Capítulo 5. ¿Por qué todo el mundo me sigue?

Estaban sentados frente a Dumbledore, el cual había hecho aparecer sillas para todos. Anushka se estaba poniendo de todos los colores menos negro, porque no encontraba palabras adecuadas para decirle a su director que fue ella la primera en ir al Bosque Prohibido. ¿¡Por qué no habría ido corriendo directamente hacia Dumbledore en lugar de ir como imbécil al bosque!

—¿Y bien? —preguntó Dumbledore suavemente.

Lily miraba a su amiga con preocupación. Había sido un acto imprudente, pero en esos momentos tampoco eran conscientes del peligro.

—Fue… más o menos… mi culpa —comenzó Anushka—. Fui al Bosque Prohibido, e hice que Lupin me siguiera y…

—En realidad me diste a elegir —la contradijo el chico—. Así que en parte es mi culpa también. No la detuve.

—Si vais a empezar a mandaros disculpas indirectas, mejor lo cuento todo yo —atajó Lily. Después se giró hacia Dumbledore—. Anushka y Remus entraron. Los demás nos quedamos unos minutos pensando en lo del mortífago. Escuchamos a Anushka gritar. Salimos corriendo como posesos al bosque. Encontramos a esos dos, y a la mortífaga, de paso. Salimos corriendo y llegamos vivos. Algunos más que otros. Después, nosotros vinimos a avisarle, y aquí estamos.

—¿Y cómo es que la señorita Maycov y el señor Lupin entraron primero al bosque? —inquirió Dumbledore.

Entonces Remus también reaccionó.

—¡Es verdad! ¿¡Nos estabais siguiendo! —preguntó furioso.

—Fue idea de Leickran —dijo Liesl con calma.

—¿Y eso qué más da? Gracias a ellos seguimos vivos, Lupin, deberías darles las gracias —gruñó Anushka mientras Lily le mandaba una mirada de agradecimiento.

—El caso —dijo Lily— es que sabemos que deberíamos haber venido en lugar de ir a fisgar al bosque…

—Ahora —completó Remus lacónicamente.

—¿Eh?

—Lo sabemos ahora. En esos momentos no se nos ocurrió.

—Olviden eso ahora —ordenó el director—. Creo que tengo que ir de nuevo a visitar a su amigo Kali. Tal vez recuerde algo que nos ayude a armar este rompecabezas. Pueden reunirse con sus compañeros.

Los cuatro alumnos se pusieron en pie y se fueron. Los cuatro estaban preocupados, aunque Liesl y Anushka, como de costumbre, no lo expresaban.

.

Llegaron a la sala común, donde encontraron una escena muy estática para estar protagonizada por sus amigos. Peter y Sirius estaban jugando al ajedrez mágico, Peter iba perdiendo, entre otras cosas porque las piezas no se fiaban de él, y James miraba la partida con el mayor interés que era posible sabiendo ya de sobra quién iba a ganar. Leickran y Annell practicaban maldiciones, para lo que habían conseguido un muñeco con la forma de Peter que ya estaba bastante estropeado. Lumi estaba leyendo El Señor de los Anillos: Las Dos Torres, pasando todas las partes que le aburrían e ignorando olímpicamente a sus compañeros. Raven y Yeye no estaban en la sala común.

—¿Y? —preguntó Lumi sin levantar la vista de uno de los discursos de Gandalf.

—Dumbledore va a ir a ver a Kali, a ver si le saca algo —resumió Remus.

—Ah.

—¿Dónde están Rave y Yeye? —preguntó Liesl.

—En su habitación —respondió Sirius—. Jaque mate.

—¿En serio?

—Pettigrew, si no tienes ni idea de ajedrez, ¿para qué juegas? —preguntó Lily.

—Le estoy enseñando —lo defendió Sirius.

Anushka no dijo ni una palabra. Subió a su habitación, mientras Remus y Lumi, que esta vez sí había levantado la vista de su libro, la siguieron con la mirada. Cuando pasó al lado de Leickran, éste lanzó una maldición e hizo que el muñeco estallara.

—Muy bien, genio, ahora dime con qué practicamos —dijo Annell enfadada mientras cogía lo que quedaba la cabeza del muñeco.

—¿Con el de verdad? —sugirió Leickran con una sonrisa espeluznante.

—Buena id…

—Ni se os ocurra —siseó Lumi. Annell y Leickran la miraron con cara de sorpresa, como si no fuera ella. Después la finlandesa añadió—: Como manchéis de sangre el sofá, os mato.

Leickran comprendió y se tranquilizó un poco. Después se sintió decepcionado.

—Pues ya no practicamos… —murmuró.

Para todo esto, el torturado Pettigrew se había colocado a un lado de Sirius, esperando que este lo protegiera si en verdad esos dos locos decidían utilizarlo de muñeco para sus maldiciones.

—¿No vas a ir a hablar con Anushka? —le preguntó Lily a Remus.

—¿Para qué? —preguntó él, cansado—. De todas formas no me hace caso.

—En realidad no te contesta, es sólo eso —le dijo Lily—. Te presta atención.

—Ya, ¿y qué tengo que hacer para que me responda? —gruñó el licántropo.

—Decirle que la quieres —intervino Annell.

Lupin se puso al rojo vivo.

