacer una reverencia para despedirse notó que Toushirou no la imitó.

- Capitana Unohana – su ceño se frunció ligeramente – Al menos podría decirme que es lo que hará con Hinamori – más que una exigencia, fue una súplica.

- No mentía cuando dije que esto podría ser la salvación de la Teniente, la única forma de poder ayudarla es averiguando la raíz del problema y para ello tendré que hacerle recordar aquello que lo causó - de mirar al joven Capitán posó sus ojos ahora en la chica – Necesito que esté preparada Teniente Hinamori, porque estoy segura que usted misma es quien reprime sus memorias y de estar en lo correcto traeré de vuelta muchas cosas desagradables.

Un escalofrío recorrió la espalda de Momó, quien instintivamente se abrazó a sí misma.

Hitsugaya abandonó la silla en un instante y fue hasta ella. Acariciando sus menudos brazos logró tranquilizarla y murmuró – Si no quieres hacerlo, no te preocupes. Buscaremos otra forma… – sin dejar de acariciarla la condujo hasta la puerta, dando por hecho que era mejor desistir de la idea por ahora.

Hinamori se detuvo justo antes de cruzar la puerta, y al principio inaudible pero después con firmeza dijo – Quiero hacerlo… Lo haré.

- Momo… - la vio con ojos llenos de angustia - ¿Estas segura?

- Lo estoy… - se volteó para encarar a la Capitana Unohana, quien permanecía expectante detrás de su escritorio - Aquí estaré, tal y como me lo pidió.

El camino a casa fue silencioso y lento. Ninguno de los dos se atrevía a romper el hielo por temor a reclamos o peor aún la desaprobación por lo que más adelante iba a pasar. Una vez entraron a la acogedora morada, Hinamori no aguanto más y habló primero.

- ¿Estás enojado? – tomó asiento en el borde de la cama, sentía que sus fuerzas no estaban recuperadas al cien todavía.

- No, no es eso… - se acercó, pero no se sentó – Estoy muy preocupado, es todo.

- Acaso piensas que yo… - estrujó las sabanas con sus puños – ¿Piensas que él y yo?

- Jamás dudaría de ti - agarro el mentón de su chica con ambas manos para que fijara sus ojos en los suyos – Jamás…

- No te mentí cuando dije que tú has sido el único, te lo juro… - unas pequeñas gotas se formaron en las esquinas de sus parpados.

- Momo… - se puso en cuclillas y apoyo su cabeza en el regazo de ella – Gracias… - dio un largo suspiro, intentando ahogar los sollozos – Me hace feliz saberlo, y también te juro que creo ciegamente en ti… Todo lo que salga de tu boca, es la verdad absoluta para mí.

La chica comenzó a sentir cierta humedad en su ropa, y sin poder reprimirlo más se soltó a llorar aferrándose a los cabellos de su amado. - Perdóname, por favor perdóname por todo el sufrimiento que te he causado… y continúo causándote.

- Shhhh…. – la silencio colocándole un dedo sobre sus labios – No digas más...

- Pe… Pero… - aspiro entrecortadamente.

- Aquí el único que ha fallado soy yo… - despegó su dedo y acarició el contorno de su cara - No pude protegerte como te prometí.

- Toushirou, no es tu culpa… - la mano masculina se detuvo en su boca, y ella la besó repetidamente – Todos, todos los problemas y sufrimientos que hemos atravesado son sólo mí…

El ojiverde la silenció retirando su mano y correspondiendo sus besos con sus labios - Momo, basta… - Ella lo miró confusa – Tienes que perdonarte, por favor ya no sigas martirizándote…

- Entonces… - lo rodeó con su brazo, atrayéndolo hasta su cuello – Tu también perdónate, perdonémonos juntos nuestros errores. Sólo así podemos comenzar una nueva vida juntos, sin más dolor…

- Te amo… - su voz se rompió, el llanto lo había dominado – Te amo tanto…

- Yo más… - lo rodeo con su otro brazo – Con toda mi alma…

El peliblanco sintió como todas sus aflicciones se iban derramando junto con sus lágrimas, todos los sentimientos de ira, tristeza y sufrimiento se desvanecían. El desahogarse, lo ayudo mucho. Su mente estaba ahora despejada y su corazón vacío de toda negatividad. Miró esos ojos castaños como si estos contuvieran la respuesta que buscaba, su futuro y su destino.

