Capítulo 4. Avada kedavra.
Terminaron las clases. Cuando sus amigos aún estaban guardando libros, pergaminos y demás en las mochilas, Yeye ya salía corriendo hacer la enfermería.
—¿Adónde ha ido? —preguntó Annell cuando notó que Yeye ya no estaba.
—Habrá ido al baño —sugirió Liesl—. Mira que fue inútil ése de Revenclaw cuando hizo explotar a su caracol.
—Al menos desapareció —se burló Leickran.
—Aye, pero la panorámica no fue precisamente agradable —recordó Raven con asco.
En efecto, ver un caracol explotando y que sus restos salieran volando por los aires no era muy agradable. Sobre todo si te caía alguna víscera encima, como experimentó el pobre vecino del Ravenclaw torpe. Así, los cuatro amigos decidieron ir a buscar a Yeye al baño. Aunque Yeye no fue al baño, precisamente.
—¿Kali? —murmuró suavemente mientras asomaba la cabeza por la puerta de la enfermería.
—¡Hola, Yeye! —saludó Kali desde su cama—. Pasa, la señora Pomfrey no está.
Yeye suspiró con cierto alivio y pasó. Encontró a Kali sonriéndole desde su cama, en donde se hallaba sentado.
—¿Ya no tienes más clases?
Yeye meneó la cabeza en señal de negación.
—¿Qué te parecieron mis amigos? —le preguntó Yeye.
—Son muy simpáticos —respondió Kali con una sonrisa—. Cuando se pelean hacen gracia.
—Eso lo dices porque no vives a diario las peleas —se quejó con voz de niño pequeño.
Kali soltó una pequeña risita, y por un momento Yeye sintió que presenciaba la mejor creación del mundo.
—¿Y tus amigos saben que estás aquí, o te están buscando por medio castillo?
Yeye salió de su pequeño sueño con brusquedad.
—¡Es verdad! —exclamó—. ¡No les dije nada! Es que como salí corriendo…
—¿Saliste corriendo? —le preguntó Kali.
—Sí —admitió Yeye algo apenado.
—Pero si ya estoy bien… —le recordó.
—Pero aun así me preocupo —murmuró Yeye.
Kali se sorprendió un poco, y después sintió cómo la sangre se le subía a la cara, a diferencia de Yeye, que ya estaba rojo como un tomate. Entonces abrieron la puerta. Por ella entró la señora Pomfrey, con una bandeja en donde había una extraña botella con un líquido verde y un vaso de cristal.
—Lo siento, señor Dalton, pero me temo que tiene que irse —le dijo.
Yeye le dirigió una mirada de cachorro abandonado bajo la lluvia, pero la señora Pomfrey se mantuvo firme. Por un momento, Yeye lamentó no tener a Leickran consigo para que amenazara a la enfermera. Con pesadez, se levantó de la cama de Kali.
Se despidió del Caído con un triste gesto de la mano mientras que Kali le murmuraba un deprimido hasta luego.
Cerró la puerta tras de sí, con los ojos cerrados. Y cuando los volvió a abrir, casi se muere de un infarto. Parada frente a él estaba Liesl, que lo miraba con su gesto neutro.
—¡ME QUIERES MATAR DE UN SUSTO! —exclamó Yeye.
—No exageres, que no es culpa mía que hayas salido de ahí con los ojos cerrados —le respondió ella—. Pensábamos que habías ido al baño, pero veo que no. —Yeye bajó la cabeza, sintiéndose apenado, aunque no sabía por qué—. ¿Te gusta Kali?
—Sí, mucho… —admitió el chico—. Pero…
—¿Pero qué? —le preguntó Liesl.
—Que quiero a Raven —le soltó de golpe.
—¿Y él lo sabe?
A Yeye le sorprendió un poco que Liesl ni se inmutara.
—¿Cómo no va a saberlo si llevamos casi un año saliendo? —inquirió Yeye un tanto ofendido.
—Sois un par de desvergonzados —le reprendió—. Mira que no decirnos nada…
—Ay, por favor —Yeye se sonrojó un poco—. ¿Qué razón teníamos para deciros nada?
Liesl fingió pensar profundamente.
—No sé. ¿Que somos vuestros amigos, quizás? —dijo sarcásticamente—. Es para sentirse traicionada. Mis dos mejores amigos llevan casi un año saliendo juntos y no me lo han dicho…
—No seas así. No os lo dijimos porque Annell y Lily ya se emocionan bastante viéndonos convivir sin saber que estamos juntos. No, lo siento, pero el papel del histérico que se emociona con una facilidad increíble es mío y no pienso cedérselo a ellas.
—O sea que no vais a tener la decencia de decírselo —dedujo la rubia—. Me reafirmo: sois un par de desvergonzados.
Una de las más destacadas características de Liesl era precisamente aquélla: que se burlaba de la gente de forma que no parecía malintencionada, pero en realidad no solía decir nada sin mala intención.
—Quizá se lo digamos a Anushka y a Lumi, que son las más fiables —dijo Yeye—. Pero primero tenemos que cumplir el año.
Se rió.
—Por cierto, encontré a Lumi y Lily en el pasillo y me contaron un pequeño problemilla que tuvo Anushka… —comentó Liesl intentando restarle importancia.
—¿Qué le ha pasado? —preguntó Yeye con algo de preocupación.
—Que hemos descubierto que tiene corazón —respondió Liesl—. Y bastante frágil, por cierto.
—¿¡Que tiene qué! —exclamó Yeye—. Quiero decir, sí, sabemos que tiene corazón, pero… pero… ¿Cómo que sensible? ¡Si se supone que tú, ella y Lumi sois las antárticas de Gryffindor!
—No es que se haya echado a llorar como en una telenovela —le explicó la austriaca—. Lo que pasa es que las Siamesas comenzaron a molestarla con Lupin.
—¿O sea que ella sí lo…?
—No, no lleguemos tan lejos. Sabemos que le importa, no que lo quiera —rectificó.
—Ah —murmuró Yeye, aunque a Liesl no se le escapó un pequeño toque de decepción en la voz del chico.
—¿Por qué te decepcionas? —le preguntó.
—Es que harían una pareja tan linda —respondió Yeye con aire soñador.
Esa vez fue Liesl quien soltó el pequeño ah.
—Como sea, volvamos a la torre —sugirió—. A ver si encontramos la sala común y a Lupin de un trozo.
Caminaron el trecho que les quedaba en silencio. Yeye dándole vueltas a la impactante noticia que acababa de recibir por boca de Liesl, y Liesl sintiéndose un poco mal porque alguna razón habrían tenido sus mejores amigos para no hablarle sobre su relación. Aunque luego volvió a pensar en el tema Remus-Anushka.
