+_CONFLICTOS_+
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Capítulo X: Barreras
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Después de mucho tiempo actualizo, aunque no me he olvidado de esta historia que es a la que más le tengo cariño, continúo bloqueada de inspiración. Afortunadamente el 80% de los capítulos están terminados y me falta uno y medio, así que decidí empezar a publicar. Por la demora agregué algo casi al final que sé que les gustará. Esta historia pasará a Rating M, porque lo que se viene es pesado.
Advertencias: Lemon. Escenas explícitas no apta para menores y a los que no gustan del yaoi.
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Agradecimientos por review a: marik y a un anónimo, siempre son bienvenidos.
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En el capítulo anterior:
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-¡Si Señor! Su caballo está listo. ¿Podría decirme hacia donde cabalgaremos…?
-Iremos a Gran Shimaron.
-¿Eh?
-Hay algo que tengo que hablar con el rey –tomando el objeto con fuerza, vistió su gabardina y abandonó la habitación. El teniente lo siguió sin dar crédito a lo que había escuchado.
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-Estas inventando excusas para tratar de hacerme olvidar el tema.
-Oh, empiezas de nuevo. Esto es un plan universal para no dejarme dormir.
-¡Hey! No lo digas como si fuera una mujer dándote un sermón.
-Cállate. –le gruñe con una mirada fiera. Y el ojinegro no puede más que obedecer a la contundencia de esa palabra. Instintivamente retrocede ante la presencia intimidante de su prometido.
-No te lo mereces…-le susurra entrecerrando sus ojos con rencor. Y es allí donde el 27 Maou de Shin Makoku teme por su vida, porque duerme en su cama por voluntad propia con un asesino potencial que no dudará en darle rienda suelta a sus impulsivas y explosivas emociones.
-Wolf…-no termina de pronunciar el nombre completo cuando una mano en su nuca lo atrae y unos cálidos labios se pegan a su boca con violencia.
Las reacciones de Yuuri hacen cortocircuito al intentar responder ante el ataque imprevisto, así que sólo hace un ruidito de sorpresa y permanece petrificado ante el contacto de su prometido.
-¿Lo ves? No lo mereces.
-¿Eh? –es la única expresión que sale de sus labios antes de observar cómo el rubio le da la espalda, se acomoda y se acuesta entre las mantas sin decir más. Por el contrario, Yuuri no puede estar seguro de lo que siente. Gritar de la emoción por ver una reacción de cariño hacia él, llorar de decepción porque todo acabó o gritar con enojo parar reprenderlo por hacerlo sin su permiso.
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Disclaimer: este anime no me pertenece ni los personajes, son de Temari Matsumoto y Tomo Takabayashi, sólo uso de ellos para mis locas ideas, por lo tanto no recibiré ningún benéfico de esto, sólo ver a mi lindo Wólfram feliz con Yuuri.
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XoXoXOXoXoX
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Sus ojos seguían las olas y el movimiento del líquido dentro de su vaso, parecía enteramente absorto en él, como un borracho que comienza a ver cosas sin sentidos dentro de su ebriedad. Sin embargo, el resto de sus sentidos estaban bastante informados sobre lo que ocurría a su alrededor. El lugar estaba atestado de sucios, grotescos y salvajes humanos que hablaban a alto volumen sobre miles de cosas, algunas triviales otras de cierto interés hacia el motivo que lo mantenía sentado en aquella banca a un lado de la barra procurando parecer uno más.
Además, había descubierto que era un imán para atraer a asquerosos hombres ansiosos de "revelar" su misterio y asegurarle una inolvidable noche de placer en cualquier posada barata del pueblo; y siempre con la misma dureza que lo caracterizaba, clavaba sus ojos rojizos en las drogadas de sus proponentes con aquella misma advertencia peligrosa, eso los asustaba.
El aburrimiento lo estaba matando poco a poco, ya que lo único extremo para hacer en esa oscura taberna era participar de alguna bulliciosa pelea entre los compadres que compartían la mesa, de resto, la atmósfera "tan normal" de aquel sitio le estaba provocando náuseas. Por otra parte, se alegraba que los informes sobre una rebelión humana contra los mazokus sólo quedaran en simples rumores o habladurías de sujetos sin oficio aparente que se dedicaba exclusivamente a de crear disputas y caos.
Sus ojos abandonaron el recipiente con el líquido ambarino para pasear la mirada entre los clientes, de pronto, una energía le había golpeado haciendo que los vellos de la nuca se le erizaran. Alguien lo observaba. A pesar de su minuciosa pesquisa, nada le parecía extraño y eso, le ponía enfermo.
Haciéndole una seña a uno de sus soldados al otro extremo de la barra, que aparentaba estar en conquista de una voluptuosa mujer, abandona su puesto algo tullido por permanecer tanto tiempo en la misma posición. Caminó hacia el baño de hombres dispuesto a lavarse la cara y salir de allí. Aquello había sido una estúpida forma de perder el tiempo. Mientras lee los letreros de las diferentes puertas a lado y lado del pasillo, el sonido de una puerta abrirse a sus espaldas le alertó para atacar, sin embargo, alguien se pegó a su espalda pasando uno de esos brazos por debajo de los suyos para detener su mano antes de alcanzar la espada, y la otra para taparle la boca e impedirle gritar. Se removió inquieto y preso del miedo al verse sometido por un enemigo o pervertido (en definitiva una opción horrible comparada con la primera.
El cálido aliento en su oreja le hizo estremecerse. –¿No se siente bien estar así de vulnerable y dispuesto? –le susurró el hombre en un tono grave y divertido. Una exclamación de sorpresa escapó de los labios del rubio, conocía a la perfección el dueño de aquella voz. Dejó de moverse para permitirle al acechador rodearle la cintura con aquel enorme brazo y arrastrarle a la habitación.
