-CONFLICTOS-

Divagaciones y estrategias

Después de una prolongada ausencia, regreso con otro capítulo. Este definitivamente es lo más largo que he escrito en mi vida. Creo que esto puedo considerarlo un regalo por la espera a la que los he sometido. Me permito comentarles, que este capítulo es especial, primero porque me tomó tiempo pensarlo y llevarlo hasta el punto donde quería, puedo decir que casi me siento orgullosa de él. Por otra parte, con este capítulo dejo ver que lo que plantee al principio fue una cáscara y que sí, mis lectores, les he engañado con el objetivo de crear misterio, o bueno uno de los personajes lo ha hecho (eso no quiere decir que lo que haya escrito sea mentira.) Finalmente, aquí revelo tres cosas importantísimas y vitales para el resto de la historia; una más evidente que las otras y que muy seguramente notaran, de las otras tal vez necesiten más ayuda. Y para gusto de ustedes, les presento a mis villanos, son personajes de mi autoría que espero que adoren, porque yo les cogí cariño creándolos, medio año trabajando en sus reacciones, visiones y pensamientos, son complejos y esa es la mejor parte. Para terminar pues, no sé si les agrade pero incluí una escena con un slash de una pareja poco convencional, espero conocer sus opiniones.

Disfruten el anexo, pronto esta pequeña sección les revelara el porqué ese hombre irrumpió en el castillo e intentó matar al rubio.

Para todos…lamento la demora. No prometo nada, pero haré el mejor esfuerzo por no demorarme.

.

.

Agradecimientos.

AndreaZthator: jajaja, pobre Yuuri, supongo que es debido a su naturaleza voluble y su indecisión para ofrecernos yaoi, pero vale. Pensaré lo de los dos finales, tal vez para tener a todos contentos. Gracias por la sugerencia. Disfruta el capítulo.

Shanon17: ¡Querida! Lamento hacerte esperar tanto. Aquí tienes uno más larguito, más adelante verás cómo hago sufrir al enclenque, o mejor dicho será el mismo Wolf, jejeje.

Zafira: definitivamente soy muy mala ¿Verdad? Hacerte esperar tanto, pero te lo recompensaré luego. Además, me tomo mi tiempo para que los capítulos queden muy buenos. Disfruta este porque tendrá una dosis de una pareja poco convencional.

DLo: Adoro que leas mi historia, bienvenido entonces a esta historia. Si, la idea de la guerra me rondaba desde hace mucho y bueno la puse en práctica. Se pondrá mejor, lo prometo ahora que les voy a revelar lo que no les he dejado ver. Con incoherencias en algunas cosas notaran que no todo es lo que parece. Disfruta porque la relación que mencionas se seguirá dando, y más intensa, pero no reemplaza el Yuuram.

Marik: Lo siento…de verás, agradezco tus ánimos pero la verdad la u ocupa mucho tiempo, además, había estado dándole vueltas a algunos asuntos sobre esta historia que tenía que cuadrar, eso y lo largo de digitar, casi no termino de pasar mis apuntes desorganizados al computador. Por otra parte, gracias por el halago. Es bueno que compartas mi idea de darle más madurez a nuestro querido rubio. Ahora disfruta porque se va a poner mejor.

Ciel-l-byakuya: uff, puedo descansar entonces. Logré mi cometido con Wolf y su personalidad. Qué bien que lo dramático no te incomode. Seguirá en algunos momentos así, porque lo interesante es hacer difíciles las coas ¿Verdad? Disfruta del capítulo y gracias por leer.

Lizuka: ohh, gracias por el apoyo. Me reconforta saber que lo estoy haciendo bien. Te invito a que sigas leyendo porque va a dar un giro inesperado.

Angel travieso: aquí está la continuación, aunque algo demorado. Disfrútalo y espero tu comentario.

Disclaimer: este anime no me pertenece ni los personajes, son de Temari Matsumoto y Tomo Takabayashi, sólo uso de ellos para mis locas ideas, por lo tanto no recibiré ningún benéfico de esto, sólo ver a mi lindo Wólfram feliz con Yuuri.

.

.

OoOoOoOoOo

.

.

.

Oscuras tentaciones rondan su cabeza, atrayentes, amenazantes, cautivas y absurdas pero que ante su caótica estructura de ideas parecen ser las piezas faltantes de su elaborado rompecabezas. ¿Qué faltaba…? Era el interrogante que siempre surgía en medio de sus divagaciones y que en su momento presentía que nada estaba completo. Pero como podía pedir perfección cuando el mismo la había abandonado, todo por atrapar cualquier hilo que lo condujera a su tan ansiada venganza.

-William…-susurró preso de una repentina nostalgia al recordar. Malditos recuerdos que lo ataban al pasado, lo movían en el presente y que significaban su futuro. Abrió sus ojos que se encontraron ante una habitación oscura apenas iluminada por los pocos rayos de luz que revelaban un día a punto de morir para dar paso al astro vigilante en el firmamento oscurecido. Su sueño no había sido el mejor, pero reconfortaba su agotado cuerpo cubierto por unas quemaduras ya antiguas producto del enfrentamiento contra un mazoku manipulador del fuego.

Dentro de poco alguien atravesaría la puerta que lo apartaba del mundo exterior y le informaría sobre los avances de su recién formado ejército. Nada variaba y a pesar de haber obtenido la ventaja parecía que todos sus esfuerzos eran en vano ¿Por qué? ¿Por qué? Porque él se entrometía en sus deseos, él era su presa, aunque no se comportaba como tal, por el contrario lo desafiaba, lo arrinconaba a cada paso en espera de hundirlo y por eso lo odiaba. Al principio no significaba nada, tan sólo el blanco ideal para vengarse contra esa persona, sin embargo, a medida que lo emboscaba, lo humillaba, lo atacaba, lo hería, él se continuaba levantando airoso y con mayor deseo de aplastarlo. Por otra parte, no podía negar que gozaba de una manera insana el hecho de tenerlo sometido, pidiendo clemencia y bañado en su propia sangre; entonces se relamió sus labios en una mueca de satisfacción al comprobar que su retorcida obsesión nacida de la venganza se había transformado en algo más….no podía resistir más tiempo para verlo, esa piel nívea aquellos ojos verdes y esa expresión arrogante convertidas en miedo y repulsión. Pero el sentimiento murió, de nuevo ahogado por los susurros.

-Huye o él te matara…ha perdido el control, yo no he podido detenerlo como se planeó…tan sólo…he atravesado con mis flechas a su guardia personal…el maou…él es demasiado poderoso…yo…he fallado la misión…perdóname por…dejarte…eso…a ti...

Levantó su mano con fuerza arrojando los objetos en el pequeño escritorio al suelo. Llevó sus manos a su cabeza y mantuvo la posición en medio de la estancia escuchando los ecos de las voces que susurraban insistentes…escuchándolo…William estaba muerto y aún se repetían esa mismas frases, todo por él, él lo había asesinado y por eso, él le quitaría esa persona especial para que se retorciera en el mismo dolor, angustia y rencor que había experimentado alguna vez.

-Jefe –se escuchó una voz proveniente del umbral de la puerta a medio abrir –Es hora, todos los grupos están reunidos, esperan sus órdenes –de pronto la voz se detuvo observando su desorden, su frustración, su locura. Aquel joven dejó su ubicación para acercarse a la figura más grande que conservaba tapados sus oídos y un leve temblor en el cuerpo –Jefe, ¿Está bien? –Dirigió su mano hacia el hombro de su líder pero fue bruscamente tomado de la muñeca. El muchacho no continuó su interrogatorio, le quedaba bastante claro que no estaba de humor para tolerar su intromisión.

-En un momento iré…-lo soltó -¿Algo nuevo?

-¿Sobre Wólfram-sama?

-Sí, sobre él, sobre sus odiosos peones, lo que sea…

-Umm, no se ha comunicado al respecto sobre el rumor de la llegada del maou, aunque sí confirmó la reunión con los líderes humanos aliados y en proceso.

-Perfecto, esa será nuestra oportunidad

-Jefe, tenemos que asegurarnos que el maou…

-El Maou está aquí, tenlo por seguro. Mis hombres lo vieron, así que no lo dudo

-Pero…

-¡Oh, no discutas con un testarudo, mi amigo, es una pérdida de tiempo! -la animada intromisión hizo que el chico detuviera cualquier queja. Observó con impaciencia al recién llegado mientras el otro lo fulminó con la mirada y se adentró más en la sombría instancia. No dijo nada más, esa era su señal de partida así que abandonó el lugar rogando porque el tacto de la mano derecha de su jefe no hiciera estallar su paciencia, ya suficiente había tenido la última vez. El intruso se coló descaradamente en la habitación de su líder y no atendió la súplica de este cuando se acomodó tranquilamente en su lecho.

