+_CONFLICTOS_+

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Capítulo XV: Efectos secundarios

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Un nuevo capítulo, casi llegando al final, creo que estoy emocionada. Está meramente centrado en los dos personajes antagonistas de la historia, de cómo inicio esta locura que me inventé y por fin –después de 14 capítulos- que fue lo que sucedió en la primera escena del primer capítulo. Sí señores y señoritas, veremos a Wolfram en acción. Disfrútenlo, para el siguiente sólo se terminarán de desenredar las cosas y los dos últimos solo algo más de drama y romance. Puff….

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Advertencias:Contiene demasiadas escenas y palabras gráficas de sangre y violencia, con pensamientos nada positivos, así que están advertidos. Insinuaciones de YAOI.

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Disclaimer:este anime no me pertenece ni los personajes, son de Temari Matsumoto y Tomo Takabayashi, sólo uso de ellos para mis locas ideas, por lo tanto no recibiré ningún benéfico de esto, sólo ver a mi lindo Wólfram feliz con Yuuri.

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Agradecimientos a: Mininahermosa29, aneka88 y a los que leen anónimamente.

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En capítulos anteriores:

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¿Por qué? ¿Por qué él se entrometía en sus deseos? Al principio no significaba nada, tan sólo el blanco ideal para vengarse contra esa persona, sin embargo, a medida que lo emboscaba, lo humillaba, lo atacaba, lo hería, él se continuaba levantando airoso y con mayor deseo de aplastarlo. Por otra parte, no podía negar que gozaba de una manera insana el hecho de tenerlo sometido, pidiendo clemencia y bañado en su propia sangre; entonces se relamió sus labios en una mueca de satisfacción al comprobar que su retorcida obsesión nacida de la venganza se había transformado en algo más….no podía resistir más tiempo para verlo, esa piel nívea aquellos ojos verdes y esa expresión arrogante convertidas en miedo y repulsión. Pero el sentimiento murió, de nuevo ahogado por los susurros.

-Huye o él te matara…ha perdido el control, yo no he podido detenerlo como se planeó…tan sólo…he atravesado con mis flechas a su guardia personal…el maou…él es demasiado poderoso…yo…he fallado la misión…

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Bufó molesto por la repentina indiferencia del otro hombre. Volvió a incorporarse aburrido para objetar una que otra grosería y desdeñosa queja, pero sus muñecas fueron tomadas y cayó con fuerza de nuevo sobre la blanda superficie ahora con el cuerpo del jefe sobre el suyo. Contempló aquellos ojos perdidos que lo sometían buscando en estos, algún resquicio de razón pero no la encontró.

-No podré reemplazar jamás a William, lo sabes…

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Lo más probable es que tendría que intervenir si el enemigo quedaba con vida.

-Cómo era de esperarse, el que comanda debe resistir hasta el final, no es justo que los subordinados peleen solos ¿verdad, su excelencia Von Bielefeld?

Contempló al hombre enfrente de él alto, corpulento y con una mirada decidida -Hump, los humanos se han vuelto orgullosos y también atrevidos.

-Es hora que el Maou y su ejército de mazokus caigan. Empezando por su séquito de guardias personal a quién más aprecio les tendrá.

La sonrisa maliciosa de Wolfram se hizo presente en su rostro, esa expresión peligrosa hizo retroceder al contrario.

-Te has equivocado de persona, tal vez debería intentar con otro, yo solo soy un soldado que no significa mucho para Yuuri Heika.

Con lentitud levanto su mano y sin vacilar tronó sus dedos, en solo un segundo el chico de cabellos rubios y ojos verdes se vio rodeado de llamas que se extendieron con rapidez por todo el pueblo -Sin embargo, no permitiré que alguien como tú intente lastimarlo a él. No mientras yo viva.

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OoOoOoOoOo

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El arma que le apuntaba a su cabeza no tembló en ningún momento, y aunque la chica que la sostenía tenía una expresión de inseguridad, estaba lo suficientemente cuerda para enfrentarse a alguien de su contextura y sin el conocimiento de que tan peligroso podía llegar a ser. Entrecerró los ojos buscando una abertura en la posición y entonces se sorprendió. Sonrió con sorna, tenía que estar bromeando. Una oveja tratando de emboscar a un lobo, qué ridícula idea.

-¿No me has escuchado? Dije, sube las manos y de rodillas

-¿Por qué? –le cuestionó sentado en la cama con un bostezo a punto de brotar de su boca. Ni se inmutó ante los ojos centellantes de ira.

-Yo tengo el arma ¿Qué te parece?

-Estúpido. Ambos sabemos que eso no va a detenerme para romperte el cuello –siseó como amenaza ante la insistencia de la desconocida por robar las pocas pertenencias regadas por la habitación.

-Cállate, solo estás alardeando.

-Tonta campesina –susurró antes de levantarse con rapidez, eludir el primer disparo, manotear lejos el arma de las manos de la chica y dirigir la otra para tomarla por el cuello. Puedo ver como la sorpresa se transformaba en miedo y algo en él se regocijó de alegría. Extrañaba esa sensación. Sin embargo, algo había alejado a su víctima del inminente ataque y en milisegundos notó el agarre férreo de una mano sobre su muñeca deteniendo su avance y luego como un puño cerrado se estrellaba debajo de su esternón justo donde empezaba el estómago. El aire abandonó sus pulmones ruidosa y dolorosamente, perdió el equilibrio. Cayó de espaldas directo al suelo justo cuando su brazo fue liberado. Jadeó y gimoteó como un niño en busca de oxígeno con la visión borrosa y el dolor en el lugar donde lo golpearon aumentaba de intensidad. Una gran sombra le cubrió mirándolo desde arriba, y por primera vez conocía a un sujeto más grande que él. Sintió miedo porque estaba tremendamente jodido, pero no muerto, así que recogiendo fuerzas derribó al extraño enredando sus pies entre las piernas de su atacante. Podía estar vulnerable pero aún podía moverse para defender su vida. Se levantó aprovechando el descuido del otro, sin embargo, aquel bastardo resultó más ágil, porque antes de caer pesadamente al suelo apoyó su peso en sus manos y levantando una pierna le alcanzó a golpear la rodilla. Gritó adolorido y nuevamente, se encontró en suelo retorciéndose ante la agonía. Al parecer le había roto algún hueso o ligamento, no podía estar seguro.

-Así estarás quieto, maldito mono –gruñó el hombre observándolo desde las alturas. Esta vez procuró detallarlo mejor. Cabello negro, ojos negros bastante penetrantes y enojados. Lo iba a matar de eso podía estar completamente seguro. No intentó alguna otra maniobra, ni siquiera podía mantenerse de pie.

-¿Estás solo? –le preguntó con la mirada fija, sin moverse un centímetro.

