+_CONFLICTOS_+
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Capítulo XI: Encrucijadas
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Una nueva entrega. Espero poder terminar esto ha tiempo, me disculpo por el anexo, no salió como lo esperaba, pero al final decidí hacerlo sencillo.
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Agradecimientos por review a: lirionegro-san.
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Disclaimer:este anime no me pertenece ni los personajes, son de Temari Matsumoto y Tomo Takabayashi, sólo uso de ellos para mis locas ideas, por lo tanto no recibiré ningún benéfico de esto, sólo ver a mi lindo Wólfram feliz con Yuuri.
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En el capítulo anterior:
-Lo sabía, desde hace mucho tiempo…-suspira cansado abandonando la idea de continuar la conversación -¿Crees que has traicionado su confianza, tal vez la mía? –continua implacable mientras nota como los hombros del castaño se van tensionando. –No te sientas culpable, sólo asegúrate de seguir siendo un buen consejero y un verdugo cuando sea el momento –enfila sus pasos hacia la salida dejando a un mudo soldado de pie en medio de la habitación.
-Gwendal –resuena la voz hasta convertirse en un susurro -¿Qué harás ahora que los has confirmado?
-Nada –le responde contundentemente –Un llamado de atención a Yozak y un castigo a Wolfram cuando acabe todo este teatro. Sin embargo, si algo sucede por su irresponsable aptitud, lo encerraré en un oscuro calabozo para juzgarlo como traidor hacia Su Majestad –finaliza duramente antes de abandonar la instancia.
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-Tiene calculado todo ¿No es así?
-No todo.
-Shibuya ¿Cómo entra él en este plan?
-Ya está en él. Lo único que espero de usted es su colaboración como buen consejero del rey. No permita que haga cosas innecesarias que pongan en peligro su propia vida.
-Querrá decir…no ponga en peligro lo que ha estado haciendo…
-Ahh…siempre tan sutil, Su Santidad.
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Se mantuvo firme frente al gran portón de madera caoba que comunicaba con la sala de reuniones. Unos segundos atrás se permitió dudar antes de entrar con la seguridad que había ganado en los últimos meses.
-Llegas tarde, Wolfram –regaño el noble dirigente de la familia Von Bielefeld. La habitación donde los tres hombres a parte de él se hallaban ubicados era la más espaciosa de todas. Su decoración era sencilla pero resaltaba el estilo elegante y solemne de las reuniones que allí se celebraban.
-Lo siento tío. Tuve algunos asuntos que atender primero –miró la figura del mayor con detalle. Sonrió –Me alegro que se haya recuperado totalmente.
El rubio le devolvió el gesto y le invitó a tomar asiento a su lado.
-Ya que estamos todos debo aclarar que los asuntos que aquí trataremos serán comunicados a las otras familias –finalizó Waltorana ante la atenta mirada del público. -¿Hay alguna objeción?
-No veo porque deba ser ocultada esta información a las otras familias –los demás asintieron a la declaración del pelinegro –Ahora, Lord Waltorana ¿Será usted quién se encargue de la seguridad extra del castillo el día del baile? Shin Makoku ha dispuesto del mejor personal para esa tarea, aunque los representantes de las familias han insistido en un complemento.
-Estoy de acuerdo con ellos, Von Voltaire. Yo me encargaré de los respaldos, aunque no de la forma en que la mayoría cree.
-¿Qué quiere decir? –Cuestionó el castaño a un lado de la gran mesa de reunión.
-Serán los ojos que espían sin ser vistos –sonrió con malicia el ojiverde ante la cara incrédula de su hermano mayor –Konrad, ¿No has tenido la sensación que las sombras observan silenciosas sólo como testigos, pero en el momento en que te descuidas se expanden cubriéndolo todo?
Los tres hombres permanecieron callados. La idea por sí sola parecía intimidante, y más de la persona de la que provenía. Lo miraron de reojo mientras bebía tranquilamente del té en su mano derecha.
