Capítulo 6. Preguntas indiscretas.

El profesor Dumbledore habló con Kali. No le resultó fácil sacarle más recuerdos, pero averiguó que el mensaje, aparte de ser para él (cosa que ya sabía de antes), venía de una comunidad de criaturas mágicas de la que los magos no se atrevían siquiera a hablar: los Espectros. La verdad era que estaba bastante claro. Desde hacía milenios, los Espectros habían hecho lo mismo para mandar mensajeros, para no provocar enfrentamientos, no se enviaba ni a uno ni a otro, sino a ambos, a un híbrido: un Caído. Además los Caídos volaban mucho más rápido que los Ángeles y los Demonios, aunque su sistema de aterrizaje no fuera perfecto.

—No sólo no es perfecto, profesor, es desastroso —admitió Kali cuando Dumbledore comentó algo sobre el tema—. Somos los albatros de la Raza Espectral.

El director se rió.

—Creo que tu ala ya está recuperada —cambió de tema—. Pero hay que tener en cuenta que alguien quiso acabar con tu vida, Kali.

—Sí, lo tengo en cuenta todos los días, y no soy el único —susurró el Caído con amargura.

—Quiero decir que lo mejor es que te quedes aquí —dijo Dumbledore—. Mañana te dejaremos salir de la enfermería y te someteremos a la Selección. ¿Cuántos años tienes exactamente?

—Ciento ochenta y cuatro —respondió Kali—. ¿Cuántos aparento, en edades humanas?

El profesor lo miró analíticamente.

—Catorce o quince —respondió—. ¿Sabes algo de magia humana?

—Sí, pero poco.

—Entonces diremos que tienes catorce. Decir que tienes menos no colaría.

—¿Y estaré en clase con Yeye? —se ilusionó el Caído.

—No, lo siento. Él estará en la clase superior, pero si entras en Gryffindor, podrás verlo todos los días igualmente.

—Vale…

Dumbledore decidió dar por terminada la conversación, se levantó de la silla y se dispuso a abandonar la enfermería. En la puerta se dio la vuelta.

—Necesitarás ocultar tus alas —observó.

—Por dios, Lily, eres más pesada que una vaca en brazos —gruñó Anushka mientras Lily le preguntaba, por octava vez, qué le había pasado.

—¿Pero qué demonios te pasó? —volvió a preguntar Evans.

—¡Eso! —intervino Leickran—. ¡Dinos qué te pasó!

Mientras unos cuantos se dedicaban a averiguar qué le había pasado a la rusa mayor, de vez en cuando, el resto miraba a Lupin. El pobre hombre se sentía confundido. No sabía si seguir el consejo de Liesl o quedarse calladito, aunque tampoco creía que Anushka fuese a hacerle caso. Después de mirar a Remus de reojo, Annell se volvió a Anushka.

—Por lo menos dinos que fue en las venas y en vertical —pidió.

—¡No! ¡Di que al pecho! —dijo Leickran.

Anushka los miró de arriba abajo cuando comprendió que habían apostado.

—No fue en ninguno de los dos sitios —respondió. Estuvo a punto de dirigirles un nada amigable os jodéis, pero se vería muy vulgar, según ella.

—Entonces he ganado la apuesta, me debéis treinta galeones —bromeó Evans—. Por lo menos según Potter.

Annell y Leickran soltaron una especie de gruñido mientras se alejaban de Anushka y Lily. Lumi se había sentado al lado de Yeye, Raven y Liesl.

—¿Qué le ha pasado? —preguntó Liesl como de pasada.

—Se clavó el cuchillo un poco en el brazo —respondió Lumi de forma que sólo Liesl, y quizá Yeye y Raven pudiesen escucharla.

Yeye saltó del regazo de Raven y miró horrorizado a Anushka.

—¡ANU! —exclamó mientras caía de rodillas y así avanzaba a la rusa. Los Merodeadores lo miraron con cara de "qué tío más loco" mientras los demás miraban a Yeye con cara de "lo que hay que aguantar", excepto Raven, que lo miraba con cierta ternura—. ¿¡¿¡TE DAS CUENTA DE QUE TE PUDISTE HABER MATADO! ¡NO VUELVAS A HACER ESO! ¡NO NOS DEJES A RAVEN Y A MÍ COMO LOS ÚNICOS ESTILISTAS DECENTES DE ESTE COLEGIO!

—Yeye… —llamó Anushka suavemente mientras el seguía en su drama, pero él ni caso—. Yeye… ¡YEYE! —entonces Yeye dejó de lagrimear, se calló y miró a Anushka—. Deja de montar este drama, no fue nada. Y fue sólo un accidente.

—Ah, bueno —respondió Yeye mientras se ponía en pie y caminaba hacia Raven como si no hubiese pasado nada.

—¡Tú dices que no fue nada! —exclamó Annell mientras le daba una patada al suelo—. ¿¡Pero ahora qué apuesto con Leickran!

Entonces pareció que se le ocurría una gran idea, porque su cara de total enojo se iluminó y sonrió. No dejó que nadie hablara, se giró hacia Leickran y le murmuró algo que nadie consiguió escuchar. Entonces Leickran también sonrió.

—Acepto —dijo tendiéndole la mano a Annell—. Cincuenta galeones a que no.

—Hecho —respondió ella mientras estrechaban sus manos—. Prepárate a perder.

—¿Qué habéis apostado? —preguntó Anushka con curiosidad.

—Pues… algo que sé que no te gustaría saber —rió Leickran.