Sí, toparse con pervertidos era algo que normalmente le sucedía.
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Abrió sus iris verdosas tratando de acostumbrarse a la molesta luz que se filtra por las gruesas cortinas del reciento. Aun con la sensación de sueño tratando de adueñarse de sus ojos, se mueve con el fin de abandonar su cama y evitar ser tirado de las piernas por su hermano al no haberse levantado en el horario acostumbrado. Vuelve a ejecutar el movimiento y esta vez encuentra oposición. Por primera vez, en lo que llevaba despierto siente la calidez de un cuerpo pegado al suyo. Mira de reojo al bulto a su lado y se encuentra con el plácido rostro de su prometido casi enterrado en su cuello, mientras los brazos y piernas del chico dormido lo envuelven con insolencia como si de un muñeco de felpa se tratase. ¿A dónde se había ido el pudor y miedo hacia ese tipo de actos que ponían en peligro su sexualidad? Ah, como extrañaba esos tiempos, al menos en esa época, no despertaba casi asfixiado por los fuertes abrazos del pelinegro.
-Yuuri –le llama intentando despertarle. Su voz parece resonar en la mente del aludido porque nota un suave movimiento y la mano que permanecía inerte, cobra vida de repente, dando una sutil caricia por su abdomen hacia la zona baja. Se estremece ligeramente suspirando por la placentera sensación que ese cálido toque le produce a su acalorado cuerpo. Se remueve mientras el otro se pega más y sus piernas entrecruzadas terminan haciendo contacto con sus partes íntimas. Lo siente duro igual que él lo está.
Está en la mismísima gloria con la boca del pelinegro pegándose a su cuello succionando y lamiendo la piel a su paso termina de derretir sus barreras, y es ahí cuando en medio de todo el caos en su mente y cabeza, el idiota arruina el momento. –Ahh… Misao… -jadea acompañándolo con un gemido que hace corto circuito sus neuronas. Los ojos verdes se abren de par en par ante la verdad de aquellas palabras. Se tensó. En cualquier otra situación y estado de ánimo, tal vez, lo hubiera dejado pasar, pero en ese instante no puede ignorarlo.
Con una increíble fuerza nacida de su reciente ira aparta bruscamente los brazos e impulsándose con el peso muerto del otro, lo arranca de su lado con una gran patada. Lo observa rodar por la cama hasta caer rápido y pesado al suelo. Una exclamación de sorpresa y dolor reverbera en la habitación.
Se levanta rudamente calzando los zapatos dispuestos a un lado de la cama, recorre todo el perímetro del gran lecho y se encamina hacia la salida.
-¡Oye, que diablos sucede contigo! –le grita furioso el Maoh al notar que el rubio intenta escapar ignorándolo como si nada hubiera sucedido. Dos rayos verdes parecen atravesarlo, y podría jurar que si las miradas mataran, él ya estaría enterrado dos metros bajo tierra. Tiembla como hoja al viento al ver la expresión peligrosa del mazoku y el aura roja que lo rodea. Un repentino calor empieza a saturar el lugar y se percata que Wolfram está ardiendo –literalmente-. El demonio entrecierra sus ojos y continúa caminando hasta la puerta. Antes de salir mira de soslayo al menor –Tal vez quisieras ir donde Misao, ella puede tratarte mejor de lo que yo puedo hacerlo –le gruñe antes de cerrar con un portazo.
Yuuri permanece petrificado sobre el suelo sin atreverse a mover un centímetro, el joven dirigente de Shin Makoku tiene declarada su sentencia de muerte.
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Caminó furioso a lo largo del corredor sin importarle que soldados, doncellas y sirvientes se apartaran nerviosos a su paso.
-Wolfram –le llamó su hermano mayor con el ceño fruncido y aquella expresión seria que tanto lo caracterizaban. Sin embargo, pasó de largo dejándolo con la palabra en la boca.
-¡Haz que ese rey holgazán se levante de una maldita vez, hay miles de cosas pendientes y él sigue jugando como un crío! Mantenlo alejado de mí –ladró a lo lejos.
El pelinegro de cabellera larga levantó una ceja en señal de confusión. Ignoraría el hecho de haber sido irrespetado por su hermano menor y le colocaría más atención a la postura tensa, el aura asesina y el brillo de rencor en los ojos del rubio. Suspiró. El Maoh no sabía cómo meterse en problemas. Caminó en sentido contrario para alcanzar la habitación del mazoku y sacarlo, de ser necesario, arrastrando de allí. Los malos hábitos de irrumpir en habitaciones ajenas no se quitaban con facilidad.
El rubio fue alcanzado minutos después por el castaño, quién interceptó sus pasos y lo detuvo. Una mano atrapando su muñeca y una expresión de preocupación formada en su rostro fue recibida con una de frialdad.
-¿Quieres que lo discutamos en mi habitación? – concluyó el hombre. Su mano ardía por la poderosa magia de fuego que irradiaba el otro, pero no se dejó intimidar. Ojos verdes bajaron la mirada hasta detallar la extremidad que lo detenía –Suéltame. Te estoy lastimando, Conrad.
-No. No hasta que decidas escucharme –la determinación en cada fibra de sus músculos rompió la coraza de enojo del menor. El ardor disminuyó y en su lugar la mano del rubio atrapó la suya aplicando un majutsu de curación. Sonrió. Aquel temible demonio se había calmado, ese era su pequeño hermano.
-Lo siento, no quería herirte –susurró con mirada arrepentida, aunque su dura expresión continuaba retraída por la seriedad –Te lo advertí.