—A este paso, seré la única antártica que quede en verdad —dijo la chica frente al cuadro de la Señora Gorda—. Escaramujo… —Era la contraseña para entrar en la torre de Gryffindor.
Anushka estaba allí, sentada en un sofá, con el gato en el regazo y sin mirar a nadie. Remus se había sentado a su lado y estaba intentando que le hiciera caso, mínimo que lo fingiera. Los demás, Merodeadores incluidos, estaban disfrutando del espectáculo situados alrededor.
—Te repito que no me importan en absoluto esas dos —decía el licántropo mientras Yeye y Liesl cruzaban la sala común para reunirse con la feliz familia.
Anushka no dijo nada.
—¿Algún avance? —preguntó Liesl, de su tono se deducía que esperaba una respuesta negativa.
Y la obtuvo. Yeye se sentó al otro lado de Anushka, con aire deprimido, cosa que logró que la chica volviera al mundo de los mortales.
—¿Cómo está Kali? —le preguntó.
—Bien —contestó Yeye en voz baja, sus ojos brillaron con cierta alegría al recordar al Caído.
Raven sintió un ramalazo de celos al oír a su Yeye hablar así de otro. Era su gran defecto: tal vez era demasiado celoso.
—¿Te importaría hacerme caso? —suspiró Remus, sintiendo que su paciencia estaba por acabarse.
—Me alegro —le dijo Anushka a Yeye, el cual sentía que Remus se controlaba para no lanzarle una mirada asesina estilo Lumi.
—¿Cómo sabías que fui a verlo?
—Por lógica. Estás muy interesado en su estado de salud.
—¡Anushka! —exclamó Remus con su paciencia en números rojos.
La chica acarició a su gato, y ella misma emitió un ruido parecido a un maullido. El gato se puso en pie y se estiró, como si le diera pereza moverse. Se lamió una pata y después miró a Lupin. Licántropo y felino cruzaron miradas. Entonces, el pelo del gato se erizó y soltó un bufido. Se lanzó directamente a la cara de Remus.
—¡AH! ¡MALDITO GATO, QUÍTATE! —exclamó.
—¡Remus! —gritó James mientras los Merodeadores corrían a ayudar a su amigo.
Anushka aprovechó el escándalo que acababa de montar para salir de la sala común. Tal vez si se tiraba al lago Negro no la encontraría. Se acercó al hueco donde estaba el retrato de la Señora Gorda, pero antes de salir, vio que Lumi le hacía señas con la mano, dándole a entender que se diera prisa.
Giró la cabeza y vio que su gato ya estaba en el suelo, lejos de la cara de Remus, pero los Merodeadores aún rodeaban a su amigo. Anushka le dio las gracias a Lumi con una inclinación de cabeza y salió de ahí. Cuando Remus se dio cuenta de que Anushka se había ido, se puso mucho más furioso que cuando tenía al gato en la cara.
—¡Esa mujer me va a escuchar! ¡Como si le tengo que dar una poción para que se quede quietecita!
—Entonces toma esto —le dijo James. Abrió su mochila y sacó un pergamino doblado.
Remus comprendió y sonrió. Salió de la sala común, y cuando se aseguró que no había nadie cerca, acercó la punta de su varita al pergamino.
—Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas. —Buscó en el mapa del merodeador un pequeño punto negro que estuviese etiquetado con el nombre de Anushka. Lo encontró bastante lejos de él, y aún se movía rápidamente. Remus gruñó molesto—. ¿Qué es? ¿Campeona de atletismo?
Se dirigió hacia donde suponía que iba Anushka, aún gruñendo de forma parecida a como lo haría un perro o un lobo.
Mientras tanto, en la sala común, los otros tres Merodeadores estaban la mar de sorprendidos por el gato. James lo miraba con enfado, Peter con miedo y Sirius con desagrado.
—A veces me gustaría presentarle a Saga —Liesl mostró su sonrisa de serpiente.
—Qué bruta eres —le recriminó Lumi—. Con atarlo como hizo Leickran aquella vez y defenestrarlo es bastante.
A ninguna de las dos les agradaban los animales con pelo. Menos aún, en el caso de Lumi, si eran felinos. Los únicos felinos que no le desagradaban del todo eran los linces.
—Pobre Remus —dijo Sirius—. La chica no se lo está poniendo nada fácil.
—Pues que vuelva conmigo —intervino Alison desde lo alto de la escalera.
Crystal estaba con ella, así como las Siamesas de quinto: Amber Donahue y Dinah O'Flanagan.
—¿Lo ha estado alguna vez? —inquirió Lily sardónica.
Las cuatro arpías bajaron la escalera con gracia. No se podía decir que ninguna de ellas fuera fea, ni mucho menos, aunque el gesto altanero de Alison estropeaba su cara, la melena hasta la cadera de Crystal la hacía parecer más baja, Amber tenía la piel cetrina y a Dinah se le notaba que su pelo era rubio teñido.
Lily las miró con aversión, sobre todo a Dinah. La teñida le tenía mucha envidia al rojo natural del cabello de Lily y a la facilidad de cambio de Liesl, pero a ésta la temía y con Lily se ensañaba. Se dirigió directa a James y lo saludó melosamente, dándose cuenta después de la mirada homicida de Lily.
—O'Flanagan —saludó James fríamente.
Alison se sentó para disfrutar el espectáculo. Crystal se dirigió hacia Sirius, que quería que lo tragara la tierra o bien que alguien lo sacara del apuro, y Amber miró a Yeye intentando parecer simpática.
—Hola, Sirius —saludó Crystal.
Sirius se levantó y se cambió de sitio. Amber se sentó junto a Yeye, pero Raven la hizo a un lado sin miramientos y se situó en medio.
—Donahue.
Ésta se volvió hacia Liesl y le dirigió una sonrisa llena de dientes.
—¿A estas alturas de tus estudios aquí no te has dado cuenta de que Yeye es gay y, por lo tanto, es imposible que le intereses? —preguntó la austriaca con falsa simpatía.
—Otro tanto le pasa contigo —respondió Amber.
—Sabía que eras estúpida, pero no pensé que llegaras a tanto.
Todos miraron a Liesl. Ésta seguía mirando a Amber con cara de "que alguien me coja o esta idiota muere en cinco segundos". Por suerte, Lumi se acercó a Liesl con una mirada de advertencia, así que la rubia se relajó un poco. No demasiado, pero sí lo suficiente para perdonarle la vida a Donahue. Yeye miraba atónito todo lo que pasaba, y Raven también se controlaba para no matar a Amber, por muy difícil que le resultara.