Un gruñido de desaprobación vibró en la garganta de Gwendal. -¿Pasarán por invitados de la ceremonia? Lord Waltorana no cree que esa táctica sea demasiado débil para…
-Por el contrario –fue interrumpido por la expresión entusiasta del otro – el enemigo estará concentrado en los soldados y la vigilancia de los alrededores. No podrán diferenciar un soldado mazoku de un noble. Contrariamente a lo que sucede con los humanos.
-El asumirá que todos los nobles mazokus son potenciales obstáculos, pero no puede eliminarlos. Así mismo, el comportamiento orgulloso y la forma que los caracteriza nos aseguran que alguno irrespete al anfitrión de esa noche –finalizó el hombre de ojos miel –En este caso sería a Yuuri-heika.
-Exacto. Serán el enlace entre el comandante u sus tropas.
-Si la vigilancia interna está resuelta, ¿Cómo van los preparativos de las tropas externas?
-Estarán a mi cargo, Lord Waltorana. No debe preocuparse estarán listas en las murallas y alrededores del castillo, además de patrullas en el pueblo y los mejores a la entrada de Shin Makoku. Ese día habrá toque de queda para todos los habitantes a partir del atardecer y nadie entrará a menos que tenga una invitación.
-Creí que yo me encargaría de esa parte –gruñó algo molesto. Observó al pelinegro conteniendo su impulso de reclamar por aquel robo de autoridad. Aquello se estaba saliendo de control.
-He hablado con el Maoh, ha decidido retomar sus obligaciones, eso te permitirá tomar un merecido descanso –la mirada azul contempló a la ojiverde, Wolfram se movió inquieto con un atisbo de furia en sus ojos – ¿Qué tiene que ver la decisión de Yuuri con que me retires definitivamente de la fuerza de inteligencia militar que tanto me ha costado crear? –las palabras salieron en tono de reproche.
-Una orden. Yuuri-heika ha dispuesto que sea yo quien dirija la parte militar. Te tomarás un retiro temporal.
-¿Qué? –exclamó muy molesto. El silencio repentino le confirmó una terrible verdad. -¿Lo sabían, verdad? ¿Desde cuándo?
-Desde ayer. Yuuri-heika sabe que estás tramando algo, quiere alejarte de cualquier cosa estúpida que intentes hacer. Ya que yo fracasé.
-Gwendal –llamó la atención el castaño. Sus ojos miel se fijaron en su hermano menor –Wolfram
-Cállate
-Wolfram –llamó el noble Von Bielefeld –Estás en la línea de cometer traición. Todos en esta sala sabemos que has estado utilizando a uno de los espías enviados por Von Voltaire para tus propios beneficios, y además, teniendo el conocimiento que aquella mujer hija del líder político de Shin Makoku es una espía, le has permitido caminar entre nosotros sin detenerla. ¿Todo esto justifica la venganza que intentas contra aquel hombre?
El aludido no respondió a la acusación, permaneció sentado en la silla con su vista fija en un solo punto de la mesa. La pregunta le seguía rondando en su cabeza, y a pesar de haber jurado con caer en sus más bajos instintos, la oscuridad que iba creciendo en su corazón contradecía su lado racional. No estaba seguro que era lo más adecuado para contestar al interrogante. No procesaba nada, porque repentinamente su mundo Comenzaba a distorsionarse.
Su mano se movió lentamente para tomar el pequeño recipiente de porcelana y llevarlo hasta sus labios y beber la fría infusión. Tenía sed, mucha, sin embargo, el contenedor estaba casi vacío. Lo depositó débilmente sobre la mesa, al parecer no estaba funcionando como refrescante.
Detendré todo cuando usted o heika estén en peligro. Mi prioridad es mantenerlo a salvo como pidió el capitán, no perseguir fantasmas de los que intenta inútilmente vengarse.
Mordió su labio inferior hasta casi hacerlo sangrar. Podía sentir las miradas de los otros hombres sobre sí acorralando en su propio rompecabezas.
