Capítulo 2. Caído del cielo.

Al día siguiente, después de las clases de la tarde, la extraña familia (como los habían bautizado los Merodeadores) se reunió en la habitación de los chicos. Sólo faltaba Leickran, porque estaba de mal humor y a nadie le apetecía tenerlo cerca. La intención de la reunión era la tradición que tenían desde que eran amigos: cada principio de curso se reunían para hacer una sesión de belleza intensiva, como decía Yeye. Anushka casi nunca se hacía nada, pero era buena estilista.

Los Merodeadores se habían unido esta vez al grupo, pese a las protestas de algunos de sus miembros. Leickran aprovechó la circunstancia para usurparles la habitación y quedarse solo. Así que los cuatro chicos de sexto se dedicaron a comentar los peinados de la extraña familia. De hecho, fue en parte gracias a ellos que Liesl se quitó el flequillo, que casi le tapaba los ojos, cambiando de aquella cabellera rubia platino, larga y revuelta que llevaba a una corta melena dorada y ligeramente ondulada, cosa que logró fácilmente porque era metamorfomaga. Los Merodeadores no sabían aquello y les sorprendió bastante. Lo malo fue que bajó a la sala común… Y fue una muy mala idea: cuando volvió estaba rodeada de admiradoras de su nueva imagen.

Después de Liesl fue Annell, a quien alisaron el pelo y cortaron las puntas. Yeye la había reñido un poco por no cuidarse mucho el pelo, pero al final:

—Pues no hay que cortar tanto… —comentó—. Pero deberías cuidarte más el pelo.

—Sí, nunca sabemos cuándo llegará tu príncipe azul —le dijo Anushka.

—Eso si hay una persona lo suficientemente loca como para enamorarse de mí —respondió Annell con una sonrisa.

—Tú siempre tan optimista, niña —suspiró Anushka—. Si habrá alguna solterona en el grupo, seré yo. ¡El puesto es mío! ¡Sólo mío…! Le diré que no a cualquier chico que me pida salir.

—Pues vamos bien, ¿eh? —le dijo Yeye.

—¿Por qué? —preguntó Sirius fingiendo inocencia—. A lo mejor es que es lesbiana.

—Graciosito —ella le enseñó los dientes en un gesto que no tenía nada de sonrisa.

—El príncipe azul de Annell llegará caído del cielo en cualquier momento —pronosticó Raven entre dientes.

—¿Caído del cielo en cualquier momento? —repitió Anushka—. ¿Y el mío, Raven? ¿Dónde está?

—No, aún mejor, ¿existe? —preguntó Sirius a su vez.

—¡¿Tanto te gusta tocarle la moral a la gente? —le preguntó Anushka mientras comenzaba a golpearlo en la cara con la palma de la mano.

—¡Para, para! —dijo James deteniéndola—. ¡Con lo elegante que eres y lo bruta que te pones de vez en cuando!

—Pobre Sirius… —dijo Peter.

—No les hagas caso, Anu —le dijo Annell—. El tuyo no debe de estar lejos… ¡Pero con esa elegancia tuya, lo harás sentir inferior!

—A no ser que él tenga la misma, o más, elegancia —intervino Yeye—. Lo cual es difícil, pero bueno…

—Pues claro que existe —dijo Raven—. Existe hasta el de Liesl… No sé si me explico…

—Claro que te explicas. Quieres decir que soy demasiado insoportable como para que alguien me quiera —replicó Liesl mientras se subía en la cama de Leickran para que sus nuevas admiradoras no la pisaran.

—No he querido decir eso —Raven se encogió de hombros—. De todas formas, sabéis que todo esto son sólo sospechas aproximadas.

—Tal vez —respondió Lumi—. Pero resulta que tus sospechas aproximadas suelen ser bastante exactas.

Mientras la chica finlandesa se quedaba pensando en eso, Yeye cortó y arregló el pelo de Raven, poniéndole además algunas mechas del mismo tono del pelo de Lily. El escocés adoraba el pelo de Lily. Estaba sano, brillante y sedoso, y el color le quedaba muy bien con la piel pálida. Otro tanto debía de pensar James, porque no hacía más que mirarla. Annell notó aquella mirada.

—A Potter le gusta Lily, a Potter le gusta Lily —cantó con burla mientras saltaba de un lado para otro.

James y Lily se pusieron de color rojo tomate. El chico se puso a perseguir a Annell por toda la habitación, mientras le lanzaba miradas asesinas.

—¿Y por qué dices eso? —le preguntó Sirius cuando Annell se escondió detrás de él.

—Porque sólo a ella la miraría con esa cara embobada —respondió ella mientras volvía a salir corriendo.

—¡Parad ya vosotros dos u os saco los ojos con las tijeras! —les gritó Yeye enfadado. Después se dio cuenta de lo que había dicho y puso tal cara de apenado que a sus amigos se les revolvió el estómago—. Bueno… no quise decir… es que…

—No pasa nada —le dijo Annell y se fue a sentar—. Ya me estoy quieta.

James gruñó y volvió con sus amigos.

—Yo también —dijo.

—Ya hasta Dalton da miedo… Esto no es normal —dijo Peter.