Annell miraba toda la escena, preguntándose cuándo se volvería en un baño de sangre. Pero sus dudas se vieron resueltas cuando se giró y encontró a Alison coqueteando con Leickran. Annell abrió los ojos enormemente, porque lo peor del caso era que Leickran le sonreía. ¿¡Cuándo había visto a Leickran sonreírle a esa… esa… esa… cosa!
—Tienes unos ojos preciosos —comentaba Alison a Leickran mientras acercaba su rostro peligrosamente al del chico.
Leickran seguía sonriendo de aquella forma tan poco común en él.
—Lo sé —fue su respuesta.
Alison soltó una risita afectada. Después pasó su mano por su larga melena rubia.
—Debes de tener mucho éxito entre las chicas —le dijo.
—Eso no es algo que me importe —respondió Leickran, haciendo su sonrisa más grande—. Es que no me gusta mucho torturar a las mujeres.
Alison se desconcertó un momento, pero después volvió a soltar esa risa afectada. Intentó rodear los hombros de Leickran con su brazo.
"¡Asaltacunas!" —pensó Annell mientras daba grandes zancadas hacia donde estaban los dos.
—¡Qué mono eres! —le dijo Alison a Leickran.
—Sí, muy mono, pero ya está cogido —bufó Annell mientras arrastraba a Leickran lejos de ahí.
Alison miró con enfado cómo la enana se llevaba a su víctima. Pero entonces sonrió. Otra rusa más para su lista negra.
—¡Qué mono eres! —remedó Liesl—. Monísimo. Sólo le falta el pelo.
Leickran le dirigió una mirada asesina. Liesl ni se inmutó. Era la única en todo Hogwarts que se atrevía a hacer ese tipo de comentarios sobre Leickran y vivía para contarlo. El alemán tenía una cierta debilidad por ella, decía que era la única antártica de verdad y por lo tanto la admiraba, tanto como ella a él.
Los Merodeadores se rieron del comentario de la rubia, aunque estaban muy ocupados librándose de Dinah y Crystal. A Peter no lo estaba molestando nadie y disfrutaba bastante del espectáculo. Amber, por su parte, intentaba hablar con Yeye, pero éste se había propuesto librarse de ella a cualquier precio y estaba haciéndose el dormido sobre el hombro de Raven.
—Oye —decía Amber a Raven—. Me tapas la vista.
—Te jodes —replicó Raven sonriendo y acariciando cariñosamente la melena de Yeye, que aquel día estaba negra y le llegaba a los hombros.
—Tengo ojos para ver —dijo ella—. Tengo derecho a ver.
—¿Qué le pasa a ésta? —preguntó Yeye en voz baja.
—¿Que qué le pasa? —Raven le dirigió una mirada lastimera—. Vas a ver lo que le pasa.
—Deberías dejarme…
No le dejó hablar. Raven ya no sonreía. Se le habían acabado las ganas.
—¿Quieres callarte? —le pegó un grito que le hizo temblar la melena—. ¿Derecho a ver? ¡Se acabó! ¡Te largas y punto! ¡Si pudiera ya te habría metido en un saco, pedazo de plomo, que mira que eres pesada!, ¿vale?
Vaya con Amber Donahue.
—Tengo derecho a… —se recuperó muy pronto de la andanada verbal.
—O'Flanagan —la llamó Raven en tono cansado—. Llévate a tu amiga de aquí antes de que la descuartice.
No hizo falta, Amber se levantó sola y se fue. No sin antes lanzarle una última mirada nada agradable a Raven, el cual se la devolvió. Lumi se fue a sentar junto a Raven y Yeye.
—¿Por qué no la golpeaste directamente? —le preguntó la finlandesa.
—Tengo a Yeye en el hombro, no quería moverlo —explicó Raven mientras Yeye le sonreía de forma dulce.
Las cuatro Siamesas, sintiendo frustrados sus planes, subieron a sus habitaciones. Todos los presentes en la sala común, exceptuando a Peter, suspiraron con alivio.
—La próxima vez que alguien tenga un cuchillo a mano —pidió Liesl en voz alta.
—Yo tengo uno —informó Leickran mientras sacaba un cuchillo de alguno de sus bolsillos.
Los Merodeadores lo miraron con horror. ¿Cómo se podía ser tan sádico?
—¿Y por qué no lo sacaste antes? —preguntó Liesl.
—¡No puedo matar a nadie si hay tanta gente delante! —exclamó Leickran señalando a los Merodeadores.
—Ya está bien —dijo Lumi. No levantó la voz, no hizo falta. A todos les inspiró algo de miedo, mínimo respeto—. Como no os calléis, seré yo la que coja ese cuchillo y se lo clave a alguien.
Liesl y Leickran se callaron. Odiaban que alguien les cortara sus peleas. Raven y Yeye la miraron con algo de miedo. Los Merodeadores estaban al borde del pánico y Annell y Lily la miraban con comprensión.
—¿Y por qué no usas uno tuyo? —preguntó Lily lamentando no poder fusilar a Dinah con la mirada—. ¿No llevabas uno debajo de la túnica?
—Sí —contestó Lumi con una sonrisa sádica que dio pánico a los Merodeadores—. Pero luego tendría que limpiarlo. Si uso el de Leickran, lo limpiaría él.
—Y un cuerno —espetó el alemán—. Lo limpiarías tú.
Lumi le dirigió una mirada feroz de las suyas.
—Bueno, vale —se acobardó Leickran.
Lumi tenía en su cara la sonrisa de las grandes victorias. Ella era la única en Hogwarts, Liesl aparte (porque Liesl siempre estaba aparte, era genéticamente rara), que sabía mirar a Leickran de forma que le imponía respeto. Y no siempre le salía.
—¿Cómo le irá a Remus? —se preguntó Sirius en voz alta.
—Seguro que no muy bien —respondió Lily—. Sólo Lumi es más terca que Anushka, y eso pocas veces.
—¿Yo? —saltó la morena a la defensiva—. ¿Y tú qué?
Sirius y James se miraron sonriendo, pero el chico de gafas pronto cortó la discusión con una observación que interesó a Lumi:
—Por cierto, tenemos que hacer las pruebas para el equipo de quidditch —comentó—. Necesitamos un cazador y dos golpeadores.
—¿Y cuándo las hacemos? —preguntó Lumi.
—No lo sé.
Ella soltó un desdeñoso resoplido de los suyos.
—Tal vez la próxima semana —se apresuró a decir James para no hacer enfadar (más) a la finlandesa, que estaba en el equipo como cazadora.
—Ah, bueno —respondió Lumi más calmada, para alivio de los demás.