-¿Sabes quién es el atacante? ¿El líder? –sonaron las palabras desde algún punto de la habitación ¿Por qué todo repentinamente se sentía tan extraño?
-Sí – y no supo con certeza porque estaba diciendo la verdad.
-¿Desde cuándo?
-¿Interesa?
-No, supongo que no. Sólo es curiosidad ¿Puede decírmelo?
Ah, la cordialidad frígida de su hermano mayor.
-Desde hace unas semanas. No recuerdo la fecha exacta, si a eso te refieres.
-¿Conoces la ubicación de los rebeldes?
-Si. Yozak supo descifrarla luego de algunas semanas.
-¿Por qué nunca lo mencionaste? ¡Podríamos haber ideado alguna contramedida para atacarlos, para frenar su avance hasta hoy! –el alto tono de voz de su tío le hizo recordar que este no perdía la compostura tan fácilmente, hoy era la excepción.
-No. Hubiera sido algo estúpido.
-¿Por qué?
-Sabes, la cantidad de armas movilizadas y de hombres a disposición bajo su mando supera con creces nuestro poder militar tanto antes como ahora. Solo hubiera sido una matanza sin justificación y habría perdido la oportunidad de tenerlo bajo la mira. El factor sorpresa… -finalizó cansado. Repentinamente su cuerpo se sentía más pesado de lo normal. ¿Qué diablos estaba sucediéndole? ¿Dónde había ido todo el enojo?
-Supongo que fue una decisión, aunque no la apruebo del todo –suspiró el pelinegro levantándose de su silla para estirar las piernas. No faltaba mucho pero por la expresión del mazoku de fuego, tendrían que terminar rápido. -Una última cosa ¿Cuál es el motivo? ¿Por qué atacarnos hace meses?
-El motivo lo es todo. Es lo que ha definido su forma de actuar, sus blancos. Ya lo había mencionado alguna vez. Venganza hacia el Maoh.
-¿Qué hizo el Maoh para provocar semejante enemigo?
-William… -susurró –soldado con título de arquero de la armada de Gran Shimaron… o al menos los últimas semanas.
-¿Qué? –los tres hombres exclamaron sorprendidos ante el giro de los acontecimientos. Por un instante callaron mientras enlazaban la nueva información obtenida.
El ojiverde no mencionó nada más, ya suficiente tenía con el creciente malestar. Se sentía físicamente mal. Su mirada borrosa observó las figuras de los otros moverse por la habitación y conversar sobre lo que iban a hacer pero su cerebro ya no podía capturar nada más. A medida que detallaba los objetos en la sala, los ojos se fijaron en la taza vacía de té que había estado tomando en el transcurso de los minutos. Entonces con un brillo de lucidez miró los otros recipientes de sus cámaras, y la realidad se estrelló contra su cara.
Estaban completamente llenas. Lo había engañado.
Hubiera estallado en cólera y quemado todo a su alrededor, sin embargo, ante el mismo estado de letargia lo único que brotó de sus labios y garganta fue una risa estridente. Conrad, Gwendal y waltorana que discutían acaloradamente voltearon a ver al menor, quién reía a carcajadas todavía recostado en su sitio.
-Lo siento Wolfram –fue la única frase que se escurrió de la boca del pelinegro.
El rubio se convulsionó un poco más antes de limpiarse con sus mannos temblorosas los ojos llenos de lágrimas. –Me hicieron tomar suero de la verdad ¿Eh?
-Así es. Era la única manera de sacar la información que necesitábamos –se defendió Watorana.
-Pensé que ninguno intervendría
-Y no lo haríamos, pero heika se presentó ayer repentinamente con una orden –gruñó Gwendal retomando su asiento.
-Ah, después de todo Yuuri resultó ser astuto –recostó su cabeza. Vomitaría si continuaba hablando.
