+_CONFLICTOS_+

.

.

Capítulo XIII: Preludio

.

Otra entrega más, ya casi nos acercamos al final de esta historia. Gracias a los que siguen leyendo y apoyándome con sus comentarios. ¡Disfrútenlo!

.

Advertencias: Contiene demasiadas escenas y palabras gráficas de sangre y violencia, con pensamientos nada positivos, así que están advertidos. Leves insinuaciones de yaoi.

.

Disclaimer: este anime no me pertenece ni los personajes, son de Temari Matsumoto y Tomo Takabayashi, sólo uso de ellos para mis locas ideas, por lo tanto no recibiré ningún benéfico de esto, sólo ver a mi lindo Wólfram feliz con Yuuri.

.

Agradecimientos a: lirionegro-san y demás que leen anónimamente. Gracias por seguir esta historia.

.

.

En capítulos anteriores:

.

Regresó un día cualquiera cuando mi humor era agrio y con la idea incrustada en mi mente de vengarme de aquel sujeto que casi mata a mi familia y quemó mi hogar. En esa ocasión se presentó, y lo que más me impactó fue enterarme fue que él era mi puente entre mi objetivo y yo.

-Víctor. ¿Por qué me está contando todo esto?

-Ya se lo dije, porque confío en su criterio. Nadie más sabe de esto. Era un secreto, pero debo suponer que si algo sale mal necesitará esta información. El resto de la historia puede obtenerla de mis archivos personales, puede decírselo a los demás. Los perfiles de todos los involucrados, excepto de Víctor, y la causa que inició todo.

-¿Lo está protegiendo?

-Revelar su existencia y ayuda no es necesario. Él no es un peligro contra nosotros.

-¿Y ese mujer?

-Hablé con ella en una ocasión, dejándole claro que si lo intentaba de nuevo la atraparía. Pero ha desaparecido, supongo que también fue descubierta por ellos. Será un problema encontrarla antes del baile, supongo que ella fue un error no enmendado.

-¿Ella lo sabe todo?

-No.

-¿Le ha dado información a Víctor sobre los planes del baile?

-Si

-Necesitaba que el pudiera entrar.

-Wolfram… ¿Acaso ha pensado que esto puede convertirse en un mal presagio?

-Por eso usted estará al tanto de todo. Nada fue al azar, sólo prueba y error. No permita que ellos ni los nuestros lo cometan.

-¿Cómo pretende que lo haga si no conozco…?

-Diviértase armando el rompecabezas… -sonrió de forma maliciosa. Por alguna razón aquel mazoku le parecía igual de peligroso que Shinou-heika. No se atrevió a realizar conjeturas sin averiguar más. Necesitaba pensar.

.

.

.

OoOoOoOoOo

.

.

.

No habían hallado al intruso que hábilmente había burlado la seguridad frente al cuarto del mazoku. La fuerte búsqueda por todo el barco había sido infructuosa y las posibles explicaciones sobre los métodos empleados para entrar y salir como un fantasma eran muchas, aunque poco viables. Ahora lo que más le preocupaba era el anillo en el dedo de su prometido que extrañamente estaba atado a él con un tipo de magia desconocida para sus hombres. Le molestaba que el sujeto en cuestión haya regalado una joya tan valiosa al ojiverde y que su visita fuera como una cita a escondidas, porque no se había llevado nada así que ladrón no era. Dejó que sus ojos recayeran en la figura del rubio durmiente y sintió culpa por sus acciones y la forma como habían influenciado la ruptura en el espíritu de Wolfram. Creía que su decisión era la mejor solución, desde su punto de vista, aunque algo no dejaba de incomodarle.

.

-¿Qué desea, Su majestad?

-Quiero que seas usted quién se encargue de toda la operación militar para el evento y de Shin Makoku.

-Yuuri-heika, ¿Está consciente que esto suspenderá a Wolfram de su rango como soldado?

-Gwendal, sabe mejor que yo que algo anda mal con él. Si por lealtad o por hermandad no lo ha detenido, yo puedo jugar ese papel.

-Entiendo. Aunque se equivoca en lo segundo –su atención fue captada de inmediato, no creía malentender la situación –Nadie debe pisotear el honor de una nación y su pueblo.

La frase se mantuvo en su cabeza, la idea sonaba a venganza, pero decidió ignorarlo porque tal vez sólo era una tonta excusa para cubrir su fuerte lazo familiar hacia el rubio.

-No importa, además necesito…

Los ojos azules de Von Voltaire se mantuvieron curiosos en la figura nerviosa del chico pelinegro –Necesito que me cuente todo lo que conozca al respecto sobre esta misión, conspiración o como desee llamarlo.

.

Sí, así era como el ojiverde se había visto relegado de su posición de poder. Suspiró. Explicarle sería complicado, pero esperar las consecuencias de sus actos era peor.

-¡Yuuri-heika! –el golpeteo suave en la puerta le indicó que estaban listos. De despidió de su prometido con un beso en la frente y abandonó la silenciosa habitación con la firme determinación de acabar de una buena vez con aquella pesadilla.

.

.

.

