+_CONFLICTOS_+
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Capítulo XII: Avanzada
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Último capítulo del año, espero poder terminar esta historia en las siguientes semanas del nuevo que empieza. Buenas noticias quedan oficialmente 6 capítulos, algo más largo de lo que imaginé hace unos meses, pero me di cuenta que la historia quedaría cortada si no escribía adecuadamente. Lamento haber tardado tanto en terminar este fic. Así que disfrútenlo. Gracias por continuar leyendo.
Feliz Navidad a todos y un próspero año 2013.
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Disclaimer: este anime no me pertenece ni los personajes, son de Temari Matsumoto y Tomo Takabayashi, sólo uso de ellos para mis locas ideas, por lo tanto no recibiré ningún benéfico de esto, sólo ver a mi lindo Wólfram feliz con Yuuri.
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Agradecimientos a: lirionegro y azula1991.
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En el capítulo anterior:
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-Wolfram –llamó el noble Von Bielefeld –Estás en la línea de cometer traición. Todos en esta sala sabemos que has estado utilizando a uno de los espías enviados por Von Voltaire para tus propios beneficios, y además, teniendo el conocimiento que aquella mujer hija del líder político de Shin Makoku es una espía, le has permitido caminar entre nosotros sin detenerla. ¿Todo esto justifica la venganza que intentas contra aquel hombre?
-El motivo lo es todo. Es lo que ha definido su forma de actuar, sus blancos. Ya lo había mencionado alguna vez. Venganza hacia el Maoh.
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-Lo conocí mucho antes de la emboscada del castillo. Estaba enojado por la repentina huida de Yuuri a su mundo, el estar inválido por semanas en una cama para recuperarme de una flecha que algún idiota le había lanzado al Maoh y para completar, una ridícula misión asignada por mi hermano en un pueblo olvidado. El hombre estaba lastimado de gravedad, aunque el muy descarado se las ingenió para eliminar a alguno de mis soldados. Era el culpable de aquel caos en aquel lugar. Un militar para nada agraciado que intento cruzar espadas conmigo pero fracasó. Lo amenacé y para mi sorpresa supo caer desmayado ante mis pies. Luego, simplemente, el tiempo pasó y me acostumbré a él. Prometió devolverme el favor de salvarle la vida cuando yo llegara a necesitar alguno.
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OoOoOoOoOo
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Contempló el níveo rostro relajado de mazoku que dormía cómodamente en aquella cama algo burda para su categoría. Río por el repentino recuerdo del rubio ante sus comentarios mal intencionados hacia su condición de nobleza. No sabía qué diablos le había sucedido en la corta semana transcurrida desde la última que lo vio en aquel bosque. Sin embargo, estaba seguro que el Maoh estaba directamente involucrado.
-Así que has sucumbido ante tu propia obscuridad –apartó con delicadeza los mechones dorados rebeldes que ocultaban la expresión serena del menor –Sabía que tu lado poco amigable no era lo más indicado pero al menos Su Majestad lo ha detenido. Ahora estarás bien –susurró con voz ronca.
Miró los alrededores y encontró una banca de madera vacía. Aunque no había sido difícil inmiscuirse en la habitación, tenía que asegurarse de no ser descubierto. Sólo se quedaría un rato con él y se iría. Después de todo, la confrontación que tanto habían planeado iba a tener lugar en Shin Makoku.
Suspiró agotado –Y ni siquiera una nota me has dejado. Eres peor que Frank, tanta crueldad –sonrió –No me dará tregua al ver que me he escapado sin razón alguna, ¿Ves en los líos en que me metes, Wolfram? –Guardó silencio. No era divertido si el otro no contestaba.
Pagarás por tus sarcasmos, bastardo.
Sí, él podría sacar lo peor de la gente, y Su Excelencia no era la excepción.
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*Flashback*
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Había estado merodeando por el pueblo durante horas luego de la disputa que había tenido lugar y se encontraba bastante mal herido. Así que había huido. Pronto las tropas de los mazokus harían presencia y lo buscarían por timador y ladrón. La horca no parecía una buena opción. Caminó lo más rápido que sus piernas se lo permitían atravesando la espesura del bosque y alejándose de la ruta principal que probablemente estaría más transitada. Pero se equivocó, la figura menuda que lo estaba enfrentando era la de un mazoku, el más hermoso que había conocido en su vida. Un soldado el más alto rango y que gozaba de autoridad.
-Ni se le ocurra ejecutar algún movimiento –le amenazó. Los hombres rodeándole sin escapatoria le mantuvieron alerta. Tendría que abrirse campo. Desenvainó su espada y arremetió contra todos. Sin embargo, cuando había alcanzado al líder notó que lo había subestimado. Craso error.
