Capítulo 9. Operación "Christian Dior".

Los siguientes días pasaron sin mayores incidentes. En realidad, no había ningún incidente. Los Merodeadores ni siquiera molestaban a Snape, los locos psicópatas germanohablantes no asustaban a nadie con la mirada, Lily y Annell no buscaban escenas de culebrones… Estaban siendo unos días aburridos. Por fin les dieron el alta a Raven y Anushka. Raven no se separaba ni un momento de Yeye, cosa que hacía que Kali echara humo por las orejas, y Anushka estaba en medio de una GRAN depresión anímica. Ni siquiera se molestaba en esquivar a Remus. Raven sospechaba que el hecho de que le dijera que era débil tenía algo que ver (NC: ¿Ya no esquiva a Remus? ¡Pensé que eso no pasaría en este siglo! Ya sólo falta que le hable…).

—Pobre Remus —se compadeció James, hablando una tarde en la sala común con Sirius—. Ahora Maycov ni siquiera escapa de él… Es como si no le importara lo más mínimo.

—Yo ya no sé qué pensar de esa loca —suspiró Sirius—. ¿A ti te parece normal que de la noche a la mañana nos aparezca con prometido? ¡Y encima sabiendo que a Remus se le cae la baba con ella! (NC: Sí que podía haber mencionado ese detallito, la verdad)

—No creo que haya sido de la noche a la mañana, y tampoco que ella esté muy feliz con eso de casarse con ese modelo de túnicas caras. Si pudiésemos hacer algo para ayudarles…

—¿El qué? ¿Un baile donde Maycov se dé cuenta de lo mucho que le importa a Remus y donde ella misma caiga víctima de un flechazo de Cupido? —se burló Sirius con tono cursi.

Pero James lo miraba con sorpresa, parpadeando de vez en cuando.

—¿Y por qué no?

Los dos amigos se miraron un momento. Necesitaban a alguien capaz de perfeccionar aquella loca idea, que por muy loca que estuviese, podría tener el efecto deseado. Y entonces, al mismo tiempo, sus mentes se iluminaron.

—¡¡¡DALTON!!! ¡¡¡IVANOV!!! ¡¡¡EVANS!!!

—Qué monos. Ahora hasta hablan a la vez —comentó Talvi levantando la vista de su libro, que seguía siendo El Señor de los Anillos.

—No empieces —le pidió Sirius—. Encima que estamos planeando ayudar a tu amiga.

—Eso son efectos colaterales, lo que queréis es ayudar al vuestro —replicó la finlandesa—. Pero bueno. Esos tres no tardarán en aparecer, seguro. Vuestro grito debe de haberse oído en las mazmorras (NC: ¿Ésta estaba leyendo o escuchando? NH: Leyendo, pero tiene un oído bastante fino).

Y volvió a su lectura.

En efecto, el grito se había oído bastante. No hasta las mazmorras, pero sí en las habitaciones de la torre de Gryffindor. Por lo que los tres aludidos no tardaron en bajar.

—¿Qué pasa, por qué gritáis? —preguntó Yeye—. Creía que según vosotros la exclusiva la tenía yo.

Lily y Annell aparecieron tras él.

—¿Teníais que dejar sorda a toda la torre? —preguntó la pelirroja de ojos verdes.

—¿No podía ser sólo a las Siamesas? —añadió Annell.

—¡Tenemos una idea genial! —dijo James alegremente—. No, Evans, esta vez no es que quiera ligar contigo. ¡Vamos a emparejar a Remus y a Maycov!

En los ojos de las dos pelirrojas apareció un brillo un tanto raro.

—¿Cómo? —preguntó Lily ávidamente.

—¡Con un baile! —respondió Sirius. Annell y Lily los miraron con cara de no entender nada y este explicó—. Mirad… Se organiza un baile, donde Maycov se dará cuenta de lo mucho que Remus la quiere y donde ella también caerá víctima del flechazo de Cupido.

Talvi soltó una risa sarcástica cuando escuchó eso, pero Annell y Lily ya estaban en una nube de felicidad, compaginándolo con planear milimétricamente ese baile. O casi.

—¿Y cómo se supone que vamos a organizar un baile? —preguntó Yeye.

