-CONFLICTOS-
Capítulo 08. Confrontación.
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Aquí renace otro capítulo para los incrédulos que pensaron que lo había dejado tirado. Que lo disfruten, estamos llegando a la etapa de mayor acción en la historia.
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Aclaraciones: en capítulos de la serie, quedaba claro que no existe mar entre los dos territorios, sin embargo, para efectos de mi historia, la tierra de los Bielefeld quedará separada de Shin Makoku a un viaje por barco.
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Agradecimientos a: Zafira, joysherm, Maegu Sagara, Marik. Gracias a ustedes por su entero interés, lamento la tardanza pero los recompenso con capítulos largos.
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Disclaimer: este anime no me pertenece ni los personajes, son de Temari Matsumoto y Tomo Takabayashi, sólo uso de ellos para mis locas ideas, por lo tanto no recibiré ningún benéfico de esto, sólo ver a mi lindo Wólfram feliz con Yuuri.
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XoXoXOXoXoX
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Desperdicia el día mirando las olas del mar mecerse una y otra vez en el vasto océano que los rodea sin respetar límites más allá del horizonte. No recuerda a qué horas las velas de la embarcación se abrieron, los hombres gritaron al unísono y las cuerdas atadas a tierra firme fueron retiradas. Tal vez, la mitad del recorrido ha viajado ya, o tal vez no.
Su mortal aburrimiento le ha dejado en un estado de indiferencia ante lo que sucede a su alrededor. Lo más deprimente de aquella absurda circunstancia, es que las memorias siguen fluyendo poco a poco como si la represa de los recuerdos tuvieran una grieta por donde escapan silenciosas, y a la vez, aplastantes.
Cada vez más cerca, cada vez más lejos, la visión de su prometido está cubierta por las sombras de la incertidumbre, esas que con sus tormentosos tentáculos lo siguen presionando más y más fuerte. ¿Qué debería decir cuando lo tuviera al frente? ¿Cómo saludarlo después de todo lo sucedido? ¿Estaría enojado…o tal vez decepcionado? ¿Estaría bien? ¿Lo recibiría con el acostumbrado "Henachoko, tardaste demasiado" o lo ignoraría como en las últimas ocasiones?
Ocultó su rostro entre sus manos tratando de apaciguar la ansiedad emergente de todas sus dudas. No iba a llegar a una solución práctica y productiva si continuaba con ese tipo de ideas. Sin embargo, nada a su alrededor parecía indicarle la forma como debería comportarse con el mazoku de fuego…unos meses de distancia y ya no estaba seguro de reconocerlo.
-Estoy comenzando a creer que en cualquier momento te arrojarás por la borda –mira con detenimiento la reacción de su desprevenido amigo.
-¡No estoy deprimido!
-¿De verdad? El ambiente a su alrededor parece contradecirlo.
-¿Ah?
-¿Qué es lo que tanto le preocupa, Shibuya? –la pregunta parece perderse en la brisa marina que impulsa con fuerza las enormes velas del barco.
-¿Acaso teme una reacción violenta por parte de Von Bielefeld?
El azabache evade la mirada escrutadora del Gran Sabio, esta vez, no ha hecho la pregunta correcta y es por esa misma razón que no desea ser descubierto, no en esta ocasión. Pero es inútil ocultar algo pues está ante la persona equivocada. Evadir la pregunta e intentar creer que nada ha sucedido no funcionará, y por el contrario, hará que las sospechas aumenten. Sin embargo, el ser directo sólo generará más preguntas. ¿Qué debería hacer?
Lleva su mano a un costado de su cabeza en señal de molestia y frustración –No. Ese sería el mejor recibimiento proviniendo de su parte considerando todo este problema y la forma como terminaron las cosas la última vez que visité Shin Makoku. Ahora, no creo estar de acuerdo con lo que hace o hará para resolver este lío y sé que él no olvidará las palabras dichas en el pasado. Yo me equivoqué. –terminó en un tono tan bajito que apenas el otro alcanzó a escuchar.
El silencio vuelve a reinar mientras que ambos chicos observan las olas mecerse con calma. –Es cierto que las cosas entre ustedes dos no serán iguales, pero Von Bielefeld seguirá a su lado pese a todo. Lo que decidan respecto a cómo actuar para solucionar todo este asunto de la guerra no es algo que dependa sólo de los dos. Muchas personas están involucradas.
-¿Y si se sale de control por tomar venganza?
-Von Voltaire lo mantendrá dentro de sus cabales. Al igual que Lord Von Bielefeld y las familias de nobles mazokus. ¿Desconfía de lo que su prometido está haciendo?
-No sé qué pensar. Escuché ciertos rumores sobre ciertas cosas que no…
-¿No quedamos en dejar a un lado ese tipo de chismorreos de viejas para darle la oportunidad de explicarse? Darle el beneficio de la duda, Shi… -Ahora sí la atención del Gran Sabio estaba dirigida a lo que su amigo había escuchado, y que él, definitivamente no sabía. -¿Qué fue lo que oíste?
-Gwendal contrató a alguien para mantener vigilado a Wolfram. Sin embargo, desapareció durante la emboscada de hace unas semanas donde Wolf se vio involucrado.
El rostro del Gran Sabio se endureció ante el comentario. Realmente era una acusación seria que significaba sólo una cosa. – ¿Se aclararon los hechos de su muerte? –enfocó sus orbes azabaches en el maou.
-No. Según los informes, todo lo relacionado con la emboscada es un misterio. No se sabe con certeza que ocurrió allí y tan sólo se presume que el agresor fue el mismo quién meses atrás había atacado Shin Makoku, sin embargo, Wolf no recuerda mucho.
-Entiendo –acomoda con lentitud sus lentes pensando y uniendo todas las piezas de aquel elaborado rompecabezas. Pero fragmentos no cuadran, algo faltaba. ¿Por qué era tan sospechoso para Von Voltaire la desaparición y posible asesinato de su espía? ¿Acaso Von Bielefeld no estaba comportándose correctamente como presumió al principio…?
Detuvo su hilo de razonamiento al recordar que había un asunto del cual no había indagado: Shinou heika. Sin embargo, su actuación no sería la causa directa de la aparente rebelión del noble demonio. La venganza parecía la razón más indicada de su sospechoso comportamiento y la explicación del porqué había sido vigilado tan de cerca –hasta hace unos días atrás-. Pero ¿Por qué estaba siendo considerado alguien tan peligroso? Como un traidor. No. Debía descartar esa opción. Era improbable que el mazoku de fuego cometiera semejante acto de hipocresía y menos hacia el lugar y hacia las personas que más amaba.
