Capítulo 3. Significa negro.
Lily, Anushka y Lumi hablaban de Kali en susurros. Lo malo es que ninguna de las tres conseguía hablar bajo.
Estaban en la clase de Encantamientos; tenían que practicar hechizos no verbales y de momento sólo Lumi había conseguido algo: convocar la varita de Wilkes. Lily y Anushka se habían reído mucho con la cara que Wilkes había puesto al ver cómo su varita escapaba de su mano yendo a parar a la de Lumi, aunque no tanto como los Merodeadores. Sirius incluso la felicitó dándole una palmada en la espalda, cosa que le valió una mirada estilo "vuelve a tocarme y te corto la mano".
—Qué envidia me da Nieminen —comentó Peter—. Es la mejor del curso en Defensa y Encantamientos.
—No, Evans es mejor en Encantamientos —dijo James mirándola con una mezcla de envidia y admiración.
—¡Ey! ¿Y nosotros qué? —se ofendió Remus.
—No es por molestar —intervino Lumi en un tono que indicaba exactamente lo contrario—, pero Lily os supera a los tres en las dos asignaturas.
—¡Mentira! —dijo James muy ofendido—. Y yo soy mejor que vosotras en Transformaciones.
—¡Por favor! —se metió Lily, también para molestar—. ¡Es mejor Liesl que tú!
—¡Mentira! —repitió James más ofendido que antes.
—¡Ustedes cuatro! —les gritó de pronto el profesor Flitwick—. ¡Diez puntos menos para Gryffindor!
Lumi y Lily les dirigieron una última mirada asesina antes de dejar de mirarlos, mientras que los de Slytherin reían, algunos más abiertamente que otros.
—Pues vaya partido que te has cogido, ¿eh? —le gruñó Lumi a Anushka en un susurro.
—¡Ey! —exclamó ella, en el mismo tono de voz—. Te he dicho que no me gusta.
—Un momento, ¿de quién habláis? —intervino Lily.
Anushka la miró analíticamente de arriba abajo, y decidió que Lily era persona de confiar.
—De Lupin —soltó con cansancio—. Lumi dice que me importa.
—Es que te importa —confirmó Lumi.
—Que se lo tengas que decir tú… ¿Y por qué lo dices? —le preguntó Lily.
—Porque la dejó pensando con una sola frase. Dime tú, ¿cuántas personas son capaces de conseguir eso? —inquirió a su vez Lumi.
—Veamos… Tú… Yo de vez en cuando… Annell… Liesl rara vez… y su gato —enumeró.
—¿Ves?
Lily soltó una risita.
—No te preocupes, Anu. Le gustas más que a un tonto un lápiz —la pelirroja consiguió que Anushka se pusiera del color de sus ojos. Después dijo—: Ah, espera, de vez en cuando, Mei también consigue que se pare a pensar. Cuando Mei suelta sus graznidos, Anushka suele decir: ¿Pero qué he hecho yo para merecer esto?
Lumi sonrió, movió su varita y pronto se encontró con la de Snape en la mano.
—Vas a aprender a reírte de nosotras —murmuró.
Snape se puso en pie.
—Qué rápido te aficionaste a robar varitas ajenas, Nieminen —escupió con desprecio.
—Ya ves —respondió Lumi sonriendo insultantemente.
—Devuélvemela.
—Pues pídela como es debido —intervino Lily, y le quitó la varita a Lumi, que estaba dispuesta a devolverla.
—Lily, no te metas… Por cierto, Quejicus… Liesl tiene razón.
—¿La sangre sucia alemana? —se entrometió Avery despectivamente—. ¿Ella tiene razón?
Y se rió con el mismo desprecio con el que había hablado.
—Sí, mucha —replicó Lily—. Tan orgullosos que estáis de ser de sangre limpia, y no tenéis educación. Además es austriaca, no alemana.
Le lanzó la varita a Snape y Lumi apuntó con la suya a Avery.
—No vuelvas a insultar a una amiga mía… Tristen —le advirtió, y, por alguna razón, oír su nombre de labios de la finlandesa le provocó a Avery un escalofrío—. Te recuerdo que dejó a Wilkes colgado de un árbol por los pies por llamarla lo mismo que la has llamado tú.
—Señorita Nieminen, no debería apuntar a un compañero con su varita de esa forma —la amonestó el profesor Flitwick.
—Llamó sangre sucia a una amiga mía —se justificó Lumi, impasible—. De todas formas, no pensaba usarla.
—Para eso ya llevo yo una daga en la mochila —completó Anushka con una sonrisa que hizo que hasta Lumi se impresionara.
El profesor Flitwick sintió una especie de escalofrío recorrer su espalda.
—Señorita Maycov, esas bromas son de muy mal gusto —le dijo.
El rostro escalofriante de Anushka cambió. Sus ojos entrecerrados se abrieron mientras hacía su sonrisa algo más pequeña, lo que hizo que su gesto macabro fuese sustituido por uno de total dulzura e inocencia.
—Pero si no fue una broma —dijo con voz melosa.
—¡Estás loca! —le escupió Avery.
—Y sé tanto magia como el manejo de armas blancas… ¿Cómo puede ser de peligrosa esta loca, Avery? ¿Quieres probar? —inquirió, volviendo a adoptar ese rostro tan siniestro.
