+_CONFLICTOS_+
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Capítulo XVI. Traición.
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Ante penúltimo capítulo. Un poco forzados los hechos, realmente es mi primera historia de este estilo, lamento que algunos detalles quedaran tan simplificados u olvidados. En el siguiente capítulo, organizaré un poco mejor la situación, y juntaré todo.
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Advertencias: Violencia, gore y malas palabras.
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Disclaimer: este anime no me pertenece ni los personajes, son de Temari Matsumoto y Tomo Takabayashi, sólo uso de ellos para mis locas ideas, por lo tanto no recibiré ningún benéfico de esto, sólo ver a mi lindo Wólfram feliz con Yuuri.
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Agradecimientos a: mininahermosa29, aneka88 y los que leen anónimamente.
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La mirada llena de odio y la postura amenazadora hizo temblar la firme resolución que momentos antes había ganado. No dudaba ya que aquel hombre era capaz de hacer cualquier cosa por inmoral que resultara para lograr sus objetivos. Este ser humano consumido por la sed de venganza resultaba peligroso no sólo para otros sino para él mismo. Pasó saliva buscando las palabras apropiadas para dirigirse a su enemigo, sin embargo, no lograba ordenar las ideas para hacerlo.
-Eres demasiado cobarde para ser el Maoh –habló Frank aún escondido entre las sombras de las ruinas. –Estoy decepcionado, si me lo preguntas –finalizó con una risita mal intencionada. Yuuri permaneció en silencio. No era la primera vez que lo calificaban con adjetivos similares. Observó con cuidado la figura del otro a medida que se revelaba frente a la luz de la luna. Su porte intimidador, su contextura grande y las cicatrices en lo que alcanzaba a ver le revelaron que ese sujeto era un soldado o alguna vez lo fue, pero se había desviado del camino mucho tiempo atrás. Parecía más un mercenario que un simple ladrón. Por unos instantes sintió lastima por el destino cruel y la vida dura que muy posiblemente le habría tocado vivir.
-Detente. Odio esa mirada de lástima –avanzó unos pases con la expresión seria y la mandíbula tensa. Ante aquel movimiento Conrad, que había permanecido en silencio detallando todo, finalmente cerró el paso interponiéndose entre Yuuri y su agresor.
-Oh, he aquí uno de tus perros falderos –la sonrisa de satisfacción se extendió por su rostro –Me pregunto que tanto daño podré hacerle, tampoco podrás proteger a este chico. Dime ¿qué se sintió ver agonizar a tu pequeño hermano menor?
Los ojos miel se abrieron de sorpresa ante la mención de los acontecimientos de aquella emboscada. Se entrecerraron peligrosamente en respuesta al evidente intento de provocarle –No creo que eso pueda compararse a ver a un amante morir como un inútil soldado en manos de un rey sin principios –escupió sin remordimientos. Se preparó para el ataque, él podía controlarse pero aquel sujeto era demasiado impulsivo.
-¡Pronto no seré el único que lamente la pérdida! –gritó con una enorme sonrisa en su rostro. Las espadas chocaron mientras el rechinar de las botas sobre la piedra resonó presurosa. Los movimientos fluidos y adiestrados de los dos guerreros se igualaron en habilidad. Ninguno de los dos se detuvo a contemplar la seguridad de sus propios cuerpos. Las armas era lo único que necesitaban para herir a su oponente. Uno contra uno, y a pesar de ellos cualquiera de los dos podría ganar. Los gritos descontrolados del Maoh para que los dos se detuvieran le brindaron más dramatismo a la escena.
-Tu rey pide que te detengas –susurró contra el rostro del castaño quién pareció ignorar el comentario. La espada jamás tembló en sus manos, por el contrario, se asieron con más fuerza. Aquello no era simplemente la defensa de su monarca. Era la consumada revancha que tanto había esperado. Como un soldado en las guerras pasadas había lamentado tener que levantarla contra débiles o enemigos que no valían la pena, pero ahora, cuando estaba frente a aquel hombre, la necesidad de destrozarlo era tan poderosa como lo fue la de Wolfram en su momento de locura.