—¿Alguno se va a presentar a las pruebas? —preguntó Lily en voz alta.
Hubo un pequeño silencio que Liesl se encargó de romper:
—Yo —dijo—. De golpeadora.
—Y yo —intervino Sirius.
Annell dudó un momento si se interesaba por el puesto por mero amor al juego o por Liesl, pero decidió no decir nada.
—Pues bien, el jueves hacemos la prueba, ¿sí? —preguntó James. Los interesados asintieron con la cabeza.
—Oye, Potter… —llamó Leickran—. ¿Qué era ese pergamino que le diste a Lupin?
Por un momento, Sirius, James y Peter cruzaron miradas de pánico.
—Una declaración de amor —mintió Sirius—. Lo interesante sería ver si surte efecto.
—Si lo escribió uno de vosotros, ya te doy yo la respuesta —dijo Liesl—. No.
—A Anushka le gustan las cosas con clase —rió Lily.
Los tres Merodeadores presentes se miraron con expresión herida.
—Chicas, voy a haceros una pregunta —dijo James—. Y me gustaría que me contestarais sinceramente.
—Hazla —dijo Annell en tono aburrido.
—¿Por qué nos odiáis? —preguntó Raven en tono de letanía.
Los demás lo miraron raro.
—¿Qué? Estaba claro que era esa pregunta.
—Sí, era ésa —admitió James—. ¿Me contestáis?
Ellas se miraron unas a otras; Raven y Leickran se unieron al cruce de miradas. Al final todos sonrieron de la misma forma psicópata propia sobre todo de los dos germanohablantes.
—No os odiamos —respondió Liesl en un tono que hacía pensar lo contrario, pese a que estaba siendo sincera.
—A la rata sí —matizó Raven mirando a Peter con asco.
Peter se escondió detrás de Sirius.
—Es sólo que nos divierte meternos con vosotros —concluyó Lily.
—Pues qué hobbies más raros tenéis —espetó Sirius.
—Y eso que no estamos la pandilla al completo —rió Annell—. Porque Anushka, Leickran y Liesl aliando fuerzas darían miedo a Dumbledore.
—No seas exagerada —le dijo Liesl.
—No exagero —respondió la pelirroja de ojos azules—. Lo que pasa es que nunca has visto tu propia cara de enfado.
—No, cuando me enfado no suelo tener ganas de mirarme al espejo…
—Oíd… —interrumpió Leickran—. ¿Vamos a ver qué hacen los tortolitos?
—¿Sabes dónde están? —le preguntó Lily.
—No, pero podemos buscarlos —dijo Leickran mientras se encogía de hombros.
—¡Vale! —exclamaron Lily y Annell al mismo tiempo mientras pestañeaban bastante emocionadas.
Y nada pudo detener a las pelirrojas. Empezaron a poner de pie a todos los que estaban sentados con brusquedad. Los Merodeadores las miraron y pensaron que esas dos, cuando se emocionaban, debían de ser más peligrosas incluso que Liesl.
—"Nah… No llegarán a tanto" —se rectificó Sirius.
Todos salieron de la sala común y comenzaron a caminar sin una dirección fija.
—¿Os habéis planteado que podemos estar todo el día buscando sin encontrarlos? —preguntó James.
—Claro que no, no seas idiota —espetó Lily—. Veamos… ¿Adónde iría Anushka?
—¿A los jardines? —sugirió Annell.
—¿A la lechucería? —preguntó Leickran.
—¿Al lago? —aventuró Lumi.
—Esto no será tan fácil como creía… —murmuró Lily.
James, Sirius y Peter intercambiaron miradas. Definitivamente, ésa no iba a ser su tarde.
—¿Nos dividimos? —propuso Sirius con una débil esperanza de alejarse del par de locos psicópatas germanohablantes.
—De eso nada. ¿Luego cómo nos comunicamos? —observó Annell.
—Quien los encuentre, que lance chispas rojas con la varita —indicó James con la misma débil esperanza que tenía Sirius de alejarse del par de locos psicópatas germanohablantes.
—Para que nos descubran —completó Liesl irónica.
—No, si somos discretos… —replicó Peter con la misma débil esperanza de sus amigos de alejarse del par de locos psicópatas germanohablantes.
—¿Discretos lanzando chispas rojas? ¿Tú eres tonto? —No se supo si Liesl preguntó o afirmó esto último, aunque como pregunta era una de sus favoritas.
Raven miró a la austriaca como si fuera la primera vez que la veía.
—¿Y todavía lo preguntas? —se sorprendió.
—¿No sabes lo que es una pregunta retórica?
Ah, pues sí era una pregunta.
—Volviendo a tierra firme —intervino Lumi—. Si está dentro del castillo la idea de las chispas no es buena idea por razones obvias, y fuera las podría ver cualquiera y pensar que pasa algo.
—Pero… —murmuró Peter.
—Nada —le cortó Liesl—. No nos podemos separar.
Sirius, James y Peter se miraron preocupados y decepcionados y después miraron a Liesl y Leickran.
—Si no queréis venir con nosotros, podéis separaros —les espetó la austriaca—. No aceptamos cobardes entre nosotros.
Peter miró esperanzado a James y Sirius. Él ya estaba acostumbrado a que lo llamaran cobarde, pero sus amigos no.
—No somos cobardes —dijo James fríamente.
—Nosotros también vamos —dijo Sirius a su vez.
Peter soltó un suspiro resignado. Annell miró a Liesl. No sabía si debía dirigirle una sonrisa o un reproche.
—Bueno, pues ya que os decidisteis, vámonos —dijo Lumi, y todos comenzaron a caminar escaleras abajo.
—¿Dónde buscamos primero? —preguntó James.
—La lechucería —respondió Lumi—. Si no están ahí vamos a los jardines, y luego al lago Negro.
—¿Y si no están en ninguno de los tres? —inquirió Sirius.
—Cogemos las escobas y nos ponemos a buscar desde arriba —respondió Lumi sin inmutarse.
—Tienes madera de líder —comentó Leickran.
—Ya —fue lo único que respondió Lumi.
—¿Y si aun así no los encontramos? —preguntó Peter.
—¡¿Podéis dejar de ser tan negativos? —gritó Annell—. ¡En todo caso los esperamos en la sala común!
—¿¡Y por qué no hacemos eso solamente! —gritó Peter.
Pero lo lamentó profundamente. Leickran se acercó a él, seguido de Liesl. El alemán cogió a Peter por el cuello y lo levantó un par de centímetros del suelo mientras que Liesl le apuntaba con su varita justamente a donde tenía el corazón.