No respondió. Era una pregunta estúpida para un par de ladrones que tendrían que haberlo seguido desde un par de horas atrás ¿No? ¿Por qué no preguntar por un botín, una caja de seguridad o una contraseña?, eso tenía más sentido. No tenía nada de eso, apenas unos billetes en su bolsillo y unas sucias pertenencias. Una patada en su estómago lo sacó de sus pensamientos. El dolor vibró por su cuerpo haciéndolo jadear ante la sorpresa. Se recogió en forma fetal buscando normalizar su respiración. Su boca sabía a hierro. –Te pregunté ¿estás solo?

-¿Por qué preguntas eso? Podemos llevarnos sus pertenencias y dejarlo aquí –intervino por primera vez la chica que momentos antes lo amenaza con un arma.

-Guarda silencio mujer.

-¡Te reventaré si no respondes! –le amenazó moviendo su pie sobre su rodilla lastimada.

-¡Jódete maldito bastardo! –gritó escupiéndole de la manera más grosera que pudo. Las gotas de sangre se levantaron pero nunca llegaron a su objetivo, tan solo cayeron al suelo. Los ojos asombrados e impactados del otro como si hubiera visto un fantasma ignoraron el hecho que lo había insultado, le desconcertaron, al parecer. Aunque poco le importó, el mareo pronto se apoderó de él cubriendo su mundo en sombras.

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Despertó con gemido corto y el martilleo en su cabeza. Los pocos sonidos que alcazaba a escuchar se detuvieron entonces. Cuando pudo enfocar la vista se encontró acostado en la cama con los ojos de la ladrona clavados en su persona. El mohín de fastidio se profundizó cuando se miraron.

-No tienes la rodilla rota, simplemente están inflamados unos ligamentos por lo que será mejor que guardes reposo y la dejes sin utilizar unos días –gruñó enojada desde el rincón de la habitación.

-¿Por qué estas ayudándome? ¿Eres una curandera o algo similar?

-No lo hago porque quiera ayudarte, te hubiera disparado y dejado morir pero Frank me ordenó que atendiera tus heridas.

-¿Frank?

-El hombre que te noqueó, qué fácil olvidas las cosas, idiota

-¿Es tu padre?

-Claro que no –le gritó acercándose con una postura de ataque –Que te quede claro, él es mi amante.

El bufido de burla que salió de sus labios fue algo inconsciente, pero el incentivo perfecto para que la chica estrellara varios puños en su abdomen lastimado -¡Detente maldita! –gritó empujándola lejos. Se incorporó hasta sentarse en el lecho. La vio tirada en el suelo con una expresión de físico odio. –Largo de mi cuarto, búscate otro y deja de incordiarme, zorra.

-¿¡Cómo te atreves!?

-¿Crees que una chiquilla como tu puede mantener a aquel tipo sólo por sexo? –rio con ganas desquitando su mal temperamento con la bruja que había iniciado aquellos caóticos acontecimientos –Ni tu misma te lo crees.

El cuerpo de la mujer se abalanzó, casi esperaba que una cachetada se estrellara en su rostro, sin embargo, una tercera presencia en el lugar detuvo la riña. Se miraron por segunda vez y no pudo apartar sus ojos de aquel extraño.

-Lárgate, te llamaré cuando termine –le ladró a la chica sin mirarla.

-¿Qué? ¡Frank, no puedes hablar en serio! –cuestionó sorprendida, pero no pudo indagar sobre el comportamiento de su compañero porque fue arrastrada fuera, luego los dos hombres quedaron solos.

-¿Alguien te acompaña o te está esperando?

El fastidio por aquel sujeto sólo empeoró -¿Acaso eres estúpido? –la pregunta había flotado en el aire sin que algún cambio en la expresión del aludido se diera. El silencio reinó unos instantes y creyó que permanecerían en aquel juego sólo por esa información. Se rindió.

-No.

-Bien –levantó una ceja ante el comentario. ¿Por qué le importaba?

-¿Nos conocemos? –esperó la respuesta pero nunca llegó. En vez de escucharlo parecía ignorarlo mientras rebuscaba entre un pequeño maletín que le era desconocido. Un tic en el ojo aumentó cuando se percató que la conversación claramente había terminado.

-¡Oye! ¿Qué quieres de mí? Vienes a mi cuarto con una mujer fastidiosa apuntándome con un arma, me rompes la rodilla, preguntas por camaradas y luego simplemente pasas de mí. ¡¿Qué sucede contigo?! –se removió frustrado por no poder levantarse y enfrentar al otro.

-Necesito de tus habilidades en la magia –soltó de pronto enfocándose en su encorvada figura.

-¿Por qué tendría que ayudarte?

-No te lo estoy pidiendo. Dije que lo necesito y lo tomaré –explicó arrogantemente mirando por la ventana y dejando que el humo de aquel cigarrillo se esparciera por la habitación.

-Ni siquiera sé quién diablos eres… ¿Cómo sabes? –se interrumpió ni siquiera estaba seguro de saber – Pocos saben de mis capacidades, sólo he servido a un reino y creo que a su monarca no le importó que me marchara.

-William me contó alguna vez de compañeros con esas habilidades.

-¿William? –repitió el nombre tratando de recordar quién era. Ante la mención, los ojos del forastero se clavaron con tanta intensidad, que retrocedió unos centímetros en la cama. Lo que veía no le estaba gustando.

-Ah, lo recuerdo. ¿Sigue aquel torpe trabajando con gran Shimarón? Le dije que se marchara conmigo y viajáramos por todo el continente buscando tesoros, visitando bares, emborrachándonos y teniendo sexo con mujeres, pero se negó el muy santo.

Su expresión alegre solo hizo que la mandíbula del otro se tensara aún más.

-Está muerto –fue la simple verdad. Buscó algún rastro de mentira en su expresión, pero no la había -¿Eran amigos? –le escuchó lejos sintiéndose desconcertado por el giro de los acontecimientos.

-Éramos compañeros con las mismas excentricidades, que parecíamos hermanos…

Las palabras murieron en su boca. Ya ni siquiera estaba seguro de cómo seguir. Lo había olvidado, pero el sentimiento de hermandad y lealtad no habían desaparecido. Como lamentaba su muerte. Desvió la mirada unos segundos dejando fluir sus recuerdos sobre los buenos momentos, luego detalló a su acompañante.

-No te conozco, ni siquiera tienes una personalidad similar ¿Qué eras de él?

-Su compañero de armas…su amante.

El título que le había dado a la relación con su amigo perdido no era algo que se esperaba, pues William se jactaba de ser todo un casanova con las mujeres que lo conocían. Sin embargo, en esos ojos negros había algo similar al dolor y a un sentimiento de ira de contenida. Entonces lo supo, ese hombre estaba buscando retribución por la muerte de su compañero sentimental.

-¿Me ayudarás?

Luego de escuchar la historia, supo que aquel bastardo le estaba mintiendo. No le importó, el no necesitaba la verdad absoluta, no participaría directamente, sólo fabricaría algunas armas que le habían sido especificadas, nada más. Volvería a ser un hombre libre y a kilómetros de distancia una vez que terminara el encargo.