-Me detendré cuando estés muerto –respondió pateando con agilidad el costado del gran hombre, el cual, se balanceó sobre su eje pero no cayó. Por el contrario, su comentario sólo había aumentado sus energías. Luego, la sombra de una sonrisa perversa fue lo único que alcanzó a observar Conrad antes de ser arrancado de su firme posición para estrellarse con unos pilares de piedra al otro lado del escenario. Cayó pesadamente lejos de su espada que resbaló varios metros más allá. Oh, aún podía escuchar los intentos lastimeros de Yuuri para que se detuvieran. Levantó su mirada y encontró dos pares de ojos sedientos de sangre. Y sonrió porque eso no podía ser más válido que el hilo de sangre cayendo de su boca hasta el suelo. Aquel ataque, sin estar seguro de dónde provenía, había roto algo en sus huesos en alguna parte de su cuerpo. La espada del enemigo se irguió por un momento sobre el firmamento para caer sobre su cabeza, y por unos milisegundos hubiera fallado si su instinto de supervivencia no hubiera sido mayor que las heridas que ahora poseía. Jadeó pesadamente sintiendo la resistencia del aire para pasar por su tráquea y llegar a sus pulmones. Definitivamente se había roto las costillas.
-¿No ibas a matarme? Qué inútil soldadito, demasiado confiado, híbrido. No olvide que yo también se utilizar Houjutsu.
Los ojos castaños observaron la piedra que incrustada en el centro del manga de la espada que sostenía su contrincante brillaba roja. Había sido un grave error. Intentó alcanzar su arma pero la enorme figura se interpuso entre él y su meta. –He ganado –sonrió complacido Frank. Embistió con rapidez para alcanzar el corazón, pero otra espada un poco más débil detuvo su ataque. El joven Maoh se tambaleó unos pasos hasta que recobrar el equilibrio. Los ojos negros eran inseguros pero la mano que temblaba no vaciló en mantener el arma en posición.
Bufó sorprendido. –Eres más valiente de lo que pareces –le alabó. Se alejó unos pasos detallando la minúscula figura que intentaba impedir que asesinara a su guardia personal –Te voy a dar los méritos, pero eso no me detendrá para arrebatarte todo lo que tanto quieres, entonces te veré llorando con tu voluntad débil y el corazón roto.
Chocó su espada contra él menor quién apenas resistió su ataque. La débil defensa era muy fácil de pasar aunque su velocidad de reacción era digna de admirar.
-¡Deténgase, heika! –gritó Conrad arrastrándose por el suelo para llegar a su espada. No se perdonaría jamás si el pequeño era lastimado por su negligencia. Se levantó a medias, caminando con dificultad se acercó al dúo que continuaba en la contienda.
Yuuri jadeó por la falta de aire alejándose unos pasos, su agresor a penas se inmutó por su guardia bajo y lo esperó con esa sonrisa molesta que quería borrar de su rostro. Estaba jugando con él. –Esto está mal.
-Sí y por eso lo voy a corregir –aprovechó el descuido del Maoh. La espada Morgif voló lejos y desprotegido sólo retrocedió para evitar el desenlace final. Cerró los ojos, podía escuchar los pasos torpes de Conrad acercarse y lamentó ponerlo en semejante situación. Sin embargo, la herida mortal nunca llegó y sólo el jadeo de su guardia junto con una expresión de sorpresa fue lo único que captaron sus oídos. Cuando pudo enfocar bien, una cuarta figura había aparecido en escena. La enorme figura de otro sujeto desconocido había detenido la espada y ahora mantenía un férreo control sobre la muñeca de su atacante.
-Es suficiente Frank, es hora que detengamos esto –trató de razonar el desconocido.
-¡¿Qué crees que haces, Víctor?! –escupió con rabia. Repentinamente su deseo odio aumentaba contra el hombre al que horas antes declaraba amar. Arrancó su mano del agarre del otro y se alejó. La interrupción de dos personas más mantuvo el silencio por unos minutos. Todos se miraron las caras en busca de una respuesta.
-Creo que es momento de aclarar todo esto –el chico pelinegro de lentes se abrió camino entre Conrad y Yuuri mientras que el siempre sonriente Saralegui se mantuvo en la entrada del lugar. Los ojos de Frank miraron a los recién llegados y luego a su fiel compañero. -¿Víctor? –interrogó al menor. Este evadió su mirada, una expresión de dolor surcó su rostro.