—No la quiero —se apresuró a decir.

—No, qué va —respondió Annell con sarcasmo—. Bueno, ya te he dicho lo que le tienes que decir, allá tú si no me haces caso.

Y volvió con Leickran, que seguía buscándole solución a lo del muñequito. Lily sacó su varita.

¡Reparo! —El muñeco se arregló—. Ya está. Qué poco listos sois.

—Bueno, podemos seguir practicando… ¿Cómo que poco listos? —se indignó Annell.

—Voy a ver si a Dalton se le pasó la conmoción —dijo James, que ya se imaginaba que habría pelea y no le apetecía tener que separar a los combatientes. Las combatientes en este caso.

—No, no vayas —lo frenó Liesl.

Yeye y Raven podían confiar en ella, ¿no? Si estaban solos, probablemente se besarían, y si querían mantener su relación en secreto, no les convenía que James los viera.

—¿Por qué? —preguntó el buscador.

—Porque… —Liesl se quedó sin saber qué decir—. "Genial, ¿y ahora qué digo?"

James la miró con desconfianza, aunque ella sabía cerrar sus ojos a miradas escrutadoras desde hacía tiempo, por lo que él no consiguió nada.

—Porque voy yo —se le ocurrió decir al final—. "Vaya mierda de excusa. Encima tengo que interrumpir su intimidad. ¿Por qué seré tan bocazas?"

—Pues voy contigo —se ofreció James, dispuesto incluso a pasar un rato solo con la loca psicópata germanohablante, siempre que no tuviera que intervenir en la pelotera entre las dos pelirrojas.

La loca psicópata germanohablante, perdón, Liesl, se volvió y lo miró con cara de infinita paciencia.

—No tengo ganas de aguantarte, Potter —explicó—. Así que voy yo sola. Y tú te quedas aquí sentadito, porque ya no hay que escapar de ninguna pelea. Lily y Annell están muy ocupadas mirándonos discutir.

Y dicho lo dicho, se dio la vuelta de nuevo y enfiló hacia el cuarto que Raven y Yeye compartían con Leickran. Llamó con los nudillos.

—Entra, quien seas —dijo Raven desde dentro.

Liesl entró y cerró la puerta.

—¿Qué tal, Yeye?

—Se me pasó el susto —contestó Yeye—. ¿Vienes sólo a eso?

—Sí, enseguida os dejo solos… —La chica esbozó una sonrisa ladina—. Pero que sepáis que he salvado vuestro secreto. Si no llego a venir, viene Potter…

—No habría encontrado una escena erótica —dijo Raven perezosamente.

—Pero cabía la posibilidad. ¿O no? A Potter se le olvidó hace mucho lo que es llamar a una puerta. Black y Pettigrew son muy mala influencia.

Los chicos se rieron.

—Tú sí que eres mala influencia —bromeó Yeye cariñosamente. Le tenía mucho afecto a Liesl, aunque resultara raro que alguien como él sintiera aquello por la huraña austriaca.

—Lo sé —sonrió Liesl—. Eso de amenazar con las tijeras está muy mal, Yeye, sólo yo tengo derecho a hacerlo.

Yeye hizo un puchero.

—Eso no fue culpa mía… ¡Me estaban estresando! —se defendió él mientras se escondía su rostro en el hombro de Raven.

Éste le pasó una mano descuidadamente por el pelo mientras sonreía.

—Por cierto… ¿para qué venía Potter? —le preguntó a Liesl.

—Para ver cómo seguía Yeye, según él, pero seguro que para escapar de Annell y Lily —le contó ella—. Aunque desviaron sus peleas al vernos discutir.

—¿Discutisteis? —inquirió Yeye.

—Más o menos… Estaba empeñado en venir, y como cuando quiere se pone más pesado que Alison… —suspiró Liesl.

—Vamos, nadie llega a tanto. Potter me cae mucho mejor que esa… que esa… vulgaridad personificada —dijo Yeye mientras dudaba si ese término era el correcto para describir a Alison.

—No te cortes —gruñó Raven al recordar cómo Amber había intentado algo con Yeye—. Zorras, eso es lo que son.

—Bueno, yo no quería utilizar ese lenguaje… —murmuró Yeye—. Pero supongo que tienes razón.

—Donahue intentó ligar contigo —le recordó Raven en tono celoso.

—Ya —dijo Yeye sin inmutarse—. A saber por qué, si sabe que soy gay y además dice que eso es una enfermedad.

—No es la única —comentó Liesl—. La Asociación Médica Estadounidense también lo considera una enfermedad. Una aberración sexual, concretamente.

—¿Asociación Médica Estadounidense? —repitió Raven.

—O algo así. Es una institución muggle. Así que no hay que fiarse tanto. Estadounidenses y además muggles… Bueno, me voy. Si no, Lumi va a acabar tirándole de los pelos a Black, y no quiero que empiece sin mí.

—¿Ves cómo eres una muy mala influencia? —le dijo Yeye antes de que Liesl cerrara la puerta.

—Uhm… Ahora que Potter y sus amigos estarán ocupados… —Raven dejó la frase en el aire.

—¿Qué? —preguntó Yeye con inocencia.

No hubo respuesta verbal. Cuando se quiso dar cuenta, Raven ya lo estaba besando.