-¿Cómo crees que debería comportarme frente a él? –indaga muy concentrado en sus pensamientos el joven dirigente sin prestar atención a la respuesta del otro. –Podría mostrarme un poco indiferente hacia él, es decir, un saludo sin emotividad y hacerlo a un lado para centrar mi atención en Greta…aunque eso sólo lo molestaría más. También podría saludarlo como si nada hubiera ocurrido…umm, no, eso es peligroso. Creería que no me importa…ahh! ¡Qué hago! –se desordena el cabello y sostiene su cabeza entre sus manos cerrando con fuerza sus párpados ante el sin fin de ideas que continúan confundiendo su razonamiento.
-No hay que matarse la cabeza con ideas absurdas, sólo compórtese como normalmente lo haría, Shibuya. –le consuela con una palmadita en la espalda.
-¿No es esa la razón por la que estoy teniendo este tipo de problemas con Wolf?
-¿Y no es esa la razón por la cual Von Bielefeld se enamoró de usted?
La respuesta a esa pregunta era realmente una poderosa premisa que no podía ignorarse con facilidad. Discutir con una persona sabia en la mayor parte de los casos era perdido. Sí, podía ser cierta toda esa habladuría, pero no le restaba importancia al estado actual de los sentimientos del mazoku, y menos, cuando de un día para otro un hombre maniático había decidido asaltar e incendiar el castillo para cometer genocidio a gran escala. Y él como si nada se encontraba paseando alegremente con una de las chicas del curso. Era más que infidelidad en alto grado, era un completo descaro de su parte. -¿Sabes que estuve saliendo con una compañera de clase por dos semanas? –indagó casi en un susurro esperando ver la reacción ajena. El otro chico apenas si notó porque no pareció inmutarse. Se animó a continuar. -¿Y que por azares del destino casi terminamos formalmente como novios?
-Casi no significa nada –concluyó el Gran Sabio. Le miró fijamente -¿Y puedo preguntar la razón por la cual no llegaron a ser pareja?
Fue el turno para el maou de tensarse y sudar frio.
-Bueno…ella no estaba muy segura sobre lo nuestro.
-Al grano Shibuya. –le retó con una leve sonrisa en los labios.
-¡Lo sabes! Ah, ¿Para qué me lo preguntas? –gritó exasperado revolviéndose los cabellos.
-Para confirmar la hipótesis que ya se había mencionado. ¿Qué sucedió Shibuya? –Le animó –No conozco exactamente los detalles y por menores de la circunstancia.
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-Yuuri-kun –le llamó en voz baja con un cierto tono de deseo que lo asustó un poco. El cuerpo delicado y cálido de la chica se dejó caer un poco más sobre el suyo sin importarle que fueran encontrados en esa posición tan comprometedora.
Sentada a horcadas sobre su regazo, la mujer se permitió sonreír mientras lo abrazaba por el cuello y lo besaba tímidamente. El azabache se mantuvo totalmente rígido como una piedra evitando al máximo moverse para hacer contacto.
-Yuuri…-le susurró muy cerca del oído mientras lamía con dedicación el lóbulo de su oreja; y como si eso no le bastara, la fricción que estaba ejerciendo en su parte baja le estaba enloqueciendo. Y se olvidó de lo demás, sólo podía disfrutar de semejante atención.
-Wolf…-gimió sonoramente cuando su temperatura corporal iba en ascenso.
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-Me matará…-tembló el chico.
-Es muy seguro Shibuya, eso si se lo dice.
-¿Estás insinuando que lo engañe?
-No. Sólo sugiero que lo oculte hasta que encuentre un buen momento.
-Con Wolf nunca hay buenos momentos…ya me imagino, me quemará con las enormes llamas de aquellos feroces leones –lloró el azabache mientras su cine mental le iba mostrando imágenes aterradoras de su futuro.
-Tiene una buena imaginación, Shibuya. Aunque lo máximo que hará es sacarle de su cama y no dirigirle la palabra, eso luego que Von Bielefeld se deshaga de la ira.
-Eso es consolador, Murata… ¿Murata? –la atención de su amigo se había dispersado rápidamente. Siguió la dirección en la que miraba y se topó con la figura de su padrino hablando algo con uno de los tantos hombres a bordo.
-Será mejor que lo piense bien. No querrá arrepentirse de la falta de compañía a la hora de dormir. –fue su escueta frase antes de marcharse. Su confusión no puedo ser mayor.
Se encogió de hombros y suspiró, hoy no era un día donde las personas a su alrededor se comportaban normalmente.
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Un dolor de cabeza amenazaba con hacer estragos en su mente, aunque leyese y releyese, ninguno de los documentos a su alrededor parecían ser concretos en el asunto, sólo se basaban en los extraños comportamientos de su hermano. Simples suposiciones. Aunque, tal vez, nunca sabría qué era lo que ocultaba con tanto ahínco, estaba completamente seguro que eso había provocado su muerte. No había otra explicación para que ese hombre se haya movido hacia el lugar de la emboscada contradiciendo sus órdenes explícitas de no hacerlo.
Sabía que ese hombre era un patriota, su vida y su alma estaban dedicadas a servir al maou y a Shin Makoku –y a las buenas aventuras que involucraban recompensas y tesoros- como también se lo había hecho saber su hermano. Sin embargo, eso no era una excusa para culparlo de desacato, aunque había desobedecido para seguir al mazoku de fuego. La pregunta era ¿Por qué? Y eso no dejaba de dar vueltas en su cabeza. ¿Qué era lo que faltaba? ¿Acaso había escrito algo más que no llegó a sus manos?
"Estaré comunicándome con usted dentro de poco, aunque sus órdenes hayan sido claras: No seguir a Su Excelencia durante esta misión. No considero que esa sea una buena decisión en estas circunstancias…"
Leyó nuevamente en aquel papel sucio y con buena caligrafía. ¿Por qué dudaba de su orden? Apartó la hoja abandonándola en la pila de documentos que descansaban en su escritorio. Estaba cansado. Definitivamente necesitaba un tiempo para dormir y recuperarse, su mente ya no estaba lúcida. Y continuar torturándose de esta manera solo ayudaba a pintar fantasmas de situaciones hipotéticas que se basaban en supuestos, en conjeturas, en nada verídico.
Se recostó en el cómodo sillón dejando que la cálida sensación de bienestar lo inundara. Cada músculo se encontraba dolorosamente contraído haciendo que por primera vez notara lo tensionado que estaba. Se quejó bajito. Ahora le daba la razón a su madre sobre la importancia de alejar el estrés y tomarse las cosas más a la ligera. Aunque en los últimos días, la cantidad de asuntos por atender había aumentado considerablemente, aún mantenía la preocupación hacia el estado de salud de su pequeño hermano luego de la emboscada.