Las dos pelirrojas cayeron de golpe de su ensueño y sus ánimos decayeron un poco. Pero empezaron a buscar una solución a esa cuestión, al igual que Yeye, James y Sirius. Talvi, que no creía que Anushka fuese a caer víctima de un flechazo de Cupido, ignoró todo eso para continuar con su lectura.

Sirius sonrió.

—¿Y si se lo pedimos a Dumbledore? —preguntó—. Vosotros tres vais en plan me-voy-a-echar-a-llorar. Seguro que con los chillidos de Dalton y las miradas suplicantes de Evans e Ivanov conseguimos algo. Y llevamos a Angelium, para que vaya en plan psicópata de pienso-asesinar-a-Dimitri, junto con Von Prater y Lithgow. Luego vamos nosotros diciendo que juramos solemnemente no volver a hacer ninguna broma pesada por lo que queda de curso. Y Talvi tres cuartos de lo mismo que Von Prater y Angelium, sólo que ella manteniendo la compostura. Y como podéis observar, tenemos al grupo perfecto.

Lily y Annell cruzaron miradas fugaces. ¿Sirius llamando a Talvi por su nombre?… Se sonrieron, pero decidieron centrarse en el asunto de Remus y Anushka.

—¿Mis chillidos? —inquirió Yeye algo ofendido—. ¡No me pondré a gritar en medio del despacho de Dumbledore!

—Bueno, vale, entonces te acoplamos al grupo de las miradas suplicantes —le respondió Sirius sin mucho interés—. ¿Y? ¿Qué os parece?

—Que tiene una laguna —intervino Talvi (NC: ¿Seguro que no quiso decir mar?).

—Tú le encuentras lagunas a todo —se quejó James.

—Bueno, vale. Entonces no digo nada y que el plan se vaya al cuerno.

—¡¡No, no, no, Talvi!! —gritó Annell—. Dinos, ¿qué laguna?

—¿Quién os ha dicho que Raven, Liesl y Leickran van a querer colaborar? —preguntó la finlandesa.

—Bueno, son amigos de Maycov, ¿no? Y la chica no está precisamente animada últimamente —dijo James.

Talvi, Lily, Yeye y Annell lo fulminaron con la mirada. El chico sintió que toda su vida pasaba por delante de sus ojos. Pero no llegó a morir.

—Vale, ya me callo… Es que vaya cómo os ponéis —se quejó el buscador.

—Defensa entre amigos —Talvi se encogió de hombros.

—Eso y que nos caes mal —completó Lily.

—Dejad de iros por las ramas —dijo Sirius de pronto—. Mirad, es muy fácil. Dalton convence a Von Prater y a Lithgow, que tienen pinta de que harían cualquier cosa por él. Y de Angelium te puedes ocupar tú, Talvi… perdón, Nieminen.

—Las dos cosas son correctas, Black —dijo la finlandesa en tono frío—. No te voy a matar por llamarme por mi nombre.

—Da igual. El caso es que tú a Angelium lo domas como a un gatito. Y si no cuela, todavía queda Ivanov para ayudarte, que también tiene lo suyo. ¿Os parece?

—¡VALE! —contestó Yeye—. ¡TODO SEA POR ALEJAR A ANU DEL TIPO ÉSE!

—Sería más fácil si lo matáramos —dijo Talvi con uno de sus característicos resoplidos.

—No, no creo —contradijo Annell que parecía meditar—. Porque… ¿Quién nos ha dicho que Anu no se sentiría ni un poquito mal? O sea, lleva conviviendo con ese tío desde que tiene más o menos cinco o seis años, algo de cariño le habrá cogido…

—¿¡¿QUÉ?!? —gritaron James y Sirius al mismo tiempo.

—Pero de eso a querer casarse hay dos mundos —terminó la pelirroja menor.

—¿Y… cuánto tiempo dijiste que lleva conviviendo con ese… ese… ser? —preguntó James.

—Creo que desde que ella tiene cinco años. Los comprometieron cuando nació Dimitri, y él tiene un año más que Anu…

—¿Y eso de qué nos sirve para hacer que rompan el compromiso? —preguntó Lily—. ¡Mejor vamos a hablar con Leickran, Liesl y Rave!

