+_CONFLICTOS_+

.

.

Capítulo XIV: Inercia

.

Siguiente capítulo, más cerca del final, debo decir que no tengo excusas para la demora, sin embargo, un pedazo de esta historia me tenía pensativa y no había podido escribirla porque no me salía la inspiración, el resto lo tenía ya transcrito en el computador desde el año pasado; mi idea era tener para estas fechas terminado el fic, pero nada que he podido cumplir.

Espero que lo disfruten, un paso más cerca para revelar los secretos que rodean el plan de Wolf y como terminará todo.

.

Advertencias:Contiene demasiadas escenas y palabras gráficas de sangre y violencia, incluyendo lemon entre chicos.

.

Disclaimer:este anime no me pertenece ni los personajes, son de Temari Matsumoto y Tomo Takabayashi, sólo uso de ellos para mis locas ideas, por lo tanto no recibiré ningún benéfico de esto, sólo ver a mi lindo Wólfram feliz con Yuuri.

.

Agradecimientos a: lirionegro-san, aneka88 y demás que leen anónimamente. Gracias por seguir esta historia.

.

.

En capítulos anteriores:

.

-Gunter, ¿Se ha verificado la cantidad de invitados con sus respectivas identidades y cargos? –los ojos azules del hombre con el ceño fruncido leían con atención la enorme lista que había sido preparada con antelación para la reunión.

-Sí. Ante la posibilidad de tener personas no deseadas en la fiesta, le fue entregado a cada uno un objeto único con una clave.

-¿Quiénes conocen el sistema?

-Nosotros en esta sala y Wolfram. Waltorana insistió en que no se hiciera público a los nobles de las 10 familias y menos a él.

-¿Quiénes asignaron ese objeto y clave?

-Wolfram y yo.

-No estaba enterado de ello –Gwendal acarició su mentón en señal de preocupación.

El Gran sabio y Yuuri observaron al mayor guardar silencio mientras los demás en la habitación esperaban cualquier tipo de reacción -No veo la razón por la que esto pueda significar un problema –interrumpió Conrad clavando una mirada severa en su hermano -¿Estás poniendo en duda todos los avances que hasta el momento él ha logrado?

-Pareces confiado en que todo ha estado bien. Te recuerdo que los últimos acontecimientos sugieren lo contrario. La información que ha proporcionado y sus acciones distan de ser idóneas.

-Gwendal –el tono de amenaza no pasó desapercibido para ninguno de los presentes.

-Deténganse –con voz firme y levantándose de un salto de su puesto el Maoh interrumpió la creciente disputa entre los dos hermanos.

-Si él ha considerado que este sistema asegurará mayor control y evitará infiltrados, entonces está bien.

.

-¡Estás enamorado de tu hermano! Por eso el racional Conrad que conozco desapareció cuando él planeó está absurda estrategia –ladró con rabia. No sabía si estaba celoso por competir por el cariño del castaño o por compartir sus sentimientos de amor hacia su prometido. Era tan doloroso.

-Tal vez, pero soy consciente que si esto no termina ahora las cosas empeorarán en el transcurso de los siguientes meses. Esto ha dejado de ser una simple venganza, aquel sujeto está empezando a guiarse por las malas influencias de gobernantes corruptos, se está convirtiendo en una guerra mundial.

-¡Eso no justifica el asesinato de todos esos hombres y las medidas de ejecución para los rebeldes! –gritó aferrándose a la puerta -¡Estás traicionando la confianza de Gwendal y los demás!

-Somos mazokus, orgullosos y apasionados, y él nos ha humillado a todos, eso es lo que nos une –se detuvo ante esas palabras. Conrad seguía asombrándolo, antes cuando apenas comenzaba a conocerlo no había dudado en declarar su lado humano, su lado débil. Ahora frente a él notó que revelaba aquel lado oscuro y fiero que caracterizaba a los demonios, uno que mantenía oculto con su forma de ser.

Se volteó para encarar a su padrino -¿Qué te dio Wolfram para cambiar tu forma de parecer? –se preguntó no seguro de escuchar la respuesta.

Nunca he tenido mayor convicción como la que reposa sobre mía ahora –sus dientes se fueron mostrando poco a poco, no era la sonrisa agradable de siempre. Lo observó con algo de temor, un escalofrío sacudió su cuerpo al ver la mueca maliciosa en el otro –Pero he disfrutado el ser su guardiapersonal.

.

-Prepárese Yozak, en unos minutos 5 hombres más entraran camuflados al castillo. El segundo al mando que he dejado como sustituto le informará

-Creí que me quedaría con la tropa para…-rebatió confundido por el cambio de planes. La negativa del jefe no estaba programada. Detener unos cuantos intrusos era fácil, el problema radicaba en los refuerzos y en el ejército rastrero de Gran Shimaron que esperaba órdenes un poco más apartado de su campamento, la cual, si era su verdadera misión.

-Sería un desperdicio dejarlo con los demás, aunque no lo he visto en acción puedo entrever que es bueno en lo que hace –le sonrió encantadoramente mientras recogía algunos objetos y salía.

-¿Irá en carruaje?

-Por supuesto, estoy deseándolo –gruñó ya lejos a medida que hacía algunos gestos a algunos soldados.

Yozak permaneció inmóvil en la salida de la tienda. Al parecer la noche sería bastante larga. Pero primero debía dejar un rastro con pequeñas migas de pan para el noble Von Voltaire.

.

.

.