Constantemente se preguntaba cómo se encontraría y si el peso que él mismo había decidido llevar le estaba cobrando la misma renta que a él.
Dos toques en la puerta lo distrajeron. Tenía visita y no estaba seguro hasta qué punto era la deseada. Respiró profundo. –Siga.
La figura que atravesó el umbral le miró con cariño. -¿Estás bien?
-Lo estoy –lo contempló. Había algo que seguía rondando en su cabeza. Paranoia, se reclamó a si mismo.
-Ya estamos cerca del objetivo. ¿Quieres tomar el almuerzo que olvidaste hace un par de horas? –concilió tranquilamente acercando una silla apartada. Tomó asiento cerca del mullido escritorio.
-No. No tengo apetito. ¿Necesitas algo…? –inquirió algo impaciente. El otro levanto el ceño mientras registraba atentamente en el rostro de su hermano algo diferente.
-¿Quieres que me vaya?
-No contestes con otra pregunta, Conrad.
-Vale, vale. Esa sólo… -dejó la frase en el aire, sus ojos seguían fijos en los del mayor.
-No hay nada de información acerca de Yozak o de Wolfram.
-Ah… ¿Sigues con tu espía misterioso?
-Ya no. Desapareció el día de la emboscada.
La afirmación pareció sorprender al menor. Pero sólo eran rumores…¿No?
Gwendal lo escudriñó unos segundos antes de apartar la vista, cansado. No estaba de humor para tolerar un interrogatorio, y eso, al parecer, era lo que había logrado. –Conrad…
-Sólo una cosa… ¿Estás sospechando de Wolfram o su ejército? –esa fue la gota que colmó el vaso.
-¡Claro que no! –Le gritó enfurecido -¿Crees que lo debería hacer? ¡No soy déspota!
-No insinúo eso, quiero dejarte claro que has estado demasiado intenso acerca de las suposiciones que carecen de bases…
-¿Suposiciones sin bases? –rio como si se tratara de una broma –No eres el más indicado para decirlo. Desde que Yozak fue de misión no hay nada acerca de los humanos que quemaron y destrozaron el castillo. Extrañamente Wolfram parece estar adelante y es él, quién me trasmite los datos, planos y hasta las órdenes. –finalizó casi a punto de perder el aire.
Ninguno de los dos dijo algo. Permanecieron en silencio.
-Lo siento –se atrevió a disculparse al pelinegro. –Siguen sucediendo cosas que se salen de control y aún no hay alguna buena pista.
-No importa. No soy quien para juzgar tus actos.
-¿De qué querías hablarme?
-Olvídalo. No tiene importancia ahora –hizo una pausa para sonreírle de forma cálida. –Descansa, lo necesitas. –Abandonó el estudio sin mirar atrás.
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-Parece que hay puntos a los que no llegan a un acuerdo. ¿No es cierto? –declaró el pelinegro a unos pasos de la puerta donde Conrad hacia acto de salida. Los ojos miel mantuvieron la mirada. Una sonrisa cómplice surcó su rostro. –Como siempre ha acertado. ¿Estaba espiando la discusión, Su Santidad?
-No sabía que era una discusión.
-Ah…-se permitió sonreír espontáneamente ante las claras intenciones del menor.
-No era necesario…-aclaró. Sus ojos viajaron por el azul firmamento teñido de leves pincelazos naranjas, antes de volver a posarse en la figura del soldado. –El temperamento de Von Voltaire ha estado de cuidado los últimos días.
-Sí es cierto –sonrió nuevamente, divertido ante al comentario. Con un gesto invitó al otro a caminar hasta los dormitorios. –Está agotado, sólo necesita un poco de descanso.
-Así como usted, Sir Weller, según veo.
-Sí, así es.
-¿Tan mala es la situación de Shin Makoku y la de la rebelión humana?
-No intente sondearme. Estoy seguro que conoce la respuesta a eso.
El pelinegro permaneció en silencio. La expresión de su rostro se había vuelto indescifrable. Avanzaron silenciosos hasta la puerta que le correspondía al soldado.
-¿Por qué Von Voltaire desconfía de Von Bielefeld? –Ojos miel no se despegaron de su locutor. Una sonrisa resignada ensombreció su rostro.
Sí. El Gran Sabio había hecho la pregunta correcta.
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+-Flashback-+
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-Un simple perseguidor de los pasos de aquellos mercenarios no será suficiente para hallar el líder. ¿Has considerado que esta acción es inútil y consume recursos valiosos de nuestros mejores soldados? –golpeó con sus dedos la superficie de la mesa.
-Es lo que tenemos hasta ahora, Wolfram. No hay que apresurarse –le contestó con seriedad y el ceño fruncido.
-No estoy de acuerdo con esta opinión, hermano.
-Harás lo que en esta reunión se ha decidido. Cualquier cosa impulsiva que intentes hacer puede arruinar todo lo que hasta ahora hemos logrado. ¿Eso es lo que quieres? –le regañó.
-No veo que hemos logrado, según dices.
-Wolfram, Gwendal intenta ser prudente en esta situación. Un solo error y todo se viene abajo. Sé razonable. ¿Estas consciente que…? –fue interrumpido por un golpeteo seco sobre la mesa. –De lo que soy consciente es que estamos actuando como gatitos asustadizos. Eso es debilidad y el enemigo lo interpretará como una muestra de triunfo sobre nosotros.
El silencio reinó sobre la instancia mientras unos cuchicheos, de los hombres reunidos en aquella sala de guerra, iban tomando fuerza. El pelinegro frunció aún más el ceño por la aparente emocionalidad del ojiverde. Conrad solo esperó que los ánimos no subieran hasta provocar una disputa mayor.
-¿Qué es lo que piensas hacer? –cuestionó con autoridad el ojiazul levantándose de su puesto. El rubio le sostuvo la mirada y luego la suavizó. –Nada de lo que puedas preocuparte.
-Wolfram…-le llamó en un tono de ligero reproche –Sé que estás ocultando algo. Tu postura y tus expresiones son fáciles de leer.
-¿Eso crees? –le respondió con un toque de agresividad en su voz. –Buena suerte con eso. –Los demás individuos de aquella habitación permanecieron al margen de lo que sería un serio y peligroso enfrentamiento entre familia. –Te lo repito. No tienes de que preocuparte.
-Me preocupo porque si más no recuerdo hace unas semanas estaba debatiéndome la posibilidad de dejarte encerrado lejos del daño que podrías llegar a hacer.
-Oh, y es cierto, aunque gracias a Shinou-heika, la intervención de alguien más evitó que dejara de ser una posibilidad ¡Para transformarse en un arresto domiciliario! –gritó con furia contenida y un brillo de fuego en sus ojos.
