+_CONFLICTOS_+

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Capitulo IX: Malos entendidos

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Gracias nuevamente a los que se toman el tiempo para dejar un review, las sugerencias también son bienvenidas. Ojala pudiera conseguir un Beta Reader para que esas pequeñas confusiones no se presentaran, sin embargo, mi estimada colega de trabajo ya no puede hacerme ese favor para esta historia que cada día ha venido creciendo, así que aceptaré cualquier crítica constructiva de parte de ustedes.

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Agradecimientos para: Zafira, Petula Petunia, Grazie-chan, San chan.

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En el capítulo anterior:

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-¿Qué es lo que tanto te preocupa, Shibuya? ¿Acaso teme una reacción violenta por parte de Von Bielefeld?

El azabache evade la mirada escrutadora del Gran Sabio, esta vez, no ha hecho la pregunta correcta y es por esa misma razón que no desea ser descubierto, no en esta ocasión. Lleva su mano a un costado de su cabeza en señal de molestia y frustración –No. Ese sería el mejor recibimiento proviniendo de su parte considerando todo este problema y la forma como terminaron las cosas la última vez que visité Shin Makoku…Yo me equivoqué. –terminó en un tono tan bajito que apenas el otro alcanzó a escuchar.

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-No hay nada de información acerca de Yozak o de Wolfram.

-Ah… ¿Sigues con tu espía misterioso?

-Ya no. Desapareció el día de la emboscada.

La afirmación pareció sorprender al menor. Pero sólo eran rumores… ¿No?

Gwendal lo escudriñó unos segundos antes de apartar la vista, cansado. No estaba de humor para tolerar un interrogatorio, y eso, al parecer, era lo que había logrado. –Conrad…

-Sólo una cosa… ¿Estás sospechando de Wolfram o su ejército? –esa fue la gota que colmó el vaso.

-¡Claro que no! –Le gritó enfurecido -¿Crees que lo debería hacer? ¡No soy déspota!

-No insinúo eso, quiero dejarte claro que has estado demasiado intenso acerca de las suposiciones que carecen de bases…

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-Parece que hay puntos a los que no llegan a un acuerdo. ¿No es cierto? –declaró el pelinegro a unos pasos de la puerta donde Conrad hacia acto de salida. Los ojos miel mantuvieron la mirada. Una sonrisa cómplice surcó su rostro. –Como siempre ha acertado. ¿Estaba espiando la discusión, Su Santidad?

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-¿Y aquel hombre que seguía a Von Bielefeld?

-Sólo tenemos su último mensaje donde nos comunicaba su intención de seguir a Wolfram hacia el pueblo donde supuestamente había rumores de actividad enemiga.

-¿Por qué basarse en simples rumores?

-Por la fuente.

-¿Qué tan válida es la información…?

-No lo sabemos.

-¿Entonces…?

-Fue quién lo dijo.

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Disclaimer: este anime no me pertenece ni los personajes, son de Temari Matsumoto y Tomo Takabayashi, sólo uso de ellos para mis locas ideas, por lo tanto no recibiré ningún benéfico de esto, sólo ver a mi lindo Wólfram feliz con Yuuri.

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XoXoXOXoXoX

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La cabalgata había sido silenciosa y rápida, ninguno de los jinetes se atrevió a dirigirle la palabra ni a él ni a sus acompañantes, así que se rindió a la desoladora atmosfera y esperó a la llegada al castillo. Unos metros más adelante, la figura de su prometido destacaba del resto, siendo que el dirigía la caravana, tan distante y frío, y le dolió.

Una vez habían alcanzado el enorme palacio, su padrino le indicó que se bajara pero antes que pudiera preguntar, algo tiró de el haciéndolo perder el equilibrio y caer. Y aunque creyó chocar contra el duro suelo, la suave textura que experimentó contradecía cualquier otra sensación. Pronto se encontró entre los brazos de alguien más y con la mirada ojiverde de su más cercano confidente. –Wolf…-intentó expresar su emoción de regresar, pero el otro hizo una negativa con su cabeza.

-Hay algo que debes hacer antes –le comentó antes de alejarse hacia el interior de la enorme edificación.

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Estar frente a aquellos rostros serios y veteranos que escudriñaban atentos cada ápice de su persona y hasta el más mínimo movimiento, no era en definitiva, su idea de una cálida bienvenida a esas tierras como soberano de los demonios y poco menos, luego de una larga ausencia en el país. Dejó vagar sus manos nerviosas por debajo de la mesa buscando la forma de iniciar la conversación o al menos de poder responder adecuadamente la exigente pregunta formulada minutos previos. Piensa Yuuri, fue la única frase coherente que su cerebro pudo procesar en esos instantes tensos. Contempló de reojo a su acompañante, quién permanecía en la misma posición cómoda sin atreverse a compadecerse de su penosa actuación, muy por el contrario, lucía completamente sereno y demasiado, para su gusto, ajeno a la pequeña audiencia.

Oh, es una venganza ¿Verdad, Wolfram?

Se mordió el labio inferior y una venita de enojó se marcó en su frente al hacerse consciente de las cosas en esos precisos segundos, deseaba zarandearle y gritarle por su grosera conducta hacia él. ¿En dónde quedaban sus tan altos modales de noble que tanto reclamaba?

¿Qué clase de karma estaba pagando?

Uno de los viejos se aclaró la garganta llamándole la atención al azabache quién veía con furia al mazoku rubio a su lado y según a los ojos ajenos, parecía que iba a golpearlo por alguna extraña razón. –Heika, no parece haber entendido lo que en este recinto los líderes de las 10 familias desean conocer.

-Bueno, pues…eh, la situación sobre el ataque a los mazokus me ha sido en su totalidad informada, aunque no tengo el suficiente conocimiento sobre los despliegues militares de otras zonas, como lo sucedido con Wolfram hace unas semanas…desde mi punto de vista, intentar cazarlos no sería la mejor opción para detener…

-¿Esta insinuando que debemos sentarnos a esperar con los brazos cruzados a que el enemigo ataque otro pueblo de nuestra gente inocente? –le refuta no muy convencido.

-Oh, no, no…pero la violencia no es un método que resuelva disputas.

-¿Violencia? ¿Somos nosotros los que quienes ideamos un plana para atacar humanos? ¿Está seguro de que fue informado correctamente?

-No trato de insinuar quienes empezaron, sin embargo, matar a otros para detener al asesino nos hace igual que ellos.

-Estamos dispuestos a ensuciarnos las manos si con ello aseguramos el bienestar de nuestra gente. Debe comprender que somos líderes y demasiadas personas dependen de nosotros –declaró el más anciano de los presentes.

-Es muy indulgente, Heika y también demasiado ingenuo. Las cosas no se solucionaran siempre por una vía diplomática –le sonríe Von Khrenikov intentando calmar los ánimos.

-No estoy dispuesto a permitir que ustedes instalen una matanza inútil sólo para capturar a un grupo de asesinos a sueldo –el tono de severidad por parte del pelinegro hace que los nobles en la sala guarden silencio.

-Entonces tal vez deba considerar hablar con su prometido, Su Excelencia Von Bielefeld –anuncia Von Spitzbergen un tono de complicidad que hace eco en la sala. El Maou dirige su mirada hacia el ojiverde quién escudriña de muy mala manera a quién ha osado dejarlo vulnerable y con semejante acusación.

-¿A qué se refiere, Wolfram? –le llama la atención. Las orbes verdes se fijan con dureza sobre los ojos negro. Luego los evade.

-No es momento para discutir eso. Además, es demasiado impertinente proviniendo de sus labios Von Spitzberg. Tenga cuidado al dirigirse de esa forma hacia mí. Ya habíamos discutido la situación, si no está de acuerdo, tal vez debería retirarse y actuar por su cuenta. Creo que eso va mejor con la forma como de hacer las cosas ¿Verdad?