.

—¡Liesl! —llamó Annell antes de que ésta terminara de bajar las escaleras—. Tú que eres tan… persuasiva, por así decirlo, ¿podrías convencer a Lupin para que suba y se le declare de una vez a Anushka?

—Por favor… —suspiró Liesl—. Si tiene el mismo futuro con Anushka que Pettigrew con cualquier persona en su sano juicio.

—Vaya fe que le tienes al chico… —murmuró Annell.

—¡Ya te he dicho que ella no me haría caso! —resopló el licántropo.

—Y yo ya te he dicho que si cortas por lo sano y le dices que la quieres, seguro que sí te hace caso.

—Lupin, vete inmediatamente a hablar con Anushka —estalló Lumi a su muy particular manera—. Y no vuelvas hasta que le hayas dicho lo que tengas que decirle.

Remus corrió a esconderse de ella y de paso hablar con Anushka. La finlandesa sabía ser muy persuasiva cuando quería. Los demás la miraron sorprendidos.

—¿Qué? Es que me estresa.

—Se nota, se nota —dijo Leickran en tono conciliador. Ni a él le convenía estresar más a Lumi.

Peter se había escondido detrás de Sirius para que la orden de Lumi no lo arrastrara. No fue un grito, pero de todas formas parecía haber soltado un huracán en vez de una orden. La manera de estallar de la finlandesa era muy rara. No gritaba. Ni siquiera levantaba la voz un poquito. Pero usaba un tono de voz muy especial, capaz de helarle la sangre incluso a Leickran. Así era como ella conseguía cosas de los demás.

—No tengas miedo, Pettigrew —escupió la cazadora despectivamente—. Ya terminé.

Salió de la sala común. Poco después la atravesó, esta vez con su Nimbus 1500, y pasó por el retrato.

—¿Adónde vas? —le preguntó Sirius de la que salía.

—A entrenar —respondió ella—. A ver si así me libro de vosotros.

—Voy cont…

—Ni se te ocurra —amenazó ella. Su voz suave le causó un escalofrío a Sirius.

—Bueno, bueno, vale —accedió él mientras retrocedía un poco.

Cuando Lumi salió de la sala común, Remus volvió a aparecer en ella.

—No puedo subir, la escalera se ha convertido en tobogán —declaró, yendo a sentarse junto a sus amigos.

—Sí, por lo visto los fundadores de Hogwarts no se fiaban de los chicos —explicó Lily.

—Lo cual revela mucha sensatez —comentó Liesl.

Leickran y los Merodeadores la miraron mal. Ella se puso en pie.

—Está bien, chicas, vamos. Tenemos que llevar a Anushka a un sitio accesible para éste —gruñó señalando con la cabeza a Remus—, ya que por lo visto, nunca trepó por un tobogán de pequeño.

A su señal, Lily y Annell se pusieron de pie y las tres fueron a buscar a la rusa morena, quien se negó a irse a otro lugar hasta que Liesl le comentó algo sobre la misteriosa desaparición de todo su arsenal de asesina. Gracias a eso, Anushka aceptó, a regañadientes, irse a la habitación de los Merodeadores, donde la abordó un aliviado Remus.

Aliviado hasta que escucharon el estruendo de un cristal al ser lanzado contra una pared. Todos los presentes levantaron la vista hacia la habitación de los Merodeadores.

—Lo siento… —le dijo Lily a Sirius.

—¿Por qué? —preguntó él.

—Ya os habéis quedado sin amigo… —respondió pesarosa.

—Nah… —la contradijo Annell—. Para una vez que a ella le gusta alguien, no creo que lo mate así porque así, ¿no?

—Depende de lo que le haya dicho… —respondió Lily.

—¿Seguras que esa tía no se fugó de Azkaban? —les preguntó James.

—No, jamás la atraparían —rió Lily.

—¿Y Nieminen? —intervino Peter.

—No podrían ni encontrar cargos contra ella, aunque los hubiera —respondió Leickran con voz aburrida.

—¿Y tú y Von Prater? —preguntó Sirius, que, al parecer, apreciaba muy poco su vida y quería morir joven.

—¿Qué pasa con nosotros? —preguntó a su vez Liesl con una voz dulce que sus amigos calificaron mentalmente de muy peligrosa.

—Que daríais el pego como mortífagos… —respondió Sirius confirmando la hipótesis de Lily de que quería suicidarse.

Necesitaba un psicólogo, seguro que su problema tenía arreglo. Liesl podía acabar por hacerle caso. Bueno, no, pero había más chicas.

—No podemos dar el pego como mortífagos, Black. Daríamos el pego como nuevos Voldemort, más bien —corrigió Leickran.

—¿Bromeas? —soltó Annell—. ¡Voldemort no está a vuestro nivel!

Sirius, James y Peter los miraron. Aún no terminaban de acostumbrarse de esa forma de ser que tenía esa pandilla. De hecho, todavía no estaban seguros de si eran así de sádicos de verdad o sólo lo fingían.

—No deberíais jugar con eso —murmuró Peter serio.

—Nosotros jugamos con lo que nos da la gana —escupió Annell.

—Como por ejemplo, un muñeco con forma de rata —rió Leickran mientras tiraba su muñeco de Peter al suelo y lo pisaba con desprecio.