Él se puso de pie, y la ayudo hacer lo mismo. Acercó su rostro a su pecho e inhalo el aroma de su piel, llenando sus pulmones de su exquisita esencia. Los cordones que sujetaban el vestido a sus esbeltos hombros los retiró con suavidad, y con grácil rapidez la seda descendió por el menudo cuerpo femenino, revelando sus formas y bellezas.

Hinamori no profirió palabra, se dejó llevar por la sensación de todo aquello. Su cuerpo respondía gustoso a cada caricia y movimiento, aumentando su temperatura y con una humedad creciente en el fondo de su ser.

Con mucha agilidad despojó a su amada de las prendas que restaban, y la recostó sobre la cama. Mientras contemplaba maravillado su cuerpo desnudo que respiraba de forma agitada, él se fue quitando su ropa con calma y callando todo pensamiento. En cuanto terminó, se colocó encima de ella extendiendo ambos brazos a la altura de la cabeza. La miró, sumergiéndose en el color oscuro de aquellos ojos castaños y sin más reparo se dejó caer en esa profundidad.

El roce, el calor y sabor de la piel era simplemente demasiado, sus cuerpos unidos se movían como uno solo y no alcanzaban a saciar todo el deseo que sentían. Él no dejaba de acariciar cada parte con frenesí pero sin descuidar la delicadeza al ritmo de los cambios de voz de su mujer, quien parecía guiarlo sobre que le gustaba y que la hacía perderse en sí.

Se amaban, con locura y pasión. Y ambos lo demostraron, sus almas quedaron al descubierto y llenas de su mutuo sentir.

Había transcurrido la mañana, Hitsugaya abrazaba a su amada quien ya dormía plácidamente sobre su pecho. Odiaba tener que separar su cuerpo del suyo, pero, por más deseara permanecer así durante toda la eternidad, debía ocuparse de asuntos de la vida real.

Se separó de ella con sumo cuidado, procurando no despertarla. Conseguido esto, cubrió la desnudez de ella con una sábana, esperando fuera lo suficiente cálida.

- Muy pronto… - se dijo asimismo – No tendré que separarme de ti tan rápidamente…

Se vistió de forma automática, y tras dar un último vistazo a la figura dormida de su amada, cerró la puerta corrediza de su habitación.

Rápidamente hizo varios conjuros para invocar mariposas infernales, las cuales portó con instrucciones tanto para sus subordinados y amigos. Sólo era cuestión de esperar unos minutos para ponerse al corriente de todo el caos desatado ayer.

En el lapso que le llevó preparar un poco de té, sintió una presencia acercarse a la puerta principal, y justo antes de que tocara para anunciar su llegada él ya estaba parado enfrente.

- ¡Ta! .. – la calló cubriéndole con ambas manos la cara, alcanzado sólo a mascullar - Taichou… No me provoque esos sustos.

- Tú tienes la culpa por ser tan escandalosa – la regaño, e hizo un ademan para que guardara silencio – Pasa, y modera tu voz ya que Momo está dormida.

- ¿Momo? – arqueo una ceja – ¿Ya le llama por su nombre a Hinamori Chan?

El joven Capitán asintió esbozando una sonrisa.

- Me da mucho gusto por Usted, ya se había tardado…

- Matsumoto, ¿investigaste lo que te pedí? – le señalo el sofá para que tomara asiento y al hacerlo, la secundó - ¿Qué noticias me tienes del novato Tanaka Ryota?

La rubia negó con pesadez – Nada bueno, no se ha reportado en el cuartel desde hace dos días. Ahora que lo pienso la última vez que lo vi fue cuando…

- Cuando nos entregó el sobre con los análisis de Momo, ¿no es así? – la interrumpió, adivinando lo que diría.