-Wolf… -intenta detener la posible disputa entre los dos hombres.

-Lo siento, Su Excelencia, solo pienso que Heika debe estar al tanto de los movimientos para evitar posibles confusiones.

-Lo tendré en cuenta, Von Spitzberg. Ahora, Heika y yo pedimos su permiso. Hoy ha sido un día muy agotador para él. Sería irrespetuoso no permitirle descansar. Cuando hayamos discutido sobre esto, les haré saber cuáles son los siguientes pasos –con elegancia se levanta y hace una pequeña venia antes de tirar del brazo a su prometido para sacarlo de allí.

Los nobles los observan salir del recinto, uno tirando del otro. Permanecieron en silencio hasta que la puerta había sido cerrada.

-Von Spitzberg, fue agresiva la forma en que los enfrentó. ¿Acaso quiere que existan disputas entre los dos? –declara seriamente Von Wincott antes de beber un sorbo del vaso con agua a un lado de su puesto.

-Creo que Su Excelencia oculta sus acciones al Maou Heika.

-No es de nuestra incumbencia interferir en los planes de Su Excelencia Wolfram. Ha sido claro en lo que planea hacer, sólo debemos esperar los resultados.

-Ojalá no seamos los títeres de un mal disimulado escenario –gruñe Von Spitzberg.

-Que problemático –suspira Von Khrenikov resignado a las conspiraciones de los más viejos.

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-¡Detente! ¡Estás arrastrándome! –jala de su brazo para alejarse de la opresión que la mano firme del rubio está ejerciendo en su extremidad. Cuando es liberado examina el lugar adolorido.

-Lo siento. Ahora vamos, te mostraré tu habitación –el mazoku camina unos pasos más esperando ser seguido por el otro.

-Yo puedo hacer esa labor, no se moleste Su Excelencia –le señala Nicolas, quién ha aparecido entre las sombras, adelantándose desde su posición a un lado de Conrad, quién los sigue de cerca.

-No se preocupe. No es una molestia para mí. Soy su prometido y debo asegurarme de dejarlo cómodo. Puede retirarse, Nicolas.

-Como lo desee. Buena noche, Su Excelencia, Heika –hace una reverencia antes de encaminarse hacia un extremo opuesto.

-¿No dormirás conmigo, Wolfram? –indaga confundido una vez que han quedado los tres. La mirada extrañada del ojiverde no se hace esperar. –Por supuesto que no. Ha sido preparada la habitación junto con Greta, ella está esperándote.

-¿Por qué el repentino cambio?

-Creo que no es momento de discutir por ello, Heika –amablemente el castaño le acaricia la cabeza.

-Es Yuuri, tú me nombraste. Además, yo necesito una explicación.

-No hay tal, Yuuri. Greta lo pidió explícitamente, así que no tengo porque negárselo. Ahora Conrad acompáñalo y asegúrate que no escape de allí como acostumbra a hacer. Yo me adelantaré, te espero para darte las indicaciones de mañana. Buenas noches Yuuri. –se aleja de un anonadado azabache que no sabe de donde proviene semejante frialdad hacia él.

-¡¿No ibas a acompañarme? –le grita.

La respuesta que llega lejana le lastima. –Iba, pero eres demasiado molesto, así que quiero evitarme un dolor de cabeza.

Los pasos resuenan en el suelo poco a poco hasta que no son más que un susurro inaudible. No se movió de su posición, aún las duras palabras de Wolfram se repiten en su cabeza.

-¿Estás bien? Me disculpo por la conducta brusca de Wolfram, ha estado bajo presión estos últimos días, así que su temperamento no ha sido el mejor.

-No creo que se deba a eso, aunque supongo que debo ser más comprensivo –mira a su padrino con una tenue sonrisa en sus labios –He estado pensando muchas cosas que debería conversar con él, es complicado con semejante aptitud. Sin embargo, no voy a rendirme, haré que me escuche –termina con una gran sonrisa en sus labios.

-¿Te has dado cuenta, verdad? –coloca sus manos en los hombros del menor mirándolo fijamente; los ojos negros lo evaden. –Tal vez…aún tengo miedo porque es algo totalmente ajeno a mi vida...yo…

-Lo sé. Y por eso estoy tan orgulloso de ti –lo envuelve entre sus cálidos brazos. El Maou suspira agotado. –Será mejor no hacer esperar a Greta.

Se separan y con cariño Conrad toma la mano del menor para llevarlo hasta el lugar de descanso. –Ella estaba muy emocionada por tu llegada a Shin Makoku.

-Sí, lo sé. Creo que debo disculparme por tardarme tanto. Hoy ni siquiera pude saludarla apropiadamente, antes que aquellos nobles de las 10 familias me rodearan. Es cierto, ¿Gwendal no debería estar en esa clase de reuniones?

-No tiene el tiempo para hacerlo, así que ha tenido que ausentarse en las últimas tres. Wolfram se encarga de ponerlo al tanto.

-¿Y entonces dónde está? No lo he visto desde que llegamos.

-Se encarga de rastrear a los hombres que nos atacaron al embarcar.

-¿No es tarea de Wolfram hacerlo?

-Lo es, pero Gwendal lo pidió como un favor especial hacia la familia Von Bielefeld, de todas formas fue al Maou, a quién atacaron, está dentro de ambas jurisdicciones.

-Creo que debería trabajar menos, comienzo a pensar que Gwendal envejecerá más rápido.

Una pequeña risita escapa al inocente comentario del soukoku –Tenga cuidado con esa clase de comentarios que hace en los pasillos, Heika, así nacen los rumores. –la ronca voz del mayor de los hermanos hace que Conrad se aclare la garganta y que Yuuri se estremezca.

-El comentario es porque estoy preocupado por su salud, Gwendal –se esconde detrás del otro hombre.

-Se lo agradezco, Heika. Ahora, apremiemos el paso, ya es tarde para que esté vagando por los pasillos –señala el ojiazul caminando al lado del castaño. –Hoy estás siendo inusualmente lento con tus tareas, Conrad. ¿Sucedió algo que deba saber?

Dos pares de ojos lo miran con sorpresa.

-Más tarde tendremos una charla, ¿Te parece? –le invita el soldado.

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-¿Conrad?

-Está bien Yuuri. Descanse mañana será un día ocupado. –le aconseja antes de cerrar la puerta y dejarlo con un lío en la cabeza. -¿Y a esos dos que les sucede? –se pregunta algo frustrado.

-¡Yuuri! –se tira la princesita contra el cuerpo más grande.

-¡Greta! Ha pasado tanto tiempo…-la recibe entre sus brazos acunándola como su preciado tesoro.

-Pensé que no volverías más…han pasado tantas cosas –la pequeña lo sostiene con fuerza comprobando que no es una ilusión.

-Lo siento, es mi culpa. No debí haberlos dejado solos.

-Te extrañábamos tanto…Wolf ha estado comportándose extraño desde que ocurrió el ataque ¿Estás enterado de eso?

-Lo sé. Y cuanto me duele no haber estado allí para protegerte.

-No te preocupes, Wolfram lo hizo en tu lugar. Ahora mismo lo sigue haciendo.

La sonrisa sincera de la pequeña le hace vibrar su corazón. Como extrañaba a un hermosa hija. La ve correr por la habitación ya preparada para dormir y subirse a la enorme cama.

-¿Me contarás un cuento para dormir? (1) –le pregunta la pequeña observando como su padre se cambia de ropas. Nota su mueca de desconcierto y como pasa a una de vergüenza. Sí, aunque algún tiempo haya transcurrido desde la última vez que lo vio, al parecer no ha cambiado su forma de ser. Una gran sonrisa adorna su rostro.