-Bebe esto, Wolfram. Quitará los efectos secundarios del té –Conrad le puso entre las manos un recipiente con un líquido transparente de contenido. Su delicado toque en sus manos y otro en su frente le parecieron maravillosos. Obedeció y dejó que el líquido hiciera su trabajo, pero no en ese lugar.
-No se lo digan a Yuuri… lloriqueará por esto. Es mejor que lo dejen pasar –se levantó sintiéndose algo débil. A paso lento abandonó el lugar ignorando los reclamos de sus hermanos y tío al moverse en ese estado.
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No estaba seguro cuantos minutos o horas habían vagado por el castillo, pero sus sentidos estaban más alerta y la pesadez en su cabeza casi había desaparecido. Se sentó entre las plantas del gran jardín para disfrutar de la sensación del césped entre sus dedos y la brisa de media tarde. No estaba preocupado. Al iniciar el día había hecho los últimos movimientos antes de ser descubierto, el resto dependía del efecto dominó que se produciría dentro de poco. Yozak ya había jugado su papel así como el resto de peones que disponía bajo su mando. Solo falta él. Estaba seguro que aquel hombre intentaría comunicarse para despedirse, después de todo era un idiota cuando se trataba de esas cosas. Extrajo la hoja y la pluma que mantenía en su ropa. Escribir sería un lío en aquel lugar y en ese momento, pero necesitaba utilizar las ultimas fuerzas para él.
Los minutos pasaron y aunque la caligrafía era pésima, aún era legible. Lo colocó en el bolsillo de sus solapas, Conrad no cambiaría su chaqueta favorita. Y nadie se atrevería a ver el contenido dela carta. Sólo esperaba que aquel hombre recordara las palabras que alguna vez le dijo.
"Busca en los bolsillos de mi abrigo, tal vez algún día encuentres un regalo de mi parte".
-¿Tomando un descanso después del interrogatorio? –le sorprendió una voz a sus espaldas. Levantó su rostro hacia atrás para poder observar al recién llegado. Para Murata fue un hecho inesperado y a la vez, un mal presagio. Se acomodó los lentes sentándose al lado del mazoku.
-Lo siento Von Bielefeld, nunca esperé que su tío pudiera llevar a cabo esa clase de tácticas para extraer información –se disculpó en voz baja pero firme. El ojiverde negó con la cabeza –Era lo que ocurriría tarde o temprano. Conozco a mi tío y se cuáles son sus límites. No me sorprende.
-Ha sabido controlar bien su temperamento.
-No se sorprenda su Santidad. Sólo es una fachada –fijó sus orbes verdes en el otro. Meditó unos instantes y luego se decidió.
-¿Sucede algo Wolfram?
-¿Estaría dispuesto a escuchar lo que tengo que contar?
La expresión desconcertada del pelinegro le hizo reír. La confianza era un vínculo que compartía con aquel hombre. Realmente le gustaba.
-Su Santidad, me gusta mucho –las palabras flotaron en el aire –confío en su criterio y en su experiencia por eso quiero que se encargue de que este plan con el cual le uní con Shinou resulte bien y no se salga de control. Yo he perdido mi autoridad y no creo que sea capaz de finalizarlo.
-¿No ha calculado todo?
-No. Aunque de cierta forma lo esperaba, aunque no de un momento a otro –fijó su vista hacia la enorme fuente de agua cristalina que caía serena y obediente –Sin embargo me alegro, porque estoy cansado de todo esto y sé que mis hermanos, mi familia y Shin Makoku también.
-Wolfram ¿Qué…?
-Shh… permítame terminar y entonces se dará cuenta que no todo es lo que parece – y la sonrisa melancólica que adornó el rostro del pálido mazoku le hizo mover el corazón.
-Nunca hubiera podido llevar a cabo esto solo. He tenido que recurrir a mis habilidades más detestables para controlar a Yozak y mantener en silencio a Conrad, aunque eso vaya en contra de sus principios. Las familias nobles no han sido difíciles su ansia de venganza y de recuperar el orgullo perdido sobrepasa inclusive mis más obsesivos deseos. Los soldados no han contradicho nada, después de todo sus funciones no son de razonar. Sin embargo…
-Sin embargo, necesitaba alguien más para poner todos eso recursos en movimiento -¿Cómo es que logró infiltrar exitosamente a Yozak? ¿Cómo el enemigo permitiría en tan poco tiempo…?
