Capítulo 7. Planes, peleas, confesiones y maldiciones.

Pasaron unos días tranquilos en los que no ocurrió nada interesante ni novedoso. A menos que se considere interesante que Anushka siguiera huyendo de Remus y que Lily continuara utilizando a Daphne para evadir a James, porque novedoso no era. Annell, Liesl y Talvi ya estaban un poco hartas del tema, por no hablar de la desesperación de Yeye, que quería emparejarlas con ellos a toda costa, pese a los sabios consejos de Raven y Kali, que le decían que no se metiera en asuntos que no le concernían (NH: ¿Y que Raven y Kali estén de acuerdo no es novedoso? xD).

Annell y Kali pasaban cada vez más tiempo juntos. El Caído sospechaba que Raven tenía algo que ver con eso, porque, curiosamente, cuando se dedicaba a hablar de Pociones con Annell, Yeye nunca estaba cerca…

—Mira que eres paranoico —dijo la pelirroja menor cuando Kali lo comentó.

—Es para sospechar —replicó él—. Tú y yo nunca fuimos muy bien avenidos, íbamos cada uno por su lado y punto, y ahora resulta que pasamos mucho tiempo juntos y, ¡oh, casualidad!, Yeye pasa cada vez más de mí. Te digo que Lithgow tiene algo que ver. No sé por qué protege tanto a Yeye.

—Yo tampoco —admitió Annell—. Pero te digo que Raven no tiene nada que ver con esto —lo cual era mentira.

El pelirrojo le había hecho notar que su corazonada era que el príncipe azul de Annell caería del cielo, así como había caído Kali, por lo que podría ser él, y así, de paso, lo alejas de Yeye, porque ese tío me da muy mal rollo, había dicho.

—"Vaya que es aprovechado, el tío…" —pensó Annell con desgana y suspirando.

—¿Qué te pasa? —le preguntó Kali al notarlo.

—Nada —mintió—. Oye, ¿por qué llegaste con Anushka el otro día?

—Bah… Malfoy me molestó y ella me defendió —le explicó el Caído.

—Genial, ahora Malfoy la tomará con ella. Si ya desde un principio no se llevaban bien… Malfoy va a necesitar una buena patada en el trasero para dejarla en paz (NC: Mejor por delante del trasero. Ay, no. Que nos quedamos sin Draco).

—¿Crees tú que Yeye sepa que Lithgow intenta separarme de él? —le preguntó Kali, pasando olímpicamente de lo que le decía Annell.

La rusa suspiró con infinita paciencia. Era la primera vez que alguien pasaba de ella abiertamente y no le entraban ganas de matarlo.

—Ya te dije que Raven no tiene nada que ver —repitió—. Además, estoy segura que él no obligaría a Yeye a hacer nada que él no quisiera.

—¡Ah, entonces Yeye pasa de mí porque quiere! —exclamó Kali.

—No… Es que… Déjalo, eres imposible, Kali —gruñó Annell, sin querer reconocer que en el fondo le hacía gracia (NH: A mí también xD NC: 184 años y se comporta como un crío. Ays).

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Annell no era la única que había notado la paranoia de Kali. Lily también se había dado cuenta. Más aún cuando Raven les había contado su relación con Yeye y su plan maestro a todas las chicas, esperando que lo aprobaran. Cosa que Liesl no hizo porque el plan era del estilo de su propio maquiavelismo y no quería que nadie le copiara su forma de pensar.

—Pues no está funcionando —comentó la pelirroja mayor.

—Claro que sí. Bloodworth cada vez ve menos a Yeye —replicó Raven con una leve nota de júbilo en la voz—. Y eso es lo que yo quería.

—Claro. Si no cuentas con que el fruto prohibido es el que más apetece —observó Lily con una voz de hielo que recordaba más a Talvi que a ella misma—. Si sigues impidiendo que Yeye vea a Kali, casi fijo que lo acabas perdiendo.

—¿Tú crees?

—No puedes cerrar los ojos a la atracción que hay entre ellos —contestó Lily dulcificando su tono de voz—. Está claro que a Yeye Kali no le es indiferente. Y Kali directamente es más transparente que el agua destilada. Y se nota que Yeye le apetece muchísimo.

—¿Le apetece? ¿Qué quieres decir con eso? —preguntó Raven sintiendo que su amiga le iba a descubrir por qué le daba tan mala espina el Caído.

—Que es un capricho. Que quiere tenerlo porque se ha dado cuenta de que lo tienes tú —explicó ella tranquilamente—. No digo que Yeye no le importe en lo más mínimo, pero lo que siente por él no es lo que sientes tú. Kali lo quiere por sí mismo, no por él.

—¿Perdón? (NH: Yo tampoco lo entendí, y eso que lo escribí yo xD)

—Concepto egoísta, que se llama. Lo quiere porque tiene ganas, no ha pensado en lo que Yeye pueda sentir. En plan objeto, no como a una persona. Para Kali, todo esto es básicamente una competición contra ti, porque se nota que eres… digamos que el macho alfa del grupo.