OoOoOoOoOo

.

.

.

El murmullo de los invitados, las risitas disimuladas de las damas que acompañan a los nobles y el movimiento de los cristales le estaban provocando una terrible jaqueca. Por acuerdo común, Gwendal y Gunter se encargarían de recibir a los diferentes dirigentes y sus acompañantes como los anfitriones de la noche. No era una tarea entretenida y rayaba en la diplomacia, algo que para él resultaba agotador, por eso, la pereza de permanecer al lado del hombre que saludaba amablemente con increíble precisión el nombre, el cargo y el lugar de origen, era grande. Tenía que admitir que hasta para esa simple tarea se requería de buenos modales y memoria, cosa de la que no podía presumir. Así que haciendo gala de su capacidad de escabullirse, se alejó antes de permitirle al otro darse cuenta de su ausencia. Aunque el mismo había estado de acuerdo con aquella ceremonia, después de leer los documentos de Wolfram ciertas cosas habían cambiado su forma de ver las cosas. No estaba muy a gusto con aquella reunión. Su compromiso con la causa seguía intacto, pero no haciendo uso de su fingida felicidad y agradecimiento hacia sus aliados. Necesitaba enfocarse, su enemigo estaría acechándolo en esos momentos. La carta de Wolfram había sido específica, no bajar la guardia si quería proteger todo lo que era importante para él. Algo melodramático y exagerado en exceso incluso para su prometido, sin embargo, lo que aún no tenía claro era porqué estaba tan seguro que el enemigo entraría sin ser detectado. Paseó indiferente por la multitud, todos estaban muy animados. A media noche, cuando el banquete estuviera agotado y los comensales accesibles daría paso a su discurso. Había ciertas cosas que decir, algunos puntos que aclarar y además, revelar su deseo de desposar a Wolfram Von Bielefeld, de tal forma que organizaría su reino bajo la formación de una familia. Incluso lo había discutido intensamente con Waltorana pero no llegaron nunca a un acuerdo. Sin embargo, y a pesar de las protestas de este último, los beneficios eran grandes para una de las más prestigiosas familias nobles de los mazokus, aunque al final, era propia la decisión de tomarlo como su reina. El problema era si Wolfram aceptaría tan fácilmente. Ahora inconsciente no podían discutirlo, y para sus más cercanos conocidos sería desconsiderado no contar con la voluntad del soldado para algo tan importante. Suspiró cansado, aquel tipo de asuntos diplomáticos nunca irían con él. Aunque contaba con la aprobación temporal de Gwendal, y eso, ya era una gran ventaja.

-Su Majestad, es un placer encontrarlo –la voz de un joven no mayor de 30 años, tez blanca, una larga cabellera rojiza y unos ojos dorados que cautivaron su atención. Definitivamente era un mazoku pues su belleza resaltaba. Una pequeña reverencia hacia él, se avergonzó, esa clase de tratos eran bastante incómodos para él, aunque no lo detuvo. Era el protocolo y debía respetarlo.

-Lo siento, no puedo recordar su nombre –terminó en un susurro con un movimiento nervioso de sus dedos. Ni siquiera estaba seguro de haberlo visto en toda su vida, no olvidaría ese tipo de persona tan sobresaliente.

-Oh, qué grosero de mi parte venir a interrumpirlo sin presentarme. Yo soy Werner Roth del reino Suikan (1). Hemos sido hasta hace poco aliados de Shin Makoku gracias a ciertas negociaciones con Su excelencia Von Bielefeld, su prometido si recuerdo bien, por eso no me extraña que no me reconozca.

-Con que Wolfram… -lo miró fijamente buscando algún indicio de algo –es bueno saber que nuestros lazos aumentan Werner-san. ¿Ha disfrutado de la velada?

-Por supuesto, Su Majestad. Ha sido bastante cuidadoso con todo eso ¿Verdad?

-Puede llamarme Yuuri. Sí debemos serlo, después de todo lo que ha sucedido en los últimos meses…-terminó distraído.

-Es algo lógico, una emboscada de tal magnitud que diezmó la fuerza de una nación tan próspera y sólida como esta asombró tanto mazokus como humanos. Si bien nuestros lazos no han sido buenos en los últimos siglos, usted y este reino se ha caracterizado por ser neutral e intentar equilibrar la distribución de poder entre ambas razas.

-Tal vez, pero alguien nos guarda resentimiento. Lo suficientemente dañino como para destrozar una nación.

-No debe alterarse por eso, heika –interrumpió una tercera persona. El hombre de mediana edad, alto con facciones fuertes pero con una chispa bastante atractiva efectiva muy seguramente con género opuesto, le realizó una pequeña reverencia –disculpe la interrupción, puede sonar maleducado pero me llamó la atención la conversación tan animada que Werner-sama y heika estaban sosteniendo.

-¡Oh, siempre tan imprudente, Gerard! –se lamentó en tono de burla el joven mazoku. La risita en respuesta era una clara señal que la broma entre ellos era una actividad diaria.

Humanos y mazokus, ¿eh, Wolfram? No sonaba tan mala idea.

-Heika, le presentó a Gerard Maier (2), hijo del rey Reinhard Maier y actualmente gobernante de las tierras Torsteen (3), muy cerca de mi territorio. El muy arrogante ha decidido colarse en la fiesta, tal vez haciendo buenos puntos ante su excelencia Wolfram. Pero no tema, aunque tenga mala apariencia y no posea tan privilegiado encanto como el mío, definitivamente es alguien de confianza, y una muy buena persona.