-Lo sé –concilió restándole importancia. Fijó sus pupilas miel en el rostro pálido del mazoku -¿Quieres que te cuente un secreto? –finalizó con una sonrisa sospechosa.
El ojiverde pareció meditarlo. El repentino cambio en los gestos de su hermano no le gustaba para nada. No quería hacer nada, excepto alejarse de todo por un rato para poder desquitar su frustración solo, sin embargo, la curiosidad innata le ganó la batalla a la razón. -¿Es alguna estrategia para apaciguar mi temperamento o es algo…pervertido…?
Una sonora carcajada interrumpió el momentáneo silencio que los rodeaba. Pocas veces Conrad dejaba tan descubiertas sus emociones, pero la forma como Wolfram había formulado la pregunta junto con su rostro bañado en una mezcla de interés y preocupación, era simplemente cómica.
-No te rías –infló sus cachetes haciendo un puchero de molestia.
-Vamos. Estoy seguro que será divertido –le convidó. No objetó, esperaría hasta conocer el condenado misterio, ya juzgaría el si era o no divertido. Mientras tanto, lo siguió muy cerca sintiéndose estúpido por dudar del mayor.
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Gwendal lo había arrastrado desde habitación hasta el estudio sin darle tiempo de su efectuar su rutina diaria, sólo una ducha, intercambiar algún saludo con Greta y desayunar. No quería preguntar la razón de aquel abordaje tan rudo, suponía cual era.
La discusión con Wolfram continuaba reproduciéndose en su cabeza. Realmente había temido por su seguridad. Ahora no tenía ni la confianza ni la convicción de ser sincero respecto a su experiencia en la tierra. Era suicidio. Se lamentó mentalmente de que las cosas hubieran tomado aquel rumbo. Sus ojos vagaron entre la figura firme del general y la sólida puerta de roble unos metros más allá. Hallar una manera sencilla de escapar era imposible.
-Parece que ha terminado de firmar esos documentos –afirmó indiferente mientras le dirigía una orden con las manos al sirviente que los acompañaba, este se acercó con un paquete de hojas nuevo.
-Ah, creo que sí –rió tontamente intimidado por la poca expresión en el rostro de Von Voltaire.
Siguieron unos segundos de tensión palpable en la que creyó iba a recibir algún regaño por parte del hombre acerca del comportamiento de Wolfram en la mañana. Pero nada de eso sucedió.
-Su excelencia ha dispuesto de estos informes detallados para que Su majestad sea debidamente informado acerca de los últimos acontecimientos que han tenido lugar en su ausencia –declaró solemnemente el sirviente a su lado a medida que depositaba los textos mencionados ordenadamente. Permaneció unos minutos contemplado los folders apropiadamente apilados en el escrito. No pudo quitarse la sorpresa que embargó su corazón. Por breves instantes sintió un cálido sentimiento de felicidad ante la idea de estar siendo participe de algo tan importante para los mazokus. Por primera vez desde que había llegado al mundo de los mazokus estaba siendo tenido en cuenta.
-¿Su majestad, se encuentra bien? –cuestionó cortésmente el hombre servidor con sus grandes ojos puestos en su persona.
-Ah, lo siento. Gracias Nicolas, puede retirarse – le exhortó tomándole animadamente la mano en señal de agradecimiento.
El hombre mayor contestó animadamente ante la muestra de gratitud del maoh con una afable sonrisa. El pelinegro vestido con un pulcro vestido verde sentado en el siguiente mueble junto a una enorme torre de papeles lanzó una mirada de reojo al menor. Casi sintió un deje de simpatía hacia el chico.
Wolfram estaba siendo demasiado duro ante la política de filtrar la información dada al Rey de los Demonios. ¿Cómo había podido estar de acuerdo en llevar a cabo semejante acción? Hasta el mismo Shinou-heika estuvo de acuerdo. Pero quién era el para criticar las decisiones tomadas en las asambleas reales.
"Sólo un representante más, Von Voltaire, no crea que una sola familia y una única opinión prime sobre la experiencia y creencia de los demás"
Negó con la cabeza. Recordar aquella situación le producía jaqueca. Acomodó los objetos entre sus manos y se incorporó de su puesto de trabajo. Con una rápida mirada comprobó que aquellos documentos escritos tenían absorbido al joven dirigente. No tendría que preocuparse por vigilar la jornada de este, había encontrado la motivación perfecta. Salió del recinto sin que el otro se percatara de su ausencia.
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¿Qué sucede? –indagó Saralegui luego de notar como un agitado soldado intercambió palabras susurradas a Berias y luego se retiraba a toda prisa.
-Al parecer una visita indeseada solicita una audiencia con usted, Su majestad –señaló el hombre de larga cabellera.
-¿Uh? –los ojos amarillos brillaron con curiosidad mientras su impaciente guardián conservaba un rictus de seriedad en su rostro. – Por la forma en que tensas tu cuerpo y la evidente expresión de enojo en tu rostro, supongo que es alguien a quién conocemos. ¿Quién?
-Frank Noltten
-Oh, no me esperaba volver a escuchar ese nombre de nuevo. Déjalo pasar.
-Pero Su majestad… -protestó
-Estás a mi lado, tú protegerás
Con un suspiro resignado, el caballero abandonó la gran habitación. Sara meditó por unos segundos cuál era la razón de haber roto el trato que tenía con aquel mercenario.
-William Spitzor –susurró algo divertido al recodar que la muerte de aquel hombre había hecho desatar la ira y los deseos de venganza de Frank. Era una lástima, pues William era el líder del grupo de arqueros de Gran Shimaron, y en algún momento por convenio entre los dos países, había terminado prestando servicio a su guarnición, aunque era algo que no todos conocían. Era un excelente soldado a diferencia de su contraparte y alguien con principios, algo difícil de encontrar en quienes han vivido la guerra.