-¡No fui yo quien perdió la cabeza ante el inútil sentimiento de venganza!
-¡Fui yo quien se enfrentó a aquel sujeto y que casi fue asesinado por él!
-¡Yo te encontré moribundo en pleno incendio jurándole a todos nuestros ancestros que mataría a aquel hombre por semejante insolen…!
-¡Ya basta los dos! –golpeó con su puño la mesa haciendo que todos los ojos se clavaran en él. El castaño arrugó su frente en señal de angustia, y fue ese gesto que cesó el enojo mutuo. –Ambos sabemos lo duro que fue. No es necesario atacarnos entre nosotros. Por favor, Gwendal…Wolfram…
-Lo siento…-sentenció el menor cerrando sus ojos en el proceso. Tomó aire y abrió sus ojos para fijarlos en las orbes miel de su hermano mayor. –No volverá a ocurrir. Será mejor que me retire, no me siento muy bien.
Abandonó el pequeño recinto ante la atenta mirada de sus hermanos.
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+-Fin del Flashback-+
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-Así que todo se reduce a una simple venganza –comentó el chico de lentes frente al camarote del soldado.
-Tal vez. Lo que nos preocupa es que cometa un error que comprometa la seguridad de él y Shin Makoku.
-Sir Weller, ¿Qué sucedió en aquella emboscada de hace unas semanas? –la pregunta sorprendió un poco al soldado quien dudó unos segundos en cómo dar una respuesta adecuada.
-No sabemos. La mente de Wolfram está confundida. No recuerda con exactitud que ocurrió. Sólo estamos seguros que él recurrió a su magia en un territorio humano como una medida desesperada y de emergencia.
-Algo peligroso para su salud. Y ¿Algún enemigo peligroso que tal vez debía morir?
-Tal vez. No queda nada en aquel pueblo, sólo ruinas, cadáveres y cenizas… ¿Me está interrogando, Su Santidad?
-Lo siento –rio con un poco de vergüenza. –Intento armar el rompecabezas que es el territorio mazoku en esta situación.
-Lo comprendo.
-¿Contestará a mis dudas? –le preguntó incluso con la mirada. Parecía un niño en busca de su juguete nuevo.
-Nunca cambiará ¿Verdad? –suspiró al ver el brillo descomunal de curiosidad en el otro.
-No. Sino dejaría de ser quién me caracteriza. ¿Y aquel hombre que seguía a Von Bielefeld?
Una media sonrisa apareció en el rostro del otro. –Usted está enterado de todo ¿Uh?
-Esa es mi labor, ser consejero y observador.
-Sólo tenemos su último mensaje donde nos comunicaba su intención de seguir a Wolfram hacia el pueblo donde supuestamente había rumores de actividad enemiga.
-¿Por qué basarse en simples rumores?
-Por la fuente.
-¿Qué tan válida es la información…?
-No lo sabemos.
-¿Entonces…?
-Fue quién lo dijo.
Esta vez fue el turno del Gran Sabio para abrir sus ojos ante la verdadera sorpresa de aquella revelación le provocaba. Observó unos segundos la expresión tranquila de su acompañante. No mentía.
-El líder del pueblo de Shin Makoku fue un leal miembro de nuestro ejército en algún momento. Especialista en misiones de reconocimiento y obtención de información.
-Pero no sospechan de él, sino las dudas sobre Von Bielefeld estarían injustificadas.
-No. Su hija, la hermosa Aoi fue quiñen actuó como intermediaria entre punto y punto.
-Era una trampa. Pero porqué confirmar hasta qué punto era verdadera aquella referencia. Dejar a una chica haciendo el trabajo de su padre.
-Esa era la labor de Wolfram.
Una ceja elevada y un claro gesto de desconcierto adornaron su cara. Se acomodó los lentes meditando acerca del nuevo giro de los acontecimientos. -¿Por qué enviar a un noble a hacer la tarea de un soldado raso?
-Porque Gwendal creyó que al alejar a Wolf de la acción burocrática, le brindaría un respiro y le proporcionaba una actividad interesante. Aunque a él no le gustó mucho, terminó aceptando ante la presión.
-Umm, una razón personal. Y entonces Von Voltaire mandó a su espía a vigilar de él.
-No. Las órdenes de él fueron abandonar la misión encomendada.
-¿Ah?
-Desobedeció eso es seguro. ¿La causa? No se conoce. Pero fue uno de esos motivos por los que le dije a Gwendal que confiar en ex soldados y caza recompensas no era una buena idea.
-¿Qué harán con la chica?
-Nada, aún…hasta no contar con más que suposiciones.
-¿Entienden que dejarla deambular por ahí, puede ser un problema mayor?
-Es mejor que alertar al enemigo.
-Ellos ya deben estar enterados, así como supongo que Von Bielefeld lo sabe, si es que lo están ocultando de los demás.
-¿Cómo podrían estar conscientes de nuestras sospechas hacia ella y no hacia su padre, que es más sospechoso?
-Porque esa emboscada la dejó al descubierto, sin importar que a su padre también. Aunque él tiene de respaldo su experiencia como militar especializado en estrategias de guerra. Y esa acción, en definitiva, fue una equivocación grave. Además no era seguro que Von Bielefeld fuera asignado para ir a esa misión.
-¿Por qué está tan seguro que el objetivo era Wolfram?
-El ataque al castillo estaba dirigido a derrumbar el poder del maou y a asesinar a su prometido. Sir Weller, nos estamos enfrentando a otra venganza personal.
El soldado se pasó una mano por su rostro en un gesto de cansancio. Por unos minutos permaneció en silencio tratando de unir las piezas que ahora comenzaban a tomar su lugar en ese elaborado misterio. Había sido una buena idea hablar con el Gran Sabio después de todo. –Sabe usted como orientar a un hombre sin rumbo.
-Así es, por esa misma razón le aconsejo que quite a esa mujer de en medio. Hablando tácticamente es una pieza inútil ya que su identidad ha sido descubierta. Ahora es simplemente un estorbo en cualquiera de los dos bandos.
-Una acción bastante agresiva para usted, Su Santidad. Lo tomaré en cuenta. –avanzó hacia el cuarto dándole a entender al otro que había terminado la conversación.
El pelinegro asintió con la cabeza y enfiló su rumbo por el pasillo hacia cubierta nuevamente. Se detuvo en seco, volteó su cabeza hacia el lugar donde momentos previos había estado y antes que la puerta se cerrara lo comentó en voz alta. –Ah, Sir Weller…los secretos matan, tenga cuidado que los suyos no sean tan letales como para obligarlo a arrepentirse. –No pudo ver los ojos del castaño, pero estaba seguro que el mensaje había llegado. No esperó para comprobarlo.