-Eres Frank Noltten, antiguo comandante de las tropas de Pequeño Shimaron unos años antes que Saralegui tomara el trono de este país. Sin embargo permanecías como mercenario en estas tierras porque este último así te lo permitió ¿verdad? –interrogó Murata.
-¿Y a ti qué diablos te importa? –escupió con ira. Volvió a alejarse de Víctor, quién apenas se movió.
Yuuri observó anonadado el cambio de atmósfera. -¿Qué significa esto? ¿Por qué sabes eso? ¿Saralegui? –volvió sus ojos a la pequeña figura del rey de Pequeño Shimaron que permanecía a unos metros de su posición.
-Es porque esto es una broma mal jugada entre Saralegui y el Rey de Gran Shimaron –terminó la frase el Gran Sabio.
-¿Eh?
-Una que generó bajas importantes entre soldados de la propia armada de Gran Shimaron y que además provocó todo el efecto dominó que nos trajo hasta este momento.
-¡Mentiras! –se acercó hacia el Gran Sabio que no retrocedió ante la evidente amenaza.
-Después Wolfram y Shinou se involucraron manejando todo a su alrededor para que nadie más interfiriera y también para llevar a cabo un absurdo plan que le permitiera matar a este hombre.
-¡El Maoh mató a William! Yo lo vi, vi como el enorme torbellino de fuerza mandaba todas las flechas de regreso. No pudieron huir, quedaron atrapados entre la tormenta y luego fueron uno a uno atravesados.
-¡Ellos intentaron matar a Wolfram! –esta vez el Maoh se había adelantado para enfrentar la furia del reclamo. –Ellos nos emboscaron.
-¡Mentiras, ustedes estaban en terrenos ajenos a la influencia del rey Saralegui y aun así atacaron la armada que hacía ronda en el lugar!
-¿Tienes prueba de eso? –la voz suave del rubio calló cualquier intento de protesta –No tenían órdenes de estar en ese lugar. El Maoh y sus acompañantes eran mis invitados y disponían del permiso para estar allí. Así que dime, ¿por qué William estaba allí si sus órdenes eran diferentes? Te lo dije, que
-Sólo lo dicen porque eso es lo que les conviene –miró directamente hacia el Maoh –Eres un insecto rastrero que con su carita inocente está haciendo aliados y eliminado a los que se alejan asqueados por la inmundicia de los mazokus.
El comentario de odio resonó por entre las rocas de las ruinas sin que el eco que estas devolvían pudiera amortiguar el sentimiento que quemaba en su interior. Los ojos claros del rey Saralegui lo observaron con un atisbo de burla. Nunca se hubiera esperado tal muestra de lealtad por parte de alguien que había jurado dejar de servir a un señor y lanzarse a la vida de un renegado lejos de las órdenes insulsas y suicidas. Dejó que su mirada viajara al camarada que momentos antes se interpuso entre su deseada venganza y lamentó la consecuencia que ese pequeño acto generaba en la traicionada confianza de Frank.
-Frank, es cierto, lo he comprobado. Estos hombres dicen la verdad. ¿Creíste la inocente mentira por la que William murió? –se intentó acercar a su amante pero este se alejó bruscamente levantando su espada contra él. –Puedo contártelo, las órdenes eran claras, llegar como una tropa especial que Belal transfería a Pequeño Shimaron como parte del pacto de paz que se está tejiendo entre ciertas naciones humanas incluyendo Carolia, Personia, Nandia y Cirtia (1) . Nada anormal ocurrió en estas últimas, pero a diferencia de ellos, el Maoh realizaba una visita diplomática al rey Saralegui. Si no estabas enterado me parece extraño, pero Belal está fuertemente obsesionado con Yuuri-heika. Su intento de generar una guerra era suficiente si conseguía herir al Rey de los demonios o simplemente a alguien importante de su corte real, en este caso la víctima fue su consorte…
-¡Cállate! –el filo del arma estaba unos centímetros más cerca de atravesarle el corazón, no se inmutó.