El chico retrocedió ante una mirada asesina de Anushka, pero no pasó a mayores. Los Merodeadores se preguntaron de qué iba la apuesta; Lumi se dio cuenta de lo que trataba; Yeye y Raven estaban más ocupados en mirarse mutuamente; Liesl empezaba a sospechar de qué iba la ya casi famosa apuesta y Lily estaba más ocupada en intentar sonsacarle a Anushka lo que le había pasado.

—Par de ludópatas —susurró Raven despectivamente.

Eso no provocó pelea, porque el único que lo oyó fue Yeye y su reacción fue una simple risa, relajada a causa de la caricia que el escocés le dio con las puntas de los dedos.

—Lithgow —llamó Sirius de pronto; iba a jugarse el todo por el todo.

Raven lo miró con sus profundos ojos oscuros un poco entornados, Sirius se dio cuenta entonces de que los llevaba delineados en negro.

—¿Qué relación tenéis vosotros dos? —preguntó señalándolos a él y a Yeye.

A Kali por fin le habían dado el alta en la enfermería. Dumbledore había ido a visitarlo, para que lo seleccionaran. El Caído no tenía ni idea de lo que tenía que hacer para que lo seleccionaran a una casa, y tampoco sabía muy bien de qué iba la cosa, pero fuera lo que fuese, quería estar con Yeye.

Antes de salir de la enfermería, había plegado sus alas y las había ocultado dentro de su propio cuerpo. Después siguió a Dumbledore hasta la estatua de una gárgola.

—Plumas de azúcar —dijo el director a la gárgola. Dumbledore no necesitaba decir su propia contraseña, pero la dijo para que Kali la supiera y pudiese entrar cuando quisiera.

La gárgola giró y descubrió las escaleras hacia es despacho de Dumbledore. Ambos, el director y el Caído, subieron. Ya en el despacho, Kali lo contempló maravillado. Los miles de libros en las estanterías, los aparatos mágicos… todo era para él como un mundo nuevo.

—Toma asiento, por favor —le pidió Dumbledore mientras señalaba la silla frente a su mesa.

Kali obedeció, pero siguió mirando a su alrededor, fascinado. Para un mago humano, el despacho de Dumbledore era un lugar realmente interesante, así que más lo era para un Espectro… Estas criaturas tenían una forma de vivir, de pensar y de obtener y utilizar su poder muy diferente de la de los humanos, incluso los Ángeles y los Demonios tenían formas diferentes entre sí. Los Caídos como Kali eran híbridos en todos los sentidos: en el aspecto, el uso de las alas y el poder.

—¿Kali? ¿Podrías mirarme, por favor? —pidió el director sonriendo.

El Caído lo miró, a regañadientes.

—Gracias… —Dumbledore cogió el sombrero seleccionador—. Esto es para seleccionarte —explicó—. Sólo tienes que ponértelo y él te dirá en qué casa tienes que estar.

Kali cogió el sombrero de manos del director y se lo puso, un tanto extrañado.

—Difícil… Eres valiente, lo veo… Y astuto. Inteligente y con ganas de aprender… —le dijo el sombrero sorprendiéndolo aún más.

"Eso ya lo sé" —pensó.

—Y yo sé que lo sabes —respondió el sombrero.

Así que le leía el pensamiento. Otro objeto interesante.

"¿Entonces, en qué casa tengo que estar?"

—¿En cuál quieres estar?

"¿Puedo elegir?"

—Tú sí. Tú podrías estar en cualquiera de las cuatro casas.

"No lo sé —contestó Kali reflexionando—. Sólo quiero estar con Jesse Dalton. Pero no sé si lo recuerdas."

—Sí, claro que lo recuerdo. Tu valor gana esta vez, ¡GRYFFINDOR!

—Esto será divertido —dijo Leickran.

Estaban en las pruebas de quidditch. Liesl y Sirius se iban a presentar para golpeadores. Por tanto estaban Leickran, Annell, Yeye, Raven, Kali y Lily, y de los Merodeadores sólo Peter y Remus. Se sentaron en las gradas cuando vieron salir a James y lo poco que aún quedaba del equipo, seguidos de los que se presentaban a las pruebas. Para el agrado del público, la primera prueba fue la de los golpeadores.

Debían admitirlo. Sirius era increíble. Daba giros espectaculares y golpeaba con fuerza. Pero Liesl se llevó las palmas. Hacia su tercer golpe, todos la miraban maravillados. Pero entonces sonrió con malicia y le dio a una bludger con especial fuerza. La pelota asesina fue directamente a las gradas. Nadie tuvo tiempo de moverse, hasta que se dieron cuenta de que la bludger le dio a Peter. Remus miró horrorizado a su amigo y a Liesl.

—¿Por qué demonios no tiré yo eso? —ése fue Raven, que más que horrorizado estaba sintiendo una mezcla de fascinación, envidia y enfado.

Por desgracia o por fortuna no fue más que un leve golpe.

—¡VON PRATER! —gritó James furioso.

—Fue un accidente —contestó ella.

—La creo —le dijo Lumi a James.

—Yo también —la apoyó Charlie Davidson, el otro cazador. En realidad, a Charlie le gustaba Lumi y sólo por eso apoyaba a Liesl.

El guardián, William Weasley, no dijo nada. Ganado por la aplastante mayoría, James tuvo que pasar por alto ese supuesto accidente.

—Está bien… —murmuró—. Von Prater, estás en el equipo. ¡Pero no más bludgers hacia Peter, o reconsidero la decisión!