-Bueno, bueno, supongo que andas de malas pulgas…no es raro cuando la última misión falló y el rubio precioso escapó "nuevamente" de una muerte segura. –sonrió con sorna esperando una reacción violenta por parte de su compañero pero nunca llegó. Detalló el bulto sentado en uno de los sillones roídos vagando su mirada por los irregulares objetos que se ocultaban junto con las sombras. Guardó silencio de repente, con una sonrisa adornando su rostro y se dejó caer en la cama esperando algo de conversación que nunca llegó. Bufó molesto por la repentina indiferencia del otro hombre. Volvió a incorporarse aburrido para objetar una que otra grosería y desdeñosa queja, pero sus muñecas fueron tomadas y cayó con fuerza de nuevo sobre la blanda superficie ahora con el cuerpo del jefe sobre el suyo. Contempló aquellos ojos perdidos que lo sometían buscando en estos, algún resquicio de razón pero no la encontró. Era lógico, después de todo el que dos personas como ellos terminaran estableciendo ese tipo de relación dependiente y estrictamente de negocios no era normal. Tal vez estaba tan loco como su compañero para ofrecerse de esa manera tan descarada o simplemente, se le había contagiado lo raro en alguno de sus viajes años atrás.

-No podré reemplazar jamás a William, lo sabes…

No hubo contestación, en cambio, las manos alrededor de sus muñecas intensificaron el agarre, y la distancia entre sus rostros se redujo a cero cuando los labios del líder se posaron en los propios de una forma brusca y desesperada. No negó el contacto, por el contrario le permitió todo el acceso a su boca abriéndola y correspondiendo al beso. Sintió como aquella lengua se adentraba probando, lamiendo y haciendo participe a la suya. Cuando el aire faltó, se separaron un poco pero el otro fue ágil y continuó el toque, recorriendo con su lengua su barbilla hasta llegar a su oreja. La caricia húmeda fue acompañada de un leve gemido del hombre debajo a quién le susurró roncamente preso de la repentina excitación.

-No eres William, lo sé…sólo necesito…te necesito…

Soltó los brazos que lo inmovilizaban y dirigió sus brazos hacia el cuerpo que jadeaba por el placer, atreviéndose a ir más abajo. Sin vacilar le separó las piernas y las acomodó a lado y lado de sus caderas haciendo que el toque se profundizara.

-Sólo déjame sentir una vez más…

-Bastardo –gimió-tienes una reunión que preceder…-se abandonó a la sensación que experimentaba a medida que perdía sus ropas y de las caricias insanas rozaban su piel.

.

x-x

.

.

Bostezó y estiró sus extremidades mientras miraba de reojo al ojiazul a su lado. Era verdad que había decidido ayudar a Wolfram con los preparativos para aquella reunión con los líderes humanos pero no creyó que su tarea sería la misma que normalmente realizaba, acaso que tenía que ver el aprobar o no el presupuesto para construcciones o para los locos inventos de Anissina. ¿Le estaban subestimando nuevamente? Dejó caer la pluma de sus dedos y levantó su vista hacia el cielo azul que se contemplaba a través del cristal del gran ventanal. Realmente se encontraba deprimido, poco después de su llegada y de informarse adecuadamente sobre los acontecimientos ocurridos, su actividad había consistido enteramente en firmar documentos y observar entrenamientos.

-Heika, deje de holgazanear y continúe su labor. –su hilo de pensamientos quedaron cortados al escuchar la voz demandante del hermano mayor de su padrino y prometido.

-Eh…Gwendal… ¿Me dejas ir al baño? –rió tontamente rascándose detrás de la cabeza en un gesto de verdadera vergüenza-miedo, esperando no ser gritado por semejante sugerencia. Recibió una mirada de extrañeza que se transformó en una de franca decepción.

-No tiene que pedir ese tipo de cosas siendo el Maou, además, ya está muy crecidito para eso. Esté en la libertad de moverse por el castillo –Respondió con la mayor naturalidad posible, eso sin dejar de leer con el ceño fruncido un extenso documento.

-¿De verdad?-pensó-parezco prisionero en vez de rey…-Gracias Gwendal. Lo tomaré en cuenta –se levantó torpemente de la silla procurando recuperar la movilidad normal de sus entumecidos músculos, caminó apresuradamente una vez la sangre volvía a circular nuevamente y abandonó la instancia tan rápido como sus pasos se lo permitieron, no quería que su verdugo se arrepintiera y le negara la tan ansiada libertad. Siguió a lo largo del pasillo pensando en la manera de convencer al mazoku mayor sobre la posibilidad que su participación fuera un poco…como decirlo…más activa. No es que fuera un rey incompetente, por el contrario, su notorio interés por mejorar había sido notado por su familia y por algunos de sus más cercanos ocupantes del castillo como Gunter, Anissina y la propia Cheri-sama.

Alcanzó el final de aquel sombrío pasadizo y observó con cuidado como el pequeño jardín ante su vista exponía toda su belleza al radiante sol. Nada en aquel espacio en donde, practicaba a veces sus lecciones de pelota con Konrad, conversaba animadamente con Greta mientras el huraño rubio se mantenía a unos pasos de ellos y donde las doncellas preparaban la habitual merienda parecía ajeno a sus cavilaciones… ¿Dónde habían quedado esos tiempos? Sepultados en el pasado como todo lo demás. Ahora ninguno de ellos se encontraba cerca, cada uno estaría viviendo sus vidas luego que él se marchó para la tierra, así era como debía ser. Por un momento el sentimiento de abandono lo invadió y sintió envidia, una muy grande, al darse cuenta que podía ser fácilmente reemplazado en su labor de mandatario y probablemente en algunos años, los mazokus lo olvidarían, pues para ellos el tiempo no significaba nada, esa era la ventaja de una existencia tan prologada.

Clavó sus ojos en las flores que se movían al vaivén de la brisa refrescante del ocaso, entremezclándose libremente las unas con las otras; definitivamente no deseaba ser parte de un recuerdo. Recuperaría el equilibrio y traería de vuelta a su hija, a su padrino y a su celoso prometido. Notó la presencia de alguien más que se acercaba con pereza. Su hermano con una expresión aburrida le hizo compañía en aquel silencioso lugar.

-Así que has escapado de la vigilancia de Gwendal –le regañó observando de reojo la reacción del menor

-¿Eh? ¿Cómo lo sabes?-tosió torpemente para luego volver a empezar- Digo…pedí permiso y me fue concedido –sonrió tontamente tensando su cuerpo.

-¿Ah si? Ir al baño no es permiso para escapar de tus obligaciones

-¡Oye! ¿Estabas espiándome? –levantó sus brazos molesto

-No. Pasé por la oficina, Gwendal me comentó lo que había sucedido y yo me ofrecí a buscarte para llevarte de vuelta.

-Oh, tan amable de tu parte

-Era eso, o ser arrastrado por Gwendal, o mejor, ser buscado por Gunter. Tú decides, no tengo por qué hacerte favores.

Dio un respingo ante las temibles opciones agradeciendo mentalmente la oportuna intervención de su hermano.

-¿Y bien?

-¿Eh?

-Qué vas a hacer, o acaso vas a pasearte depresivamente como lo has hecho desde que llegamos aquí. Esconderte en un armario o en la habitación más cercana para huir de esos dos no servirá de mucho.

-Yo no sé…

-Bueno, te estoy dando una oportunidad, Yuu-chan

-Y deberías aprovecharla, Shibuya –la voz de la tercera persona tomó por sorpresa a los otros dos que voltearon a verlo.

-¿Murata, no se supone que tienes mucho trabajo en el templo?

-Pues parece que es el día en el que nadie se toma en serio su papel –comentó el mayor rascándose la cabeza en señal de derrota

-Oh, pero si lo mío es aburrido –el pelinegro con lentes se detuvo muy cerca de la baranda –es más que obvio que Shinou no está allí, ni cerca de estas tierras.

-¿Eh? ¿Entonces dónde?

-Probablemente con Von Bielefeld

-¿Con Wolfram? ¿Qué haría él con ese mocoso? –interrogó escéptico Shouri.

-Murata ¿Es eso posible?

-Oh, claro que sí

-¿Entonces? –volvió a cuestionar ante las dudas de los dos pelinegros

-No lo sé, Shouri

-Yo si lo se

-¿Qué?

-Iremos al pueblo

-No saldré de aquí –sentenció el mayor alejándose ya por el pasillo

-Como quieras, pero no puedo comprender como un hermano mayor abandona a su pequeño e indefenso hermanito…

-¡No empieces con eso, amigo de mi hermano!

-¡Murata! Eso es inoportuno

-¿Lo es?

Y ante un enojado Maou y un sobreprotector hermano, el gran sabio se permitió sonreír abiertamente. Nuevamente había ganado.

Silenciosa y cuidadosamente se movieron ante las señas de Murata, que vigilaba atentamente al guardia apostado muy cerca de la entrada principal del castillo, todavía les faltaba alcanzar el portón impenetrable del muro que rodeaba la edificación para poder salir hacia el pueblo. Así, bien disfrazados como simples humanos para no levantar sospecha alguna entre los habitantes, avanzaron cautelosamente cuando el soldado se retiró a investigar el ruido proveniente del otro extremo del gran recibidor central. Funcionado la trampa del astuto sabio como se esperaba, corrieron rápidamente hasta perderse fuera de las instalaciones del castillo pacto de sangre.

