Disclaimer: Tanto la historia como los personajes de Naruto no son míos, son propiedad de Masashi Kishimoto.
AVISO: Este fic contiene relaciones chico-chic… ¿De verdad hace falta avisar a estas alturas?
Muerte de un personaje (o más, quien sabe), mucho Ooc, groserías varias y puede que en algún momento un poco cursi. Si quieres seguir leyendo, es tu propia responsabilidad.
Desventuras
"La vida da muchas vueltas"
Sasuke se dio la vuelta en la cama, medio dormido, buscando una mejor posición para ponerse cómodo. Seguramente tendría que levantarse pronto para ir al instituto, pero mientras no sonase el despertador, pensaba aprovechar todo el tiempo que pudiese estar en la cama. Se sentía cómodo y calentito, y tenía planeado disfrutar de la sensación.
—Oye, ¿estás despierto?
El Uchiha abrió los ojos de golpe y se sentó bruscamente en la cama. Y entonces se quedó mirando con los ojos muy abiertos al chico rubio con una gorra de béisbol que se encontraba sentado en una silla delante se su cama. El otro dejó escapar una risita nerviosa.
—Te estarás preguntando cómo has llegado aquí, ¿no? —esperó a que el otro le contestara, pero parecía haberse quedado paralizado—. Bueno, después de que te desmayaras miré tu cartera y cogí tu carnet de identidad para saber donde vivías —miró a su alrededor—. Creo que esta es tu habitación, ¿no, Sasuke?
El nombrado parpadeó y asintió lentamente, aturdido. Se miró las manos, aferradas a las sábanas, y se dio cuenta con sorpresa de que parecían estar temblando. Después miró al chico, que le sonreía nervioso, y un recuerdo se agitó en su mente. Él… ¿él no había ido a comprar la Xbox? Y luego… luego tomó un atajo por el parque. Sí. Entornó los ojos intentando acordarse… las farolas se apagaron y entonces…
— ¡Ahhh! —de un brinco se puso de pie en la cama—. ¡Tú eres…! ¡Tú eres…! —lo señaló con el brazo totalmente extendido.
—Naruto.
— ¡Sí! ¡Digo no! ¡Eres el chico muerto con el que me tropecé! —se quedó tieso ante sus propias palabras—. Muerto… Tú… ¿m-me has gastado una broma?
—Oye, oye, no es lo que piensas, te lo juro —declaró al ver la furia que se estaba desplegando ante él—. Verás, en realidad sí que estoy mu… —No pudo decir nada más, puesto que Sasuke se había lanzado contra él, furioso. Rodaron por el suelo del cuarto, dando puñetazos y patadas a diestro y siniestro. Entonces Naruto chocó contra la pared, y la gorra se le cayó.
Mucho tiempo después, Sasuke apenas podría recordar ese momento, únicamente el vértigo que sintió al ver la herida en la frente de Naruto, la frialdad de su cuerpo bajo sus manos, y los ojos que lo miraron suplicantes al ver su mirada de estupor.
Se puso de pie, con la sensación de que todo iba a cámara lenta. Una de sus manos se deslizó sobre sus cabellos, mientras que la otra se agarraba a su camiseta, y sus ojos se clavaron en el chico rubio, que se había quedado sentado en el suelo, con la mirada gacha.
— ¿Qué…? —sentía la boca seca—. ¿Qué diablos…?
—Yo tampoco lo sé. Esto es patético, ni siquiera puedo morir como es debido.
Sasuke lo miró con la boca abierta.
— ¿Te… te suicidaste?
—Cielo Santo, no. Alguien me disparó, una o dos horas antes de que tú me encontraras.
—Eso es evidente, tienes un agujero en medio de tu frente, dobe.
— ¡¿Cómo me has llamado?!
—Dobe.
Sasuke sonrió cuando Naruto se levantó y le miró desafiante, pero la sonrisa se le borró del rostro inmediatamente después de que la herida de la frente volviera a ser visible. Desvió la vista, incómodo, y se dio cuenta de que llevaba el pijama puesto.