(NH: Las explicaciones de Lily NA: Va para psicóloga xD NC: Si fuera capaz de psicoanalizar así su relación con James…)

—Eso me recordó a un gorila… —comentó Raven—. ¡Pero entonces me quiere quitar a Yeye! (NC: ¿Visteis el documental de los bonobús? Ops, perdón, es que me ha pasado lo que a Raven)

—Pues sí, en principio, eso es —dijo Lily—. Pero aunque haya atracción entre Yeye y Kali, Yeye te ama, y eso es más profundo que una simple atracción.

Raven se ruborizó un poco.

—¿Tú crees? —preguntó de forma dócil, poco propia de él.

—No lo creo, lo sé —respondió la chica—. Pero haz el favor de no comenzar a babear, hombre, que estamos en público.

Raven sonrió un poco.

—¿Pero entonces tengo que dejar que se vean? —preguntó incómodo y enfadado.

—Bueno… Tienes que confiar en Yeye.

—Confío en él. De quien no me fío es de Bloodworth —rectificó Raven—. Si lo trata mal…

—En ese caso, el mortífago que le hirió no sería nada en comparación con cómo nos pondríamos nosotros —sonrió Lily—. Sobre todo tú y Liesl.

—Aun así… me da muy mal rollo —gruñó su amigo.

—Por favor, Rave, deja de ser tan posesivo —Lily lo miró seria, lo que hizo que Raven se sintiera un poco más incómodo que antes—. Ya te dije que así sólo conseguirás perder a Yeye.

—No acabo de entenderlo.

—Así como la mejor manera de empobrecer es pretender ser rico, la forma más rápida de perder a alguien es rendirse al miedo a perderlo.

Raven gruñó. Miró al cielo. Y pensó en Yeye y Kali. Yeye y Kali. Yeye y Kali. Parecía un maldito eco metido en su cabeza. Cerró los ojos.

—¿Recuerdas cuando Anushka estaba tirando piedras al agua con cara de querer tirarse a sí misma…? Ya comprendo cómo se sentía —le comentó a Lily.

De nuevo. Yeye y Kali. Yeye y Kali. ¿¡Por qué no se iba de su cabeza ese eco!?

—Qué celoso eres… —murmuró Lily.

—¿¡Celoso yo!? ¿¡Celoso yo!? —repitió él, algo enfadado (NA: Bah, ¿enfadado Raven? No, por Leickran…).

—Sí, tú —le afirmó Lily sin siquiera inmutarse.

—¡No soy celoso! ¡Sólo me parece mal que ese tío esté coqueteando con MI novio! —gritó.

—Bueno, como tú digas, pero baja la voz o se enterará hasta McGonagall.

Y Raven gruñó de nuevo.

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—Me aburro —declaró Sirius—. ¿Por qué no hacemos algo?

—¿Algo como qué? —preguntó Remus.

—Yo qué sé. A mí ya se me ocurrió hacer algo, el resto es cosa vuestra.

Sus amigos lo miraron sorprendidos.

—¿Me quieres decir que no tienes ganas de pensar una broma? —teorizó James con un tono absolutamente incrédulo—. Vale. —Sacó su varita y apuntó a Sirius—. ¿Quién eres y dónde has dejado a nuestro amigo?

Sirius apartó la varita de un golpe.

—Deja de hacer el idiota, James. Es que estoy desconcentrado. No es culpa mía.

(NH: Parece Han Solo xD)

—¿Ah, no? ¿Y de quién es? —preguntó James—. ¿De Von Prater?

—Pues mira tú, sí. Esa chica me desconcentra. Es muy difícil ligar con ella, ni siendo compañeros de equipo.

Los demás volvieron a mirarlo sorprendidos.

—¿Es muy difícil ligar con ella? —repitió Remus—. Es imposible hasta soportarla veinte minutos seguidos, Sirius. Olvídala, no es para ti. Además no sientes nada por ella.

—¿Cómo que no? ¡Me frustra! ¡Eso ya es sentir algo!

El licántropo se echó a reír.

—Además, Maycov es por un estilo —añadió Sirius.

Remus dejó de reírse ipso facto. James y Sirius lo miraron con cara de miedo. No sabían si tenían que temerlo más cuando se transformaba, cuando se reía de ellos o cuando le hablaban de Anushka, que al pobre lo traía por la calle de la amargura (NH: ¿Por qué se llamará la calle de la amargura? ¿Será que es cuesta arriba? NC: Sólo hasta el número 13, a partir de ahí es un abismo sin fondo y con clavos ardiendo en las paredes… ¿Nunca te han llevado por ella? NH: No, suelo ser yo quien lleva a los demás de turismo).

—Somos unos desgraciados y tú nos lo recuerdas —le reprochó James a Sirius, recordando que él y Lily estaban en la misma situación, más o menos, que Remus y Anushka.

—Yo también soy un desgraciado. Os recuerdo que Von Prater está jodiendo mi estadística de cien por ciento de éxitos. ¿No es eso una desgracia? —replicó Sirius.

James y Remus se miraron por una décima de segundo.