—Tanto tiempo con Liesl afecta —comentó Lumi sin inmutarse.

—Sí… —murmuró Anushka.

—Te escuché —le dijo Liesl con calma.

Teóricamente, el siguiente turno era el de Anushka, pero se escamó viendo a Yeye con las tijeras y se fue, sorprendiendo bastante a sus compañeros. Sobre todo a Remus.

—Es un boggart —dijo Annell pálida—. Estoy segura.

—¿Por qué lo dices? —preguntó Lily.

—He visto mi peor pesadilla… Anushka escapando de algo.

—Le tiene mucho cariño a su pelo, sólo es eso —dijo Lily—. No hace falta que te pongas así.

—¿Cariño? —preguntó Lumi—. Annell tiene razón, era huir de las tijeras.

—Te toca, Lily —le dijo Yeye como si nada hubiera pasado—. ¿Qué te hago?

—Un milagro —respondió ella de buen humor.

Yeye chascó la lengua.

—No fastidies —protestó.

—Haz lo que tú quieras —dijo la pelirroja de ojos verdes—. Me dejo en tus manos.

—Bueno…

Raven cogió las tijeras rozando ligeramente la mano de Yeye.

—¿Puedo? Se me acaba de aparecer en la mente el peinado perfecto para Lily.

Yeye hizo un gesto de asentimiento. Raven era casi tan buen estilista como Anushka y él.

—¿Lily? ¿Te fías de mí o prefieres que lo haga Yeye?

—Me fío —sonrió Lily.

—Qué chica más valiente —le sonrió Annell a Raven.

—Vale —le sonrió éste a su vez—. De ésa me acuerdo, Annie, de ésa me acuerdo.

Comenzó a cortarle el pelo a Lily, dejándole los laterales desfilados y el flequillo largo, con varios mechones sobre la frente. Al mismo tiempo, Yeye se dejó caer sobre su cama, cansado por haber arreglado el pelo de Annell y el de Raven, ya que los dos lo tenían muy abundante. Alguna vez tenía que ponerse con Potter. A ver si conseguía hacer un milagro y así le reconocían como el mejor estilista de la historia. Aunque el pelo revuelto raro como lo llevaba le quedaba muy bien.

De pronto Remus se puso en pie y salió de la habitación.

—Va a hablar con Maycov —adivinó James, que se estaba aburriendo un poco.

—Jo, James, qué listo eres —expresó Peter en tono admirativo.

Aunque Evans estaba quedando preciosa. El peinado que le estaba haciendo Lithgow era genial. Claro que Evans podía peinarse como quisiera porque era tan guapa que seguro que todos los peinados le quedaban bien. Casi fijo que cuando Lithgow terminara de arreglarla, el club de fans de Von Prater se convertiría en club de fans de Evans. Y sería mucho más lógico, porque además de más guapa, Evans era mucho más simpática.

Mientras tanto Remus estaba buscando a Anushka. Después de un encuentro un poco violento en su propia habitación, con Leickran, que le lanzó un reloj y un leño de la chimenea que, afortunadamente, no estaba prendido, fue a la sala común y la encontró jugando con su gato. Remus frunció el ceño. Los gatos no le gustaban.

—¿Estás bien? —le preguntó a quemarropa—. Te noté un poco… no sé, preocupada, cuando te fuiste.

—No pasa nada —respondió ella con su tono habitual.

—¿Seguro?

Ella asintió. No había volteado a mirar al licántropo, quien sentía como si ella le estuviera haciendo el vacío miserablemente.

—¿Quieres volver? Me parece que Dalton no va a arreglar a nadie más por hoy. Deberías haberlo visto, se echó en una cama con una cara de flojera que para qué.

—Me lo imagino —respondió Anushka sin mucho interés—. Pero apuesto lo que sea a que Annell quería que me metieras un buen golpe.

—Pues no lo sé —confesó Remus—. Me fui sin avisar a nadie. De todas formas, no pienso hacerlo.

Anushka soltó una risa seca.

—No, por el bien de la única prueba consistente de que eres hombre, no lo harás —le dijo la chica. No había amenaza en su voz, parecía que sólo constataba un hecho—. ¿Qué se rompió ahí arriba? Escuché dos cosas golpear una pared.

—Ah, era Rhapsodos… —suspiró Remus, recordando cómo casi le dan de lleno el reloj y el leño. Encima el reloj era suyo. Qué falta de consideración.

—Me lo suponía… ¿Te piensas quedar ahí parado o te vas?

—Me voy —respondió él en tono dulce—. Pero tú vienes conmigo.

—De eso nada —replicó Anushka.

En aquel momento se oyó un portazo, seguido por pasos de elefante desbocado y después otro portazo.

—Te apuesto lo que quieras que Sirius ha vuelto a discutir con tu amiga Von Prater —dijo Remus con una sonrisa socarrona.

—Paso —respondió ella perezosamente—. Está muy claro. A veces tu amigo Black me recuerda a Leickran.

Remus se acercó al sofá. Había estado hablando con Anushka pero no la había visto. Cuando él se apoyó en el respaldo del sofá, la encontró tumbada, con el gato hecho un ovillo junto a su estómago.