Soportó su temperamento y sus ridículos caprichos por días, así como la mirada hostil de la joven que lo acompañaba.

-Eres una molestia –gruñó enojado sin levantar la vista de la mesa donde trabajaba. Su acosador no pareció intimidarse por su hostilidad, apenas si notó su comentario y eso, le irritó más.

-Voy a terminarlo ¿te lo dije, no? Así que, ¿Cuál es la razón de mantenerme como un prisionero? –objetó deteniendo su labor y encarando al otro hombre.

-No eres un prisionero –fue la única respuesta que obtuvo. Los ojos de Frank seguían fijos en las herramientas dispuestas sobre la mesa. Bufó en desacuerdo –Entonces ¿por qué tengo que escucharlos aparearse noche tras noche y yo no puedo salir a divertirme? ¿Tengo cara de santo o qué?

Esta vez se miraron directamente. Algo había en la mirada de Frank que lo mantuvo callado –Quiero que dediques tu tiempo y habilidad en lo que te he encargado. Quedan dos días, no hay prórroga –sentenció con el rostro serio. Continuó su trabajo sin discutir. No le daría más excusas para mantenerlo prisionero más tiempo del acordado. En todo caso era obvio que lo que se traía entre manos era delicado.

-Esperarás hasta que regrese –ordenó a su lado muy concentrado en sus manos. Lo miró de reojo, cuando creía haber visto toda la arrogancia y egoísmo de aquel hombre, él volvía a sorprenderlo.

-No. ¿Por qué habría de hacerlo? El contrato termina cuando entregue estos artefactos.

El siguiente movimiento lo alertó. Aquella mole se irguió completamente derribando todos los objetos, sus objetos mágicos, como si no valieran nada. Se defendió levantando un brazo para alejarlo de su espacio personal, pero al igual que la última vez, fue vencido. Cayó al suelo con el estrepitoso ruido seco y el cuerpo de Frank sobre él observándolo como un felino hace con su presa. La intensidad de aquella sensación se esparció en forma de cosquilleo por su espalda lastimada. Eso que había visto antes, volvía a presentarse en los ojos ajenos. Una chispa de entendimiento brilló en su mente. Oh, por Dios. El acaba de someterse a los deseos de un psicópata obsesivo. Entrecerró los ojos peligrosamente, no iba a consentir una relación de negocios basada en paranoias y pasiones carnales. Un puño en las costillas fue suficiente para oírlo gemir y hacer una mueca de dolor, pero no para hacerlo rodar lejos. Maldijo la resistencia de su atacante y se preparó para lo peor.

Frank sonrió con malicia. Tiró de sus cabellos con fuerza y con la otra mano atrapó sus genitales brusca y confiadamente. Jadeó ante la sorpresa y el dolor. Ni siquiera intentó moverse, no cuando ese hombre podía arrancarle su anatomía con una facilidad escalofriante. No le apostaría a algo tan riesgoso.

-¿Huirás?

No respondió, el apretón en su parte baja se hizo mayor.

-No.

-Eso creí. Eres mío ¿entiendes? Así que esperarás a que regrese –lo detalló con una expresión divertida en su rostro.

Bastardo.

-¿Por qué? –exigió sin apartar la vista. La mano en su cabello se desplazó rápida y segura por su rostro y cuello hasta alcanzar la camisa. Deshizo los botones ágilmente dejando al descubierto el pecho y abdomen. Siguió con su caricia hasta alcanzar la bragueta de su pantalón mientras la otra comenzaba a masajear suavemente sus genitales. Escuchó el ruido del botón soltarse y el cierra bajar lentamente. Sostuvo la respiración ansiosamente. Cerró sus ojos.

-Me gustas

Algo húmedo y caliente se desplazó por su cuello lamiendo y mordiendo cuidadosamente su clavícula. Se removió. Aunque intentaba resistirse, su inútil esfuerzo solo parecía divertir a su atacante. Jugueteó con sus tetillas, primero una y luego la otra, tan lentamente que no pudo evitar gemir de placer y de miedo. La presión que ejercía aún sobre su miembro se estaba volviendo realmente doloroso. Comenzó a hiperventilarse una vez que esa lengua alcanzó su ombligo y se detuvo al inicio de sus calzoncillos. El miedo volvía a ganar terreno, un hombre como él con tantas conquistas y hazañas en la cama estaba siendo intimidado por alguien más masa muscular y mayor fuerza bruta. Siempre se había considerado el dominante en cualquier tipo de relación, sin embargo, en ese preciso instante aquel sujeto estaba propasando sus límites y él no podía hacer nada para remediarlo.

Su tensión aunque era más que evidente no convenció o detuvo a Frank, quién estaba dispuesto a continuar –Relájate –le escuchó susurrarle a su oído –Prometo que te gustara –sus manos ocupadas en alguna parte de su anatomía estaban retirando con cuidado el pantalón y los calzoncillos que vestía. Suspiró, al menos no quedaría estéril. Abrió sus ojos, los de su nuevo amante lo observaban con lujuria. Le vio bajar hasta alcanzar su miembro, repartir lametazos por la punta de su pena y base de sus testículos, para engullirlo completamente. Se estremeció. La sensación era realmente agradable. Aunque podía patearlo y alejarse, dudaba que eso fuera una opción, no quería morir simplemente porque aquel hombre quería hacerle sexo oral. Aún podía dañarlo si él quería. Después de todo, esa cavidad tenía peligrosos dientes. Descansó su cuerpo sobre el suelo jadeando ante las atenciones que estaba recibiendo. Aquellas manos que antes lo habían lastimado, toscas y callosas acariciaban con delicadeza sus muslos abriendo más sus piernas para exponerlo. Durante unos minutos el ruido dela saliva y la lengua lamiendo toda su longitud fue lo único que escuchó acompañando sus propios balbuceos satisfechos. Pronto el calor fue tan insoportable que levantó sus caderas para acompañar el movimiento de esa boca, arriba y abajo una y otra vez. Sujetó con la mano libre el cabello de Frank para obligarlo a aumentar la profundidad y la velocidad. Volvió a gemir más hasta que se corrió.