-Para ser alguien herido, debo decirle que estoy sorprendido –la sonrisa del ojiverde se amplió en una mueca considerablemente maliciosa. En el siguiente instante caía al suelo por la fuerte embestida de su contrincante. Ese jodido hombre le gustó. Rubio de ojos verdes y mirada malintencionada. Su interés repentinamente se había disparado. Así que se rindió a la sensación de agotamiento de su cuerpo magullado.
Cuando despertó lo primero que notó fue las ataduras en sus muñecas que lo inmovilizaban por completo, además, estaba recostado en un solitario compartimiento de, tal vez, una enorme base móvil y que estaba acompañado. Enfocó sus ojos hacia el lugar donde sentía la presencia, un par de orbes verdes brillaron al centrar su atención en él.
-Debo estar en el cielo, supongo –comentó desde su posición.
-O en el infierno –completó con una sonrisa el rubio sentado en una silla cerca al lecho. Lo vio levantarse con gracia para tomar un puesto al lado de su cuerpo en la cama, ese acercamiento le permitió detallar cada parte de la anatomía del chico que le hacía falta.
-Quiero que me diga porque estaba robando a los aldeanos y en dónde puedo encontrar la mercancía perdida. ¿Algún tipo de organización? ¿Quién le dio la orden?
-Pensé que preguntaría mi nombre.
-No me interesa. Cuando lo mande a prisión el ejército se encargará de procesarlo y de interrogarlo.
-Qué considerado. Pero creo que no llegará a hacerlo… -y en un movimiento rápido había roto la distancia entre el demonio y su cuerpo, escuchó el jadeo de sorpresa del otro y sin más, le besó. Un puro y sencillo arrebato, pero la atracción hacia el chico era demasiado fuerte, a pesar que muy seguramente le doblara su edad. La idea de robarlo un beso era igual de placentera. Degustó los labios por unos segundos separándose lentamente. Fijó su mirada en el rubio y se sorprendió al notar el brillo en sus ojos. Supo en ese instante que estaba siendo bendecido y que aquel noble le dejaría hacer algo más que eso.
-Qué atrevido –susurró el soldado antes de poner una mano en el rostro del ladrón y empujarlo lejos de su espacio personal. El ojiverde se levantó, pero él fue más ágil y atrapó la muñeca del otro y lo detuvo -Supongo que amarrarle es inútil.
-No escaparé, le diré todo. Solo quiero saber su nombre.
Recibió una pequeña risita divertida. Y aunque el aludido no se volteó y lo enfrentó, escuchó perfectamente.
-Soy Wolfram Von Bielefeld.
Los siguientes días fueron tediosos, rodeado de soldados y aburridas horas sentando observando el ir y venir de los uniformados. De vez en cuando el comandante de la tropa se recostaba muy cerca y charlaban por horas. O simplemente se quedaban en silencio mientras dejaban que los minutos transcurrieran.
-Eres el promedito del Maoh –susurró alguna vez bajo el acalorante sol de media tarde.
-No creí ser tan popular
-Cualquiera conoce su compromiso con el Rey de los Demonios. Supongo que muchos sienten envidia.
Y así había terminado la conversación con un simple sonido de indiferencia.
Otro día cualquiera había intentado profundizar más sobre Wolfram y su relación con el Maoh, pero terminó con un ojo morado y la frase "Pagarás por tus sarcasmos, bastardo" gritado con odio mientras se alejaba furioso.
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-¿Qué tipo de magia controla?
-Soy un mazoku controlador del fuego
-Oh, más que perfecto para alguien tan apasionado –sonrió satisfecho al ver la expresión serena del rubio a su lado. – ¿Y puede controlar rayos también?
-¿Ah? –el ceño fruncido y la mirada extrañada del ojiverde el examinaron como un bicho raro. -¿Qué clase de cosas pasan por su cabeza? No puedo hacer eso, y ningún otro mazoku
-Los usuarios del houseki lo hacen
-Umm –manoteó al aire restándole importancia –Es magia humana. No me interesa.
-Lo sé, debilitan a los mazokus. Letal para los bendecidos con grandes poderes.
-¿Quiere matarme, Víctor?
-Por supuesto que no, su excelencia.
-¿Entonces…? –cuestionó casi encima suyo.