—Teniendo en cuenta que fue un bludger backbeat, es lógico que no haya acertado —dijo William, más para sí mismo que para el equipo.

"Te equivocas, acerté de pleno" —pensó Liesl como respuesta—. ¿Y quién es el otro golpeador? —preguntó.

—Sirius —respondió James.

—Maldición… —dijeron Lumi y Liesl, al mismo tiempo y tan expresivas como de costumbre.

Los dos Merodeadores las miraron con expresiones maliciosas.

—Pasemos a la prueba del cazador —sugirió Charlie, a quien no le gustaba ver a nadie mirando así a Lumi.

Los demás estuvieron de acuerdo. Para la prueba del cazador había casi tantos candidatos como para los golpeadores, si no más. Los protagonistas, que miraban las pruebas con interés, sólo conocían a una: Daphne Nishimura, una chica del curso de Kali.

El Caído había cambiado su apellido por Bloodworth. No había querido decir cuál era el auténtico, porque sabía que, si lo hacía, tendría consecuencias que no le apetecía afrontar. Era lo malo de su condición: pertenecer a la única familia de Espectros conocida por los magos era un arma de doble filo.

—Pues como es la única que conozco —comentó Annell—, es la única que quiero que gane.

—Parece que es buena —respondió Anushka al ver cómo volaba.

—Sí —concedió Lily.

Daphne terminó ganándoles a todos por barrida. Metió ocho maravillosos goles, para el asombro de James y todos los presentes. No dudó ni un momento en la decisión de que Daphne Nishimura era la nueva cazadora.

—Pues en efecto, era buenísima —dijo Leickran mientras veía a Daphne bajar de la escoba.

Tal vez Raven hubiese hablado, pero estaba más ocupado evitando que los celos se le notaran demasiado. Yeye en esos momentos hablaba animadamente con Kali sobre los jugadores. Ambos reían y demás. Yeye le explicaba más o menos cómo iba el juego.

—¡Raven! —llamó Leickran mientras le metía un leve zape en la cabeza.

—¿Qué? —respondió él mientras intentaba matar a Leickran con la mirada. Sabía que no conseguiría ni que el alemán se inmutara, pero quería desahogarse de alguna forma.

Leickran notó su enfado, pero pensó que era por el golpecillo que le había dado en la nuca.

—Te estaba preguntando qué tal te pareció Nishimura —repitió Leickran en tono aburrido.

—Ah, sí, es muy buena —gruñó por lo bajo mientras miraba de reojo a Yeye y Kali.

Daphne bajó de su escoba y saludó a sus nuevos compañeros de equipo con una media sonrisa.

—Y además es guapa —comentó Remus—. Aunque no es la más guapa que he visto, ni mucho menos —añadió mirando a Anushka, quien no se dio por aludida.

Kali se puso en pie y corrió al encuentro de su compañera.

—¡Daphne! ¡Lo conseguiste, eres la mejor! —gritó.

—Lo sé —respondió ella fríamente, aplacando un tanto el ánimo del Caído.

Yeye fue a levantarse para seguir a Kali, pero se encontró con una mano que se lo impedía sujetándole la muñeca izquierda, una mano de dedos delgados y uñas bastante largas que le arañaron ligeramente la piel.

—Quédate, por favor —susurró Raven.

Yeye se volvió a sentar y lo abrazó. Sólo que de pronto se separó bruscamente de él y le preguntó de sopetón:

—¿Estás celoso, Rave? —y esbozó una sonrisa con fingida ingenuidad.

Aye —admitió Raven sin inmutarse—. No quiero que nadie te aleje de mi lado.

—Pero nadie va a hacerlo —dijo Yeye fingiendo no darse cuenta de que su novio no podía ya con los celos que sentía hacia Kali.

Desde su escoba, Sirius notó el abrazo que le había dado Yeye a Raven. Recordó la pregunta que les había hecho y la que los muy mal… vados no se habían dignado a responderle. Agarró con más fuerza su escoba. ¿¡Y por qué demonios no se lo podían decir a él! No eran los mejores amigos, pero su lado cotilla, por así llamarlo, se estaba muriendo de la curiosidad.

—¡Sirius, reacciona! —llamó James con voz burlona—. Ya podemos irnos.

Sirius y James bajaron los últimos a tierra firme.

—No te noto tan contento como creía que te pondrías —le dijo James.

—¿Y por qué debería estar contento? —inquirió Sirius.

—Porque eres golpeador —respondió Potter—. Era lo que querías, ¿no? Tienes suerte de ser el mejor. Junto con Von Prater, que la verdad es que me sorprendió.

—Algunos pensarán que fue sólo por joder —cuando dijo algunos, Sirius pensaba en Liesl y Lumi, recordando la amable forma en que protestaron Maldición cuando James anunció que él era el otro golpeador.

—Bueno, en cuanto te vean en un partido verán que no es cierto —le animó James leyéndole el pensamiento.

—Si tú lo dices… —y se reunieron con su público.

—Enhorabuena, Black —le dijo Liesl secamente.

—Me alegro por ti —añadió Lumi en tono diplomático.

—Gracias —contestó Sirius un poco triste—. Lo hiciste muy bien, Von Prater. Salvo por el golpe a Peter.

Ella se limitó a sonreír, a lo Mona Lisa. Sirius bajó el tono de voz para preguntarle en plan confidencial:

—Lo hiciste a propósito, ¿verdad?

—Ni en un bludger backbeat me equivoco —respondió ella en el mismo tono—. Pero como se lo digas a Potter, olvídate de tener hijos por el método biológico.