Jadeó incontrolablemente con la mente nublada y el cansancio instalándose en cada parte de su cuerpo. –No he terminado –le escuchó aun entre sus muslos. Oh, claro que no. Sabía cómo terminaría aquel encuentro y no le importó. Dos dedos mojados acariciaban su entrada para irse introduciendo lentamente. Era la primera vez que algo como eso le ocurría, la sensación era extraña y algo molesta. Poco a poco y a pesar de su poca cooperación, el movimiento inútil y algo torpe había tocado algo que le hizo ver las estrellas. Nuevamente estaba duro entre sus piernas y gimiendo por más contacto. Protestó cuando todo se detuvo. Abrió sus ojos para enfocar al otro y notó duda en su rostro. Se rió. Aquel tipo rudo no estaba seguro de terminar aquella sesión. Abrió sus piernas invitándolo –Rápido, no aguantaré más –gimió al sentirse tan duro y casi a punto de llegar al segundo orgasmo de aquel día. Poco a poco aquella carne dura y lubricada fue abriéndose paso entre sus glúteos, dolorosa y lentamente. Aquella no parecía ser una experiencia placentera como lo había imaginado. Se forzó a pensar en la excitación que había hecho palpitar sus sentidos mientras el vaivén de entrar y salir continuaba taladrando sus nervios. Era algo jodidamente incómodo y doloroso a pesar que Frank se estaba esmerando por acariciar esas zonas sensibles que había descubierto minutos antes; pero lo resistió bien. Por el contrario, Frank parecía estar disfrutándolo bastante, podía verlo jadear quedadamente y sentir el calor de la fricción entre sus músculos y el sondo característico de humedad chocando entre sus testículos y la virilidad del otro. Un gemido de éxtasis pronto llenó la habitación. Las respiraciones agitadas perduraron hasta que volvieron a la normalidad.

Víctor arrancó con brusquedad a Frank de su cuerpo, con una expresión adolorida se levantó. No recibió ninguna mirada o palabra de disculpa. Bufó con molestia, como lo odiaba. –Largo. Terminaré con el encargo a tiempo. Cuando regrese no quiero ver tu engreída y egoísta cara en este lugar –soltó con toda la indiferencia del mundo. Sabía la razón de toda aquella escena, Frank lo estaba viendo como si fuera William, un estúpido reemplazo ante la pasión viva y el enamorado metros bajo tierra. Por eso era que no quería enamorarse, el amor es un sentimiento hermoso pero rastrero que podía llevar a la humanidad a la salvación o a la condena.

Y así como lo afirmó, lo cumplió. Él y la odiosa mujer se marcharon. No esperó media día para irse lo más lejos posible antes que el susodicho regresara, si es lo que lo hacía.

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Hizo acto de aparición semanas después, cubierto de sangre, quemado y apenas consciente. Su primera impresión había saltar hacia atrás y buscar algún arma cercana para defenderse.

-Víctor –le susurró apenas recargándose sobre el marco de la puerta. Estaba comenzado a creer que tenía algún tipo de habilidad extrasensorial para ubicarlo tan fácilmente. No se movió de lugar, no iba a recibirlo con los brazos abiertos.

-¿Qué? –escupió con frialdad ignorando el hecho que se estaba desangrando en el piso de su cabaña a varios kilómetros de distancia del pueblo más cercano.

-¿Por qué no estabas en el motel? –cuestionó cansado –Te dije…

-Hey, no importa. Te odio. No pienso ayudarte más, si William soportaba tu personalidad, allá él, mira como terminó. Yo no soy él, no me interesas. Muérete –se alejó de la puerta continuando con sus labores mágicas, pero el ruido sordo y seco lo interrumpió. Observó el gran cuerpo de Frank tirado boca abajo tendido desordenadamente sobre la madera. Y lo odió más, a ese bastardo se le ocurría tomar su palabra al pie de la letra.

Tch, aquella mancha en el piso costaría milagros quitarla.

Aunque, él podía ser una molestia pero no se consideraba alguien de duro corazón. Así que lo acogió para limpiarles las heridas y cuidarlo en su recuperación. No se despertó rápido, le tomó al menos una semana para estar lo suficientemente fuerte para mover un dedo. No era un paciente cooperativo, aun así se las ingenió para darle las medicinas y hacerle las respectivas curaciones, muy a pesar de las quejas y los insultos que recibía a cambio. Todo iba bien, aunque su negocio no estaba prosperando al no disponer de todo su tiempo y esfuerzo, y eso lo tenía de mal humor. Se las cobraría con intereses cuando pudiera salir y buscarse un empleo. Sin embargo, para su mala suerte, la mujer que tanto odiaba los había localizado. Se había mostrado áspera y recelosa peor que una leona en celo, preguntando y señalando sus miles de defectos y la terquedad de Frank por regresar con él. Aunque eso no le impidió marcharse, se convirtió en una boca más que alimentar. Descubrió que se llamaba Ao, que tenía un padre en Shin Makoku y que estaban formando un grupo rebelde. No preguntó datos más allá de las migas superficiales que le había contado. Había entendido muy bien que eran terroristas con oscuras intenciones hacia algo, pero no sabía que era.

Un día mientras observaban el paisaje abierto, sentados en el lado más lejano de la casa, uno al lado del otro bebiendo alcohol, Frank le había pedido que se uniera a la causa.

-¿Estás demente? Claro que no. No me interesa –escupió con molestia sorbiendo un poco más de la botella que sostenía. Los ojos negros de su acompañante seguían fijos en cada movimiento que hacía, se estaba convirtiendo en una costumbre extraña y escalofriante –Quiero que estés a mi lado, eres un excelente mago. Te necesito.

-No.

-¿Por qué?

-Quiero un trabajo honrado, mi propia casa y una familia. Estoy cansado de rodar por todos lados estafando y exponiéndome a peligros sin ser realmente algo que valga la pena –miró indiferente el líquido que quedaba en el recipiente oscuro. Lo meció observando los cambios en las figuras reflejadas en el vidrio producto de los caprichosos rayos del sol.

-Tienes una casa, nada cambiará.

-¡Claro que lo hará!

-Podemos trabajar aquí, es un lugar con buena ubicación, poco visible para evitar emboscadas y suficientemente espacioso para crear una base –sugirió contemplando el paisaje antes sus ojos.

-¡No quiero que traigas personas desconocidas a este lugar!

-De todos modos el negocio que traes entre manos no va tan bien, ¿Tengo razón?

-Lo estaría si alguien no estuviera robándome el tiempo y desangrando mis finanzas –miró de reojo al corpulento hombre que bebía de un solo trago el contenido de la botella.

-Aun así no bastaría para lograr algo, acabarías en la miseria.

-Gracias por la predicción, es un alivio contar con un punto de vista tan negativo –suspiró.

-Puedo dártelo todo, Víctor –el tono de voz había variado un poco. Esta vez los ojos de Frank se encontraron observándolo fijamente. Había adoración en esa chispa que lo detallaba. Pasó saliva algo nervioso –Solo tienes que ayudarme, terminaré con mis asuntos pendientes y entonces no habrá nada que no pueda ofrecerte –la voz sonaba sincera, demasiado sentimental, demasiado adolorida. Su corazón estaba latiendo tan rápido que parecía que explotaría, por alguna extraña razón estaba emocionado, una pizca de cariño estaba inundando su pecho… entonces se dio cuenta de algo aterrado. Permaneció inmóvil con los ojos abiertos y sin tener la menor idea que responder. Su mente estaba en blanco. La boca de Frank había roto el espacio entre los dos y aprovechando su leve confusión, capturó sus labios. Fue un toque suave pero bastante elaborado. Se besaron por unos minutos saboreándose y reconociéndose mutuamente, enredando sus lenguas hasta que el oxígeno fue necesario. Se dejó vencer por el peso extra que se recostaba sobre él. La boca que antes lo había besado estaba reptando por su cuello, y las manos antes ocupadas en el alcohol deshicieron su ropa. De repente una sensación de miedo se instauró en su cuerpo, se tensó involuntariamente.