—Es que en el fondo se parecen —aceptó Remus.

—Menos mal que no se llevan tan bien —suspiró la chica—. Serían el dúo homicidio…

—Pensé que la asesina del grupo eras tú —dijo él con una sonrisa.

—Por eso mismo me preocupo —gruñó Anushka con el ceño fruncido—. No quiero que me usurpen el puesto.

—No pongas esa cara —le pidió Remus—. Tu elegancia se borra.

—¿Y? —preguntó ella sin mucho interés, mientras se giraba para volver a mirar al fuego.

—Que no vale la pena —dijo él sentándose en el respaldo del sofá.

Anushka soltó un desdeñoso resoplido curiosamente parecido a los que solía lanzar Lumi, que tenía una maravillosa gama de ellos especialmente dedicados a Peter y Sirius, y también a Yeye en ciertas ocasiones.

—No digas bobadas.

—No son bobadas —protestó Remus.

—Vaya que no.

El gato maulló suavemente. Remus lo miró con el ceño fruncido.

—No me gustan los gatos —murmuró—. Hasta prefiero a Mei.

Mei era la hembra de cuervo que Raven tenía como mascota. Lithgow había tenido aquel ave desde que salió del huevo, y no daba importancia a sus graznidos. La profesora McGonagall había intentado convencerlo año tras año de que la dejara en la lechucería, pero Raven siempre argumentaba que Mei no era ni una lechuza ni un búho, así que no tenía obligación de dejarla allí.

Por supuesto, año tras año, Mei acababa en la lechucería de todas formas, y Raven se pasaba la primera semana del curso mosqueado.

—No te pregunté —replicó Anushka—. Además es más elegante que tú.

—Es más bien altanero —corrigió Remus.

Anushka, contra todo pronóstico, tranquilizó su semblante, lo que desconcertó un poco a Remus.

—Si no vas a decir nada más bello o productivo que el silencio, cállate —le ordenó con falsa tranquilidad.

—Vale, lo siento —murmuró Remus a regañadientes.

Anushka se apoyó con un codo y comenzó a acariciar al gato con la otra mano. Le dirigió una media sonrisa cargada de ternura y el gato se restregó en su estómago. Remus se sintió celoso del felino.

—No acabo de entenderte —susurró mientras se alejaba.

Anushka se incorporó cuidadosamente y miró la espalda de Remus hasta que desapareció. Después se volvió al gato.

—¿Qué le he dicho? —preguntó en tono inocente.

El gato maulló. Probablemente se habría encogido de hombros de haber sabido hacerlo.

.

Remus procuró quitar la cara de decepción que probablemente se le habría quedado antes de entrar en la habitación de las chicas.

Las chicas estaban sentadas comentando sus nuevos peinados, menos Lumi que no se había hecho nada, James miraba a Lily de forma apreciativa, ésta y Liesl estaban escondidas detrás de Annell y Lumi respectivamente y Raven estaba sentado sobre la cama de Yeye con la cabeza del mismo en el regazo. Sirius no estaba, de lo que dedujo Remus que, en efecto, había discutido con Liesl, o con algún otro de los presentes.

—¿Conseguiste algo? —preguntó James al verlo entrar.

—No —respondieron Remus y todas las chicas al mismo tiempo.

Yeye lanzó un hondo suspiro. Remus se volvió hacia él sonriendo.

—Cómo te gusta que te mimen, ¿eh? —observó.

—¿Y a quién no? —preguntó Yeye perezosamente.

—A mí —respondió Liesl.

—Pues ésas no parece que vayan a mimarnos precisamente —susurró Lily deseando que su nuevo peinado no le quedara tan bien.

Sí, el club de fans de la nueva imagen de Liesl había incluido en su lista de objetos de adoración a la pelirroja de ojos verdes después de la obra de arte que Raven había hecho de ella. Si Lily hubiera sabido lo que James pensó antes, le habría roto los dientes por no avisar antes de que aquello ocurriría. Al final Annell se apiadó de ellas y comenzó a hablar en voz alta de una tal Jade Johannsen, de Ravenclaw, que había ganado concursos de estilismo. El club de fans se fue a buscar a aquel objeto de adoración en potencia. Naturalmente aquella chica no existía, como confirmó la pelirroja de ojos azules cuando Yeye le preguntó extrañado de no conocer a un icono de la moda en Hogwarts.

—Supongo que a ti te fue mucho mejor que a nosotros —le dijo James a Remus.

—No, no lo creo —respondió Remus lanzándole un gruñido a la puerta—. Y por cierto, recuerda que hoy es luna llena.

—Lo recuerdo —respondió James.

Los demás se miraron unos a otros.

—¿Tiene algo especial la luna llena? —preguntó Yeye.

—Sí —contestó Remus—. Pero es un secreto nuestro.

—Oh. —Los ojos de Yeye brillaron alegremente—. Un secreto. Suena más interesante así.

Los tres Merodeadores que quedaban en la habitación entornaron los ojos. James agarró a Remus por un brazo y a Peter por el otro.

—No vamos a contarte nada —espetó sin miramientos—. Vamos, Remus. —Y lo sacó de la habitación prácticamente a rastras.

