Disclaimer: Tanto la historia como los personajes de Naruto no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto.
AVISO: Si no te gusta la necrofilia, no leas.
Muerte de un personaje, groserías, mucho Ooc y puede que en algún momento algo cursi. Si quieres seguir leyendo, es tu propia responsabilidad.
PD- La advertencia anterior era broma xD
Desventuras
"Nada es lo que parece"
Desde que era pequeño, Iruka siempre había soñado con ser profesor. Enseñar a los demás le parecía una idea fascinante, y cuando por fin obtuvo una plaza como maestro de Historia en la escuela de su ciudad natal, Konoha, no pudo ocultar su emoción a sus alumnos en el primer día de clase. Pero no todo fue como esperaba. Los chicos eran desesperantes, y muchas veces no conseguía imponerse, dando como resultado una auténtica algarabía dentro del aula.
Llevaba ya varios años siendo profesor, y, al contrario de lo que muchas personas creían, cada generación no era peor que la anterior. Era cierto que a veces le tocaban clases llenas de estudiantes alborotadores que no ponían ningún empeño en su asignatura, aunque al conseguir experiencia podía manejar mejor ese tipo de situaciones. Además, pocas eran las veces que le tocaba un alumno como Sasuke Uchiha; respetuoso, obediente, inteligente, que no se dejaba llevar por los demás, nunca alborotaba, se le daban bien todas las materias y siempre hacía los deberes. Y podría decirse que, de algún modo, ese tipo de alumnos eran los que hacían que al llegar a casa, tuviera la sensación de que su día no había sido tan superficial como lo imaginaba.
Y por eso, cuando ese día Sasuke llegó con unas grandes ojeras al colegio, y se pasó casi toda la clase mirando por la ventana y sin prestar atención, Iruka no pudo evitar preocuparse. El chico lucía bastante pálido, y daba la impresión de que su cabeza iba a caerse contra el pupitre en cualquier momento. Era verdad que al ser su hora la primera de la mañana muchos alumnos daban esa impresión, pero era la primera vez que Sasuke Uchiha lucía así.
Tras dar una sonora palmada para que la mitad de sus estudiantes despertaran, y de repetir por tercera vez cuáles eran los deberes para el día siguiente, los chicos cogieron sus cosas y se dirigieron a la puerta, en dirección a su próxima clase, que si no se equivocaba Iruka, era con Kakashi, lo cuál le daba tiempo de sobra para poder hablar un momento con su alumno.
—Quédese en su asiento Uchiha, tengo que hablar un momento con usted —dijo, mirando hacia su escritorio y haciendo como si estuviese ordenando sus papeles.
Con esto los estudiantes que aún estaban medio dormidos espabilaron del todo, incluido Sasuke. Oyendo los cuchicheos de los que se estaban yendo, se acercó a la mesa del profesor. Se plantó delante de su mesa y esperó a que el maestro dijese algo, pasando su peso de una pierna a otra, incómodo. Nunca un profesor le había llamado la atención, así que no sabía que hacer. ¿Disculparse, hacer como si no supiera de qué estaba hablando, poner alguna excusa…?
—¿Ha pasado algo en tu casa Sasuke? —el chico dio un pequeño respingo al oír la pregunta, no se había esperado que Iruka-sensei le dijese algo como aquello, con una mirada cargada de preocupación—. Me he fijado que no estabas muy atento en clase y parece que no has dormido bien.
Sasuke negó con la cabeza y la bajó, sin querer mirar directamente a su profesor. No estaba acostumbrado a que alguien que no fuera su hermano demostrase su preocupación. Estaba incómodo. Iruka suspiró por la nula respuesta de su alumno y le indicó se ya podía irse, a lo que el chico asintió y salió precipitadamente del aula.