—No —contestaron después.

Sirius gruñó. ¿Es que sus amigos no lo comprendían? ¡Él que siempre había podido ligarse a toda chica bonita que quisiera! Y entonces llega esa... esa... ese témpano andante, que lo manda a tomar aire siete veces... ¿¡Es que acaso Von Prater no veía bien!? ¡Era la primera chica a la que Sirius le insistía más de una vez! ¿¡Es que no se sentía halagada!? (NA: Qué modesto el tío… NC: Ahí se ha pasado, la verdad). Dejó que toda su frustración se reflejara en su rostro.

—Sirius… —llamó James—. Pon los pies sobre la tierra. Tienes las mismas posibilidades con Von Prater que Peter… No, bueno, espera… Me rectifico: Tienes las mismas posibilidades con Von Prater que… que… No tienes posibilidades, amigo.

—Gracias —Sirius parecía a punto de lanzarse contra James—. Una lástima que tú estés igual con Evans.

—¡Oye, ella huye de mí! ¡Von Prater hace que tú te alejes de ella con una mirada! —le rectificó James.

—¿¡Y por qué será que Evans huye de ti!? —gritó Sirius.

—¡¡No me grites!! —le gritó James.

—¡¡No te estoy gritando!! —volvió a gritar Sirius.

—¡¡CALLAOS DE UNA VEZ O JURO QUE OS ECHO UNA MALDICIÓN!! —gritó Remus, más alto que sus dos amigos, que se calmaron al escucharle—. Bien, ahora que estáis calladitos… Dejemos el tema de las chicas, que ya está visto que nos altera. Vamos a echar maldiciones a alguien.

James y Sirius sonrieron.

—¡A Quejicus! —propuso James.

—¡Me apunto! —sonrió Sirius.

Y así salieron a buscar a Snape, como si nunca hubiesen peleado.

—¡Eh! ¡Ahí está! —señaló James después de un buen rato de búsqueda—. ¿Qué tal, Quejicus?

Snape masculló algo sorprendente parecido a ir a la mierda, cosa que los Merodeadores no tenían ni la más remota intención de hacer, al menos en un futuro próximo (NC: bueno, los acompaña Peter).

—O sea… que estabas bien hasta que llegamos nosotros —dijo Sirius en tono insultante—. ¡Qué pena!

—Lástima que seas sarcástico —respondió Snape—. Si no lo fueras, pensaría que sabes legeremancia.

—¿Piensas? —preguntó James con maldad—. Vaya, el chiste del día.

Peter se rió. Snape gruñó.

—El chiste sería que pensara esa rata que tenéis como amigo —espetó (NH: Lo que yo decía: Snape tiene sus golpes).

Ninguno de los Merodeadores se dio por aludido. James, Sirius y Remus sabían que se refería a Peter, pero éste no…

—Mira que sois pesados —intervino inesperadamente una voz cerca de ellos.

—¡Hola, Evans! —saludó James tranquilamente—. ¿Ahora sí te dignas a hablarme?

—Deja en paz a Snape —ordenó la prefecta mirándolo con antipatía.

—Mira, no sólo se digna a hablarte, sino también a mirarte —observó Remus con una sonrisa.

—¿Quién pidió que te metieras, Evans? —saltó Sirius enfadado.

—Eh. No le hables así. —Sí, Raven estaba con Lily.

Sirius lo miró de arriba abajo.

—Vale, Lithgow, ya sé que me tienes manía, pero tú tampoco tienes vela en este entierro, así que ya os estáis largando los dos —replicó—. Dejad de perder vuestro tiempo y el nuestro. Tenemos cosas que hacer.

—¿Y os parecen interesantes? —preguntó Raven mirando a Snape de refilón.

El Slytherin se sintió insultado, pero prefirió no decir nada. Temía bastante a Lithgow. Cómo no, sabiendo que medía cerca de metro noventa, sabía muchas maldiciones y tenía ciertas nociones de defensa personal, además de un genio espantoso. Era por eso que a Raven no lo respetaban, le tenían miedo. Cosa que no impidió que Snape lo mirara mal.

—¿Qué? —le lanzó el pelirrojo secamente.

—¡Eh! ¡No le hables así! —le riñó James—. ¡Sólo nosotros podemos meternos con Quejicus! ¿A que sí, Quejicus?

—Imbécil —respondió Snape solamente, y se alejó.

Viendo que el Slytherin se libraba de unas cuantas maldiciones de los Merodeadores, que tenían el día tranquilo, el espíritu justiciero de Lily se apaciguó un poco y volvió a la orilla del lago, donde había mantenido su conversación con Raven.

—Será aguafiestas —refunfuñó Sirius—. Vamos a buscar a Quejiquis. No pudimos ni maldecirlo, que era el objetivo de la operación.

Y fueron de nuevo en busca de Snape, procurando que Lily no los viese. Pero ella estaba más ocupada hablando con Raven, y creía que los Merodeadores ya se habían calmado.

—¿Te gusta Potter? —le preguntó Raven a su amiga de golpe.