—Anushka —la llamó Lumi con firmeza mientras posaba una mano sobre el hombro de la rusa.
La rusa miró a Tristen de reojo por última vez y volvió a su trabajo. El profesor Flitwick decidió pasar por alto ese incidente mientras los Merodeadores miraban a la chica de ojos rojos con un silencio profundo.
"¿En serio llevas una daga en la mochila?" le preguntó una nota de Lily. La letra de la pelirroja era menuda, pulcra y redonda.
"No, me la he dejado en la habitación" respondió Anushka, con su letra cursiva y elegante.
Lily abrió los ojos como naranjas, pero prefirió no hacer comentarios. Lumi se inclinó para leer la nota.
"Yo llevo una debajo de la túnica" apuntó. "Y no se me olvidó."
"Úsalas contra Black" sugirió Anushka con mala intención.
"Mejor no" escribió la finlandesa con una caligrafía nerviosa y afilada. "¿Luego con quién me meto?"
"¡Con Potter!" contestó Lily.
Las otras dos se lanzaron miradas de complicidad: Lily siempre quería fastidiar a Potter. No tenía nada de particular que lo propusiera como saco de boxeo verbal. Anushka prefirió cambiar de tema.
"¿Cómo estará Kali? ¿Creéis que se habrá despertado?" escribió.
"Sería una buena noticia para Yeye" comentó Lily. "¿Me lo imagino yo o desde que lo encontramos está bastante mustio?"
Una pelotita de pergamino golpeó a la pelirroja en la nuca. Ella se volvió y miró a los Merodeadores con el ceño fruncido. Ellos aparentaban una inocencia absoluta, cosa que preocupó un poco a Lily. Recogió el papelito.
"¿Quién es Kali?"
Lily pasó la nota a sus compañeras en una demanda muda de saber quién lo había escrito. Lumi apuntó en la hoja que ellas usaban una sola palabra: "Black".
La pelirroja cogió de nuevo la nota de Sirius y se la devolvió, sin darle una respuesta.
"¿Por qué conoces su letra?" preguntó.
"Ahora que lo preguntas, no lo sé."
"Lumi, permíteme la daga" pidió Anushka. Por su letra, parecía que había apretado demasiado la pluma.
"No. Recuerda lo que dijo Leickran. Un homicidio con testigos siempre fracasa" respondió la otra.
De pronto, otra bolita de papel golpeó a Anushka en la cabeza. Ni siquiera miró a los Merodeadores, sencillamente cogió el papel.
"¿Por qué me quieres matar?" preguntó la letra de Sirius.
"Por imbécil. Y deja de mandarnos notitas o te juro que no pasas de esta noche" fue la respuesta.
Ya estaba hecho. Habían puesto a Anushka en el camino del mal humor. Lily y Lumi se miraron un momento preocupadas. Pero a Lily se le ocurrió algo que podría calmar a Anushka.
"¿Vamos a verlo cuando terminen las clases? Así nos libramos de esos pesados."
Anushka no se molestó en escribir. Sencillamente asintió y volvió a su trabajo. Lily y Lumi no insistieron. Era mejor dejarla tranquila para que se calmara sola.
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—¡Avada kedavra!
Kali voló, arriba y abajo, en círculos, de cualquier forma mientras pudiera evitar esas maldiciones. Aunque los Ángeles, Demonios y Caídos no murieran al contacto con una avada kedavra, no estaba entre sus prioridades el perder un ala.
Era una suerte que los Caídos fueran tan rápidos volando.
—¡Avada kedavra!
Kali se giró, pero no lo bastante deprisa como para no notar una quemazón en el ala izquierda. De pronto el aire lo golpeaba mucho más fuerte, y los árboles estaban más cerca de su cara. Hasta que empezó a verlo todo negro…
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Kali se revolvió en la cama, inquieto.
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Un sofá, un reloj… y unos ojos brillantes que lo miraban preocupados. Distinguió a un chico entre las sombras.
—¿Y tu nombre? —le preguntó suavemente.
—Kali —murmuró el Caído—. ¿Y el tuyo?
—Ye…
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Kali despertó de pronto. Estaba en una cama con sábanas de hilo blanco, tumbado sobre su costado derecho.
—Au…
Una mujer desconocida se acercó a la cama.
—¿Cómo te encuentras?
—Como si me hubiera dado una maldición asesina en el ala izquierda, maldita sea —susurró.
La mujer movió la cabeza, comprensiva, y se dirigió a la puerta.
—Disculpe —dijo Kali tratando de incorporarse—. ¿Podría venir alguien?
—¿Alguien en concreto?
—Sí. Pero no sé cómo se llama. Ye… algo. No sé.
La señora Pomfrey frunció el ceño, tratando de imaginar quién podría ser.
—Ye… algo —susurró.
El profesor Dumbledore entró entonces en la enfermería.
—Jesse James Dalton —anunció.
—Supongo… —murmuró Kali—. No era el único… Había otro chico… y dos chicas… creo.
—Sin lugar a dudas, el joven Dalton —reafirmó—. Enseguida vendrá. Señora Pomfrey, si es usted tan amable de ir a buscar al chico. Ahora mismo tiene clase de Historia de la Magia.
—Sí, profesor Dumbledore —respondió la señora Pomfrey mientras desaparecía de la enfermería.