-Lo siento Greta, no soy bueno contando historias, no al menos como lo hace Wolf, pero haré mi mejor esfuerzo –le consuela una vez que ha tomado lugar entre las sábanas –Greta…

-Umm… -la niña le mira, parece dubitativo.

-Te debo todo el tiempo que no he compartido contigo, sin embargo, hoy me gustaría…

-Lo sé. Yuuri no soy una chiquilla como para no darme cuenta ¿Sabes? Las mujeres tenemos un sexto sentido.

-¿Ahh? –la expresión confusa por parte del pelinegro hace que una risa mal disimulada salga de los labios de la menor -¿A qué viene eso?

-Te estoy dando permiso de escabullirte en la habitación de Wolfram.

-¡Oye, no lo digas de esa forma! –su rostro se incendia de la vergüenza -¡No soy un pervertido!

-No me estoy refiriendo a eso.

-¿Cómo es que mi hija tiene esa clase de conocimientos? Por Shinou, ¿Qué te han enseñado aquí? –la abraza con fuerza a punto de llorar.

-Yuuri, no seas exagerado. Termina la historia para que puedas ir.

-Lo sé, Greta.

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Entra al pequeño estudio siendo cuidadoso de no generar algún ruido extra que pueda despertar a los residentes del castillo ahora sumidos en los brazos de Morfeo. En una de las sillas dispuestas en torno a la mesa ovalada su hermano le espera leyendo una delgada libreta con unos garabatos escritos de su puño y letra.

-Lo siento, tardé más de lo esperado. Yuuri-heika quería un poco más de mi compañía –toma asiento muy cerca de su interlocutor.

-No importa, entiendo que heika desee más de tu compañía, Conrad. Hace meses que no te ve –cierra el pequeño librito que permanecía observando detalladamente, y fija la mirada en su hermano menor -¿Y bien? ¿Puedes decirme que es lo que tus hombres han encontrado?

-No es mucho. Llegaron en una pequeña embarcación a unos kilómetros del puerto y se trasladaron a pie hasta nuestra ubicación.

-Entonces, conocían la hora exacta de nuestro arribo.

-Así parece. Era una emboscada bien planeada.

-Sí, una que Wolfram evitó cuando organizó su ejercitó y encerró a los enemigos. La pregunta es ¿Cómo sabía que íbamos a ser atacados? –el ojiazul se levantó lentamente de su lugar caminando hacia el ventanal del recinto. –Debió ser así, de lo contrario su respuesta ante el ataque habría tardado más.

-¿Crees que fue informado previamente del rehén tomado de la emboscada de hace unas semanas?

-Podría ser. Sin embargo, Yozak es la única persona que viene a mi cabeza en estos momentos. Con el espía que contraté asesinado hace unas semanas, no podría pensar en nadie más. Pero, ¿Por qué a Wolfram, en vez de nosotros, los directamente involucrados?

-Tal vez se enteró demasiado tarde. Su último mensaje fue enviado hace unos días.

-O, tal vez, no habrían carnadas y la emboscada habría sido un fracasado. ¿Pero para qué? –se acarició el mentón con aire pensativo -Wolfram sabía que no habría permitido el viaje de haber conocido lo que sucedería. No arriesgando a heika de esa manera.

-¿Por qué crees que serían carnadas? Wolfram no permitiría que algo le sucediera a Yuuri. Es una divagación demasiado acusatoria.

-¿Cómo te enteraste de la formación militar y la operación? ¿Te lo dijo con anterioridad?

-Claro que no, Gwendal. Fue algo que nos tomó por sorpresa –los ojos molestos del castaño brillaron.

-Está bien. No seguiré con eso, luego lo hablaré con Wolfram. Si tu suposición de que fue algo de último momento, quiere decir que el líder de la rebelión es impulsivo, y fue algo que pese a lo que se ve, no planearon.

-Así que sólo le quedaba la opción de avisarle a Su Excelencia.

-¿Estás disculpándolo de nuevo?

-¿Y tú sigues buscando algo sospechoso en las acciones de tu propia sangre? –le reprende el castaño.

El pelinegro se ha detenido en el marco del ventanal desviando su mirada a través del oscuro paisaje que se alcanza a vislumbrar desde aquel lugar. -¿Estás preocupado? –le cuestiona el otro hombre cambiando de posición en la silla.

-Aún no estoy seguro que Wolfram haya recuperado su cordura. La última vez que perdió el control yo… no quiero darme cuenta que todo lo que ha hecho está basado en ideas de venganza.

-¿Y si así fuera, qué harías? –el castaño se levanta de su puesto para acercarse al hombre que permanece de pie en la ventana –Gwendal…

-Lo detendría, como la última vez. Es peligroso que alguien en su estado psicológico tenga el poder sobre tantas personas. Dime, ¿Yozak no está siguiendo mis órdenes, cierto? ¿Wolfram es el que ha estado moviendo sus pasos todo este tiempo? Conrad sé que lo sabes. Has estado diciendo mentiras desde el preciso instante que permití a Wolfram tomar las riendas de Shin Makoku. No soy ciego para no darme cuenta.

El aludido desvía su mirada hacia otro punto en la habitación. Retrocede dos pasos y permanece en silencio con una expresión de dolor en su rostro.

-Lo sabía, desde hace mucho tiempo…-suspira cansado abandonando la idea de continuar la conversación -¿Crees que has traicionado su confianza, tal vez la mía? –continua implacable mientras nota como los hombros del castaño se van tensionando. –No te sientas culpable, sólo asegúrate de seguir siendo un buen consejero y un verdugo cuando sea el momento –enfila sus pasos hacia la salida dejando a un mudo soldado de pie en medio de la habitación.

-Gwendal –resuena la voz hasta convertirse en un susurro -¿Qué harás ahora que los has confirmado?

-Nada –le responde contundentemente –Un llamado de atención a Yozak y un castigo a Wolfram cuando acabe todo este teatro. Sin embargo, si algo sucede por su irresponsable aptitud, lo encerraré en un oscuro calabozo para juzgarlo como traidor hacia Su Majestad –finaliza duramente antes de abandonar la instancia.

Conrad no se movió un solo milímetro. Continúa cavilando acerca de los acontecimientos sucedidos. Gracias al ridículo juego de caza de su hermano menor, ahora sólo él sino su persona también estaban condenados a recibir la desgracia e infortunio de toda aquella situación. Estaba preocupado ante las severas palabras del mayor, ahora más que nunca debía ser más insistente, pues en cada paso que se diera debía ser fríamente calculado.

Llevó una mano hacia su frente masajeándola con fuerza. Definitivamente, su creciente dolor de cabeza no le permitiría conciliar el sueño.

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-¿Se puede saber cuál es la razón para que haya invadido mi habitación a estas horas de la noche, Su Santidad? –el camisón se desliza por su desnuda espalda cubriendo su esbelto cuerpo apenas iluminado por la pálida luz de la luna. El pelinegro observa maravillado la escena ante sus ojos siendo cautivado por la belleza de aquel mazoku de fuego.

-Es muy difícil de sorprender y más aun de ser encontrado con algo de tiempo libre, es un pez muy resbaladizo, Von Bielefeld. –terminó algo agitado a punto de tener una hemorragia nasal. La figura se acomoda debidamente su traje para dormir y camine en dirección al intruso bordeando la gran cama.

-Eso no justifica colarse en mi habitación de un noble comprometido con el Maou, pude haberlo confundido con un ladrón. –se para frente al Gran Sabio tratando de adivinar sus facciones. Esta vez la sonrisa traviesa se dibuja en su rostro pálido ante el descubrimiento –No me diga que lo tomé con la guardia abajo.