—Bueno, bueno. Tampoco es para ponerse así —dijo Sirius volviendo a su tono normal—. ¡Por cierto! ¿Tú sabes qué relación tienen exactamente Dalton y Lithgow?

—Sí. —Sirius abrió la boca para preguntar cuál, pero ella le atajó—: Pero no te lo voy a decir.

—¡Jo!

Lumi y Liesl se miraron sonriendo, a lo vampiro la primera y a lo serpiente la segunda, y se alejaron en dirección a sus amigos. Remus estaba con ellos, intentando que Anushka le hablara o por lo menos fingiera escucharlo, pero con los mismos resultados que las últimas doscientas setenta y cinco mil ciento treinta y seis veces, aproximadamente: ninguno.

Anushka, aunque se enteraba de que Remus intentaba que ella le hablara, buscaba cualquier excusa para distraerse. Hubo un momento en el que ella, Anushka Maycov, mujer de fría, calculadora y de ciencias, se puso a buscarles formas a las nubes, descubriendo que una tenía forma de ornitorrinco. Y otra de snitch… Y una de cuchillo.

Movió bruscamente la cabeza y buscó otra distracción. ¡Una mariposa…! Después de contarle diez aleteos a la mariposa decidió buscar otro entretenimiento.

—Annell, ¿este verano también irás a Rusia? —preguntó.

—No lo sé, todavía falta para Navidades, no voy a pensar en el verano aún, Anu —respondió Annell—. ¿Por qué?

Anushka se encogió de hombros. Al ser ambas de Rusia, y de Moscú, había veranos que los pasaban juntas gran parte del tiempo, pero de vez en cuando Annell se quedaba en Inglaterra con algunos familiares. En esa plática, Remus vio un rayo de esperanza para poder hablar con Anushka.

—¿Pasáis el verano en Rusia? —les preguntó a ambas.

—A veces —respondió Annell.

Anushka sólo lo miró un segundo antes de girarse hacia Lumi, con la esperanza de que su amiga le diese una excusa para irse de ahí. La finlandesa se dio cuenta de la intención de su compañera.

—Por cierto, el otro día me puse a buscar mi navaja y no la encontré —comentó—, ven a ayudarme a buscarla, Anu. "Vaya mierda de idea —pensó—. Tengo que hacerme un archivo con ideas para estos momentos."

—Si quieres, te ayudo yo también —se ofreció Remus con una débil esperanza que Lumi se encargó de destruir.

—No puedes entrar en la habitación de las chicas —le recordó, cogió a Anu por un brazo y la llevó literalmente a rastras.

—Vale. Ésta quería librarse de mí —se quejó Remus, que no tenía ni un pelo de tonto.

—Tranquilo, Lupin —dijo Raven con un suave dejo de ironía—. Conseguirás que te hable. Lo que no sé es si será más cerca de mañana o del año que viene…

Yeye y Kali se rieron. A Raven le sorprendió que el Caído no lo mirara como un rival, así como él mismo lo miraba. No se dio cuenta de que Kali no sabía de la relación que mantenían él y Yeye.

—Eres realmente maligno —dijo Daphne Nishimura acercándose—. Te felicito. ¿Cómo te llamas?

—Raven… Digo, Aidan Lithgow, pero llámame Raven.

—Raven… Crow… Karasu —susurró ella—. ¿Por qué Raven y no Crow?

—Me gusta más.

—Suena más elegante —intervino Annell.

—¿Elegante? —inquirió Leickran—. Pero si Raven tiene fama de macarra. Y encima con su acento… adiós elegancia.

—Gracias, Leick —rió Raven con ironía—. Pero te recuerdo que tú tienes fama de psicópata.

—Liesl no me deja solo en eso —respondió el alemán.

—Y tampoco esperes que lo haga —le dijo la chica.

—Como puedes ver —le dijo Sirius a Dahpne—, todos estos están como cabras.

Daphne les mostró una media sonrisa. Más tarde, los Merodeadores y compañía descubrirían que esta chica nunca sonreía, sólo medio sonreía. Sobre todo cuando no entendía nada.

—Bueno, tengo que ir a mi dormitorio, aún tengo un montón de deberes que hacer —dijo—. Espero veros luego.

Cada uno se despidió como les dio la gana. Los menos amigables fueron, como de costumbre, Liesl y Leickran, que sólo la miraron marcharse, pero antes James le dijo:

—Ya te avisaré luego de cuándo es el primer entrenamiento.

—¡Vale! —respondió ella ya a lo lejos.

—Yeye, yo tengo que ir a preguntarle una duda al profesor Slughorn —le dijo Kali.

—¿Quieres que te acompañe… mos? —se apresuró a decir al recordar los enormes celos de Raven.

—No hace falta, gracias —contestó Kali con una sonrisa—. De todas formas, no voy a tardar.

—Vale, entonces nos vemos en la sala común —sonrió Yeye.

—Claro, nos vemos luego —dijo el Caído mientras se alejaba.

Raven no podía negar que se sentía enormemente feliz de que Kali se alejara de ellos unos momentos, que podría pasar solo con Yeye, igual que hacían tan sólo un día antes.

—Creo que nosotros también deberíamos regresar a la sala común —comentó James.

Todos asintieron y comenzaron su marcha hacia la torre de Gryffindor. Remus todavía tenía la ínfima esperanza de que Anushka le hablara, aunque no sabía que en la torre de Gryffindor no la encontraría.