Por el pasillo se encontraron con Leickran, el cual los miró sin mucho interés.

—¿Has visto a Sirius? —le preguntó James.

Por toda respuesta, Leickran les señaló la puerta de la habitación. James y Remus entraron, sin darle las gracias a Leickran, de todas formas, él no les haría caso.

—¿Qué pasa? —preguntó Sirius en cuanto vio a sus amigos.

—Hay luna llena —le recordó James.

—Ah, es verdad… —dijo Sirius.

Así, los cuatro amigos salieron. Bajaron a la sala común, y Remus esperó no encontrar a Anushka ahí, pero lo que vio fue peor. Mucho peor. Era Leickran abrazando a Anushka, y lo más sorprendente de todo era que ella lo permitía, no hacía nada. Remus sintió una pequeña punzada de celos, pero siguió caminando. Peter, Sirius y James ni siquiera se dieron cuenta de que ellos estaban ahí. Salieron de la sala común.

—¿Lo ves, imbécil? —le dijo Anushka en voz baja—. Sí había alguien.

—Me da igual —respondió. Luego su voz se volvió más melosa mientras se acercaba más a Anushka—. Venga, déjame una rana de chocolate, por favor.

—¿Qué se traerán esos dos…? —se preguntó Remus. Sus amigos lo miraron con curiosidad—. ¿Lo dije en voz alta?

—Sí —Sirius le confirmó lo que ya sabía—. ¿Así que te gusta Maycov?

Remus se puso colorado.

—¡No! —rebatió demasiado rápido.

Sus amigos se miraron con pinta de ir a echarse a reír de un momento a otro.

—Ah, claro. Por eso te has puesto celoso —dijo James alzando una ceja.

—Eh. Eso ha sido un golpe bajo. Yo no te dije nada de Evans —replicó Remus (eso también fue un golpe bajo).

Eso ya era más creíble. Los otros tres lo dejaron por la paz y siguieron caminando, tenían algo mucho más importante entre manos.

En la sala común, Anushka había aceptado darle la dichosa rana de chocolate a Leickran, porque el chico comenzaba a ponerse más pesado que una vaca en brazos. Así, la rusa se había quedado de nuevo con la única compañía de su gato. Mientras miraba las llamas de la chimenea, pensaba en Remus.

No acabo de entenderte, le había dicho.

Se removió incómoda en el sofá. Era la primera vez que la preocupaba una tontería así. ¿Y a ella qué más le daba si ese chico la entendía o no? ¿¡Y ella qué le había dicho! Soltó un bufido exasperado.

—¿Y a ti qué te pasa? —Anushka se sobresaltó un poco.

Se giró y encontró a Lumi, a la cual no había oído. La finlandesa era siempre muy silenciosa.

—Nada… —mintió—. ¿Qué haces aquí?

—Quería ver si no pensabas dormir —le dijo—. Ahora no me mientas, ¿qué te pasa?

Anushka frunció el ceño de nuevo. A Lumi no podía ocultarle nada.

—Lupin —respondió por fin—. Vino hace un rato a…

—… hablar contigo —terminó Lumi.

—Sí —se extrañó Anushka.

—Es lo que Potter supuso. La verdad es que se conocen bien —le dijo su amiga mientras se sentaba en el respaldo del sofá, igual que había hecho Remus.

—Al grano… Peleamos un poco sobre mi gato, nos callamos, comencé a acariciar al gato, se fue y dijo No acabo de entenderte y me dejó confundida, y eso nadie lo había hecho, ¿qué me pasa? —Anushka habló muy rápido, pero Lumi lo entendió todo.

—No lo sé —admitió la finlandesa—. Tal vez es que ese chico te importa. No voy a entrar en si te gusta o no, pero te importa. Porque si no, te daría exactamente igual lo que te dice. Como te pasa con casi todo el mundo.

Anushka suspiró.

—¿A ti te pasa eso? —preguntó. Después de todo, Lumi era para ella un modelo a seguir, así que le convenía saber si lo estaba siguiendo bien.

—En parte —asintió Lumi—. No sé por qué me fastidian algunas cosas que dicen esos tres, que si las dijera otro ni me daría cuenta…

—¿Esos tres? —preguntó Anushka sin comprender.

—Black, Potter y Lupin —aclaró la chica de ojos oscuros—. Sí, a mí también me importa lo que dice Lupin. Sorprendente pero cierto. Creo que no somos tan antárticas como nos gustaría, Anu. Tenemos que pedirle a Liesl que nos dé clases. Aunque por lo menos hay uno de los cuatro que sí nos importa un rábano.

Anushka soltó un hosco gruñido.

—Odio sentir —murmuró mientras se incorporaba—. Entonces… Oye, espera un momento, ¿qué hora es?

Lumi miró el enorme reloj de caoba que ahí había, e informó a la rusa de que marcaba las diez y media.

—¿Adónde van a estas horas? —preguntó ésta casi para sí misma.

—¿Salieron? —Lumi supo de quiénes hablaba Anushka, pues su capacidad de deducción era sorprendente.

Además, ellas dos tenían una relación tan estrecha que casi se podía definir como simbiótica.