Después de borrar la pizarra y de recoger algunos envoltorios del suelo que habían desperdigado sus estudiantes, Iruka recogió sus cosas y cerró con llave la clase, fue a la sala de los profesores, dejó su carpeta y se dirigió a la cafetería, donde, como suponía, estaba Kakashi, tomándose un café tranquilamente. Después de negar para sí mismo con la cabeza, Iruka se sentó junto a él y pidió otro café, para luego darle un sonoro cachete en la nuca a su compañero y mandarlo a su clase. Kakashi emitió unas cuantas vagas protestas, pero luego de hacerle prometer que se verían en el mismo sitio en el recreo, salió silbando alegremente en dirección a su clase. Iruka se permitió esbozar una tenue sonrisa y dio un sorbo a su café, contemplando por la ventana como algunos estudiantes retrasados corrían para alcanzar por lo menos la segunda clase.
—"Demasiado tarde chicos"—pensó, con una más marcada sonrisa en el rostro, y siguió bebiendo de su taza.
.
.
Sasuke dio un respingo al notar como alguien ponía una mano sobre su hombro.
—¿Te encuentras bien Sasuke? —Juugo lo miró con una sombra de preocupación en los ojos. Sasuke levantó la cabeza que tenía apoyada en el pupitre y asintió lentamente con la cabeza.
—Es sólo que hoy no he dormido bien, no es nada —se frotó los ojos con una mano como para demostrar que su afirmación era cierta.
Juugo abrió la boca como para decir otra cosa más, pero pareció cambiar de idea y volvió a cerrarla. Miró como Sasuke lo ignoraba y volvía a apoyar la cabeza sobre la mesa, cerrando los ojos con aspecto cansado y soltando un suspiro. Entonces volvió a su asiento, se encogió de hombros y se sentó.
—¿Qué? ¿Qué te ha dicho? —le cuchicheó Suigetsu desde el pupitre de al lado. Ambos estaban varias filas por detrás de Sasuke. Juugo descansó su cabeza sobre una mano, hincando el codo en la mesa, y lo miró con una sonrisa un tanto condescendiente según la opinión del otro.
—¿Sabes? —la sonrisa, que estaba empezando a poner de los nervios a Suigetsu, se acentuó—. Si tan preocupado estás, podrías ir tú mismo a preguntarle.
—Vete a la mierda —le contestó, cruzándose de brazos y mirando hacia otro lado, enfurruñado. Juugo dejó escapar una risa cantarina ante esa actitud. A veces sus dos amigos se parecían bastante.
—¿Podríais dejar de hacer ruido? Intento concentrarme.
Ambos giraron la cabeza hacia la personita que se encontraba en el pupitre situado detrás de Juugo, claramente en una mala posición (o buena, según se vea), porque al tener al gigantesco estudiante delante de ella, eso le impedía ver al profesor y el encerado. Aunque Juugo siempre estaba más que dispuesto a agacharse, ella tampoco era una bruja y no iba a hacerle pasar el mal rato a su amigo de estar encorvado varias horas todos los días, como para desarrollar una joroba, vamos.
En ese momento se encontraba agachada sobre una hoja de papel, moviendo un lápiz sobre él frenéticamente.
—Err… Karin, el profesor aún no ha llegado. No tienes porqué concentrarte absolutamente en nada.
—Eso ya lo sé estúpido —se recogió un mechón de pelo rojo que le caía sobre un ojo y que le estorbaba, y se lo colocó detrás de una oreja—. Intento plasmar sobre el papel el aspecto adormilado y adorable que tiene Sasuke-kun en este momento, pero vuestro continuo "blablabla" me impide concentrarme —le explicó. Miró fijamente a Sasuke durante unos momentos, frunció el ceño, mordió la punta del lápiz nerviosamente y empezó a borrar furiosamente con la goma de borrar casi todo lo que había dibujado.
—Déjala Juugo —le susurró Suigetsu al otro chico, que miraba a la chica un poco pasmado, aunque sin alterar prácticamente su expresión tranquila—. Las mujeres están todas como cabras. No hay nada que podamos hacer por ella.