El ruido del portón abriéndose y los pasos firmes de otra presencia le sacaron de sus cavilaciones. Observó la gran figura acercándose con confianza hacia su torno con una expresión de físico entretenimiento. Atrás al pie de la entrada permanecía expectante Berias.
-Su majestad, es un placer estar ante su presencia –una pequeña reverencia fue la única muestra de respeto del corpulento hombre.
-No necesito sus adulaciones, queda claro el odio puro que me declara a mí y a mi reino.
Una sonrisa arrogante adornó el rostro del forastero –He venido a hacerle una oferta que probablemente no rechazará –finalizó mirándolo con burda satisfacción.
Los lentes brillaron un instante ante el leve movimiento del rey -¿Y que podría interesarme proviniendo de alguien como usted?
-Quiero que se una temporalmente a la estrategia que he creado para eliminar de una vez por todas al Maoh y extinguir por completo aquella raza que ha subyugado a los humanos por siglos.
-Bastante arrogante de su parte. ¿Por qué querría semejante suceso?
-Porque puede quedarse con parte de las tierras que actualmente pertenecen a los mazokus, y convertirse en una potencia política, económica y militar.
-¿Eso mismo le propuso a Belal el rey de Gran Shimaron?
Una risita escapó de los labios de Frank –Está muy bien informado.
-Es mi deber, después de todo aquel sujeto piensa que a pesar de su influencia puede pisotear a los demás reinos. ¿Por qué regalar esos territorios si podría ascender como monarca?
-No me interesa –la respuesta clara y determinada sorprendió al rubio de larga cabellera. Aquella muestra de desinterés y despego por el poder no concordaba con aquella ambición que demostraba al presentarse con semejante propuesta.
Indagó por unos segundos, aunque el mercenario a unos pasos del trono desconocía sus verdaderos intereses, sabía que astuto y cuidadoso, no era en realidad bueno para liderar ese tipo de iniciativas. Estaba jugando con fuego, y podría salir quemado. Y ante tal riesgo, decidió que no le interesaba en absoluto jugar con el destino de él y su gente, ya lo había hecho antes de forma indirecta, pero esta vez lo dejaría pasar.
-Aunque muy seguramente cuenta con el respaldo de Gran Shimaron, no estoy dispuesto a jugar al traidor. Como sabrá tengo contactos con Yuuri-heika y no deseo bajo ninguna circunstancia romper el trato que he hecho.
-Los tratos pueden romperse y las alianzas nunca son eternas. Será tarde cuando tomemos el control y usted y su reino quede devastado por sus enemigos. Piénselo bien.
Las palabras flotaron el aire hasta desvanecerse del gran salón.
-Usted fue en algún momento alguien valioso para mis tropas, pero recuerde, no es muy bueno adivinando los planes detrás de las acciones. Sólo es un peón y no dirige el tablero de juego. En otro momento habría sido una buena apuesta, ahora voy por algo más grande que una simple venganza. Hay muchas cosas que se han saltado su atención, Belal es peligroso y yo también. Cuide del trabajo que ha hecho Víctor al mantenerlo con vida, y procure evitar que él sea asesinado como lo fue William por su ineptitud e imprudencia.
-¡Cállese! Usted no sabe nada acerca de él o lo que sucedió. Sólo porque él haya hecho unos trabajos con sus militares no quiere decir que lo haya conocido –la furia en los ojos del aludido se hizo presente y aquellos pupilas brillaron temerariamente. Los puños estaban cerrados casi cortando la circulación y la postura de incomodidad no pasaron desapercibidos por Sara.
-William era un soldado, pero ese día fue contratado como mercenario para actuar junto con otros hombres como bandidos –la explosiva reacción le confirmaron el objetivo de aquel hombre.
-¡Mentira! ¡Yo estaba ahí! ¡El Maoh…! ¡Sus órdenes fueron…! –se impulsó con la firme intención de atacar al rey que con una mueca de malicia lo contemplaba desde lo alto. Sin embargo fue frenado por las espadas gemelas del guardia personal.
-Será mejor que se vaya, ahora.
-Lo mataré cuando termine con Shin Makoku –la amenaza aunque real le pareció una broma de mal gusto. Lo vio partir con los hombros tensos y un ligero temblor en todo su cuerpo. Esperó unos instantes meditando su próxima juagada y luego dirigiéndose a Berias arrugó el ceño con algo de preocupación -Busca a Víctor. Ser un observador fue divertido, pero ahora Yuuri y su poder están en peligro –se incorporó del sillón envuelto en terciopelo rojo en el que descansaba minutos antes –Contacta con nuestro general, daremos apoyo militar a los mazokus –finalizó. Berias asintió solemnemente y abandonó la sala con la mayor rapidez posible.
-Supongo que debo escribir una carta a Wolfram Von Bielefeld.
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El almuerzo había sido delicioso y aunque lo había disfrutado, la atmósfera cargada de tensión entre los comensales había roto cualquier intento de conversación. Ahora con el estómago lleno y las energías recargadas caminaba lentamente y en silencio siguiendo la figura del ojiverde que momentos atrás había seguido la misma ruta. Cuando llegó al gran jardín que conectaba la zona este y sur del castillo, notó que no había nadie en los alrededores. Buscó con la mirada algún indicio de su prometido o del posible camino que pudo haber tomado entre las dos rutas disponibles pero se halló perdido.
-¿Por qué me estás siguiendo? –le cuestionó una voz calmada a un lado de su posición. Con un sobresalto al verse descubierto, dirigió su vista hacia un rincón oscuro donde terminaba el pasillo. Allí recostado y cruzado de brazos se hallaba la fuente de todas sus confusiones. –ja ja ja… Wolfram… -rió tontamente al no tener preparada una explicación creíble para sus actos.