—¡Sí! —exclamó la rusa—… ¿Me acompañarías a hablar con Lupin?

Lumi la miró un momento. Con todos los años que llevaba con Anushka, y con la amistad-simbiosis que tenían, pudo adivinar que a la chica sí le gustaba Remus. No podía asegurar que estuviese enamorada, pero sí le gustaba.

—Vamos —aceptó—. Y de paso vemos adónde fueron.

Anushka se puso en pie y ambas salieron de la sala común.

Los pasillos estaban oscuros.

Lumi sacó su varita, dijo lumos y precedió a Anushka hacia el vestíbulo. Justo antes de bajar la escalera, vieron tres sombras evidentemente humanas allí, que de pronto desaparecieron. La puerta de salida se abrió y se volvió a cerrar. Ellas siguieron el mismo camino.

—Pettigrew era uno de ellos —susurró la rusa—. Es enano comparado con los otros tres, se nota. ¿Cuál faltaba?

—Lupin —respondió la finlandesa sin dudar, y ante la sorpresa de su amiga se explicó—: El pelo de Potter es perfectamente reconocible y Black es el más alto de los cuatro.

—Ah —Anushka pareció convencerse con esos argumentos.

—Por ahí —Lumi señaló el camino hacia el sauce boxeador.

—¿Adónde se supone que van? —preguntó Anushka en voz baja.

—Si lo supiera, no estaríamos siguiéndolos —respondió Lumi con una lógica aplastante.

Anushka se puso detrás de Lumi, aferrándose con las uñas a los hombros de su amiga, una reacción poco común en ella.

—Esto no va a terminar bien… —murmuró.

—Vamos, Anushka, que no es para tanto —se quejó Lumi mientras intentaba apartar a Anushka de sus lastimados hombros—. Seguramente si lo habláis con tranquilidad, no habrá ningún pro…

—¡NO! —gritó de pronto Anushka, levantó una mano y señaló al cielo—. ¡YO LO DIGO POR ALGO COMO ESO!

Lumi levantó la vista. Algo parecido a un rayo de energía verde surcó el cielo, elevando consigo una extraña figura alada que emitió una especie de graznido sobrenatural. Cuando la energía paró de brotar, la figura cayó en Bosque Prohibido. Las dos amigas se miraron confundidas, Anushka estuvo a punto de salir corriendo hacia el bosque pero Lumi la detuvo.

—Espera. Vamos a buscar a los demás —le dijo.

Y ambas corrieron de nuevo a la torre de Gryffindor.

Anushka entró silenciosamente en su cuarto y encendió las luces. Lily se tapó la cara con su almohada.

—¡Despierta! —gritó la morena.

—Ya estoy despierta, Anu… —protestó la pelirroja—. ¡Me acabas de encender la luz sin previo aviso!

—Lo siento. —Anushka apagó la luz—. Pero Lumi y yo estábamos siguiendo a esos cuatro mastuerzos cuando vimos encima del Bosque Prohibido un rayo verde que golpeó a alguien…

—¿Has dicho verde? —Lily se incorporó de golpe, aunque la oscuridad impidió verlo—. ¿Qué tono de verde?

—Claro. Un poco chillón. ¡Yo qué sé! ¡Los que se saben mil colores son Raven y Yeye!

Lily se quedó pensativa. Ella sabía muy bien que no había dos maldiciones con el mismo tono de rayo. Era importante saber qué tono de verde era aquél del que Anushka hablaba, para saber qué maldición había recibido aquel alguien.

Bueno, mientras lo pensaban, deberían ir a buscar a Annell y Liesl. Informó a Maycov de esta idea y ambas fueron a buscarlas. La rubia le hizo a Anushka exactamente la misma pregunta sobre el tono del rayo, aunque claro, eso no le dio la respuesta. Y no era que la morena no supiese eso de las maldiciones, sino que todo había pasado muy rápido y además ella no se sabía ninguna escala cromática.

Algo parecido ocurría en la habitación de los chicos de quinto. Sólo que Leickran le había tirado a Lumi el cepillo del pelo de Yeye, que le quedaba muy a mano, de lo que se deduce que no tuvo un buen despertar. La chica esquivó el proyectil casi por casualidad, cosa que no evitó unos cuantos murmullos de Yeye sobre el respeto a la propiedad ajena. Después reaccionó parecido a Lily y Liesl con respecto al rayo verde, sólo que habló de consultárselo a ellas.

—¿Queréis dejar de discutir? —preguntó Raven, que ya había llegado a la puerta—. Vamos a ver qué clase de criatura es ésa y qué tipo de maldición recibió. Podría estar muriéndose mientras nosotros estamos aquí cotorreando.

Se puso su capa y salió corriendo, atravesó la sala común y salió al oscuro pasillo. Afortunadamente no era difícil de seguir, por su gran estatura. Los demás lo siguieron y se encontraron con las otras chicas, ya completamente despiertas y despejadas.

—¿Qué tono de verde era? —le preguntó Yeye a Anushka.

—¡Otro! —exclamó la chica furiosa—. ¡Que no lo sé, maldita sea!

—Callaos o despertaréis a toda la torre —advirtió Leickran. Su voz, llena de helada cólera, consiguió calmar los nervios.