El aludido solo atina a acomodarse los lentes antes de responder –Con usted siempre sucede Von Bielefeld. No dudaría en desposarlo si no fuera el prometido de mi amigo. Además, se ha vuelto bastante atrevido estos últimos meses.

-¿Atrevido? No tiene moral para decir esa palabra. Dejando eso a un lado, ¿Qué asunto lo trae a mis aposentos a tan altas horas de la noche? Más te vale que sea algo importante. Estoy cansado y mañana será un día bastante agitado –le reprochó mirando con el ceño fruncido.

-¿Qué están tramando usted y Shinou?

-¿Ah? –los ojos verdes se abrieron de sorpresa. Esa pregunta si es inesperada.

-Está jugando con usted. No puede creer que dos niños egoístas se hayan unido en un momento tan crucial como este. ¿Qué es lo que está experimentando?

-¿Por qué no se lo pregunta directamente? Hace algún tiempo ya que no se muestra ante mí. Usted es el Gran Sabio, debe conocerlo mejor. –le da la espalda y regresa al otro lado del gran lecho dispuesto a dormir.

-Creo que nadie se conoce mejor que a sí mismo.

-No lo sé. Si quiere saber la historia de porque tengo ciertos conocimientos, puedo contársela mañana, ahora no. Es muy impaciente Su Santidad, pensé que unas horas más de espera no iban a hacer mella en un alma tan ancestral –se sentó sobre la suave superficie acolchonada levantando sus brazos para estirarse con libertad.

-Está jugando con fuego y saldrá quemado.

-Soy un experto en esa materia.

-¿Sabe que Von Voltaire tiene bajo sospecha a esa mujer hija del líder comunal del pueblo de Shin Makoku?

Un par de ojos verdes se fijan intensamente en el otro hombre, parecen sorprendidos. -¿De dónde saca esa información? –le examina detalladamente buscando algo que le indique que miente, y es allí donde el chico de lentes descubre una verdad, una realmente desconcertante y preocupante –Le tiene sin cuidado lo de esa mujer, ya lo sabe. Pero lo que le sorprende es que su hermano lo haya averiguado…Así que es cierto, está jugando doble…

La amplia sonrisa de diversión por parte del ojiverde es apenas un reflejo oscuro que le hace ver como un verdadero demonio descubierto en plena travesura, uno que no se inmuta si alguien más conoce su secreto -¿Todo esto es para llegar a este punto? –sus orbes brillan con algo similar a la emoción, la emoción de haber hecho bien sus cálculos –Me sorprende que haya tardado tanto.

-No le importa que yo lo sepa.

-No. No hará nada que ponga en peligro a Yuuri y menos que lastime su corazón, es un buen amigo.

-Tiene calculado todo ¿No es así?

-No todo.

-Shibuya ¿Cómo entra él en este plan?

-Ya está en él. Lo único que espero de usted es su colaboración como buen consejero del rey. No permita que haga cosas innecesarias que pongan en peligro su propia vida.

-Querrá decir…no ponga en peligro lo que ha estado haciendo…

-Ahh…siempre tan sutil, Su Santidad.

-Estaré esperando –sus pasos resuenan en la silenciosa habitación, el crujido de la puerta al ser abierta y el correr del aire frío le indican al rubio la retirada de su visitante. –Tenía razón. Es usted imprescindible.

-Tanto como lo es usted, Su Santidad.

-Wolfram –su nombre se desliza de esos labios, seguro y contundente –Si esto se convierte en una tormenta que amenace a Shibuya o a usted mismo, no me tendrá como una pieza de su lado del tablero de ajedrez. –esas palabras resuenan antes que la puerta sea cerrada.

Sus ojos siguen fijos en donde momentos antes observó al Gran Sabio. Una mueca de disgusto asoma en su rostro. Definitivamente las visitas no esperadas están a la orden del día, o mejor dicho de la noche. No le impresiona mucho, era la conducta más predecible de sus invitados. Ahora sólo faltaba el más insistente.

Aguarda unos minutos sentado en la misma posición observando como el astro de la noche brilla incesante y místico en medio de aquel caos.

Uno y dos toquecitos le indican que ha llegado. El sonido del portón abrirse lentamente mientras supone que una cabeza se ha asomado en espera de ver algo en tremenda oscuridad. Gruñe exasperado por la forma tan miedosa en la que su prometido intenta escabullirse, como si se tratara de la guarida de un malvado monstruo. -Cierra rápido la puerta que está comenzando a hacer frío, ¡Yuuri!

La puerta choca con fuerza haciendo que un horrendo eco reverbere unos segundos más –Lo siento… ¿Te he despertado?

-No. –le mira con algo de resignación antes de meter sus piernas en las sábanas, acomodándose en la enorme cama –Se supone que te dejé con Greta y que serías muy amable en compartir con ella esta noche. ¿Quieres ser por favor más considerado como padre? –le regaña. El azabache se mantiene fijo como una estatua hecho casi un ovillo por el contundente mal temperamento del ojiverde. -¡No he sido mal padre! Fue ella la que me dio el permiso para venir hasta acá.

Fue el turno para del otro para abrir los ojos por los sorpresa. Una medio sonrisa se forma en sus labios. Tremenda hija la que le había correspondido. Ya sabía que armaría un plan de contingencia ante su orden de dormir con el Maou. –Debería darte vergüenza –rezonga.

-¿Puedo dormir contigo? –es la contestación del ojinegro.

-Lo siento, ya no es hora de atención al cliente, tendrás que pagar caro si quieres acostarte conmigo.

-¡Wolfram! –gritó avergonzado por las palabras subidas de tono.

-¿Te avergüenzas simplemente por eso? Soy tu prometido es algo normal entre nosotros. Deja de ser tan recatado.

-Sigues enojado por lo que dije la última vez, ¿verdad?

-¿Una calentura la tiene cualquiera, no?

Una sonrisa apenada cruzó por los labios del Maou, que buscaba dentro de su cabeza la frase adecuada para salvaguardar su seguridad física y mental. –Yo no quise decir eso…exactamente. Era una situación complicada.

-Una que estabas disfrutando plenamente.

-¡Yo no fui el único!

-Oh, sí. Yo me lancé como una bestia en celo sobre ti, aun sabiendo que mis hermanos y él estaban en la habitación contigua.

-¿Sabías que estaban en la habitación de al lado, y aun así?

-¿Lo ves? Me has dado la razón.

-¡Eso no es cierto!

-Henachoko tengo sueño. Si vas a escabullirte en mi cama, que sea ahora o sino yo mismo te patearé fuera de aquí –se recuesta entre las suaves almohadas acomodando su cuerpo en una posición más confortable.

-No tienes por qué ser tan agresivo. –de puntitas camina rápidamente hasta trepar al enorme lecho y ocupar el lado vacante a un lado del rubio. Unos minutos pasan antes de que el pelinegro se dé cuenta lo difícil que sería conciliar el sueño si no deja las cosas claras.

-¿Sigues enojado conmigo, Wolf? –pregunta en su susurro temiendo se empujado fuera de su segura guarida. La respuesta demora unos exasperantes segundos antes de alcanzar sus oídos.

-Sí.

Nuevamente el silencio sepulcral invade la atmósfera entre los dos.

-¿Y seguirás comportándote como lo hiciste hoy?

-Yuuri, fue un día ocupado, tenía la preocupación de traerte sano y salvo al castillo y los nobles insistieron en tener una reunión contigo. Estaba agotado mentalmente, no fue intencional.

-Pero antes…

-Fue tu maldita culpa, por ese comportamiento cobarde que a veces me irrita. Por lo menos aceptas que no fue una calentura. Eso es un avance de por sí.

