UN BREVE INSTANTE

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Este capítulo fue modificado en su mayoría. Aunque la esencia del primero sigue. Solo fueron removidas escenas que a mi parecer no me eran agradables y no cumplían con mis expectativas.

¡MIL DISCULPAS POR LA MOLESTIA!

Felices fiestas, un abrazo a todas ustedes.

Aquí tomare algunos de los personajes de la serie, solo con fines de este capítulo, para que no exista confusión.

Cursiva: pensamientos y/o sueños.

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El frió que sentía era infernal, aquellas tierras eran tan terribles como inhabitadas. No entendía como alguien podría hacer una vida en ese lugar. Se atajó entre algunas rocas para evitar un poco las ráfagas de aire congelado que pasaban como afilados cuchillos sobre la piel algo magullada.

Llevaba más de una semana caminando a todo lo largo y ancho del interminable y desolado lugar, buscado cualquier indicio, cualquier pista que le diera alguna señal de dónde ir. Exhaló cansado. Se maldijo. Si tan solo no fuera tan cabezota, hubiera preguntado al anciano, exactamente donde la vio por última vez.

Sacó de su mochila un envase con agua y la bebió hasta el fondo para limpiar la tierra que se había instalado en su garganta. Miró el cielo, tan distinto a su hogar. Rectificó. Como al que fuera su segundo hogar. Pues aquel que miraba siempre se pintaba de rojo, un color que no le inspiraba mucha confianza.

Ladeo su rostro cansado, por donde lo viera, siempre tendría la misma tonalidad. Jamás tomaría el color de la noche, nunca se vería una estrella en el horizonte. Cerró sus ojos cansado de mirar siempre el mismo espectáculo, nunca sabia cuando empezaba la noche y comenzaba el día, solo se guiaba por lo cansado que se sentía y dormía hasta que su cuerpo se lo pidiera.

Abrió nuevamente sus ojos al sentir un leve, pero molesto dolor.

Con la punta de la lengua comprobó el sabor metálico aún latente en aquel labio roto. No podía verse en un espejo, pero sabía, con seguridad, que aún mantenía aquel color purpúreo en su mejilla.

Sabía que las heridas hechas con odio tardaban más en curarse. Sonrió encantado de la vida. Regresaría con creces aquel atrevimiento. De eso, él se encargaría.

Esbozo una sonrisa burlona.

Pobre imbécil, si creía que él le temía.

No, el dueño del Amil Gaoul no teme.

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Por eso aquella mañana abandono su hogar, antes que el sol se asomara, sin mencionarlo y procurando que nadie lo viera entrar a la sala de desplazamiento para poder marcharse. Estaba seguro que el anciano se molestaría cuando volviera, pues en su huida, había dejado inconsciente a uno que otro guardia que intento frustrar sus planes.

Poco le preocupo el asunto en esos momentos y le preocuparía menos cuando regresara.

Cubrió su rostro evitando que las pequeñas partículas de arena golpearan su rostro. Salió de su escondite y se dispuso a caminar nuevamente, quizás en su camino se topara con alguna aldea destruida, donde pudiera darse refugio, o tal vez alguna cueva, en esos momentos cualquier cosa era buena.

Se mantuvo caminando contra el viento durante horas, sin encontrar a su alrededor algún refugio que pudiera cubrirlo de aquel infierno. Tocio. Si continuaba así, moriría por estar respirando tanta arena. Sus pasos comenzaron a alentarse y su tos a empeorar.

A lo lejos pudo ver una grieta. Talló sus ojos para que su visión mejorara y apretó el paso. Sin duda alguna era una pequeña cueva en ese desértico lugar. No era una choza, pero preferible a que se quedara a la intemperie. Sacudió su ropa y se introdujo hasta el fondo de la cueva.

Sentado a una prudente distancia frente a la fogata, yacía un Zed pensativo e hipnotizado en los movimientos atrayentes de aquellas llamas de un vivo color.

..

Una dulce voz cantaba en su oído.

Una dulce y atrayente, que se mezclaba con el viento.

Una, que traía su nombre entre sus cantos.

..

Zed…

.

Se despertó agitado.

¡Ah! ¡Cariño, está vivo!