Se escuchó otro cristal romperse, pero esa vez nadie le hizo demasiado caso. Sólo se limitaron a mirar al techo y suspirar.

—James, tienes que hacer las pruebas del equipo antes de que Nieminen se impaciente —dijo Sirius.

—Ya… pero hoy no tengo ganas —respondió él mientras se tiraba al sofá—. Tampoco creo que ella quiera que, ahora que se fue a entrenar sola, aparezca de golpe todo el equipo más otros tipos más.

—Sí, no quiso dejarme ir con ella —recordó Sirius.

—Eso es lógico, normal y rutinario —dijo Lily—. Lumi nunca quiere que la acompañes a ningún sitio. Y no me extraña.

—Sois malas conmigo —se quejó él fingiendo ofenderse.

Las chicas se miraron unas a otras con cara de desprecio hacia Sirius.

—Espero que no entre en el equipo de quidditch —declaró Liesl—. Porque yo voy a entrar.

—Eso habrá que verlo —intervino James—. Entrarás si eres la mejor. Cosa que dudo, por otra parte.

Ella le lanzó una mirada evaluadora.

—Potter, si tuvieras pinta de bludger, ahora mismo te haría una demostración práctica de si soy o no soy la mejor —saltó.

—¿Eso significa que no la tengo?

—Sí. Aunque no es mucho mejor.

James fingió enfurruñarse. Lily sonrió. El chico estaba guapo hasta con aquella cara. Un momento, ¿cómo que guapo? No era guapo. Y a ella no le gustaba Potter. Bueno, le atraía un poco. No, tampoco. Lo consideraba un creído insoportable que no sabía ni peinarse. ¿Cómo que lo consideraba? ¡Era un creído insoportable que no sabía ni peinarse! ¡Y a ella no le gustaba!

—Liesl… —murmuró Annell de forma muy débil. La austriaca la miró a modo de respuesta.

Annell miró fugazmente a Lily. Regresó la vista a Liesl y después miró a Potter, para terminar regresando la vista a Liesl. Ésta comprendió y asintió. Aunque ni James ni Lily se dieron cuenta de ello.

—Annell, vamos a ver qué están haciendo Anu y Lupin —pidió Lily, para intentar borrar de su mente aquella molesta vocecilla que le decía que le gustaba James Potter.

—No… ¿Y si Anu está molesta y nos lanza a nosotras algo también? —preguntó la pelirroja novelera menor con miedo.

—No, ¿no has escuchado? ¡Ya no ha lanzado nada más! —después empezó a parpadear de esa manera que solamente Annell era capaz de imitar perfectamente mientras sus ojos brillaban ilusionados—. Además… ¿te imaginas que estén en plena declaración de amor?

Annell pareció tentada. Después puso cara de agonía. Su mente comenzó a llenarse de imágenes románticas de Anushka y Remus… Comenzaba a ceder ante el poder de convicción de Lily… De nuevo imágenes dulces… Y entonces ya no pudo hacer más.

—¡Vale! —saltó mientras parpadeaba igual que Lily.

James estuvo a punto de preguntarles qué drogas tomaban, para utilizarlas para envenenar a Snape, pero antes de que pudiese decir palabra, Annell y Lily comenzaba a subir las escaleras de puntillas, para no hacer ruido.

—¿Esas dos son genéticamente cotillas o qué? —preguntó Sirius.

—Sí —contestó Leickran.

James se puso de pie.

—Vamos, Sirius. No podemos permitirles que invadan así la intimidad de Remus y Anushka —dijo en tono teatral.

Liesl chascó la lengua y puso los ojos en blanco, incrédula.

"Como si tú no hubieras estado a punto de invadir la de Rave y Yeye" —pensó, olvidando que James no había sido consciente de que iba a invadir la intimidad de la pareja.

Sirius se puso de pie también.

—Vamos, Peter. Cuantos más seamos, mejor nos defenderemos si Maycov nos ataca —dijo.

—Sí, claro. El problema es que ése no cuenta —espetó Leickran.

En ese momento esquivó un zapatazo que le había lanzado Annell. El chico, furioso, cogió el zapato y se giró a Annell. Encontró que Lily y ella les hacían señas para que se callaran. James y Sirius pensaron que tenían razón. Tal vez Remus podría escucharles gracias a su oído de licántropo y saldría hecho una furia de la habitación. Aunque puede que Anushka fuese más peligrosa. Leickran subió sin hacer ruido, le dio en la cabeza con el zapato a Annell y se unió a la tropa de asalto. Sirius y James, por no quedarse atrás, también los siguieron. Detrás de ellos iba Peter, y por último y sin muchas ganas de ver cómo Annell y Lily rompían a llorar con el culebrón de allá arriba, subió Liesl.

—Vamos… —susurró Lily cuando ya todos estaban arriba.

Sin hacer ningún ruido, se acercaron a la puerta de la habitación de los Merodeadores. De vez en cuando escuchaban levemente la voz de Remus, seguida de la de Anushka, pero hablaban tan bajo que no se les entendía mucho. Así que decidieron acercarse más a la puerta. Con señas, porque de otra forma corrían el riesgo de que ser escuchados y asesinados, Lily sugirió que se acercaran todo lo posible a la puerta. Y como el cotilla que llevamos dentro es poderoso, todos aceptaron. Excepto Liesl.