-Creo que has enfermado Werner-sama –se burló en defensa. Los dos hombres se rieron gozosamente, aunque aquel humor negro era bastante directo, parecían buenos amigos.

-Es un gusto tenerlo aquí, Gerard-san. ¿A qué debo el honor de su visita?

-El honor es mío, Heika. Soy de los que apoyan fervientemente la ideología que Wolfram-sama ha comenzado a expandir por todo el continente. Nuestras relaciones nunca fueron tan cercanas como ahora.

-Es cierto. No pensé que humanos y mazokus pudieran compartir el mismo anhelo, pero los últimos acontecimientos intentan contradecir todo eso.

-¿Últimos acontecimientos? –preguntó el pelinegro ante el repentino cambio de humor.

-¿No se ha enterado, Su majestad? Está en la boca de todos, muchos de nosotros los nobles mazokus estamos empleando todo el personal para rastrear la rebelión que ha comenzado a formarse. Wolfram ha hecho el comunicado: detener cualquier foco de violencia, traer a juicio a los culpables y en caso de ser imposible, eliminarlos de ser necesario para la seguridad de las personas.

Los ojos negros se abrieron ante la repentina noticia. Si bien parecía una buena estrategia, el apoyo y el patrocinio a la matanza como recurso de segunda mano en caso de fallar las anteriores medidas era algo que definitivamente no aprobaba -¿Por qué respaldar algo como eso? ¿Has dicho que los mazokus…? –su reclamo sonó agresivo con aquella pregunta discriminatoria, aun así los comensales no parecieron notar su ofensa.

-Nosotros también estamos apoyando eso, Heika. Bueno, algunos, otros piensan que es discriminación hacia los humanos y critican esa posición. Sin embargo, después de ver devastadas tantas comunidades y sepultado tantos cuerpos, el panorama comienza a verse diferente.

-Está generando discordia entre los mismos aliados.

-Por supuesto, en el caos sólo existe la anarquía. Aunque es algo ridículo, una venganza personal no justifica mover a tantos para lograr un resultado tan insignificante.

-¿Por qué cree que es una venganza, Werner-san?

-Es la respuesta más lógica –respondió el hombre de cabello oscuro, aunque la pregunta no iba dirigida a él –los excesivos atentados hacia su Excelencia lo delatan. El quién ha tomado una parte del control de estas tierras en su ausencia, es una víctima perfecta para aquel sujeto, porque es reconocido, aunque no sea el único pilar de Shin Makoku.

-Heika, debe considerar que esto es una ofensa para su persona. Intenta arrebatarle a su guardia y prometido, sólo quiere dañarlo emocionalmente –con elegancia el mazoku coloca una mano en el hombro del menor. Las palabras parecen afectarlo más de lo que el noble ha querido, el silencio los acompaña.

-¿Desde hace cuánto…?

-¿Los atentados? –acaricia pensativamente su barbilla ante el movimiento positivo de la cabeza del Maoh –No puedo recordarlo bien ¿Gerard?

-Creo que no han sido muchos, no puedo estar seguro, puesto que los han encubierto como accidentes. Hasta el mismo Belal le pareció un intento patético al intentar encubrirlos, así que se presentó ante Su Excelencia en las tierras Von Bielefeld.

-¿Se presentó ante Waltorana? –abrió los ojos ante lo increíble que sonaba aquella historia.

-Por supuesto, no le permitió a Wolfram-sama presentarse con el rey en una audiencia, por eso, entre discusión y ofensa, Waltorana-sama terminó derritiendo medio castillo –río jocosamente el joven demonio como si de una mala broma se tratase –creo que por eso cayó enfermo después.

-Fue un acto infantil por parte del rey de Gran Shimarón. Exigiendo la verdad a los mazokus y no mentiras o falsos montajes, pero incluso entre nosotros sabemos que fue él quien patrocinó el ataque dirigido a usted en Pequeño Shimarón, heika.

-Ah, lo recuerdo –meditó por unos instantes, y la imagen imborrable de su prometido desangrándose no era realmente algo que quisiera tener paseando en su mente –Nunca supe los detalles, tuvo un colapso después de aquel incidente.

-Lo entiendo, debió haber sido bastante duro. Aunque no fue mucha la información que se filtró. Todo se manejó con absoluta discreción. Según lo que se reveló públicamente, hombres militares de Belal fueron enviados a Pequeño Shimarón para ser aceptados como personal temporal, por alguna extraña razón el rey Saralegui decidió aceptarlos de buena fe. Lo que resultó después fue que se hicieron pasar por mercenarios mientras declaraban estar cumpliendo una ronda matutina entre los territorios de Saralegui-san, aunque esa mentira sólo la creen ellos –escupió con enojo el hombre de cabellos oscuro.

-Gerard… -le llamó el otro en señal de regaño para que callara. Yuuri siguió los ojos del mazoku mientras para encontrase la imagen del rubio de larga cabellera a unos pasos.

-Qué grosero de su parte Gerard , hablar a espaldas de las personas. Sé que no soy de su agrado…

-De nadie es, Saralegui-san. Y no sería algo maleducado de mi parte, si usted está escuchando conversaciones ajenas que no le conciernen.

-Werner debería cuidar sus amistades, un mazoku como usted no ascenderá con este tipo de personas a su lado –el comentario lleno de sarcasmo provocó una mueca peligrosa en el noble, al otro sólo lo enfureció más.