Porque ella no iba a ayudar a Lumi a buscar algo que no se había perdido. Le había dicho a Lumi que le apetecía dar un paseo y salió, dejando a su amiga leyendo. Caminó por los pasillos encontrándose de vez en cuando con alumnos que la saludaban con un simple gesto de la mano, que ella les devolvía.

—¡Maycov! —se sorprendió una voz a sus espaldas.

Anushka se giró.

—Lestrange —respondió fríamente a voz de saludo.

—¡Qué extraño resulta verte a ti sin tus inseparables amigos! —dijo Rabastan Lestrange con cierto toque de burla.

—Y qué extraño resulta escucharte a ti sin que digas estupideces —le respondió Anushka.

Lestrange iba a protestar, pero Anushka ya había desaparecido por un pasillo. Y no muy lejos de ella estaba Kali.

—Entonces, si le añadimos menos de la cuenta, la poción se volvería un veneno, ¿no? —le preguntó Kali al profesor Slughorn.

—Así es —afirmó el profesor de pociones—. Para haber llegado algo tarde al colegio se te dan muy bien las pociones.

—Gracias —sonrió Kali.

—Bloodworth, algún día podrías venir a unas pequeñas reuniones de mis alumnos favoritos —le invitó Slughorn con una sonrisa.

—Oh, gracias, profesor, pero no sé si…

—Bueno, no te preocupes —le cortó el hombre mientras habría la puerta de su clase—. Piénsatelo. Y también podrías traer a algún amigo tuyo.

Kali pensó en Yeye y se iluminó su rostro, pero aun así debería pensárselo.

—Bueno, me lo pensaré —dijo el Caído antes de despedirse del profesor.

Kali no dio ni siquiera cuatro pasos cuando escuchó una voz detrás de él.

—Vaya, vaya. Alguien que pretende ser el favorito de Slughorn —se giró y descubrió a un chico dos grados mayor que él, de Slytherin, que si mal no recordaba, se llamaba Tristen Avery—. ¿Pero qué otra cosa se podría esperar de un Gryffindor?

Kali le dirigió una hosca mirada antes de intentar seguir su camino, pero Avery se le adelantó y le cerró el paso.

—Kali Bloodworth, ¿me equivoco? —No esperó a una respuesta, siguió hablando—. Tu apellido no me suena. Seguro que eres otro asqueroso sangre sucia, como tus amigas Evans y Von Prater.

Kali crispó los dedos sobre el libro de pociones al escuchar a Avery llamar así a Lily y Liesl. Aunque no fuesen sus grandes amigas del alma, no soportaba que las denigrasen así por su origen. Y es que a los Caídos a menudo les ocurría eso entre los Espectros, y Kali comprendía muy bien qué tipo de discriminación era aquélla.

—¿Sabes? Si por mí fuera, todos vosotros los sangre sucia seríais eliminados. Sólo mancháis la reputación de los magos de sangre limpia. —Kali intentó seguir su camino, pero Avery continuaba obstruyéndoselo—. No sois más que escorias.

—Tú tampoco eres gran cosa, Avery —Kali y Tristen se giraron al mismo tiempo.

Apoyada en la pared estaba Anushka, que había escuchado al Slytherin decir los apellidos Evans y Von Prater y sabía que no sería para echarle flores a sus dos amigas, así que decidió ver qué pasaba.

—Lárgate, Maycov, esto no va contigo —escupió Avery.

—Resulta que el chico al que le estás quitando su tiempo es mi amigo —informó Anushka mientras se acercaba a los dos con paso ligero y resuelto. Apartó a Tristen con una mano, misma que posó en un hombro de Kali—. Así que espero por tu bien que lo dejes en paz.

Kali miró un momento a Anushka con admiración. La chica inspiraba verdadero miedo si se lo proponía.

—¿Eso es una amenaza? —preguntó Avery sin ocultar lo que parecía ser indignación.

—Pues mira tú por dónde, sí —respondió Anushka—. No vuelvas a molestar a Kali si aprecias en algo tu asquerosa vida.

Obligo suavemente a Kali a darse media vuelta y los dos se alejaron caminando de Avery, que miraba a Anushka con una mezcla de enojo y asco. Pero entonces se le ocurrió una venganza perfecta. Caminó en dirección contraria a Kali y Anushka, para buscar a Lestrange.

—"Y va a pedirme que la mate" —pensó Tristen antes de desaparecer por un pasillo.

—¡Evans! ¡Eh, Evans!

Lily no se giró. No le apetecía nada hablar con James Potter. Y menos aún desde que había descubierto que le atraía… Bah, no, no le atraía.

—¡Evans! ¿Te has vuelto sorda o qué?

"Qué pregunta más tonta —pensó Lily—. ¡Si me hubiera vuelto sorda, no podría contestarle porque no lo habría oído!"

Y entonces apareció alguien a echarle un cable.

—Lily… Te llamas así, ¿no?

—Sí, ¿por qué?

—Kali me dijo que eres muy buena en Encantamientos, y yo soy un desastre, ¿podrías ayudarme con el encantamiento convocador?

Lily se aferró a la oportunidad que le brindaba la otra chica como a un clavo ardiendo.

—Sí, claro. Ven, vamos a practicar a la biblioteca…

James se quedó con dos palmos de narices.

—Sí, claro. Si Nishimura es un desastre en Encantamientos, me como mi varita —susurró.

Entonces se le acercaron los demás Merodeadores.

—No has podido hablar con ella, ¿no? —adivinó Remus.

James negó con la cabeza.

—Estas chicas son de un escurridizo… —suspiró el licántropo.