—¡No! —se apresuró a decir ella. Raven la miró escéptico—. Oye, que sea guapo no es mi culp… digo… No, él no es precisamente…

—¿Maduro? —la ayudó Raven.

—Sí… Creo que ésa es la palabra —suspiró Evans—. Es tan infantil… No soporto estar con él más de tres minutos.

—Pero te gusta.

—¡Que no! ¡Es insoportable, infantil, inmaduro, imbécil, tonto…!

—Lily —la llamó Raven con otra mirada aun más escéptica—. Te gusta más que a Leickran la tortura psicológica.

—Oye, eso no es gustar, eso ya sería adicción —replicó la chica mientras recordaba las mil y una formas que tenía el loco psicópata germanohablante de hacer sufrir a una persona sólo con palabras y lo mucho que le gustaba.

—¿Entonces me reconoces que te gusta? —volvió a preguntar Lithgow.

—¡Eso es como pedirle a Anu que reconozca que le gusta Lupin! —soltó Lily exasperada.

Unos cuantos curiosos se giraron, sin dar crédito a sus oídos. Una de las tres chicas más inaccesibles de Hogwarts sintiendo atracción por Remus Lupin: un chico normalito de buenas notas con unos amigos algo problemáticos. Lily sintió increíbles deseos de desaparecer de ahí.

—Vale, puede que me guste un poco —reconoció al final, en voz muy baja.

—Lo sabía —sonrió Raven con aire de suficiencia.

Lily lo miró mal.

.

Al día siguiente fue Anushka la que se dedicó a mirar el agua del lago. No estaba hablando con nadie, porque gracias, como siempre, a Lily y a Talvi, había logrado quedarse sola. Ni siquiera Liesl tenía tanta afición a la soledad.

Aunque no le duró mucho.

—¡Hombre, Maycov!

Anushka ni siquiera se volvió. Aquella voz burlesca no la afectó nada.

—Cada vez es más normal encontrarte sola, ¿eh? —añadió otra voz, ésta era fría y arrastraba las palabras.

La chica sí se volvió esta vez.

—Lestrange —saludó fríamente—. Malfoy. ¿No sabéis vivir sin molestar a los Gryffindor?

Malfoy esbozó una sonrisa que habría hecho salir corriendo a cualquiera. Pero no a Anushka Maycov. Ella sólo se quedó mirándolo, tranquila. Los dos Slytherin sacaron sus varitas.

—Te cubro —dijo Lestrange.

Malfoy siguió sonriendo. Nada comparado con las célebres sonrisas de reptil de Liesl.

¡Crucio!

Anushka se dejó caer al suelo, tratando de no articular ningún sonido. Le dolía cada milímetro de su cuerpo, sentía que ardía como un tizón, pero apretó los dientes y consiguió no gritar.

Malfoy levantó la varita.

—Duele, ¿verdad? Tal vez así aprendas a tratar bien a quien lo merece.

—Eso ya sé hacerlo —respondió ella con voz ronca.

—Creo que tendrás que enseñarle un poco más —Lestrange sonrió parecido a Malfoy.

Seguía mirando alrededor por si aparecía alguien. Lástima que no vio un puño que se acercaba a su nariz.

La sangre surgió a borbotones de la nariz del Slytherin, que estaba tirado en el suelo. Raven aparecía aún más impresionante desde un ángulo contrapicado (NH: Y ya desde un nadir, para qué te cuento xD).

—Las varitas no son juguetes, Malfoy —dijo el pelirrojo moviendo la suya de forma amenazadora (NA: Le falta la capa xD NH: Ya. Supermán, chorizo con pan… xD NA: xDD JAJAJAJAJA).

¡Crucio!

Raven se estremeció. Había olvidado que Lestrange podía usar su varita aun estando en el suelo sangrando por la nariz. No ahogó un grito, aunque éste fue acompañando al contraataque. Era obvio que Lithgow no se rendía. Anushka se puso en pie y desmayó a Malfoy.

Lestrange no estaba desmayado, pero eso no le importó a Raven, que le había aventado la varita un tanto lejos. Y él se preocupó más por su amiga.

—Serán cabrones —susurró ella.

Aye. Y criminales. Esto hay que decírselo al director.

—¡De eso nada!

¡Crucio!

¿Cuándo se había despertado Malfoy?

Claro, dedujo Anushka. El otro cabrón habría conseguido alcanzar su varita y lo había reanimado. ¡Maldito el momento en que les enseñaron el enervate en el club de duelo!

De pronto todo se volvió negro. Raven se retorcía a su lado, tratando de ahogar los gritos de dolor, pero ella no se dio cuenta: ya se había desmayado. Y Raven no tardó en perder también la consciencia, quedando los dos tumbados en posición extraña a la orilla del lago. Los Slytherin sonrieron maquiavélicamente.

Obliviate —dijeron apuntando cada uno a uno de los dos.

Y se alejaron.

.

La austriaca cambió de página, sumergida en la lectura de Hamlet desde su cama. Entonces, levantó la vista. Había escuchado un grito, de agonía, sin duda.