Karin puso los ojos en blanco al oír el-no-tan-susurro de Suigetsu, pero lo ignoró y siguió concentrada en su anterior tarea. Hizo un bosquejo de los ojos de Sasuke y trazó dos líneas a modo de cejas. Suspiró. Volvió a borrar lo que había hecho y comenzó de nuevo.
.
.
—Oye tío, no quiero asustarte, pero tu cara de amargado cada día está peor.
Sasuke gruñó y apartó a Suigetsu de un empujón, sin dignarse a contestar. El chico de pelo blanco se cruzó de brazos y apretó los labios en un gesto un tanto infantil.
—Está bien, si no nos quieres decir que te pasa, no nos lo digas, me da exactamente lo mismo —le escupió. Entonces se puso una mano en la cintura y le dedicó una mueca grosera sacándole la lengua. Sasuke soltó un bufido que muy podría haber escondido una risita e hizo un gesto de despedida con la mano a sus amigos que estos correspondieron a excepción de Suigetsu, que aún tenía media lengua fuera. Karin le soltó un sopapo en la nuca que le hizo morderse la lengua.
—Cierra la boca, que entran moscas —le dijo, mientras él se quejaba e intentaba mirarse la lengua para ver si sangraba.
Sasuke, aun después de haber doblado la esquina de la calle donde estaba la escuela, pudo oír perfectamente los insultos que le dedicó el chico a Karin luego de haber comprobado que, efectivamente, su lengua estaba sangrando un poco. Sin llegar a correr, se dio toda la prisa que pudo en aparecer casi jadeante delante de la puerta de su casa. Se detuvo frente a la verja y observó lo que llamaba hogar. Entonces cogió aire y abrió la puertecilla que daba acceso a su jardín.
—¿Hay alguien en casa? —preguntó al abrir la puerta principal, sintiéndose como un estúpido al ya conocer la respuesta. Pero no podía evitarlo, todo lo que había pasado a la noche todavía le parecía muy irreal. Ahora, a la luz del día, sus acciones le parecían incongruentes y sin sentido, y al recordarlo le daba la impresión de que simplemente había sido un sueño, un sueño muy vívido.
—¡Estoy en la cocina! —le llegó el grito de Naruto desde el fondo del pasillo. Estremeciéndose, Sasuke dejó su mochila y sus zapatos en la entrada y se adentró en la habitación.
—¿Pero qué diablos estás haciendo! —tras unos instantes de sorpresa, el grito salió de repente de la garganta del moreno, que hizo que Naruto se encogiera en el sitio.
—Bueno, es que… verás yo… No es lo que parece, lo juro —Sasuke observó a un Naruto con las extremidades envueltas en bolsas de basura, la cabeza totalmente vendada y con la mitad del cuerpo metido en la nevera. Parpadeó un par de veces, sin comprender del todo aquella escena.
—¿Y qué es lo que parece? —preguntó con la voz un poco tomada.
—Que intento protegerme del ataque de las moscas y otros bichos que quieren comerme —Sasuke enarcó una ceja y se cruzó de brazos.
—¿Y por eso te has metido en la nevera? ¿Para congelarte? —pronunció la pregunta como si creyese que nadie sería tan estúpido como para pensar algo así, pero después de ver como Naruto se encogía de hombros le fue confirmado todo lo contrario—. ¿De verdad pensabas que funcionaría?
—Sí, sí, ya sé —Naruto, que estaba sentado delante de la nevera, con la cabeza y la mitad del torso metido dentro de esta, le respondió—. No hace falta que me eches el sermón de que no se puede parar el continuo flujo del tiempo, ese ya me lo sé —cerró un poco más la puerta de la nevera, intentando conservar el frío lo más posible —. Pero no eres tú el que se está pudriendo, y da las gracias a Dios a que no has tenido que pasar por el rigor mortis* —se estremeció—. Dios, eso sí que fue espantoso. Por cierto, el gato está en el cuarto de tu hermano, lo metí allí y le di un poco de comida, porque no dejaba de bufarme y era bastante molesto.