—Maycov, puede. ¡Lily sólo tiene suerte! —escupió James—. Nishimura llegó a salvarla. Como vuelva a hacerlo, la saco del equipo.

—¡Ni se te ocurra! —se alarmó Sirius—. ¿No ves que era la mejor de las pruebas por barrida? ¡Es casi tan buena como Lumi!

James y Remus lo miraron extrañados. Peter no, porque no se dio cuenta del detalle curioso.

—¿Lumi? ¿Desde cuándo la llamas por su nombre? —preguntó James.

—No la llamé por su nombre —negó Sirius sorprendido.

—Sí lo hiciste —dijo Remus—. Habrá sido inconscientemente, pero anda que no es raro.

Los dos animagos se miraron y se encogieron de hombros, un tanto extrañados. Peter no, porque siguió sin darse cuenta de nada, y eso que lo habían dicho.

Sirius que se sintió un tanto ofendido cuando Remus dijo que era raro que llamara a Nieminen por su nombre, decidió atacar.

—Pues también es raro que llames a Maycov por su diminutivo cuando la mujer te da calabazas siete veces al día —dijo con burla.

Remus gruñó mientras lo miraba de forma hosca, y James rió.

—¿Entonces sí te gusta Maycov? —preguntó Peter, para meter aun más la pata.

Para entonces, Sirius y James ya se partían de risa en el suelo, mientras que Remus hacía un ruidillo parecido al del gruñido de un perro y miraba a Peter con cara de ir a matarlo.

—Vamos a la sala común —dijo. No fue una sugerencia, ni una pregunta, fue una orden.

El primero en seguirlo fue Peter, porque Remus enfadado comenzaba a recordarle al loco psicópata germanohablante dos (entiéndase: Leickran), que también tenía la extraña costumbre de soltar gruñidillos al enfadarse de sobremanera. Sirius y James los siguieron, pero tampoco eran de gran ayuda, porque mientras caminaban continuaban partiéndose de risa. Llegaron a la sala común, donde encontraron a la gran mayoría de la extraña familia. Sólo faltaban el recién añadido Kali y Anushka.

—¿Dónde… dónde está Maycov? —preguntó Sirius entre risas—. Tendría que estar aquí.

—Es cierto —le dijo Remus a Lumi—. ¿No te estaba ayudando a buscar el cuchillo?

—Sí, bueno… —comenzó Lumi—. Me dijo que quería ir con McGonagall un momento.

—Sí, claro —murmuró Lupin por lo bajo mientras se dejaba caer en un taburete.

—No tienes suerte con la chica, ¿eh, Remus? —le preguntó James, ya después de su ataque de risa.

—Ni tú con Evans, que busca excusas patéticas para escapar de ti —eso sí le dolió a James, que borró al instante la sonrisa de su cara.

Cuando escucharon ese comentario, todos dejaron de hacer lo que estuviesen haciendo. Liesl y Lumi, que leían, levantaron la vista de sus libros (Las Dos Torres y Macbeth respectivamente), Yeye y Raven dejaron de charlar y Annell y Leickran dejaron de jugar al ajedrez mágico.

—¿Lily intentó escapar de Potter? —preguntó Leickran.

—Eso es nuevo —susurró Liesl.

—No lo intentó, lo consiguió —respondió James hoscamente—. Nishimura apareció de la nada y le preguntó no sé qué de Encantamientos.

—Kali me comentó que a Daphne no se le dan bien los Encantamientos —comentó Yeye.

—También le podría haber preguntado a Nieminen —observó James.

—Claro que podría, pero yo ni estaba a mano, ni necesitaba que me libraran de un plasta —espetó la cazadora sin pizca de tacto.

—Nishimura es una niña dulce y atenta —ironizó Raven, que sabía de buena fuente (por buena fuente entiéndase Kali) que no lo era, entre otras cosas porque nunca entendía los temas sentimentales.

—Tanto como tú —le atacó Sirius, que también lo sabía—. ¿Estás saliendo con Dalton?

Éste y Raven suspiraron y se miraron.

—Eres un cotilla de lo peor —dijo el más alto de los dos, y volvió a su conversación.

Annell los miró, suspiró y destruyó una torre de Leickran con su reina, por lo visto el alemán no es que fuese muy bueno al ajedrez mágico. Se le daba mejor ser él mismo quien metía los golpes.

Entonces escucharon que el retrato de la Señora Gorda se abría y dejaba pasar a alguien. Entró primero Kali, y después Anushka, con las manos aún en los hombros del Caído, en gesto protector y el ceño fruncido.

—¿Qué ha pasado? —preguntó Yeye de golpe mientras los miraba.

—Avery —escupió Anushka con desprecio—. Él y su maldita manía de molestar a los que no son de sangre limpia.

—Pero tú sí eres de sangre limpia —dijo Annell.

—Ya, pero es que el apellido de Kali no le sonaba y dio por sentado que era hijo de muggles… Vaya un imbécil —esto último lo dijo casi para sí misma.

—¿Estás bien? —le preguntó Yeye a Kali mientras se ponía de pie.

Raven, bastante fastidiado, se cruzó de brazos y miró a la chimenea apagada con desprecio, como si le reprochara que Kali hubiese vuelto tan pronto.

—Sí, no te preocupes —le dijo Kali con una sonrisa.

—Vale… —aceptó Yeye—. Entonces no me preocupo. ¿Te importa si…?

—Vuelve con él —Kali señaló a Raven, su voz tenía un ligero toque de amargura que el perspicaz Lithgow notó a la perfección.

—¿Seguro?