-Esta vez me aseguraré que lo disfrutes de principio a fin –le susurró sobre los labios sellándolos con un beso más candente.

Ahí tirado en el suelo, a plena luz del día donde se exponían a ser descubiertos por la chica que vivía con ellos, tuvieron sexo hasta jactarse. En esta ocasión no tenía dudas que estar abajo podía ser muy placentero, incluso cuando su amante era tosco a la hora de someterlo. Debía llamarse masoquista. Sonrió desilusionado. Frank estaba a su lado, igualmente desnudo descansando sobre el suelo y fumando su odio tabaco. La atmósfera era tranquila y aunque odiaba importunarla con preguntas necesitaba saber en qué se estaba metiendo.

-Y bien, ¿de qué se tratan esos asuntos pendientes?

-William –respondió bastante rápido para su sorpresa.

-Está muerto, ya lo sé.

-Estoy cansando a su asesino.

-Ah… -suspiró decepcionado. Su especialidad no eran las emociones corrosivas y nocivas como la venganza. Por el contrario, se cuidaba de no tenerla y menos que alguien tuviera motivos para herirlo por ello. No le pareció una causa extraña, era lógico que alguien tan pasional y posesivo como Frank hiciera eso.

-Fue asesinado. ¿Por qué? No era alguien muy inocente para merecer ese tipo de retribuciones. Si alguien le quitó la vida, tal vez se lo merecía.

La reacción siguiente entre violenta e impulsiva del hombre a su lado fue suficiente para hacerlo rodar lejos. Aunque este se detuvo, no su mirada que parecía la de un asesino claramente ofendido.

-¿Quién fue?

-El Maoh –el tono ronco y la respiración forzosa por sus fosas nasales le dan un aire salvaje. –No te atrevas a volver a decirlo.

-Entiendo. Pero explícame, ¿qué hacía William para que fuera asesinado por el rey de los demonios?

-Era guardián de las tropas de pequeño Shimaron durante la visita que el Maoh hacía con su consorte a esas tierras.

La mención de Wolfram en el asunto le incomodaba.

-Así que te vengarás del Maoh.

-De él y de todos los mazokus. Los extinguiré de la faz de la tierra –la amenaza recitada con odio le daban una premonición de mal presagio.

-Somos de la misma tierra y hemos convivo por años, hasta hay un mito sobre humanos y demonios ¿No lo recuerdas? –intentó conciliar esa estúpida decisión.

-No me importa –respondió con un tono de ira.

-No creo que pueda ayudarte. No soy una persona que tenga la motivación para hacer algo tan violento. No soy un asesino –finalizó serio. Si no podía persuadirlo entonces se alejaría.

-Lo sé –la mano que antes le amenazaba acariciaba sus nudillos distraídamente. Se recostó de medio lado luego de levantarse súbitamente para mirarlo a los ojos –Sólo quiero tu habilidad para la magia, tu control para organizar las tropas y mantenerme cuerdo. No quiero que participes en nada más, no me perdonaría si mueres por mis arrebatos.

-Te sientes culpable de la muerte de William –sus ojos siguieron cada uno de los gestos del otro. Era tan fácil de leer y tan frágil emocionalmente, como un niño perdido.

-Lo soy. Tal vez estaría vivo si hubiera huido y los planes de diversión que tenías –una mueca parecida a una sonrisa se dibujó en el rostro.

Sonrió en respuesta -Tal vez.

-Reuniré tropas para vigilar Shin Makoku y espías para mantenerme informado. De lo único que estoy seguro es que el Maoh no está en el castillo, parece que se ha marchado desde hace unas semanas. Sólo su prometido y sus soldados estaban apostados.

-¿Cómo lo sabes?

-Porque me aseguré de buscar en cada rincón del castillo y el pueblo. Interrogué a los pocos que quedaban con vida y tal vez hubiera podido dejar claro mi mensaje, pero no pude eliminar al prometido y a su hija. Aquellos bastardos de sus hermanos intervinieron y me lo quitaron de las manos –la sonrisa malévola fue ampliándose por el rostro. Una chispa de diversión se reflejó en esos ojos negros –Aunque me aseguré de quemarlo y destruirlo todo, incluyendo ese asqueroso orgullo del que tanto presumen.

Los ojos de Víctor se ampliaron. Las noticias reveladoras en lo que sus artefactos mágicos habían sido utilizados le revolvieron el estómago. Apartó la mano atrapada entre los dedos del mayor. Estaba aterrorizado, había ayudado a un demente a lastimar a Wolfram. Se levantó sintiéndose mal, con el estómago dándole vueltas y el martilleo en su cabeza. Vomitó.

-Tranquilo, te dije que no participarías en eso.

-¡Cállate, no entiendes! –gritó apenas pudo recuperar el aliento –Estás enfermo, si esto por William entonces realmente no lo conocías –recogió su ropa desechada por todas las direcciones. Entró a la casa, recogió el dinero y algunas provisiones y no miró atrás. Necesitaba pensar, necesitaba huir porque a pesar de saber que estaba jodidamente mal, no quería correar a entregarlo a los mazokus, aunque tampoco podía dejar que Frank dañara a Wolfram.

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.Varios meses después.

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Dormía una plácida siesta luego de haber dirigido a un centenar de hombres a diferentes ubicaciones. Los mazokus pisaban sus talones y tenía que asegurarse en mantener las apariencias, al menos hasta que él y Wolfram idearan un plan para acabar definitivamente con aquella situación. Sin embargo, después de dar miles de vueltas en la cama, el odioso ruido y el movimiento afuera estaba taladrando sus oídos. Se levantó enfermo, con un dolor de cabeza brotando de su trasnochada mente. Salió al exterior escuchando el caminar apurado y las órdenes a medio gritar antes de perder en una bola de ruido que inundaba el lugar. Uno de los capitanes paseaba con mala cara terminando de vestir su armadura -¿Qué diablos estás haciendo? –le gritó a más de diez metros. Su aura enojada y su expresión definitivamente asustaron al hombre –El jefe ha aprobado la emboscada que preparó Ao contra los mazokus en el pueblo Hiko (1) que está a un día de esta ubicación.

-¿Ah? –respondió aturdido. ¿Desde cuando se saltaban su experiencia y cargo para organizar fiestas privadas?

-Lo siento, tengo que…

-Tú y tus hombres no irán a ninguna parte –caminó en sentido contrario. Iría a buscar al bastardo para que le explicara desde cuando aquella bruja dirigía tropas.

-¡Víctor, no puedo desobedecer órdenes!