.

x-x

.

.

Se acomodó mejor en aquel sucio rincón esperando atento cualquier instrucción sobre la reunión, sin embargo, para su desespero nadie ingresó y tampoco ninguno de los hombres y mujeres que compartían la húmeda y oscura habitación pareció importarles mucho la falta de interés por parte del jefe. Nada podía estar peor. Cualquier cosa pasó por su mente antes de imaginar que ese tipo de desperdicios humanos pudieran ser rivales para los mazokus, pero se hallaban ahí en medio de una importante contienda charlando animadamente sobre el clima, los últimos rumores en el pueblo más cercano o sobre la condición del subjefe con el líder. Oh, porque esos chismes ya sonaban mucho antes de su llegada, y para él no eran un secreto. Si, la extraña conducta del jefe para con su más cercano apoyo que discrepaba con ser "normal" ¿Acaso dudaban de la cordura de su líder y depositaban su entera confianza en el segundo al mando? ¿Era cierto que el tipo de relación de esos dos rayaba en algo más profundo? Sin embargo, hasta esos momentos no se le había ocurrido pensar que ellos tenían un vínculo cercano excepto por el negocio pactado, y mucho menos que aquel ruin hombre que emboscó el castillo estuviera siendo manipulado por alguien como su confidente, y de eso estaba seguro. Lo conocía muy bien, no era el tipo de persona que buscaba la manera de engatusar a alguien que a su parecer admiraba demasiado.

Bostezó con pereza. Tantas cosas que hacer y sin la posibilidad de moverse de allí. El general estaría esperando noticias suyas y el rubio sin duda estaría muy molesto, si, por faltar al respeto al acuerdo que sellaron. Más tarde se encargaría de esos asuntos. Intentó recordar en qué lugar y circunstancia lo había visto por primera vez, cuando de un momento a otro este se presentó sonriéndole amablemente y respondiendo el interrogante que por meses lo mantuvo de lado a lado, indagando, preguntando a tipos indeseables, vagando entre los más bajo y sucio de la sociedad, por tan sólo una pista. Y todo se resolvió cuando lo conoció.

.

.

+-Flashback-+

Llevaba apenas unas semanas de iniciar su misión, aquella encomendada tan fervientemente por el noble Von Bielefeld, y aunque había pensado lo descabellada y complicada que era, no esperó jamás hallarse ante un enigma del cual no había encontrado la más mínima pista. Su Excelencia, había tenido razón. Tantos rostros vistos, tantas conversaciones insulsas, invitaciones inútiles o información carente de valor en tan poco tiempo, que él mismo se preguntaba si había perdido su chispa para ese tipo de trabajo o es que peleaban contra una organización fantasma. Y de paseo en paseo entre tabernas, casa de citas y callejones oscuros, nada había recolectado para satisfacer la demanda del noble ojiverde. Y eso lo aterraba. Sin embargo, una noche fría cuando cansado de vagar por las calles abarrotadas de pueblerinos alegres, parejas enamoradas, borrachos y transeúntes casuales había terminado en una taberna poco conocida demasiado pequeña para considerarse un negocio decente. Paradójicamente había optado por salvaguardarse en aquel lugar sin importar su estado o reputación.

Tomó asiento en una mesita apartada, en un rincón oscuro ajeno a cualquier interrupción no deseada. Casi al momento apareció una tosca mujer de unos 40 años, con mal carácter y acento extranjero, que algo renuente a complacerlo se alejó en rápidas zancadas hacia la barra para traerle su pedido. De regreso casi le tira en la cara el vaso a medio llenar de cerveza y refunfuñando lo abandonó sin decir algo más. A su alrededor, unos cuantos hombres ya encendidos por el trago debatían acaloradamente un negocio de importancia; otro más allá dormía entre una laguna de babas, más allá algunos se hacían confidencias y para el otro extremo, un hombre extraño, silencioso que bebía distraídamente captó su atención. Su comportamiento no desencajaba totalmente con el ambiente dentro de ese sitio, y se rió mentalmente, pues muy seguramente él también le vería de la misma manera. Continuó detallando su vestimenta y la forma como se desenvolvía y fue entonces cuando su mirada interceptó la suya. Se sobresaltó al ser descubierto observando sin algo de educación. Desvió la vista y la centró en su vaso, tratando de parecer un simple borracho más que no conoce barreras entre el estupor del alcohol. Transcurrieron unos minutos en los que se alivió no haber despertado una sospecha, pero pronto los pasos acercándose a su mesa y la presencia que se detuvo muy cerca de él, le hicieron abandonar cualquier idea de pasar inadvertido. Levantó la vista para encontrarse con el rostro amigable del sujeto del otro extremo de la taberna, quien sonreía de una forma cordial.

-En una noche fría, nada mejor que un trago. ¿Puedo sentarme? –señaló la silla vacía.

-Lo siento, no planeo quedarme mucho

-Oh, yo tampoco, pero viendo que la compañía escasea y el hecho de no estar al nivel de ellos…-indicó los alegres individuos que aplaudían el baile ridículo del otro montado en la vieja mesa –eres la mejor opción, ya que aún estás sobrio.

-Como quiera

-Gracias

Ninguno de los hombres pronunció palabra tan sólo continuaron bebiendo pasivamente con la mirada hacia puntos diferentes, para Yozak aquello era incómodo, sin embargo, no le había parecido correcto negar la cortés petición de aquel desconocido que repentinamente le había abordado. Su inspección anterior le reveló que a pesar de la apariencia sana y solidaria, su aura no inspiraba nada de confianza, por el contrario, el olor a sangre y aquellos ojos afilados le hacían estremecer. Ahora sentado a menos de un metro de él, el sentimiento de alerta le estaba obligando a mantenerse calmado para no huir inmediatamente de la sucia taberna.

-Lo escuché en el pueblo –esa frase atrajo su atención. Observó cómo se relamía la espuma de los labios saboreando el agrio característico de su bebida –andas buscando gente que te ayude en contra del Maou y los mazokus. ¿Acaso es una venganza personal…?

El aludido le miró algo desconcertado pero no dejó entrever su sorpresa por el acierto. Dejó que un tono de indiferencia tiñera su voz grave. –La gente del pueblo habla mucho…cualquier cosa trivial la transforman en un acontecimiento y cuando no hay nada, sólo mienten.

El otro sonrió divertido por la respuesta y meneó alegremente en caso entre sus dedos como sopesando su siguiente ataque. –Supondré entonces que no estás interesado en recibir aquello que con tanto ahínco has buscado por varias semanas.

-¿Por qué debería estarlo? –dudó en cuanto terminó de retar al destino con aquella jugarreta tonta de tratar de tapar el sol con un dedo.

-Olvídalo, tal vez me equivoqué de persona…-la amplia sonrisa burlona adornó por un instante su rostro para luego ser borrada –Bien, es hora de irme…gracias por la compañía –el ojiazul bajó su cabeza reflexionando sobre lo que debía hacer ante, tal vez, su única oportunidad de encontrar aquello prometido meses atrás. Así que se arriesgó una última vez al sentir el movimiento torpe de su acompañante deteniéndose en pleno proceso de alejarse. -¿Por qué es tan divertido comprobar un simple rumor? –No hubo contestación. Levantó su rostro y tal fue su sorpresa al encontrar a otro hombre enfrente de su anterior compañero de copas. Notó la expresión desconcertada de este sobre el otro que al su parecer, destilaba una rabia contenida en una posición tensa.

-No esperabas que vinieras… -no lo dejó terminar. Lo apartó bruscamente de la mesa. Yozak se dio cuenta por primera vez que aquel hombre no era normal. Su estatura era intimidante al igual que su dura mirada clavada en sus vacilantes ojos. En un movimiento rápido que no fue capaz de esquivar por su confusión, el enorme sujeto le enterró la espada que cargaba consigo y lo hizo caer al suelo estrepitosamente. Gimió de dolor y sintió como un leve entumecimiento se iba apoderando de su miembro, pero no se movió de su lugar, y antes que siguiera hundiendo la filosa arma, su acompañante detuvo la mano agresora.

-No debes hacer eso…-sonrió forzosamente mientras alejaba el arma del ojiazul. –llamarás la atención.

-Ya lo hice –habló por primera vez -¿Quién es él? –señaló furioso. -Hablaremos de eso… -intentó en vano calmarlo. -Cállate. –fue la escueta respuesta.

Arrugó el ceño, mordiendo su labio. Su voz salió casi en señal de súplica –Por favor… -Como respuesta se deshizo de la mano opresora en movimiento veloz que le cortó la palma de la misma. Se alejó de la escena sin decir algo más.