-Ahora que todos estamos presentes, vamos a comenzar –declaró solemnemente el peliplateado ante la gran mesa de reuniones que ocupaba la mayor parte de la habitación. Los participantes asintieron –Primero que todo, hay que aclarar que la organización y disposición interna de todos los soldados y empleados para el gran baile ya se han realizado. Se han hecho los últimos arreglos en las brechas de seguridad que tenemos en algunos lugares del castillo.

La noticia fue bien recibida, aunque no existía plena confianza de que tan impenetrable sería.

-Gunter, ¿Se ha verificado la cantidad de invitados con sus respectivas identidades y cargos? –los ojos azules del hombre con el ceño fruncido leían con atención la enorme lista que había sido preparada con antelación para la reunión.

-Sí. Ante la posibilidad de tener personas no deseadas en la fiesta, le fue entregado a cada uno un objeto único con una clave.

-¿Quiénes conocen el sistema?

-Nosotros en esta sala y Wolfram. Waltorana insistió en que no se hiciera público a los nobles de las 10 familias y menos a él.

-¿Quiénes asignaron ese objeto y clave?

-Wolfram y yo.

-No estaba enterado de ello –Gwendal acarició su mentón en señal de preocupación.

El Gran sabio y Yuuri observaron al mayor guardar silencio mientras los demás en la habitación esperaban cualquier tipo de reacción.

-No veo la razón por la que esto pueda significar un problema –interrumpió Conrad clavando una mirada severa en su hermano -¿Estás poniendo en duda todos los avances que hasta el momento él ha logrado?

-Pareces confiado en que todo ha estado bien. Te recuerdo que los últimos acontecimientos sugieren lo contrario. La información que ha proporcionado y sus acciones distan de ser idóneas.

-Gwendal –el tono de amenaza no pasó desapercibido para ninguno de los presentes.

-Deténganse –con voz firme y levantándose de un salto de su puesto el Maoh interrumpió la creciente disputa entre los dos hermanos.

-Si él ha considerado que este sistema asegurará mayor control y evitará infiltrados, entonces está bien. Gwendal y yo nos encargaremos de los arreglos que faltan con el personal. Conrad quiero que asegures los alrededores de Shin Makoku, incluyendo pueblos vecinos. Gunter y Anissina terminarán los preparativos de la ceremonia. Murata…

-Lo siento, hay asuntos que debo atender –se disculpó con una sonrisa amable en su rostro. El pelinegro lo observó confundido, sabía que estaba ocultando algo –Muy bien el Maoh se ha pronunciado –declaró solemnemente ante la sorpresa dibujada en las expresiones de sus camaradas.

-Entiendo –el ojiazul asintió –Sin embargo, ¿Qué medida debemos tomar con Norman-san y su hija Aoi-san? Tengo en arresto al hombre, pero la mujer aún es fugitiva.

-¿Se ha hecho algún interrogatorio, Gwendal? –preguntó el peliplateado con un atisbo de preocupación en su mirada.

-Sí. Niega conocer cualquier detalle que comprometa a su hija en actividades ilegales. Su colaboración en eso fue voluntaria, a él le pareció buena idea permitir que la chica participara de las acciones políticas para fortalecer su temperamento y desarrollar su capacidad de tomar decisiones.

-¿Notó algo extraño en la forma de actuar de la mujer' –fue el Gran Sabio quién preguntó en esta ocasión -¿Cómo ella puede encontrarse con las tropas rebeldes y cubrir su imagen de buena hija?

-Para nuestra mala suerte, ella sale mucho ya que su madre y abuela viven lejos de aquí. Va a visitarlas regularmente a ayudarle en los quehaceres hogareños. Sin embargo, hace unos días he enviado unas soldados a conversas con aquellas mujeres. El viaje en promedio tarda día y medio, Aoi generalmente permanece allí un día y luego regresa, según lo declaran las señoras. Pero no concuerda con lo que su padre afirma, el tiempo en que la chica tarda en regresar es del al menos 6 días.

-Así que él miente o ella es la que lo hace

-No parece mentir. Lo más probable es que ella engaña a su familia y escapa esos días restantes para encontrarse con el hombre que buscamos. Se aprovecha de la falta de comunicación entre las dos casas y la confianza de sus parientes.

-Entonces su ubicación es cercana, no pudo arriesgarse tanto –comenta el castaño pensativo.

-Sí, es lo más probable. Aunque es difícil dada la cantidad de pequeños pueblos y asentamientos cercanos a la zona, tardaremos días antes de rastrear todo.

-Aun así, yo me encargaré de buscarlo –la firmeza de aquellas palabras cesan cualquier disputa por la misión –Pondré a mis hombres en eso –Conrad suspira aliviado al notar que no hay resistencia ante su ayuda.

-Está bien, será tu trabajo Conrad, cualquier hombre o mazoku sospechoso deberá ser traído para interrogatorio y juicio si es encontrado culpable.

-Entiendo.

-Esperen, esperen… ¿Qué clase de juicio? –Yuuri pregunta algo alterado por la repentina muestra de agresividad en sus voces – ¿Mataran a esos hombres?

-Detente, Shibuya. No debes dudar de estos procedimientos y en la conducta de sus soldados. La ley es y será aplicada de acuerdo a como está escrita –le regañó el pelinegro con lentes –El Maoh no es quién escoge la sentencia de acuerdo al pecado sólo la dicta, y si eso justifica su muerte, que así sea. Los pueblos humanos y mazokus han optado por cumplir las normas nacionales sin importar el rango o la población. Serán castigados por traidores y asesinos.