—Seguro. —Después el Caído se volvió hacia Liesl—. Por cierto, Avery te insultó. A ti y a Lily. Tal vez te interese saberlo.

—¿Sangre sucia? —preguntó ella con una nota de desafiante orgullo en la voz.

Kali asintió.

—Qué poco originales son —bufó la rubia—. Siempre insultan igual. Pues que Avery tenga cuidado si no quiere acabar colgado de un árbol como su colega Wilkes.

Aquel episodio del curso anterior había sido francamente gracioso, ya que Wilkes casi doblaba en altura a Liesl, que no era Tkachenko precisamente, y ella lo había dejado colgando de un árbol cabeza abajo. Con muy buena perspectiva, ya que lo colgó de forma que, si caía, lo haría en el lago, cosa que acabó pasando.

—¿Por qué no le haces algo peor? —le sugirió Sirius malévolamente. Él habría aplaudido de haber visto la hazaña, el problema es que no la vio: se la contaron.

—Quizá lo haga —replicó Liesl en tono aburrido—. Siempre que no decida considerarlo una pérdida de tiempo.

—¡Bueno, si tienes ganas! —intervino James un poco molesto—. Tú y Rhapsodos deberíais uniros a nosotros. Con nuestros cerebros y vuestros… cerebros, podríamos armarlas buenas.

—Lo siento, yo trabajo en solitario —respondió Leickran, que acababa de perder espectacularmente la partida de ajedrez.

—Pero no te vendrían mal unas clases de ajedrez, Leickie —le dijo Annell.

—¿Leickie? —repitió Sirius mientras volvía a darle la risa descontrolada.

Esa vez se le unieron James y Remus, que pararon de reírse en cuanto sintieron una mirada nada agradable del alemán. Annell aplaudió encantada la capacidad de Leickran para meter miedo. Anushka soltó una risa leve y se acercó a donde estaban sentados Annell y Leickran. La pelirroja le dejó su sitio libre.

—Prueba contra mí —le dijo—. Te enseñaré, pero primero hay que ver qué tan malo eres.

—Si hubiera un TIMO de ajedrez sacaría un TR —respondió Annell.

—¿Un TR? —repitieron Anushka y Leickran al mismo tiempo.

—¿Eso existe? —preguntó Lumi al levantar la vista de Las Dos Torres.

—Lo crearían específicamente para Leickran —respondió Annell encogiéndose de hombros—. Es Trol retrasado.

Hubo una carcajada colectiva, menos de Leickran, que se contuvo para no matarla. En primer lugar porque Liesl lo torturaría de mil y dos formas diferentes, en segundo porque no habría quién le dejara un poco de sus pociones en la clase de Pociones.

—Annell, aléjate unos cuatro metros antes de que mi autocontrol se vaya a la mierda —advirtió Leickran.

Y la chica, por precaución, siguió el consejo y se sentó al lado de Liesl, como medida de seguridad. La austriaca le mandó a Leickran una mirada… llamémosla apaciguadora, y el alemán se concentró en su partida con Anushka. La rusa mayor le ganó en tres minutos. Podría deberse a que ella era muy inteligente, o a que Leickran era pésimo en ajedrez.

—Creo que primero te enseñaré a mover las piezas —se burló Anushka.

—Anu, te respeto y te quiero, pero no sigas o nos mataremos a cuchilladas —gruñó.

Remus llegó a sentir que su estómago se revolvía cuando Leickran dijo y te quiero, y por algún motivo recordó la noche de luna llena que los vio abrazándose, y nunca supo por qué.

—Te quedarías sin ranas de chocolate —dijo Anushka sin asustarse.

—Buen punto… —susurró Leickran.

—¿No puedes comprarlas tú? —inquirió Raven glacialmente. La ya típica pregunta de Sirius había logrado lo que parecía imposible: ponerlo de peor humor del que ya tenía de por sí.

Kali, en un alarde de prudencia, se alejó lo más que pudo de él. Las dos rusas y Leickran no se dieron por enterados. Los Merodeadores lo miraron con cara de miedo, Raven enfadado era peor que las siete plagas de Egipto a la vez. Lumi cerró el libro de un golpe, declaró que se aburría y salió de la torre de Gryffindor. Liesl le mandó a Raven una mirada apaciguadora que no dio ningún resultado. Y Yeye lo abrazó cariñosamente, cosa que no le mejoró el humor pero sí hizo que se ocupara de otro asunto que no era descuartizar a Leickran y/o a Sirius. Cuya pregunta, dicho sea de paso, quedó medio respondida cuando vio que Raven abrazaba otra vez a Yeye.

"Nunca me dejan saber nada" —pensó en plan deprimido.

De pronto en la sala común se había hecho el silencio, cosa inexplicable porque, obviamente, no estaban solos en ella. La mayoría de los presentes miraban a Raven con una mezcla de miedo y respeto.

—¿Qué pasa? —preguntó belicosamente—. ¿No os vais a ocupar de vuestros asuntos?

Se puso en pie y salió de la sala a paso de carga. Yeye se quedó algo decaído, y Kali, rápidamente, se sentó a su lado para consolarlo.

—Culpa de Black —dijeron Annell, Anushka y Leickran al mismo tiempo.

—¿¡Mi culpa! —preguntó Sirius indignado.

—Bueno, tuya y de tus preguntas estúpidas —aclaró Anushka.

—No pasa nada, seguro que se le pasará… —le decía Kali a Yeye.

—Sí… —suspiraba él.

Liesl sintió algo raro en su estómago, que no sabía describir porque nunca antes lo había sentido.