Zed levantó asustado y aturdido. Se había quedado dormido. Gran error. Ese no era, ni el lugar, ni el país para quedarse dormido así como así. Miró a su alrededor. Sus cosas seguían ahí, y a su parecer no tenía alguna herida por qué preocuparse.

¡No te le acerques! – gritó otra voz a las afueras del improvisado refugio.

Viro sus ojos verdes. Miró a la chica. Sus vestimentas eran extrañas y de vivos colores. Tenía gran parte del rostro cubierto, dedujo que era para cubrirse de la tormenta allá afuera.

No creo que sea peligros – examinó la mirada rosada desde su posición – se ve inofensivo.

¡Mirret, por una vez en tu vida has lo que te digo! – pidió algo molesto el chico que ya estaba a su lado.

Pero..

¡Nada de peros! – exigió retirándose la tela que le cubría el rostro.

Zed miraba aquel espectáculo sin hablar, si él hubiera sido un enemigo, esos dos ya estarían muertos. O quizás él lo estaría.

Pero Guitra - ella también se quitó la tela y vio su cabello blanco, como el de él. Se veía tan joven y frágil – no creo que él sea un asesino, tan solo míralo – volteó a donde se encontraba el oji verde.

Cariño – dijo cansado – tú ves a todo el mundo con buenos ojos – acarició su cabeza. Ella sonrió dulce.

Aquel hombre era más alto que ella. Su cabello negro estaba trenzado y sus ojos violetas, mostraban un sumo amor por aquella chica.

¿Estás perdido? – formuló poniéndose frente a la chica de pelo blanco en forma protectora. Frunció el entrecejo al no recibir respuesta - ¿puedes hablar?

Sí..

Mira amor, si puede – se emocionó la jovencita saliendo de su escondite.

Lo veo – respondió tomándola de la mano - ¿estás perdido?

No.

¿Eres un espía?

Tampoco.

Por tu apariencia sé que no perteneces a esta tierra – su voz era firme, dispuesto a luchar si en algún momento se revelara - si no estás perdido, ni eres espía y deduzco por tu forma tan extraña, que tampoco soldado de Task. ¿De dónde vienes?

Templar – se paró y sacudió su ropa. Tomó sus pertenencias dispuesto a salir.

Estas muy lejos de casa – fue la chica que habló.

Si, muy lejos ¿Podrías decirme que haces aquí? – volvió a colocar a la joven detrás suyo.

Vine a buscar a una persona – respondió serio, pasando a su lado – lo siento si esta cueva era su refugio.

¡Guitra! ¡No podemos dejar que se vaya así!

Pero no sabemos nada de él – respondió simple al reclamo.

Está buscando a una persona, tal vez podamos ayudarlo – pidió anhelante – ¿por favor?. Sé que tú puedes ayudarlo. Viene de muy lejos y no conoce estas tierras y podría perderse o pasarle algo mucho peor.

Él no ha pedido nuestra ayuda y dudo que la necesite – miró con recelo al chico que se alejaba – se ve que sabe lo que hace. No hay que preocuparnos.

¡Pero Guitra!

Mirret…

¿Sí? – parpadeó dulcemente - te lo pido.

Soltó un suspiro pesado y se sintió rendido.

¿Cuándo cambiaras? – cabeceó.

¡Muchas gracias! – salió corriendo para detener al peli-blanco.

¡Pero no te le acerques mucho! ¿¡Mirret, escuchaste! – corrió tras ella.

…*…*.…*…*….

¡Vaya! Es mucho tiempo. Y más si has estado solo – soltó con tono melancólico – debe ser difícil.

Lo sé – caminaba a paso lento junto a la chica que se le notaba muy interesada en su historia.

Era una pareja muy joven. Se había sorprendido cuando se enteró que eran esposos. Pensó que quizás podrían ser hermanos, primos, incluso amigos, pero jamás cruzo por su mente tal cosa. Mínimo tendrían su edad, si no es que dos años más. Eso no quitaba que fueran aún muy jóvenes

Forastero – llamó Guitra desde más adelante- no te atrases.

Creo que a tu esposo le molesta mi presencia – aceptó con un semblante serio, característico del joven.