Se volteó furioso, como poseído por un espíritu maligno –He dado unas órdenes, a todos, nadie se movilizará y eso hará. Quién se atreva a desobedecerme lo eliminaré, no necesito parásitos insubordinados –gruñó – ¿Una emboscada? –su tono de burla resonó por el pequeño recinto -¡Es suicidio, largo!

-¡Sí, señor! –asintió el hombre desapareciendo por el siguiente corredor sin preocuparse por terminar de vestir su armadura.

Bufó, tendría que actuar rápido si quería detener aquella estupidez. No podía permitir que un descuido suyo dañara lo que tanto había planeado. De un manotazo abrió la puerta del cuarto de Frank, no se molestó en anunciarse, aún si él estuviera allí nunca contestaría al llamado.

-¿Desde cuándo aquella mujer se encarga de planear misiones? –soltó enojado. El leve encogimiento de hombros que recibió del otro sentado cómodamente en el único sofá del lugar, sólo empeoró su temperamento.

-Supongo entonces que está muy segura y tiene todo tan bien planeado que les has permitido hacer lo que se le viniera en gana sin haberme avisado con anterioridad.

-Algo así, dijo que dispondría de unos hombres para que la respaldaran. Se aseguró que el noble Bielefeld será quién atienda a esa misión.

-¿Y cómo lo hizo?

-¿No lo sabes? –la sonrisa divertida sólo le hizo enroscarse más.

-¿Qué?

-Ella es la hija del líder que ha sido nombrado por Shin Makoku para que represente los intereses de los humanos que viven allí

-¿Ah?

-Es verdad.

-¿Y cómo convenció a los nobles de mandar al prometido del Maoh a una emboscada?

-Convenció a su padre ¿Sabes? Es un hombre fácil de manipular.

-Esto es una estupidez. Aún si ellos no ven el peligro, mandaran una muy buena escolta con Von Bielefeld. Ella solo aumentará nuestro trabajo buscando más soldados. No son tan fáciles de conseguir. ¿Lo has entendido? No son tus malditos juguetes de los cuales te puedes deshacer.

-No pasa nada. Hay muchos allá dispuestos a unirse a nosotros.

-¿¡Eso era William para que el rey de Pequeño Shimaron, recuerdas!? –la mención de su amante dañó el buen genio de Frank. Se volteó con una mirada envuelta en odio –No los trates igual, porque entonces no eres mejor que los nobles que tanto odias.

-Cállate, si ella me trae a Wolfram entonces es suficiente.

-Te escuchas muy seguro ¿Tanta confianza le tienes a esa mujer?

-Se la tengo a los soldados de Gran Shimaron que la acompañan.

El shock fue duro. La mención de una tercera influencia no estaba dentro de sus planes.

-¿Desde cuándo…?

-Hace tiempo establecí un trato con Belal heika. El muy avaro se atrevió a amenazarme.

Meditó unos segundos, miles de cosas se agrupaban en su cabeza.

-Detendré esta tontería. Nos delatará y seremos llevados a la horca –se volteó para salir. Había finalizado aquella discusión.

-Aléjate, no tienes que inmiscuirte en algo que no debe importarte.

-Ya me has involucrado, desde el primer día que nos conocimos. Tal vez puedas depender de Ao y no de mí. Tal vez no regrese, y créeme que me aseguraré esta vez de no dejar un solo rastro, eso te lo puedo jurar –le amenazó con la mirada más fría alguna vez pasó por su rostro. Los ojos negros que lo observaban se removieron inseguros, algo iba a decir o a hacer, lo detendría, pero no le dio tiempo. Abandonó la habitación para encaminarse al cuartel general. Recogería su caballo, algunas pertenencias y avisaría al rubio sobre los odiosos planes de aquella cínica mujer.

-¡Hey! Quiero que vengas conmigo –ladró sin detenerse, al único soldado que hacía guardia en la entrada.

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Cabalgaba con 10 horas de desventaja, algo realmente difícil de superar. Obviamente no los podría detener, porque aunque tuviera el caballo más rápido, estos se dispersarían en menos de una hora, a la orden del comandante. Así que era poco lo que podía salvar. Pero sí a Wolfram de un destino fatal. La nota que había dejado a Yozak con la ubicación y la amenaza de ser entregada con urgencia sería suficiente para asegurarse de lograrlo. Atravesó los espesos bosques que separaban algunos latifundios humanos con pequeños reinos mazokus, el paso al que iba era bueno, apenas unas paradas para brindarle descanso, alimento y agua a su animal, y luego emprendería de nuevo el camino. Era consciente que tremenda faena era enorme carga para su semental, pero estaba satisfecho y orgulloso porque este poseía excelentes capacidades atléticas y de resistencia. El mismo lo había criado y adiestrado, había sido su acompañante por mucho tiempo y confiaba plenamente que él podría llevarlo por menos horas a su destino. Vislumbró las extrañas formaciones rocosas y sobresalientes abismos de los que su subordinado le había descrito. Ahora en medio del cambio de estación en esa parte del territorio, la nieve y la escarcha comenzaban a cubrir la vegetación y todo a su alrededor, el clima era frío y húmedo, y las grandes nubes grises amenazaban con dejar caer un lluvia torrencial. No conocía con exactitud el lugar de la emboscada pero no se equivocaba al señalar el pequeño pueblo, que incrustado entre los accidentes geográficos, se alzaba sucio y miserable.

Aquello tenía que ser una estúpida broma, no había manera posible para que Shin Makoku creyera que en aquel hueco era posible forjarse algo similar a una estrategia de contraataque. Tal vez sería posible encontrar uno que otro asesino a sueldo o un pequeño traficante de armas, pero nada más. Si Wolfram se asomaba se daría cuenta de la trampa, y aunque la información sugerida y maquillada provenía de alguien de confianza, era evidente que querían hacerle daño, nuevamente. Dejó al caballo lejos del peligro con la cuerda larga y la posibilidad de pastar sin preocupaciones, y se adentró a pie por la bajada resbaladiza varios metros más abajo. No había guardias a la entrada, los mugrientos hombres que paseaban por allí no lo miraron, parecían ajenos a su presencia. Paseó por los caminos estrechos y los comerciantes apostados en cada esquina levantando sus voces para ofrecer y vender la mercancía entre sus pieles. Había visto algunos cuantos soldados de su campaña asomarse esporádicamente. Siguiendo su instinto se movió más al norte donde la oscuridad e inmundicia del pueblo absorbería cualquier intención perversa o malvada, cualquiera se asustaría al comprobar que si continuaban se hundirían en basura y fango espeso. Notó a lo lejos una pequeña congregación de hombres y muchachos repartiéndose armas como si fueran dulces, bingo. Ao no era precisamente prudente, tal parecía que confiaba en que la ubicación geográfica y una buena cantidad de armamento y magia acabarían con soldados entrenados.

-¿Qué tenemos aquí? ¡Un par de traidores repartiendo mercancía! ¿Es robada? –les gritó una vez los alcanzó. Algunos levantaron la vista asustados, otros se dispusieron a atacarlo y otros simplemente detuvieron su actividad.