Sasuke sacudió la cabeza y pensó que si quería seguir conservando la cordura, lo mejor sería que se alejara de aquella escena. Así que sin mirar mucho al cuerpo que tenía al lado, cogió otro paquete de galletas que tenía en la alacena, se llenó un vaso de agua y se dirigió al salón, donde se sentó en el sofá y encendió la televisión.
En la cocina, Naruto, sin percatarse de que Sasuke ya no estaba allí, seguía hablando.
—… te juro que tu gato me miró con intenciones poco honestas mientras estaba allí tirado en el garaje —recargó la cabeza sobre una de las bandejas de la nevera—. Fue horrible, estuvo varias horas allí, a mí lado, y cada vez que se movía pensaba que saltaría sobre mí y empezaría a comerme, ya sabes, como en las películas de miedo. ¿Tienes idea de lo espantoso que fue el no poder moverse durante varias horas y ver como las arañas de vez en cuando me recorrían? Tuve que quitarme varias telarañas de encima, te lo aseguro —giró la cabeza para vislumbrar el lugar donde creía que estaba el otro chico—. Podrías haberme avisado de que me iba a pas- ¡NO TE VAYAS CUANDO ALGUIEN TE ESTÁ HABLANDO CABRÓN!
Furioso y ofendido, Naruto se incorporó y cerró la puerta de la nevera de golpe, dirigiéndose hacia el salón a grandes zancadas (podía oír las risas artificiales de algún programa que estaban retransmitiendo). Una vez allí, se apoyó en el marco de la puerta y esperó a que el otro se dignase a prestarle atención. Después de muchos carraspeos y tosecillas mal disimuladas, se acercó disimuladamente por detrás al sofá, donde Sasuke en ese momento se encontraba comiéndose una galletita salada tranquilamente. Justo cuando estaba a punto de dar una sonora palmada, Sasuke habló.
—He estado pensando mucho durante clase sobre tu problema —Naruto escondió rápidamente las manos detrás de su espalda antes de que Sasuke se diera la vuelta—. Creo que lo mejor para ir empezando sería ir a donde te mataron.
— ¿Cómo? ¿Ahora?
—No idiota, por la noche. ¿Acaso quieres que alguien se desmaye del susto? —el chico esbozó una sonrisa burlona—. Por cierto, esas ropas te quedan muy bien, son ciertamente silenciosas —Naruto hizo un puchero que no se pudo ver a causa de las vendas al verse descubierto—. Y quítate eso de encima ya, que pareces un grotesco disfraz de Halloween andante.
—Vale, vale.
Sasuke observó como Naruto luchaba con las bolsas de la basura para quitárselas de encima durante un rato, y después de cansarse por lo ridículo de la escena, se dispuso a ayudarle desenrollando las vendas de la cabeza.
—Deja unas pocas, para tapar la herida, no quiero que esté expuesta —le dijo Naruto mientras peleaba con la bolsa de la pierna izquierda. Al final acabó por arrancársela, pasando de deshacer la atadura en su pierna. Sasuke soltó un "Hum" en señal de que había comprendido y siguió a lo suyo hasta que detectó un extraño olor. Olisqueó un momento.
— ¿Eso es… perfume?
—Ah, eso. Cogí uno de los botes de tu hermano, espero que no te moleste —Naruto notó como Sasuke repentinamente se alejaba, y lo miró confundido—. ¿Qué pasa?
—Tú… —lo señaló con una mano temblorosa—, no te estarás pudriendo ahora ¿verdad? —preguntó, intentando con todas sus fuerzas no poner cara de asco.
—No, o eso creo —se encogió de hombros con un gesto avergonzado en la cara—. Sólo fue por precaución, ya sabes, el perfume, la última esperanza de los muertos vivientes.