- Está en lo cierto – cruzó la pierna y se recargo a sus anchas – De cualquier forma, he pedido a otros miembros del cuartel que investigaran si había vuelto a su casa o si quizás está con algún familiar o amigo, pero, no tengo muchas esperanzas en ello. Ningún novato desaparece así como así, todos tienen la gran ilusión de pertenecer algún cuartel y más si trata del nuestro, nuestra reputación nos preside.

- Ya veo… - tomó una de las dos tazas que había en la mesita de centro, y sorbió ligeramente.

- ¿Por qué el repentino interés en ese novato Taichou?

- Él fue quien abordó a Momo el día que la raptaron – dejó la taza sobre la mesa – Bueno, inicialmente así fue…

La expresión de su segunda al mando mostró desconcierto y le cuestionó - ¿A qué se refiere?

- El alma de ese novato fue usurpada por el verdadero enemigo… - su ceño se arrugo con molestia – Reegan.

- ¿Reegan? – se incorporó de su relajada postura - ¿Y ese quién es?

- No puedo darte muchos detalles del desgraciado ese, porque ni yo mismo los conozco. Lo único que tengo claro es que conoció a Momo durante los 10 años que se ausentó.

- ¿Pero cómo la conoció? – lo interrogó de forma impulsiva, y él le dirigió una de sus miradas de advertencia cuando por lo general le hacía esas típicas preguntas tontas – Ah, lo siento… - rió nerviosa.

- Momo también dijo algo de lo cual estoy seguro – entrelazó sus manos – Lo más probable es que ese Novato ya esté muerto. Y como están las cosas, no dudo en que el enemigo vuelva hacer uso de la misma técnica con el fin de acercarse nuevamente a Momo.

- Por lo que entiendo, ese tal Reegan lo que quiere es a Hinamori Chan ¿correcto?

- Así es… - resoplo con enfado – Pero antes lo mato, a Momo no se le volverá acercar nunca.

- Yo lo apoyaré en lo que me pida, Taichou.

Regresó a verla, y vio en sus ojos esa confianza que siempre le había transmitido – Es por eso que te mande a llamar.

- ¿Qué necesita Taichou? – se levantó del sofá, con el fin de recibir sus órdenes.

- Necesito que te quedes aquí un par de horas, y cuides a Momo - al igual se levantó de su lugar y camino hacia la puerta – Me imagino que a estas alturas ya estás informada sobre la postergación de la Prueba ¿no?

Matsumoto respondió inclinando la cabeza.

- Bueno, debo encargarme de varias cosas relacionado con eso y también debo prevenir al Capitán General sobre este nuevo enemigo. Espero no demorarme mucho y regresar lo más pronto que pueda… - abrió la puerta de la entrada y antes de salir musitó – Por favor cuida bien de Momo, estoy dejando mi vida en tus manos – dicho esto, desapareció.

- Sí… Taichou – la rubia respondió al aire.

En la oficina del Capitán de la Quinta División, se escuchaba el bullicio desde los pasillos de varios allí reunidos, pero los oficiales que por necesidad tenían que cruzar por allí pasaban de largo ignorando todo ese ruido.

- Te digo que no debe de tardar… - varias venitas saltaban de la amplia frente de un pelirrojo - ¡Así que siéntate y deja de dar vueltas que me estresas!

- ¿Yo te estreso? – un alto joven de pelos naranjas le reclamó ofendido - ¡Tú me estresas a mí nada más de verte allí sentado sin hacer nada!

- ¿Y qué quieres que haga? – se paró con enojo, botando su sillón hacía atrás - ¿Qué me ponga a dar de vueltas en la oficina contigo?

- ¡Pues al menos ya es algo!… - le gruño.

- ¡Ya basta ustedes dos! – alzó la voz una mujercita sentada en el sofá de la esquina – Parece ser que nunca pueden estar en paz, ¡parecen niños!