—Y mientras esperamos al joven Dalton, podría contarme qué hacía en el Bosque Prohibido —pidió Dumbledore mientras se sentaba con delicadeza al lado de Kali.
El Caído frunció el ceño, como intentando recordar qué hacía ahí.
—Buscaba algo… —respondió—. Alguien… Y me intentaban matar —soltó un gemido angustiado—. No lo sé…
—Tranquilo —le susurró Dumbledore intentando que se sintiera mejor—. En este colegio está a salvo.
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Yeye intentaba poner atención a la clase. Sabía lo principal, que estaban hablando del trato a… Bueno, lo principal era que estaba en clase de Historia de la Magia. Pero en esos momentos sólo podía pensar en Kali, el cual le preocupaba bastante si en verdad había recibido una avada kedavra.
Annell, Liesl, Leickran y Raven cruzaron miradas preocupadas. No era normal que Yeye no tomase apuntes frenéticamente en esa clase.
De pronto, la puerta de la clase se abrió y descubrieron a la señora Pomfrey, que asomaba su cabeza por la puerta.
—Profesor, ¿puede venir el joven Dalton a la enfermería un momento? –preguntó.
Yeye se puso en pie sin esperar la respuesta del profesor y salió de clase, acompañado de la señora Pomfrey.
—¡Ey! ¿¡¿Y nosotros qué? —le gritó Leickran a la puerta que se acababa de cerrar.
—¡Leickran! —exclamó Annell, consciente de que todos los alumnos miraban extrañados, algunos a la puerta, otros a Leickran.
—¿Habrá despertado? —preguntó Liesl de forma que sólo Raven pudo escucharla.
—Supongo… —respondió éste—. Pero no sé por qué sólo llamaron a Yeye.
—Al parecer es el único con el que habló —recordó la austriaca—. Quizá sea por eso.
Mientras tanto, Yeye caminaba rápidamente por el pasillo, sometiendo a la señora Pomfrey a un interrogatorio en tercer grado sobre la salud de Kali. Pronto llegaron a la enfermería.
Dumbledore se dirigió directamente a Yeye, cuyo rostro, que normalmente era el paradigma de la dulzura y la tranquilidad, estaba encendido y alterado como nunca lo había estado. Aquel día se había puesto el pelo y los ojos en los mismos colores en los que estaban los de Liesl.
—Ha preguntado por usted —dijo el director señalando a Kali—. Está preocupado por algo. A ver si usted consigue que recuerde. Si sigue así, podría ponerse enfermo de verdad y retrasaría la curación de su ala.
Yeye asintió, se acercó a la cama de Kali y se sentó en ella. El Caído tenía aspecto confundido e inquieto.
—Hola, Kali.
—¿Jesse? —preguntó Kali bastante turbado—. ¿Así te llamas?
—Sí. Pero mis amigos me llaman Yeye.
—¿Puedo yo también llamarte así?
El metamorfomago sonrió con calor, eliminando cualquier resto de desasosiego que sintiera el misterioso joven.
—Claro que puedes —respondió.
El rostro de Kali se iluminó visiblemente. Yeye se sintió mejor de lo que había estado durante aquellos cuatro días.
La enfermera y el director observaban la escena a una prudente distancia.
—Presiento que eso es el principio de una hermosa amistad —comentó Dumbledore con una amable sonrisa.
—Yeye… —susurró el Caído—. Suena tierno. ¿Eres tierno, Yeye?
Desde luego, aquella pregunta no era la mejor que se podía hacer, pero Kali la planteó en un tono de voz tan dulce e inocente, que a Yeye le resultó imposible enfadarse.
—No lo sé. Más de uno dice que lo soy —admitió acordándose de Raven—. Pero supongo que es una cuestión de opiniones.
Kali le mostró una expresiva y preciosa sonrisa.
—Yo opino que sí —le dijo.
Yeye bajó un poco la mirada, con una sonrisa, pero algo sonrojado. De pronto volvió a levantar la mirada, con la cara llena de sorpresa.
—¿Qué pasa? —preguntó Kali desconcertado.
Yeye tardó un poco en contestar.
—¡Que tienes el pelo más guay que he visto en todos mis años de vida! —exclamó eufórico.
Dumbledore, a lo lejos, soltó una alegre risa, mientras la señora Pomfrey no sabía si reírse o preocuparse, dilema que solucionó fingiendo que buscaba algún medicamento.
Yeye pensó de pronto en su clase. Aun le quedaba más de media hora de clase. ¿Tenía que volver a clase o le permitirían quedarse con Kali? ¿Sus amigos también irían a la enfermería o se irían directamente a comer?
—Profesor Dumbledore… —llamó. Dumbledore le dio a entender que lo escuchaba al girarse para verlo—. ¿Puedo quedarme aquí lo que queda de hora?
Kali y Yeye miraron suplicantes a Dumbledore, aunque ninguno parecía darse cuenta de que el otro hacía el mismo gesto.
—Sí, me parece que a nuestro joven invitado le hace bien su compañía —accedió.
Yeye sonrió alegremente, y antes de volverse hacia Kali, le dio las gracias a su director, el cual le respondió con una sonrisa y se marchó.
Desde luego, el Caído tenía mucho mejor aspecto que cuando había despertado.