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El movimiento de la enorme embarcación cesó. Por unos instantes todo quedó en calma, luego una sucesiva ola de murmullos, órdenes y hombres corriendo de un lado a otro le informaron que habían llegado. Se levantó de su apartado refugio y observó con satisfacción como la tierra avanzaba hasta perderse en la inmensidad. Un enorme bosque y un sendero que se fundía en él fue el paisaje que lo recibió. Había llegado. Yuuri sentía como la creciente excitación le estaba provocando una ola de emociones infinitas y variadas que casi no podía controlar.
-Algo anda mal –señaló el castaño una vez que sus pies tocaron la dura superficie de madera de la bahía donde su embarcación había atracado momentos antes. Vigiló cada punto donde se suponía encontraría un soldado alerta a la llegada de pasajeros a la zona, pero lo más extraño es que parecía no existir alguna presencia a varios metros a la redonda. Su hermano mayor unos pasos atrás de él contempló la escena con un rictus de mal humor. –Gwendal ¿Qué recomienda que hagamos? –cuestionó avanzando unos pasos.
-¿Qué sucede? –preguntó el maou al notar que todos repentinamente habían cesado el avance. –Ahh, no parece que alguien nos esté esperando –finalizó un poco confundido.
Los adultos se miraron por un par de segundos.
-Sargento, de cuantos hombres disponemos armados –demandó el ojiazul. Inmediatamente los guerreros se organizaron en fila. El sujeto de mayor rango pareció hacer una cuenta mental y pasar una mirada rápida por cada uno de los cadetes. –Quince, señor. –Respondió en un solo aire –No serán suficientes si esto se trata de una trampa.
-Nos bastará si logramos proteger a Su majestad, Su Santidad y el su hermano de Su Alteza –sugirió el medio humano con una mano acariciando su barbilla en tono pensativo –Aun así estamos presumiendo el ataque enemigo…
-¿En un lugar como este? –interrumpió Shouri nervioso por el repentino cambio de la atmósfera. –No se supone que estas tierras son de la familia de Wolfram ¿Cómo es que…?
-No lo sabemos –el pelinegro mantuvo su mirada en la entrada medio boscosa por donde avanzaba un camino. –Estuvimos muchas horas en el mar, aún si algo ocurrió con los demás, desconocemos la situación. Sin embargo, la falta de personal es una clara señal que hay alguien queriendo obstaculizar nuestra llegada.
-Separarnos no es una opción –habló por primera vez el Gran Sabio caminando hacia el noble. –Tampoco es una opción permanecer en el barco. Pueden pasar varias horas antes que Lord Von Bielefeld se percate de nuestra ausencia o de la falta de comunicación por parte de los soldados de la frontera.
-Podríamos ir adelante, tal vez.
-Es inútil. Enfrentarse contra una horda de salvajes armados no es algo prudente. ¿No es así, Sir Weller?
-Su Santidad, ¿Está insinuando que continuemos arriesgando la vida de tres civiles? –el tono del castaño sonaba a reproche.
-¿Espera que permanezcamos aquí? Sólo está cayendo en la trampa. De cualquier forma, ya sea que avancemos por donde ellos esperan o que aguardemos en este lugar, seremos el blanco sin importar la decisión que tomemos.
-Es cierto. Lo mejor para todos es pasar a través del sendero, juntos. Soy un mazoku controlador de la tierra y Conrad es un excelente espadachín, si contamos con el respaldo de los demás militares entonces…
-¿Tendremos una oportunidad? –finalizó el soukoku no muy confiado de la estrategia.
-No sea pesimista, Shibuya. Aún en estas circunstancias confío en el instinto de Von Bielefeld.
-Eso si llega a tiempo para impedir que seamos emboscados. –suspiró el chico mayor de lentes acercándose más al castaño.
-Bien, está decidido. Sargento, organice a sus hombres, los quiero en círculo rodeando a los 3 civiles. Conrad y yo iremos al frente. –ordenó con firmeza –Heika procure ser prudente y mantenga en alto la espada, su hermano y Su Santidad no tienen la misma habilidad en el combate. –se giró para enfrentar a sus subordinados. –Bajo ningún motivo se separen.
-Entendido.
-Ah, y no salgan del círculo. Si llego a dar la orden, usted y los demás huirán hacia el castillo –le espetó con seriedad a los tres jóvenes.
-¿Qué? No soy un cobarde, yo puedo…-un dedo en sus labios y la mirada fija del mayor le hicieron callar –No necesitamos héroes. Este es un territorio neutral, aunque sea el maou, una demostración excesiva de poder puede disgustar a Lord Waltorana. ¿Ha entendido?
-Sí, Gwendal. –asintió de mala gana. Y aunque le disgustara esa excesiva sobreprotección, el plan no tuvo modificaciones. El grupo completo se movió a la orden del general.
La cautela era un factor imprescindible ya que desconocían la cantidad de acechantes y el tipo de armas que llevaban consigo, eso y su estrategia de ataque. Para el soukoku esa escena se desarrollaba con tanto suspenso que el aire parecía haber detenido su avance y las hojas de aquel enorme bosque guardado un silencio sepulcral, que hasta el sonido de una aguja cayendo sonaría como mil explosiones.
Pasó saliva algo ansioso imaginado las mil maneras que se mostrarían los enemigos. –Respire o se ahogará, Shibuya –le susurró su amigo muy cerca de él que notó lo rígido que caminaba. –Es hora que comience a creer en la capacidad de sus soldados a su cargo y en la intuición de su prometido.
Ese simple pensamiento feliz no mejorará mi estado de ánimo, quiso decir, pero decidió dedicar algo de su atención en su respiración y los pasos que daba a lo largo del sendero. Después de todo, no quería ser el culpable de delatar tan rápido su posición.
Una, dos y tres chispas llenaron sus oídos, algo se acercaba a paso apresurado a través de los espesos matorrales. La marcha se detuvo mientras cada uno de los integrantes viraba sus pupilas en diversas direcciones tratando de hallar la fuente. -¡Vienen de diversos puntos! ¡Nos están rodeando, corran, corran…! –gritó alguien, y sin saber exactamente que hizo reaccionar a cada uno de ellos, todos se dirigieron hacia el frente donde un enorme espacio de frondosos árboles hacían reverencia en torno a un gran círculo inundado por la luz del atardecer. Perfecto, un lugar abierto que no daba la ventaja a nadie, aunque seguían perdiendo el juego. Las figuras de los atacantes fueron apareciendo una a una, unas cuantas permanecieron apostadas en los bordes rodeándolos, mientras que una fluida línea de cabeza iba ingresando a la zona de combate.