Guitra es muy precavido con los extraños – sonrió – que no te engañe, suele ser muy amable con las personas.

Zed asintió.

Solo que se ha vuelto muy duro – miró la espalda de su esposo metros más adelante – Cuando salimos huyendo de la opresión, los soldados hicieron todo lo posible por detenernos – suspiró- vio morir a muchos de sus amigos – miró a Zed – has de saber que Task tiene una extraño método en imponer sus reglas - el peli-blanco negó – Ya sea hombre o niño, cuando las tropas te tienen, estas perdido, estas obligado a acceder si no quieres ver a tus seres queridos morir frente a tus ojos . Cuando ellos llegaron a nuestro pueblo, él no tuvo mucho tiempo en pensar, ni mucho menos de pelear – hizo una pausa- creo que siente remordimiento por abandonarlos, pero es que solo tuvo tiempo de tomarme de la mano y salir huyendo.

Zed miraba más adelante a aquel hombre.

Fue muy duro – continúo – recuerdo que no paraba de llorar por que tenía frio y hambre. Él se las ingeniaba para mantenerme caliente y con el estómago lleno. Y aunque él no se quejaba, sabía que sufría, por eso trato de ser fuerte y no quejarme mucho. Le ayudo en todo lo que puedo. Guitra es todo lo que tengo en este mundo, no sé qué hubiera hecho si no estuviera conmigo.

Y ¿Tú familia? ¿La de ambos? – aventuró a preguntar.

La chica negó triste mirando algo perdido entre tanta tierra seca.

No sé.

El silencio se hizo largo y algo incómodo para el joven guerrero que caminaba a paso lento junto a la chica que se mantenía perdida en sus pensamientos. En sus adentros se maldijo por haber sacado aquella pregunta que seguramente la había incomodado. Hasta que ella continúo.

Debe ser una persona importante para dejar tu hogar y aventurarte a este país en constante guerra.

Zed le miró por un par de segundos, buscando las palabras más adecuadas y no volver a cometer un error.

Así como a ti, le arrebataron su vida. Aunque tú tienes mucha suerte, lo tienes a él – señaló a su esposo – ella al contrario estuvo sola, muy sola. A causa de ello, retiene mucho rencor y odio – su mirada verde regreso a su compañera - Yo prometí cuidarla.

Ahora ella tendrá suerte- sonrió- te tiene a ti - Él cavilo por unos momentos aquellas palabras.

¿Quieres pasar la noche en nuestra casa?

No creo que a él – señaló con la cabeza a su amado esposo que caminaba delante de ellos a una distancia prudente – le sea de mucha gracia.

A él no le importara – aseguró.

¿Cuánto falta para llegar? – preguntó mirando a su alrededor, evadiendo la invitación de la chica. Su cuerpo comenzaba a doler a cada paso, y comenzaba a dudar que pudiera dar un paso más.

Faltaría menos si dejaran de platicar y caminaran más rápido – contestó Guitra, mientras detenía su paso y tomaba su lugar junto a su joven y risueña esposa. Señalo a la lejanía – pasando esas rocas esta nuestro hogar.

Mirret, lo tomó por la mano emocionada.

Después de un tiempo encontramos el lugar idóneo para vivir, era perfecto, oculto entre las rocas y las continuas tormentas de arena que se formaban a unos kilómetros de la casa, se alzaban como una cortina – volvió a sonreír- al parecer nos protege – hizo una pequeña pausa y continuo para poder mirar a su esposo - Guitra, acaba de aceptar mi invitación para dormir en la casa ¿no te parece maravilloso? – su amado esposo levanto una ceja, al tiempo que ponía los ojos en blanco. Ella no cambiaba, si no fuera por él, tendría la casa llena de extraños. Jaló a la chica para que siguiera caminando - Descansaras, y por la mañana preguntaras por aquella a la que buscas – suspiró cansado, ahora tendría que aguantarlo durante una noche.

Mirret miro a su espalda sonriéndole a Zed. Él regreso el gesto.

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Zed suspiró derrotado.

¿Cuánto más tendría que estar en ese lugar?