— ¿Quién…?
—Ah, eso —dijo Naruto al ver que Sasuke se miraba desconcertado—. Es que tu ropa estaba muy sucia y llena de barro, y no quería que se ensuciaran las sábanas.
— ¿No querías que se ensuciaran las sábanas? —repitió, escéptico.
— ¡No me mires así! ¡Es completamente cierto! —le replicó, avergonzado. Sasuke negó con la cabeza, divertido, y se sentó en la cama. Agarró una almohada que se había caído al suelo con la agitación anterior, y la puso en la cabecera del colchón. Bajo la confundida mirada de Naruto, se metió dentro de las sábanas, cerró los ojos, y se dispuso a dormir.
— ¡Eh! —Naruto se acercó a la cama—. ¿Qué se supone que estás haciendo?
—Cállate. Déjame en paz. Esto es un sueño, y quiero despertarme ya.
Naruto frunció los labios y juntó las cejas, ceñudo. Con rapidez, cogió una de las manos de Sasuke e ignorando las protestas de este, se la llevó a la mejilla y la colocó allí suavemente.
—Soy real —insistió, ante la mirada confundida del otro—, no soy un sueño, una alucinación, una visión o una ilusión de tu mente. Soy una persona normal y corriente, que por casualidades del destino se ha visto envuelta en este embrollo. Deja de fastidiar, chaval.
Sasuke, que se había quedado embobado mirado el contraste entra su piel blanca y la piel morena de Naruto, reaccionó bruscamente ante las últimas palabras del chico rubio. Sacudió su brazo para soltarse del agarre del otro, y lo miró enfurruñado.
— ¿Chaval? ¡Pero si tenemos la misma edad!
—Lo dudo mucho —le contestó, enarcando una ceja—. A menos, claro está, que yo esté equivocado y tengas 21 años.
— ¡¿Eh?! —lo miró boquiabierto—. ¡No puede ser! ¡Pero si soy más alto que tú! —bufó— Además, tienes una pinta demasiado infantil para ser un adulto.
— ¡¿Y qué sabrás tú?! ¡No te metas con mi aspecto, que yo no me he metido con el tuyo! —Naruto respiró hondo para calmarse, y continuó—. De todos modos, no tengo porqué hacer caso a un niñato de 15 años.
—No tengo 15 —le replicó Sasuke, apretando los puños—, tengo 17.
—Ya, ya —dijo el rubio, agitando una mano—, como si hubiera mucha diferencia. Pero da lo mismo, total, como yo no voy a crecer más, dentro de unos pocos años me superarás —acabó diciendo, para después salir tranquilamente por la puerta del cuarto.
Sasuke parpadeó un momento cuando el rubio salió de la habitación, dejando tras de sí un incómodo silencio. Le pareció que la habitación de pronto se había tornado más oscura y descubrió con asombro al mirar por la ventana que todavía era de noche. Una tenue luna menguante iluminaba el cielo, mientras que la luz de la ciudad impedía ver el fulgor de las estrellas.
— ¡Eh! —una cabeza rubia, que volvía a llevar puesta una borra de béisbol, se asomó por la puerta entreabierta—. ¿Vas a quedarte ahí parado todo el rato o qué? ¡Vamos!
—Sí, sí, claro, ya voy —contestó el moreno, un poco aturdido por los últimos acontecimientos. Siguió a Naruto por el pasillo que llevaba hasta la cocina, hasta que oyó de improviso un leve maullido que sonaba un poco amortiguado.
— ¿Riu? —preguntó. Se acercó a un antiguo armario de madera labrada apoyado en la pared y lo abrió, para luego caer al suelo ante la bola de pelos furiosa que le saltó súbitamente a la cara. Ya en el piso, el gato lo soltó y salió escopeteado hacía su cuarto, no sin antes soltarle un bufido al chico rubio que contemplaba la escena divertido y un poco avergonzado. Ayudó a Sasuke a levantarse, mientras se disculpaba efusivamente.