—"¿Anu…? —pensó confundida. Liesl había llegado a pensar que no había fuerza humana capaz de hacer gritar de dolor a Anushka—. No… Será mi imaginación."

Volvió a centrarse en la lectura de su libro. Pasó un escaso minuto, o puede que dos, cuando volvió a escuchar otro grito. Aunque igual era de agonía, era más grave. Liesl lo reconoció instantáneamente y abrió los ojos de sorpresa.

—"¡¿¡RAVEN!?!" —y sólo hizo caso a su instinto.

Se levantó de golpe, y no se fijó en cómo terminó el libro. Bajó las escaleras de tres en tres hasta la sala común de Gryffindor, donde encontró a Talvi y Leickran en una partida de ajedrez, con los Merodeadores y Yeye como público, y a Annell y Lily mirando aburridas el techo. Pero con su apresurada entrada, todos se fijaron en ella.

—¿Liesl? —preguntó Leickran con un atisbo de asombro en su rostro.

—¿Qué te pasa? —le preguntó Yeye.

—¿Has descubierto qué son los sentimientos? —preguntó Sirius a modo de burla.

Todos se preocuparon de sobremanera cuando vieron que la loca psicópata germanohablante hacía caso omiso del comentario de Black. Ella se acercó a Talvi y a Leickran, los puso en pie de malos modos y comenzó a tirar de ellos hacia la puerta. Por el camino cogió a Yeye y las dos pelirrojas. De los Merodeadores solo jaló a James de la blusa, lo que hizo que los demás se pusieran en pie.

—¿Las varitas? —preguntó a sus desconcertados amigos y a los Merodeadores.

Todos hicieron diferentes gestos que afirmaban que las tenían. Y así, Liesl salió corriendo mientras los demás la seguían de cerca.

—Liesl, ¿qué demonios pasa? —le volvió a preguntar Leickran cuando se había situado a pocos pasos de su amiga.

—Raven… Anushka… —fue la respuesta entrecortada.

—¿¡Qué!? —saltaron Yeye y Remus de golpe, pero Liesl no respondió más.

Intentó ubicar los gritos. Sabía que venían de cerca del lago Negro, así que ya tenía un sitio a dónde correr primero.

Se acercaban al lago cuando Yeye la adelantó. Si es que el chico detectaba la presencia de Raven con una facilidad… Y justo después pasó Remus.

—¡RAVE!

—¡ANU!

Obvio quién dijo qué… Liesl se dejó caer al lado de Yeye, mirando fijamente el cuerpo desmayado de Raven.

—¡Rave! —volvió a gritar Yeye.

—Para, no lo sacudas —dijo ella—. Vas a acabar por hacerle daño. Hay que llevarlos a la enfermería.

El metamorfomago se había abrazado desesperadamente a su novio y estaba llorando en pleno ataque de histeria.

—Anu… —la llamó Talvi sacudiéndola suavemente.

La finlandesa estaba todavía más pálida que de costumbre.

—¿Los reanimamos? —preguntó Lily.

Talvi dirigió su varita al pecho de Anushka, pero le temblaba la mano. Aquel ataque directo a su mejor amiga le había afectado, y mucho. Ella tampoco era tan antártica como le gustaría, como le había dicho a Anushka hacía ya tiempo. En cambio Liesl sí.

Enervate —susurró la austriaca apuntando al pecho de Raven, a quien Yeye mantenía abrazado.

Lo apartó suavemente y lo llevó con Lily, que era muy buena calmando a la gente. James se ocupó de Anushka, confiando a la temblorosa Talvi a la tutela de Sirius. Cosa que en otra situación habría sido una pésima idea, pero la chica estaba demasiado afectada por el estado de la rusa como para preocuparse de fastidiar a Sirius.

El hechizo reanimante no funcionó ni en Raven ni en Anushka. Era la primera vez que pasaba, al menos que James supiera.

Annell cambió tres veces su expresión. Primero fue de la incredulidad más absoluta; la segunda fue de un horror casi palpable y a la tercera ya no hubo gesto. Miraba el cuerpo de Anushka, la cual James había apoyado sobre su regazo para intentar reanimarla, como si ahí no hubiese nada.

Leickran, consciente de que no podía hacer gran cosa para ayudar a sus amigos ni para consolar a los otros, se puso a buscar cualquier señal que le indicara quiénes (porque una sola persona no hubiese podido con esos dos) habían dejado a Anushka y Raven así. Entonces descubrió una mancha de sangre considerablemente grande sobre el césped. Caminó hacia ella, pasando al lado de Raven, que seguía en brazos de Yeye mientras Liesl no abandonaba sus intentos de reanimarlo. Todos lo miraron algo extrañados, menos Talvi y Annell, que no parecían reaccionar, y Yeye sólo lo siguió con la mirada mientras continuaba llorando.

Hincó una rodilla en el suelo y miró más atentamente la mancha.

—¿Talvi…? —llamó suavemente. La finlandesa apenas lo miró—. ¿Es eso sangre?

—¡¿SANGRE?! —preguntaron todos los que aún podían reaccionar.