-Supongo que hay cosas que no cambian –susurró para sí mismo el rubio caminando en dirección al gran patio –Vamos, me imagino que quieres hablar conmigo –le incitó el soldado al gran quiosco pintado de un hermoso blanco marfil muy detalladamente decorado con flores de lavanda que bailaban con el viento alrededor de la estructura en madera. El azabache le siguió con sigilo evaluando la conducta apacible del otro. No se esperaba un trato tan suave luego de la pelea en la mañana. Sin embargo, ahí estaban, sentados uno frente al otro sintiendo la delicada brisa correr por sus cabellos.
Lo contempló un instante sereno y maduro, algo que no recordaba en él –Has cambiado…Wolfram.
-¿Y bien qué es lo que querías decirme? –le cortó el ojiverde con una ceja elevada y una sonrisa arrogante en su rostro. Un tic nervioso apareció en el ojo derecho del Maoh –Estás esperando una disculpa ¿Verdad?
-Por supuesto –señaló con naturalidad su acompañante.
Yuuri suspiró. Algunas cosas cambiaban, otras no. Y la actitud caprichosa del mazoku era una de ellas.
-Lo siento.
-¿Quién es Misao? –la pregunta tomó desprevenido al pelinegro. Miró al rubio frente a él, pero su postura relajada, su cara ladeada sostenida sobre una de sus manos y el brillo en esos ojos denotaban curiosidad pura.
-Es una compañera de clase del instituto
-Umm –fue la única exclamación que brotó de la garganta del mazoku.
-Wolf…
-¿Es tu novia? –los ojos verdes seguían fijos en los suyos. Era más un interrogatorio que una plática.
-No
-¿Por qué? Deberías disfrutar de tu juventud y vitalidad.
-¿Ahh? –Yuuri quedó inmóvil. Por un instante la idea de estar soñando le pareció más coherente que los extraños que rodeaban su encuentro con el soldado. Estaba en el país de las maravillas -¿No fue esa la razón por la que casi quemas la habitación?
-Así es. Algo exagerado de mi parte. Después de todo no tengo nada que reprocharte. ¿Te has acostado con ella?
-No. Y no lo haré ¿Me oyes?
-¿Hay alguna razón para ello?
-No
-¿No te gusta?
-¡Wolfram! –gritó enojado ante tanta intriga. ¿A dónde quería llegar con eso?
-¿Qué diablos está pasando contigo?
-Curiosidad eso es todo –terminó con un sonoro bostezo echando su cabeza hacia atrás mientras cerraba sus ojos.
El silencio reinó por unos minutos.
-Estás tratando de sacarme información. Lo sabes…
-Claro que lo sé. Conrad me contó sobre el asunto.
-¡¿Ehh?! –la cara roja del chico puso en evidencia su mentira. Dejó que su vista vagara por cualquier lugar menos por la figura de su prometido.
-¿Por qué te detuviste en ese entonces…-abrió sus ojos para fijarlos fijamente en el rey, el cual parecía interesado en todo menos en él y la charla.
-¿Cómo es que Conrad lo sabe? –cuestionó con la mirada clavada en el suelo.
-Parece que Su santidad no sabe guardar secretos.
-¿Desde cuándo…lo sabes?
-Luego de la escena en la cama –la respuesta pareció calmar al pelinegro.
-Y bien ¿Por qué te detuviste?
Aunque un sonrojo adornaba el rostro moreno, los labios de este se movieron para dar la respuesta. El par de ojos esmeralda se abrieron con sorpresa.
Pasaron unos segundos mientras el viento sopló, las hojas se movieron y las cigarras chillaban entre los árboles, fue entonces cuando Wolfram se levantó de su puesto para acomodarse al lado del otro chico que continuaba cohibido por la repentina cercanía.
-¿Sabes? Nunca pensé que oiría esas palabras de tu boca, Yuuri. ¿Ne, entonces fantaseas conmigo todas las noches? Debe ser difícil considerando…
-¡Wolfram! –se defendió el azabache tapando los labios del ojiverde –No lo digas tan alto, alguien podría escucharnos. –Ahora si, ¿Me perdonas? Yo no quise…
-Ya te lo dije -quitó con cuidado la mano que lo mantenía silenciado –No tengo que reprocharte nada, no de mi parte tal vez.
-¿Eh? –fue su turno para tomar conciencia de las palabras anteriormente dichas por su prometido. Aquella oración guardaba otro significado –Ya te has acostado con alguien a parte de mí, y no me refiero a tu primera vez.
-Suena como una afirmación.
-Dímelo
-Sí
-¿Cuándo? ¿Quién? ¿Por qué? –la aprensión que provenía de su pecho, era una sensación que no podía ignorar. Era nueva pero estaba haciendo estragos en su mente -¡Wolfram!
-Poco después que abandonas Shin Makoku para no regresar, hace unos meses…diría.
-¿Por qué?
-No hubo motivo especial, sólo ocurrió.
-¿Te andas acostando con cualquiera que pase por tu camino? ¡Estás comprometido conmigo! Y no me refiero a una simple tradición.
-Lo sé
-Evidentemente no –gritó a todo pulmón aprisionando los hombros del ojiverde con fuerza. Atrás se había quedado la vergüenza de su frustrado encuentro sexual.
Wólfram observó las orbes negras fijarse con tal emotividad que sintió una punzada de culpa. Los celos que experimentaba el otro le habían dejado confuso, tal vez porque no esperaba tal reacción de su parte. Era una faceta que no conocía del hombre que lo iba a desposar.
-Henachoko… ¿Estás celoso?
-¿Quién es?