—¡ESO! —asintió Yeye—. ¡¡¡EMPECEMOS LA OPERACIÓN "CHRISTIAN DIOR"!!!

—¿Christian Dior? —preguntó James confundido.

—Es la línea de diseño favorita de Anu —respondió Yeye encogiéndose de hombros—. Y hoy no estoy precisamente iluminado.

—Vámonos de una vez o perderé la paciencia —advirtió Talvi.

Con esta sencilla frase, James y Sirius salieron corriendo de la sala común, seguidos muy de cerca de las dos pelirrojas y Yeye. Se dividieron en tres grupos: Talvi y Annell por un lado, para buscar a Leickran y convencerlo; Lily y Yeye por otro, para rogarles a Liesl y Raven que participaran en la operación Christian Dior y James y Sirius se quedaron en los jardines mandando su apoyo moral telepáticamente, porque su presencia en cualquiera de los dos grupos podría mandar la operación a freír rábanos.

Yeye y Lily se dieron un paseo por bastantes pasillos antes de encontrar a Raven, que caminaba sin un rumbo fijo. Los dos componentes del comando CD se escondieron detrás de un muro y esperaron pacientemente a que Raven se acercara. Y entonces, Yeye saltó hacia Raven y lo abrazó mientras gritaba:

—¡¡¡RAVE, POR FAVOR, AYÚDANOS CON LA OPERACIÓN CHRISTIAN DIOR, POR EL BIEN DE ANU Y SU FUTURO!!! ¡¡¡PORQUE SI NO, LA POBRE TENDRÁ QUE CASARSE CON ESE DIMITRI Y SER LA SEÑORA DE PLUSHENKO CONTRA SU VOLUNTAD!!!

—Yeye… —llamó Raven suavemente—. Haré lo que sea, pero tampoco puedo hacer gran cosa cuando estoy tirado en el suelo contigo encima (NC: Discrepo. En esa postura se pueden hacer mogollón de cosas y bien grandes además… NH: Ya, pero ninguna relacionada con la operación Christian Dior).

—Uy, lo siento —sonrió Yeye.

—Como si no te gustara —bromeó Lily.

—¿Eso quién lo ha dicho? —replicó el pelirrojo lanzándole una mirada maliciosa a Yeye—. Ahora ya me podéis explicar qué es eso de la operación Christian Dior, porque así de buenas a primeras no he entendido nada.

Mientras tanto, Annell y Talvi habían ido directamente a la habitación en la que dormía Leickran. El chico debía de estar de mal humor, porque les lanzó una figura que había sobre la chimenea y que no se rompió contra el marco de la puerta sólo porque Talvi la agarró al vuelo y se la mandó de vuelta.

—Tenemos que hablar —dijo la morena de ojos negros poniendo esa mirada suya que daba escalofríos incluso a Leickran.

—¿De qué? —pero Leickran no estaba mirando.

Annell le explicó la operación Christian Dior de cabo a rabo.

—¿Y creéis que yo me voy a meter en semejante berenjenal sólo para que Lupin deje de ir por los pasillos como un alma en pena? —preguntó sarcásticamente el chico.

—Claro que sí. Ésta no nos deja matar a Dimitri, así que es la mejor opción que tenemos —dijo Talvi.

—¿Para que Lupin deje de ir por los pasillos como un alma en pena?

—No, para que Anu deje de mirarse las muñecas como preguntándose si se corta las venas o se las deja largas —contestó la finlandesa—. Vamos, tienes que ayudar.

Y lo miró con esa cara a la que nadie, excepto Liesl y sólo si la miraba de reojo, sabía negarse. Annell aportó también su mirada suplicante.

—¡Está bien! ¿Puedo dedicarme ya a estar de mal humor sin interrupciones?

—¡No! —gimió Annell alargando mucho la o. Se acercó a la cama de Leickran con cara de niña inocente, abandonada bajo la lluvia, con hambre y frío—. ¿Quién me va a ayudar con los deberes si estás con ese humor de perros?

—Talvi —respondió Leickran.

—Vale, mejor que tú fijo que explica —sonrió la pelirroja mientras se acercaba a saltitos a Talvi.