—No vuelvas a gritarle. Ni a ella ni a nadie —le ordenó Leickran con una mirada peor que las de Lumi.
—O te juro que te mato —terminó Liesl con una de sus sinuosas sonrisas de serpiente.
—Aquí nadie mata a nadie —dijo Sirius en tono terminante—. Y vamos a la lechucería de una vez, que no tenemos todo el día.
—Qué atrevido —comentó Yeye—. Mira que hablar así a Lilí…
—Es que ya hay confianza —dedujo Lily con una sonrisa sarcástica—. La ha acosado durante tanto tiempo, que tienen una relación basada en la confianza y la convivencia.
—No veas cuánto —intervino Liesl lanzando una mirada asesina a Sirius, que se apartó de ella lo más que pudo.
Se dirigieron a la lechucería tranquilamente, algunos por vagancia y otros (por otros, entiéndase Annell, Liesl y Lumi) por llevarle la contraria a Sirius. Raven no quiso entrar, una de las razones por las que no quería dejar a Mei en la lechucería era porque no le gustaban nada los pájaros. Los cuervos eran la única excepción. Yeye decidió quedarse con su novio.
Liesl fue la primera en salir. Por suerte para ellos.
—Aquí no está —informó—. Os convendría dejar de besaros si no queréis que aquéllos sepan lo vuestro.
Ellos se separaron. Justo a tiempo, porque los demás salieron de la lechucería en aquel momento.
—¿Se lo dijiste? —preguntó Raven a Yeye.
—Se me escapó —asintió Yeye—. Pero sólo se lo dije a ella. Por suerte no había nadie más.
Raven suspiró con infinita paciencia.
—Bueno, no importa —dijo.
Y así, la alegre pandilla se dirigió a los jardines de Hogwarts. Entonces se dividieron en parejas para buscar, excepto Peter, que fue pegado a Sirius y James, aún turbado y horrorizado por los ojos de psicópata de Leickran y la sonrisa de serpiente de Liesl. Si no fuese porque sabía que él era alemán y ella austriaca, hubiese jurado que eran hermanos.
—Pues aquí no están… —lo sacó Sirius de sus pensamientos cuando terminaron de buscar en un pequeño sector de los jardines.
Regresaron a la puerta por donde habían salido. Poco después llegaron Lumi y Lily, que tampoco los habían encontrado. Lo mismo pasó con los otros grupos.
—Recordadme que mate a vuestra amiga si Remus le pide salir y ella le dice que no —dijo James a modo se queja mientras caminaban al lago Negro.
—Irónico, teniendo en cuenta que cuando llegamos al colegio ella casi te mata a ti —recordó Lily.
James soltó un pequeño gruñido.
—Da igual, por su culpa hemos recorrido casi todo el colegio —se defendió.
—¡Todo el colegio! —repitió Lily—. Eres un exagerado. El día que recorramos todo el colegio no sentirás las piernas al terminar.
—Lily tiene razón —la apoyó Annell.
—Bueno, como sea, buscad, a ver si están aquí —atajó Leickran.
—Como no estén, los mato a los dos —murmuró James.
—Y yo te ayudo —murmuró Sirius a su vez.
—¿Y cómo, si no los encontráis? —preguntó Liesl—. ¿Con el pensamiento? Vais listos.
Los dos Merodeadores le dirigieron una mirada antipática. Ella sonrió con malicia.
Pero Sirius y James no tuvieron que comprobar lo difícil que era la vida del asesino, algo de lo que Anushka, Leickran y Lumi se quejaban de vez en cuando. Liesl no, porque decía que le gustaba y que era un buen hobby. Los Merodeadores no sabían si bromeaban, y normalmente, cuando salía el tema, solían rezar para que fuera broma. Sus vidas lo agradecerían mucho.
Anushka estaba enfrente del lago, lanzando piedras al agua. Parecía como si las estuviera lanzando por no lanzarse ella. Remus, apoyado en un árbol, ponía cara de suplicio, de lo que los demás dedujeron que se había hartado de intentar que le hablara.
—Qué panorama más deprimente —comentó James un poco decaído.
—Y que lo digas —añadió Sirius.
—Os falta abrazaros y llorar —se burló Lumi—. Y seríais la viva estampa de Yeye y Annell.
Yeye, Annell, Lily y Raven la miraron mal.
—Pero es que tienen razón —objetó Annell—. Mira a Lupin. ¿Cuándo le has visto una cara así?
Lumi se paró a pensar un momento.
—Uhm… Bueno, tampoco es que me importe demasiado —dijo encogiéndose de hombros.
—Si no te importa, ¿qué estás haciendo aquí? —le preguntó Sirius de malos modos.
—Las dos noveleras éstas —señaló a Annell y Lily— nos arrastraron a todos. Y a ellas no puedo ni quiero matarlas.
—Gracias, me quitas un peso de encima —suspiró Lily.
—Hagan sus apuestas, señores —dijo Leickran—. ¿Quién se tirará primero al lago? ¿Anushka o Remus?
—Anushka —dijo Liesl.
—Remus —contradijo Annell.
—¿Y si se tiran juntos? —inquirió Lily.
—Entonces me arruinas la apuesta —le respondió Leickran.
—O mejor dicho, la gana Lily —corrigió Lumi.
—Remus tenía razón, cómo queréis a vuestra amiga —les dijo Potter.
—No seas idiota —escupió Lily—. Si se tiraran al lago, ¿en verdad crees que los dejaríamos ahí?
—Es que de vosotros ya no sé qué esperar… —respondió James.
Lily le gruñó un poco antes de volver a prestar su atención a Remus y Anushka.
—¿Y por qué demonios no hablan? —preguntó Annell—. Yo esperaba encontrar una bonita escena de ellos dos abrazándose con el sol anaranjado del atardecer reflejado en el lago.
—Yo también… —murmuró Lily decepcionada.
—Tengo la respuesta a eso —intervino Leickran—. No se abrazan porque Anushka lo mataría a golpes, y no hay atardecer anaranjado porque el cielo está nublado.
—Bien, Leickran, arruíname las esperanzas —comentó Annell con sarcasmo.
Instantes después, Anushka se puso en pie y comenzó a caminar hacia donde estaban ellos.
—No nos habrá visto, ¿o sí? —preguntó Lily con una nota de pánico en su voz.
—No lo sé… pero para evitarnos dramas… ¡Corred! — dijo Annell, y todos salieron corriendo en diferentes direcciones.
—Oye, ¿a dónde vas? —le preguntó Remus, pero Anushka no se dignó ni a mirarlo.
—Les parecerá bonito ponerse a espiar a los demás —siseó con voz enfadada.