El pelinegro permaneció inmóvil sin poder idear un reclamo audaz o pertinente después del discurso de su amigo y sabio. A pesar de ello, la impotencia y la frustración por verse limitado lo hizo enfurecer más de lo que normalmente este tipo de situaciones lo hacía. Y por primera vez, en lo que lleva allí, se sintió inútil e patético.

Antes que la sesión fuera levantada, se dirigió a Gwendal –Necesito hablar contigo sobre otro asunto. Es personal.

.

.

.

Aquel día luego de la tensionante reunión y el siguiente lleno de papeleo que firmar y los preparativos de la gran reunión, se encontraba demasiado nervioso ante la idea de dirigirse a un salón lleno de nobles y personas de alto rango entre sus extensos dominios. Durante el transcurso de varias horas desde que el sol había finalizado su puesta, los carruajes no pararon de llegar frente a la gran entrada del castillo de Shin Makoku.

-Quisiera que estuvieras aquí, esto es demasiado para mí. Eres el que se encarga de la burocracia, ¿lo recuerdas? –declaró con tristeza mientras tomaba la pálida mano de su prometido entre las suyas. Ante el descuido de Gunter había salido a hurtadillas de la oficina unas horas atrás para tomarse un descanso y alejarse del alboroto que sólo empeoraba su ansiedad. Era un día importante, lo entendía, después de todo, una celebración programada con antelación y en la que toda la nobleza de los dignos mazokus y los altos mandos de las naciones humanas aliadas había centrado su atención. Era el acto final para cerrar un capítulo en la historia de la guerra entre dos razas que por siglos había combatido por el dominio sobre la otra. Aunque no estaba seguro lo que Wolfram había planeado. Quedaba claro que él esperaba encontrarse con el líder de la emboscada, pero ante el repentino refuerzo en la seguridad en todas las instalaciones, le parecía más un intento frustrado que efectivo. Pero los obsesivos detalles en la organización por parte de Gwendal daban a entender que existen posibilidades, y que él creía en ellas. Ningún lugar es completamente seguro, pero si quiere llegar a su objetivo silenciosamente y a tiempo, entrar por la fuerza no parece lógico.

-¿Por qué están tan seguros que entrara el enemigo, Wolfram? –la pregunta se extinguió de sus labios. Podría pasarse todos los días pensando en una solución pero no poseía la inteligencia de su compañero. Dos toques en la puerta rompieron su concentración. No le extrañaba que lo descubrieran en ese lugar, después de todo, se había convertido en una costumbre casi vivir allí. –Sigan –respondió perezosamente sin moverse un centímetro. Nada lo arrancaría de la comodidad en la que se encontraba hasta que fuera la hora de prepararse. El rostro apacible de su padrino seguido de dos doncellas con algunos objetos se asomó por la entrada.

-Es momento para prepararse para la fiesta, heika –llamó el mayor el mayor mientras las mujeres acomodaban la ropa y demás accesorios a la vista.

-Es Yuuri, tú me nombraste –le riñó por la excesiva formalidad.

-Heika, si desea podemos ayudarle a vestir –sonrió Sangría a la espera de la orden.

-Oh, no, no, yo mismo lo haré –les apremió levantándose como un resorte para guiarlas hasta la salida. No estaba seguro que tan buena idea podía resultar de semejante proposición.

-Pero puede necesitar asesoría… -rebatió Doria ante la negativa del gobernante con una sonrisa satisfecha que no desmentía su interés por ayudarlo.

-Conrad está aquí, así que él puede hacerlo. Entre hombres nos entendemos mejor –les sonrió tontamente esperando acertar, luego se percató por las miradas perversas que había pisado una mina.

-Oh, claro heika, nadie mejor que Weller para guiarlo en este tipo de cosas, él podrá satisfacer cualquier pedido suyo –el tono de la frase no pasó desapercibida para el Maoh y el soldado, además de la clara insinuación de algo más. Yuuri enrojeció totalmente.

-¡Essso...no..fue lo que dije! –tartamudeó sonrojado hasta las orejas – ¡Él es mi padrino y un buen amigo…no podría…estoy comprometido!

-Yuuri, sólo lo están molestando. No les deje aprovecharse de su ingenuidad –le consoló con una mano posada amablemente en su hombro.

Las risitas de las chicas se escucharon por el pasillo mientras cerraban la puerta con cuidado, dejándolo a él y a Conrad solos. Suspiró agotado luego de la repentina situación vergonzosa. Se enderezó algo adolorido por permanecer arrodillado muy cerca de la puerta. Observó que Conrad seguía tranquilo esperando sus órdenes, ni siquiera se había tomado en cuenta la broma, era un chiquillo al lado de un medio humano que era incluso más viejo que su propia madre. Comenzó a desvestirse silenciosamente sin volver a mirarlo a los ojos. Aquella muestra de confianza no era algo común en él, era la primera vez que le permitía a otra persona asistirlo en una tarea como aquella. Sin embargo, si quería comportarse como un rey no sólo debía aceptar las responsabilidades, también las comodidades que aquel cargo conllevaba. Los movimientos de poner la ropa y acomodarla fue el sonido ideal, el más cercano a la rutina, para calmar sus enredados pensamientos. Las manos ágiles del castaño lo arreglaron con cariño como un padre a su hijo, y eso le gustó. Necesitaba algo de afecto para recobrar la seguridad que perdía a cada segundo.