-No quise…

-Lo sé. ¿Podemos continuar mañana?

-Estas inventando excusas para tratar de hacerme olvidar el tema.

-Oh, empiezas de nuevo. Esto es un plan universal para no dejarme dormir.

-¡Hey! No lo digas como si fuera una mujer dándote un sermón.

-Cállate. –le gruñe con una mirada fiera. Y el ojinegro no puede más que obedecer a la contundencia de esa palabra. Instintivamente retrocede ante la presencia intimidante de su prometido.

-No te lo mereces…-le susurra entrecerrando sus ojos con rencor. Y es allí donde el 27 Maou de Shin Makoku teme por su vida, porque duerme en su cama por voluntad propia con un asesino potencial que no dudará en darle rienda suelta a sus impulsivas y explosivas emociones.

-Wolf…-no termina de pronunciar el nombre completo cuando una mano en su nuca lo atrae y unos cálidos labios se pegan a su boca con violencia.

Las reacciones de Yuuri hacen cortocircuito al intentar responder ante el ataque imprevisto, así que sólo hace un ruidito de sorpresa y permanece petrificado ante el contacto de su prometido.

Había sido tanto tiempo desde la última vez que algo así había ocurrido…Todo dura unos segundos más antes de sentir al ojiverde separarse con un brillo de decepción en sus ojos. Ni siquiera es capaz de preguntarle la razón de aquella acción.

-¿Lo ves? No lo mereces.

-¿Eh? –es la única expresión que sale de sus labios antes de observar cómo el rubio le da la espalda, se acomoda y se acuesta entre las mantas sin decir más. Por el contrario, Yuuri no puede estar seguro de lo que siente. Gritar de la emoción por ver una reacción de cariño hacia él, llorar de decepción porque todo acabó o gritar con enojo parar reprenderlo por hacerlo sin su permiso.

Suspira tratando de controlar el veloz laido de su corazón y recuperar la cordura perdida. Muy en el fondo reconoce la sensación de decepción palpitar en su pecho haciendo tanto daño. Porque todas las malditas acciones del día se traducen en lograr un acercamiento positivo del rubio como algo más que un soldado, y ahora, ante el milagroso comportamiento esperado, sólo puede paralizarse y morderse la lengua ante su falta de experiencia.

Contempla una vez más la figura que se encuentra a su lado, antes de tomar su puesto en aquella espaciosa cama y fingir que nada ha pasado. Porque esa es la manera en que Shibuya Yuuri, rey de los demonios y prometido de Wolfram Von Bielefeld huye de sus problemas.

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X

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La siente estremecerse por el contacto. Su lengua traza una tortuosa línea húmeda desde la clavícula ya enrojecida hasta el inicio de sus abultados senos. Un suspiro de placer no se hace esperar, percibe como en ese cuerpo acorralado va aumentando la temperatura, como la tensión sexual la vuelve impaciente ante los estímulos. Las piernas se abren para dejarlo pasar, lo invitan a poseerla, los vellos se erizan ante su toque y los pezones se endurecen cuando finalmente alcanza uno de ellos. La observa abandonada a las sensaciones con su cabellera esparcida por la superficie blanda de su lecho, su cabeza ladeada dejándole una excelente panorámica de su cuello descubierto y con la blusa celeste totalmente abierta mostrando desinhibidamente su prominente talla de copas.

La visión desde arriba es increíble, como hombre se enorgullece por saber brindarle semejante placer carnal a una mujer, sin embargo, y aunque su miembro está entrando en acción, no está tan duro como cree. El estímulo no es suficiente y se exaspera por ello. Se incorpora bruscamente acomodando su cremallera. Se sienta en el borde la cama.

-¿Qué sucede? –le pregunta aún en la misma posición y con un velo de lujuria en su voz. No recibe respuesta, se levanta enojada al ser dejada de forma tan grosera en pleno acto sexual -¡¿Qué diablos te pasa a ti, Frank? –nuevamente es ignorada, observa como el corpulento hombre se mueve hacia la ventana, abre un paquete de cigarrillos para depositar uno en sus labios y encenderlo.

-Es porque no soy él ¿Verdad? ¡Últimamente me haces esto! –abotona uno a uno los botones de la prenda arrugada que viste, con las manos temblando de ira.

-Soy una mujer. Tengo buen cuerpo, soy servicial, sigo tus malditas ordenes, cocino bien, se usar el majutsu y combatir. Tal vez no sea hombre pero manejo bien la magia y la espada en el campo de batalla. ¡¿Me oyes?

Una bocanada de humo escapa de los labios del hombre. Sus ojos siguen fijos en la entrada de aquella improvisada y sucia fortaleza donde opera su ejército –No tiene nada que ver con el género, no hay necesidad de comparaciones.

-Claro que tienen lugar, ¡Es un hombre! ¡No está bien visto entre nosotros que te acuestes con uno! –se acerca desafiante para golpearlo. Su muñeca es interceptada por la carnuda mano del líder. Sus ojos furiosos brillan por el atrevimiento de aquella fastidiosa camarada –Aun así decidiste acostarte conmigo.

-¡No te burles de mí! –se remueve intentando soltarse del fuerte agarre que ya corta su circulación -¡Déjame!

-No has sido muy astuta. Sospechan de ti por tu impulsivo comportamiento. ¡Has sido descubierta!

-¿Es por eso? ¡Todo lo que he hecho ha sido por ti, maldita sea!

-No te pedí que organizaras una emboscada mal planeada y dejaras tu identidad vulnerable. ¡Estas echando todo a perder! –la empuja con fuerza haciendo que pierda el equilibrio.

-¿Eso te ha dicho Víctor?

-Él no ha dicho nada. Tu misma me lo constate, que había actuado por tu propia cuenta.

-Claro que lo hice. Te dije "casi lo logro, Frank". Lo único que recibí ese día fue una mirada indiferente y un "casi no es suficiente" Era perfecto, y no lo supiste reconocer. ¿Le has preguntado a Víctor que hacia allí el mismo día de la emboscada? ¿Cuál era su desmedido interés por detenerme? ¿Qué fue lo que cambió, eh?

-Las últimas noticias de mis informantes. El mayor de los hermanos tiene pruebas suficientes para encerrarte en un calabozo y hacerte hablar. No lo ha hecho porque necesita la información de su estúpido hermano menor y ofrecer una disculpa formal a tu padre idiota.

-¿Eh? –agarra sus manos con fuerza, está confundida.

-¿Pensaste que espiar entre los archivos sería gratis? Eres descuidada.

-¿Cómo lo sabes? –retrocedió unos pasos lejos de la figura que se había volteado hacia ella.

-De la misma manera que aquellos demonios, querida…Ahora decide en qué lado te quedarás, ya me di cuenta que no puedes cargar con dos vidas.

-Me matarás si decido quedarme con mi padre.

-Tal vez…pero lo haré si te llegan a capturar, eso sí es seguro.

-¿Soy oficialmente una prisionera?

-No, puedes largarte a donde te plazca.

-¿Y si continúo como espía me detendrás?

-Ao, no hagas nada imprudente. –le advierte aun con la mirada fija en la mujer.

-¿Me detendrás? –repite con sus labios en tensión.

-No

-¿Me dejarás seguir participando hasta que logres tu meta?

-Sí, si para esa entonces no has sido encarcelada por el enemigo.

La mujer se retira del lugar con un expresión de físico odio hacia el líder. Sonríe complacido, una bruja menos con quién tratar. Al menos esa disputa mejorará el temperamento del sub comandante.

Aguarda unos segundos más a la espera de uno de sus soldados. Efectivamente la cabeza del aludido se asoma con cautela tratando de hallar su enorme figura en semejante caos.

-¿Jefe? –le llama no convencido con la idea de entrar a buscarlo.