—Me parece precioso —susurró Sirius, cuyo oído de animago no tenía mucho que envidiar al de licántropo de Remus, desde su escondite.
James le dio una colleja.
—¡Calla, imbécil, que como te oiga…!
—Huy, es verdad.
—Anushka, ¿sería demasiado pedirte que me miraras una condenada vez? —preguntó Remus, que no se había dado cuenta de nada porque estaba preguntándose por qué la rusa se había enfadado con él, si la fastidiosa era Alison.
—Sí —respondió ella sin inmutarse.
—Ésa es nuestra Anushka —susurró Liesl en su escondite, que no era el mismo que el de los Merodeadores.
—Eres cruel —le dijo Annell con cara de admiración.
—Gracias —respondió Liesl.
—Me has dirigido un monosílabo, un gran avance —gruñó Remus.
Anushka no le prestó atención. Buscó con la mirada a Lumi, pero ella también se había escondido, y bastante bien. Soltó un suspiro y se aseguró de llevar la varita.
Se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia Remus. El chico pensó que iba a hablarle, pero Anushka pasó de largo. Remus se sintió profundamente decepcionado y se enfrascó en sus pensamientos, maldiciendo mentalmente a Alison. Veía a Anushka, pero no pensaba en ella.
—¿Podemos salir ya? —le preguntó Sirius a James.
—No… Piensa que si aún sigue ahí y está esperando a que salgamos, vamos a estar en serios problemas —respondió el buscador con toda la razón.
Y como ninguno de los espías salió de su escondite, todos se quedaron ahí.
De golpe, Remus reaccionó y vio que Anushka se dirigía al Bosque Prohibido.
—¿¡Adónde vas! —le gritó mientras salía corriendo hacia ella.
—Shh —lo mandó callar—. Estoy segura que en el bosque hay un mortífago.
—¿¡Qué! —preguntó más bajo.
—Tú no preguntes. ¿Vienes o te quedas? —preguntó Anushka en voz baja.
Remus suspiró. Aquello era una locura.
—Voy…
Sacó la varita y la siguió de cerca.
—¿Qué te hace pensar que hay un mortífago en el bosque? —susurró.
—Cállate. Te puede oír.
Cuando desaparecieron entre los árboles, los demás salieron de sus escondites, muy sorprendidos.
—¿Un mortífago en el bosque? —repitió Sirius.
—¡Pero eso es imposible, hombre! —gritó Peter en dirección al bosque.
—¡No grites! —ordenaron James y Lily al mismo tiempo.
Liesl y Yeye se miraron, Liesl parpadeó, Yeye se mordió el labio inferior.
—¡¿Pero cómo no se me ocurrió antes?—gritó él tirándose al suelo en plan dramático.
—Maldición, es cierto —dijo ella, al mismo tiempo.
—¿Podríais explicaros? —pidió Sirius con paciencia.
—Sencillo. Del color del rayo que recibió Kali, que no fue herido por ciencia infusa, por si pensabais lo contrario —explicó Liesl—, Yeye y yo dedujimos que recibió una maldición asesina. Y lógicamente, sólo un mortífago lanzaría una maldición asesina en el bosque en mitad de la noche. ¿Os habéis enterado o lo tengo que volver a explicar?
—Vamos —Raven se dirigió al bosque, aparentemente sin dar importancia a si alguien lo seguía o no.
—Rave… ¿y si es peligroso? —preguntó Yeye desde el suelo.
—Pues a Anushka no pareció importarle demasiado —respondió el chico.
—Esperad, ¿y qué hace un mortífago en el Bosque Prohibido? —preguntó James.
—No lo sé… Tal vez no quería que Kali llegara a Howgarts —dedujo Lumi sorprendentemente tranquila.
—¿Pero por qué? —preguntó Annell la duda de todos.
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—¿Seguro que esto es buena idea…? —le murmuró Remus a Anushka.
Ella no respondió. Mientras más se adentraban al bosque, la niebla que los rodeaba se volvía más espesa, lo cual hacía que vieran cada vez menos. Entonces, tanto Anushka como Remus saltaron hacia diferentes lados, movidos por mero instinto.
—¡Avada kedavra!
Anushka soltó un grito de horror. Poco faltó para que esa maldición le diese a Remus o a ella.
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—¿Escuchasteis eso? —preguntó James de golpe.
—No, estamos sordos —ironizó Liesl.
A James, Sirius y Peter les sorprendió que aún pudiese soltar comentarios sarcásticos en esos momentos. Era una de las razones por las que Leickran y Lumi la admiraban.
Yeye se puso en pie con una velocidad inimaginable mientras que los demás sacaban sus varitas.
—¡Era Anushka! –exclamó.
—¡Vamos! —dijo Lily mientras todos salían corriendo hacia el Bosque Prohibido.
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—¿Estás bien? —le susurró Remus a Anushka en el oído cuando había conseguido situarse al lado de la chica, mientras buscaban entre la niebla la figura del mortífago.
Anushka sólo asintió. Aún sentía el calor que desprendía el rayo de energía verde. Ambos se habían agachado y comenzaban a sudar frío.
—Ese maldito… —le murmuró a Remus. Hablaba tan bajo que algunas palabras ni siquiera se escuchaban, pero Remus podía leerle los labios—. Estoy segura que es el que quiso matar a Kali. Vamos.
Empezó a gatear hacia el lugar de donde había venido el ataque, pero Remus la cogió por un tobillo.
—¿¡Estás loca! —susurró—. ¡Te va a matar!
Anushka le dirigió una sonrisa cínica.
—¿Y?
Remus lanzó un resoplido, que no llegó al nivel de los de Lumi, pero no le faltó mucho.
—No hagas el burro —susurró—. No estamos en condiciones de…
—¡Avada kedavra!
La maldición se dirigió hacia al pecho de Remus, pero Anushka se lanzó sobre él, aplastándolo contra el suelo, y evitó que le diera.
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Un rayo verde salió de entre los árboles, directo hacia Yeye. Raven ahogó un grito.
Al segundo siguiente, estaba echado encima del metamorfomago, respirando agitadamente. Yeye hizo un gesto de dolor.
—Rave, te agradezco que me hayas salvado la vida, pero las costillas las necesito enteras —susurró.
Raven se quitó de encima de él, se tragó las ganas de llorar por la impresión y lo abrazó, con el susto aún en su mente.
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—¿¡Estás bien! —preguntó Anushka histérica mientras se apartaba de encima de Lupin.
—¡Eres imbécil con ganas! ¡Te pudo haber matado! —le respondió éste, que no estaba mucho mejor anímicamente. A pesar de estar furiosos, hablaban en susurros casi inaudibles.