Sasuke dejó escapar una risita desganada y se dejó caer sobre el sofá, repentinamente cansado. Decididamente, todo esto lo superaba. Se cubrió los ojos con un brazo e inspiró y expiró profundamente, intentando calmar su agitado corazón. Una mano fría le apartó el brazo.
—¿Te encuentras bien? —Sasuke se soltó bruscamente del agarre y se alejó un poco, aunque siguió sentado en el sofá.
—Soy yo el que debería estar haciendo esa pregunta —reclinó la cabeza sobre el respaldo y cerró los ojos—. Estás muerto. Alguien te asesinó. ¿No deberías estar como mínimo algo enfadado? Y ni siquiera te he visto llorar.
—Que tú no me hayas visto no significa que no lo haya hecho—le respondió suavemente Naruto—. Aunque mi cuerpo no funcione parece que aún sigo capaz de derramar lágrimas, ¿no te parece curioso? —Sasuke apretó todavía más los párpados mientras sentía como un nudo se le formaba en la garganta—. Créeme, cuando te estaba trayendo aquí después de que te desmayaras se podría haber hecho un río con mis lágrimas —se oyó una especie de sollozo ahogado en una risita—. No irás a echarte a llorar tú ahora ¿no? —le dio un empujoncito con la mano.
—Cállate idiota —le contestó. Apoyó los codos sobre sus rodillas y se tapó la cara con las manos. Naruto apartó la mirada por respeto y paseó su vista por la bonita habitación. Miró hacia el techo y se dedicó a contar las manchitas de la madera. Estaba ya por la número treinta y ocho cuando Sasuke volvió a hablar.
—¿Podrías apagar la televisión? Esas estúpidas risitas me están taladrando los tímpanos —susurró con la voz un poco ronca. Naruto lo hizo y se atrevió a mirarlo al fin. Un poco avergonzado Sasuke le dirigió una tímida sonrisa.
—No deberías contenerte tanto. Si quieres llorar, llora —murmuró el chico rubio al ver que Sasuke ni siquiera había dejado escapar ni una sola lágrima—. Al final acabarás explotando y será peor.
El otro negó con la cabeza y optó por tumbarse en el sofá, exhausto. Habían sido demasiadas emociones en muy poco tiempo. Suspiró y cerró los ojos, quedándose dormido en cuestión de segundos. Naruto se levantó y buscó en los armarios hasta encontrar una manta, que colocó sobre el Uchiha. Lo miró unos instantes y se ajustó la venda de la cabeza, que había quedado a medio hacer debido al susto que se había llevado Sasuke. Después de eso, fue a la cocina y volvió a meterse en la nevera; nadie iba a impedirle que retrasara "eso" lo máximo que pudiese.
.
.
Sasuke se despertó con la sensación de estar flotando. Se acurrucó en el sitio, negándose a abrir los ojos, intentando conservar esa agradable sensación. Todo iba bien hasta que sintió que su espalda tocaba de pronto algo frío. Entreabrió los ojos, somnoliento, y un Itachi que lo observaba desde las alturas apareció en su campo de visión.
—Tranquilo, sigue durmiendo —Sasuke notó como una mano se deslizaba por su pelo, relajándolo inmediatamente. Itachi colocó la manta sobre el chico y besó su frente, a lo que el Uchiha más pequeño soltó un gruñido de molestia y se arrebujó más en la manta—. Dentro de un rato haré la cena, te avisaré cuando esté hecha —y salió del cuarto, apagando la luz.
Sasuke se tumbó boca abajo en la cama en la oscuridad, y se preguntó cuánto tiempo habría dormido, si Itachi ya estaba en casa, y el solía aparecer ya entrada la noche. Además, ¿adónde habría ido Naruto? Seguramente se habrá escondido otra vez en el garaje, pensó Sasuke. Hundió su cabeza en la almohada. ¡Todo aquello era ridículo! ¿De verdad pensaba que iba a capturar a un asesino a sangre fría? Sintió lástima por Naruto, quien solamente podía aferrarse a algo como eso como tabla de salvamento. Si a él le hubiera pasado lo mismo, no habría estado tan tranquilo y confiado en que las cosas se solucionarían por sí solas. ¡Por el amor de Dios! ¡Estaba muerto! ¿De dónde sacaba ese optimismo?