—Por cierto —comentó, repentinamente tímido—. No te he dado las gracias por salvarme la vida.
Yeye bajó la mirada.
—Es que no fui yo en realidad —admitió—. Si no llega a ser por Anushka y Lumi, no habríamos podido hacer nada.
Kali forzó su memoria.
—¿Estaban allí? —preguntó—. ¿Estaban cuando me preguntaste mi nombre?
—Anu no, pero Lumi sí. Ella fue quien hizo el conjuro que te paró la hemorragia.
—Ah.
El rostro de Kali se ensombreció ligeramente. Así, preocupado, su belleza resaltaba aún más que cuando lo habían encontrado en la oscuridad del Bosque Prohibido. Tenía unos rasgos perfectos. Demasiado para un chico sensible y espiritual como Yeye.
Hubo un silencio al que Yeye decidió denominar incómodo. Aunque volvió a sonreír
—¡Tienes que conocerlas! —le dijo con alegría—. Aunque dan mucho miedo si se enfadan y Anushka pone caras que dan aun más miedo, las dos son muy buenas. ¡Y también los que estaban conmigo en la sala común! Rave fue el que supo decirnos que eras un Caído, y Annell la que dijo que te lleváramos a la sala común, y ya te dije que Lumi fue la que paró la hemorragia. ¡Son únicos! ¡Y también están Leickran, Lily y Liesl, que fueron a avisar a Dumbledore!
Kali parpadeó un par de veces, intentando recordar todos los nombres que Yeye le había dicho, que eran muchos. Yeye lo miraba con alegría contenida y después se dio cuenta de que Kali no tenía ni idea de sobre qué hablaba.
—Ah… Lo siento, dije muchos nombres —se disculpó algo apenado.
—No, no, no pasa nada —respondió Kali meneando la cabeza.
Yeye volvió a sonreír, y Kali le devolvió la sonrisa. Dumbledore tenía razón, ese era el principio de una bonita amistad.
El rostro de Kali tenía ahora un tono pálido, pero no blanco, y las heridas de su rostro se curaban favorablemente. Algunas habían dejado cicatrices, pero no eran gran cosa.
—Me encantará conocer a tus amigos —dijo dulcemente—. Si son la mitad de simpáticos que tú, ya será mucho…
Yeye volvió a sonrojarse ligeramente, pero esta vez no bajó la mirada.
—La verdad es que son difíciles de describir —sonrió—. Somos un grupo un poco raro.
—Me gustan las cosas raras —replicó Kali.
Probablemente Dumbledore habría notado la corriente de atracción que se estableció entre los dos chicos, pero ellos mismos no se dieron cuenta. Simplemente hablaron y hablaron, y cuando se dieron cuenta, los amigos de Yeye habían aparecido en la enfermería para ver por qué lo habían sacado de la clase para que no tuvieran a quién copiar los apuntes.
Curiosamente, Leickran llevaba un pergamino lleno de apuntes. En un principio, Yeye pensó que estaba siendo testigo de un milagro, pero después se dio cuenta de que no era la letra de Leickran ni de ninguno de sus amigos.
—¡Mira, Kali, ellos son mis amigos! —exclamó.
Kali los miró desde su cama con bastante interés.
—Este es Rave —dijo señalando a un chico con pelo castaño y algunos mechones en un tono rojo cereza.
—Hola —fue lo único que dijo Raven, aunque miraba con interés a Kali.
—El de la cara de asesino es Leickran —señaló Yeye mientras Leickran le soltaba un bufido de ésos que sólo se aprenden tras muchos años conviviendo con Lumi—. La chica del pelo precioso es Liesl, pero yo la llamo Lilí, cosa que le fastidia mucho —indicó mientras Liesl le dirigía una media sonrisa a Kali—. No entiendo por qué. Y la de la cara de muñeca de porcelana es Annell —terminó mientras Annell sonreía abiertamente—. Leickran, ¿de dónde sacaste esos apuntes? —preguntó Yeye.
—Ah, me los prestó un chico que se llama Stefan —respondió el chico sin mucho interés.
—¿Prestártelos? —inquirió Annell—. Te los dio porque lo amenazaste con la varita.
—¡Bueno! ¡Pero por lo menos los conseguí, ¿no? —exclamó Leickran acaloradamente—. Encima de que te los voy a prestar…
—Préstamelos a mí también —le pidió Yeye—. Probablemente no se compararán con los míos, pero es mejor que no tener nada.
—Serás creído —se burló Raven sonriéndole.
Entonces entraron en la enfermería las tres chicas de sexto, charlando animadamente. Demasiado animadamente para Anushka y Lumi.
—¿Qué tal? —preguntó la última a Kali.
—¿Lo de saludar para cuándo queda? —espetó Liesl burlona.
Yeye se rió. Admiraba aquella faceta de su amiga.
—Y aquí están mis otras tres amigas… La pelirroja es Lily, el paradigma de la elegancia es Anushka y la chica de ojos de obsidiana es Lumi. Saludad, chicas.
—Eso ha sonado a concurso de belleza —se quejó Lumi con su habitual frialdad.
—Da igual —contestó Yeye.
—A mí no me da igual —refutó ella—. No me van ese tipo de concursos que olvidan las facultades mentales pero se supone que intentan evaluar la belleza interior de la gente.