-¿También vestías a Wolfram para este tipo de ceremonias? –notó un pequeño estremecimiento y como se detenía en su labor. Los ojos mieles evitaron los suyos, pareció pensarlo unos segundos y luego todo volvió a la normalidad.

-Si –respondió indiferente

-¿Sabías de sus planes?

-¿Estás interrogándome?

-¿Sabías de sus planes? –repitió más fuerte intentado acallar su dolor al tener que dudar de la confianza que había depositado en aquel hombre.

-Si –tembló ante el descubrimiento que estaba haciendo. Se separó un poco -¿Qué tanto sabías…?

-Todo –no había terminado la pregunta y la determinación en su voz junto con la mirada que lo enfrentaba le tomaron por sorpresa.

-¿Por qué…?

-Era un secreto, nuestro secreto. No podía contarlo a nadie más. Yo mismo me encargué de mantenerlo dentro de los mínimos estándares de control.

Se distanció enojado, una sensación de molestia y algo parecido a los celos se hizo presente. Lo habían excluido en su prisión en la tierra para mantenerlo a salvo, como un falso rey dentro de una burbuja de cristal. Mordió su labio, tenía ganas de llorar. ¿De dónde salía esa devoción que era exclusivamente para él? ¿Acaso, también estaba cegado por la venganza?

-¿Y lo lograste? –escupió con sarcasmo -¿Arriesgar a todas las personas valió la pena?

La mirada miel se relajó, parecía entender su confusión. Lo vio acercarse para colocar una mano en su hombro y la otra cerca de su oído acariciando su cabello distraídamente. Era una muestra hipócrita de apatía y la odiaba. Manoteó lejos ambas extremidades de su cuerpo, por alguna extraña razón aquel contacto le disgustaba hasta el punto de aborrecerlo. –Estás mintiéndome –se volteó para huir de allí. Habían acabado.

-Yuuri-heika… -escuchó a sus espaldas mientras intentaba escapar. Abrió la puerta para marcharse pero la mano del otro fue más rápida impidiendo su salida cerrándola con violencia y la mantuvo ahí, a pesar de sus varios intentos por retirarla.

-¡Estás enamorado de tu hermano! Por eso el racional Conrad que conozco desapareció cuando él planeó está absurda estrategia –ladró con rabia. No sabía si estaba celoso por competir por el cariño del castaño o por compartir sus sentimientos de amor hacia su prometido. Era tan doloroso.

-Tal vez, pero soy consciente que si esto no termina ahora las cosas empeorarán en el transcurso de los siguientes meses. Esto ha dejado de ser una simple venganza, aquel sujeto está empezando a guiarse por las malas influencias de gobernantes corruptos, se está convirtiendo en una guerra mundial. No voy a permitir que vuelva a suceder lo mismo de hace varios años, y no soy el único.

-¡Eso no justifica el asesinato de todos esos hombres y las medidas de ejecución para los rebeldes! –gritó aferrándose a la puerta -¡Estás traicionando la confianza de Gwendal y los demás!

-¡Lo sé! –su grito acalló su monologo. Lo miró de reojo, el rostro tranquilo y complaciente estaba arrugado en una expresión de dolor y culpabilidad. Quiso hacer algo para consolarlo pero se detuvo. No sabía que debía hacer –Hemos tenido problemas pero los hemos solucionado, Wolfram le ha contado todo a Waltorana y a Gwendal. Nosotros nos encargaremos de todo esta noche.

-¿Nosotros?

-Sí, las tropas especiales y el ejército humano, estarán presentes para eliminar la oposición –se enderezó parcialmente con la mirada seria y un gesto de indiferencia poco saludable que no acostumbraba a mostrar, y que tampoco le quedaba muy bien -¡No pueden hacerlo! ¡La violencia sólo genera sangre y odio!

-Si podemos porque fue la última orden que Wolfram impartió a todos como gobernante, Gwendal, los nobles mazokus y yo estamos dispuestos a cumplirla –irguió totalmente su postura dejando libre la puerta que antes intentaba mantener cerrada –Todos están locos –finalizó decepcionado abriendo el portón para marcharse. Debía encontrar un sitio donde serenarse y organizar su estado de ánimo.

-Somos mazokus, orgullosos y apasionados, y él nos ha humillado a todos, eso es lo que nos une –se detuvo ante esas palabras. Conrad seguía asombrándolo, antes cuando apenas comenzaba a conocerlo no había dudado en declarar su lado humano, su lado débil. Ahora frente a él notó que revelaba aquel lado oscuro y fiero que caracterizaba a los demonios, uno que mantenía oculto con su forma de ser.

Se volteó para encarar a su padrino -¿Qué te dio Wolfram para cambiar tu forma de parecer? –se preguntó no seguro de escuchar la respuesta.