-Parece que lo lograron. No tenemos opción. ¡Sargento! Todos prepárense para luchar, no hay que tener consideración –fue el grito de guerra por parte del noble quien desenfundando su espada dio la señal.
Los soldados se movieron con rapidez hacia los asaltantes que no dudaron en responder al llamado, sin embargo, eran superados en número y no estaban siendo efectivos protegiendo a Su Majestad y los demás. Yuuri observó atónito como sus compañeros iban cayendo y algunos no daban abasto tratando de combatir tres contra uno; Conrad continuaba cerca claramente ocupado con sus propios rivales que no desaprovecharon un segundo para enfrentarlo. Murata y su hermano permanecían a su lado mientras que él continuaba blandiendo la espada Morgif.
Repentinamente entre la multitud de siluetas, una esquivó a sus guardias y los alcanzó. La filosa espada se estrelló con la suya, la cual intentaba sostener la bestial embestida sin perder posición o dejar al descubierto a sus indefensos camaradas. El corpulento hombre se rio de su precaria situación y volvió a arremeter una y otra vez insistentemente pudiendo leer sus movimientos y reacciones. Algo malo para su actual circunstancia. Un sentimiento de peligro resonó en su cabeza, definitivamente, no duraría mucho pues la violencia con la cual era atacado sobrepasaba la elegante esgrima que Wolfram y Conrad le trataban de enseñar.
Sus manos comenzaron a entumecerse y sus brazos no toleraban más la continua tensión, pronto notó que habían retrocedido unos pasos y que ya ni siquiera podía mantener la vista centrada en su oponente. Como en cámara lenta, la última estocada corta el aire, sin embargo, nunca alcanza su objetivo. Un quejido de dolor interrumpe la escena mientras gotas de sangre flotan en el aire a medida que el sujeto en cuestión va cayendo. Otros proyectiles vuelan con increíble velocidad hasta incrustarse en los enemigos. La intrusión parece frenar la contienda.
Las miradas recaen en tres soldados en hermosos caballos que sostienen con firmeza un arco y flecha listos para matar. Los usuarios de houseki corren hacia los jinetes invocando la magia poderosa de los humanos pero son detenidos. Una serie de potentes rayos hacen su aparición arrastrándose contra la barrera protectora de los magos, uno, dos, tres segundos transcurren hasta que logran atravesarlo y romper los cristales carmesí electrocutando a los portadores.
De entre las sombras un mayor número de jinetes aparecen tomando lugar a través del círculo que se ha formado como si de una caravana desfilando se tratase. Un cuarto hombre emerge, al parecer es el mazoku que ha neutralizado la magia. A diferencia de los otros una capucha no permite ver su rostro. Se mueve con elegancia mientras una pequeña reverencia es efectuada por los otros acompañantes. El extraño encapuchado parece estar a cargo. Se dirige a uno de los jinetes a su lado, y luego pone en marcha su blanco corcel mientras con una última mirada se aleja por un diminuto sendero entre la arbolada.
El combate se ha calmado. Los pocos atacantes que quedan tiran sus armas en señal de derrota, Gwendal y sus hombres examinan las bajas mientras se encaminan a reunirse con el ejército salvador.
-Lord Von Voltaire, Sir Weller –les llama el segundo al mando. Con una cortes reverencia desde su altura dirige una rápida mirada al grupo –Su Majestad, Su santidad. Gracias a Shinou que se encuentran bien. Si gustan seguirme, les brindaremos un medio de transporte más apropiado.
Todos asientes agradecidos mientras guardan sus armas y se disponen a seguir al hombre. Shouri y Yuuri permanecen más alejados del grupo acompañados fielmente por el castaño de ojos miel. El pelinegro aún no termina de asimilar los rápidos acontecimientos, sus manos aún tiemblan y las imágenes de la triunfal entrada de sus salvadores no deja de repetirse en su cabeza.
¿Dónde diablos estaba Wolfram?
-¿Se encuentra bien, Heika? –le cuestiona el soldado a su lado. Asiente con un gesto ausente sin dejar de martillarse la mente sobre la ausencia de su prometida y la batalla estilo Hollywood que momentos atrás, ha tenido lugar.
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Cabalgó a velocidad media cuidando de no ser demasiado rudo con su caballo, el camino empedrado y lleno de lodo se complicaba a medida que avanzaba por el sendero. Delgadas ramas chocaban contra su cuerpo. Miró de reojo sus ropajes blancos inmaculados que iban perdiendo su brillantez poco a poco debido a las hojas y ramas del bosque.
Dirigió su vista al frente, la frondosidad de la vegetación terminaba dejando a la vista un amplio espacio desértico que más al fondo volvía a cobrar fuerza levantando enormes robles. Detuvo el caballo. Permaneció unos instantes aguardando, y entonces de entre los pocos paludos matorrales algo se movió. Bajó del animal y con una leve caricia le indicó a este que permaneciera cerca. Caminó lentamente mirando donde colocaba sus pies, las botas iban resonando graves contra la arenisca y los pocos rastros de vida anterior.
Finalmente enfrentó a la sombra que a simple vista le sobrepasaba en altura varios centímetros haciéndole una presa fácil, sin embargo, no tenía nada que temer.
-¿Qué diablos hace aquí? ¿Acaso ya terminó su tarea de campo? –Le gruñó molesto. Sus irises ocultas no se despegaron de las azulinas del otro.
Una sonrisa resignada fue lo que recibió a cambio.
-Le estoy hablando. ¿Tiene lo que le pedí?
-No. –fue la escueta respuesta. Seca y fría. Cualquier gesto conciliador había desaparecido de aquel rostro. –Vine porque mi superior así me lo pidió.
-Vaya, y me ata aquí para dar ventaja al enemigo, que sabio. Eres estúpido. –le regañó dándose vuelta dispuesto a marcharse.
La mano fuerte del otro le detiene por la muñeca. Se volvió. La capucha se resbala por la fuerza de su movimiento dejando al descubierto su rostros y sus cabellos dorados. –Qué quiere…
-¡Qué se supone que debo seguir informándole a Von Voltaire! Se me están acabando las ideas.
-No lo sé. Sea creativo, es su trabajo y no el mío. –jaló su brazo para soltarse del agarre pero este no cedió. –Yozak… -le advierte –Suélteme.
-Su Excelencia, debe detener esto. Está saliéndose de control. No estoy seguro de ir al ritmo de las ideas impulsivas de aquel hombre.