—¡Sasuke! ¡La cena está lista! —gritó Itachi desde la cocina.
Se levantó con pereza y se frotó los ojos, legañosos. Abrió la puerta de la cocina y se encontró a Itachi con una gran sonrisa en la boca y colocando un plato de ensalada en la mesa, que parecía que tenía suficiente comida para alimentar a todo un regimiento. Sasuke lo miró sorprendido.
—¿Y todo esto? —preguntó, sentándose a la mesa. Itachi se encogió de hombros.
—Nada, sólo me apeteció, y pensé que tendrías hambre —se quitó el delantal que tenía puesto y lo dejo encima de la encimera—. Y no te preocupes, yo limpiaré después.
—¿Qué es toda esta repentina amabilidad? —cuestionó Sasuke, sospechoso—. ¿Y por qué has vuelto tan pronto? Ayer pensaba que te ibas a quedar toda la noche en casa de Deidara y también volviste —se metió un trozo de tomate en la boca.
—¿Qué pasa? ¿Acaso no puedo cambiar de opinión? —cogió el bol de arroz y se echó un poco en su plato—. Y hago todo esto porque soy tu hermano mayor y me preocupo por ti. Estás muy delgado y no comes lo suficiente —esbozó una sonrisa maliciosa—. Además, te quiero.
Sasuke se atragantó con la comida y su cara se coloreó de un rojo furioso.
—¡No digas esas cosas tan vergonzosas así tan de repente! —exclamó, tosiendo un poco. Itachi le dio unas suaves palmaditas en la espalda, y su hermano pequeño lo miró con reproche.
—Tan poco hace falta que reacciones así, es la verdad.
—Que ni siquiera se te vaya a pasar por la cabeza que yo te diré algo como eso —refunfuñó Sasuke, aún un poco sonrojado.
—No hace falta que me lo digas, yo sé que lo haces —le dio un toquecito en la frente con el dedo índice—. Niño tonto.
El chico se frotó con una mano el lugar donde lo había golpeado su hermano y frunció el ceño. Itachi-baka y sus estúpidas costumbres. Apuró la comida lo más rápido que pudo y se levantó para llevar lo platos al fregadero.
—No tienes por qué darte tanta prisa, no te voy a robar la comida, Sasuke.
—Muy gracioso Itachi —fue a la entrada y cogió la mochila que había dejado allí al llegar—. Me voy a hacer los deberes, no molestes —gritó en dirección a la cocina. Sin esperar respuesta, se metió en su cuarto, cerrando la puerta de un portazo. Una vez dentro, tiró sus cosas encima de la cama y cogió el libro de historia, para hacer la tarea de Iruka-sensei. Se sentó en el escritorio y encendió la lámpara de mesa.
—Si quieres yo puedo ayudarte —le dijo Naruto, pasando a través de la ventana.
—¿No te han enseñado que es de buena educación llamar primero antes de entrar? —le preguntó Sasuke, con la cabeza apoyada en una mano, mientras miraba como el chico rubio perdía el equilibrio y se caía de cabeza en el suelo—. ¿Y qué sabes tú de Historia Mundial?
—Bueno, para empezar —dijo sacudiéndose las ropas—, yo ya pasé el instituto, así que ya debería saber todo lo que tú estás estudiando.
—Está bien —Sasuke le indicó con la mano que se acercara a él. Naruto se colocó a su lado y Sasuke le cedió el sitio—. Si tanto sabes, hazme la tarea.
—¿Eh!
—No te preocupes, luego lo editaré para que parezca que lo he hecho yo —se tumbó en la cama y agarró un libro de otra asignatura—. Considéralo como un pago por mis servicios como detective.