—¡A mí tampoco! —concordó Lily felicísima de que alguien coincidiera con ella por fin.
—¿Se supone eso? —preguntó Raven asombrado.
—Hombre… —dijo la pelirroja de ojos verdes—. A juzgar por los cardos que se presentan a menudo…
—Bueno, a mí lo de paradigma de la elegancia me ha gustado —comentó Anushka.
Annell soltó un pequeño carraspeo, e hizo un sutil gesto, para que sus amigos recordaran que el importante en esos momentos era Kali.
—¿Bueno, ya estás mejor? —preguntó Anushka sin rodeos.
—Sí, gracias… —murmuró Kali.
Annell pareció acordarse de algo.
—¿Y mi chaqueta? —preguntó.
—Ah, es verdad, que se la dejaste cuando lo encontramos… —recordó Leickran, después buscó en las mesas de alrededor—. Tiene que estar por aquí.
—Tú no la has visto, ¿verdad? —le preguntó Annell a Kali, el cual sólo meneó la cabeza—. Bueno, da igual, luego la buscaré.
—¿Te vas a quedar en el colegio? —le preguntó Lily a Kali con cierta seriedad.
El Caído se desconcertó un poco.
—¿Quedarme?… No lo sé —respondió.
—Deberíamos preguntárselo a Dumbledore —sugirió ella—. A no ser que tengas algún sitio adonde regresar.
Kali meneó la cabeza una vez más. Todos se miraron unos entre otros. Por alguna razón, todos, incluso Leickran y Liesl, deseaban que Kali se quedara con ellos en el castillo.
—¿Recuerdas algo de tu pasado? —preguntó Lily esperanzada.
Kali volvió a menear la cabeza en señal de negación, y puso cara de desconcierto. Los demás se miraron unos a otros, pero ninguno de ellos dijo lo que estaban pensando:
—Está amnésico.
Lumi se volvió con un respingo: conocía muy bien la voz que lo había dicho y no tenía ganas de encontrar a su dueño en aquellos instantes.
—Black… —susurró—. ¿Se puede saber qué infiernos hacéis aquí? Entre otras cosas, vinimos aquí para librarnos de vosotros, así que ya os estáis largando.
—Eh, eh, despacito —dijo Sirius sin inmutarse—. No hay ninguna razón para que muerdas, puedes contentarte con ladrar.
—El que ladra eres tú —espetó Lily sin saber la razón que tenía.
—Chicos —intervino Yeye, a quien nadie hizo caso—. ¡Chicos!
Los demás siguieron sin hacerle caso. Yeye se llevó dos dedos a la boca y soltó un potente silbido, cosa que no hacía casi nunca por considerarlo signo de vulgaridad. Los que discutían se quedaron mirándolo sorprendidos.
—¡Estamos en una enfermería! ¿No podéis comportaros como seres civilizados aunque sólo sea por esta vez? —pidió con un tono de súplica triste que incluso a Leickran le dio pena.
Lily y Lumi cruzaron unas últimas miradas asesinas con Sirius, pero de todas formas se callaron. Luego, la atención de los Merodeadores se centró en Kali de nuevo.
—¿Quién es él? —preguntó James.
—¿Qué te importa? —murmuró Lily, con lo que recibió una mirada indescifrable de Yeye.
—¿Cuál es tu nombre? —le preguntó Remus con amabilidad, porque por lo visto era el único de los Merodeadores que no poseía la sutileza de un rinoceronte.
—Kali… —respondió el Caído.
—Lo encontramos Lumi y yo anoche cerca del Bosque Prohibido —informó Anushka—. Cuando estábamos buscando a…
Lumi le dirigió una mirada de advertencia, mientras que los demás la miraban con curiosidad. Se dio cuenta de su gran error y sintió que el mundo se le venía encima un momento.
—¿Buscando a quién? —preguntó Leickran sin rodeos.
—A nadie, a nadie —respondió.
—Pero es peligroso que andéis por ahí de noche —le dijo Remus, pensando, más que en el bosque, en sí mismo.
—Mira quién fue a hablar —murmuró Anushka, no sin cierto enfado.
Aunque ella lo dijo bajo para que nadie la escuchara, Remus sí que la escuchó y le mandó una mirada interrogante, como si no supiera de qué estaba hablando la chica, aunque ella no dijo nada más. Duraron un rato hablando todos con Kali, hasta que la señora Pomfrey volvió.
—Lo siento, pero tienen que ir a comer, y el joven Kali tiene que descansar —dijo mientras señalaba la puerta, dándoles a entender que se tenían que marchar.
Leickran le regaló una mirada desdeñosa mientras todos salían, después de despedirse de Kali. El Caído descubrió que si bien no eran igual de simpáticos que Yeye, todos ellos eran buena compañía. Los chicos llegaron todos juntos al gran comedor, sin dejar sus mochilas en la sala común. Algunos alumnos de Gryffindor los miraban con curiosidad, la que desapareció cuando Leickran y Sirius los miraron como si les advirtieran que no eran un espectáculo. Se sentaron y comenzaron a comer, sin hablar de Kali, para evitar visitas de gente no deseada a la enfermería.
Una vez acabaron de comer, Annell se separó de ellos un momento.