Yeye y Liesl le buscaron alguna herida a Raven, mientras que Lily se acuclillaba junto a James y también le buscaban a Anushka alguna herida que no tenía. Talvi se acercó a Leickran, seguida muy de cerca por Sirius, que nunca la había visto comportarse de ese modo y estaba seriamente preocupado. Ella también miró la mancha fijamente y sólo asintió con la cabeza.

—¿Pero de quién? —preguntó Remus.

—Maycov no tiene ninguna herida —lo tranquilizó James—. No puede ser de ella.

—Pues será de Raven —Leickran se encogió de hombros.

—Rave sí tiene sangre —indicó Yeye con voz temblorosa, señalando los nudillos de la mano izquierda del susodicho.

Liesl tomó la mano de Raven. Estaba fría.

—No es suya —respondió—. Está claro que le dio un buen puñetazo a alguien. Tiene los nudillos rojos, pero la sangre no es suya. Tampoco tiene heridas.

—Bueno, Quejicus seguro que no fue —dijo Sirius con una leve sonrisa—. Tenía que descansar después de…

Lily le dirigió una mirada de reproche.

—En serio… —murmuró.

—De todas formas, no creo que Snape sea capaz de hacer esto —habló de nuevo James—. Es un imbécil, pero no creo que llegue a tanto.

—¿Entonces? —preguntó Peter, que también estaba ahí pero nadie se había dado cuenta.

Los demás se miraron unos a otros.

—¿De dónde has salido tú? —le preguntó Annell, ya recuperada de la impresión.

—Llevo aquí todo el tiempo —respondió él. Ya se había acostumbrado a que nadie le hiciera caso.

—Lo de la sangre lo podemos resolver después —intervino Leickran con voz especialmente neutra. Y eso era señal de su extremada preocupación—. ¿Quién nos asegura que solo están inconscientes y no se están muriendo?

Los demás reaccionaron de golpe. James y Remus cargaron con Anushka que resultó ser preocupantemente liviana, mientras que Sirius intentaba sustituir a Liesl, pero la chica no le dejó, así que entre él, Yeye y Liesl cargaron a Raven, cosa que resultó útil porque el chico sí pesaba bastante más que la rusa.

—¡Tenemos que avisar a Dumbledore! —exclamó James mientras intentaba coger bien a Anushka, y finalmente decidió colgársela al hombro como si fuese un saco, a pesar de las protestas de Remus.

—¡Muy bien, genio! —dijo Liesl con sarcasmo—. Pero creo que ninguno de nosotros sabe la contraseña.

—Yo sí… —murmuró Yeye con voz cortada por el llanto—. Me la dijo Kali una vez… Plumas de azúcar.

(NH: Y aquí sería donde Raven, de estar consciente, diría algo como por fin Bloodworth sirve para algo que no es molestarme a mí xD)

—Lily —llamó Talvi con voz ronca—. Tú, Lupin y Black con Dumbledore. Nosotros a la enfermería.

Lily asintió con decisión. Ya dentro del castillo, se separaron. Lily, Remus y Sirius salieron corriendo hacia el despacho de Dumbledore, mientras que los demás iban apresurados hacia la enfermería. En otras circunstancias, Leickran y Liesl hubiesen querido torturar a Peter, pero se preocupaban más por Anushka y Raven.

Los chicos corrían más que Lily, pero a ninguno de los tres le preocupó. Sirius fue el primero en llegar al despacho de Dumbledore, pegó un derrape tan exagerado que pareció haber dejado las suelas de los zapatos pegadas al suelo y dijo la contraseña con voz jadeante. Sobra decir que al pobre Dumbledore lo cogieron por sorpresa, aunque resultaba extraño, porque desde que había empezado el curso le habían hecho muchas más visitas que de costumbre. Sobre todo Lily.

—¿Qué pasa ahora? —preguntó el director con voz cansada.

—Que han atacado a Anu y Raven —contestó la pelirroja en un tono de voz bastante más agudo de lo que solía ser.

Dumbledore la miró sin entender. Era imposible que supiera los apodos de todos sus alumnos. Bastante hacía con saber el de Liesl, cosa bastante normal dado que la austriaca usualmente pasaba casi tanto tiempo en su despacho como en clase.

—Maycov y Lithgow —aclaró Sirius solícitamente.

—¿Cómo que los han atacado?

—¡Y yo qué sé! ¡Si no es por Von Prater, ni nos enteramos! —contestó Remus.

Sintió la mano de Lily sobre su hombro. Tenía un efecto curiosamente calmante (NC: salvo cuando se trata de James XD).

—Liesl bajó a la sala común y nos sacó a todos casi a empujones… —comenzó la chica, tenía aspecto de ir a dejar de hablar de un momento a otro, pero de pronto empezaron a salirle palabras y no paró hasta que terminó la historia.

Dumbledore fue con ellos hasta la enfermería.