-¿Dónde está Víctor? –le cuestiona dirigiéndose nuevamente hacia la ventana con el cigarrillo entre sus dedos.

-Salió con el grupo de soldados a la misión.

-¿Dejó algún mensaje? –lo susurró. Al fin y al cabo siempre era la misma rutina, una que se había creado desde que se había formado el equipo. El silencio por parte del hombre en la puerta le indicó que evidentemente Víctor no abandonaba los viejos hábitos.

-Dilo

-Es que…señor, yo no tengo la familiaridad del sub comandante para decir esas palabras.

-Escupe las malditas palabras o buscaré otra forma más persuasiva para hacerlo.

-Ah… pues, pues espera que… -pasó saliva tratando de hallar la valentía necesaria para terminar la oración –Su perezoso trasero esté trabajando adecuadamente a la causa ya que…ehh…todo ese inútil esfuerzo por enmendar la absurda misión, de la que no estaba de acuerdo, valga en algo la pena; saliendo a un lugar detestable y sin haber dormido las horas suficientes, arruinen su día y que la culpa haga su debido trabajo. Frank, espero una muy, muy…eh, buena compensación –calló de repente visualizando la forma más eficaz de huir. Sin embargo, ninguna queja o movimiento provino del líder. Su vista seguía clavada en él como dos imanes, no pudo ignorar el brillo en los ojos del otro, era realmente algo desconcertante.

-Jefe…él dejó un pequeño paquete…-susurró procurando no alterar la atmósfera pensativa del otro. Frank recuperó la compostura luego de ser sorprendido por las palabras de su amigo. Clavó la vista en el pequeño objeto que permanecía inmóvil en la mana alzada del soldado, el cual dudaba si entrar o quedarse en su sitio.

Como movido por un resorte, el líder apagó el ya olvidado cigarrillo dejando caer la colilla, y avanzó a grandes zancadas arrancando del chico la pequeña cajita envuelta en papel.

-¿Dónde están las tropas?

-Esperando órdenes. Acamparon alrededor del fuerte…

-Diles que permanezcan así, nadie tiene permitido salir de aquí hasta nueva orden.

-Pero señor, están aguardando…

-No me importa. Hasta no saber qué sucedió con los otros en las tierras de los Von Bielefeld, nadie mueve un dedo. ¿Entendido, teniente? –diciendo esto lo fulminó con la mirada.

-¡Si Señor! Su caballo está listo. ¿Podría decirme hacia donde cabalgaremos…?

-Iremos a Gran Shimaron.

-¿Eh?

-Hay algo que tengo que hablar con el rey –tomando el objeto con fuerza, vistió su gabardina y abandonó la habitación. El teniente lo siguió sin dar crédito a lo que había escuchado.

-¿Qué hago con Ao? Últimamente no obedece órdenes.

-Que la vigilen. Asigna a alguno de tus hombres. Si es capturada elimínenla.

-¿Nada más?

El gigante se detuvo. Pareció meditarlo unos segundos.

-Dile que se marche por unos días. No quiero tenerla jodiéndonos la existencia, y menos tener que soportar el mal humor de Víctor.

-¿Y si se niega?

Esta vez la estruendosa carcajada del otro, asustó al otro. –Sácala de los cabellos si es necesario. No quiero ninguna pelea entre esos dos.

-Entiendo. Me aseguraré de actuar inmediatamente.

-¡Que así sea! Ahora muévete, nos espera un largo trayecto –gritó de buen humor dejando atrás al soldado. Poco a poco la enorme figura iba desapareciendo por el sombrío pasillo.

Suspiró agotado. Vaya líder que le había correspondido. Razón tenía Víctor al decir que era bipolar. Aunque no esperaba semejante cambio de humor sólo por esas palabras tan groseras del segundo al mando.

-Hombre, ya verás que mejorarán su temperamento. Ni siquiera se va a molestar porque me fui sin advertirlo antes.

-¿Está seguro? Soy yo, quién tiene que enfrentarlo cuando…

-Me terminarás debiendo un par de cervezas ¿Apostamos?

-No quiero ser quién saque dinero de su billetera. El jefe se molestará por andar rondando alrededor suyo, Víctor.

-¡Eso no sucederá! Mantelo informado…ahh, y entrégale esto, definitivamente le gustará…

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El jarrón con hermosos girasoles se quebró en el sucio suelo haciendo un estruendoso sonido, que ni siquiera alcanzaba a dejarla satisfecha.

Rompería todo de ser necesario para calmar la pujante ira y la creciente presión en su pecho.

-¡Maldita sea! –gritó rompiendo en mil pedazos los documentos apostados organizadamente en su escritorio. Lágrimas se deslizaron a través de sus mejillas, de dolor, de traición, de amor, de odio. Como se atrevía aquel hombre a echarla a un lado cuando había sido tan devota en los últimos meses, cuando le había cuidado en su miseria, en su enfermedad, en su dolor.

Todo era la culpa de él. Desde que aquel hombre había irrumpido un día así como así, Frank había cambiado notablemente. Pero ya se las ingeniaría para arrancarlo de su lado y sus vidas.

Era una mujer inteligente, hermosa y con grandes capacidades como estratega. Su padre estaría orgulloso de ella, pues había heredado su temperamento tenaz y la elocuencia para hablar adecuadamente, convencer o persuadir de ser necesario. Tal vez era impaciente, como lo supo demostrar al intentar plantarle una trampa al mejor de los hijos de la anterior maou, sin embargo, no había sido un fracaso después de todo. Unas sospechas y unos informes le aseguraban la victoria.

Se arrodilló con delicadeza buscando entre los papeles rotos, destrozados y arrugados, el pequeño folio unido a una fina grapa que con tanto cuidado había cuidado hasta ahora. Una sonrisa adornó su rostro cuando halló lo que deseaba.

Alisando las puntas de las hojas y verificando que no hayan sufrido daños por el repentino ataque de rabia, se permitió leer el título.

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Informe No. 22, escrito a puño y letra por Crow Kruth. Dirigido hacia S. M. Si está leyendo esto por un medio diferente al acostumbrado, entonces debe estar seguro que estoy muerto.

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+_Anexo_+

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-¿Estas evitando a Wolfram? –le preguntó intrigado su padrino al notar la posición que tenía su ahijado solo a unos pasos de alcanzar la zona de entrenamiento del mazoku mencionado.

-¿Yo? No, no… ¿Por qué haría algo tan ridículo? –sonrió tontamente sin despegar su mirada del suelo.

-Yuuri, tu comportamiento es totalmente exagerado al habitual. ¿Ha pasado algo entre él y tú? –el aludido tosió al ahogarse con su propia saliva.

-Ahora lo entiendo…-mencionó para sí mismo el hombre mayor.

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-¡Ha estado evitándome desde hace una semana!

-Tal vez lo has agredido de alguna forma que…

-No he podido dirigirle la palabra, ¿Cómo voy a insultarlo de todas formas?

-No necesariamente requieres palabras para…

-¡Conrad!

-Está bien, admito que tienes razón.

-¡Es tu maldita culpa! ¡Nada de esto estaría ocurriendo si hubieras accedido a arrastrarlo a la habitación esa noche y no yo!

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-¿Qué es lo que entiendes? No es por ofenderte pero no creo que hayas comprendido. Es simplemente que…

-Que estaba ebrio y no pudo controlar sus instintos ¿Verdad?

Un sonoro suspiro provino del menor quien lo seguía unos pasos más atrás, casi arrastrando sus pies –No vas a poder ignorarlo por mucho más tiempo.

-Lo sé

-Wolfram no te va a cuestionar por ello.

-También lo sé, es sólo que…me avergüenza verlo a los ojos sabiendo…sabiendo lo que casi llega a ocurrir entre los dos.