—Ya sabéis que lo que estáis haciendo es una tontería, ¿no? —preguntó con descaro.

—Pues bien que estás aquí —señaló Sirius.

Ella le dirigió una mirada despectiva.

—Por cierto, hace mucho que aquellos dos no dan señales de vida —comentó James.

—¿Y qué? —se apresuró a responderle Liesl.

Lily los miró mal a los tres.

—¿Os queréis callar? ¡Que nos van a oír!

Y la puerta se abrió en aquel mismo momento.

—Te equivocas, Evans: ya os hemos oído —dijo Remus en tono enfadado—. ¿¡Pero se puede saber por qué todo el mundo me sigue!

—De eso nada, yo estaba de paso —replicó Liesl, que de vez en cuando mentía, dijera lo que dijera sobre mentir y ocultar la verdad.

—Anda ya.

—Iba a ver a Yeye y Raven.

Dicho y hecho, se dirigió a esa habitación y llamó a la puerta. Los dos chicos estuvieron encantados de salvarle la vida.

—Ehm… Uhm… Bueno… —tartamudeó Annell mientras miraba cómo Liesl desaparecía de ahí. Entonces decidió cortar por lo sano, y en un murmullo preguntó—: ¿Se lo has dicho ya?

Remus empezó a ponerse rojo como un tomate.

—No tengo nada que decirle… —murmuró.

—¡Venga ya, tío! —soltó Annell exasperada—. ¡Eres un miedica! ¡No te va a matar! … Bueno, un par de hostias puede que sí te meta… ¡Pero deberías decírselo!

—¿El qué y a quién? —preguntó Anushka desde la cama de James, alzando una ceja.

—A Alison, que si quiere salir con él —dijo Leickran, por el mero placer de meter fuego, según pensó Sirius.

—¿¡¿QUÉ? —gritaron los Merodeadores, Lily, Annell y Remus al mismo tiempo.

Anushka miró a Leickran, y a pesar de que él sentía la enorme necesidad de partirse de risa ahí mismo, mantuvo el rostro serio. Anushka se creyó la mentira de Leickran y se acercó a la puerta, hasta situarse justo detrás de Lupin.

—No vuelvas a dirigirme la palabra, maldito embustero —le susurró al oído, antes de darle una patada en la canilla, con lo que Remus saltó hacia delante, cojeando.

Anushka pasó a su lado como un vendaval, se fue a su habitación y cerró la puerta de golpe.

—¡Pedazo de mentiroso! —le gritó Remus a Leickran, mientras seguía cojeando.

Mientras Lily y Annell estaban a punto de lanzarse sobre él, Leickran se mantuvo igual de tranquilo.

—Necesitas motivación. ¿Cuánto tiempo aguantarás con Anushka pasando de ti? A ver si así valoras lo que ella siente por ti y tienes el valor de decirle tú la verdad —y se marchó con una parsimonia aplastante.

—Anda, pues tiene razón… —susurró Lily mientras veía la espalda de Leickran bajar la escalera.

—Si es que es sutil como un rinoceronte.

Todos se volvieron. Allí estaba Raven, apoyado en el marco de su puerta. A su lado estaba Yeye, con rostro triste, y recargada en la pared, con los ojos cerrados y con su ausencia de expresión acostumbrada, se encontraba Liesl.

Annell no pudo menos que darle la razón al escocés, que era quien había expresado su acertada opinión.

—¡Ahora Remus y Anu no estarán juntos! —sollozó Yeye apoyándose en el pecho de Raven, quien lo abrazó de una forma entre protectora y confortante.

Sirius se fijó casualmente en el gesto, pero prefirió no decir nada. Liesl, aparte de ser una loca psicópata germanohablante, tenía una forma muy expeditiva de defender a sus dos mejores amigos.

—Tranquilo, Yeye —susurró Raven en su oído—. Mira, luego bajamos y te ayudo a ahorcar a Leickran, que a veces a mí también me apetece mucho.

—Oye, ésta es una conversación colectiva —se picó James—. Así que habla en un tono que oigamos todos.

—Cuando diga algo a todos, lo diré en ese tono que tú dices —respondió Raven desenvueltamente.

—En el fondo Leickran tiene razón… ¿Cuánto tiempo lleva Remus así con Anu? —preguntó Annell.

Todos se pararon a pensar un momento. Todos menos Remus, que mantenía obstinadamente esa idea de que no tenía nada qué decirle a Anushka. Pero entonces Anushka abrió la puerta de nuevo. En Annell, Lily y Yeye afloró por un instante la esperanza de que fuera para hablar con Remus, pero sus ilusiones se fueran al cuerno cuando la rusa mayor gritó furiosa:

—¡DEJAD DE HABLAR DE UNA MALDITA VEZ DE MÍ!

En ese momento James notó que tenía una especie de daga, aunque un poco más larga que las normales. Asustado, salió corriendo mientras tiraba de sus amigos por el cuello de sus túnicas. Annell y Lily se pusieron en pie con lentitud y precaución, como si estuvieran delante de alguna criatura salvaje, mientras que Liesl, Raven y Yeye se metieron de nuevo a la habitación de estos dos.