-No lo somos. Frank ha validado la misión, tenemos luz verde –exclamó el mayor de todos de forma retadora.

-¿Él les dio las indicaciones? ¿Lo escucharon o sólo lo vieron asentir distraídamente mientras la bruja sonreía como si se hubiera ganado el paraíso? –ninguno movió algún músculo. Al parecer había acertado -¿Esa es tu idea de una emboscada? A él no le importa que vayas a morir aquí.

-Qué prepotente, eh Víctor. ¿Celoso de la estrategia brillante de Ao-san? –sonrió ridículamente –Tenemos respaldo.

-Un respaldo que no ha venido. He visto hombres agazapados por aquí, pero no soldados –Mentía, estaba seguro que estarían por ahí, esperando, pero ellos no lo sabían –El rey de Gran Shimaron no se metería por aquí, por lo menos cerebro ha de tener.

-No hay diferencia, igual procederemos, son órdenes –declaró el sujeto ignorando por completo su argumento. Aunque sus camaradas no parecían compartir lo mismo.

-Víctor, ¿es verdad lo que dices? –el murmullo creciente de miedo empezó a mellar en la anterior resolución.

-Quiero que todos se marchen ahora, a cualquiera que vean se lo dirán. Es una orden, una con sentido común, quién me desafíe se carbonizará en las llamas del infierno que muy pronto se levantarían faustas consumiendo todo a su paso.

-No nos iremos. Los mazokus ya han llegado –rebatió nuevamente el hombre a cargo. Se encogió de hombros. Se alejó del lugar, con la información anterior estaría más preparado. Notó ciertos sujetos extraños cubiertos por capuchas esperando en determinados puntos. No eran realmente buenos ocultándose, aunque muy seguramente muchos de ellos estirarían espiando desde un lugar seguro apoyando a su compañero. Lo que tenía que hacer era encontrar al ojiverde para advertirle o para detener a Ao si llegara a encontrarse lastimándolo.

Chocó con alguien, la pequeña figura rebotó contra su cuerpo y aterrizó estrepitosamente en el suelo. Se miraron unos segundos antes de reconocerse mutuamente. Víctor sonrió, el otro simplemente decidió huir. No alcanzó a distanciarse, la mano que había atrapado el brazo estaba a punto de arrancárselo.

-¿Dónde está Ao? –le cuestionó el mayor notando como temblaba el recién llegado. Aquel chico era el servidor más fiel que tenía, el pobre estaba enamorado de la joven y ella se provechaba vilmente de sus sentimientos. Así que si tenía alguna oportunidad de hallarla era a través de ese mocoso. Enterró sus uñas en el músculo, un gemido de dolor escapó del agredido –No te lo voy a volver a repetir muchacho. Buscaré algún lugar privado para que podamos hablar más a gusto y con el corazón ¿Quieres? – le amenazó. Los ojos descontrolados y el temblor en sus labios eran una muy buena señal.

-En la taberna Jooi. A dos cuadras de aquí –confesó sin rodeos. No lo soltó, no podía fiarse de las palabras de un sujeto enamorado. El chico se removió -¿Por favor? No estoy diciendo mentiras.

-¿Y cómo voy a saberlo?

-Porque no soy tan tonto como para desafiarlo. Frank me eliminará si sabe que le he tendido una trampa o le he mentido.

-¿Así que valoras más tu vida que el amor hacia esa chica? –levantó la ceja en señal de curiosidad. No apartó los ojos de la cara nerviosa del otro. Eso era un evento realmente interesante.

-Ella no lo sabrás. Después de todo, este es un pueblo chico, tarde o temprano la hubiera encontrado aunque le hubiera tomado más tiempo –la sonrisa resignada no era lo que tenía en mente. Lo empujó lejos y continuó su camino –Largo de aquí, regresa a la base –le gritó a la distancia.

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Encontró el lugar más fácil de lo que había creído. Hasta el momento no dudaba dela sinceridad del chico. Permaneció alejado del establecimiento pensando en la mejor manera de entrar. Al final se decidió por la puerta de atrás, no quería arriesgarse por ser descubierto por ninguno de sus aliados y menos por Wolfram, al menos no en un principio. Quería asegurarse que la situación aún estaba bajo control, y lo más importante, que estaría haciendo aquella bruja. ¿Miraba desde una posición privilegiada para sabotear el triunfo? ¿Vendría a asesinar personalmente al rubio a sangre fría? Posiblemente ella escogería la segunda opción, la muy descarada era cruel y despiadada.

Descendió por la escalinata que llevaba al portón trasero de aquel detestable hueco de pecadores. Una rápida mirada sólo le reveló unos cuantos fornicadores ocupados en su tarea carnal sino importarles ser vistos en el acto. Avanzó por el corredor y poco a poco, la imagen de varias puertas se presentó ante él. Dudó en comenzar a buscar en cada una, pues no sólo sonaba ridículo sino que lo pondría en evidencia si llegaba a encontrarse cara a cara con la mujer. Caminó ágilmente atravesando el lugar para salvaguardarse en un rincón lejos de cualquiera que apareciera por alguna de las habitaciones.

-Así que, ¿Qué hace un mercenario caminando por este lugar de adictos y vulgares? –la voz de aquella que buscaba lo sorprendió a sus espaldas. Poco una leve milésima de segundo su mente quedó en blanco y no supo cómo responder. Se ladeó para hacerle frente, pero antes de hacerlo la imagen de un hombre corpulento, de facciones masculinas, con aire misterioso que caminaba al lado de la joven. Su rostro aparentemente frío, demostraba una sonrisa sincera hacia las atenciones que la mujer le estaba ofreciendo. Pasaron por su lado sin mirarlo. Los vio desplazarse a través del corredor que segundos antes había recorrido casi trotando antes de desaparecer en una de las piezas rentadas.

Se mantuvo inmóvil tratando de normalizar su ritmo cardiaco.

Estuvo cerca –suspiró aliviado.

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Los pasos elegantes y suaves en el pasillo llamaron su atención. Alguien parecía estar dando vueltas sin decidir en dónde entrar. Corrió a la puerta para verificar por una pequeña rendija, y entonces lo vio. Cubierto por una capa con capucha y a penas visible una parte de la manga de un uniforme, las botas del noble mazoku resonaron a medida que afirmaba su paso. El soldado estaba buscando algo o huyendo de algo. Una idea se iluminó en su mente. Con sigilo abrió la puerta, tapó su boca y lo rodeó por la cintura para atraparlo en un gran abrazo y luego empujarlo con él de regreso a la seguridad de la habitación. Pudo reírse ante la incomodidad del rubio y la desesperación por soltarse de su atacante. Sin embargo antes que pensara en hacerle algo más, una patada certera en su pantorrilla y un puño debajo de su quijada lo desequilibraron. Cayó al suelo adolorido por la brusquedad del demonio.