Eran pocos los ciudadanos se mantenían ocultos entre las rocas, muchos kilómetros más alejados de su ahora, hogar temporal. Y ninguno conocía a la chica que buscaba, y no era de esperarse, esos lugares eran imposibles de llegar.

¡Bienvenidos! – recibió una risueña voz en la entrada de la puerta - ¿Tuvieron suerte? – Preguntó a su marido, el cual inmediatamente negó – ¡oh! qué pena – miró a Zed - Pero no pierdas las esperanzas en encontrarla – animó al chico que comenzaba a introducirse en la casa – ¿Es una persona sumamente importante para ti, no es verdad?, no debes dejarla ir.

Zed solo asintió, entre escuchando y no haciéndolo, se encontraba algo cansado para eso.

Creo que cuando una persona ha encontrado a ése alguien, nada ni nadie, pueden impedir que estén juntos, aun cuando se les presente las pruebas más difíciles. Si eres perseverante y tienes fe, todo puede ocurrir. ¿No lo crees? – le sonrió al pensativo Zed y suspiró - ya estás aquí, no pierde nada intentándolo un poco más ¿o sí? – le miró intrigada por la falta de respuesta del peli-blanco - por lo que me has dicho no has dejado nada importante en tu país que reclame tu presencia. No veo por qué no quedarte un poco más. Las oportunidades solo se tienen una vez y si no las sabes aprovechar te arrepentirás toda la vida – miró unos segundos a su esposo en la pequeña cocina – quién sabe, mañana puedes encontrarla.

¿Mirret..?

Has venido de tal lejos por ella, que sería algo descabellado darte vuelta y dejarlo.

¡Si, ya voy! – respondió al llamado de su esposo – vamos a cenar, deben estar hambrientos ¿verdad?

Zed solo se quedó en el umbral de la puerta pensativo, con una cosa muy clara en la cabeza, tenía que salir de esa casa.

…*…*.…*…*….

¡¿Cómo que te vas? – se encontraba asombrada por la noticia.

Si, pido disculpas por tantas molestias – miró a ambos – pero, ella no está aquí. Y yo no debo importunarlos más de lo que ya he hecho.

No hay necesidad de ello. Sabes que eres bienvenido a esta casa cuando quieras, Zed – habló Guitra tomando de la mano a su joven esposa.

Zed sonrió a tan amable gesto.

Hoy será mi última comida con ustedes - el esposo asintió, pues lo había acompañado a cada una de sus búsquedas – agradezco su hospitalidad.

Entendemos, y te deseamos un buen camino – dijo la joven y triste mujer. Al fin y al cabo, él no debía permanecer más tiempo con ellos cuando tenía una persona esperándolo.

Zed se puso de pie dispuesto a ir a su improvisada alcoba para empacar las pocas pertenencias con que había salido de su hogar. Volvió los ojos a la agradable pareja y pudo observar que él besaba los labios femeninos, ella tomaba una distancia prudente y decía algo en su oído, haciéndole sonrojar. Una sensación invadió su pecho, una, que en las últimas semanas en su compañía se había hecho más presente.

Envidia.

Se volteó rápidamente, no quería invadir aquellas muestras de cariño tan privadas que solían darse cuando fingía no darse cuenta. Así era mejor, si pasaba más tiempo en ese lugar lleno de cariño, perdería el sentido de aquella búsqueda.

..

..

Al siguiente día se despidió de aquella pareja, prometiendo que volvería una vez que encontrara a la chica para que la conocieran.

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Caminó sin rumbo fijo durante un par días. En su andar, se topó con muchos soldados y poco gente, a la que al verlo huían temerosas de que fuera uno de los que tanto temían. Tendría suerte si entre ellas estuviera oculta Yuria, aunque no guardo mucha esperanza en ello.

Cuando se dio cuenta, habían trascurrido más días, y él seguía sin respuestas. Al salir de su hogar, creyó fácil la misión, pero siendo solo un hombre le era imposible abarcar más terreno. Bien podría buscar en un sitio y ella se estaría desplazando a otro en el mismo momento, o incluso pasar por donde él ya había buscado, sentía que estaba caminando en círculos. Los paisajes eran todos iguales y juraba que ya había andado por el mismo lugar rocoso una y otra y otra vez. En varias ocasiones había raspado con su espada las rocas, solo para asegurarse de que no estaba caminando por el mismo lugar, pero conforme recorría el interminable camino se daba cuenta que no había error y su ansiedad dejaba de presionar su cabeza por unas horas, hasta que se volvía hacer presente y comenzaba de nuevo a preguntárselo y a marcar.