Leickran tuvo la tentación de lanzarle un libro de pasta dura en esos momentos que la pelirroja no lo miraba, pero se conformó con uno más blando. Le dio de lleno en la nuca y la rusa terminó en el suelo.

—¡¡Talvi!! —chilló Annell mientras se ponía en pie con una mano en la nuca—. ¡¡Pégale, por favor!!

—Serás bruto… —resopló Talvi mientras le regresaba el libro y le daba al alemán en el estómago.

Leickran se quedó sin aire y no pudo responder. Y tampoco le habría servido de mucho. Cuando podía volver a hablar, las dos chicas se habían ido. Fueron a buscar a los otros dos miembros útiles del comando, porque James y Sirius no es que fueran de gran ayuda (NA: La idea del baile fue de ellos, pero de gran ayuda nada, ¿eh? xD).

—Mientras no le saltes como a mí, no veo problemas para que acepte ayudarnos —comentaba Raven, refiriéndose a Liesl.

Y entonces aparecieron Talvi y Annell. La rusa saltó hacia Lily como una niña feliz que salta a su madre… Vamos, que tenía buenas noticias.

—¡Lo conseguimos! —gritó.

—¿¡En serio!? —preguntó Lily emocionándose más que antes—. ¿¡Y estáis las dos ilesas!?

—No, pero bueno…

—¿No? —se desconcertó Yeye.

—No, me lanzó un libro a la cabeza —explicó Annell haciendo un puchero.

—Cuidado —susurró Raven mirando al frente.

Todos siguieron su mirada y descubrieron a Anushka. Miraba a la nada y caminaba como si estuviese flotando. Sus ojos rojos parecían apagados y se veía más pálida de lo normal en ella. Un silencio sepulcral apareció entre los amigos de la chica, que se acercaba hacia ellos sin darse cuenta de que estaban ahí.

—Anu… —llamó Lily cuando la chica estaba a pocos pasos de ella.

—¿Eh? Ah… Hola —saludó sin muchas ganas.

—¿Estás bien? —preguntó Annell.

Por un momento, les pareció ver que Anushka le mandaba a la otra rusa una mirada burlona, pero fue sólo un mísero instante.

—Sí —respondió la morena de ojos rojos.

—¿Sabes? Encontré un nuevo vestido de Christian Dior, y es hermoso —le dijo Yeye en un intento de animarla—. ¿Quieres verlo?

—No, gracias, Yeye.

La rusa mayor reanudó su marcha. Se despidió de sus amigos con un gesto de su mano de finos dedos. Desapareció como un fantasma en pena, sin hacer ruido, dejando una estela de tristeza detrás de ella. Todos estuvieron inmóviles y en silencio un momento, hasta que, a través de una gran ventana que daba a los jardines, pudieron ver a Anushka.

—Me miraréis como a un loco, pero me da la impresión de que somos pocos para esto —dijo Raven en tono sombrío.

—A mí también me da esa impresión, no estás loco —dijo Lily—. O por lo menos, no por eso.

—No, si no lo decía por eso. Lo decía porque estoy tentado de pedirle a Yeye que le pida ayuda a Bloodworth.

Entonces sí lo miraron como a un loco.

—¿Quién eres? ¿Dónde dejaste a Raven? ¿Cuándo hiciste la poción multijugos? Y lo más importante, ¿cuáles son tus planes? —preguntó Annell poniéndose en guardia.

Raven sonrió.

—Es él. Sólo se está volviendo comprensivo —explicó Yeye mirándolo con ternura—. Si fuera otro con poción multijugos, me habría dado cuenta. No sé cómo, pero me habría dado cuenta.

—Menos mal que alguien cree en mí —comentó el chico heavy—. Sois unas exageradas.

—¿Exageradas? Si no recuerdo mal, fuiste tú quien…

—Lily, déjalo, no metas la pata —susurró Talvi dándole un codazo a la pelirroja mayor.

—Bueno, ¿aceptamos la idea de Raven? ¿Queréis que vayamos Nelly y yo a preguntarle a Kali si quiere formar parte del comando? —preguntó Yeye con su entusiasmo característico.

—Entre Lilí y Nelly, no entiendo cómo Liesl y Annell te tienen tantísimo aprecio —se burló Talvi.