Mientras tanto, Raven había despertado y estaba protagonizando una escena melodramática consistente en abrazar a Yeye y llorar al mismo tiempo que él, aunque sin suspiros ni gemidos de ninguna clase: sólo lágrimas. Aún le dolían las maldiciones y el puñetazo que le había dado a Lestrange, y además no sabía qué hacía allí ni por qué le dolía todo el cuerpo, sólo sabía que cuando despertó, lo primero que vio fueron los ojos llorosos de Yeye (en el tono verde oscuro del jade). Y el llanto del metamorfomago era muy contagioso (NH: Talvi triste y afectada, Raven llorando… Ahora sí que lo he visto todo).

El pobrecillo Yeye no dejaba de llorar y de repetir el nombre de su novio, cosa que hizo que hasta Leickran se sintiera mal. Y aún entre lágrimas, Yeye le preguntó:

—¿¡Quién te hizo eso!?

La pregunta del millón. Raven buscó entre sus recuerdos, aún escurriendo lágrimas. Pero antes de encontrar la respuesta, sintió como si el mundo diera vueltas y se desplomó sobre la almohada de su cama, mareado.

—¡¡RAVE!! —gritó el histérico Yeye.

—Estoy bien… —susurró aturdido.

—¿No puedes recordar? —le preguntó Liesl suavemente.

Raven meneó un poco la cabeza. Todos se miraron preocupados.

—Tal vez Maycov pueda recordar algo —comentó James.

—Sí, pero aún no despierta. Incluso puede que esté peor —replicó Leickran.

—¡Qué ánimos! —exclamó Annell furiosa.

—¿Anushka? —preguntó Raven.

—El enervate no funcionó —dijo James señalando a la cama donde la rusa mayor estaba tendida.

El pelirrojo la miró. Tenía un aspecto apacible, como si sólo estuviera durmiendo. Pálida y seria, tenía un aire de bella durmiente. Talvi parecía conservar el shock traumático en que había quedado cuando la vio así (NC: Alguien debería mencionar lo de la bella durmiente en voz alta, seguro que se despierta para pegar al bocazas NH: Buena idea).

Los otros tres llegaron en aquel momento, acompañados por Dumbledore. Sirius lanzó una mirada harto significativa a Raven y Yeye, que seguían abrazados, pero esta vez se abstuvo de hacer comentarios: tal vez los buenos modales se le olvidaban de vez en cuando, pero conservaba el sentido de la oportunidad. Remus fue directamente hacia la cama de Anushka y se sentó en ella y le acarició el pelo largo y fino a la chica. Una lágrima traidora se deslizó por su mejilla izquierda. Fue la única.

James y Sirius, sin decir palabra, se pusieron uno a cada lado de su amigo, de pie, cada uno con una mano sobre uno de sus hombros, reconfortándolo con su presencia y con el contacto. Mientras tanto, Dumbledore interrogaba a Raven y Lily calmaba a Yeye.

—¡No lo sé! —fue la última respuesta de Raven—. ¡No me acuerdo!

—Está bien, señor Lithgow. No se ponga tan histérico —le recomendó Dumbledore con amabilidad—, no es bueno para la salud.

Raven se dejó caer en la cama y estalló en un llanto nervioso que acabó con los esfuerzos de Lily por calmar a Yeye, que volvió a llorar otra vez y a abrazar a su novio.

—Creo que el señor Lithgow necesita una poción tranquilizante y un buen rato a solas —dictaminó el director—. Váyanse todos.

—No —se plantó Yeye en tono tozudo—. Quiero quedarme con Rave.

Dumbledore los miró a ambos.

—No —contestó con la mayor gentileza posible—. Cuando su amigo se recupere, le dejaremos venir. Señora Pomfrey, avíseme cuando despierte la señorita Maycov, por favor. Señor Dalton, vamos. No lo voy a dejar aquí, es usted demasiado nervioso.

—Bueno… —dijo Yeye tristemente.

—Mejórate, Lithgow —dijo Sirius de corazón.

Raven le dirigió una sonrisa. Los demás salieron de la enfermería. Las chicas aprovecharon para mirar raro a Sirius.

—¿Qué? —se defendió él—. Me sigue cayendo mal, pero me da pena.

—Ya, ya… Lo que tú digas —concedió Annell con sarcasmo. Parecía un poco mejor, pero seguía más blanca de lo normal.

—Si es que en el fondo eres un trozo de pan, Black —se burló Leickran.

—Veo que vosotros dos ya os sentís más animados —gruñó el pobre Sirius.

Aquellas bromas iban calmando poco a poco el ambiente. Yeye lloraba cada vez menos, Remus ya no parecía tan abatido y Talvi parecía recuperar su anterior tono de piel.

—Ahora están en buenas manos —le dijo Leickran.

Entonces, Annell se paró de golpe y miró a Leickran.

—¿Qué? —preguntó éste.

—Voy a la lechucería —respondió Annell—. Voy a avisar a Dimitri.

—¡Ni se te ocurra! —gritó él—. ¡Si vuelvo a ver a ese modelo de túnicas caras te juro que lo mato! ¡Avisa a cualquier otra persona, pero no a ese tío! ¿¡Verdad, Talvi!?