Esta vez la risa divertida del mazoku confundió a su receptor. Sigue jalando para liberarse. Es inútil. -¿Y me lo dice usted? No sea ridículo, creí que lo habíamos discutido en aquella cabaña.
-Su Excelencia…
-Cállese. Sólo siga haciendo lo que se supone que tiene que hacer.
-¿Von Voltaire lo sabe?
-Supongo, ya que su errático comportamiento es demasiado evidente –le señala con el dedo.
El pelinaranja lo hala bruscamente, en un par de segundos sin que su mente lo pueda registrar, está siendo besado de manera apasionada. No puede rechazarlo pues una mano lo sostiene por la nuca y la otra continuaba al nivel de su muñeca. Se deja hacer. Entreabre sus labios y la lengua del medio humano se escabulle entre su boca, moviéndose con intensidad robándole el aire.
Se separan. La presión en su brazo desaparece al igual que en su nuca. Trastabilla antes de recobrar el equilibrio y permitirse aspirar aire a través de sus pulmones.
-Dejaré entonces de ser tan errático y empezaré a informar a Von Voltaire con seriedad. No tendrá quejas de mí tras su cabeza. –Le mira con intensidad –pero detendré todo cuando usted o heika estén en peligro. Mi prioridad es mantenerlo a salvo como lo pidió el capitán, no perseguir fantasmas que intentan inútilmente vengarse.
El par de ojos verdes le observan impresionados. Y entonces en el níveo rostro se forma una sonrisa cautivadora que hace que se le ericen los vellos. –Tendré cuidado entonces de no darle motivos para dudar de mi plan.
El rubio se acomoda la capucha nuevamente. No vuelve a mirar atrás. Toma su caballo y se monta en él. Antes de iniciar el camino de vuelta un ruido llama su atención.
Clava su mirada hacia el lugar donde lo ha escuchado. Algo o alguien está ahí.
Lo ignora. En ese momento, le es irrelevante.
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Dos figuras en un pasillo en penumbras caminaban a tropezones para alcanzar la habitación real. Un pelinegro balbuceando incoherencias se movía alegremente mientras el rubio que lo sostenía tenía el cejo fruncido y por su expresión no estaba en su mejor temperamento.
-Estúpido Henachoko, mira que emborracharte. Arrg, desde cuando un noble lo hace con las copas de un festín. ¡Eres una vergüenza! -escupió con enojo tratando de no caerse con el bulto apenas consciente de su llamado rey. El otro no compartió la amargura de su compañero, simplemente sonrió como bobo observando con detalle al hombre que lo sostenía. Su sonrisa se hizo más amplia.
-Woolf..rang-las sílabas fueron dichas aunque no bien pronunciadas, el aludido lo fulminó con la mirada.
-¡Qué miras¡ ¡Dedícate a mantener tu vista en tus pies que no parecen coordinar¡Yuuri¡
-jaja...no te enogjess…-resopló.
Se encontraron de pie frente a la futura pieza donde dejaría tirado al Maou. Luego iría a disculparse con los invitados por la torpeza del dirigente. Con esfuerzo sujetando con su brazo derecho todo el peso del pelinegro, utilizó la mano izquierda para abrir las puertas. Arrastró un poco al otro y cerró con cuidado manteniendo su buen equilibrio. Todo estaba oscuro, sin embargo, no fue impedimento. Conocía a la perfección la distribución de las cosas dentro del cuarto.
-Por qué Conrad no te trajo, sería más fácil para él cargarte.-dejó a Yuuri suavemente sobre la cama y procedió a quitarle los zapatos. No recibió ninguna oposición. Permaneció sentando en la orilla de la cama recuperando el aliento para proseguir con su tarea. Le dejaría el pantalón, pero le quitaría la chaqueta y la blusa que vestía. Maldijo su suerte, mira lo que le tocaba hacer. Mañana recibiría los reclamos del ahora dormido Maou sobre porqué se había tomado el atrevimiento de dejarlo casi desnudo. Suspiró. Oyó un gemido proveniente del supuesto borracho. Se levantó, buscó a tientas la pequeña lamparita de la mesa y la encendió. Notó como el bulto que apestaba a alcohol estaba semiincorporado y lo miraba fijamente. No supo descifrar lo que vio en esos ojos. Tampoco reaccionar, las manos del Maou se posaron en sus hombros y lo tiraron en dirección a la cama. Quedó sobre el pelinegro, sus cuerpos rozándose sin ninguna restricción. Wólfram retiró bruscamente las manos del captor pero no puedo soltarse.
-¡Que haces!
No dijo más, los labios del otro se movían torpemente sobre los propios. Tomó toda su fuerza de voluntad y se separó algo jadeante. Sin embargo, Yuuri lo tenía asido del cuello de su chaqueta.
-¡Yuuri!-se removió intentando alejarse. Aquello estaba mal. No debía aprovecharse de la vulnerabilidad de su prometido. Pero no sirvió para nada; tan sólo aumentó la fricción entre ellos y alentó al pelinegro que gimió complacido. El ojiverde se asustó, su propia persona estaba acalorada y el contacto, era por menos decir, delicioso. Apartó esos pensamientos. Sintió como los brazos del Maou se cerraron alrededor de su cuello y luego como era besado nuevamente. El contacto superficial fue suave, luego la lengua del otro se abrió paso en su boca, sus lenguas danzaron en un ritmo frenético mientras conocían y saboreaban la cavidad ajena, era un beso húmedo demasiado adictivo, pero tenían que respirar. Se alejaron un poco, apenas para tomar aire. Yuuri no perdió tiempo y comenzó a desabotonar la molesta prenda azul. El rubio hizo lo mismo con el cuerpo debajo de él, retiró las manos del rey para obligarlo a que quedara libre de cualquier prenda. Lo observó sometido, su respiración desigual, su rostro sonrojado a penas con sus ojos semiabiertos contemplándolo con lujuria.
Se transportó a la realidad. Notó que sus ropas estaban casi desgarradas y lo que estaban a punto de hacer, cruzar la línea de su propio espacio personal. Se aguantó las ganas y se movió de encima para sentarse. Intentó recuperar su respiración normal. Acomodó sus ropas aunque era obvio con sólo verlo lo que había pasado. Volvió a sentir la mano del Maou jalando su brazo pero no lo permitió.
-Wolfram…-se quejó excitado.
Había vuelto la razón dejando a un lado el impulso, ahora pensaba con la cabeza y no con los pantalones. Volteó su cuerpo y antes que el otro pudiera hacer algo más, cerró su puño y lo golpeó en la parte baja del abdomen. El efecto fue inmediato, un jadeo se escuchó y pronto el pelinegro estaba tendido en el lecho inconsciente.