-Esa es la mejor parte. Es usted muy perspicaz, su Santidad.
Los ojos negros del Gran Sabio se abrieron desmesuradamente, aquella revelación nunca había pasado por su cabeza. Atribuyó la buena suerte del ojiverde a los poderes de Shinoui-heika, pero no estaba preparado al ver como su secuencia mental de supuestos caían como débil torre hecha de cartas –Tú…
-Lo conocí mucho antes de la emboscada del castillo. Estaba enojado por la repentina huída de Yuuri a su mundo, el estar inválido por semanas en una cama para recuperarme de una flecha que algún idiota le había lanzado al maoh y para completar, una ridícula misión asignada por mi hermano en un pueblo olvidado. El hombre estaba lastimado de gravedad, aunque el muy descarado se las ingenió para eliminar a alguno de mis soldados. Era el culpable de aquel caos en aquel lugar. Un militar para nada agraciado que intento cruzar espadas conmigo pero fracasó. Lo amenacé y para mi sorpresa supo caer desmayado ante mis pies. Luego, simplemente, el tiempo pasó y me acostumbré a él. Prometió devolverme el favor de salvarle la vida cuando yo llegara a necesitar alguno –una sonrisa volvió a verse en su cara –Nunca pensé que podría estar hablando en serio. Regresó un día cualquiera cuando mi humor era agrio y con la idea incrustada en mi mente de vengarme de aquel sujeto que casi mata a mi familia y quemó mi hogar. En esa ocasión se presentó, y lo que más me impactó fue enterarme fue que él era mi puente entre mi objetivo y yo.
-Víctor
-¿Por qué me está contando todo esto?
-Ya se lo dije, porque confío en su criterio. Nadie más sabe de esto. Era un secreto, pero debo suponer que si algo sale mal necesitará esta información. El resto de la historia puede obtenerla de mis archivos personales, puede decírselo a los demás. Los perfiles de todos los involucrados, excepto de Víctor, y la causa que inció todo.
-¿Lo está protegiendo?
-Revelar su existencia y ayuda no es necesario. Él no es un peligro contra nosotros.
-¿Y ese mujer?
-hablé con ella en una ocasión, dejándole claro que si lo intentaba de nuevo la atraparía. Pero ha desaparecido, supongo que también fue descubierta por ellos. Será un problema encontrarla antes del baile, supongo que ella fue un error no enmendado.
-¿Ella lo sabe todo?
-No.
-¿Le ha dado información a Víctor sobre los planes del baile?
-Si
-Necesitaba que el pudiera entrar.
-Wolfram… ¿Acaso ha pensado que esto puede convertirse en un mal presagio?
-Por eso usted estará al tanto de todo. Nada fue al azar, sólo prueba y error. No permita que ellos ni los nuestros lo cometan.
-¿Cómo pretende que lo haga si no conozco…?
-Diviértase armando el rompecabezas… -sonrió de forma maliciosa. Por alguna razón aquel mazoku le parecía igual de peligroso que Shinou-heika. No se atrevió a realizar conjeturas sin averiguar más. Necesitaba pensar.
Notó que el rubio acariciaba las esclavas en sus muñecas. Una en cada brazo con relucientes zafiros lilas entre cada eslabón de oro. Era nueva, no le conocía semejante prenda.
-¿Por qué lleva ese tipo de piedra mágica letal para su condición? –señaló la joyería que relucía bajo las mangas de su chaqueta.
-Es un regalo y también restricciones. Las cadenas que me atan a una promesa.
Su tono formal se hizo presente, y entonces decidió volver a actuar su papel –Von Bielefeld…
-¡Wolfram! –el grito alegre de una niña interrumpió el momento del pelinegro para preguntar por la salud mental del noble.