–Nunca he tenido mayor convicción como la que reposa sobre mía ahora –sus dientes se fueron mostrando poco a poco, no era la sonrisa agradable de siempre. Lo observó con algo de temor, un escalofrío sacudió su cuerpo al ver la mueca maliciosa en el otro –Pero he disfrutado el ser su guardia personal. Nos vemos luego, heika –la figura desapareció cuando la puerta se cerró con un ruido seco. Aquella última palabra daba respuesta a su pregunta, su prometido había cometido un pecado más y también una segunda infidelidad hacia su pacto.

Conrad borró de su cara aquel sucio y lascivo gesto. No había sido algo intencional, pero la presión que el joven soukoku ejerció influyó en su actual irritación. Ya llegaría el momento de disculparse. Cerró la puerta con seguro y luego, caminó despacio hasta posarse al lado de la cama del rubio. Aun dormido su hermano conservaba facciones hermosas y pacíficas. El recuero del barco varias semanas atrás cuando fue hallado mal herido en la emboscada se coló por su mente, aunque esta vez, no sabía si cuando recuperara la consciencia volver a ser el mismo.

Acercó su rostro hasta quedar a pocos centímetros del rubio. Lo mantuvo así captando la fragancia dulce del otro cuerpo. También era consciente que la tentación de robarle un beso era grande, aun así se resistió. Meses antes el ojiverde había acortado las distancias para recibirlo con gusto con su boca, ahora esa pasión estaba apagada junto con su portador. Suspiró. Más tarde habría tiempo de aclarar sus sentimientos y decidir su futuro.

-Deséame suerte, Wolfram.

.

.

.

.

A pocos kilómetros del castillo de Shin Makoku…

.

Frank sabía que las medidas de seguridad serían difíciles de evitar, por ese motivo los saldados, las estrategias y los anteriores días observando eran los mejores métodos para ganar algo de ventaja. Además, el obsequio de Víctor era sin lugar a dudas un excelente regalo de disculpa, ese pequeño objeto junto con la clave le darían la facilidad de entrar sin levantar sospechas. El problema era ¿Cómo iba a comunicarse con sus hombres una vez dentro del castillo? Las poas brechas observadas en la vigilancia eran rigurosas y una sola equivocación llevaría su plan a la basura. Eran pocos los que gozaban de su confianza e intentar con ellos una maniobra era estúpido. Tenía a su lado la fuerza militar de Gran Shimaron, de la cual, no estaba muy seguro de contar con la lealtad a la causa por parte del rey. Sin embargo, involucrarlos como distracción era una acción ingenua. Belal había sido directo, si la rebelión fracasaba sería perseguido como una rata. Su fuerza era un préstamo, debía ganar, de lo contrario su reino se vería amenazado por la fuerza de los mazokus y los aliados.

Qué ridículo había pensado en aquel instante cuando el dirigente enfatizó la necesidad de una estrategia sagaz. Extrañaba la brillante mente de Víctor, porque el si hallaría una solución sin dificultad alguna. Pero contar con su ayuda sería involucrarlo innecesariamente en una venganza que no era su problema. Le había hecho prometer que lo acompañaría hasta alcanzar la puerta, pero a partir de allí, él se encargaría solo. Necesitaba alejarlo porque no se perdonaría nunca si llegaba a morir como William.

-Señor, han entrado varios carruajes con grandes provisiones de lo que parecer ser alimento –le indicó un joven alto con buena musculatura y ojos intimidantes, sosteniendo una piedra houseki en su mano.

-¿Has hecho bien la adivinación?

-Sí, señor.

-¿Cada cuanto están entrando y saliendo los vehículos? –indagó otro hombre bajito acurrucado muy cerca.

-Cada hora, hora y media como máximo –respondió este. Frank meditó unos segundos sin despegar sus ojos del camino arenoso. La revisión de cada vehículo era minuciosa más no rigurosa puesto que bajar la carga para detectar cualquier otro instrumento dentro de la mercancía a la vista era complicada y retrasaría los demás encargos que llegaban y salían en abundancia por esos días del castillo. Infiltrar gente de su bando podría resultar beneficioso, sólo unos cuantos para asegurarse de tener cubierta la espalda. Debían apresurarse, pues al finalizar la tarde entrarían sólo aquellos poseedores de un objeto, los demás deberían esperar afuera de los grandes muros cuando se diera la oportunidad de irrumpir.

-Quiero a todos reunidos en los próximos 20 minutos –ordenó calmadamente. Era la hora de escoger los mejores mercenarios entrenados. Abandonó el puesto de observación con la sensación de placer recorriéndolo de punta a punta. Iría a buscar la ropa adecuada para vestir y mejorar su apariencia personal, no debía generar comentarios acerca de su manera de vestir o asearse. Recorrió la estrecha tienda de campaña donde una montaña de trajes elegantes había sido apilada descuidadamente. Sus soldados los obtuvieron de los saqueos y visitas a diferentes pueblos y ciudades de paso. Sin embargo, la etiqueta no era precisamente algo importante dentro de su vasto conocimiento. Ahora era cuando Ao le hubiera sido de gran utilidad, los gustos de una mujer era la clave para ese tipo de ocasiones. Maldijo mil veces dando vueltas como loco, su orgullo masculino estaba siendo amenazado por algo tan trivial como combinar las prendas que usa. Entre gritos y órdenes le pidió al primer subordinado que apareció, buscar entre los demás alguno que tuviera mínimos saberes sobre ceremonias y reuniones de alta clase. Al poco tiempo un hombre alto, de cabello negro y afilados ojos azules con un cuerpo musculoso cubierto con ropas gastadas apareció en el umbral de la cortina, sus ojos brillantes y la sonrisa divertida le molestaron.