- Rukia, en verdad no sé porque siempre tienes que traerlo contigo – se dejó caer al sillón – si deseas tratar cualquier tema conmigo y de forma civilizada, simplemente no lo traigas porque es obvio que no sabe comportarse.

- ¡Qué te pasa idiota! – dio un puñetazo al escritorio, llamando su atención – ¡Si no soy una mascota!

- ¿Ah no? – Renji torció la boca burlonamente – A mí me parece más bien que eres el pequeño gatito de Rukia – y para colmo del otro le empezó a maullar.

- Tú te lo buscaste… - alzó su puño y a punto de dar un golpe, la pequeña mujercita ya lo tenía sujetado por la oreja – ¡Arrrggghhh Rukia! ¿Qué te crees que haces? ¡Suéltame!

- En serio… - le gritó directo al oído – ¡Compórtate una vez en tu vida!

Renjí estallo en risas ante aquella escena, y antes de poder decir alguna otra burla una cachetada lo calló en seco.

- ¿Oye porque me pegas a mí? – se sobó el cachete enrojecido.

- Porque tú lo provocas, así que también compartes la culpa – cruzó los brazos exasperada – ¡No olviden porque estamos aquí!

De repente la seriedad de la situación golpeo la cabeza de los dos y sin más aplacaron sus ímpetus.

- Ichigo, tú fuiste quien tuvo la oportunidad de ver aquel sujeto – clavó sus grandes ojos azules en él – Así que por favor dinos, como es y qué tan poderoso lo percibiste.

- No puedo decirles mucho… - el aludido bajo la mirada apenado – Fue un encuentro muy rápido, cuando Toushirou y yo dimos con él no pudimos atacarlo puesto que tenía a Hinamori como rehén,

- El Capitán Hitsugaya nunca se atrevería atacar si con ello pusiera en riesgo la seguridad de Hinamori… - declaró Renji.

- Si y desafortunadamente por esa razón logro escapar. Y bueno, que más les puedo decir es un tipo bastante raro, tiene los cabellos blancos y muy largos, su piel es igual de blanca y esta del tamaño de Renji y mío – se rascó la barbilla, intentando abocar más detalles – Ah sí, lo que si recuerdo bien es que tienen unos ojos muy… de un color rojo muy peculiar…

- ¿Peculiar? – repitió dudosa la ojiazul.

- Bueno… muy raros también –exhalo una bocanada de aire en señal de fastidio – Es un rojo como el fuego, como si fueran dos flamas…

Los dos oyentes se miraron perplejos ante aquella descripción.

- ¡Si serán tontos! – los regaño al sentirse incomprendido – Ya no les contaré más…

- No te enojes Ichigo – Rukia posó una mano sobre su hombro – digamos que necesitaríamos ver al sujeto para entenderte mejor lo que dices.

Aquel comentario tranquilizó al Shinigami.

- Bueno y dinos… - Renji ya estaba lleno de curiosidad – ¿Te dio la impresión de ser poderoso? Debe serlo ¿no? – alzó las manos para reafirmar su deducción – Pues logro escaparse de ustedes…

- Pues… - se rascó ahora la nuca – Supongo que sí, bueno es que… De lo que si estoy seguro es que debe ser muy hábil con las artes demoniacas ya que uso una técnica que no he visto antes para desaparecer de nuestra vista junto con Hinamori, y también hizo algo muy extraño cuando por fin logramos encontrarla – pausó y trato de buscar las palabras adecuadas – Por lo que le entendí a Toushirou el campo de fuerza que utilizó para ocultar a Hinamori lo alimento directamente con la energía de ella, y es por eso que cuando use mi espada para romperlo el daño lo recibió directamente el cuerpo de Hinamori, ó algo así… - se rascó con más inquietud – Ya saben que no se mucho de eso del Kidoh y demás cosas…

- Más bien tú no sabes mucho de nada… ¡Tarado! – el pelirrojo dijo ya alterado.

- ¿Qué dijiste estúpido? – lo miró con rabia.