Sus ojos continuaron fijos en la puerta donde momentos atrás el otro hombre había salido ofuscado y lleno de ira. La reacción hacia el nuevo sujeto que estaba reclutando fue demasiado violenta para ser simplemente una circunstancia normal de las que acostumbraba a dirigir en los últimos meses. ¿Tanto así le había afectado la presencia del ojiazul como para intentar matarlo a la primera impresión? Lo consideraba una amenaza, de eso no cabían dudas, ya que su intervención fue el freno para evitar el asesinato. Pero ¿por qué? Aquello eran celos o estaba imaginando cosas. Aunque le sonaba imposible, su jefe no tenía esa clase de sentimientos hacia su persona. Era un juego, uno peligroso, pero al fin y al cabo juego. Gotas de sangre resbalaron por su piel y cayeron al sucio suelo, un punzante dolor se hizo presente obligándolo a oprimir su extremidad lastimada para frenar la hemorragia.

Observó al nuevo miembro de su ejército. Aunque no había perdido el conocimiento, la cantidad de sangre perdida ya era considerable. Si no se movía rápido, no resistiría. Porque si algo sabía, era que su jefe tenía una precisión para atacar los puntos más vulnerables del cuerpo humano.

-¿Quién es él y por qué me atacó? Lo conoces, no mienta…-cuestionó desde su posición entumecida con un visible gesto de dolor en su rostro. Al otro la pregunta le pareció divertida pues le sonrió.

-Hay cosas importantes que hacer –y agachándose hacia el receptor de aquel mensaje, llevó su mano sana hacia una parte específica del cuello aplicando una ligera presión por varios minutos y lograr una sencilla llave de sueño (1). Habían cosas que tenía que ocultar de él antes de asegurarse de su fidelidad y confianza como novato. Lo cargó con cuidado sobre sus hombros, dejando una sustanciosa propina a la dependiente por las bebidas, las manchas y el desorden causado.

Despertó cómodo en un lecho desconocido cubierto a penas por unas cuantas mantas sobre sí, vendado desde el hombro hasta algo más abajo del pecho. La habitación se encontraba en penumbras, adornada por pocos artilugios y envuelta por un delicioso aroma a Sándalo que circulaba a través de cada rincón del lugar. Buscó algún indicio de su acompañante pero nada a su alrededor parecía corroborar su presencia allí. Intentó levantarse de aquella cama pero el dolor realmente era sofocante, tanto que crispaba sus nervios y le paralizaba. Jadeó por el esfuerzo, pero de una repentina impotencia y humillación al haberse dejado herir de tal forma. No era algo grave pero serio, si quien lo había atendido no hubiera llegado a tiempo.

-Es inútil que te esfuerces demasiado –la voz de una mujer atrajo la atención hacia un punto de la habitación que había pasado por alto –El efecto de la sustancia que Frank-sama coloca en su espada tardará en desvanecerse.

Tardó en procesar las palabras de la desconocida. ¿Veneno? Se había dejado envenenar de una forma ridícula al verse indefenso ante un hombre, muy probablemente desquiciado, que se atrevía a lastimar a sus camaradas. Por una fracción de segundos la ira nubló su juicio. El culpable de aquella situación, de la absurda idea de infiltrarse para recolectar la información y que todo fuera tan apresurado y peligroso, recaía en Su Excelencia. Oh, pero que pasaba por su cabeza al seguirle la cuerda a alguien que por semanas perdió la razón, nada definitivamente. Por eso esa razón había sido seducido por los encantos de aquel hermoso mazoku sino fuera por su competente habilidad, esa misión no hubiera podido llevarse a cabo, pero que había hecho para negarse, nada. Se retorció por el creciente sentimiento de odio extendiéndose por su cuerpo.

-Cálmate, en unas horas estarás bien. Aquello que estás experimentando es el efecto del veneno. Aunque me sorprende que alguien como tú, con una apariencia amable sea capaz de odiar de forma tan fuerte –le señaló la joven acercándose con un cuenco de agua fría y unos paños. Le sonrió. Pero no fue capaz de devolver el gesto. Por primera vez en su vida, miraba con recelo y desprecio a alguien que ni siquiera tenía que ver con su fastidiosa condición. -¿No pensarás matar al dueño de esos pensamientos, ne? –ríe divertida mientras deposita uno de los paños, ahora húmedo, en su frente. Su rostro confundido parece demostrarle su desconcierto –Es fácil –le responde –Tu rostro y tu mirada me lo dicen todo. No es la primera vez que veo lo que produce ese químico en los hombres. Aunque esperaba que Frank-sama se enojará de esa forma contigo ¿Hiciste algo malo?

No contestó el interrogante, la observó de reojo. Apenas si había sobrepasado la mayoría de edad, largos cabellos color castaño recogidos en una coleta, un rostro alargado, ojos carmesí que acentuaban sus labios rosados y pequeños. La silueta estaba envuelta en un largo vestido celeste que enmarcaba sus curvas, una prominente cadera y unos voluminosos senos.

-No te acerques demasiado a Víctor. De lo contrario no durarás mucho.

-¿Víctor? ¿Te refieres al sujeto que habló conmigo en la taberna?

-Sí, y el que te trajo hasta aquí. Sabes en lo que estás metiendo, no necesitas mentir. Pero te lo recomiendo, el jefe no es tolerante con quien se atreva a tratar de manera "diferente" al subjefe.

-¿Por qué? –interrogó ahora convencido que ese lugar y esas personas no podían ser más extrañas. Sin embargo, a cambio recibió una sonrisa de comprensión. Desistió.

-¿Él está bien?

-¿Quién Víctor? Oh, no lo sé. No quiso que viera su herida –se encogió de hombros. Terminó de recoger el cuenco con los trozos de tela y se dirigió a él por última vez –Descansa. Mañana será un día difícil. Ah, por cierto soy Ao. Gusto en conocerte, extraño-san.

+-Fin del Flashback-+

.

.

Una mano en su hombro lo sacó de sus cavilaciones. Frente a él, agachado casi a su altura y con la misma imperturbable sonrisa el subjefe esperaba haber logrado su cometido. –Hola. Lamento interrumpir el momento de meditación –no esperó contestación, se incorporó echando a caminar por el corredor a la vista –Sígueme.

Se levantó presuroso tratando de no caerse en el proceso, y le alcanzó al finalizar el pasillo.

-Hay algo que necesito que hagas –fue lo único que mencionó antes de caer en el mutismo. No interrumpió el silencio entre los dos para motivarlo a continuar, pero no sucedió. –Víctor –le llamó

-Frank va a hacer algo impulsivo, de nuevo. Y quiero asegurarme que valga la pena ese estúpido plan, ya que personal va a ser sacrificado al igual que recursos valiosos. ¿Estás de acuerdo? –le miró seriamente por unos instantes antes de volver su vista hacia adelante.

-Ahh, recursos…Si me dijera al menos de que se trata…Víctor

-Lo sé, lo sé

-No, no es así. Nunca menciona las cosas importantes hasta que es demasiado tarde.

La risa ahogada del subjefe no se hizo esperar. Observó cómo llevaba una de sus manos para tapar su boca para reprimir el sonido. Pero ya lo había escuchado.

-No sé qué es lo gracioso de esto

-No hay porque molestarse –el ceño fruncido de su receptor le indicó lo contrario. –Ya, ya. Vale. Ha mandado a atacar al Maou una vez que ingrese al territorio de los Bielefeld.

-¿Eh? –eso si había sido sorpresivo. El nerviosismo se hizo presente. ¿Qué diablos estaba pensando ese hombre?

-Sí, ya lo sé. Yo pienso lo mismo. Es suicidio entrar a ese lugar, pero él insiste y no hay nadie más obstinado que él –suspiró –Por eso irás, no como combatiente, sino como observador.

-¿Esa es tu forma de arreglar esta mierda de misión? Hay algo retorcido en todo esto.

-¿Lo crees? Pensamos que hay espías entre nosotros

-Por eso consciente esto –Se estremeció, aquella mirada parecía atravesarlo y desvelar su verdadero objetivo.

-Así es. Nadie se atreverá a hacerle daño a Frank. No si está en mis manos

-Ah, cómo logra involucrarme en estos disparates.

-¿Es un reclamo? No lo entiendo. No le gusta que pase por alto una misión sin comentarle, y después se niega a hacerlo.

-Lo primero no tiene que ver con lo segundo.

-Aja

-En la absurda emboscada de hace unas semanas me mandó una paloma mensajera para invitarme a participar. ¡Por dios!

-Que mal sentido del humor tiene. Además, denegó la invitación. Entonces, ¿Cuál es el problema?

-No lo hice, llegué a tiempo sólo para ver arder las llamas mientras escuadrones enteros se consumían en el fuego invocado –levantó sus manos enérgicamente.

-Lo importante fue que lo hice a tiempo ¿ne?

Permaneció inmóvil ante la aseveración del sujeto a su lado. Y vaya que si, de lo contrario, su Excelencia estaría disfrutando de las ventajas del otro lado, y su alma muy posiblemente estaría siendo transportada para otro recipiente.

-Lo siento, fue algo imprevisto. De lo contario te hubiera invitado con anticipación –unió sus manos en señal de disculpa.

-No me refiero a eso. Además, ¿Por qué fue imprevisto? –esta vez le impresionó que el subjefe evadiera la mirada. Algo de resentimiento inundó sus ambarinos ojos. -¿Víctor?