Se detuvo a tomar un poco de agua para refrescar su seca garganta. Ahí no era problema el calor, pues no había ningún astro rey que lo iluminara, sino el frio que helaba sus huesos a cierta hora, donde suponía que era de noche.

¡Mamá! ¡Mamá!

Escucho un grito detrás de unas rocas. Se aproximó con sigilo, era una niña que miraba en sentido opuesto.

¡Corre! ¡No te detengas! – gritaba la que supuso era su madre - ¡si te encuentran no podremos ser libres!

¡No quiero irme sin ti! – se aproximaba a la mujer tirada en el suelo.

¡Yo te alcanzare, pero corre y no te detengas por nada! – le aseguró, pero Zed pudo ver el mal estado en que se encontraba y sabía que eso era mentira. Era una mujer menuda y sumamente debilitada, ella no le alcanzaría como había prometido.

Salió de su escondite asustando a la pequeña y caminando rumbo a la madre.

¡Por favor! ¡A ella no le haga nada! – le gritaba la angustiada mujer postrada sin poderse mover - ¡solo es una niña! ¡Ella no le causara problemas, déjela ir, se lo suplico!

¡Mamá! – lloraba la niña.

¡Huye! – le gritaba aterrada - ¡por favor señor! Nosotras no tenemos la culpa..- fue un hilo de voz la que salió de su boca, mientras inclinaba su cabeza derrotada – no nos haga nada…por favor..le suplico por su vida….no..

Zed se agacho ante la mujer, quien la tomó entre sus brazos. Podía escuchar el llanto de su hija unos metros más atrás y el grito que soltó cuando la tomó. Sintió el cuerpo femenino tensarse y temblar de terror, para después pasar a un asombro e incredulidad cuando la condujo, junto a su hija que no paraba de llorar.

No le hace daño – aseguró el peli-blanco muy serio – deje que la lleve a un lugar más seguro.

Ella se mantenía callada y asombrada por tal amabilidad. Con delicadeza la dejo nuevamente en el suelo y curo sus heridas.

Gracias– dijo conmovida la mujer.

No tiene por qué, era mi deber, no podía dejarla ahí tirada.

No, supongo que no – respondió con una sonrisa apagada.

¿Mamá? ¿Te duele? – preguntó mirando su tobillo roto. Zed también miraba sin creérselo, ¿Cómo había podido caminar en esas condiciones? O mejor aún ¿Qué tan horrible había sido el lugar donde habían escapado, como para huir sin sentir semejante dolor?

Ya no me duele mucho – trató de tranquilizar a su hija, aunque bien sabía que le era imposible si quiera caminar.

Tenga, no es mucho pero supongo que tendrá hambre – ofreció un recipiente.

Es muy amable – aceptó gustosa – usted no es de estas tierras ¿me equivoco?

Soy de Templar.

¡Oh! Templar, dicen que es hermoso, su cielo es azul y sus noches son estrelladas. Me gustaría ver alguna vez en Task ese cielo azul – confesó melancólica- pero …- miró a su hija que comía tranquilamente frente a la fogata.

Podría verlo – aseguró Zed. No sabía lo que estaba diciendo ¿Pensaba en cargar con una mujer en mal estado y una niña pequeña? Hacer semejante promesa era mucha responsabilidad para un niño..casi hombre. Sin mencionar que no sabía cuánto tiempo tardaría en encontrar a Yuria, y en el peor de los casos que la comida no alcanzara, en vez de ayudar emporaría la situación, morirían los tres de hambre.

La mujer soltó un par de lágrimas.

Usted es muy amable – le sonrió enternecida sabiendo que él se ofrecería a llevarlas. Pero era obvio que él era uno y ellas dos bocas más que acabarían con su pequeña ración- Pero nosotras nos dirigíamos a un refugio, aunque no sé exactamente su ubicación, solo me guie por lo que decían otros – señaló una pendiente demasiado peligrosa. Mucho más alejada. Zed giró su rostro, como preguntándose ¿Por qué están aquí, si iban hacia allá?