— ¿Encerraste a mi gato en el armario?
—Yo… –soltó una risita avergonzada al tiempo que se llevaba una mano detrás de la cabeza—. Bueno ya sabes, se puso muy pesado y no paraba de bufarme e intentaba arañarme y todo eso —se fijó en los rasguños que adornaban la cara del otro—. Lo siento mucho. Pero míralo por el lado bueno, ahora tenemos las mismas marcas ¿No es guay?
—No —replicó, cortante. Lo empujó levemente con el hombro para que se apartara, y se dirigió al baño para curarse las heridas.
Después de esto, en la cocina, mientras Naruto le servía una taza de té -que no se tomó, porque estaba asquerosa-, Sasuke pensó que estaba actuando de una manera muy irracional. Estaba allí, en la cocina, con un muerto viviente, hablando con él como si nada. Si se lo contara a alguien lo tomarían por loco. Se preguntó cómo sacar el tema.
—Supongo que te estarás preguntando cómo es que he llegado a ser un… un zombie —el interpelado se sobresaltó, y Naruto sonrió—. Ya te dije antes que no lo sabía, y te lo repito ahora —soltó un hondo suspiro—. Simplemente me dirigía a mi casa cuando un encapuchado salió de detrás de un árbol y me pegó un tiro. Qué muerte más estúpida.
— ¿No tienes…? ¿No tienes algún familiar o algún amigo que se preocupe al ver que no apareces?
—Sí —contestó, con la mirada ensombrecida—. Mi padre y yo acabábamos de mudarnos aquí desde Kyoto, yo… yo no tengo a nadie más y él tampoco —se tapó la cara con las manos—. ¡Mierda, joder! ¿Qué se supone que voy a hacer ahora? —preguntó, angustiado.
Sasuke le dio unas palmaditas en la espalda, sin saber muy bien qué hacer. No se le daba bien consolar a la gente, se sentía muy incómodo en ese tipo de situaciones.
—Oye —le dijo, apartándole las manos de la cara—, ¿sabes? Dicen que los espíritus ligados a la tierra se quedan en el mundo de los vivos porque aún tienen un asunto pendiente —prosiguió, sintiéndose como un tonto por decir aquello—, a lo mejor ese es tu caso.
—Pero si yo no soy un fantasma —masculló—, soy un puñetero muerto viviente, ¿es que no me ves?
—Ya lo sé —le espetó Sasuke—, eso es bastante evidente, imbécil.
—No hace falta que me insultes —señaló Naruto—, además, no puedes estar seguro de lo otro. ¿Cómo explicas entonces que sea un zombie y no un simple espíritu? Y tampoco recuerdo nada importante que me haya quedado sin hacer.
— ¿Y cómo quieres que yo lo sepa? —se encogió de hombros—. Sé de este asunto tanto o menos que tú.
—Pues estamos igual que antes.
—Hn —con un suspiro, Sasuke se levantó de la silla, cogió la taza de té que le había dado Naruto y lo vertió por el fregadero. Miró fijamente a Naruto unos instantes para ver si había alguna queja por tirar la bebida que él había preparado, y cuando Naruto negó efusivamente con la cabeza al ver la mirada amenazadora del otro, se preparó otro con el agua que aún quedaba en la tetera. Alcanzó con una mano las galletas que estaban en el estante más alto de la alacena, y se volvió a sentar a la mesa.
— ¿Quieres una? —inquirió— Es decir, ¿puedes comer algo… en tu estado?
—Pues… me da a mí que no.
—Oh, vaya.
Naruto empezó a dar golpecitos con los pies al suelo rítmicamente, mirando hacia el suelo, mientras Sasuke golpeteaba con los dedos de la mano derecha la mesa, sorbiendo su té, estableciendo un pesado silencio en la cocina. El chico rubio paseó su mirada por la habitación, aburrido. Había colgados bonitos cuadros con escenas campestres, y las paredes tenían un sobrio estampado en colores claros. La cocina tenía un aspecto luminoso, y todos los muebles parecían haber sido escogidos para conjuntar unos con otros. Se había fijado en el exterior de la casa cuando llevaba a Sasuke allí, y tenía un aspecto bastante elegante. Era evidente que quien había decorado la casa tenía buen gusto.