—Repito mi pregunta: ¿Y?
Remus la miró con enfado. Estaba a punto de gritarle que no quería cargar con eso en su conciencia, pero se mordió la lengua a tiempo, demostrando una clara diferencia entre él y James.
—Y tendría que llevar tu cadáver al colegio, y me harían demasiadas preguntas, y eso es aburridísimo —respondió fríamente.
Anushka abrió la boca, dispuesta a protestar. Primero parecía enfadada, aunque después parecía indignada y al final más bien parecía dolida.
—Supongo que si mataran a Alison sí te pondrías triste, ¿no? —preguntó ácidamente.
—¡Ya te dije que…!
—¡Avada kedavra! —Los dos volvieron a agacharse a tiempo. Esa vez, Remus notó que era la voz de una mujer la que atacaba.
Anushka ni siquiera se molestó en mirar si Remus estaba bien después del ataque. Sabía que seguía vivo, eso era lo único que le importaba.
—Es muy poderosa… —murmuró él—. Vámonos.
La rusa no discutió. Ambos, a gatas para no ser descubiertos por la mortífaga, se alejaron de ahí. Cuando ya estuvieron a una distancia prudencial, comenzaron a correr. Sin importarles los cortes que les producían las ramas o los raspones que se hacían al caer unos momentos.
Remus corría un poco adelantado, hasta que tropezó con alguien y cayó al suelo. Otra vez.
—¡Coño, James, qué susto! —protestó, luego cayó en la cuenta—. … ¿James? ¿Qué haces aquí?
Miró a su alrededor, todos sus compañeros estaban allí. Reparó en el aspecto aterrorizado de Peter, pero no le dio mayor importancia, él también tenía miedo. ¿Cómo no tenerlo con aquella loca, no importaba quién fuera, lanzando maldiciones asesinas?
—Buscar un mortífago extraviado —respondió James con naturalidad, como si fuera algo de rutina el buscar un mortífago extraviado—. ¿Y tú?
—También… Por lo pronto descubrimos que es una mujer…
—¡Avada kedavra!
Todos se agacharon, aunque esta vez nadie tuvo que tirar a nadie al suelo.
—Yo conozco esa voz —susurró Sirius.
—¿Es que esa tipa no se va a cansar? —rezongó Lily—. Ya ha atacado cuatro veces y todavía no le dio a nadie…
—A Yeye no le dio porque Raven tiene muy buenos reflejos —observó fríamente Lumi.
"Sobre todo si se trata de salvarle la vida a Yeye" —pensó Liesl con un sutil dejo de amargura, tan sutil que ni ella misma lo notó, y sin alterar lo más mínimo la (ausencia de) expresión de su cara.
—¡Avada kedavra!
La maldición rompió una rama que le cayó en la cabeza a Peter. Lily se puso en pie, poniendo buen cuidado en interponer un árbol entre ella y la mortífaga. Por si las moscas, o mejor dicho, por si las maldiciones.
—Tenemos que avisar al profesor Dumbledore —decidió—. No es buena idea dejar a una mortífaga suelta por el bosque. Ahora que Kali no está volando por encima, no sabemos qué puede estar haciendo aquí.
—Bien… ¿Cómo salimos corriendo sin que alguien corra el riesgo de recibir la maldición de lleno en la espalda? —preguntó Annell.
—Fácil, ponemos a la rata detrás de nosotros. Como es tan gorda nos cubre a todos y tampoco sería una gran pérdida —respondió Leickran.
—Nos cubre de cintura para abajo —le recordó Annell—. ¿No ves que es enana?
—¿¡No podéis dejar de molestar a Peter ni en momentos así! —les preguntó James furioso.
Annell y Leickran cruzaron miradas.
—No… —respondieron al mismo tiempo.
Peter los miraba. No sabía a quién debía tener más miedo, si a la mortífaga o a los dos extranjeros. Sirius se puso delante de Peter.
—Aquí no va a morir nadie —afirmó.
—¿Entonces corremos a la desesperada? —preguntó Leickran, mirando hacia atrás de vez en cuando, por si volvían a lanzar alguna maldición.
—Si se os ocurre algo más eficaz, no dudéis en decírnoslo —respondió Remus.
Hubo un pequeño silencio donde sólo se escuchaba algunas pequeñas ramillas romperse.
—En vista de que a nadie se le ocurre nada, tomaremos la idea de correr como locos… —intervino Lily—. Cuando cuente tres… uno…
—¡Tres! —gritó Peter nervioso.
Todos salieron corriendo con todo lo que daban sus piernas.
—¡Avada kedavra! —volvió a gritar la mortífaga.
—¡Al suelo! —ordenó James. Todos se tiraron de golpe y sintieron sus respiraciones cortarse momentáneamente al chocar contra el suelo.
Volvieron a salir corriendo, pero para su alivio, la mortífaga no los volvió a atacar. Llegaron corriendo casi hasta la orilla del lago Negro, donde todos se pararon, jadeantes y aún con miedo.
—¿Y me podéis decir… —jadeó Anushka— por qué a nadie se le ocurrió antes lo del mortífago…?
Miró con cierto reproche a sus amigos.
—No —respondió Liesl sin inmutarse.
Ni siquiera la frenética carrera le había hecho cambiar su (ausencia de) expresión, y su cabello continuaba impecablemente peinado. Las únicas señales de que se había cansado eran que estaba jadeando, el rojo de sus mejillas y una finísima línea de sudor sobre su frente, que ella limpió con un gesto impaciente.
—¿Vamos a ver al director, sí o no? —dijo Lily, a quien no interesaban prácticamente nada las posibles respuestas a la pregunta de Anushka.
—Vamos. —James se puso en pie, sus tres amigos y Leickran lo imitaron.
El buscador ayudó a Lily a levantarse y ella le agradeció con una sonrisa. Leickran ayudó a Annell, Anushka rechazó la ayuda de Remus, Peter esperó a que terminaran, Yeye y Raven ni se dieron cuenta de que ya se habían puesto en pie antes que nadie, y las antárticas se levantaron solas.
—¿Tenemos que ir todos? —preguntó Yeye—. Me parece un poco absurdo.
—Aye, a mí también —dijo Raven con indiferencia—. Si hay que ir, se va, pero yo no sirvo para contar historias, así que no sé qué iba a hacer ahí.
—Que vayan Anushka, Remus, Liesl y Lily —sugirió Lumi—. A Anu y Liesl se les ocurrió la idea de lo del mortífago. Bueno, y a Yeye también, pero el pobre está conmocionado. Casi lo matan ahí dentro. —Yeye ahogó un sollozo y se apoyó en el pecho de Raven—. Remus fue con Anushka y Lily fue la que sugirió ir a contárselo al director, así que creo que son la mejor opción.