-Esa zorra lo hizo sin mi consentimiento. Y tampoco informó a Frank

-¿Ao actuó por cuenta propia? Que hizo…

-¡Nada! –los puños cerrados temblando de ira contenida le hicieron retroceder unos pasos. El subjefe esta fuera de sus cabales. –Le permite que haga lo que sea. Sólo una nimia advertencia, fue todo.

-¿Víctor?

-¿Lo hará?

-¿Por qué yo?

-No hay nadie más que tenga mi entera confianza.

-Lo hace para fastidiar al jefe. Me matará si se entera que hemos tenido esta conversación y esta familiaridad.

-Olvida eso. Nos veremos más tarde. Dentro de una hora sale el barco, apúrese. Y recuerde, sólo observe, actuar no es una opción. ¿Entendido?

-Sí, señor –le vio perderse en una de las habitaciones. Entonces aquello no había sido planeado. Una parte de la preocupación se desvaneció, pero una nueva duda, más poderosa lo asaltó. ¿Qué había motivado a la mujer a emboscar al noble mazoku? Ella constituida la amenaza más cercana y material para el rubio y el Maou, de lo que eran actualmente Frank y Víctor. Tarde o temprano recibiría la orden, y esa linda chica seria apresada por el general, tal como se había planeado una vez que su identidad fue descubierta, y esperaba que ella no fuera tan lista como creía, o el ojiverde se habría equivocado. Más acertijos a esa enredada bola de hilos. Llevó una de sus manos a su frente. El insipiente dolor de cabeza comenzaba a hacerse evidente. Debía apresurarse, pues enviar el mensaje a Su Excelencia era ahora su máxima prioridad antes de embarcar. Por otro lado, aún quedaba su irresponsabilidad para con el mayor de los hermanos, que muy seguramente se estaría moviendo de un lado a otro con el ceño fruncido en espera de noticias suyas. No se asombraba si este ya se las habría ingeniado contratando más personal para su misión.

Fingir buscar pistas era lo más aburrido del caso, mandar misivas narrando situaciones aparentes era imperdonable y traicionar a sus supuestos compañeros de guerra, era la peor parte de su misión. Sin embargo, si no se movía de esa forma, aquella sombra que lo había estado siguiendo días después de la emboscada podría darse cuenta, y eso no podía permitirlo. Dejó que sus pensamientos vagaran en los pobres individuos unos días atrás en un ajetreado ambiente de taberna, donde sentados muy cerca unos de los otros, se encontraban sentados susurrando estupideces sobre el Maou y una posible venganza, los cuales le habían dado la clara oportunidad de actuar. Y de esa forma, escapar de la vigilancia del general y volver a sus anteriores funciones, eso si el capitán había cumplido con su parte del trato. Suspiró. Su trabajo lo iba a matar de eso tenía la completa certeza. Y más cuando, unos meses atrás había decidido jugar un doble partido.

.

.

+-Flashback-+

La salida de aquel desconocido de aquella cabaña le había dejado fuera de lugar. Corrió en un vano intento de alcanzarlo pero este se perdió con sorprendente rapidez entre el espeso bosque que los rodeaba. Devolvió sus pasos y entró sin delicadeza dentro de la pequeña morada buscando con desesperación la figura del joven soldado. Lo halló tranquilamente sentado enfrente de la pequeña mesa bebiendo un chocolate caliente y leyendo algo depositado en la superficie de madera de aquel mueble.

-¿Qué sucede? –indagó aún de espaldas sin dirigirle la vista. No parecía lastimado y menos, enterado de su preocupación.

-Su excelencia, un sujeto salió de este lugar, creí que estaba siendo atacado… -esta vez la mirada curiosa del mazoku se depositó sobre sus angustiados ojos azules. Un brillo singular se dejó ver en las esmeraldas. -¿Quién era?

-Ahh, no creí que ese idiota se dejara ver…

-Su excelencia…

-No te interesa saber de él

-Pero…

Su negativa fue duramente castigada por unos furiosos ojos. Calló repentinamente sin atreverse a llevar la contraria. Por alguna razón, desde hacía unas semanas la presencia del rubio exigía respeto y que sus órdenes fueran cumplidas. Este pensamiento lo llevó a creer que estaba escondiendo algo, algo que ni siquiera sus hermanos conocían.

-Ninguna palabra respecto a esto debe salir de tu boca, Yozak.

-Sí, señor.

-Ya que estás aquí y dado que las cosas han salido como debieran… ¿Recuerda el pedido de hace unas noches, señor encantador…? –la risa sincera del ojiverde le hizo olvidar momentáneamente su agrio presentimiento. Se acercó a la mesa guiado por la mano anfitriona, tomando asiento al lado contrario de su receptor.

-Lo recuerdo, ¿Ahora dejará de ser misterioso para comentarme que está tramando?

-Que grosero. Pero esta vez lo perdonaré –le señaló fingiendo ofensa. –Quiero que se infiltre en el campo enemigo, es todo. Sé que mi hermano le ha dado órdenes. Buscar pistas sobre aquel sujeto y su formado ejército, de tal forma que puedan acorralarlos y destruirlos. Pero es una táctica inútil dada la naturaleza de nuestro agresor.

-¿Por qué cree que lo conoce? –cuestionó por la repentina falta de coherencia en el plan del soldado

-Porque lo sé. No es necesario ser un genio para indagar la razón por la cual nos atacó. Es venganza, Yozak. Y por esa misma razón, la misión de mi hermano solo nos llevará años de evasiones hasta que este logre su cometido. ¿Crees que destruir a sus prospectos de soldados, apagar los focos de rebelión y perseguir al culpable es suficiente? El colocar un rostro bajo una serie de números no lo ahuyentaran, esa presión la podrá soportar.

-¿Quieres que desobedezca las órdenes del general?

Una pequeña sonrisa maliciosa asomó por el rostro pálido del rubio. Se levantó de su silla, colocando sus manos a lado y lado de la mesa, y acercar su rostro al del pelinaranja. –No, si lo hace no será perdonado, y con el mal humor que tiene, hasta le manda a la horca. Lo que le propongo es que le mande pistas pero desde el mismo sucio rincón donde se encuentra ese hombre, sentado a su lado si es necesario, riendo con él, compartiendo confidencias, discutiendo estrategias, lo que sea que debas hacer.

Ahora sí que nada le cuadraba. ¿Ese hermoso demonio le estaba susurrando traición hacia sus superiores y tentándole a cometer algo estúpido en pro de lograr la muerte de sus perseguidores? Permaneció inmóvil y en silencio observando el líquido humeante en su taza mientras su cabeza encajaba las piezas.

-Me pide que mienta y engañe a sus hermanos, a su gente, a su nación…

-No me malentienda. Sólo quiero que omita esta información y siga trabajando, pero también para mí.

-¿También quiere que obstaculice su investigación? –preguntó con sarcasmo al ver en que aguas se estaba metiendo. –No me extrañaría que quiera subir de poder haciendo inútil la campaña de Von Voltaire y elevando sus habilidades al encontrar al enemigo –se detuvo en seco. Había sido mala idea tentar al demonio. La mirada dolida del ojiverde le perforó hasta lo más profundo de su miserable alma. Si, la culpa era el nuevo sentimiento que flotaba en su retorcida mente. Observó como el noble volvía a tomar asiento y terminaba de beber el contenido de la taza. –Yo, lo siento. Su excelencia, no fue mi intención…

-Claro que no lo fue. Fue la mía al intentar sobreponer mis deseos egoístas en ti. –Concentró su atención en el pequeño libro cerca a sus manos y le ignoró –Será mejor que se marche.

El ojiazul se movió para dejar que aquella situación se escurriera con los pasos que el tiempo tenía planeado, sin embargo, en aquel instante algo lo había detenido. –No quiero que intente algo peligroso.

El aludido levantó la mirada hacia el mayor –No intente persuadirme.

-No lo hago –se aproximó a la figura y apartándole gentilmente los brazos le acomodó hasta que quedaron frente a frente, uno sentado y el otro agachado a su altura –Me preocupo.

-¿Por qué? Un soldado como usted…

-No es un favor del capitán o del general. No lo hago como soldado, ni porque sea un noble. –le miró con intensidad, si necesitaba decirle o explotaría. –Su excelencia, usted es demasiado valioso para mí, y si necesita hacer esto, yo lo haré por usted. Me ensuciaré las manos de ser necesario, mataré o iré hasta el fin del mundo…

-Yozak…-le murmuró tratando de detenerlo. Sabía hacia donde se dirigía aquella conversación, y no le gustaba nada. Pero no pudo seguir. La sutil caricia en su mejilla y la cercanía le nublaron cualquier razonamiento. Un casto beso fue depositado en sus labios, tan cálido que pareció quemarle. Verde contra azul, azul contra verde, esos ojos seguían fijos en los suyos. El hombre se separó tras unos breves instantes. Le observó serenamente, ni remotamente enojado por aquella vergonzosa acción y de cierta manera agradecido por aquellos sentimientos que profesaba hacia su persona, desgraciadamente no correspondidos.

-No tiene que decir nada. Sólo quiero que lo sepa. Ahora dígame en donde y cuando quiere que comience.