—¿Tenéis todos vuestras varitas? —preguntó Annell.

—Sí.

—¡Pues a qué esperamos! —dijo Lily con voz frenética—. Vamos.

Los amigos salieron corriendo, guiados por las dos morenas, que eran las que sabían dónde habían ocurrido los hechos. Llegaron a los límites del Bosque Prohibido y todos se miraron, si no con un poco de pánico, con cierta desconfianza.

—¿Tenemos que entrar ahí? —preguntó Yeye con un hilillo de voz.

Raven le puso una mano en el hombro, como si quisiera darle a entender que él estaba ahí para protegerlo.

—No te pasará nada… —le susurró.

—Sí que me pasará —contradijo Yeye—. Ya verás qué desastre de pelo.

El grupo entró en el bosque, todos con las varitas en alto, alertas a cualquier ruido o movimiento extraño. Todos escuchaban las agitadas respiraciones de sus amigos, sintiendo cómo potentes escalofríos recorrían sus espaldas al rozar unos con otros. Entre la oscuridad y la niebla, Lumi pudo divisar algo tirado en el suelo.

—Mirad —murmuró.

Anushka, por mera inercia, hizo que la varita diera una voltereta en el aire, y cuando volvió a caer en su mano, la sostenía como si se tratara de un cuchillo; Annell y Yeye se escondieron detrás de Leickran y Raven, respectivamente; ellos dos levantaron sus varitas, dispuestos a lanzar algún ataque, exactamente igual que Lumi y Lily.

Se acercaron poco a poco, sin hacer ruido. Lily estiró el cuello para ver de quién se trataba, y soltó una exclamación de sorpresa. Yeye se atrevió a asomar la cabeza por un lado del cuerpo de Raven, pero pronto la volvió a esconder.

—Es un Caído —dijo Lithgow con voz reposada.

—Lo que yo creía. —Lumi estaba arrodillada junto a la criatura.

Ésta poseía una delicada belleza, piel blanca como el papel, cabello violeta con un curioso degradado (más claro cuanto más cercano a la raíz), aunque su rostro estaba surcado de pequeñas heridas, sus ojos cerrados, y tenía una expresión de dolor en la cara. Pero lo que más llamó la atención de los jóvenes magos fueron sus alas: la derecha parecía de murciélago, aunque era más grande y con plumas de tono oscuro, y la izquierda era la viva imagen de lo que cualquiera hubiera imaginado que eran las alas de un ángel. Sólo que tenía un gran agujero del que manaba sangre, por lo que la mayor parte de las plumas no estaban blancas sino rojas.

—¡Está herido! —dijo Lily asustada.

—Eso está bastante claro —replicó Leickran—. Pero sólo es una herida en un ala, no creo que sea grave.

—Te equivocas —intervino Raven sombríamente—. Un Caído no es como un pájaro. Es un cruce entre Ángel y Demonio. Las alas de los Caídos no son como las de las aves, son el órgano más grande de su cuerpo y contienen seis arterias principales. Un agujero como ése puede haber tocado por lo menos tres.

Annell soltó un pequeño gemido de dolor, como si ella tuviese alas y fuesen las suyas las que sangraban.

—¡Pues hay que sacarlo de aquí! —dijo mientras su voz temblaba—. Que Leickran, Raven y Yeye intenten llevarlo hasta… hasta… La torre de Gryffindor.

—Claro, genio —exclamó Leickran con sarcasmo—. Y lo dejamos ahí, como nadie se va a dar cuenta…

—Y avisamos al director —completó Lily.

—¿Alguien sabe qué hacer para que no se desangre? —intervino Liesl, que se caracterizaba sobre todo por su pragmatismo.

—Podemos hacer más en la torre que aquí —repuso Evans—. Annell tiene razón, tenemos que llevárnoslo.

Así, con soberanos esfuerzos, Leickran, Yeye y Raven lo pusieron en pie. Raven y Leickran pasaron sus brazos por la espalda del extraño chico, intentando no tocar sus alas, y Yeye cargaba con las piernas.

—¿Y no podemos llevarlo con algún hechizo? —preguntó Yeye entre jadeos.

—Mejor no —dijo Lily—. Podríamos lastimarlo más.

Las chicas iban delante, para asegurarse de que no había nadie que pudiese descubrirlos, y así, de forma lenta, llegaron a la sala común de Gryffindor. Los tres chicos dejaron al Caído en el largo sofá donde Anushka había estado.

—Vale, ¿qué hacemos? —preguntó Lily.

—Dividirnos —respondió Liesl—. Que unos vayan a hablar con el director y que otros se queden aquí cuidando de que no venga nada.

—Yo me quedo —dijo Annell con voz remilgada mirando de reojo al chico.

—Yo también —dijeron Raven y Yeye al mismo tiempo.

Se miraron y sonrieron.

—Está bien —dijo Liesl—. Si alguien sabe de criaturas raras aquí, ése es Rave. Yo voy a ver al director. Hace tiempo que no me paso por su despacho a saludarlo.