-Deseo brindarle un juguete nuevo para que pueda hacer su entrenamiento más interesante –le respondió con calma acercándose al menor. El otro no rehuyó, por el contrario pareció disfrutar de aquel instante de seducción. Gravitó hacia el ojiverde acorralándolo contra el suelo de piedra en medio de un lugar escondido y perdido entre la vegetación espesa, donde Wolfram se dejó besar nuevamente de aquel extraño-
-Así que… ¿Qué recibiré a cambio de mi regalo?
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Observó los movimientos felinos del rubio mientras se paseaba exasperado por la pequeña instancia. Víctor estaba seguro que en cualquier momento sería quemado por las llamas de aquel mazoku. Suspiró cansinamente. Ese hombre realmente era peligroso, un paso en falso y no dudaría en eliminarlo como una molestia impertinente. Se levantó dispuesto a enfrentarlo y de paso, sacar provecho de la situación. –Wolfram –le llamó. Lo vio voltearse violentamente para gritarle que se callara pero lo atrajo colocando una mano en la cintura y otra en la nuca que lo desequilibraron por completo. Juntó sus labios sin preámbulos. Notó resistencia al principio, un intento de escape que no podía aprobar o muy probablemente le lastimaría. Luego unos segundos después su ofuscado compañero le permitió profundizar el beso, toda discusión o reclamo quedó zanjado.
Lo arrastró hacia la cama aprovechando para ir retirando las prendas que cubrían al menor mientras este respondía al beso con más ganas, se aferraba con fuerza a su cuello y aumentaba la presión sobre sus caderas. Gimió. El movimiento que el rubio ejercía sobre su notable erección estaba interrumpiendo su hilo de ideas.
-Wolfram –gimió separándose de la boca que intentaba devorarlo. Tiró del cabello un poco más fuerte para exponer el níveo cuello. La imagen ante sus ojos era demasiado erótica y aunque al principio creyó no poder estimularlo lo suficiente, ahora parecía demasiado sensible ante sus toques, era fuego entre sus dedos. Lo separó de su cuerpo y terminó de quitarse las ropas que lo cubrían, así como el restante en el otro. Recorrió con su lengua la clavícula bajando hasta tomar entre sus labios el pezón rosado a su disposición y succionarlo con fuerza. La reacción fue inmediata, el gemido satisfecho de Wolfram se escuchó fuerte y extasiado. Sonrió con satisfacción. Con cuidado coló sus dedos por la espalda hasta alcanzar el trasero del rubio, por suerte cargaba un pequeño recipiente con un líquido adecuado para ese tipo de encuentros, así que mientras respondía torpemente a los besos y caricias de su amante comenzó su oficio de introducir un dedo lubricado. Poco a poco y añadiendo observó cómo los jadeos aumentaron y el vaivén contra su mano se hicieron más rápidos.
-Víctor…hazlo ahora…necesito –gimió alto el ojiverde.
Sacó sus dedos y ubicándose entre las piernas blancas que se retorcían lo penetró. El grito de agonía taladró sus oídos mientras el pecho del chico subía y baja violentamente. Había sido duro pero sabía que ese tipo de tratos le gustaban al mazoku. A los pocos segundos, las piernas inmóviles abrazaron sus caderas acompañándolo en el vaivén de entrar y salir. Estaba tan jodidamente estrecho que se correría pronto, así que respiró profundo y aumento las embestidas. Los gritos del rubio junto con sus gruñidos llenaron la pequeña habitación siendo acompañadas con el crepitar de la cama y el sonido de humedad resbalando una y otra vez.
-Wolf… -susurró ronco contra el cuello del demonio debajo de su cuerpo sintiendo esas cálidas paredes apretando su miembro. No aguantaría más y el ojiverde tampoco, y ahí mismo se corrieron los dos.
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Revisó por última vez los implementos en su mochila, cuidando de tener provisiones para el largo viaje que emprendería. Miró de reojo al rubio que se mantenía silencioso contemplando la hermosa pieza de joyería que le había obsequiado minutos antes. Tal vez el regalo era más apropiado para una dama pero el poder que ocultaba estaba a la altura de aquel mazoku. No podía dejarlo en mejores manos, al fin y al cabo, era un arma letal por sí solo. Sonrió de medio lado satisfecho que el presente haya agradado al ojiverde.
-¿Te gustaron? –preguntó mientras tomaba asiento a su lado, quién meditó con la esclava dora entre sus dedos antes de responder.
-Si son poderosas como dices y no es una broma de tu parte…
-No pareces convencido –se mofó ante la pisca de incredulidad en sus ojos verdes
-No.