-Detente Sara. No has venido a generar una pelea ¿Verdad? – la risita nerviosa y las miles de plegarias que mentalmente rezaba como un mantra surtieron efecto pues los ojos violetas de su extraño amigo brillaron de alegría al tener su atención centrada sólo en él –Por supuesto que no. Decidí venir porque me pareció una oportunidad perfecta para volverte a ver Yuuri –sonrió placenteramente mientras tomaba una de sus manos y la besaba con delicadeza. El evidente sonrojo por parte del Maoh fue una reacción divertida e inocente para Sara.

-Aun no entiendo como una persona como usted puede tener negocios con Wolfram-sama –señalo con un tono de rencor en su voz. Gerard se retiró con una expresión de enojo en el rostro seguido del noble pelirrojo que con un leve asentimiento de cabeza guió a su compañero lejos del rey Saralegui. Yuuri respiró tranquilamente al notar que a pesar de la pequeña disputa los tres hombres habían guardado la compostura. Centró su atención en el soberano a su lado quien parecía ajeno al humor agrio de sus camaradas.

-¿Quieres concederme una pieza, Yuuri? –le invitó cordialmente el rubio von una pequeña reverencia a la vez que ofrecía su mano.

-¡No soy una chica! –rechazó abochornado por el trato caballeroso como si de una dama se tratase. Estaban llamando demasiado la atención.

-¿Quieres bailar conmigo, Yuuri? –le volvió a repetir esta vez a su misma altura, solamente ofreciendo su mano como señal de aprobación.

-Está bien –aceptó cohibido el Maoh. No tanto por estar falto de práctica en ese arte sino por evitar las miradas y los susurros discriminatorios. Ingresaron al círculo de baile donde otras parejas hacían gala de sus pasos y la coordinación perfecta en una danza culta. Acoplándose uno al otro, Saralegui dirigiendo y Yuuri en el puesto de dama, comenzaron a moverse al ritmo suave de Tales from the Vienna Woods (4). El pelinegro le permitió al otro moverse a libre voluntad, a pesar de odiar la cercanía del otro hombre, había aprendido que ese tipo de contactos no significaban mucho, no al menos para los desbordantes celos de su prometido. Aunque sabía que le odiaría por bailar con Sara y no con él. Sonrió al recordarlo y por instante quiso estar sosteniéndose de él, sintiendo su aroma y el calor cercano del ojiverde. Se acercó inconscientemente a su pareja ignorando el hecho que aquel movimiento estaba generando malos entendidos en la mente de su acompañante.

-¿Has estado negociando con Wolf? –preguntó en un susurro temiendo ser evadido. Quería saber qué había estado haciendo el mazoku en las últimas semanas. Escuchó que Sara suspiraba resignado –A pesar de todo sigues anteponiéndolo a él ante cualquier cosa. Cómo lo envidio.

-Sara –se alejó un poco para contemplar la expresión cómica del humano, no era lo que esperaba.

-Bromeaba. Sí, Wolfram y yo estuvimos involucrados en algunos asuntos.

-¿Estuvieron? ¿Qué tanto? –le insistió al ver que el hombre parecía tener más información que el mismo Gwendal.

-Veo que es muy curioso, él tenía razón –rio casualmente mientras el ritmo de la canción aumentaba y el clímax retornaba entre acto y acto haciéndoles dar vueltas, cambiar de manos y acompasar sus pasos a rápidas notas de la orquesta. La expresión confusa del Maoh le divertía y mucho, Wolfram había acertado, esa boquita y esos ojitos no se alejarían del néctar una vez las flores se abrieran vistosas.

-¿A qué te refieres con eso?

-Estoy involucrado con él en algunas cosas que se salieron de control, a pesar que intenté ser sólo un observador, el bastardo de Von Bielefeld se esforzó para hacerme quedar mal. Supongo que aún debo respaldarlo, después de todo fue un grave error desde el principio.

-¿Te refieres a la emboscada en Pequeño Shimaron?

-Eso y más, Yuuri. Las cosas no son lo que parecen, nunca lo son. Debería cuidar sus acciones, las personas más cercanas siguen siendo peligrosas Heika ¿Cree que conoce verdaderamente a su prometido y a su corte?

-No me gusta ese tono. No quiero que insinúes nada sobre ellos –le respondió molesto por aquellas palabras intrigantes que no dejaban de ser provocadoras. Cuando había llegado la primera vez a aquel mundo, Adalbert había sido el primero en advertirle algo similar, y de la misma manera que antes, negaría cualquier insulto hacia ellos. –Si sabes algo quiero que lo digas ahora.

-Oh –se sorprendió por la determinación nunca antes vista en el rey de los demonios. Se separaron, saludaron y nuevamente se acomodaron para una nueva melodía "Suite Peer Gynt Op. 46 (In the Hall of the Mountain King)" (5), la cual les brindaba un singular baile de salón entre todos los participantes que gustaban de una coreografía movida.

-¿Conoces la historia de Grog, la deidad caída (6)? –se acercó lo suficiente para susurrarle al oído antes que las saltarinas notas de la introducción se detuvieran y les tocara comenzar el rápido y rudo movimiento de pasos para acompañar la corta melodía. El tono provocativo y el aliento sobre su cuello le hicieron estremecerse. Un sentimiento de incomodidad y miedo brotó de su pecho. Claro que la había escuchado, el mismísimo Wolfram se había acercado a él de esa forma sugestiva para susurrarle en ese tono que hacía que sus vellos se erizaran. En ese tiempo se lo atribuyó a la confianza ganada luego de haber hecho el amor, y roto parcialmente, las barreras entre los dos, eso en poco de 5 días antes, pero mientras avanzaba el relato había inventado una tonta excusa y huido de allí. Tenía un mal presentimiento de todo aquello.