—¿A saludarlo? La última vez que fuiste al despacho del director fue porque colgaste a Wilkes de un árbol cabeza abajo, ¿recuerdas, Lilí? —observó Yeye, que era el único al que ella permitía que la llamara así.

—¿Y? Se lo merecía, nos llamó sangre sucia a Lily y a mí —ella se encogió de hombros—. ¿Vienes, Lily? Es mejor que Lumi también se quede, después de todo es la que más entiende de hechizos curativos.

Las dos aludidas asintieron.

—¿Y vosotros dos? —preguntó Lily volviéndose hacia Anushka y Leickran.

—Es mejor que vayamos —dijo Anushka—. Porque si Lumi se queda, sólo yo podría relatar lo que vimos ella y yo… Y Leickran… pues él para pintar la mona.

Leickran soltó un gruñido furioso.

—Espero que Lily y Anu sean buenas referencias —dijo Lumi una vez que ellos se hubieron marchado—, porque no creo que el director vaya a dar mucha credibilidad a las palabras de Leickran y Liesl.

En situaciones normales, los demás hubiesen reído, pero se preocupaban más por el Caído.

—¿Qué podemos hacer por él? —preguntó Yeye mientras todos miraban al chico.

—Quizá podamos parar la hemorragia… —respondió Lumi mientras acercaba su varita al ala del chico.

Pronunció un hechizo, y de su varita brotó un brillo blanco, que se extendió por la enorme herida del chico. Cuando el brillo desapareció, descubrieron lo que parecía ser una fina capa de escarcha cubriendo la herida. No la cerraba, pero sí evitaba que saliera más sangre.

—Que traigan ayuda rápido… —rogó Annell.

—Espero que esto funcione. Pero a ti se te dan bien las pociones curativas, ¿no?

Raven asintió.

—Pero no están probadas en Caídos —gruñó.

El joven de pelo violeta se estremeció ligeramente y entreabrió los ojos.

—Ey —avisó Yeye—. Se despertó. —Volvió a mirarlo—. ¿Y tu nombre? —preguntó suavemente.

—Kali —murmuró el Caído—. ¿Y el tuyo?

—Jesse…

—Por lo menos tenemos un nombre —observó Lumi.

Kali se había vuelto a desmayar. Yeye supuso que no había oído su nombre.

—Kali… —repitió Annell para sí misma—. ¿No puedes volver a despertarlo, Lumi?

Pero la finlandesa prefirió no hacerlo, para que descansase.

—¿Y si no está descansando y se está muriendo? —preguntó Annell, y se descubrió a sí misma con pánico.

—No podemos hacer nada, hay que esperar a que lleguen los demás con ayuda —dijo Lumi con infinita paciencia.

Annell se acercó a Kali y pasó un dedo por la mano del chico.

—Está muy frío… —murmuró, e intentó taparlo con la chaqueta que ella llevaba puesta.

.

Liesl y Leickran eran quienes guiaban en esa ocasión. Gracias a todas las visitas que habían tenido que hacerle a su director habían memorizado el camino.

—¡Por aquí! —gritó Leickran mientras giraban en una esquina.

—¿No hay pasadizos secretos que nos lleven antes o algo así? —preguntó Lily, que tenía prisa.

—Aún no los hemos descubierto —contestó Liesl.

Lily soltó un hondo quejido.

—Nunca pensé que el castillo fuera tan grande —suspiró—. Al final el Caído se nos va a morir por tardar tanto.

—Deja de quejarte y acelera, que te dejamos atrás —respondió Leickran.

Pronto llegaron al despacho del profesor Dumbledore. Los dos germanohablantes se miraron.

—¿Sabes la contraseña? —preguntó Leickran.

—Aún no me metí en líos este curso —contestó Liesl negando con la cabeza.

—¿Entonces? —preguntó Lily.

Leickran y Liesl se miraron y dijeron al mismo tiempo:

—Pues a probar.

—¿Probar? —repitió Lily sorprendida.

—Sí, a ver si por casualidad decimos la que es —explicó Leickran.

Anushka y Lily los miraron incrédulas, aunque fue Anushka la que se decidió por hacer algo más útil que probar contraseñas. Acercó su varita a su garganta, murmuró algo que los chicos no alcanzaron a entender y una bola de humo purpúreo brotó de la punta de su varita.

—¿Qué hace? —preguntó Leickran en voz baja a Liesl.

—Ni idea.

Anushka dejó que la bola flotara a unos centímetros de su varita antes de que atravesara la puerta del despacho del director. Lily le sonrió a Anushka, y ésta le devolvió la sonrisa. Pasaron muy pocos minutos antes de que la enorme gárgola de la entrada comenzara a girar, permitiendo a los alumnos ver las escaleras que conducían al despacho de Dumbledore.

—Anu, eres un genio —sonrió Lily.

—Lo sé —bromeó Anushka mientras todos subían las escaleras—. ¿Creíais que Lumi es la única que sabe hacer cosas raras?

Llegaron al despacho de su director, el cual les puso cara de gran sorpresa al verlos.

—¿A qué debo esta inesperada visita nocturna, chicos? —preguntó Dumbledore.

Todos se miraron entre ellos, algo confusos, al final fue Anushka la que habló.