-El pacto está en pie, y aunque este plan no funcionó Belial decidió apoyar su causa y orquestar esta ridícula rebelión. Cuando la emboscada a Shin Makoku mermó la capital del gran imperio de los demonios, muchos países entraron en pánico y aceptaron la propuesta de Gran Shimaron con el fin de protegerse del enemigo naciente y alejarse de cualquier supuesta alianza con esta raza –explicó el rubio acercándose a Yuuri. Dejó que sus manos buscaran los dedos fríos y temblorosos del soukoku en un intento cariñoso para reconfortarlo. No le apartó y eso le animó a tomar el mentón del menor para mirarlo directamente a los ojos, acaparar su atención solo para él. Porque necesitaba un perdón sincero –No podía permitir que alguien atentara contra ti, así que me uní a Wolfram cuando este se presentó meses después en mi castillo con ese aire de demencia y la mirada oscurecida por la sombra del rencor. Si alguna vez tuvimos la intención de hacer algo más, en ese momento no lo sabíamos, pero sí algo puedo decirte, es que Shinou-heika es también culpable por susurrarle cosas a tu enloquecido prometido.
Yuuri lo apartó con cuidado sin desviar la mirada. Sabía que eso era cierto, pero también que era una verdad a medias, y aunque podría sacar más información lo dejó así. Sea lo que estuvieran creando, se había derrumbado como un castillo de naipes.
-Si creen que podrán persuadirme de mi venganza, están muy equivocados – gruñó Frank como un animal herido y acorralado interrumpiendo a Saralegui. Sin embargo, aun cuando perfiló su siguiente movimiento hostil hacia el Maoh, Víctor nuevamente se interpuso.
-Lo siento, pero así como le prometí a Bielefeld ayudarlo a alcanzar su objetivo de ubicarte, también le juré que yo detendría tu locura así me tocara pelear contra los dos y evitar que se mataran entre sí –las manos le temblaron visiblemente, pero no se movió. Sabía que el amor que le profesaba el otro era verdadero, pero no alcanzaba a ser tan fuerte como su deseo de venganza y retribución.
-¡Maldito traidor! –gritó empalando su espada contra su pecho, no se movió, tal vez porque no lo vio venir o tal vez porque creyó que se detendría. A penas pudo jadear en respuesta, porque el dolor y el repentino mareo estaban amenazando con dañar su intento de hacer entrar en razón a su desquiciado amante. La sangre escurrió de la herida a una velocidad increíble mientras caía por la espada, bañando la hoja y las manos de Frank, y luego salpicaba poco a poco la tierra húmeda. Los ojos de Frank observaron como la vida de aquel que tanto amaba se escaba por la herida que había ocasionada momentos atrás. No lo había pensado, se había movido por rabia y el sentimiento de haberse visto traicionado. Ahora simplemente su mente quedaba en blanco, cualquier otra emoción destructiva simplemente se había ido. El temblor en la mandíbula y la sorpresa ajena por su ataque quedaron grabados con fuego en su memoria. Se alejó nervioso evitando la mano fría de Víctor que apenas tenía la fuerza para estirarse. Lo llamaba lastimeramente.
Lo vio caer de rodillas sin abandonar su fallida tentativa de detenerlo. Podía escucharlo en sus recuerdos reír y consolarlo diciendo que lo perdonaba, que no le importaba nada, que lo había prometido, él hacerlo feliz si se quedaba a su lado. Pero ya no podría, porque estaba desangrándose mientras sus ojos perdían el brillo que tanto lo caracterizaban. Y huyó, sin importarle si tenía que pelear con miles de soldados.
Sin embargo, los demás presentes estaban igualmente inmóviles ante su acción. Nadie dijo nada, nadie lo detuvo.
Le dio la espalda a él, a lo único que le quedaba.
-¡Frank! ¡Perdóname! ¡Frank!
Y a pesar de sus gritos balbuceados entre la sangre que se escapaba de su cuerpo, él nunca volvió a mirar atrás.
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(1) Los últimos 4 nombres de naciones son de mi propia invención y no hacen parte de la historia original.
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El siguiente capítulo: XVII. Sentencia. Enfrentar las consecuencias es lo más difícil de todo, pero perder lo que más amas, es el sentimiento más doloso que alguien pueda experimentar. Yuuri y Víctor las dos víctimas de los planes egoístas de sus amantes.