—Voy a ir a recoger mi chaqueta —dijo—. Ya tengo frío.
—Entonces, ¿puedo copiar los apuntes yo primero? —le preguntó Yeye mientras señalaba los pergaminos en la mano de Leickran.
Annell asintió y se fue. Llamó suavemente a la puerta, pero como no obtuvo respuesta, entró sin más.
Kali estaba descansando, aunque no dormido.
—Hola, Annell —saludó.
Ella hizo un gesto de saludo.
—Vengo a buscar mi chaqueta —explicó—. Ya tengo frío. Y empiezo a sospechar que la señora Pomfrey la ha tirado.
Kali sonrió.
—La señora Pomfrey no ha tirado su chaqueta, señorita Ivanov —le dijo Dumbledore desde detrás de ella.
"¿Y éste cuándo entró?" —se preguntó Annell sorprendida—. ¿Y sabe usted dónde está?
—Me la dio a mí para que la devolviera a su legítimo dueño. Aquí la tiene —Dumbledore le dio la chaqueta—. No es horario de visitas —añadió—. Será mejor que vuelva a clase.
—Sí, claro —contestó Annell cogiendo la prenda de manos del director—. Hasta luego.
—Hasta luego —respondió Dumbledore, y Kali le hizo eco.
La chica salió de la enfermería y el director se sentó en la cama de Kali.
—Ahora tenemos que hablar —dijo—. Debo saber por qué estaba usted en el Bosque Prohibido a medianoche y qué es lo que quería.
—Ya se lo dije antes, no lo recuerdo —susurró Kali, de pronto sentía como si su cabeza fuera a estallar—. Buscaba a alguien… Tenía un mensaje…
—¿Un mensaje? —repitió Dumbledore.
—Sí… Para un mago. No recuerdo su nombre. Sólo que significaba exactamente lo opuesto al mío.
Dumbledore se quedó callado un momento. Sabía que Kali era un nombre hindú, pero no conocía su significado.
—¿Y qué quiere decir su nombre? —preguntó.
—Significa negro —respondió el Caído.
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Anushka subió a la torre de Gryffindor para coger un pergamino que se había dejado en su mesa de noche. Cuando estaba subiendo las escaleras hacia su habitación, escuchó la entrada de la sala común abrirse, aunque no le dio mucha importancia.
—¡Maycov! —la llamó el que había entrado a la sala común.
—Lupin —dijo ella a modo de saludo, un saludo muy ácido, por cierto.
El chico corrió hasta llegar dos escalones más debajo de el de Anushka y la miró de forma seria.
—¿Qué hacíais Nieminen y tú cuando encontrasteis a Kali? —le preguntó con seriedad.
Anushka soltó un pequeño gruñido y le dio la espalda, dispuesta a seguir su camino.
—¡Oye, no me des la espalda! —exigió Remus mientras corría para adelantarla y situarse delante de ella—. Es peligroso que estéis ahí fuera a esas horas, dime, ¿qué hacíais?
La chica miró al los escalones de piedra un momento, sintiéndose incómoda, pero después levantó la vista, con unos ojos que parecían que quería atravesar a Lupin sólo con la mirada.
—Yo te podría hacer la misma pregunta y no exijo una respuesta —le escupió.
Remus abrió los ojos como platos, como si de pronto le hubiesen revelado el secreto más oscuro y profundo de Hogwarts. Anushka aprovechó el shock del chico para subir corriendo las escaleras a su habitación. Se tomó su tiempo en salir, con la esperanza de que Remus se hubiese marchado ya, pero seguía esperándola.
—¿Me seguiste? —le preguntó, mezclando en su voz desconcierto y furia.
La única respuesta fue una mirada desdeñosa. Ambos bajaron la escalera mientras Remus seguía mirando estupefacto a Anushka.
—¡Me seguiste! —eso ya no fue una pregunta—. ¿¡Por qué! —eso sí.
—¡Por imbécil! —estalló Anushka—. ¡Veo que no vale la pena preocuparse por ti!
—¿¡Preocuparte por mí! —repitió furioso—. ¿¡Sabes que hay criaturas ahí que te podrían comer de un bocado!
—¡Por lo visto tú te acabas de enterar, porque ayer no te importó!
—Vaya, ¿la pareja feliz discute? —intervino una burlona voz femenina.
Anushka y Remus interrumpieron su plática para ver de quién era esa voz. Saliendo de su dormitorio descubrieron a una chica del mismo curso que ellos dos, Alison Zegers, seguida de su inseparable amiguita Crystal Hannah Stanhope. Ambas eran conocidas como las Siamesas, aunque ellas no parecían darse cuenta de que tenían ese apodo.
Eran un par de arpías crueles, manipuladoras y retorcidas, que disfrutaban coqueteando con todo chico que pasara por delante de ellas, y generalmente el chico en cuestión terminaba babeando por ellas. Los únicos de su curso que hasta la fecha no habían sentido algo extraño por esas dos habían sido los Merodeadores y Snape.
Alison bajó las escaleras con gracia y delicadeza, pasando por la barandilla sus largos y finos dedos, seguida de Crystal. Ambas chicas cercaron a Remus, interponiéndose entre él y Anushka. Alison agitó su larga melena rubia, en un intento fallido de engatusar a Remus.