-No importa quién es. No lo conoces y tal vez jamás lo hagas. Ahora suéltame, me estás haciendo daño –jaló lejos y con brusquedad los brazos que lo tenían fijo casi rompiendo la piel, y se alejó.
Una mano atrapó su mentón y su muñeca impidiéndole tomar mayor distancia -¿Por qué?
-Yuuri
-¡Quiero saberlo! –gritó casi en la cara del mazoku. Sus rostros estaban tan cerca que sus alientos se mezclaban.
-¡¿Quieres saberlo?! Estaba tan enojado porque mi maldito prometido era un idiota y me había llamado puta enfrente de mis hermanos y tío. ¿Lo recuerdas? ¿Una calentura la tiene cualquiera, ehh? –golpeó los obstáculos que le impedían moverse y se levantó de un brinco casi perdiendo el equilibrio –Me dejaste abandonado cuando más necesita de ti…. ¡Crees de verdad que pensé lo que te iba a importar con quién decidí tener un rato de diversión! ¿No eras tú quién aun habiendo pasado lo que pasó entre nosotros, pensó en reconsiderar nuestro compromiso? –terminó jadeando con fuerza casi a punto de perder el aire en sus pulmones.
Comenzaba a irritarse por la insistencia e insolencia de ese idiota, pero antes de poder discutir, este le cerró el paso y lo acorraló. No le permitiría someterlo, atrapó sus brazos para noquearlo en ese momento de no ser que la fuerza con la que fue empujado le había hecho perder el equilibrio. No pudo evitar encontrarse casi encima del cuerpo del pelinegro medio arrodillado entre sus piernas mientras que este había terminado sentado en la banca de madera. Intentó huir, sin embargo, un brazo rodeó su cintura y la presión sobre su nuca le negaron la oportunidad. Un brusco beso fue el resultado de aquella inútil discusión. El beso fue demandante, robándole el aliento y probando cada parte de su boca. Cuando se separaron en busca de oxígeno, el Maoh continuó recorriendo con su lengua la piel del cuello expuesto, probando y mordiendo.
-Detente Yuuri –le reclamó jadeante intentando separarlo de su cuerpo.
-No –contestó con voz ronca desabotonando la chaqueta militar y la blusa de seda blanca que lo cubría. Las orbes negras miraron con atención como el pecho del rubio subía y bajaba con rapidez ante sus atenciones. Acercó su lengua a la tetilla rosada, la lamió y succionó obteniendo como respuesta un jadeo de sorpresa, continuó con su labor mientras abría los pantalones del otro y colaba su mano en este. Otorgó la suficiente atención al miembro duro entre sus dedos observando las miles expresiones que surcaron el rostro del rubio y como poco a poco el cuerpo comenzaba a retorcerse de placer.
-¡Yuuri! –lo escuchó gritar cuando alcanzó el orgasmo.
Le permitió descansar tomando grandes bocanas de aire intentando normalizar su respiración. El peso muerto del cuerpo ajeno era una sensación única que lograba aumentar su presión arterial. Por eso, haciendo acopio de su fuerza dejó que la gravedad los llevara al suelo. Cayeron pesadamente con Wolfram debajo de él. Aunque esa era la tercera o cuarta vez en la que ese tipo de contactos íntimos se hacían realidad entre ellos, esta vez planeaba terminar completa la tarea. Su primera vez haciéndole el amor no sería nada romántico, sería en aquel lugar solitario en sitio público donde se exponían a ser vistos, pero eso era lo que menos le interesaba. Estaba tan excitado que apenas si podía contenerse para no hacerle daño al cuerpo que se le ofrecía debajo de él.
Con dedos diestros tomó algo del semen que había quedado entre sus ropas y bajó con cuidado por entre los muslos del rubio, quien jadeó sorprendido pero no se quejó al respecto, muy por el contrario le permitió más acceso abriendo las piernas. Palpando lentamente insertó un dedo por el esfínter casi con cariño mientras avanzaba por el estrecho canal. Lo movió una y otra vez, arriba y abajo notando que la expresión inicial de incomodidad cambiaba a una más relajada, y ante la buena reacción que había obtenido acompañó su acción con un segundo dedo y luego más tarde con un tercero. Cualquier cosa que hubiera creído la olvidó cuando su prometido se arqueó violentamente y gimió de la manera más sensual que había escuchado, arañando sus sentidos y haciéndole sentir más duro de lo que ya se encontraba. Así que animado extrajo los dedos y llevó su mano hacia su miembro endurecido para guiarlo hacia la entrada del ojiverde.
-¡Yuuri! – gritó Wolfram con impaciencia al notar la inseguridad del otro. Cerró sus piernas a lado y lado de las caderas ajenas y le incitó a penetrarlo rápido y duro. La expresión de satisfacción del pelinegro era la mejor imagen para el mazoku que sonrió satisfecho. Juntaron sus bocas nuevamente con prisa, lamiendo todo, enrollando sus lenguas y separándose para buscar oxígeno.
El moreno comenzó el vaivén, sacando y metiendo su pene lentamente y luego más rápido a medida que la temperatura se elevaba y el cosquilleo de placer en su estómago iba esparciéndose –Wolfram –jadeó juntando más cerca el cuerpo pálido del rubio quién respondía igual de apasionado ante las embestidas. –¡Yuu…ri! –gimió ante la fuerte mordedura en su hombro y las caricias de aquellas manos en su espalda y trasero. Estaba por venirse si continuaba estimulándolo de aquella manera.
-Eres mío y si alguien se atreve a ponerte encima las manos, pagará caro su osadía –susurro con voz ronca el maoh contra su oído. El aliento cálido, los rápidos movimientos y aquellas palabras tan posesivas lo llevaron al orgasmo. Se corrió duro y con un grito de éxtasis puro que se escuchó en el lugar. Pronto sintió un chorro de líquido caliente llenarlo por completo y entonces supo que su compañero de cama también había terminado.