-Tendrás que superarlo, ya aclararás tus emociones, eventualmente.

-Sí, supongo –afirmó con la cabeza a medida que se movían por el corredor pintado de blanco marfil con diversos retratos pintados en óleo sobre mazokus y siglos de historia, sobre héroes, santos y guerras.

-¿A dónde nos dirigimos exactamente?

No recibió respuesta, por eso temió lo peor, ya que poco a poco sus pasos lo llevaron hasta un enorme espacio circular donde un grupo de hermosos soldados combatían entre sí probando y mejorando habilidades. Entonces, el entendimiento iluminó su mente. -¿Conrad? –susurró con miedo al verse enfrentado a su peor pesadilla de esa forma tan directa y menos sin estar preparado mentalmente para ello.

-Lo siento, Heika. Fue una orden explícita de Gwendal.

-¿Ah? ¡Pudiste haberme dicho algo al respecto!

-Si lo hubiera hecho pues…muy seguramente habría escapado.

-¡Pues estas en lo correcto!

-Espere aquí –y ante una cara de interrogación por parte del soukoku, el soldado avanzó entre la fila de hombres que practican con pasión y ahínco. No lo esperaría. Retrocedió dos pasos dispuesto a huir de aquel lugar. ¿En donde había quedado la charla que segundos antes había tenido con su padrino…? ¿Ese era su eventualmente…?

Oh, no, no, no…Hoy no sería. Estaba decidido.

Una mano en la parte trasera del cuello de su chaqueta le impidió moverse de su sitio. Levantó la mirada algo confundido encontrándose con unos ojos azules y unos labios rosas de pinta lápiz sonriéndole maliciosamente.

-¿Anissina?

-No se escapará tan fácilmente, Heika –y sin poder hacer nada para detenerla, lo arrastró –literalmente –a lo largo del pasillo hacia una dirección totalmente desconocida.

-¡De que se trata todo esto! –gritó

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-¿Cómo se supone que esto me va a ayudar? –cuestionó enojado con los brazos cruzados a la altura de su pecho. Las miradas se dirigieron hacia él con un cierto brillo peligroso de aprobación, algo que presentía terminaría muy mal, definitivamente. Un mal augurio.

-Heika, aún no hemos comenzado. No sea tan pesimista. Para todos está claro que lo que necesita es aprender a bailar para la ceremonia –exclamó muy animada la voluptuosa mujer rubia tomándolo de las manos y fijando su intensa mirada en sus orbes negras. –Me he enterado que la causa de su rechazo a la invitación para la fiesta de disfraces que organiza las 10 familias de nobles, es por esta razón.

-¿Eh? ¡Eso no es cierto! –se intentó separar de la ex maou arrancando sus manos de las de ella. -¡No sea tímido Heika, no hay de qué avergonzarse!

-¿Sabe bailar entonces? –le preguntó seriamente el mayor de los tres hermanos –Según su madre, Miko-san, usted carece de un conocimiento tan elemental para un hombre de su categoría.

-¿Cómo te has enterado de eso? Oh, ¡Eso es una violación de la privacidad! ¡Puedo demandarte!

-No, no lo es –le reclamó la inventora –su desempeño afecta a todos los mazokus que sustentan el nombre de Shin Makoku.

–No pienso quedar en ridículo por semejante trivialidad.

-¡Desde cuando lo sabes! Exijo una respuesta. –señaló con el índice al hombre a varios metros de él.

-Hace unos meses, realmente no fue difícil, su madre insistió en que debía enseñarle a comportarse como un caballero ya que no es muy afortunado con las damas de su mundo. Eso era algo que no estaba premeditado, realmente no necesitaba y –no quería –saber. –Concluyó con un aire de indiferencia ante su declaración. Por parte del maou, pensó lo exasperante que era esa situación.

-¿Así que para eso fui traído hasta aquí? –observó atento la reacción de los presentes.

-No va a funcionar si todos me están observando como lo hacen ahora, además, y sólo por curiosidad ¿Quién va a ser mi pareja de baile?

-Oh, Heika, personalmente me ofrecí a serlo pero aquel hombre –señalando al pelinegro con el ceño fruncido –se negó rotundamente. No entiendo el porqué, siendo que mis aptitudes para la danza son excepcionales.

-No duda de sus capacidades, pero eres muy alto para Su majestad, es bastante evidente, Gunter –rió la mujer ojiazul.

El maou suspiró tranquilo, por lo menos, la lección no resultaría ser una tortura para su persona. Sin embargo, con aquella condición de altura la lista quedaba reducida a una sola persona, una en particular. Un malestar estomacal amenazaba con hacer estragos en su organismo.

-Deja esa maldita expresión de sufrimiento de tu rostro, no soy tan mal compañero de baile –refunfuñó una voz demasiado conocida. Los pasos resonaron fuertes a medida que las botas chocaban contra el brillante baldosín. Su caminar era rápido, seguro y su rostro lucía serio. Portaba su uniforme algo desarreglado con las mangas recogidas hasta los codos, los primeros botones de su camisa y chaqueta sueltos dejaban al descubierto una gran porción de su pálido cuello y su clavícula, su cabello estaba algo desordenado y algunas gotas de sudor surcaban su frente. Estaba bastante agitado, un entrenamiento más fuerte que en los días anteriores. Sonrió bobamente al darse cuenta que a pesar de sus groseras acciones, el continuaba ayudándole en sus problemas, aún cuando se notaba exhausto.

-¿Estas despierto? –los grandes ojos verdes le escudriñaron muy cerca de su cara. ¿Cuándo se había acercado tanto? Viéndose sorprendido por la repentina cercanía del mazoku de fuego, se alejó violentamente balbuceando algo inaudible y sonrojado como un tomate.

-¡Wolfy, me alegra que hayas decidió colaborar con la causa! –abrazó al menor emocionada ante los hechos –Esta será una ocasión digna de recordar.

-Madre, no creo que Yuuri este dispuesto a bailar con tantas personas a dentro.

-¿Me estas sacando, Wolfram?

-No quise decir eso, pero entiende que…

-Lamento haber interrumpido tu entrenamiento se lo importante es que tus tropas este preparadas, mañana me comprometo a brindarte todos los espacios para que terminen. –sentenció el ojiazul formalmente a su pequeño hermano. Con cuidado tomó del brazo a su madre y caminó con ella hacia la salida. – ¡Gwen, yo quiero verlos!

-Anissina, Gunter, tienen trabajo pendiente –gruñó antes de marcharse del gran salón, con la mujer haciendo berrinche por ser tratada como una simple espectadora sin oficio. Los demás se quejaron por lo bajo aunque decidieron obedecer a la orden.

- Bien, solo quedamos los tres. Ya se me hacía raro que cruzaras ese campo a no ser que tuvieras una muy buena razón. –charló con algo de cansancio el mazoku de fuego dirigiendo su mirada al castaño que continuaba recostado cerca del ventanal. –Supongo que serás el director de coreografía.

-Si, supones bien. Sólo estaré un rato y luego dejaré que practiquen un rato más, luego puedes hacer lo que desees. Heika, aún tiene asuntos pendientes. –le sonrió cordialmente al rubio quien solo atinó a afirmar con la cabeza.

-Está bien, supongo que debo tener una muy buena razón para estar aquí.

-¿La tienes? –tembló el moreno al verse enfrentado con la persona que había estado evitando.

-¡Claro que si, Henachoko! Será todo un espectáculo ver tus intentos de baile. –ante tal declaración el aludido infló sus mejillas infantilmente –A ver Conrad enséñale primero, no voy a ser yo quien reciba los pistones.