Las dos pelirrojas bajaron a la sala común cuando Anushka cerró la puerta. James había arrojado a sus amigos hacia el sofá sin muchos miramientos. Peter cayó al suelo mientras que Remus cayó sobre Sirius y James se tiró sobre una butaca.

—Esa tía con un cuchillo en la mano asustaría hasta a un dementor —jadeó.

—Yo creo que hasta al Señor Tenebroso —comentó la rata desde el suelo.

—¿Señor Tenebroso? —repitió Lily—. Eres la primera persona a la que oigo llamar así a Quien-Tú-Sabes.

Peter se encogió de hombros.

El retrato se abrió y apareció Lumi. Sujetaba la escoba de forma bastante descuidada, y su túnica se pegaba a su cuerpo a causa del sudor, lo que hizo descubrir a los Merodeadores su extrema delgadez. Ellos hasta entonces no habían visto nada, excepto James, que ya la había visto sudando y con la túnica pegada al cuerpo en los entrenamientos y los partidos.

—¡Merlín! —se sorprendió Sirius.

—¿Qué pasa? —preguntó Lumi, más amable que de costumbre. Debió de ser por el cansancio. Y eso que no se llamaba Merlín.

—¡Estás en los huesos! Necesitas unas cuantas comidas abundantes —declaró él.

—Ni lo sueñes, comer es aburrido —replicó ella—. Me voy a duchar.

Ante esa declaración, los Merodeadores confirmaron su teorema de que Liesl era una muy mala influencia.

—Ten cuidado con Anu —advirtió Remus, ella se quedó mirándolo un poco sorprendida porque lo lógico era que hubiera dicho Maycov—. Está de mal humor.

—Me da igual.

Lumi subió las escaleras despacio, haciendo alarde de su elegancia, que se manifestaba incluso cuando estaba cansada y sudorosa.

Abrió la puerta de su habitación y descubrió a Anushka jugando, acostada en su cama, con la misma daga que le había visto James. La lanzaba al aire, ésta daba varias volteretas y caía en la mano de Anushka con elegancia. Pero cuando la volvió a lanzar y se dio cuenta de la presencia de Lumi, la daga le resbaló por los dedos y se clavó en la cama.

—Déjame adivinar… —pidió la finlandesa—. Habéis vuelto a discutir.

—No. Me fui antes de que empezara una estúpida pelea —respondió. Después miró las gotas de sudor que escurrían por la cara de Lumi—. Ve a tomar una ducha, estás escurriendo litros de sudor.

—¿No? ¿En serio? Júramelo —dijo Lumi con sarcasmo.

—Te lo juro por Snoopy —pero Lumi, que nunca había visto dibujos animados, no entendió.

—¿Por quién?

—Nada… una cosa muggle —dijo Anushka mientras sacaba la daga y volvía a lanzarla.

—No sabía que tuvieses familia muggle.

Anushka se encogió de hombros, pero no dijo más.

—Por cierto, ¿desde cuándo Lupin te llama Anu?

—No lo hace —respondió Anushka extrañada.

—Cuando yo llegué lo hizo —Anushka abrió por un momento los ojos, pero después se encogió de hombros, aparentando indiferencia.

Lumi se encogió de hombros también y entró en el baño.

—En tu lugar, no esperaría a que viniera a suplicarte —dijo mientras se quitaba la túnica.

—No, claro. Como me digas que irías tú a suplicarle… —comenzó Anushka.

—Por supuesto que no. ¿Quién crees que soy, Alison? Anushka, soy una Nieminen, por si no te acordabas. Y aunque no lo fuera, tengo mi orgullo… Lo que quiero decir es que aceleraría el proceso —explicó la finlandesa soltándose el pelo.

—¿Cómo? —preguntó la rusa, que no veía la forma.

—No lo sé. Pero ya se nos ocurrirá algo, descuida. —Y con estas palabras Lumi dio por terminada la conversación y entró en la ducha.

Anushka se giró, quedando boca abajo en la cama con una extraña sensación en el estómago.

"Bah… tengo hambre…"

.

—Yeye, cálmate —pidió Liesl.

Aye, así como te pones no creo que soluciones nada —completó Raven intentando ser delicado, todo un reto para él.

Yeye estaba tirado en el suelo, pataleando, agitando los brazos y rodando, mientras gritaba a pleno pulmón.

—¡Noooo! ¡Maldito Leickran! ¿¡¿¡¿¡Cómo demonios fue capaz de cometer semejante crimen!

—Bueno, Yeye, tampoco es para tanto —dijo Liesl.

—Vale, jodió un poco lo que hizo el teñido, sí —concedió Raven—. Pero de todas formas, Lupin no tenía ninguna posibilidad.

—¡Claro que tenía! —pataleó Yeye—, ¿¡¿¡¿no ves cómo le afectó a Anushka lo que dijo el psicópata teñido?

—Ejem… —carraspeó alguien desde la puerta.

Liesl y Raven se giraron, mientras Yeye sólo dejó de gritar. Parado en el umbral de la puerta, con una cara que ni Liesl ni Raven podían interpretar, estaba Leickran. Para seguridad de Yeye, los otros dos se pusieron delante de él, ya que sabían que el alemán no era precisamente delicado ni con él.

—Aunque no lo creas —comenzó—, por primera vez lo que he hecho no me trae beneficios a mí.