Recordó el aspecto de su antigua habitación, con las paredes y el techo pintados de naranja chillón, objetos de todo tipo desperdigados por el piso, ropa sucia tirada por el cuarto, quién sabe qué cosas debajo de la cama… Supuso que su padre tendría que recogerlo todo el sólo, ahora que él había muerto. Si había una cosa que no quería que pasara, era que su padre lo viera así, asesinado. "Ojalá envíen a ese puto asesino a la cárcel" —pensó con rencor— "Maldito malnacido…"
— ¡Ya sé! —gritó de pronto, asustando a Sasuke, que se atragantó con el té que estaba tomando, teniendo que escupirlo en el fregadero.
— ¡¿Pero se puede saber por qué gritas así de improviso?! —bramó, todavía tosiendo.
— ¿Acaso quieres matarme del susto?
—Ah, lo siento mucho.
—Ya sé que lo sientes —refunfuñó—, no paras de repetirlo.
— ¡Eso no es lo importante! —exclamó, golpeando la mesa con los puños—. ¡Sasuke! ¿Y si tuvieras razón?
— ¿Razón en qué? —preguntó, confundido ante el comportamiento del otro.
— ¡En lo de un asunto pendiente, obviamente! —lo cogió por los hombros y empezó a sacudirlo—. ¡El asesino, Sasuke! ¡El asesino! ¡Ese es mi asunto pendiente! ¿No lo ves?
— ¡Suelta! ¡Suéltame pirado! —le exigió. Naruto lo obedeció más por reflejo que por otra cosa y Sasuke, al verse suelto, se colocó a unos tres metros de distancia del otro, poniendo la mesa de por medio. —Vale, ahora puedes seguir hablando.
— ¡Digo que el asesino es mi asunto pendiente!
—Sí, eso ya me lo gritaste antes —le replicó, cabreado—. Baja el puñetero volumen de tu voz, que me vas a dejar sordo.
—Lo que estoy intentando decirte —continuó Naruto, más calmado—, es que a lo mejor soy como uno de esos espíritus que tú mencionaste, pero por algún motivo mi alma, al morir, volvió a mi cuerpo, convirtiéndome en un zombie. Y… —inspiró profundamente—, tal vez, si consigo atrapar a mi asesino, pueda descansar en paz.
Y la reacción de Sasuke fue dejar escapar un gruñido de frustración y masajearse el cuero cabelludo con una mano.
— ¿Te das cuenta de que eso son sólo meras suposiciones? —apretó los labios—. ¿Qué pasaría si consigues atrapar al asesino y no sucede nada?
—Bueno —le contestó Naruto—, por intentarlo no pasa nada, ¿no crees?
—Supongo que tienes razón —terminó diciendo el chico moreno, causando que Naruto le dirigiera una desganada sonrisa, que Sasuke correspondió.
Entonces ambos oyeron el sonido de unas llaves y de unas pisadas detrás de la puerta de entrada de la casa, y saltaron en su sitio, asustados.
— ¡Mierda! —maldijo el Uchiha—. ¡Es Itachi! ¿No se suponía que ese idiota se quedaba a estudiar en casa de uno de sus estúpidos amigos?
— ¡Sasuke! —le apremió Naruto—. ¿Qué hacemos?
— ¡Cállate! —le replicó entre susurros, mientras lo empujaba hacia su habitación—. ¡Cállate y no hagas ni un solo ruido! ¿Entendiste, usuratonkachi?
— ¿Sasuke? ¿Estás despierto?
Y ante el sonido de la voz de su hermano, a Sasuke se le heló la sangre en las venas y se le erizó el pelo. Cerró bruscamente la puerta de su cuarto, dejando encerrado a Naruto allí dentro. Y se enfrentó a Itachi, que lo miraba confundido desde la puerta de la cocina.