Así, la alegre pandilla se separó. Mientras que Liesl, Anushka, Lily y Remus fueron al despacho del director, los demás regresaron a la sala común, con la esperanza de pasar el resto de la tarde sin mayores incidentes. Yeye quería ir a visitar a Kali, pero en cuanto se sentó en el sofá apoyando su cabeza en el hombro de Raven, sintió cómo empezaba a ganarle el sueño.
—¿Creéis que fue la misma que atacó a Kali? —les preguntó Leickran a Lumi y los Merodeadores—. ¿Quién nos asegura que no hay más mortífagos en el bosque?
—El hecho de que si hubiese más, habrían ido a ayudar a aquella mujer —respondió Lumi—. No creo que sea muy buena noticia para ellos saber que los hemos descubierto.
—Aunque tal vez nos atacó sólo ella para eso mismo —opinó Sirius—. Para que creyéramos que no hay más mortífagos.
—Podría ser —aceptó Lumi.
—Pues qué mal rollo… —comentó James.
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Anushka iba en cabeza, seguramente porque era la que iba con paso más rápido. Quería acabar con eso cuanto antes. Quería encerrarse en su habitación el resto de la tarde. No. Más bien quería encerrar a Alison Zegers en un ataúd para el resto de su vida.
—Anushka… —murmuró Liesl, que la seguía de cerca—. Yo sé que es malo que haya mortífagos en el bosque, pero tampoco es para ir casi corriendo al despacho de Dumbledore.
Anushka soltó un gruñido.
—No te esfuerces, ha tenido un mal día —comentó Lily mirando de reojo a Remus, que iba el último.
—¿No os parece inquietante esto? —dijo el licántropo—. A saber cuántos más habrá.
—No intentó matarnos —añadió Liesl.
—¿Ah, no? ¿La avada kedavra no es la maldición asesina? —preguntó Anushka en tono sardónico.
—Por supuesto —respondió la metamorfomaga—. Pero no estaba apuntando a un blanco fijo, ni nos lanzó ninguna maldición cuando estábamos corriendo de espaldas a ella. Da qué pensar, ¿no?
—¿Qué quieres decir? —indagó Lily un poco asustada.
—Que le daba igual matarnos o no. Lo que quería era asustarnos y que nos fuéramos —concluyó Liesl.
—¿Por qué? —puso el dedo en la llaga la pelirroja.
—No lo sé. Pero algo me dice que Voldemort tiene planes que cumplir en el Bosque Prohibido.
El tono de voz de Liesl era tan sombrío que los otros tres se detuvieron y la miraron bastante sorprendidos.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó Remus suspicazmente.
—No lo sé. Lo sospecho. —Ella pasó delante.
—¿Habrá más como Kali en el bosque? —les preguntó Lily—. Más… Caídos.
—Puede ser —respondió Anushka—. Tiene su lógica. Si Kali no murió al recibir una avada kedavra en su órgano más importante, eso quiere decir que son criaturas muy poderosas, y a Voldemort no le debería gustar el hecho de tener que luchar contra criaturas así. O se vuelven aliados o los mata. Y siempre hay traidores.
Lily y Remus de vez en cuando soltaban respingos al escuchar a Liesl y Anushka pronunciar el nombre de ese mago tenebroso con tanta naturalidad. Pero ellas no parecían darse cuenta.
—¿Entonces sí hay más Caídos en el Bosque Prohibido? —le preguntó Lily con gravedad.
—No lo sé. Puede que todo lo que haya dicho ahora sean estupideces y que esa mortífaga sólo estuviera en el bosque por cualquier otro motivo.
Se detuvieron delante de la gárgola del despacho de Dumbledore. Se miraron unos entre otros algo confundidos, sin saber qué hacer. La enorme gárgola de piedra no se movería sin la contraseña o sin Dumbledore en sí.
—¿Aún no te has metido en líos, Liesl? —preguntó Anushka con una especie de sonrisa burlona pero amistosa. Liesl negó con la cabeza—. Entonces nos enfrentamos al problema del otro día.
—¿El otro día? —preguntó Remus.
—Cállate —le cortó Anushka.
—Ésa no parece una forma muy amable de tratar a su compañero, señorita Maycov —intervino una voz.
Los cuatro chicos se giraron como movidos por un resorte. De pie, con una túnica larga de color azul oscuro, estaba Dumbledore.
—¿Y qué les trae por aquí de nuevo? —preguntó Dumbledore—. ¿Otro Caído?
—Pero… —susurró Lily.
—Mortífagos, señor —explicó Anushka—. En el Bosque Prohibido.
—En realidad sólo era una, y no parecía que quisiera matarnos… —puntualizó Liesl.
—Claro, como tú no tuviste que saltar para que no te diera de lleno —gruñó Remus.
—¿Están seguros de que era una mortífaga? —preguntó Dumbledore repentinamente serio.
—¿Quién más iba a lanzarnos maldiciones asesinas? —preguntó Liesl a su vez.
—En eso tiene razón —admitió el director.
—Casi mata a Yeye —susurró la austriaca, y esta vez sus ojos sí expresaron algo: miedo.
—Ya veo. —Los ojos del director se clavaron en los de ella—. El señor Dalton goza de un privilegio que sólo tienen otras tres personas en toda la escuela.
Anushka, Lily y Remus lo miraron sin comprender.
—La señorita Von Prater sabe a lo que me refiero —sonrió Dumbledore—. Cuéntenme qué paso. Y no vuelvan al Bosque Prohibido. Cada vez que se acercan ahí, alguien acaba en peligro de muerte.
Aclaraciones
Saga es la mascota de Liesl, una serpiente.
Sección de explicación de frases de Haku:
El señor Dalton goza de un privilegio que sólo tienen otras tres personas en toda la escuela. A saber: Annell, Leickran y Raven. El privilegio es importarle de verdad a Liesl. Que yo no lo llamaría privilegio, pero bueno. Es que Dumbledore es un tipo muuuuuy educado. Liesl por Annell tiene una especie de instinto de protección. Leickran es su compañero asesino, son los dos locos psicópatas germanohablantes. Y Raven y Yeye son sus mejores amigos desde tiempos inmemoriales. O sea, desde que entraron en Hogwarts.
Amber Donahue y Dinah O'Flanagan son personajes creados por Haku.
Extraños saludos. Portaos mal y pensad peor, que es muy divertido, y comed bichos porque luego ellos os comerán a vosotros xP (total, son proteína pura).
Se despiden Annell y Haku, los Ángeles de Oscuridad.