—Pues claro que no —le espetó Liesl—. Cuando Anushka se dé cuenta de que es una mentira te privará del carné del padre.

Leickran alzó una ceja.

—¿Y no crees tú que Remus necesitaba un pequeño empujón para decirle a Anu lo que ya todos sabemos? —preguntó él.

—¿¡Pequeño empujón! —repitió Yeye desde el suelo—. ¡Eso no fue un empujón! ¡Eso fue joderle toda oportunidad!

Leickran se encogió de hombros.

—Si no tiene el valor de decirle las cosas, no creo que la merezca —y salió de la habitación.

—Mierda, tiene razón… —murmuró Yeye.

—Eso sí es decir las cosas claras —admitió Raven—. Pero tenéis razón los dos. Él, en eso último, y tú en eso de que no fue un empujón. Yo más bien creo que fue una hostia a mala ídem.

—Vaya, Raven —dijo Yeye admirativamente—. Qué mal hablas y qué bien se te entiende.

—¿Os habéis dado cuenta de que, por una sola vez y sin que sirva de precedente, Leickie no nos corrigió lo de teñido? —notó Liesl con una sonrisa.

—¿Leickie? —repitió Raven—. ¿Desde cuándo lo llamas Leickie?

—Desde que lo conozco, sólo que muy de vez en cuando y para fastidiar… Es como cuando Yeye me llama Lilí.

—¡Pero no lo hago por molestar! —replicó Yeye, ofendido por la duda.

—Pues sí me molesta —gruñó Liesl.

—Pues suena bien —objetó Yeye mientras la miraba de forma tierna—. Lilí…

Ella lo miró de forma severa.

—A mí no me gusta cómo suena —le respondió.

—Bueno, vale ya —intervino Raven—. Liesl, te lleva llamando así desde que te conoció, no empieces una pelea por eso después de tantos años.

Liesl soltó un pequeño gruñido, de ésos tan característicos de ella y se sentó en la cama.

—Además, seguro que a Leickran le sienta peor que lo llames Leickie —continuó Raven—. Se pondría furioso, y sacaría el cuchillo con cara de psicópata.

—En realidad ya está acostumbrado —dijo Liesl—. Annell lo llama así muchas veces, y Anu también, pero como yo, es sólo para fastidiarlo.

—Pues vaya amigas que sois vosotras… —murmuró Yeye.

—Vamos, él tampoco es una santa palomita blanca —replicó ella con una sonrisa burlona en los labios.

—Eso también es cierto —admitió el metamorfomago—. ¿Vamos a verlos? A ver si convencemos a Remus de que hable con Anu…

—No creo que vayamos a convencerlo, pero bueno, vamos —aceptó Raven—. ¿Tú vienes… Lilí?

Ella lo fulminó con la mirada, faltó poco para que lo matara de verdad.

—Sólo Yeye puede llamarme Lilí.

—Bueno, tranquila. ¿Vienes?

Liesl se puso en pie.

—Voy.

Bajaron a tiempo para ver una interesante escena consistente en: a) Sirius y Remus discutiendo porque este último sostenía que no tenía nada que decirle a Anushka, opinión que absolutamente nadie compartía; b) Lily y Annell sentadas en un sofá, siguiendo atentamente la conversación y comiendo palomitas; c) James sentado en un rincón, jugando con una snitch y con Peter aplaudiendo cada vez que la atrapaba, y d) Leickran sentado en otro rincón y mirando al vacío con cara de mal humor.

—¡Qué animado está el ambiente! —comentó Raven con sarcasmo.

—¿Verdad? —preguntó James mientras cogía la snitch una vez más.

—Si quieres ver esta pelea, que es divertida… —sugirió Lily mientras le acercaba un paquete de palomitas.

Y a falta de algo qué hacer, Raven se sentó junto a ella y Annell, mientras comenzaba a comer palomitas y escuchar la plática de Sirius y Remus de donde captaba frases como ¡No puedo creer que no se lo digas! y ¿¡Pero qué demonios le voy a decir si ya le he pedido perdón!. Poco rato después, bajó Lumi, ya aseada, y presenció la escena con aburrimiento.

—¿Cómo está? —le preguntó Lily refiriéndose a Anushka. Hablaba como si la rusa estuviese pasando una dura enfermedad mortal.

—Está perdiendo reflejos —contestó Lumi con el mismo tono—, ya no coge el cuchillo al vuelo, se le cae. Ya se ha hecho daño ella sola.

Lily, que sabía del hobby de Anushka de lanzar la daga al aire, soltó un gritillo.

—Perdiendo reflejos… ella… —murmuró. Después se giró a Remus—. ¡Todo por tu culpa!

—¡¿Mi culpa? —repitió él—. ¿¡Fui yo quién le dijo que iba a pedirle salir a Alison!

—No —respondió Leickran aburrido—. Pero eres tú el que no tiene valor de decirle las cosas a la cara.

—¿¡Y por qué no dice nada ella! —escupió el licántropo.

Hubo un silencio donde nadie supo responder.

—Por su reputación —contestó Liesl tras un nanosegundo de reflexión—. Es como si me pides a mí que me declare a Black. Bueno, tanto no, porque a mí Black no me importa en lo más mínimo…

—¡Cómo me quieres! —se burló Sirius.