—Vamos, Yeye, no pasa nada —dijo mientras también intentaba consolarlo—. Ya sabes que a veces se pone así y después se le pasa.

Mentira. Ya habían visto a Raven así de furioso, quizá sólo una vez en dos años, pero nunca había sido por celos o amor. No sabían qué reacciones tendría en esos momentos.

—Bueno… —dijo Anushka mientras se ponía en pie—. Antes de que las paredes comiencen a chorrear miel, me voy. ¿Quién me acompaña? —miró a Annell y Leickran.

Por un corto instante, casi todos miraron a Remus. Peter no, porque aún no se enteraba bien de la movida, y Anushka tampoco, porque no pensaba ir a ningún sitio cerca de Lupin.

El licántropo no sabía si decir un pequeño yo y arriesgarse a ser cruelmente masacrado o quedarse callado, dejar que se fuera sola y perder una oportunidad de hacer las paces con ella y seguir sano y salvo.

—Bien, entonces nos veremos en la cena, supongo —dijo mientras salía.

—Muy bien, Lupin, eres un aventurero hecho y derecho —dijo Leickran en cuanto Anushka se fue.

—Resulta que desde que le dijiste que yo le iba a pedir salir a Alison, cada vez que le hablo corro el riesgo de perder alguna parte de mi cuerpo —gruñó Remus.

Leickran se desparramó en la butaca y soltó un ruido entre desdeñoso y despreocupado.

—Si no te atreves a decirle la verdad, es que no la mereces —dijo.

Lupin se puso rojo antes de gritar:

—¿¡VERDAD! ¿¡QUÉ VERDAD! ¡YA HE DICHO MIL VECES QUE NO LA QUIERO!

—Pero si nosotros no hemos dicho nada acerca de que la quieras —rió Annell.

Remus cerró los ojos mientras se insultaba mentalmente. Se había delatado él solo. Dio la media vuelta y subió a su habitación. Más imbécil no podía ser.

—Pobre Remus —se compadeció James.

Lily y Daphne entraron en aquel momento en la sala común y dieron una mirada alrededor. Daphne le dio las gracias a Lily, lo que hizo pensar a James que, o bien habían dicho la verdad durante toda la conversación anterior, o bien estaba todo previamente planeado. Él se decantaba por la segunda opción.

—A ver si adivino —dijo Lily—. Lumi se ha ido a entrenar porque hay algo que la molesta profundamente aquí.

Annell asintió.

—Raven se ha ido porque por X razón ha terminado de hartarse de la compañía de estos simples mortales, como diría nuestra consabida y bienamada Liesl —continuó Lily.

Yeye asintió.

—Y Anushka se ha ido como daño colateral del enfado de Raven —remató la pelirroja.

Remus asintió.

—Pues vaya panorama —concluyó Lily dejándose caer en un asiento junto a Liesl—. ¿Y a ti qué te pasa? Tu comportamiento todavía no lo entiendo.

—Pues no lo intentes —le recomendó Liesl volviendo la mirada al reloj—. Me voy a la cama.

Se levantó y se fue. Yeye la siguió, él siempre se acostaba temprano.

—Vaya… ¿Y quién fue el imbécil que provocó esta reacción en cadena? —preguntó Lily al ver a Yeye y Liesl marcharse.

Annell y Leickran miraron a Sirius sin decir palabra. Lily captó el mensaje. Sirius los miró mal, pero tampoco dijo nada.

—¿Y qué hizo? —les preguntó Lily sólo a Annell y Leickran.

—Preguntarle a Raven qué relación mantiene con Yeye —respondió el alemán.

—¡Pero es que si lo abraza, no me puede decir que sólo son amigos! ¡Lithgow nunca abraza a nadie! —exclamó Black.

Y esa vez todos lo miraron mal, excepto Daphne, que sólo estaba de espectadora y, por supuesto, no se enteraba de nada. Sirius soltó un bufido algo parecido a los de Lumi cuando se exasperaba y se hundió en su silla. Parecía un complot del mundo en contra de él.

—Bueno, hombre, es que haces cada pregunta más indiscreta —le dijo James.

—¿Tú ves indiscreto preguntar lo evidente? —espetó Sirius.

—Si es evidente, ¿para qué lo preguntas? —inquirió Leickran.

—Para confirmar mis sospechas —respondió él.

—No seas pesado, Black —pidió Annell—. La relación que mantengan Yeye y Raven es cosa suya, y te lo dirán si quieren, pero de momento haz el favor de respetar su intimidad como ellos respetan la tuya.

Hubo un silencio. Al parecer, Annell había hecho que Sirius recapacitara de matar a Raven y Yeye a preguntas. Leickran se puso en pie.

—Tengo hambre —dijo a modo de excusa y se fue.

—Yo también —y Annell lo siguió.

Aclaraciones

Bludger backbeat. En esta jugada, el golpeador le pega a la bludger con un revés y la envía hacia atrás en lugar de hacia delante. Fuente: Quidditch a través de los tiempos.

Daphne Nishimura padece un leve síndrome de Asperger, lo que implica que tiene un nivel de empatía inferior al de las personas neurotípicas (o sea, los demás en general). Es medio japonesa, y pelirroja teñida, su color de pelo natural es moreno. Personaje de Haku.

Karasu significa cuervo en japonés.

Extraños saludos. Portaos mal y pensad peor, que es muy divertido, y comed bichos porque luego ellos os comerán a vosotros xP (total, son proteína pura).

Se despiden Annell y Haku, los Ángeles de Oscuridad.