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Se habían acomodado la ropa de la mejor manera posible, aunque eran un desastre total, y se escabulleron a la habitación del ojiverde donde terminaron repitiendo la actividad un poco más hasta que el mazoku decidió dormir un rato. Lo dejó profundamente dormido entre las sábanas y decidió dar comienzo a su plan para traer la paz a su reino y a los incontrolados sentimientos de venganza de su gente.
-Gwendal necesito hablar contigo. Es importante –entró sin saludar al hombre de ojos azules y cabello negro que leía con atención un informe entre sus manos.
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*_Anexo_*
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N.A:/Esta parte que he creado para mostrar el pasado antes de que la historia iniciara (Como una pre-secuela), cumple su objetivo en los siguientes párrafos escritos abajo. Sólo será este y el siguiente para luego retomar el final de este fic. Si señores, están leyendo el penúltimo anexo que les explicará lo que sucedió para que todo este lío se armara.
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Los carruajes habían sido preparados a tiempo para la partida del Maoh y su guardia personal. La visita un poco corta había significado una alianza con Pequeño Shimaron en una de los tantos países a los que el rey de los demonios estaba apuntando. Aunque muchos lo criticaban de ambicioso e de intentar imponer su autoridad, Yuuri había continuado recorriendo muchos reinos en busca de aliados.
Sara y Yuuri se despidieron cortésmente mientras los soldados terminaban de hacer los preparativos de los caballos y el equipaje. Wolfram y Conrad muy cerca observaban la escena. Por unos instantes, Saralegui desvió su mirada hacia a un lado. Contempló con evidente malicia la expresión incómoda pero seria del mazoku de fuego. Su interés por él había aumentado desde que el día anterior, en el cual, él se había comportado como un soldado sin prestar la mínima atención a los evidentes intentos del Maoh por captar su atención. Los ojos verdes interceptaron los suyos ante la muestra irrespetuosa y poca agraciada en la que lo detallaba, y aunque el rostro varió poco, pudo leer la amenaza implícita en aquellos orbes.
-¿Sara? –llamó el azabache al notar que prestaba atención a otra cosa y no a la charla que tenían.
-Lo siento Yuuri –se disculpó con una mueca cómica de fingida culpa
-Entonces nos veremos en una siguiente ocasión –ignoró la expresión tonta del mayor y con un movimiento de manos se encaminó al vehículo que lo esperaba.
Conrad le ayudó a subir seguido de Wolfram. Abandonaron el castillo casi al caer la tarde. Los caballos relincharon y emprendieron la marcha por el sendero que partía a la mitad hectáreas de bosque.
Dentro de la cabina de viaje, Yuuri miró de reojo a su acompañante que parecía interesado en el paisaje que afuera pasaba raudo por la ventana.
-¿Por qué has estado tan callado en este día? –preguntó con preocupación al notar la fría expresión de su prometido.
-Soy tu guardia personal, no creerás que estaré parloteando contigo todo el día –gruñó manteniendo su cabeza hacia la vista en la ventana.
-La última vez lo hiciste…
-Cállate Yuuri.
-¿Estas enojado por lo de ayer?
-No
-Wolfram
-Sí. ¿Satisfecho?
-No quise ofender tu orgullo…
-Cállate, no me interesa oír tus excusas, ya lo hemos hablado muchas veces.
-Pero… -intentó discutir pero la mirada peligrosa de esos ojos verdes le hicieron desistir.
-¿Te han castigado?
El silencio fue lo único que recibió como respuesta. Estaba siendo ignorada por el chico a medio metro de distancia de su cuerpo. –Wolfram
-Saldré en unas semanas a misión, no regresaré en algunos meses.
La noticia sorprendió al Maoh, no creía que aquella escena en su despacho hubiera levantando tanto revuelo en el castillo. Eran prometidos, ¿Por qué tanto escándalo por querer intimidar? -Puedo hablar con tu tío y…
-Lo empeorarás, como lo hiciste ese día en la oficina. Cumpliré las órdenes y regresaré.
-¿Estarás bien?
Esta vez una sonrisa arrogante surcó la expresión del rubio, quién lo había volteado a mirar a los ojos –Por supuesto Henachoko, ¿Quién crees que soy?
El movimiento del carruaje cesó. Sus miradas viajaron a la puerta. Escucharon una pequeña charla entre los soldados que custodiaban la caravana.
-Algo anda mal –susurró Wolfram quién con cuidado descubrió levemente la cortina de la ventana al otro al lado del vehículo. Nada aparte de los arbustos, los fuertes troncos y la brisa del espeso bosque parecían estar fuera de ligar, sin embargo, un leve destello entre la maleza llamó su atención. Los estaban rodeando.
-Permaneceremos aquí hasta recibir alguna indicación de Conrad –le advirtió al pelinegro mientras retiraba su capa y otro tipo de cosas que estorbaban sus movimientos.
-¿Qué haces? ¿Qué está sucediendo? –con miedo ante la repentina tensión a su alrededor el azabache intentó salir de aquel estrecho lugar para preguntarle a su padrino, sin embargo, una mano tiro de él de nuevo a su puesto.
-Detente. Si sales sólo estorbarás el trabajo de esos hombres que te cuidan. Al parecer alguien nos ataca, debemos dejar que ellos intenten negociar antes de evitar algún malentendido –la expresión temerosa de su prometido le hicieron suspirar. Necesitaba calmarlo. –Yuuri, ¿Confías en mí?