Abandonó la pequeña casa con un deje de inseguridad. El haber revelado su más profundo secreto le iba a acarrear futuros problemas, lo sabía. Aunque no desconocía la manipuladora personalidad del rubio, que surgía de vez en cuando en algunos de sus berrinches, dudaba que este lo intentara controlar a su beneficio, sin embargo, y dadas las circunstancias, no estaba seguro que el noble respetara esa regla moral. Se detuvo en seco al notar la segunda presencia al lado de la puerta que acababa de cerrar. No supo que decir, y en su garganta se hizo un nudo.

-Si has accedido a lo que el té pidió entonces me equivoqué de tu buen juicio –señaló el recién llegado. Al parecer, había espiado o conocía con anterioridad el plan.

-Yo…capitán…

La negativa por parte del castaño, le impidieron seguir dando excusas que no estaba seguro de tener.

-Sólo quiero que tengas cuidado y si por alguna razón conoces que algo malo le va a pasar a Wólfram, te pido que lo protejas a toda costa. Te lo pido como amigo y estimado compañero que eres. No te preocupes por buscar formas de disuadirlo. Yo me encargaré de detenerlo cuando se salga de control.

-Pero, ¿Qué le diré a Von Voltaire?

-Nada. Seguirás sus instrucciones, yo te cubriré de ser necesario. Bajo ningún motivo, él debe enterarse, de lo contrario encerrará a Wólfram y él se encargará del resto.

-¿Qué…?

-Es una idea absurda, pero será eficaz. Pocas veces tenemos un enemigo como este. Si queremos capturarlo o en caso, eliminarlo que mejor estrategia que ir a buscarlo en vez de acorralarlo. No funcionara como mi hermano lo planea.

-Entiendo.

-La cena está por terminarse, acabarás perdiendo la tuya. Además, mi hermano te busca para concretar los detalles –le sonrió con su habitual mueca de tranquilidad. Por esta vez, se permitió dejar las dudas a un lado y seguir con ello. Se arrepentiría o lograría su objetivo, pero, todo se solucionaría pronto, de un modo u otro.

+-Fin del Flashback-+

.

.

.

Se derrumbó en la silla agotado de varias horas caminando en busca de algún rumor que lo guiara un paso más cerca del misterioso perpetrador la noche del ataque al castillo, sin embargo, las personas parecían bastante apáticas a revelar algo de aquel suceso. Suspiró cansado mientras observaba como sus acompañantes seguían con su acalorada discusión. Por un lado su hermano se había dedicado a quejarse en todo el transcurso siendo visto de una manera muy rara por las chicas con las que casi tropezaba, perseguido por un rabioso perro guardián (si podía llamarlo así porque tenía unas minúsculas alas, dentadura bien insertada en las arcadas y un color muy pelicular) y lavado por una ancianita que se disculpó al no haberlos visto pasar por el callejón. Por otro lado, Murata sólo había permanecido extrañamente cooperativo y muy atento a escuchar los relatos, pero, cuando creyó que el mundo se acabaría y comenzaría a llover dulces o algo por el estilo del cielo, su conducta se convirtió en la habitual y decidió que perseguir lindas damitas por la calle no era una práctica pervertida sino un halago a la belleza. Pensó que tal vez lo mejor hubiera sido escapar solo, así muy probablemente, no se encontraría con dolor de cabeza y un muy mal humor, tanto como lo estaría Wolfram con sus singularidades e infidelidades.

-¡No es un comportamiento normal, andar como un asechador bajo las faldas de las mujeres y cotorreando como ellas sobre asuntos femeninos! –gritó Shouri casi rojo de la ira.

-Mou, pero es más extraño y pervertido coleccionar juegos de citas…-sonrió malicioso cuando el otro se tensó ante su comentario –Además, no son muy efectivas ¿Verdad? De lo contrario, no se hubiera desmayado cuando le presente aquella jovencita de ojos verdes.

-¡Cállate, amigo de mi hermano!

-Las verdades dichas son difíciles de contradecir…jeje

Y la conversación se dio por terminada, ante la sorpresa de Yuuri, cuando la mesera les llevó las bebidas. Cada uno tomó la suya mientras un muy contento sabio sonreía triunfante y el mayor bebía sonrojado y absorto en alguna eventualidad que estuviera teniendo lugar en su cabeza. El moreno se permitió un momento de paz para relajarse antes de pensar que hacer.

-¿Eres Shibuya Yuuri-sama? –preguntó una voz delicada a su lado.

Dio un respingo y se alejó sorprendido de la nueva presencia que lo acompañaba. La mirada de todos recayó en la figura enfrente de la mesa. Una linda mujercita cercana a la mayoría de edad, con un largo cabello castaño, liso y brillante, una figura esbelta ya desarrollada, amplias caderas, senos firmes y moderados, y una penetrante mirada carmesí. Hasta el mismo Murata se estremeció con la intensidad de aquellos pozos rojos como la sangre que los detallaba. El primero en reaccionar fue Shouri, quién se sintió realmente preocupado ante el descubrimiento de la identidad de su hermano menor.

-¿Qué quieres? –esperó con seriedad esperando una respuesta clara.

-Lo siento…no quería asustarlos…-tímidamente la chica llevó sus manos para cubrir su boca en señal de preocupación que adornó con una expresión del mismo tipo. Incluso el brillo de sus ojos cambió, cosa que no pasó desapercibida por el Gran Sabio.

-Oh, no…no –tartamudeó el ahora recuperado Maou del susto inicial –No te preocupes, mi hermano ha sido demasiado agresivo –pronunció lentamente la última palabra –Sí, yo soy Yuuri ¿Para qué me necesitas?

-Muy bien, Shibuya. Acabas de revelar tu identidad y de servirte en bandeja de plata al enemigo –mencionó seriamente mientras bebía el líquido del vaso.

-¡Murata!

-Tu amigo tiene razón, Yuu-chan

-¿Enemigo? No, no…se equivocan. Yo soy Aoi Heizt. Gusto en conocerlos. Soy la hija del líder de este pueblo. Lamento haberme hecho malinterpretar. Mis modales no son los mejores. Lo lamento.

-Aoi-san no hay problema, olvide ese pequeño inconveniente, no pasó nada ¿Verdad?

-Absolutamente nada.

-Olvidaré que quieres hacerme un lavado de cerebro, Shibuya

-¡Murata! –La chica rió divertida por el comentario, cosa que animó al pelinegro a dar el siguiente paso –Tome asiento con nosotros –se levantó para ayudar a la mujer quién en respuesta le sonrió cálidamente. Terminó tartamudeando un sonido más parecido al de un bebe. Se sonrojó ante su torpeza y sin volver a mencionar palabra se sentó de nuevo en su lugar observando detalladamente y embelesado cada movimiento de la chica.

-Y que la trae por estos lugares, siendo tan tarde para una señorita como usted, que vaga sola por el pueblo –inició la conversación el Gran Sabio terminando de sorber la bebida en sus manos.

-¡Oye! –le regañó el Maou, pero fue ignorado.

-El pueblo no es tan peligroso como lo describe, Su Santidad.

-Por supuesto, pero extraños entrando día a día, no podemos asegurar…

-No se preocupe por esas nimiedades, estoy bien protegida. –El encogimiento de hombros del chico de lentes le dio vía libre para exponer su razón sobre su presencia –Escuché de mi padre que el Maou había desaparecido, y que el general Von Voltaire está algo alterado por eso.

Los tres hombres se miraron entre sí. De pronto la idea de regresar al castillo ya no se veía atractiva, por el contrario era aterradora. Murata suspiró. La intención de colaborar con el escape había sido brindarle un lapso de descanso a su amigo para que se relajara y olvidara los tantos problemas que últimamente parecían ensañarse con los mazokus, no provocarle un infarto al mayor de los hermanos por semejante acto de irresponsabilidad. Aunque no negaba que había sido divertido el plan de escape. Si bien, la interrupción de aquella mujer le había tomado por sorpresa, el hecho que se hubiera tomado la molestia de buscarlos significaba la gran preocupación que había generado en el castillo.

-¿Y cómo nos encontró? –interrogó Shouri, ahora interesado en la información de la desconocida. Si ella los halló, probablemente, los soldados lo harían más tarde.

-Fácil –mencionó con un gesto que denotaba lo obvio –pregunté a unos amigos del pueblo y ellos me indicaron que tres extraños andaban vagando por el pueblo haciendo preguntas extrañas. Y como no sólo Heika, sino su hermano y Su Santidad desaparecieron, pues…

-Sí, tiene razón. Pero no consideraría las preguntas de extrañas –analizó el pelinegro ante la afirmación de su hermano y amigo.

-Esa clase de preguntas sobre aquel asunto están casi vetadas entre nosotros –señaló la castaña.

-¿Eh? ¿Lo prohibieron?

-No, Heika. No exactamente.

-¿Entonces?

-Fue algo doloroso para todos –desvió la vista hacia las personas que iban y venían en sus quehaceres. Un gesto de dolor se instaló en sus ojos rojos.