La pequeña corrió veloz y se abalanzó contra la figura de su padre. Wolfram la estrechó en su brazos sintiendo el aroma de su preciado tesoro -¿Qué sucede Greta? -la miró a los ojos detallando cada parte de la chica -¿Y las clases?
-Quedaron suspendidas. He decidido que debemos tomar un descanso –aclaró el pelinegro recién llegado al lado de la niña –Hola Wolfram.
-Yuuri…eres demasiado blando –la risa tonta como respuesta era como música para sus oídos.
-Bueno, creo que me retiro. Tengo cosas que hacer…
-No, no, Murata, debes ayudarme, estamos planeando unas onces aquí –le detuvo antes de verlo huir como siempre lo hacía.
-Shibuya –se acomodó los lentes algo incómodo.
-Y no aceptaré un no –declaró feliz mientras se alejaba para traer las cestas con la comida.
-¿Sabes? He aprendido un movimiento nuevo con la espada. Pero aún no puedo lanzar rayos como tú, Wolfram –la niña hizo un puchero mientras se levantaba y daba vueltas por el lugar.
-Con el tiempo Greta, además, la magia es de cuidado. Debes tener más edad.
-¿Puedes lanzar rayos? –interrogó curioso el maoh desde su posición.
-No lo grites Yuuri. Ya los has visto, y no había preguntado. Por Dios que bullicioso –levantó su brazo para dejar relucir la esclava de oro en su muñeca.
-¿Eh, que clase de magia es?
-Es humana Shibuya. Es houseki modificado que reacciona a la energía mágica de los mazokus –explicó con detalle ayudando al otro chico con las cosas.
El rubio se levantó y caminó hacia la silueta de la pequeña que corrí alegre por el enorme jardín. Levantó sus ojos al cielo. Las tonalidades amarillas, naranjas con algo de morado se mezclaban con el azul del fondo y el blanco de las nubes. Se permitió sentir una vez más la sensación de estar protegido por una familia que estaba unida de nuevo y la falsa idea de que todo lo sucedido había sido un mal sueño. Una lágrima solitaria se deslizó a través de su mejilla, con cuidado la limpió. Observó sus manos, aquellas que habían matado, torturado e incluso lastimado a sus seres queridos. Por eso estaba cansado, quería abandonar todo y soñar con algo, quería…
-Lo siento, Yuuri – fueron palabras suaves, dolorosas y con miles de significados. Pero sabía que su prometido llegaría a entenderlas. El pelinegro dirigió su mirada hacia el mazoku, había sido un susurro pero lo escuchó -¿Qué sucede Wolfram? –su pregunta quedó en el aire mientras todos los presentes contemplaban sorprendidos como el cuerpo del ojiverde perdía equilibrio y caía inconsciente al suelo.
-¡Wolfram!
Yuuri corrió, corrió para acercarse al chico desmayado, gritarle mil veces su nombre y reclamarle por esa broma de mal gusto. Lo tomó entre sus brazos comprobar su pulso, su respiración relajada y la laxitud de su cuerpo.
¿Qué es lo que te sucede, Wolfram?
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*_Anexo Final_*
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Detener a un Maoh fuera de control había sido complicado. Pero persuadirlo en medio de su caos mental para que soltara el cuerpo sangrante de su prometido había sido una tarea difícil y compleja. Hacerle entender a alguien que ha perdido la razón y sólo ve muerte es una labor peligrosa que Conrad asumió con gusto. A pesar de su sorpresa inicial cuando repentinamente un torbellino se hizo presente en medio del sombrío bosque, decidió correr entre sus enemigos para alcanzar la posición de aquel fenómeno sobrenatural donde estarían Yuuri y Wolfram, no tenía dudas al respecto. Pero encontrarse con el Rey demonio fuera de control y a un agonizante Wolfram en sus brazos había constituido el mayor de sus traumas. Lo ocurrido después simplemente no tenía importancia, afortunadamente tenía que agradecer a la oportuna ayuda de Saralegui y sus tropas que le brindaron protección cuando no podía defender al Maoh y tratar de mantener con vida a su inconsciente hermano al mismo tiempo.