La pregunta lo tomó desprevenido. –Si, pero…
-Entonces dejarás que yo me encargue, ¿Entiendes? Todo saldrá bien
Ojos negros miraron fijamente los esmeraldas de su guardia. Descansó su postura un poco al darse cuenta que estaba entrando en pánico.
-Gracias, Wolfram
Las palabras de agradecimiento menguaron un poco el ceño fruncido del mazoku.
La puerta se abrió repentinamente dejando a la vista al castaño que agitado los observó a los dos. –Intentarán incendiar este carruaje, será mejor que nos ocultemos en el bosque, es más difícil encontrarnos y no seremos una presa fácil como ahora.
-Conrad – llamó en señal de protesta hacia su padrino pero los ojos de este lo esquivaron y se clavaron en su hermano menor.
-Wolfram, llévalo lejos de aquí. Confío en que puedas llegar de regreso hasta el castillo del rey Saralegui. Estarán bien ahí.
-Si –respondió seriamente. Afirmó su agarre en su espada y ayudando al pelinegro salir se adentraron a la espesura seguidos muy de cerca por los demás hombres de su ejército.
Corrieron por el sendero procurando alejarse lo más rápido posible del lugar de la emboscada, aun así la aparición de varios hombres encapuchados desviaron su trayectoria. El rubio quién tiraba de él no dudó en alargar su brazo e invocar la magia del fuego para hacer una pantalla de fuego lo suficientemente gruesa y grande para hacer retroceder a su enemigo. La distracción funcionó pues pudieron avanzar sin complicaciones, sin embargo, poco tiempo después de cruzar un riachuelo, miles de proyectiles hechos de hielo se dirigieron hacia ellos. Volaron por todas partes, rompiendo destrozando y atravesando todo, y aunque los leones de fuego invocados por el ojiverde habían derretido la mayoría, otros cuantos cayeron muy cerca. Una enorme onda de choque recorrió el lugar levando tierra, polvo y escombros.
-¡Yuuri! ¡Yuuri! –el susurro proveniente de una voz conocida le hizo levantar su mirada para enfocar a la persona que lo llamaba. Y entonces lo vio, el rostro del mazoku mirándolo fijamente con preocupación. Notó que un hilo de sangre caía desde muy adentro del cabello dorado hasta atravesar parte de la mejilla izquierda y perderse debajo del mentón. Se alarmó.
Levantó su brazo para acariciar levemente la mejilla sana del otro.
-¿Estás herido? –le escuchó preguntar apartando su mano y revisando atentamente su cuerpo.
-No
-Bueno, movámonos –le levantó con brusquedad para arrastrarlo.
-¡Tú estás herido, detente, debemos revisarte!
-No, avanzaremos. Si nos quedamos aquí, ninguno de los dos sobrevivirá –le instó el ojiverde tirando nuevamente de la mano del pelinegro.
-Pero…
-Eres irritante, aún en una situación como esta piensas primero en los demás que en ti mismo –soltó la mano que había intentado convencer para continuar caminando aún si tenía que dejar al menor. Necesitaba revisar los alrededores si el otro chico no cooperaba.
-¡Wolfram! ¡No me dejes! –le gritó tratando de alcanzarlo.
-Claro que no lo haré, pero tú no me haces la cosas fáci… -las palabras se cortaron brevemente y sus pies se detuvieron -…les…- un jadeo escapó de su boca. Bajo sus ojos hacia su costado donde una flecha se había clavado atravesándolo. El flujo de sangre que caía por la herida confirmaba su destino. Tomó aire pesadamente mientras el dolor iba esparciéndose y su mente nublada se desconectaba del mundo. No quería terminar así, no podía dejar a Yuuri desprotegido, sin embargo, su cuerpo no parecía cooperar con su motivación.
-¡Wolfram! ¡Wolfram! ¡Wolfram! -escuchó los gritos de angustia del rey y por primera vez, sintió miedo. Un par de brazo lo atraparon antes de golpear la tierra y lo acunaron muy cerca del pecho -¡Wolfram!
-Eres ruidoso hena…choko –susurró apenas sintiendo escapar sangre de su boca.
Los grandes ojos llenos de miedo y angustia intercambiaban miradas entre su rostro y la prominente hemorragia que intentaba detener haciendo presión con sus cada vez frías manos.
-Estarás bien, ¿me oyes? Vamos a salir de aquí y entonces…
Las palabras no tenían el efecto deseado. Poco a poco el brillo de los ojos verdes se perdió dando paso a una repentina relajación de los músculos. El rubio había perdido el conocimiento -¡Wolfram! ¡Wolfram! -gritó con todas su fuerzas intentando despertarlo pero no funcionó.
A pocos metros de él, hombres con espadas y arcos lo rodeaban. Está desesperado, su fiel amigo y prometido moriría en sus brazos y no estaba haciendo algo para evitarlo.
¡Haz que se detenga! –gritó con fuerza dejando descargar sus lágrimas de dolor.
Un remolino se formó en respuesta a la plegaria. Los cuerpos de los atacantes fueron levantados del piso junto con los elementos y todo lo que a su alrededor estuviera. La furia del Maoh había sido desatada, y el castigo por lastimar a Wolfram sería la muerte.
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XoXoXOXoXoX
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¿Reviews?
Espero que lo hayan disfrutado. Publicaré en dos semanas y contando. Antes de terminar de publicar los capítulos que ya están escritos creo que podré tener los que falta. Debo disculparme si hay inconsistencias, he estado pensado en los detalles de capítulos anteriores y lo que falta por revelar, así que cualquier inquietud o sugerencia serán bienvenidas.
Siguiente capítulo: XI. Encrucijadas. Una sonrisa cansina adornó su rostro por unos segundos, luego olvidándose de todo, dejó que su cuerpo cayera en un sueño profundo… ¡Wolfram!