—Me parece que una chica que te grita así no debe ser muy buena compañía —dijo mientras le dedicaba a Remus una caída de sus densas y rizadas pestañas.
Anushka sintió cómo sus dedos se crispaban y se clavaba las uñas en la palma de la mano.
—Fue mi culpa —intentó excusarla Remus, al mismo tiempo que intentaba alejarse de Alison.
Crystal miraba divertida la escena, y de vez en cuando miraba a Anushka, para ver las reacciones de la rusa. Remus también le dirigió una mirada de SOS a Anushka.
—Lo siento, pero tenemos clase —se apresuró a decir ella mientras cogía a Remus por la muñeca y se lo intentaba llevar de ahí.
Alison cogió el brazo de Anushka en intentó que soltara a Remus.
—Tranquila, Maycov, te recuerdo que vamos al mismo curso y a las mismas clases —le dijo mientras se situaba al lado de Remus y le cogía la mano, enredando sus dedos entre los del chico. Remus se soltó con brusquedad, pero Alison apoyó su cabeza en el hombro de Remus—. Ya está, ya podemos irnos.
Anushka soltó un bufido exasperado y salió hecha una furia. Remus hubiese jurado que era la primera vez que la veía salir corriendo de algún sitio.
—Vaya, no sé qué le habrá pasado —comentó Alison a Crystal, mientras ambas intentaban no reír.
Remus sintió unas enormes ganas de meterles un puñetazo a esas dos chicas, y eso que era el más pacífico de los Merodeadores. Aunque se controló, empujó a Alison hacia un lado.
—Pues yo sí —dijo, mientras intentaba coger a Anushka en el camino.
Alison y Crystal se quedaron mirando cómo desaparecía Remus. Crystal parpadeó con expresión inocente.
—¿Crees que le gusta Maycov? —preguntó.
—¿Qué más da eso? —replicó Alison—. Si le gusta, mejor… ¿No te dan ganas de cogerle la cabeza y despeinarla?
—Francamente, sí. Pero me cae peor Evans, y de Nieminen incluso prefiero no hablar —contestó Crystal—. Me parece que Potter y Black no lo van a tener fácil con ellas.
Volvió a parpadear exageradamente. Alison sonrió con malicia.
Mientras tanto, Remus no había encontrado a Anushka, pero sí a sus tres amigos, que lo frenaron a pesar de sus gestos de tengo-prisa-así-que-no-me-molestéis.
—¿Te has vuelto a pelear con Maycov? —adivinó Sirius.
—Sí. ¿Me dejas ir a buscarla, por favor?
—Y luego dices que no te gusta —comentó James, por una vez sin malicia.
—¿Queréis dejarme en paz? —preguntó Remus un poco exasperado.
—¿Te gusta Maycov? —preguntó Peter sorprendido.
—No preguntes, no estoy de humor —advirtió el licántropo—. Ya nos vemos luego, a ver si alcanzo a Anu…
—¿¡Anu! —repitió Sirius algo escandalizado—. ¡Y después nos niegas que te gusta!
—Pero bueno, ¿le gusta o no? —insistió Peter.
—¿Cómo puedes vivir tan en tu mundo? —preguntó a su vez James, riéndose—. Sirius y yo decimos que le gusta, y él dice que no.
—Y miente —completó Black.
Remus le lanzó una última mirada a este último, que no recordaba haber visto al licántropo tan furioso desde hacía ya tiempo. Remus siguió su camino, dejando atrás a sus desconcertados amigos. Pero se paró en seco y sobre sus propios pasos regresó.
—Por cierto… ¿No la habéis visto pasar? —preguntó con voz mucho más tranquila.
Sirius, James y Peter se miraron, y después, los tres a una, señalaron el pasillo de la izquierda.
—¡Gracias! —exclamó Remus mientras volvía a salir corriendo.
Por su parte, Anushka seguía corriendo como posesa. Ya ni siquiera recordaba qué clase tenía en esos momentos, ¿y qué más le daba perderse una sola clase, si su nivel académico era bastante alto? Pasó una figura que le resultaba familiar, pero aun así no se paró.
—¡Anu! —exclamó con incredulidad la figura. Anushka se paró en seco al reconocer la voz de Leickran. El alemán la miraba extrañado. ¿Cuándo había visto a Anushka correr de esa forma?—. ¿Dónde está el incendio?
—En la habitación de Alison y Crystal, pero será esta noche, no ahora —dijo mientras intentaba calmarse.
—¿Alison y Crystal? ¿Las Siamesas? ¿Las chicas ésas tan guapas de tu clase? —Anushka le mandó una mirada fulminante—. ¿Qué? No es mi culpa. Son guapas, aunque sean unas arrastradas. A ver, ¿qué te hicieron?
—¡Casi se besa con Remus enfrente de mí! —gritó.
—O sea que estás celosa —intuyó el chico.
—¡No! —Leickran la miró de una forma que Annell había llamado desde hacía dos años destroza-mentiras—. Bueno… sí, pero no es porque…
—Bah… no te preocupes, de todas formas, el tío besa el suelo que pisas —le dijo Leickran con un gesto de desinterés. Anushka lo miró escéptica, pero Leickran empezó a caminar, dejándola atrás—. Mira quién viene ahí —y echó a correr.