—Pero…
—Date prisa, cuanto antes acabemos antes podremos ir a ese parque —desechó las protestas de Naruto con un movimiento de la mano—. Toma, mi agenda, así sabrás qué nos mandó de deberes.
Naruto agarró al vuelo la libretita que le lanzó Sasuke y la abrió, sorprendiéndose por la pulcra y estilizada letra que tenía su compañero.
—¿Y cómo se supone que voy a imitar tu letra? —demandó el chico rubio, mirando desesperanzado aquellas líneas.
—No se supone que tienes que hacerlo, usuratonkachi —le contestó el otro, sin mirarlo—. El profesor sólo te pide que leas los ejercicios en voz alta, no te revisa el cuaderno —frunció el ceño—. Y deja de quejarte, que yo no pude hacerlos deberes ayer por culpa de todo el jaleo que armaste y sólo por pura suerte no me pillaron.
—Vale, no te sulfures, que ya empiezo.
Durante un rato en la habitación solamente se oyó el rasgueo de los lápices sobre el papel y el sonido del pasar de las hojas de los libros, hasta que fueron interrumpidos por un débil golpeteo en la puerta del cuarto. Naruto y Sasuke levantaron la vista, alarmados.
—Sasuke —llamó Itachi desde el otro lado de la puerta—, es muy tarde, me voy a ir a dormir ya, tú deberías hacer lo mismo.
—De acuerdo, acabo enseguida —le contestó Sasuke. Entonces se acordó de algo—. Por cierto Itachi, Riu se apropió de tu cuarto, ya que es tu gato, déjalo allí.
—Como quieras, pero si está durmiendo en mi cama, lo echaré.
Los dos chicos oyeron el crujido de la madera que indicaba que los pasos de Itachi se alejaban, y luego el chirrido de una puerta al cerrarse. Sasuke dejó de trabajar y miró a Naruto.
—¿Acabaste?
—No, espera un momento —garabateó unas cuantas frases más y dejó el lápiz sobre la mesa—. Ya está, listo.
El chico moreno asintió y apagó las luces. La luz de una farola entraba por la ventana e iluminaba tenuemente la habitación. Naruto se acercó a la cama y ayudó a Sasuke a formar un bulto con las almohadas bajo la sábana que tuviera una forma aceptablemente humana. Luego los dos se miraron y procurando no hacer ruido abrieron lentamente la ventana, que Naruto había cerrado antes, después de entrar en el cuarto.
—¡Espera! —le susurró Sasuke, sujetando a Naruto de un brazo—. Se nos olvida algo.
—¿El qué?
Como respuesta, Sasuke señaló con el dedo sus pies descalzos. Naruto se rió un poco avergonzado. A él no le importaba, puesto que no podía sentir ni el frío ni el dolor, pero a Sasuke sí, y decidieron que lo mejor era coger los zapatos que estaban en la puerta principal y ya de paso salir por allí.
Volvieron a cerrar la ventana sin hacer ruido, pero dejando un pequeño hueco para poder entrar por ella después, y salieron al pasillo de puntillas. Ya en la entrada, Sasuke se calzó y Naruto cogió sus zapatos del lugar donde los había escondido antes, para que Itachi no los viera. Una vez fuera, se miraron, sonrientes.
—Creo que es ahora cuando empieza la verdadera aventura —susurró Naruto, con un brillo de emoción en los ojos.
Continuará…
*rigor mortis: signo de la muerte causado por un cambio químico en los músculos que causa rigidez e inflexibilidad en el cadáver. Suele aparecer unas 3-4 horas después de la muerte, y tiene su efecto completo alrededor de las 12 horas. Para más información, consultar CSI.
N/A: Aquí estoy con otro capítulo de esta cosa tan bizarra que me he inventado. Para el próximo, ¡más muertes, más vísceras, extremidades volando, cabezas rodando y lluvias de sangre!
Ok, no tanto, pero como dice Naruto, a partir de ahora comienza la verdadera aventura…
¡Oh, y gracias por los reviews xD!
