N/A: Capítulo 3.

Disclaimer: No, no, no aunque me paguéis seré buena y diré que no soy JK...¿he oído mil euros?


Oliver Wood


¿Tres son multitud?


Hoy era el día. Hoy era ese día.

Una palabra. Tres sílabas. Siete letras.

Navidad.

Se suponía que iba a ser un día como otro cualquiera. Bueno como otro cualquier 24 de Diciembre. Es decir, mucha comida, mucha fiesta, lechuzas escritas a toda prisa y con mala letra a la familia para que vieran que no les has olvidado pero que ya tienes 28 años y que no tienes porqué estar con ellos siempre.

Ya lo has estado 27 años, ¿qué malo tenía pasar la noche con los amigos?

Lo había planeado todo, hasta el más mínimo detalle. Y la prueba de que su plan era perfecto fue cuando su madre no pudo alegar nada para que se quedara en casa.

Por fin, después de muchos años de peleas y más peleas (y de rupturas con chicas por no poder despegarse de sus padres) Oliver Wood iba a pasar su primera y última navidad con su novia.

La última porque el año que viene no iban a ser dos, si no tres.

Su querida novia, que no era otra que Katie Bell antigua compañera del colegio. Katie y él estaban esperando un hijo, así que habían decidido quedarse en casa, tranquilamente y tener una cena romántica.


Llevaba dando tantas vueltas de una lado para otro por el pasillo que le extrañaba no haber hecho un agujero con los pies.

¿De todos los días, había tenído que ser ese el que su bebé había decidido salir al mundo?

Tenía que ser una cruel broma del destino. Su perfecto plan en la basura por culpa de un bebé. Su madre se la guardaba seguro.

-Señor Wood-una enfermera acababa de salir de la sala de partos.-Puede pasar, tanto el bebé como la madre están en perfectas condiciones.

Oliver entró en la pasa con pánico, no sabiendo muy bien con lo que se iba a encontrar.

Tumbada en la cama, con el rostro perlado por el sudor, estaba Katie. Con un bulto envuelto en una manta roja (marca Gryffindor, obviamente).

Katie levantó la vista cuando Oliver llegó a su lado y le sonrió.

-Sé que tenías un plan perfecto para esta noche. Pero no me arrepiento de que haya nacido hoy.

Entre sus brazos, un bebé recién lavado y vestido, dormía profundamente.

-Es una niña.

Oliver sonrió mientras la cogía con mucho cuidado. Los dos la miraron con la típica sonrisa de idiotas padres primerizos.

-¿Qué nombre le vamos a poner?


¿Y bien?