La finlandesa los miró un momento. Aunque recuperaba color, seguía consternada. Aunque pareció volver a tierra firme cuando Leickran la llamó.

—¡Dile que no avise a Dimitri! —pidió Leickran señalando a Annell.

—Annell, no creo que sea la persona más… idónea —le dijo Talvi a la pelirroja.

—¿Quién es Dimitri? —preguntó James.

—No queráis saberlo —se apresuró a decir Leickran, antes de que cualquiera de las chicas hablara.

Los Merodeadores se miraron unos entre otros. ¿Qué carácter debía de tener aquel chico para que ni Leickran quisiera verlo? (NC: Sólo con eso, yo sí que quiero conocerlo NH: Es curioso que no quiera tenerlo cerca ni para torturarlo, sí)

—¿Por qué no? —replicó James, que se moría de curiosidad.

—No te interesa —respondió Talvi secamente, y se alejó.

—Remus, amigo —dijo Sirius solemnemente—. Tú hablarás de Maycov, pero anda que no es rarita Nieminen también.

—Déjala en paz —intervino Lily.

—Antes de eso, dime —dijo Remus en un tono sereno que calmó bastante a la pelirroja de ojos verdes—, ¿se te ocurre por qué se ha puesto así?

—No —mintió Lily—. Y ahora dejemos el tema. Mejor que no sepas quién es Dimitri —le dio la razón a Leickran.

.

Yeye le contó a Kali todo lo ocurrido junto al lago y en la enfermería. El Caído estaba realmente sorprendido y quiso ir a ver a Anushka.

—Te acompaño —dijo Yeye.

—Prefiero ir solo, si no te importa —contestó Kali.

—Vale…

Y el metamorfomago fue a buscar a Liesl. Mientras tanto Kali se dirigió a la enfermería, no sólo para ver a Anushka como había dicho…

La rusa mayor seguía inconsciente, Raven estaba durmiendo y la señora Pomfrey no se encontraba a la vista. Kali se quedó de pie entre las dos camas, mirando alternativamente a una y a otra. Después de tocarle la frente a Anushka en una especie de ritual, se volvió a la otra cama y habló al oído del dormido Raven:

—Pobrecito… —susurró en tono cáustico—. Es una lástima que estés fuera de circulación un tiempo… Raven. No creas que no lo voy a aprovechar.

(NA: ¡Qué capullo! xDDDDDD NC: Me da a mí que éste la parte angelical se la dejó en la otra túnica)

Salió de la enfermería cerrando la puerta con cuidado.

Anushka abrió los ojos.

Notas de Haku:

Tanto esforzarnos por hacer una situación y vamos y nos la cargamos en un solo capítulo… Ya veis, Annell y Kali también tienen una interesante y prometedora relación.

Sí, Liesl es muy celosa de su forma de ser xD. Claro que no mucha gente quiere ser como ella, y no me extraña porque la tía a veces da hasta miedo.

Así como curiosidad, la conversación de Raven y Lily en principio la iban a mantener él y Liesl, pero luego no podíamos enlazarla con la siguiente escena de los Merodeadores y Snape, y además, ¿cómo va a saber tanto de sentimientos Liesl si no tiene (casi) ninguno? En esto sí tiene razón Raven, da mucho la impresión de que Kali quiere quitarle el novio xD. Sobre todo por esto del final.

Y pobre Snape. Nos acordamos de él para echarle encima a los Merodeadores. Menos mal que la rata no vale para nada. ¡Y lo del chiste del día es mío! Por eso quiero que James me pague los derechos de autor. Así además consigo dineuros, que no tengo. Bueno, también podría conseguirlos si mi plan referente a Bill Kaulitz funciona… Dejadme, estoy muy mal. Y lo de Lily y James… Me repito: ya lo dijo Carla, la negación es un arte. ¿O no?

Un ángulo contrapicado es el que se hace para ver las cosas desde abajo. Obviamente Raven acojona más visto desde abajo porque parece todavía más alto. Y un nadir es el que se hace para ver las cosas justo desde debajo de ellas.

Notas de Annell:

Aiins… Kali es un desgraciado. La interesante y prometedora relación que tendrá con Annell será de supervivencia. Ella procura que ni Raven, ni Liesl, ni Leickran ni Talvi lo maten…

¿Se han dado cuenta de que los Merodeadores nunca se enteran de nada? ¿Y que el pobre Snape, aunque no haga nada, ya tiene encima a los Merodeadores metiéndose con él? ¿Y que Malfoy es un cabrón? ¬¬ ¿Y que Haku siempre hace unas notas que parecen un discurso? XDD (NH: Encima que aclaro dudas…)

Notas conjuntas:

Dejad reviews o (insertar amenaza creativa NC: Vuelvo a insertar yo la amenaza creativa. Los que no dejen RR, serán entrevistados por Rita Skeeter sobre su beso con Peter). Gracias.

Extraños saludos. Portaos mal y pensad peor, que es muy divertido, y comed bichos porque luego ellos os comerán a vosotros xP (total, son proteína pura).

Se despiden Annell y Haku, los Ángeles de Oscuridad.