-¡¿Qué diablos pasa contigo?! –gritó

-Oh, lo siento –se disculpó a medias. Observó al hombre lastimado y luego recorrió la mirada por todos los objetos hasta clavarse nuevamente en su interlocutor.

-¡Dilo como si de verdad lo sintieras!

-¿Qué haces aquí? –interrogó algo molesto el rubio.

-¿Ni una muestra de agradecimiento? Cada día estas de peor temperamento –bufó con aparente enojo levantándose como si de un anciano se tratase.

-Qué patético, espero que esto no sea una muestra de estupidez

-No lo es, la bruja que trabaja con Frank ha organizado una emboscada en este lugar –soltó sin preámbulos. La expresión de sorpresa dibujada en el rostro del mazoku se mantuvo unos segundos.

-¿Qué?

-Te dije que la bruja que…

-Ya lo oí, lo que no entiendo es cómo sucedió eso en tu presencia –gruñó con ira -¿Cómo se enteró que realizaríamos una misión a este lugar? Yo no me tuve conocimiento de ello hasta unas horas antes de salir…-su voz se perdió en la habitación. Los ojos verdes se removieron ansiosos y se fijaron en él con tal intensidad que creyó lo atravesaría.

-Sí, hay alguien más que maneja las cuerdas en Shin Makoku –explicó –al parecer Ao es hija del líder del pueblo de Shin Makoku, alguien que tiene acceso a las reuniones de los nobles.

Wolfram lo miró como si estuviera haciendo una broma o no tuviera ni idea que era lo que estaba diciendo -¿Ao? ¿Quién es ella? No conozco a nadie con ese nombre –le retó -¿Estás seguro de esa información? ¿Por qué hasta ahora? ¿Estás engañándome, Víctor?

-¿Ah? Yo no lo sabía, y sí es verdad, el mismo Frank se jactó de ello –le enfrentó parándose delante de la figura menor.

-No es posible…ella es Aoi, no hay ninguna…. –paró. El corazón comenzó a palpitar tan rápido ante el descubrimiento que se asustó de lo perspicaz que podía llegar a ser.

-¿Huh? –ambos hombres se miraron, fue el rubio quién gruñó con ira pateando lejos la silla que estaba a su lado. De repente parecía furioso por algo que había dicho. ¿Dónde estaba la confusión anterior? -¿Qué está pasando?

-Está pasando que ella está jugando doble, incluso hizo una variación en su nombre para no generar sospechas si algo como esto sucedía –entrecerró los ojos –sus acciones siempre fueron demasiado atentas hacia mí, hasta el punto que se volvió tan exasperante por inmiscuirse en asuntos que no le concernían.

-¿Qué vamos a hacer? No puedes salir simplemente por esa puerta y retirar los hombres, lo notará, para esa entonces relacionará mi aparente llegada con el errático comportamiento de tus tropas, además…

Los ojos verdes lo miraron de regreso estudiándolo -¿Qué?

Víctor dudó, no era algo que podría mostrar con facilidad.

-Antes de interceptarte, seguía a Ao hasta esta habitación con un extraño hombre, después de unos minutos ella salió. Se me hizo muy extraño que aquel sujeto no hubiera salido, ya sabes, si estuvo con una mujer podría estar…

-Víctor

-Lo siento, como el no salió vine a revisar y encontré esto –caminó hacia la pequeña habitación contigua del baño donde un charco de sangre ensuciaba el piso y las salpicaduras dibujan extrañas siluetas en las baldosas sucias de aquel lugar – Un ridículo lugar para morir ¿Eh?

Wolfram se tambaleó y casi cae de no ser porque el otro fue más rápido y lo atrapó. La expresión de asco y la repentina palidez lo golpearon por su falta de tacto al revelar semejante escena –Lo siento, debí haberlo dicho de forma más delicada –lo ayudó a sentarse en la cama. Acarició suavemente los mechones rebeldes de aquella hermosa cabellera dorada -¿Wolf? -lo miró sus ojos seguían fijos en el piso -¿Lo conocías? –el respingo ante la mención de tal idea le dieron la razón.

-¿Dónde?

-Mi hermano, él lo contrató para seguirme. Conrad lo descubrió y cuando sucedió nos percatamos que ese hombre sabía demasiado, incluso sobre nuestro acuerdo –le enfrentó la mirada –Estábamos buscándolo. ¿Víctor, tiene algo encima o ella le ha robado? Por Shinou, esto es grave…

-Shh –yo me ocuparé de esto, su mano viajó por el hombro hasta perderse entre el uniforme escondido debajo de la capa -¡Duele! –el fuerte apretón de sus dedos detuvieron cualquier avance.

-Muy listo, no estoy tan mal para no notarlo…Víc…tor –le susurró casi contra su boca y así como lo hizo se alejó.

-¿Qué vas a hacer?

La repentina sonrisa seductora hizo que un escalofrío recorriera su cuerpo –Vamos a enfrentarlos –se levantó –Nos veremos en otra ocasión, espero contar con tu palabra

-¡Espera! Aún falta algo…

-¿Qué?

-Soldados de Gran Shimaron están como respaldo, no los he visto, pero estoy seguro que su rastrero Rey está apoyando las ideas caóticas de Frank.

El silencio que se cernió entre los dos duró unos minutos.

La mueca de molestia volvió a asomar en lugar de su anterior expresión malvada –Supongo que tendré que recurrir a la ayuda de ese rey afeminado, tsh –se alejó sin decir más. Víctor quedó solo en la mitad de la habitación sin tener idea que era lo que había sucedido. Y eso que no le había comentado que Ao muy probablemente se percató de su presencia y su identidad media hora antes. Definitivamente era un mal día, limpiar esa escena de asesinato y huir sin ser detectado sería una proeza digna de un mago.

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Afuera mientras los simples revolucionarios corrían para salvar sus vidas, las tropas del ejército de Gran Shimaron vestidos con uniforme sin emblema rodeaban el pueblo. Su comandante, un hombre menudo con mal temperamento tenía una sola misión: acabar con la armada de Shin Makoku y asegurarse de tomar rehén a Wolfram Von Bielefeld, si fallaba entonces lo eliminaría sin dejar cabos sueltos.

-Y entonces los demonios fueron devorados por las serpientes de la venganza…

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¿Reviews?

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Planeaba agregar más, pero tendría que alargarlo más y describir una escena que ya he colocado en el primer capítulo. Lo demás ya podrán irlo amarrando en sus mentes.

No duden en dejar sugerencias, comentarios o lo que deseen.

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Aclaraciones:

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(1) Nombre de mi autoría. Lo sé mis nombres apestan, me falta creatividad.

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Siguiente capítulo: XVI. Traición. ¿Qué estaba escondido tras el telón? ¿Quiénes estaban detrás de aquel plan bizarro y cruel? Todas las acciones tienen sus consecuencias, así como los lazos que formamos pueden llegar a ser armas de doble filo.

No se lo pierdan. :9