-Tiene razón, Aoi-san. Fue impertinente de nuestra parte hacer esa clase de interrogatorio a estas humildes personas –se disculpó el Gran Sabio.

-Oh, no tiene importancia, Su Santidad. Aquí cada uno hemos construido lo que fue dañado, y aunque el sentimiento continua, sabemos que Von Voltaire y Wolfram-sama hacen lo posible para evitar algo parecido, no sólo aquí, sino en el resto de territorios.

Los ojos de Murata brillaron. De pronto, aquella oportunidad única no sólo había sido un fastidioso accidente como pensó. –Así que Von Bielefeld ha estado manejando el reino desde entonces.

-Así es, no es algo que sea desconocido por el pueblo.

-¿y Von Voltaire? ¿Cuál ha sido su participación?

-La misma que la de Wolfram-sama. Aunque lo ha limitado luego de la emboscada, es lógico si quiere protegerlo y el asumir las responsabilidades del reino.

-Pero tengo entendido que Von Voltaire fue el que asignó la misión en donde Von Bielefeld resultó malherido. Acaso antes de eso no se habían presentado previos incidentes ¿Por qué lo mandaría a un lugar tan arriesgado?

-¿Acaso está dudando de Voltaire-sama?

-Dudo de sus fuentes de información –le miró despreocupadamente. Observó como la chica tensaba sus hombros y le lanzaba una mirada reprobatoria. Ahora estaba seguro que esa linda mujer no era tan inocente como aparentaba. Lo había leído en uno de los documentos previamente en el despacho del castillo. Gunter le había mostrado esa pequeña información confidencial a través de sus persuasivos métodos. Ese era el momento de comprobarlo.

-Que considero son confiables –espetó algo molesta

-¿Cómo lo sabe? ¿Le ha contado algo su padre?

-Sí, porque él fue quién le dio esa información. Y también le aseguro que está realmente arrepentido por lo sucedido con Su Excelencia.

-Y yo me pregunto cómo su padre estaba enterado de los movimientos de tropas enemigas. Su señor padre es un pacifista y esos métodos de espionaje no son sus favoritos, entonces…

-Creo que debo ir al baño –la escueta e indecorosa frase detuvo el hilo de la conversación. Los tres pares de miradas se posaron sobre su figura. El pelinegro sonrió tontamente. –Lo siento Aoi-san.

-Yuu-chan ese tipo de comentarios no se hacen públicos –le regañó el mayor con una mirada severa.

-Lo mencioné porque en este establecimiento está averiado y no conozco otro lugar…

-Yo lo puedo llevar Heika –le sonrió la chica levantándose para guiarlo fuera del establecimiento.

-Yo los acompaño, no puedo permitir que ande por ahí solo ¿Viene amigo de mi hermano?

Para extrañeza de los dos muchachos, el otro parecía absorto en sus pensamientos. Levantó la mirada hacia el mayor y negó con la cabeza –Los esperaré aquí, aún no he terminado.

-Entonces vamos –salieron los tres del establecimiento. El Sabio los observó a través de la ventana enfilar rumbo hacia la izquierda mientras se perdían entre la multitud. Un atisbo de molestia transformó su rostro. La oportuna intervención de su amigo había salvado a la mujer de seguir contando detalles relevantes para sus sospechas, sabía muy bien que Shibuya estaba mintiendo, él quería evitarle problemas a la joven con su forzadas preguntas. Cerró sus ojos y se permitió dejarse llevar por los diversos sonidos que inundaban la instancia. Después de todo su amigo no era tan ingenuo como creyó al haberse percatado de sus intenciones escondidas para con Aoi-san.

Caminaron a un paso rápido evadiendo a las personas de aquella transitada calle. Aoi se detuvo en un amplio local conocido por su familia, que muy seguramente le permitiría utilizar el baño sin queja alguna. Entraron silenciosamente rodeando las mesas repartidas por una gran habitación iluminada por los débiles rayos del sol que se filtraban por el techo y las paredes de vidrio que componían un atractivo inigualable. El mayor permaneció cerca de la entrada observando la singular colección de armas que adornaba el vestíbulo, y con pocas palabras le indicó al menor que no demorara o entraría a buscarlo para sacarlo a rastras de allí. Ya sólo con el Maou se acercaron a la barra donde una mujer ya entrada en años les saludó cortésmente. Intercambió unas breves palabras con la jefa y le señaló a su acompañante una puerta que daba a un jardín, igualmente adornado con mesas. En un espacio apartado, la señalización de los baños indicó a Yuuri qué camino seguir.

Esperó unos minutos muy cerca de los servicios. Finalmente cuando salió le ayudó a secarse las manos tendiéndole una toalla, la cual frotó con delicadeza en la piel morena. El joven dirigente parecía azorado por su cercanía y eso le pareció encantador, pues sus curvas femeninas y los dones con los cuales la madre naturaleza la había dotado le estaban brindando una gran ayuda. -¿Está enojado conmigo por lo sucedido con su prometido? Le aseguro que mi padre nunca tuvo la intención de…

-No, no Aoi-san –le tomó las manos con el objetivo de confortarla –Fue coincidencia que aquello ocurriera, nunca dudaría de usted o de su padre que ha hecho tanto por este pueblo.

Le obsequió una maravillosa sonrisa que casi derrite al joven. Pasó sus manos por el cuello de este con la intención de abrazarlo, pero una mano en su hombro la detuvo. Rodó sus ojos a la impertinente molestia y se encontró con un soldado muy reconocido por ella. Se alejó del Maou. –Sir Weller, es un gusto volver a verlo.

-¡Konrad! ¡Qué alegría! ¿Cuándo…? –el mayor lo tomó de la muñeca y lo alejó de la mujer. Se confundió por aquella acción. ¿Por qué tanta cautela? Su mirada seguía en ella, luego se despegó para colocarla en sus ojos negros –Es hora de irnos, Heika. Gwendal está molesto y creo que le debe unas cuantas explicaciones.

-¿Eh? Yo estaba con Aoi-san…

-Lamento que Heika la haya inmiscuido en esta fuga infantil. ¿Desea que la acompañe a casa?

-Oh, no se preocupe. Le prometí a la casera quedarme a ayudar una vez me despidiera de Su majestad –le señaló a la robusta mujer que atendía una mesa.

-Entiendo, entonces nos marchamos –haló al menor guiando hasta la salida. Su mirada permanecía fija en su ahijado. Era muy joven y por eso no se había dado cuenta, pero el cómo un hombre maduro si lo había hecho. Aquella era la mejor arma de una mujer, la seducción. Capaz de nublar la razón de un hombre y llevarlo a la perdición. Y en esos instantes, Wolfram estaba siendo engañado por una mujer de poca clase, que casualmente llamaba la atención de su hermano mayor por sus inconsistentes actos ajenos a su padre.

Oyó las palabras del pelinegro, pero prefirió mantener silencio hasta llegar al castillo. Su insistencia en viajar lo más rápido había sido acertada. Salieron del lugar junto con el hermano mayor del Maou para ir en busca del Gran Sabio.

.

.

.

.

+-Anexo-+

.

-Debo preguntar ¡Por qué diablos me sigues! –gritó el mazoku caminando rápidamente por el pasillo. El pelinegro a su lado hizo un mohín de fastidio al tono que utilizaba el otro para hablarle de esa forma. No que era el Maou, y por lo tanto todos le debían respeto, maldición, pero eso al parecer no le importaba al demonio de fuego.

-Porque me estás traicionando y encima, ¡me evitas!

La mirada del ojiverde recayó en el menor con toda la severidad posible. -¿No eras tú, quien mencionó que no te daba espacio? Por eso me alejé, además, ¿De qué traición me hablas? ¡No es ningún pecado hablar con mis soldados, arrg!

-¡Sólo tu conversabas! Ellos estaban pasándose de la raya, es especial ese tal Alexander. Además, yo no te pedí que de pronto no volvieras a dirigirme el saludo. ¡Sigues enojado por lo del compromiso!

-¿Podríamos cambiar de tema? ¡Me tienes mareado con eso, olvídalo! –el rubio se detuvo frente a una de las tantas habitaciones, tocó suavemente y entró al lugar, sin esperar invitación siguió.

-No puedo olvidarlo cuando eres tú quien sigue amargado con eso

-¿Amargado? ¿Te he reclamado algo? ¡Deja de ser iluso!

-Oh, por eso mismo. ¡Por qué no lo has hecho, es porque me preocupo!

-¿Te preocupas?

Los cuatro ocupantes de la habitación miraron a los dos individuos que discutían acaloradamente ignorando sus presencias en la instancia. El mazoku tomó asiento mientras el otro seguía de pie muy cerca del él.

-¡Claro! ¡Quiero que dejes de hablar con ese tal Alexander, aléjate de él!

-Oh, ¿Entrenarás a mis soldados? Y desde cuando tengo que obedecer deseos tuyos que suenan a capricho.

-¿Eh? ¡Wólfram…!

-Ejem, yo también quiero saber, desde cuándo, tú, Shibuya estas celoso. –le cuestionó el chico de lentes muy cerca de su ubicación. Yuuri se percató entonces de la presencia de los demás demasiado tarde, tan concentrado estaba que no los notó.