—Profesor Dumbledore, Lumi y yo… Eh… Encontramos… un Caído en el Bosque Prohibido —soltó de golpe.

El gesto algo somnoliento de Dumbledore se tornó repentinamente serio.

—¿Un Caído en el Bosque Prohibido? —repitió el mago.

—¡Sí! —exclamó Anushka—. Sé que no debíamos salir, pero es que teníamos que hacerlo, y salimos a los jardines un momento…

Explicó el encuentro con el Caído de forma resumida, con algún que otro apunte de sus compañeros.

—Y se está muriendo —recordó Leickran al final, con falso desinterés.

—No perdamos más tiempo —dijo Dumbledore entonces—. Tenemos que salvar a esa criatura.

Gracias a algunos atajos que Dumbledore conocía, llegaron a la torre de Gryffindor en menos de cinco minutos. Entraron y descubrieron a sus compañeros alrededor del chico, mirándolo con preocupación.

—Se llama Kali —informó Yeye.

No había ansiedad, preocupación ni interés en su voz. Simplemente eso: se llamaba Kali.

Dumbledore se inclinó sobre el Caído. Yeye le explicó cómo Lumi lo había hecho despertar con aquel conjuro, cómo él mismo le había preguntado su nombre y había guardado aquella brevísima información: se llamaba Kali.

—Parece que le ha tomado cariño a ese nombre, señor Dalton —murmuró Dumbledore mientras reconocía la herida—. ¿Fue lo único que dijo?

—No. También me preguntó el mío. Pero creo que se desmayó antes de que se lo dijera —contestó Yeye en voz baja.

—Ya veo. Es curioso, pero mi experiencia me ha demostrado en incontables ocasiones que cuando una persona se interesa en realidad por otra, lo primero que le pregunta es su nombre. Es usted verdaderamente humano, señor Dalton. Y le ha dado una dimensión humana también a este joven.

Yeye se sonrojó, feliz por cómo le había hablado el director.

—Enhorabuena, han salvado la vida de este joven —dijo Dumbledore—. Ahora habrá que despertar a la señora Pomfrey para que nos ayude.

—Se pondrá bien, ¿no? —preguntó Annell.

Leickran le dio un golpecito en la cabeza con los nudillos.

—Claro que sí, enana —le dijo—. Si no, no estaríamos tardando tanto.

Llevaron a Kali a la enfermería. La señora Pomfrey llegó acompañada de Leickran, que era el que se ofreció a ir a despertarla. Por la cara de susto de la pobre mujer y la pequeña sonrisa en el rostro de Leickran, se deduce que el chico no fue precisamente delicado a la hora de despertar a la señora y de contarle los hechos.

La señora Pomfrey y el profesor Dumbledore comenzaron a hablar en susurros mientras ella miraba de reojo al chico herido y a su ala. Cuando terminaron de hablar, Dumbledore se dirigió a los chicos.

—Muy bien, jóvenes, creo que necesitan descansar —les dijo—. Ahora Kali está en buenas manos. Deben irse a dormir… E intentaré pasar por alto algo de una excursión nocturna al Bosque Prohibido.

Anushka y Lumi se miraron de reojo, antes de bajar la vista al suelo, algo avergonzadas. El único en todo Hogwarts al que tenían verdadero respeto era Dumbledore. Antes de irse, Annell iba a coger la chaqueta que le había puesto a Kali a modo de manta, pero al ver que la señora Pomfrey estaba más ocupada buscando algún medicamento y no se iba a tomar la molesta de tapar al Caído, se la dejó puesta y alcanzó corriendo a sus amigos.

—Eres verdaderamente humano, Yeye —se burló Leickran dándole un golpecito en un hombro.

Éste le dirigió una mirada helada, al estilo Liesl.

—Al contrario que tú —replicó—. No te metas con el profesor Dumbledore.

—Qué devoción —comentó Lily con una sonrisa. Pero como no había burla en su voz, Yeye decidió pasarlo por alto.

—Aún no sabemos qué maldición recibió —observó Liesl—. Lumi, ¿de qué color era el rayo?

—No sé, verde claro… No sé decirte exactamente el tono.

Yeye cerró los ojos fuertemente. Cuando los abrió, las puntas de su pelo estaban en un tono verde-lima.

—¿Éste? —preguntó.

Lumi lo miró detenidamente. Anushka también.

—Sí —contestaron al mismo tiempo.

Lily y Yeye se miraron, Lily parpadeó, Yeye se mordió el labio inferior.

Avada kedavra —susurraron, también al mismo tiempo.

Aclaraciones

En primer lugar, lo de que cada hechizo tiene un rayo de tono diferente nos lo inventamos para la historia. Igual Rowling tuvo la idea, pero no la cogimos de ella.

Kali es un personaje de Ángeles de Oscuridad. Su nombre es hindú. Su equivalente femenino sería Kala. El significado lo diremos más adelante.

Tanto los Caídos como los Espectros en general son un invento y adaptación de Haku.

Extraños saludos. Portaos mal y pensad peor, que es muy divertido, y comed bichos porque luego ellos os comerán a vosotros xP (total, son proteína pura).

Se despiden Annell y Haku, los Ángeles de Oscuridad.