.

.

Flashback

.

Se encontraba jadeando por la actividad anterior, él aún estaba encima del rubio sin haberse movido un centímetro luego de alcanzar el orgasmo. Se retiró con cuidado del interior del chico y lo atrajo hacia su cuerpo en busca de su aroma. Adoraba la sensación de la piel ajena sobre la suya y la sensación calurosa de verse abrazado con cariño. Acarició descuidadamente los cabellos dorados relajándose poco a poco, el sexo era un ejercicio divertido y lamentaba no haberlo intentado con su prometido anteriormente. El sueño iba apoderándose hasta que el toque suave desde su cabello hasta su mejilla llamó su atención. Los ojos verdes de Wolfram lo miraban con ternura, una pequeña sonrisa satisfecha se dibujó en su rostro risueño.

-¿Wolfram vas a contarme lo que estás tramando? Tienes a todos preocupados –susurró con la mirada en el otro. La pequeña sonrisa se borró inmediatamente, esta vez, las orbes verdes le devolvieron una mirada fría.

-Eres tan impertinente –gruñó, se levantó enojado. El pelinegro lo detuvo.

-Dímelo –se incorporó poniéndose a la altura de su prometido.

-No quieres saberlo. Los mazokus somos más oscuros de lo que imaginas. Ni siquiera te conoces a ti mismo o a Julia, así que todo esto te puede parecer grotesco. Yuuri, mantente alejado hasta que termine –alejándose del calor de las sábanas se dispuso a arreglarse.

-No eres tú quién toma esa decisión –su mano atrapó el hombro del rubio haciéndolo caer de regreso a la cama.

-Tienes razón, te lo diré, pero tendrás que trabajar duro para resolverlo –una maliciosa se formó en el rostro anteriormente ceñido y frío. Fue empujado a la cama con el mazoku sentado a horcadas sobre sus caderas. Continuaban desnudos y la posición del mayor sobre esa parte anatómica no le estaba ayudando a enfocarse.

-¡Wolfram no intentes evadir el tema! ¡Aléjate! –la boca del ojiverde calló cualquier reclamo. El beso duró unos segundos. El soukoku estaba repentinamente tan excitado que estuvo a punto de dejar la discusión para otro momento.

-Esta será la última vez que me toques, así que disfrútalo –le susurró a su oído antes de tomar su miembro ya despierto y empalarse. Gimió sonoramente, el vaivén comenzó lento hasta volverse caótico y veloz. Intentó invertir los papeles para aumentar la intensidad de las embestidas pero el soldado no estaba dispuesto a ceder el control. Después de un rato se volvió a correr entre las piernas de su amante. Duraron varios segundos jadeando, hasta que la respiración volvió a la normalidad.

-¿Conoces la historia de Grog, la deidad caída? –le susurró Wolfram a su oído. Negó con la cabeza. -Los mazokus son tan antiguos como la misma raza humana, algunos aseguran que no es posible establecer si nacieron juntos o uno existió antes que el otro. Lo cierto es que en la cultura folclórica de nuestro pueblo, los humanos nunca fueron bien recibidos y tolerados porque se convirtieron en lo más terribles y despiadados competidores de alimento, asentamiento y recursos, tanto que uno amenaza la subsistencia del otro. Pero hay un mito muy antiguo, que es contado a los niños mazokus para resaltar el orgullo y poder de nuestra raza como dioses que fueron traicionados al menos, por lo que creemos los antecesores de la humanidad actual.

-Bájate Wolf –gimió. Aún continuaban unidos y eso le estaba provocando una reacción en sus partes bajas.

-Shh, debes prestar atención después de todo, eres tú quién insistió.

-Sí, pero que estés así y lo estrecho de tu… -se aclaró la garganta –No está dejándome pensar adecuadamente.

-Es tu castigo por dañar esta reconciliación pensando en cosas que el momento carecen de importancia.

.

Hace muchos siglos atrás existió un hermoso y amable dios que gobernaba en los infinitos bosques que componían casi todo el territorio que hoy conocemos como territorio mazoku. Su bondad y reinado era conocido por todos los seres que vivían allí, incluso los salvajes y desconfiados humanos sabía que semejante existencia permanecía allí como guardián y mediador entre espíritus y seres terrenales. Grog era una deidad sumamente curiosa, que solitaria entre su fortaleza deseaba hacer amigos y salir a conocer que había más allá de sus ojos. Un día, ajeno a las advertencias de sus congéneres de otros elementos, se aventuró al asentamiento humano más cercano. Se acurrucaba entre los arbustos y los grandes árboles para observar la rutina de esos seres vulnerables y cada vez que lo hacía deseaba con más pasión, poder aunque sea sola una vez, compartir un recuerdo alegre con alguien que no le importara su condición. Así fue que entre sus tantos días agazapado entre la hierba conoció a Ark, un hombre trabajador de la tierra que tenía una esposa y vivían juntos en una pequeña porción de tierra de la cual subsistían. Su amistad creció y su vínculo se hizo más fuerte, tanto que Ark lo consideraba su hermano y más cercano confidente a Grog. Él no pudo ser más feliz estando al cuidado de un ser tan gentil y considerado, porque al fin, su sueño más profundo se había hecho realidad. Sin embargo, la mujer del hombre malinterpretó sus acciones y antes de darse cuenta había sido seducido por la ella. Quiso ser sincero y explicarlo pero calló ante la vergüenza y desapareció.