Anushka se giró en la dirección contraria a la que había tomado Leickran y descubrió a Remus corriendo hacia ella.
—Maldita sea —murmuró. Ya daba igual que corriese, el chico la iba a terminar alcanzando.
Remus se paró frente a ella, jadeando.
—Vaya carrera que me has hecho dar —se quejó—. ¿Por qué te gusta tanto huir de mí? —Anushka no sabía qué contestar, pero de todas formas él no le dio tiempo—: Da igual. No me gusta que huyas de mí, Anushka. Menos aún cuando nunca huyes de nada ni de nadie.
—No huyo —aseguró ella.
Remus le mandó una mirada escéptica.
—Seguramente —contestó—. Si salir corriendo en una dirección en la que yo no voy no es huir de mí, entonces estoy de acuerdo contigo.
—Eres radical hasta en las descripciones —protestó Anushka.
—Ya. ¿Tú no?
Ella sonrió, a su pesar. Remus siempre sabía qué decir para animarla, o al menos lo parecía.
—Pero Alison… —susurró, esperando que no la oyera.
—¿Alison qué? Que esa loca se me cuelgue del brazo cada vez que me ve no significa que a mí me guste que lo haga… —pero no sabía que el oído de Remus era más fino de lo normal.
—Ah, bueno… —murmuró Anushka débilmente. Se quería ir de ahí, alejarse de Remus y de cualquier persona que la conociera. Ya lo había decidido, no iría a la siguiente clase, fingiría un dolor de cabeza o algo parecido—. Bueno, yo… me voy… creo.
—Vamos, tenemos clase —dijo Remus con una media sonrisa que hizo que Anushka sintiera una corriente de sentimientos contradictorios.
Incomodidad. Fascinación. Incomodidad. Fascinación.
—Yo… no… Creo que voy a regresar a la torre de Gryffindor… Me… me duele la cabeza —mintió entre tartamudeos.
—¿Te acompaño? —se ofreció Remus.
—¡NO! —exclamó. Sentía sus piernas de gelatina, y que a ese paso iba a terminar cayendo redonda al suelo. Pero miró la cara entre dolida y desconcertada de Remus y decidió rectificar su error—. Vas… a llegar tarde a clase. ¡Nos vemos!
Salió corriendo en la misma dirección por la que había venido Remus, con demasiada velocidad como para en verdad tener un dolor de cabeza. Y entonces el licántropo se dio cuenta de algo. Él también tenía dolor de cabeza.
—¿Dónde está Anushka? —le preguntó Lily a Lumi cuando ambas se sentaron juntas en pociones.
—No sé. Lupin tampoco está —observó Lumi al ver entrar a los Merodeadores incompletos.
Lily y Lumi cruzaron miradas. Lily soltó una risita mientras Lumi ponía cara de incredulidad. Era consciente de que a Anushka le gustaba Lupin, pero nunca creyó que para cometer la vulgaridad de saltarse una clase, y encima con él.
Después de los Merodeadores entraron las Siamesas. Ellas dos inspeccionaron la clase antes de sentarse, y descubrieron, muy satisfechas de sí mismas, que Anushka no estaba, aunque no repararon en que Remus tampoco. Lumi miró un momento la sonrisa de superioridad en los rosados labios de Alison y comenzó a asociar ideas. Se le daba muy bien.
—Maldita… —murmuró sin dejar de mirar a Alison cuando descubrió lo que había pasado.
Lily siguió la vista de Lumi y se topó con Alison, que en esos momentos le guiñaba un ojo a Tristen Avery.
—¿No creerás que ella…? —susurró.
—Me juego la varita a que sí —murmuró con desdén.
—Pobre Anu —se lamentó Lily—. ¿Pero por qué tampoco vino Lupin?
—Habrá intentado pedirle perdón o algo… como sea, creo que no terminará de una pieza —dijo Lumi sin mucho interés.
—Ya lo imagino —asintió Lily—. ¿Crees que Alison y Crystal van a ir a por nosotras dos después? No es que seamos sus mejores amigas precisamente.
—Que lo intenten —sonrió Lumi maquiavélica—. Que se van a enterar.
—Pero Lumi —protestó Lily—. Han podido con Anu. ¿Cómo…?
—Dos detalles, Lily. La primera: Anushka es sólo una; si nos juntamos las tres, las superamos en número. La segunda: ya no cuentan con el factor sorpresa. Sabemos que nos tienen manía, y ya han ido a por Anushka, luego, por lógica, ahora intentarán hundirnos a ti y a mí.
—Tiene sentido. Por un momento pensaba que ibas a ir tú sola a por ellas.
—Qué tontería. ¿Para qué ir yo sola contra dos, pudiendo ser tres para defendernos?
El profesor Slughorn entró en el aula, sonrió a Lily entre otros y empezó a hablar de antídotos.
Aclaraciones
Alison Zegers es un personaje creado por Annell.
Crystal Hannah Stanhope es un personaje creado por Haku.
Avery es un personaje canon, pero su nombre de pila no sale, así que le pusimos uno a voleo usando la página Behind the Name.
Extraños saludos. Portaos mal y pensad peor, que es muy divertido, y comed bichos porque luego ellos os comerán a vosotros xP (total, son proteína pura).
Se despiden Annell y Haku, los Ángeles de Oscuridad.