Las siguientes horas transcurrieron lentas mientras intentaban estabilizar al rubio y transportarse de regreso a Shin Makoku donde Gwendal, Gunter y los demás los esperaban con los mejores médicos y miles de preguntas que responder. Afortunadamente para todos, la flecha que había atravesado al ojiverde no había comprometido gravemente órganos internos y la recuperación aunque lenta se daba.
-¿Cómo sigue Wolfram? –preguntó a un decaído maoh mientras tomaban la cena de aquella noche.
-Durmiendo
-Yuuri no debes culparte por lo que sucedió. El cumplió con su tarea nada más.
-¡Pero…! –se interrumpió. La sensación de perder al rubio había sido bastante fuerte, siempre había pensado en que el sería alguien invencible e intocable, aun así estuvo a punto de morir en sus brazos por un descuido que el provocó.
-Será mejor que descanse. Creo que es conveniente que piense en regresar a su mundo.
-¿Hablas en serio Conrad? –le miró con sorpresa. El adulto le sonrió en respuesta con aquella amabilidad en sus ojos que tanto lo caracterizaban. Los demás ojos contemplaban la escena sin inmiscuirse en la conversación.
-No me iré –se levantó molesto del lugar sin explicar a los demás comensales la repentina reacción de su parte.
Gunter lloró en silencio por la terquedad del rey y Gwendal acentuó más el ceño.
-Gwendal ¿Mandarás a Wolfram a alguna misión? –preguntó una vez el silencio volvió a hacer presencia en el gran comedor.
-Si, debe cumplir con el castigo. Aunque será en unas semanas cuando se haya recuperado.
-¿Crees que será buena idea…? –la pregunta flotó en el aire sin que alguno de los dos hombres presentes intentara hallar la respuesta.
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No estaba seguro porque estaba tan enojado. Aunque todos habían sido muy condescendientes, la confusión desde aquel día y la calma exasperante de los posteriores estaban colmando su aparente calma. A un en contra de sus propios inseguridades, se recostó al lado del ojiverde dormido en el lado de la cama vacío. Cuanto lo extrañaba, cuanto quería tenerlo reclamándole su pereza y debilidad, cuanto quería que lo consolara entre palabra y palabra. Sin embargo, sólo la respiración pausada era el único sonido que podía escucharse en la habitación.
Durmió con su prometido varias horas, en las cuales se sorprendió en no ser molestado por alguien reclamándole su falta de compromiso con su cargo.
-Quisiera que estuvieras despierto –le reclamó rozando levemente su mano con la del mazoku. Dejo a un lado las sábanas para entrar al baño, se relajaría bajo las aguas cálidas de aquella enorme tina y luego buscaría a Greta para idear alguna aventura.
Chapoteó como un niño probando la temperatura del agua y se mantuvo en cuclillas antes de decidirse a entrar –Creo que Conrad tiene razón, estarás mejor en el otro lado, Yuuri –le escuchó decir a un hombre a sus espaladas. Asustado resbaló y cayó pesadamente a la tina. Aunque intentó nadar a la superficie, la corriente que lo succionaba era más fuerte y no pudo liberarse. A través de la superficie en movimiento logró ver la cabellera rubia y los ojos azules de un chico quien le sonreía con amabilidad.
-¡Shinou!
Estaba cansado de tanta amabilidad. No era un chiquillo, él era el Rey de los demonios. Aunque era demasiado tarde para protestar, el techo conocido y la voz de su madre en la planta baja le indicaron que estaba en casa.
Wolfram…
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Próximo capítulo: XII. Avanzada. ¿Eres un militar o el prometido del Maoh? Porque pareces muy lindo para una profesión tan peligrosa… ¿Sabes? Me gustas, prepárate porque seré rudo.