"Aunque deseara quitar el velo de todas aquellas sucias mentiras, mi más fiel amigo, nunca me perdonarías la traición que he cometido".

Ark preocupado por su huida lo buscó por cielo y tierra. Unos meses después luego de fracasar, desistió. Para ese tiempo, notó que extrañamente la mujer que por años había sido infértil estaba embarazada, furioso por el engaño la llevó hasta el pueblo donde torturada pudieron sacarle a gritos el nombre del padre. Lleno de odio y sintiéndose traicionado por aquel que acogió en su morada como su sangre, asesinó a su mujer y extrajo al fruto maldito de aquella unión prohibida. Dedicó su esfuerzo, sudor y vida a encontrar a Grog, hasta que luego de miles de búsquedas se enteró que a quién buscaba era a un dios y no a un hombre. No retrocedió, sus ansías de venganza aumentaron al darse cuenta que el misterio que rodeaba a su hermano estaba lleno de mentiras. Lo encontró, en el mismo lugar donde tiempo atrás el destino los había juntado.

"He aquí a mi enemigo, aquel que me arrebató mi todo, al que después de mil batallas y maldiciones, se levanta pretensioso y osado para convertir mis sueños en inútiles trozos de cenizas"…

.

-No quiero seguir escuchándolo –a pesar de estar disfrutándolo físicamente, empujó a su prometido arrancándolo de su cuerpo. Los ojos verdes lo miraron sorprendido. Luego le regalaron una mirada comprensiva.

-Yuuri –la mano pálida lo intentó alcanzar pero la rechazó –Estoy tratando de decirte algo…

-Iré a tomar una ducha, estoy pegajoso –ignoró al otro chico mientras recogía sus ropas con rapidez. Wolfram permaneció en silencio. Salió corriendo del lugar, con la ropa a medio poner, su ritmo cardiaco traicionando su aparente expresión de calma. Quería olvidar aquella historia, las imágenes seguían repitiéndose morbosamente en su cabeza.

.

.

-Detente –le empujó con fuerza deteniendo el baile y cualquier intento de terminar el relato. El rostro adolorido del pelinegro dejaba ver una mueca llena de amargura y miedo. El rubio le observó inmóvil. Su objetivo se había cumplido. Le sonrió amablemente mientras acariciaba los cabellos rebeldes del menor, sin embargo, de un manotazo fue apartada.

-¿Por qué estás haciendo esto? –le cuestionó con una expresión fría en sus ojos, algo anormal en el alegre monarca. –No eres amigo de Wolf, se odian, ¿Cómo es que sabes esa historia?

-Es bastante conocida, aún entre los humanos…además, las torcidas estrategias de Wolfram nos han traído hasta este momento. Devuelvo el favor, simplemente. Después de todo no puedo dejar que alguien le lastime –le miró con intensidad –Wolfram es tan peligroso como el hombre que vas a enfrentar Yuuri.

-¿Está aquí, verdad?

-Claro que sí. Él se aseguró de invitarlo como es debido –la sonrisa maliciosa se extendió por el rostro de Saralegui. –Buena suerte, Yuuri –se despidió con una pequeña venia, luego se marchó dejándolo con miles de ideas en la cabeza.

.

"Aunque deseara quitar el velo de todas aquellas sucias mentiras, mi más fiel amigo, nunca me perdonarías la traición que he cometido".

.

Si el final de la historia contada por Saralegui era cierta, Wolfram terminaría asesinando a aquel que lo traicionó, sin importar si la causa de su agresor era legitima, su deseo de venganza al verse humillado representaba al humano ingenuo que se descuidó al abrirle su corazón y hogar a un completo extraño, así fuera una deidad pura. Como si de pronto despertara de una horrible pesadilla se abrió paso entre la multitud. Ignoró a Gwendal quién intentó detenerlo, y avanzó por el largo corredor que desembocaba en un enorme laberinto de habitaciones. Los guardias lo saludaron al pasar, sin embargo, ninguno se atrevió a interceptarlo para preguntarle el porqué de su urgencia. Sabía a dónde debía ir, aunque no había escuchado todo el final, la historia era una complicada trama con un argumento denso pero con un final circular. Donde empezó, terminaría. Las ruinas del antiguo castillo donde estuvieron ubicadas sus antiguas habitaciones antes de la emboscada habían permanecido destruidas y sometidas a las inclemencias de la naturaleza. Ningún esfuerzo se había hecho para reconstituirlo ante la falta de personal y la priorización de otros asuntos. El aire frio se estrelló contra su rostro. Las penumbras de cada rincón le daban una visión macabra de la mansión embrujada. Olvidó temer ante la posibilidad de encontrarse con algo sobrenatural, estaba demasiado ofuscado ante el giro de los acontecimientos, necesitaba hallarlo. Algo atrapó su muñeca y lo estrelló contra la pared. Intentó resistirse ante el sujeto que lo inmovilizaba, pero la intensidad del agarre sobrepasaba su misma fuerza.

-¡Yuuri! –le llamó el desconocido. Detuvo sus movimientos para observar en aquella oscuridad el rostro de su atacante.