-¿Quién diablos eres?

-Señor, yo soy Yozak.

-No te conozco ¿De dónde…?

-Víctor me permitió unirme hace unos meses, así que esa es la razón por la que no me reconoce –respondió seriamente temiendo una reacción no deseada de aquel sujeto bipolar si en llegado caso recordara la escena en el bar cuando estaba apenas siendo contratado.

-Con que es así… sólo a él se le ocurre contratar sujetos extraños –susurró casualmente ignorando la presencia del otro. El comentario ofensivo hacia su persona no pasó desapercibido, una pequeña venita apareció en su frente.

-¿He herido sus sentimientos? –Frank le retó burlonamente al notar la tensión en sus hombros.

-¿Puedo saber la razón específica para llamarme?

-No te llamé específicamente a ti, si está aquí presumes de que se trata todo.

-¿Qué tipo de ropa le gustaría vestir? –cuestionó revisando todas las prendas dispersas por el sitio y zanjando el tema de su unión al grupo.

-No tengo ni idea, para eso está aquí

-¿No puede elegir que ropa le puede ser más cómoda? –la pregunta flotó en el aire antes de chocar y explotar en la cabeza del líder. La expresión de odio no se hizo esperar. Yozak sabía que no debía provocarlo, pero tampoco debía ser demasiado sumiso. Su misión, la que le había encomendado Von Voltaire había sido rastrear aquel hombre a su localización hasta la forma en que se infiltraría, y luego lo transmitiría lo más rápido posible. No era un método confiable y elegante pero si efectivo.

-Cualquier cosa esta bien, desde que no sea algo ridículo como esto o esto –señaló los complicados diseños con seda y algodón en dril, seda, chifón y terciopelo que solía utilizar la nobleza.

-Bien. Creo que puedo recomendarle algunas combinaciones, supongo que deben ser fáciles de cargar, ya que cuando entre al castillo vestir estas prendas e infiltrarse debe ser una tarea fácil, no puede ser muy evidente ver a un noble caminando despreocupadamente por áreas que no sean las designadas para los invitados.

-¿Quién te dijo que debo cargarla hasta utilizarla? –preguntó sarcásticamente ante el extraño comentario -¿Cree que podría ingresar al castillo luego de iniciar la velada? Será una enorme caja de seguridad, sería más fácil salir.

Por unos minutos los dos hombres permanecieron en silencio. Yozak no podía evitar estar asombrado ante la revelación -¿Entonces cómo…?

Y de pronto el rostro del jefe se iluminó de una manera tan maliciosa y divertida que por un instante dejó de respirar. –Oh, esa es la mejor parte. Puede felicitar a Víctor por su ingenio. Yo seré un invitado más, no necesito desgastarme la cabeza pensando en cómo ingresar.

Y las palabras terminaron de sobrecargar su sistema nervioso. Sino fuera porque esta encubierto, muy seguramente había gritado y luego le habría golpeado para sacarle la información.

-Tiene buenos gustos, me serán de gran ayuda –le señaló las prendes que había separado del montón. Ni se inmutó ante el halago. –Ahora, quiero que escoja el más adecuado –le escuchó decir con un aparente buen humor. Se quedó muy quieto tratando de controlar la ansiedad y la repentina necesidad de salir corriendo. Su mente seguía dando vueltas al asunto, sólo había una manera para que obtuviera el acceso al castillo tan fácilmente, y eso era que el mismísimo Wolfram se los había permitido. Sólo Su excelencia y Gunter conocían el procedimiento para autentificar la identidad de los asistentes. Así que Víctor era cómplice del mazoku, debía haberlo imaginado. Entrar tan fácilmente en un grupo tan estrecho y receloso no hubiera sido posible sin un contacto.

¡Maldita sea! –gruñó mentalmente. No había justificación para lo que estaba a punto de provocar Wolfram Von Bielefeld.

-Oe –llamó la atención el mayor. De pronto la cercanía y la mirada intrigada del líder le hicieron saltar intimidado.

-Lo siento. Creo que me he tomado mucho tiempo para pensarlo.

-eres tan extraño como Víctor –comentó sin ningún atisbo de mala intención en su voz –Ya entiendo porque te escogió, se lo debe pasar en grande jodiendote la vida –una pequeña sonrisa asomó en el rostro de Yozak. No era novedad que entre el líder y el capitán había romance, pero la forma en que lo citaba le hacía ver que no era una simple aventura para bajar tensiones.

-Supongo que vestiré esto –lo observó no muy convencido de querer usarlo.

-No solo la ropa hace al noble, jefe

-¿Qué quiere decir con eso? ¿Acaso está insultándome?

-No, no, quiero hacerle entender que debe hablar de una forma más correcta

-Hipócrita, querrá decir.