—No te quiere —corrigió Raven—. Te ama profundamente.

—Dejad de interrumpirme —espetó Liesl—. Mira, Anushka no puede decirte nada porque no entra en la naturaleza de una antártica el confesar un sentimiento, así que no va a empezar ella. Quien tiene que empezar eres tú, que no eres antártico.

—¿Quieres decir que siente algo por mí? —preguntó Remus sorprendido.

—No. No lo sé, Lupin. Sólo te aconsejo que cuando la veas le hables.

—Como que me va a hacer caso, ¿no? —refunfuñó Lupin.

—Al menos inténtalo —dijo Annell—. ¿Qué puedes perder?

—Alguna extremidad —contestó Leickran desde su rincón—. Aunque también podría privarlo del carné de padre…

—Esos ánimos tuyos, Rhapsodos… —suspiró Lupin.

—Bueno, tranquilo, hombre, pudo haberte matado hoy y se limitó a meterte una patada —eso fue un intento de animarlo fallido por parte de Lily.

—Y me ha prohibido que le dirija la palabra —añadió. Después se dirigió a Liesl y Lumi—. ¿Por qué las antárticas sois tan complicadas?

Liesl y Lumi cruzaron una rápida mirada, antes de encogerse de hombros.

—No somos normales —dijo Lumi.

—Somos especiales —completó Liesl.

—Sois un trío de asesinas rompecorazones —gruñó James mientras cogía de nuevo la snitch.

—No te preocupes —dijo Lumi con malicia—, Lily no es como nosotras, tú sí tienes oportunidad.

Lily se puso del color de su pelo mientras que James soltó la snitch y esa vez casi no la coge a tiempo, así que le mandó una mirada asesina. No había ni punto de comparación con las que solían lanzar los locos psicópatas germanohablantes, ni con las de Lumi o Anushka, pero sí asustó algo a Peter. Leickran soltó una risotada burlona al ver la pseudo-mirada asesina de James y el rubor en las mejillas de Lily.

—Lumi, no hagas esos comentarios frente al alma sensible de Leickran, por favor —pidió Annell mientras a Leickran ya le faltaba el aire y no dejaba de reír.

—Alma sensible —repitió Sirius con una mezcla de burla y enojo.

Rato después, cuando Leickran ya sólo soltaba risas ahogadas, Lily había recuperado su color de piel inicial y James seguía jugando con la snitch, escucharon la puerta de la habitación de los dramas abrirse. Todos se incorporaron de golpe, y el más rápido fue Remus, que sintió que su garganta se secaba de golpe.

—Lumi… —llamó Anushka sin salir al pasillo—. Necesito que me ayudes con una pequeña falta de reflejos.

Lumi gruñó y soltó una maldición por lo bajo, en finés, mientras subía las escaleras.

—¿Qué te has hecho ahora? —preguntó con enojo al estar cerca de la puerta.

—Juro que se me escapó de la mano —todos escucharon a Lumi soltar un pequeño respingo y cerrar la puerta de golpe.

—¿Qué te apuestas a que fue en las venas y vertical? —preguntó Annell a Leickran.

—O al pecho, directamente —sugirió el alemán.

—Que no… a las venas.

—Al pecho.

—Veinte galeones —apostó Annell. Los demás abrieron los ojos como platos.

—Que sean treinta, quiero atiborrarme de golosinas —pidió el chico, con lo que Annell asintió.

—¿Y si no es en ninguno de esos dos sitios? —intervino Lily.

Annell y Leickran parecieron meditar.

—Se nos jodería la apuesta otra vez —respondió Leickran con aplomo.

—Volverías a ganarla tú —acotó James.

—Aunque ya habrá más tentativas de suicidio a este paso, ¿no? —dijo Annell mientras miraba aposta a Lupin.

—No —contestó Remus devolviéndole la mirada.

Mientras tanto, arriba, Lumi revisaba a Anushka, sin parar de maldecir en finés.

—No te entiendo —se quejó la rusa con una voz como un témpano de hielo.

—Lo siento —Lumi pasó a maldecir en ruso—. ¿Cómo pasó? —preguntó cuando se cansó.

—Nada, es que soy tan lista que empecé a enfadarme sola —respondió Anushka—, y entonces cada vez lanzaba el cuchillo más alto… y más alto… hasta que de pronto se me clavó en el brazo…

—Eres una bruta —le reprochó la finlandesa limpiando la herida—. A veces toda tu encantadora elegancia se va no te digo a dónde… Episkeyo.

Anushka sonrió. Cosa bastante curiosa porque Lumi nunca había sabido hacer sonreír a la gente.

Cuando bajó de nuevo, la rusa iba con ella. No le había costado nada convencerla: directamente la llevaba a rastras y así se ahorraba conversaciones inútiles.

—Confirmado —dijo Sirius al verlas—. Estas mujeres están como cabras.

Aclaraciones

Lo de la Asociación Médica Estadounidense es verdad. Dejaron de considerar la homosexualidad como aberración sexual en 1979.

Extraños saludos. Portaos mal y pensad peor, que es muy divertido, y comed bichos porque luego ellos os comerán a vosotros xP (total, son proteína pura).

Se despiden Annell y Haku, los Ángeles de Oscuridad.