- ¡No vayan a empezar otra vez! – les volvió a gritar, y ya con calma se dirigió al pelinaranja – Ichigo, si lo que dices es cierto efectivamente se trata de un enemigo de alto nivel, las técnicas que mencionas no son originarias de algún entrenamiento de la Sociedad de Almas… - le retiró su mano del hombro y se la puso debajo de su pequeño mentón – y la descripción que diste no encaja con ningún tipo de Hollow, Arrancar o algo con lo que nos hayamos enfrentado antes…

- No importa lo que sea, la próxima vez que lo encontremos acabaremos con él – aseveró posando sus manos en la cadera en señal de victoria.

- ¡De eso puedes estar seguro!

Una voz familiar los abordo desde atrás, haciéndolos voltear enseguida.

- ¡Capitán Hitsugaya! – Rukia se sobresaltó al verlo – Acaso escucho…

- Todo… - le respondió sin preámbulos – Y agradezco el interés que han puesto en esto, valoro mucho su ayuda.

- No hay nada que agradecer Capitán Hitsugaya – Renji profirió – Hinamori es nuestra amiga, y haríamos cualquier cosa por ella.

- Sí, lo sé… - sonrió complacido al escuchar tales palabras – Sobre todo tú Abarai has demostrado ser un amigo muy leal.

- ¿Por qué dices eso Toushiro? – preguntó atónito Ichigo.

- Vengo de haber conversado con el Capitán General, tenía que ponerlo sobre aviso acerca del intruso, más bien enemigo – camino hasta ellos – Y aproveche para consultarle sobre la postergación de la prueba de Momo.

- ¿Momo? – repitieron a coro los tres.

Una gota resbalo de la cien del peliblanco, y con ligera irritación les contesto – Bueno, Hinamori.

- Me parece conmovedor que ya se refiera a Hinamori Chan de esa forma, lo felicito Capi… - Ichigo con un veloz movimiento tapó la boca de Rukia, y esta al ver la expresión de temor que tenía la cara del chico dejó el tema por la paz. Ichigo respiró con alivio, pues ya veía una tormenta de rayos reflejarse en los ojos del pequeño Capitán.

- Entonces ya lo sabe…- Renji desocupó su asiento y se recargo en la esquina del escritorio, de esta manera podía dar mayor atención a sus visitantes - He puesto en juego mi Capitanía por salvar la prueba de Hinamori, y con ello su estancia en la Sociedad de Almas.

- Renji, eso implica que si Hinamori Chan falla o no se presenta a la prueba, tú también serías expulsado – Rukia le explico con cierta preocupación.

- Asi es… - curvó los labios y con plena confianza espetó – Pero eso no sucederá, Hinamori antes de ser mi Teniente es mi amiga, y sé que no me defraudará.

- ¡Bien dicho Renji! – Ichigo lo adulo con honestidad, lo cual tomó por sorpresa al pelirrojo sonrojándose un poco.

- Nuevamente, muchas gracias Abarai – el joven Capitán le reiteró su sentir.

- En fin, recibimos su mensaje Capitán Hitsugaya y por eso estamos aquí… - aclarado el primer punto, Rukia se concentró en dar paso al siguiente - Por favor díganos, cuál es su plan.

El ojiverde cambió su semblante, a uno que mostraba frialdad y malicia – Primero que nada, deben estar conscientes que lo que haremos será totalmente en contra de la reglas de la Sociedad de Almas, así que…

- Despreocúpate Toushirou… - Ichigo sonó relajado – Estamos acostumbrados en actuar en contra de las reglas, es más, ya somos todos unos expertos...

Dicho esto y tras unas cuantas carcajadas, el peliblanco empezó a compartirles su plan.

En las profundidades del bosque, una sombra regresaba a su escondite. O al menos eso creía, pues su escondite ya no lo era del todo. La barrera con la que había asegurado la zona ya no estaba activa, lo que solamente significaba una cosa.

Se apresuró en llegar a la vieja casa donde había dejado a su presa, y tras azotar la puerta de la habitación en la que la había encerrado, no pudo ahogar los gritos de rabia al no encontrarla allí.