Una sonrisa forzada provino de un avergonzado ojiazul. Sería difícil instruir a aquel hombre que sólo vivía para el tabaco, las horas libres y la batalla. Le sorprendería si lograba pasar por las puertas del castillo sin ser detenido por formar algún tipo de incordio a la guardia o a los anfitriones. Un noble tiene sus tácticas y maneras le había dicho el rubio un día cualquiera cuando su comportamiento rayaba en la insolencia de un simple ciudadano. Sí, había hombres excéntricos en la realeza. Contempló de reojo a un bien arreglado hombre, que si no lo conociera y sin contar con el hecho que no abriera su boca, podría ser confundido por un rey o príncipe.

-Prepárese Yozak, en unos minutos 5 hombres más entraran camuflados al castillo. El segundo al mando que he dejado como sustituto le informará

-Creí que me quedaría con la tropa para…-rebatió confundido por el cambio de planes. La negativa del jefe no estaba programada. Detener unos cuantos intrusos era fácil, el problema radicaba en los refuerzos y en el ejército rastrero de Gran Shimaron que esperaba órdenes un poco más apartado de su campamento, la cual, si era su verdadera misión.

-Sería un desperdicio dejarlo con los demás, aunque no lo he visto en acción puedo entrever que es bueno en lo que hace –le sonrió encantadoramente mientras recogía algunos objetos y salía.

-¿Irá en carruaje?

-Por supuesto, estoy deseándolo –gruñó ya lejos a medida que hacía algunos gestos a algunos soldados.

Yozak permaneció inmóvil en la salida de la tienda. Al parecer la noche sería bastante larga. Pero primero debía dejar un rastro con pequeñas migas de pan para el noble Von Voltaire.

.

.

.

Varias horas después en el castillo del Maoh…

.

La figura se deslizó silenciosa a través de la habitación en penumbras. Cerró con cuidado y contempló minuciosamente la presencia de otra persona. Nadie. El rostro durmiente del rubio fue la única imagen que mantuvo en su cabeza. Estaba solo y la poca protección era los guardias apostados en la entrada, de los cuales, ya se había encargado. Merodeó atenta, revisando cada objeto en busca de alguna trampa oculta. Nada. El plan estaba funcionando. Descansó su posición dejando que su pulso y respiración retornaran a la normalidad, aun podía sentir la adrenalina deslizarse por su sangre ruidosa y temperamental. Caminó hacia el lecho donde el mazoku de fuego dormía, era un momento adecuado para cobrar la venganza del hombre que la había desechado. Le demostraría a Frank que ella era capaz de hacer cualquier cosa por él y su capacidad para ejecutar cualquier orden. Si no podía ser su amante, sería su mano derecha, el verdugo detrás de su mando. Tendría un lugar a su lado, pero también la oportunidad para deshacerse de Víctor, el traidor, que había vendido a Frank y que aun así osaba acostarse con él haciendo su papel de amante, de amigo y consejero. Destruiría aquella farsa, de eso se encargaría personalmente. Deslizó sus dedos por la cálida mejilla del ojiverde retirando los mechones rebeldes que cubrían sus facciones, para ella no había pasado desapercibido el atractivo del demonio, le había gustado, pero el rechazó todos sus encantos. Probablemente se había percato de sus artimañas para engañarlo.

-Si realmente hubieras sido más inteligente podrías haber destruido a Frank con toda la información y personal que disponías a tus órdenes. Eres tan blando y estúpido como el Maoh –le susurró irónicamente –Ahora te mataré y él perderá a uno de sus más preciados tesoros –retiró su mano para apoyarla en el mango de la espada que portaba e su espalda. El brillo del metal resplandeció ante la tenue luz de la luna, le tomó milisegundos colocarla en posición vertical sosteniéndola con sus dos manos por encima del pecho de la víctima. Le incrustaría el filo en todo el corazón para que se desangrara poco a poco hasta que su corazón dejara de latir y sus pulmones colapsaran. La emoción de visualizar esa escena mental hizo que la ansiedad aumentara. Con una enorme sonrisa en su rostro bajó con impulso el arma, sin embargo, nunca alcanzó su objetivo. La punta había chocado con una barrera invisible que iluminaba parte de la habitación con una luz azulina. Intentó romper el obstáculo aplicando más fuerza pero la barrera no cedió, chispas volaron ante el contacto violento entre el arma y la energía. Entonces se vio impulsada hacia atrás por inercia cayendo al suelo con la espada a unos pasos de su caída. Jadeaba sonoramente ante el repentino esfuerzo. - ¡¿Qué diablos…?! –gritó frustrada. Tomó la espada y revisó cada centímetro de la cama, luego el cuerpo del rubio y entonces lo notó, en la mano izquierda tenía un anillo que no conocía, y también la ausencia de las esclavas –Así que no puedo acercar ningún arma. Supongo que es debido a la magia de Víctor, no importa. Te ahorcaré con mis propias manos –escupió con resentimiento. Se preparó para subir encima del cuerpo del chico cuando la risita traviesa de un hombre la alertaron. Una sombra cerca a la puerta la alertaron.

-No funcionará, aquella magia protectora es para repeler cualquier energía negativo o asesina, si intentas ahogarlo te quemarás viva –le aseguró el recién llegado.