-¿Conrad? –la contextura corporal, el tono de voz y el aroma era inconfundible.

-¿Qué hace aquí, heika? –le interrogó agresivamente.

Ignoró la pregunta y se separó del hombre, quien lo dejó ir. –Conteste por favor.

-Sara me ha dado la última clave. Ese hombre está aquí, y voy a ir a enfrentarlo.

-No es su trabajo ocuparse de eso, yo estoy…

-Lo sabías ¿Verdad? ¿Que Wolfram lo invitaría?

-Así es –la respuesta rápida y sin titubeos le confirmaron la verdad que horas atrás intentaba negar.

-¿Cuándo planeabas decírmelo?

-Yuuri, debemos irnos, mis hombres se encargaran de todo.

-No. Voy a terminar con esto. Si quieres puedes acompañarme, pero no me detendré aquí –sentenció con firmeza el soukoku. Su acompañante dudó al verlo avanzar sin esperarlo. Lo siguió, sólo unos metros más y llegarían al pasillo donde se acaba la edificación y relucía a la vista los restos del cemento y el mármol entre las enredaderas, maleza y crecientes árboles frondosos.

Los dos pares de ojos vagaron por el amplio terreno que era iluminado por la luz de una gran luna llena. A su lado el castaño adoptó una posición defensiva.

-He aquí a mi enemigo, aquel que me arrebató mi todo, al que después de mil batallas y maldiciones, se levanta pretensioso y osado para convertir mis sueños en inútiles trozos de cenizas -la voz ronca y cargada de odio resonó en el frío de aquella noche haciendo temblar involuntariamente al rey de los demonios.

.

.

.

.

Espero con impaciencia como los asesinos que lo acompañaban en aquel reducido espacio verificaban estar dentro del castillo. Pasar por la seguridad de la entrada había demorado al menos dos horas. Entre poco oxígeno, hombres apilados unos contra otros manteniendo un contacto tan íntimo y el hedor de la maldita carga que atentaba contra su nariz, se encontró mortalmente fastidiado. Afortunadamente todo había ido de maravilla, y dentro de poco sería libre.

-Despejado –gritó uno de los más jóvenes quién era el ayudante en la parte delantera del vehículo. Los demás asintieron forzando la salida. El lugar de almacenamiento estaba pobremente iluminado, otras miles de carrozas de víveres descansaban inertes en sus puestos. El hombre que iba conduciendo era un comerciante de poca categoría que por unas pocas monedas había aceptado la propuesta de introducir peligrosos mercenarios en la casa de Su Majestad el Maoh. Yozak sabía que vendería a su madre si la oferta monetaria complacía su desmedida avaricia. Ahora no los acompañaba, supuso que se lo habían llevado para algún interrogatorio y ese fue el primer indicio para el líder y más listo de sus camaradas de que algo andaba mal. Lo observó cauteloso como un felino en estado de alerta esperando que otro depredador pisara su territorio para asestarle una mordida fatal. Sus ojos entrecerrados pero increíblemente afilados contrarrestaban su desventaja física que lo hacía lucir débil.

-Nos dividiremos ahora. Hay que alejarnos de aquí antes que aquellos guardias regresen –masculló revisando las carrocerías cercanas.

-¿Por qué? Ese no era el plan original.

-Cállate, este no es el lugar adecuado para que este tipo de mercancía permanezca aquí. ¿Haz mirado los objetos de este lugar? Llevan años de no limpiar esto, hay polvo por todos lados.

-Estás paranoico, tal vez es un procedimiento para ponernos nerviosos y evaluar nuestra reacción.

Una sonrisa escapó involuntariamente de sus labios. Ciertamente no era un lugar adecuado y tal vez, demasiado evidente para dar a entender que habían sido descubiertos, en parte ellos tenían razón. La mejor forma de hacer caer en un error a tu oponente es hacerlo creer que no tiene salida. Y ellos estaban corriendo directamente hacia la trampa de ratones.

-¡Hey, tú! – le llamó el más viejo de todos. Su rostro manchado con cicatrices podían hacerlo parecer más grotesco de lo que realmente era – ¿Estás esperando una maldita invitación? –se acercó en tres zancadas, le tomó por el cuello de la camiseta roída.

-¿Cuál es la brusquedad hermano? –contestó. Su tarea sólo acababa de comenzar. En total eran seis hombres, entrenados, moldeados por la guerra y lo suficientemente fuertes para sobrevivir a las inclemencias de una contienda.

-Esa mueca que pones me tiene exasperado ¿Te parece divertido?

Todos los ojos de sus camaradas estaban fijos en ellos. Su rostro se ensombreció y mostrando una sonrisa más satisfecha y retorcida le respondió –Oh, sí, mucho.

No era algo de que lucirse, pero su actuación demente había acobardado a la mitad de los mercenarios –Tan retorcido como el capitán –mencionó uno restándole importancia a su estado mental. Dejó que sus manos rebuscaran entre los bolsillos escondidos de su pantalón mientras verificaba la posición de los otros. El anciano se había amedrantado con su actitud y se había alejado al menos tres metros, los que preparaban los elementos mágicos para el trabajo eran dos y estaban al menos a seis metros de distancia. El líder continuaba paseando por el lugar, rebuscando entre las ruinas y los pedazos de los vehículos. El sexto individuo permanecía recostado tranquilamente sobre la carroza que los había escondido ubicada detrás de él, el rol que desempeñaría en aquella emboscada sería buscar al prometido del Maoh, y por lo que los rumores decían, este había enfermado y ahora dormía en una de las habitaciones del segundo piso vigilado por guardias reales. Una tarea fácil que no implicaba tanto derramamiento de sangre y tal vez sí, una oportunidad clara para deleitarse con la belleza del mazoku. Un rictus de despreció se dibujó en su cara, no sería demasiado problemático elegir a quién acababa primero, aquel sucio hombre no tocaría jamás a Su Excelencia.