— ¿Sasuke? ¿No puedes dormir? —le cuestionó con su suave voz—. He visto el té en la cocina. Si quieres te doy algo para el insomnio.
—No, no —negó energéticamente con la cabeza—, estoy bien. De hecho, ahora mismo me voy a dormir, así que si me disculpas… —se dio la vuelta para entrar en el cuarto, pero la voz de su hermano lo detuvo.
— ¡Espera!
— ¿Qué pasa? —preguntó, con la boca seca. Si su hermano lo llega a encontrar con un chico muerto en su habitación a altas horas de la noche, no sabía lo que podría llegar a pasar, es más, no quería ni imaginárselo.
—He encontrado esto en la entrada. Es tuyo ¿no? —levantó la mano izquierda, que sujetaba una bolsa con el logotipo de una conocida marca de tiendas de videojuegos.
— ¡Mi Xbox! —exclamó, sorprendido. Se había olvidado por completo de ella—. Quiero decir —se corrigió, al ver que su hermano enarcaba una ceja—, sí, es mía. La dejé allí cuando llegué.
—Pues no deberías dejarla por ahí tirada, y menos si es nueva.
—Sí, sí, tienes razón, Ahora mismo voy a dejarla en el salón.
Se acercó a él e intentó cogerle la bolsa, pero Itachi se lo impidió escondiendo la Xbox detrás de él y sujetando a Sasuke con el brazo que tenía libre.
— ¿Qué te ocurre? —lo miró preocupado—. ¿Estás bien? A estas alturas ya me deberías haber insultado un par de veces.
—Ya te lo he dicho antes, estoy bien —insistió—, en serio.
— ¿Estás seguro? —Sasuke le dirigió una mirada fastidiada—. Vale, vale, ya te dejo tranquil… —se detuvo al escuchar un ruido amortiguado proveniente del cuarto de Sasuke.
— ¿Has oído eso? —preguntó, entornando los ojos.
—No sé de qué estás hablando.
— ¡Hablo de ese ruido! —persistió—. ¡Y viene de tu cuarto! —Soltó la bolsa de la consola y colocó a Sasuke detrás de él— Quédate ahí.
— ¡No! —exclamó, agarrándolo de un brazo—. ¡De verdad Itachi-baka, son sólo imaginaciones tuyas!
Entonces los dos oyeron claramente el ruido que hacía un objeto al caer al suelo, un bufido gatuno muy enfadado, y una voz masculina que chillaba algo parecido a "¡Condenado gato de los cojones!"
— ¡Es un ladrón! ¡Sasuke, rápido, llama a la policía!
"¿Por qué me tiene que pasar esto a mí?" pensó Sasuke, desesperado, al ver como su hermano cogía un bate de béisbol de un armario y se dirigía hacia su cuarto. Bueno, al menos ahora sabía de dónde había sacado Naruto su gorra. De pronto tuvo una idea.
— ¡No! —gritó muy alto—. ¡Itachi, no vayas a mi cuarto!
—Sasuke, ¿pero qué…? —Itachi se interrumpió al escuchar el ruido de una ventana al abrirse—. ¡Mierda!
Corrió hacia el cuarto y abrió la puerta de golpe. Miró frenéticamente a todos los lados, pero el único ser vivo que distinguió fue a Riu, que estaba encaramado en la ventana abierta, con el pelo erizado. Abandonó la postura de bateador que tenía en ese momento y suspiró.
—Parece que se escapó. ¿Por qué tenías que gritar tan alto?
—Lo siento —se disculpó Sasuke, con la cabeza gacha—. Estaba asustado y no controlé el volumen de mi voz —dijo, rezando porque su hermano se creyera una excusa tan estúpida como esa. Entonces sintió como una mano se posaba en su cabeza y le acariciaba el pelo. Se sacudió para apartar a su hermano y lo miró enfurruñado. Odiaba que hiciera eso.
—Yo también estaba un poco asustado —reconoció Itachi, con una leve sonrisa—. Quizás no debería haberme puesto tan en plan Rambo. Siento haber hecho que te asustaras, renacuajo.