-¡Víctor! –saltó colocándose en posición de ataque blandiendo la espada –Traicionas a Frank nuevamente ¿Por qué estás protegiéndolo?

-No te importa mujer, no podrás entender mis razones

-¡Te mataré y luego lo haré con el prometido del Maoh! –se abalanzó sobre el enemigo, sus espadas chocaron.

-¿Crees que podrás hacerlo con tu fuerza actual? –le contestó con burla

-¡Ya lo verás! –arremetieron con movimientos fuertes y rápidos. Aunque con su fuerza física no podía detener las estocadas brutales de su contrincante. Aoi se apartó a una distancia prudente para recuperar el aliento, sin embargo, el otro no pareció estar de acuerdo. –Hoy no seré compasivo, esta vez Frank no podrá detenerme –despojó a la chica de su arma y la atravesó por abdomen. La sangre salió rauda por la herida hasta caer dispersa en hilos por el suelo. La expresión sorprendida y los balbuceos incoherentes le mostraron una imagen patética de aquella mujer.

-Qué desperdicio de vida –arrancando su espada del cuerpo sangrante y cálido de la jovencita, contempló al mazoku en la cama satisfecho por haber logrado su seguridad. Un pequeño ruido lo alertó, sus hombros se tensaron y sus sentidos se agudizaron -¿Quién eres? –le exigió a la personas que entraba y cerraba la puerta silenciosamente. Las luces se encendieron revelando a un joven de cabello negro, ojos oscuros y lentes.

-Víctor Leitnner ¿Verdad?

-¿Quién pregunta? –levantó su arma hacia el desconocido

-Tranquilo, si fuera a delatarlo ya habría llamado a los guardias en cuanto descubrí a los otros degollados en la siguiente habitación. Yo soy Murata Ken, el Gran Sabio al servicio del Maoh –finalizó con una mirada seria y una mueca parecida a una sonrisa.

Víctor no relajó su postura, frunció sus labios y levantó una ceja en señal de confusión -¿Por qué alguien como usted estaría dispuesto a cubrirme?

-Porque Wolfram me ha contado todo… desempeñaré ese papel que me ha dado, seré el juez detrás de las cadenas que han impuesto sobre Shin Makoku –la respuesta pareció satisfacer la curiosidad del mercenario. La espada fue retirada y enfundada. La actitud del hombre mejoró y la sonrisa satisfecha le permitieron saber que él cooperaria.

-Antes que usted y yo conversemos, debe ver esto –dejó a la vista un sobre pulcramente cerrado y sellado con el escudo de alguna nación, no podía verlo con seguridad.

-¿Qué es?

-Una carta que el rey de Pequeño Shimaron envía a Wolf, desafortunadamente el desconocía el estado en el que se encuentra hace unas horas, supongo que ya se habrá enterado y estará preocupado de cómo se desarrollará toda puesta en escena.

-¿Dónde está su líder?

-Ni idea.

-¿Se le ha salido de control?

-Nunca lo estuvo. Es igual que Wolf, resbaladizos y con ideas impredecibles.

-Oh, noto una extraña confianza con Von Bielefeld –indagó entrecerrando sus ojos. La sonrisa lasciva y el brillo en los ojos de aquel mago acentuaron sus facciones peligrosas. -¿Y qué estamos esperando?

-Algunas cosas han cambiado, al parecer Frank ha hecho movimientos sin consultarme, como ir a visitar al rey Saralegui y otros monarcas.

-Lo detendremos

-No voy a dejar que lo maten ¿Entiende?

-Creo que usted no ha entendido, Víctor. Ese era su guión para acercarlo a Frank –señaló al rubio – en una pelea a muerte, nadie debía entrometerse.

-Ya no hay príncipe, el rey de los demonios tomará su lugar, y estoy seguro que si coloco todas las piezas en su lugar, la muerte de William será revelada, y el Maoh tendrá piedad de sus actos, así lo describió Wolfram.

-¿Cree que Frank se detendrá al saber que Yuuri no fue el culpable de la muerte de su amante?

El hombre mayor desvió la mirada por unos segundos, estaba plenamente consciente que el temperamento del líder era volátil y probablemente se negaría a escucharlo o lo tildaría de traidor, pero no dudó –Apostaré a eso y moriré por ello de ser necesario.

Las palabras de determinación fueron suficientes para que Murata sonriera. Las formas del amor eran misteriosas, incluso para su alma sabia con tantos siglos de experiencia.

.

.

.

.

He de aclarar unas cosas.

Primero, la cronología de este capítulo es un poco loca, pero para cuestiones de resumen y de evitar alargar más la historia, en este capítulo transcurre dos o tres días desde los últimos preparativos hasta que el baile inicia (escena de Aoi y su intento de asesinato a Wolfram), para ese tiempo, Yuuri y los demás debe estar lejos de ahí acompañando a los invitados.

Segundo, la escena pasada donde Yuuri le ordena a Gwendal despojar del poder a Wolf, está ubicada en el capítulo 10 (Barreras), eso, para evitar confusiones.

El siguiente capítulo se llama Inercia. Una gran celebración, chismorreos y la narración de una historia oscura que involucra a Saralegui y a Wolfram, harán que Yuuri se pregunte cuál era el objetivo de su prometido con aquella farsa.

.

¿Reviews?