En mi desesperación y la angustia de saber, que si me atrapaban tendría el mayor castigo y matarían a mi hija frente a mí, herré el camino. Sólo me dedique a correr sin descanso. Podía sentir el olor del metal en mi cuello y eso me aterraba. No quería ver a mi hija sufrir. No, ella no.

…*…*.…*…*….

¿Y me podría decir como haremos eso? – preguntó algo angustiado el oji-verde, al mirar las empinadas y peligrosas pendientes, sin mencionar que aquello no era del todo seguro por las rocas que se desvanecían a cada momento.

Existe una vereda que nos dará paso al fondo del precipicio – aseguró – antes de llegar al final, hay una desviación, ahí, hay una entrada que nos guiara a nuestro destino.

Bien – era todo lo que podía decir, estaba confiando que aquella vereda algo dudosa, lo llevará a algún lado.

Escuche que esas cuevas son muy difíciles de encontrar, que los soldados no son capaces de llegar por lo peligrosas que son.

¿Peligrosas? – pensó Zed y detuvo su caminar. Sólo esperaba que no fueran "TAN" peligrosas, estaba tan cansado que dudaba poder siquiera pelear por su propia vida.

¿Cuánto más falta para llegar? – preguntó con cierta impaciencia.

Menos del que te imaginas forastero – se escuchó una voz retumbar entre las rocas. Instintivamente Zed se puso en guardia – es mejor que bajes tu espada, deberías saber que tú solo no podrás contra nosotros.

Pruébame- rió burlón, aunque no muy seguro de lo que decía.

Vaya, vaya, el Shard Caster tiene agallas – se escuchó otra voz a su espalda - ¿sabes? estas rodeado ¿Dime, que posibilidades crees que tengas?

Sólo déjate ver y te las mostrare – respondió con la misma seriedad que le caracterizaba.

Se hizo un pequeño silencio.

¿Qué haces con la mujer Taskan?

Eso a ti no te importa – trataba de adivinar cuantos eran, pero estando ocultos le era imposible si quiera darse una idea – si quieres ponerles un dedo encima, primero tendrás que pasar sobre mi cadáver.

Se escucharon muchas carcajadas venir de todos lados, eso, solo lo alerto más. Eran más de seis personas. Y él solo una, y muy agotado.

A lo lejos se dejaron ver un par de figuras.

Eso no será un problema – sonrió divertido la segunda figura, mientras sacaba su espada.

Guarda tu espada forastero – mencionó el primero que se hizo escuchar.

Claro, lo haré cuando tú hagas lo mismo – ofreció con una sonrisa.

Ellas no son de tu raza ¿Por qué las ayudas? – preguntó, mientras se acercaba con precaución al extraño visitante.

Porque lo necesitaban – contestó, mirando con detalle a todos los hombres que comenzaban a rodearlo. No sabía si podría combatir con todos y proteger a la vez, a las dos que lo acompañaban.

Nadie ayuda a alguien sin tener un motivo ¿Cuál es el tuyo? ¿Qué buscas en tierras que no son tuyas?

Eso es algo que no contare a alguien que nos amenaza.

El sujeto sonrió.

¡Es un espía! – gritó uno.

¡Matémoslo antes que llame a los demás! – se escuchó a otro

Tienes agallas muchacho. Es una pena que no te vaya a durar tanto ese coraje. ¡Acábenlo!

Zed se puso rígido. ¿Qué hacía? ¿Correr? No.
Esa no era opción, con una mujer lastimada y una niña, seguro que los alcanzarían en un abrir y cerrar de ojos.

¡ALTO!

Aquellos hombres se detuvieron a escasos metros del peli-blanco.

No atacamos a mujeres y a niños..

Zed giro el rostro.

…Ni mucho menos amigos..

Ella sonrió

¿No es así, Zed?

Me da gusto volverte a ver.

…*…*.…*…*….

…*…*.…*…*….

¡FELICES FIESTAS A TODAS USTEDES!