—No me llames así —le dijo, bastante avergonzado y con un leve sonrojo en las mejillas—. Sabes que no lo soporto Itachi-baka —replicó, causando que la sonrisa del otro se ampliara más.
—Bueno… —suspiró el mayor de los hermanos, mirando a la ventana—. Supongo que lo mejor que podemos hacer es llamar mañana a la policía. No creo que les haga gracia venir aquí a las tres de la madrugada por un casi robo. Y seguro que el ladrón ya andará muy lejos.
— ¡¿Las tres de la madrugada?! —preguntó Sasuke, muy sorprendido—. ¿Tan tarde es?
—Sí —respondió Itachi. Y entonces miró a Sasuke con los ojos entornados—. Y eso me recuerda que hoy tienes clases, no deberías estar levantado tan tarde.
Luego de recoger el cuarto entre los dos, y luego de que Sasuke frustrara el intento de Itachi de tapiar la ventana de su habitación, el mayor se dirigió a su propio cuarto. Sasuke esperó una media hora, para asegurarse de que su hermano estaba dormido, y abrió la ventana. Se encaramó al bordillo, y saltó. Por suerte su casa sólo tenía un piso, y no dos, como muchas las de su barrio. Aunque lo que no tenía en altura lo compensaba con lo grande que era, pues para construir la casa sus padres tuvieron que comprar dos terrenos, en vez de uno, consiguiendo una gran casa y un jardín bastante grande.
Con sólo el pijama puesto, Sasuke miró a ver si distinguía una cabellera rubia en la oscuridad, y cuando se rindió, empezó a llamarlo entre susurros.
— ¡Estoy aquí!
Sasuke se giró en dirección de la voz, que provenía de su garaje, y se dirigió hacia allí.
— ¿Naruto? —susurró.
—Sí, soy yo —le contestó el chico rubio, con el mismo tono bajo de voz—. Ven, entra.
Naruto agarró de la mano a Sasuke, y este contuvo un escalofrío al notar lo fría que estaba. Al parecer Naruto, al oír el grito de Sasuke, saltó por la ventana y se escondió allí, con la esperanza de que Sasuke saliera a buscarlo después. Cosa que acabó sucediendo.
—He estado pensando —murmuró el rubio.
— ¿Hum?
—Pensaba que me gustaría que… —vaciló—. Verás, a mí me gustaría que tú…
— ¿Que yo qué?
— ¡Qué tú me ayudaras a capturar a mi asesino! —se tapó la boca con las manos—. Bueno, es decir, sólo si quieres, claro está, no te estoy obligando a nada.
—Buf… —Sasuke se pasó una mano por el pelo, echándolo para atrás—. Vale, te ayudaré, pero sólo porque a saber que pasaría si un zombie tan patético como tú, que ni siquiera puede contra un gato, anduviera suelto por la ciudad.
— ¿De verdad? —a Naruto se le iluminaron los ojos cuando vio la seca cabezada del otro chico—. ¡Muchas gracias! —se abalanzó sobre él, haciendo que los dos acabaran contra el duro suelo del garaje.
Naruto empezó a reírse al ver el ceño fruncido del moreno, y Sasuke, a su pesar, no pudo evitar corresponder a una risa tan contagiosa como aquella. Hasta que de pronto una idea inquietante le vino a la cabeza. Apartó a Naruto de él, y lo miró preocupado.
—Oye —le dijo—, si estás muerto entonces… entonces no te irás a pudrir ¿verdad? —y al ver la cara horrorizada del otro, obtuvo su respuesta—. Oh —fue lo único que pudo articular.
Continuará…
¡Gracias a todas por los reviews! La verdad, no esperaba recibir más de uno o dos, me habéis animado muchísimo. Os adelanto que esta historia no va a ser muy larga, no creo que llegue a más de 10 capítulos, la verdad.
PD- ¿De verdad te cae mal el gato Ang97? Qué mal, pero si es clavadito al mío xD