-No es la cantidad de poder que contengan, es la forma como potencializan el que posee el usuario. Y eso es mi querido mazoku, el secreto de esta arma perfecta
-Así que lanzaré rayos –le miró con ojos burlones
-Tal vez, si entrenas lo suficiente –rio ante los gestos de enojo fingido del otro. Le besó con cariño como despedida. Se llevó el equipaje al hombro.
-Si algún día necesitas de mi ayuda, te serviré así mi vida dependa de ello.
La expresión de Wolfram se oscureció –Cuida de tus palabras forastero, no vayas a arrepentirte luego de haberlas dicho.
-Nunca mi querido mazoku, después de todo no estaría aquí si no me hubieras salvado. Y estoy agradecido.
-Qué idiota.
-¿Recibiré algún dia un regalo de su parte? –cuestionó enfilando sus pasos hacia el horizonte.
-Tal vez. Búscalo en el bolsillo de mi uniforme algún día.
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Pensó que no lo volvería a ver, y que aquella estúpida promesa sería un cuento que recordar en sus momentos de soledad. Sin embargo, su encuentro con Frank y aquella chica semanas después hicieron que su mundo girara 360 grados. Se había involucrado física y sentimentalmente con el hombre que días después atacaría Shin Makoku y robaría la calma al mazoku que tanto adoraba. No podía odiarlo y tampoco podía devolver nada a su origen, pero sí podía cumplir su palabra como soldado que una vez había sido, y tal vez, detener la tormentosa guerra que se avecinaba con Wolfram a la cabeza y Frank como su antagonista.
Así que haciendo uso de sus habilidades se había escabullido entre las filas de seguridad del improvisado centro de mando en la capital de los mazokus para hablar con el ojiverde. Y su preocupación aumentó al ver el estado mental en el que el rubio se encontraba.
-¿A qué debo tu aparición? -el siseo peligroso le hizo estremecerse. Aquel mazoku no se parecía en nada al capitán que había conocido. Los ojos oscuros, la expresión seria y la postura desinteresada parecía una imagen sacada de un sucio y oscuro callejón de bandidos.
-Tengo información valiosa pero quiero que cumplas ciertas condiciones antes –respondió fríamente preparando su arma en caso de necesitar defenderse.
-¿Huh? Vienes aquí en medio de soldados mazokus exigiendo cosas a cambio de información que no sé si es importante o no. Puedo capturarte sin llamar demasiado la atención ¿Lo entiendes? Un humano ha entrado en la habitación de un noble mazoku, ¿Qué crees que propondrán los demás? Te puedo sacar la dichosa información sin necesidad de cumplir nada ¿Por qué crees que no lo haría?
-Porque te prometí que mi espada y mi vida estarían a tu servicio, así que no tiene sentido hacer todo ese trabajo por algo que ya posees. Te dije que quería que cumplieras unas condiciones, aun si no lo haces te daré la información. ¿Escucharás lo que tengo que decir, Wolfram?
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*Fin Flashback*
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-Con que el bolsillo de su uniforme… -susurró la frase inconscientemente mientras los recuerdos de aquellos días continuaban reproduciéndose en su cabeza. De repente la idea de buscar en aquel lugar no pareció absurda. Se abalanzó sobre la ropa pulcramente acomodada sobre el perchero. Removió cuidadosamente la prensa y miró cada uno de los compartimientos hasta que sus dedos se toparon con una carta. No estaba marcada, pero tenía la confianza que el contenido le pertenecía solamente a él.
-Una carta de despedida ¿Eh?
La ojeó rápidamente. Sus vagaron por la figura del autor de aquella caligrafía, y deseó que la guerra que se aproximaba nunca hubiera ocurrido. Deseó tener a Frank y a Wolfram en paz con sus corazones y libres de la sed de venganza que embargaba sus almas. Guardó la enmienda en su propia chaqueta. Su visita se había acabado, la función debía comenzar. –Esta es la última vez que seremos aliados, pero te prometo que esto acabará pronto. Así que… -besó la frente del ojiverde y con cuidado rompió las esclavas de cada una de las muñecas del mazoku –No las necesitarás más. Se han convertido en tu cadena de perdición. Tomó los restos y los escondió entre su ropa. Vaciló unos segundos y luego depositó en el dedo anular de la mano izquierda un hermoso anillo. Susurró unas palabras sobre la superficie frías del objeto el cual brilló fuertemente antes de apagarse. Se separó de mala gana del cuerpo cálido debajo de él.
Caminó hasta la ventana del cuarto y antes de salir por ella miró por última vez al rubio.
-Adiós, Wolfram.
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¿Reviews?
No me odien por esa escena lemon corta y poco apasionada, no se me da mucho.