- ¿Cómo pudiste? ¿Cómo? – con sus puños destrozaba todo a su alrededor- ¡Te tenía! ¡No debí dejarte!

Entonces, en medio de su reacción iracunda una mancha en el suelo capto su atención.

- Esto es… - se arrodillo para percibir mejor el color y olor de aquello – ¡Es tu sangre!

Rompió el pedazo de suelo manchado.

- ¡Esos malditos bastardos! – vociferaba a todo pulmón - ¡Estoy seguro que fueron ellos!

Tras salir de aquella casa y destruirla de un solo golpe de energía, sosegó su ira más no su odio, para finalmente sentenciar – Voy a tenerte Momo, serás sólo mía… Así tenga que matar a todos los bastardos que se interpongan en mi camino.

Notas de la autora:

Al menos en esta ocasión no demoré años en actualizar, de cualquier forma si fueron varios meses así que me disculpo por ello. Les hago saber nuevamente mi compromiso de que este fic tendrá un final, y por supuesto digno y satisfactorio.

Sé que en mis notas anteriores mencione que en este capítulo abordaría el pasado de nuestro villano, pero, simplemente consideré que faltaba algo más antes de llegar a ello y bueno fue lo que justo acaban de leer. Tuve la sensación que era muy importante definir y sobre todo fortalecer de una vez por todas la relación de nuestros protagonistas, lo cual espero le haya gustado (si bien se dieron cuenta, incluimos nuevamente algo de leemon XD Así que díganme que tal lo hago, ó mejor ya omitimos esas partes…)

Y es hora de pasar a los agradecimientos:

Vicky-chan16: Gracias por agregarme a tus favoritos, todo un honor y más aún el que hayas leído tan rápido mi historia. Un abrazo y mis mejores deseos.

Nelliel Kurosaki: Por supuesto que jamás dejare de creer en esta linda parejita, hitsuhina 4ever! Espero que el autor original de esta gran historia tenga la decencia de ya compensar tanto sufrimiento que le ha hecho pasar. Muchas gracias por tu comentario.

Hey-Nana: Wow todo tu comentario me ha dejado realmente fascinada, agradezco de todo corazón cada una de tus palabras. Noto que eres una niña bastante observadora y efectivamente estás en lo cierto, no es algo sencillo tratar de preservar la personalidad de cada personaje pero a mi punto de vista es lo correcto y me gusta respetar lo ya creado por el autor, simplemente digamos que no estamos muy de acuerdo luego con cada situación (sobre todo dolorosa) por lo que hace pasar a sus personajes y de allí nacio este fic, decidí que al menos si podía contribuir un poco en crearles felicidad y romance en sus vidas, pues vamos! No se pierde nada… Y lo más valioso de todo eso es ganarse comentarios como el tuyo. Ah por cierto, referente a tu fic, te refieres al de "Quinto Piso" si es así ya comencé a leerlo y tengo muy buena impresión, ahí pronto te dejaré mi huella en los reviews jejejeje….

ambar51chick: Lo continuaré, lo juro! He aquí prueba de ello :D gracias por tomarte el tiempo dejarme un comentario.

hinamori mayde: Vaya me siento muy halagada, que dedicación tuviste en leer todo mi fic en tan sólo dos días. Por cierto, estás súper chavita y eso habla muy bien de ti ya que a tan temprana edad tienes muy definidos tus gustos. Lo que menos deseo es hacerte entrar en desesperación y me disculpo por hacerte esperar tanto por este capítulo, es más el día de ayer cuando estaba revisando detallitos del mismo me llego tu mensaje y no sólo sentí que te lo debía, sino un gran sentido del compromiso se apoderó de mi y ahora más que nunca me siento inspirada, y te agradezco mucho todo tu apoyo!

Buenos queridos viejos y nuevos lectores, me despido y aprovecho para spoilearles un poco de lo que vendrá… Obvio el pasado de Reegan, emocionantes batallas y si ustedes lo piden más lemon XD (estoy abierta a sugerencias…)

Cuídense y gracias!