Los dos hermanos se miraron un par de segundos antes que el mayor de ellos suspirara. –Si, ya se que te lo debo. –se resignó a tomar posición frente a su ahijado.

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-Bueno, ya que Conrad te enseñó y veo que estas lo suficientemente preparado, practicaremos los dos –sonrió divertido mientras colocaba a reproducir el enorme aparato musical que sonaba estruendosamente inundando la habitación con notas musicales algo más vivaces que en los ensayos anteriores.

Se tensó visiblemente cuando su prometido se detuvo en frente suyo y le brindó una mano cortésmente. –Yo dirigiré

-¿Por qué? –preguntó tímidamente al ver su espacio personal violado por el caliente cuerpo del otro.

-Es obvio, tengo más experiencia en esto que tú –la sonrisa pícara del rubio le hizo sonrojarse, sintió como su mano era tomada con cuidado y su brazo era puesto encima del hombro ajeno a la par que este lo tiraba más cerca y lo rodeaba por la cintura, como si de una frágil y delicada chica se tratase. –Debo disculparme, no estoy presentado como debería. No alcancé a prepararme adecuadamente, la verdad a mi me tomó por sorpresa esta actividad lúdica, Yuuri. –le habló calmadamente casi cerca a su oído. El pelinegro se estremeció ante el cálido aliento que rozaba su cuello. Si era cierto que Wolfram estaba un poco transpirado, el aroma no le pareció incomodo, todo lo contrario se vio a si mismo disfrutando ese contacto tan cercano.

-No soy una chica, Wolf. Y no hables como si esto fuera un concurso –gruñó tratando de liberarse del encanto que desbordaba su prometido. Si, porque en su concepto, nunca había pensado que un hombre era sexy, hasta estos instantes. La suave risa del otro le hizo relajarse un poco más. –Lo siento, lo siento. Se me olvidaba lo quisquilloso que eres para este tipo de cosas.

-¡Oye! –intentó pelear pero antes que pudiera hacer algo, el rubio comenzó el moviendo acompasado del baile siguiendo naturalmente la música. Su mente se trasladó inmediatamente a lo que momentos antes su fiel padrino le había enseñado con demasiada insistencia, si debía recordar, un paso aquí, otro paso allá, prever los movimientos de la pareja y permitir que este dispusiera del espacio para moverse. Sonaba tan sencillo que el mismo se reía de lo patético de aquella situación, sin embargo, se percató que aunque estuviera totalmente concentrado en lo que hacía, sus ojos continuaban fijos en la boca del mazoku. Dios, aun podía sentir el la fricción junto a esos labios hace unas noches durante su estado de ebriedad. Ahora, estando sobrio, le tentaban nuevamente…

-¿Yuuri? –susurraron los suaves labios.

-¿Si? –respondió aun con la mirada fija en el mismo punto.

-¿Estas bien? –la pregunta lo pilló desprevenido. Alzó la vista hacia el chico quien lo observaba con un deje de preocupación en sus ojos. –Estas demasiado callado.

-La música hace difícil que pueda conversar o quejarme ¿Verdad? –seguía mirándolo fijamente.

-Si, pero, estas extraño…

-Tú también, estas siendo demasiado amable conmigo.

-Oh, no lo había notado. Supongo que tirarte las orejas es un comportamiento más normal en mí.

-Así es.

-Esa es la razón por la que me has evitado –sugirió sintió como la presión sobre su hombro aumentaba. –No tienes que intentar cargar todo tú sólo, eres tan idiota.

-No soy idiota, además, no he dicho que sí.

-¡Pero es tan evidente! –jadeó un poco soltando al pelinegro. Ambos se detuvieron. La mirada azabache lo recorrió detalladamente.

-Estas agitado. Y ya se que es evidente, todos se han dado cuenta menos yo…-le soltó en un tono herido -¿Estas bien? –olvidó cualquier otra cosa diferente a lo agotado que lucía el mazoku.

-Estoy cansado es todo. –se tambaleó un poco. –Si me sigues contemplando de esa forma pervertida, voy a empezar a creer que te gusto. –rió entre dientes ante la torpe reacción de su prometido, por lo menos había logrado retirar su atención de su persona y hacer que olvidara parcialmente el tema. Se movió lentamente hacia el pelinegro y en un rápido movimiento tomó su barbilla con firmeza y lo besó; si todo aquel lío nacía de semejante acción impulsiva pues volverla a repetir, y todo estaría solucionado.

El contacto suave del principio se volvió más ferviente a medida que su húmeda lengua pudo hacerse paso a través de los labios tensos del Maou, avanzó rápidamente acariciando cada rincón, robándole el aire. Cuando la necesidad de oxígeno se hizo presente le dejó alejarse aun jadeando por el esfuerzo. El rostro del soukoku conservaba un lindo sonrojo y un brillo de confusión en sus ojos, dios, ni el mismo se esperaba que fuera así de intenso; había cruzado los límites desde hacia varias horas, ¿Por qué no se había detenido para dormir un poco? Se cuestionó ante la borrosidad en su mirada, ah, pero Yuuri lo necesitaba, sólo bastaba eso y lo irresistible que se le antojó esa boca de un momento para otro. Los objetos comenzaron a girar cada vez más rápido y pronto, una debilidad inundó cada célula haciéndolo desplomarse como una muñeca de trapo, patético pensó en una milésima de segundo y luego, lo olvidó.

-¡Wolfram! –gritó alarmado cuando el cuerpo de su prometido cayó de repente. Alcanzó a tomarlo entre sus brazos antes que tocara el suelo. Un poco incomodo por la posición y el peso extra del hombre lo removió en un intento por hacerlo volver en sí, pero se sorprendió al notar que seguía consciente -¿Estas bien? ¿Qué te sucede? –demandó una explicación ante el mutismo del otro.

-Estaré bien…sólo…tengo sueño…-murmuró algo enredado mientras cerraba sus ojos. La calidez que sentía le acunaban confortándolo maravillosamente, sus párpados estaban tan pesados que olvidó cualquier cosa que no fuera aquella sensación.

Lo observó con preocupación detallando si había rastro de alguna herida anterior, sin embargo, nada extraño asomaba a la vista. Parecía un espejismo con sólo verlo dormir, tan tranquilo, tan hermoso… ¿Qué diablos pasaba por su cabeza? Haber detenido aquella sesión de práctica habría sido lo más inteligente cuando notó cuan agitado estaba, pero prefirió ignorarlo. Tendría que vigilar que estuviera durmiendo adecuadamente, una semana evadiéndolo y el mazoku estaba totalmente descompuesto ¿Qué clase de prometido era?

-Aunque…por lo menos aprendí a bailar –suspiró.

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XoXoXOXoXoX

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(1) Estoy haciendo referencia al fanfic que tiene el mismo nombre...Historias para dormir, de mi autoria.

Pueden festejar, porque he completado otro capitulo más. Si un anexo algo OCC y cursi, pero que se le hace, son tan lindos los dos que no me resistí. También demasiadas sábanas y poca acción, aunque estos capítulos son reveladores y de adaptación, no se preocupen más adelanten no pararan las sorpresas.

Hasta una próxima entrega. Tal vez no me demore mucho con el siguiente, pero no creo que ocurra lo mismo dentro de dos capítulos. Les pido que me disculpen, algunas cosas han cambiado y tengo que asumir nuevas responsabilidades laborales, pero no voy a abandonar la historia. Sólo que si tardaré.

Gracias a todos por el apoyo.

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Capítulo X. Barreras. ¿Estás jugando conmigo? No puedo creer que seas el primero en violar nuestra confianza… ¿De qué te preocupas? ¿No eras tú el que gritaba que debía disfrutar de mi vida, lejos de esos extraños compromisos homosexuales?... ¡No lo digas de esa maneja, Wolfram!

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