-Maldito Henachoko si tenías tantas fuerzas podías haberme ayudado a traerte a aquí.
Lo arropó con las mantas procurando que no pescara un resfriado. Dobló y dejó las prendas en la parte inferior de la cama. Entonces se percató de la presencia de alguien más, giró su rostro para hallar al castaño recostado en el marco de la gran puerta observando la escena seriamente.
-Creo que a Heika no le gustará ese golpe
El rubio se sorprendió por la tranquilidad con que tomaba la situación ¿Desde cuándo estaba allí y no se había dado cuenta? Eso era culpa de su inútil prometido.
-Que viste –Le preguntó toscamente algo nervioso.
-Lo suficiente para quedar algo sorprendido por lo que Yuuri hizo y también por la contundencia con que no dejaste que te ganara el deseo. ¿Estás bien?
Evadió la mirada del mayor. Claro que no estaba bien, como después de tremenda acción donde sus hormonas estuvieron a prueba.-Lo estoy -se dirigió a la salida sin prestar atención a nada más.
-Wolfram –Siguió al menor y lo detuvo a medio pasillo.
-¡Qué! -Trató de soltarse sin resultado. Conrad no dijo nada. Aprisionó con su mano la muñeca del ojiverde y lo llevó consigo.
-Hablaremos de esto. No quiero que las acciones inconscientes de Heika te lastimen de ese modo. Además creo que te gustaría dormir con alguien hoy, y no sólo ¿verdad?
-¿Ehh?- la declaración anterior no se la esperaba-¡Suéltame Conrad!
Fue arrastrado en contra de su voluntad. Odiaba cuando su hermano mayor se tomaba en serio su papel y se permitía derechos que no le gustaban.
-No te haré nada Wolfram –Sonrió notando como el rubio se sonrojaba-¡No digas estupideces! ¡Déjame!
Los gritos se perdieron en el corredor. Por otra parte, los invitados en el salón principal se despedían para marchar a sus territorios. El Gran Sabio miraba a través de la ventana, sonrió complacido. Imaginaba lo que había pasado luego de que esos dos se marcharon; en la mirada de Shibuya se notaba, y por lo que observó, el noble Von Bielefeld no se había dado cuenta.
-Que divertido….
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x-x
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Tocaron. Se arropó más entre las sábanas, tal vez quien llamaba se alejara al no recibir respuesta. Se equivocó. Oyó como la persona abría la puerta y se acercaba a la cama.
-Shibuya es tarde ¿Hasta cuándo piensas quedarte aquí? Si sigues siendo holgazán el mismo Gwendal vendrá a tirarte los pies para sacarte a la fuerza. Se escuchó una pequeña queja del bulto que continuaba sin moverse. El pelinegro observó que la habitación estaba tal como la había dejado y las ropas se encontraban perfectamente arregladas.
-Veo que Von Bielefeld cumplió con traerte a salvo anoche. -vio como el bulto experimentaba un escalofrío. Sonrió.-¿Pasó algo anoche?
Como un resorte se incorporó mandando a volar las mantas -¡No! ¡Qué tonterías dices Murata!
-umm, no seas agresivo…y entonces ¿por qué estás sonrojado?
-¿Yo?...ehh… ¡no lo estoy!
-Claro. Supongo que será porque lo recuerdas….jajaja
-¡Cómo lo sabes!…digo… ¡De qué rayos hablas!
-Te has dejado caer Shibuya. Sabes los niños y los borrachos no mienten. Y los sentimientos que revelaste ayer no fueron mentiras.
El pelinegro se sentó en la cama con un mohín de fastidio. Gimió al tocarse el morado del puño que su prometido le había propinado por atreverse a tocarlo de esa manera, si, por osar poner sus manos donde no debía. Sin embargo, agradeció a Wólfram conservar la suficiente razón como para no sucumbir con él ante lo que deseaba la noche anterior. Se sonrojo al recordarlo, después de todo si lo pensaba bien, se decepcionó un poco cundo el chico se alejó. –No…no sé de qué me hablas. NO me gustan los hombres ¿Recuerdas?
-Por esa razón lo besaste y quisiste tener un contacto más profundo, ne?
-¡Oye, como es que…!
-Yo soy el Gran Sabio –Lo miró orgulloso –Te lo digo. Todos lo supieron con esa escena.
-¿Escena?
-Tus celos al ver a Von Bielefeld compartir palabras con otro hombre, como le gritaste que era tu prometido, y apenas sosteniéndote hiciste un berrinche. La única opción del noble fue sacarte de allí para que no siguieras avergonzando ni a él ni a ti mismo. Por Shinou, es obvio lo posesivo que eres.
-¡Que hice que! Ahhh no….no debí tomar. ¡Es tu culpa!
-No te embutí las copas, Shibuya. Te asustaste al ver tu miedo más profundo manifestándose ante tu ojos ¿no es así? (1)
-Yo…-bajó la cabeza en señal de derrota y la sostuvo entre sus manos –No sé cómo verlo a la cara luego de esto. Y mucho menos como pedirle disculpas por dejarlo en ridículo.
El Gran Sabio volteó a mirar al chico antes de salir. Y lo que le dijo lo dejó pensando.
-Pero aquello que hiciste anoche ¿Te gustó?
Tocó sus labios, aún podía sentir la calidez del mazoku. No podía negarlo. Anoche estaba excitado como nunca lo estuvo, en parte por el beso que le gustó y también por el aroma del cuerpo ajeno que lo había enloquecido… ¿Dios que estaba pasando con él? Era un hombre…Y entonces entendió. Si, un hombre, pero no cualquiera, era su prometido, a quien volvería a besar para probar esos labios nuevamente.
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XoXoXOXoXoX
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(1) Spoiler de la Ova 3. La condenada máquina del amor que pone en aprietos al pobre Yuuri.
Lamento que haya sido un capitulo tan lento y aburrido. Y que probablemente esperaban más interacción entre la pareja estrella, ya verán, de ahora en adelante, habrá mucha, mucha interacción. Este pequeño relato es importante para los eventos futuros.
No se olviden que el anexo es parte de la historia previa antes de que ocurriera todo el embrollo del ataque humano y lo demás. Es un pequeño bonus de Yuuram –o Wolfyuu- que les dejo ver respecto a la situación previa que enfrentaban nuestros protagonistas antes de reencontrarse. Son muy importantes, léanlos.
Gracias por su paciencia. Y aunque me demore, sepan que no lo he dejado. De verdad voy trabajando poco a poco, cuando el tiempo me lo permite.
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Adelanto: Capitulo IX. Malos entendidos. Las intrigas y los rumores son armas de doble filo que salvan o condenan. ¿De qué lado estarán tus excusas?
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