Antes que alguno estuviera lo suficientemente alerta para reaccionar avanzó con rapidez hacia el anciano y cortó su garganta con un movimiento limpio y profundo; un pequeño sonido escapó del hombre sorprendido, no le dio tiempo a los otros para ver lo que sucedía. Lanzó con precisión un cuchillo hacia la cabeza del más joven de los magos, el cual se desplomó sin enterarse que había pasado, el otro gritó algo alejándose del cuerpo que caía en cámara lenta. Se posición detrás para cortarle el cuello igual que el primero. El sonido gorgoreante de esos hombres ahogándose con sus fluidos se confundió con el golpe seco de los cuerpos inertes chocando contra la dura superficie. Quedaban dos. El líder ya estaba armado corriendo directamente hacia él sin preguntar, no había duda en su mirada, casi podía leer sus pensamientos "Traidor". El otro recostado en duerme vela se había levantado se había levantado ante los extraños ruidos y ahora buscaba frenéticamente sus armas tiradas descuidadamente a algunos pasos de la carroza. Podía ser peligroso darle la espalda a su atacante pero ese pedófilo debía morir primero, de eso se aseguraría. Se impulsó con toda su fuerza y energía para alcanzar a su presa antes que este lograra hallar su espada. Incrustó bruscamente su daga en el corazón del enemigo observando cómo se retorcía tratando de sacarla de su pecho manchado por la sangre.

-¡Maldito! –gritó a sus espaldas el último de sus camaradas. Lo esquivó apenas por un milímetro. Trozos de su cabello volaron al separarse de su cabellera. Jadeantes se miraron estudiándose mutuamente. Para mala suerte de Yozak, lo único con lo que contaba era con sus puños pues su arma había quedado clavada en el cuerpo inerte a unos metros de su posición actual. La sonrisa engreída y de victoria no se hizo esperar por parte del rebelde –Te enseñaré que los traidores mueren como las ratas que son –gruñó satisfecho. En menos de un segundo el ojiazul se vio acechado por la filosa espada del líder. Si, era un excelente combatiente, pero el exceso de confianza se pagaba caro. Esquivó con una rapidez inhumana el ataque inminente y ante la mirada sorprendida de su agresor, tiró con fuerza el borde de su mano sobre la nuca expuesta y la rompió. El sonido ahogado se perdió en el aire antes de ver como caía inerte al suelo.

Normalizó su respiración y luego con cuidado comprobó que todos los mercenarios estaban muertos. Respiro con tranquilidad, por lo menos, no había defraudado la confianza que Gwendal había depositado en él. Se encaminó hasta la puerta con paso seguro, tocó la madera unas cuantas veces y esperó. A los minutos notó que unos cuantos soldados hacían guardia, a un lado esperándolo pacientemente Gisella lo miraba con superioridad.

-Pensé que tendría que entrar a ayudarte, Yozak –murmuró con sarcasmo.

-Ni se le ocurra, era trabajo de una sola persona –no respondió al gesto de burla –Y bien, ¿Qué haremos con la armada de Gran Shimarón que espera a unos cuantos kilómetros de aquí?

-Lo que mejor sabemos hacer –le sonrió satisfecha encaminando sus pasos hacia el interior del oscuro pasillo. El pelinaranja sonrió. Aquella mujer podía ser encantadora, pero en combate llegaba a ser un demonio.

Observó la enorme luna sobre el firmamento brillando con todo su esplendor sobre Shin Makoku.

El día del juicio final había llegado.

.

.

.

OoOoOoOoOo

.

No pude resistir poner algo más de fantasía para mejorar la historia. Es como esas historias viejas, poéticas y con un toque romántico. Estaré esperando sus comentarios, espero que no se aburran con tanta decoración y que no pierdan el interés por la demora. Procuraré seguir otra vez con el ritmo de publicación en los 3 capítulos que restan y 1 epílogo. He estado pensando en poner un spin off (de esos que se han vuelto muy famosos en estos tiempos del anime) sobre la historia de Conrad con Wolf en el tiempo después que transcurre este fic, ya que este es YuurixWolf así que sólo podía hacer leves insinuaciones.

Aclaraciones:

(1) Personaje mazoku de mi propia invención, así como esas tierras. En la historia original no existen.

(2) Personaje humano de mi propia invención. En la historia original no existen.

(3) Estos territorios no existen en la historia original. Son propios.

(4) Música clásica: Tales from the Vienna Woods por Johann Strauss II. Es un Vals.

(5) Música clásica: Suite Peer Gynt Op. 46 (In the Hall of the Mountain King) por Edvard Grieg.

(6) La historia es inventada, al igual que los nombres. No existe en la historia original.

.

El siguiente capítulo: Efectos secundarios. El mago más habilidoso y audaz se encuentra con el dilema de seguir sus instintos o rendirse a la irresistible atracción que aquel extraño despierta en él. Aquí empieza la historia entre Víctor, Frank y Aoi.