-¡No estoy celoso!

-Heika, pero lo parece. Tan sólo oyendo sus palabras. Además, sigue de un lado a otro a Lord mocoso, pensé que ya se le había pasado ese arrebato. –Wolfram fulminó con la mirada al peliplateado por atreverse a nombrarlo con ese apodo que le había impuesto. Sin embargo, no respondió a la ofensiva y permaneció callado.

-Gunter creo que debe dejar de llamarlo así, es una falta de respeto contra Su Excelencia –el castaño lo miró comprensivamente, se acercó a Yuuri a quien le acarició la cabeza y se acomodó en la silla contigua a la de su hermano menor.

-¿Y bien? –exigió el mazoku ojiverde

Gwendal contempló al público presente e invitó con un gesto al Maou a sentarse también. Lo hizo junto al gran sabio y permaneció en silencio, enojado por no ser tomado en serio por su prometido.

-Se ha presentado cierta situación con unos bandidos, así que necesitaré de tu habilidad Wolfram para que acompañes a Konrad junto con Yozak en una misión para averiguar que traman.

El rubio volteó a mirar a Konrad en un gesto claro de curiosidad. -¿Desde cuándo requieres de mi ayuda para solucionar algo tan trivial como esto? –el castaño sonrió y levantó sus hombros como restándole importancia al asunto.

-Si no quieres, no hay problema…supuse que deseabas cambiar de ambiente.

-Wolfram no puede ir.

El gran sabio rió divertido y se acomodó los lentes. -¿Y por qué no, Shibuya?

-Sí, porque no. No creo que me necesites mucho por aquí…podrías buscarte una bella mujer que perseguir.

-Oye, no he coqueteado con ninguna

-Porque no has tenido el tiempo

-Ya basta, los dos –el mayor de los hermanos se incorporó de su sillón. – ¿Y por qué no puede Wolfram ir a la misión que le he encomendado, Heika?

Por Shinou que no quería estar allí, pero el buen Maou había tenido una de sus brillantes ideas, si brillantes: visitar a Saralegui su buen amigo que se hallaba solitario en su mansión y en sus territorios. Por lo menos para alejarlo de la otra idea, que sus hermanos mayores le habían ofrecido. Hump, solitario o no, sólo era una invitación más para tratar de seducir al Henachoko desgraciado infiel. Además, ¿por qué él necesariamente tenía que acompañarlo? Muy simple, sus hermanos consideraron que un cambio de escenario les facilitaría la tan preciada reconciliación luego de tantas discusiones en las que el debilucho no dejaba de atormentarlo sobre lo preocupado que estaba con su comportamiento después de aquel problema con el compromiso. Por primera en su vida pensó que la insistencia del pelinegro podía llegar a ser molesta. Si, él era el extraño, sus papeles parecían haberse invertido, ahora el intenso era otro, todo el mundo lo había notado menos el culpable.

-Estúpido Yuuri. Cuál es su maldito problema.

En fin, luchando la mayor parte del día con la insoportable buena conducta del noble y más con su detestable sonrisa falsa, el descanso que merecía lo estaba disfrutando ahora, ajeno a cualquier cosa que no fuera ese baño termal. Amplio silencioso, privado y con todo lo que necesitaba. Era el mejor lugar para estar. Un golpe en la puerta, seguido de un permiso y de la figura de quien menos esperaba ver, dejó sorprendido al mazoku.

-¿Qué quieres?-preguntó despectivamente

-Al Maou-respondió sencillamente el hombre

-Eso ya lo sé, pero él no está aquí

-Lo sé

Nuevamente se sintió fuera de onda. ¿Qué hacía entonces Saralegui allí frente a la fuente de agua caliente? El ojiámbar sonrió complaciente acercándose más a la orilla del baño termal. Wolfram se movió con rapidez y detuvo al noble al interponer su espada entre ellos dos.

-Ahh, vienes a amenazarme para que me aleje de Yuuri-siseó arrogantemente

-Oh, no me atrevería a decir eso siendo su prometido, creo que vengo a persuadirte para que lo hagas de una manera más sutil. Tu presencia se interpone y eso no me gusta.

-No es mi problema, tan sólo eres un extraño en la vida de Yuuri que intenta entrar sin permiso en ella. Lástima que el Henachoko sea un despistado.

-Me he ganado su cariño y lo sabes, por eso estas molesto

-Estoy molesto porque tu presencia me desagrada, no eres alguien de confiar. Lastimarás a quien es más importante para mí y eso no lo voy a permitir.

Las miradas de los dos se mantuvieron fijas cuando un distraído soukoku acompañado de su buen amigo entraron.

-¿Wolfram, estás aqu…? ¡Que!- un petrificado Yuuri quedo congelado ante la imagen que se encontró. Murata se acomodó los lentes.

Sara frente a un Wolfram totalmente desnudo como Dios lo trajo al mundo sosteniendo su arma con rudeza amenazado por la presencia del intruso. Por la cara del mazoku realmente estaba a punto de explotar, oh si, contemplen su mal temperamento.

-Sin duda ahora reconozco la razón por la cual Yuuri te escogió como su prometido, ne? Bishounen.-se escuchó un gruñido molesto del rubio como respuesta. Oh, Shinou esto está mal pensó el pelinegro, que reaccionó y con la cara toda roja tomó del brazo al rubio de largos cabellos y lo sacó de la habitación. El Gran Sabio sonrió al contemplar en toda su expresión la esencia del chico de ojos verdes.

-¿Debería preguntar qué fue lo que sucedió?

No se hizo esperar un bufido del enojado demonio, el cual le devolvió una mirada cargada de odio.

-Aleja esa mirada de mí, ya te lo he advertido muchas veces-cortantes fueron las palabras que escupió con un tono de amenaza.

-Lo siento, es difícil hacerlo con tremendo encanto que desbordas-sonrió con aires de reto.

-Argg…-recibió una pseudo bola de fuego que esquivó audazmente. Luego abandonó el sitio dejando atrás a un mazoku echando llamas y no lo decía figuradamente, afortunadamente debía agradecer que estaban en un país humano, o sino lo más seguro es que un incendio ya estaría teniendo lugar.

-jeje, Lord Von Bielefeld, que divertido es hacerte enojar…

-Es hermoso en todo sentido, ¿no lo crees?

-¿Eh? ¿Quién?

-Von Bielefeld

-¡¿Qué? ¡Porqué dices eso de repente, Murata!

-jajaja, por lo que ocurrió en el baño con Sara

-¡Ehh! –el pelinegro enrojeció con recordar la escena que presenció

-Sí, me imaginé que también lo habías notado

-¡Notar qué! –gritó sosteniendo a la altura de su nariz para evitar la hemorragia

-Que tu prometido es hermoso, ya te lo dije. Ten cuidado o te lo van a quitar.

-¡No me gustan los chicos, arrg!

-Claro, por eso no dejabas de observarlo desnudo.

-Eso…no…es…cier…to… -se escuchó un golpe seco y el gran sabio observó a su amigo desmayado en el pie del comedor.

-¿Qué sucedió con papi? –preguntó una inocente Greta recién llegada al lugar intentando socorrer al pelinegro. El aludido levantó los hombros y movió la cabeza negativamente.

-Ni idea…

.

.

.

OoOoOoOoOo

(1) Región llamada seno carotideo, donde las paredes de las arterias carótidas que irrigan el cerebro son más delgadas y poseen receptores de presión, que al efectuarse una presión sobre los músculos cercanos, provoca que el cerebro "crea" que hay exceso de flujo sanguíneo y por lo tanto, el corazón disminuye sus latidos. El tiempo que dure la pérdida de consciencia, dependerá del tiempo que se emplee para ejecutar la presión. (Y no siempre funciona…pero para efectos de la historia, será así.)

Aclaraciones finales. Me disculpo por las inconsistencias dentro de la historia, pero les aseguro que no todo es lo que parece, como pudieron apreciar en este capítulo. Si los he engañado, en parte, y les aseguro que pronto las cosas saldrán a la luz. Detrás de la historia que he comenzado a narrar se esconde algo más profundo, y las intenciones de nuestro querido Wolfram no son del todo puras, pero no malas, eso sí. Espero no haberlas enredado, si es así, los comentarios y sugerencias son bienvenidas, las aclaraciones se harán pertinentemente en el siguiente capítulo.

Adelanto. Capítulo VIII. Confrontación. Veo su fría expresión y una sucesión de cabezas que se agachan ante su presencia. ¿Desde cuando eres tan imponente que hace que mi corazón lata más rápido? Una confrontación cara a cara y una batalla en el fulgor de la rebelión que sella con sangre una clara decisión. Ni siquiera nuestro reencuentro puede ser normal. ¿Por qué te comportas así, Wolfram….?

¡Y aunque lo dudaron, si es Yuuram! Por fin el anhelado encuentro de la pareja estrella, espérenlo.

Gracias por leer hasta aquí. Se aceptan comentarios… ¿Reviews?

Ja ne!