—Pues te recuerdo que tu hermana te llama Talvehtia —se picó el metamorfomago.

—¡Ahí va! —gritó Annell con falsa sorpresa mientras empujaba a Yeye lejos de Talvi—. Pues sí, sí. Ya vamos Yeye y yo a avisar a Kali.

Y antes de que Yeye pudiese ver la mirada asesina de Talvi, ya habían desaparecido por el pasillo. Lily y Raven suspiraron aliviados. Ya dejaba bastante mal ver a Anushka tan decaída como para encima tener que aguantar una pelea por los nombres de la gente.

—Bueno… ¿Vamos a avisar a Liesl? —preguntó entonces Lily.

—¿No esperamos a Yeye? Yo creo que le gustaría estar presente en un momento tan importante como es pedirle a Liesl que nos ayude con la operación Christian Dior —opinó Raven en tono teatral.

—Bueno, sí… Entonces vamos a avisar al dúo de inútiles —propuso Talvi.

Y así salieron a buscar a James y Sirius. Los cuales se emocionaron bastante al saber que contaban con la ayuda de un loco psicópata germanohablante.

—Aunque yo todavía tengo ganas de ahorcar a ese Dimitri —dijo Sirius molesto.

—Sí, y eso que no has convivido con él tanto tiempo como nosotros —suspiró Lily—. Es tan… tan…

—Gilipollas —completó Raven.

—Sí, creo que ésa era la palabra —asintió Evans.

—Y Lithgow siempre con la palabra justa —rió James.

—Como me niegues que es un gilipollas integral, te golpeo —dijo Rave, pero en su voz no había amenaza (NC: Y yo más…).

Y justo en ese instante aparecieron Annell y Yeye, llevando a rastras a Kali. El Caído, que no había entendido muy bien los animados gritos de Yeye y Annell, miraba confundido cómo lo acercaban hacia… Lithgow. Su gesto se endureció. Raven por su parte cogió aire (NC: ¿Le dará tiempo a que pasen su pila de años de vida por delante de sus ojos? NH: Vaya, tu trauma es mayor de lo que pensaba).

—"Todo sea por la amistad" —pensó con desgana.

—¿De qué va todo esto? ¿Cómo es que estáis tan tranquilos con estos dos? ¿No os llevabais a matar con ellos? —preguntó Kali.

—¡Es por una buena causa! —dijo Yeye—. Y yo no me llevo mal con ellos… Venga, cuenta, Rave.

—Vale… Pero ésta me la pagáis, tú y Annell —contestó Lithgow en voz baja, y luego elevó el tono para explicarle la idea al Caído.

—En realidad fue idea mía —aportó James con orgullo, interrumpiendo a la mitad.

—¡Ah, qué bien! Cuéntaselo tú —se apresuró a decir Raven.

—¡No, no! ¡Tú sugeriste pedirle ayuda a Kali, y además empezaste tú, así que termina! —replicó Lily.

El pelirrojo gruñó y terminó de explicarle la operación al Caído.

—Y otra cosa… No creas que me caes bien ahora de repente —dijo—. Lo sugerí por Anushka. Así que podemos seguir mirándonos mal siempre que haga falta.

—Y seguirás picándote cada vez que hable con Yeye, ¿no? —preguntó Kali en un tono inocente que no engañó a nadie.

Raven apretó los puños, tanto que los nudillos se le pusieron completamente blancos y se clavó las uñas, pintadas de negro, en las palmas de las manos.

—No me provoques, Bloodworth. Si te respeto es sólo por Yeye, pero cuando me harte no tendré ningún reparo en partirte esa cara tan bonita que tienes —amenazó en un tono tranquilo como el que más.

—Bueno, aclarados estos puntos, ¿podemos pasar a lo siguiente? —pidió James tratando de evitar una pelea.

—¿Que es…? —preguntó Annell.

—¡Convencer a Von Prater! —respondió el buscador con un entusiasmo casi parecido al de Yeye.

Todos lo miraron sorprendidos al chico. Tanto entusiasmo por su parte no era normal, y menos cuando tenían que ir a pedirle casi de rodillas algo a Liesl, aunque nadie comentó nada en voz alta. Fueron caminando un buen rato para encontrar a Liesl, pero la austriaca parecía haber desaparecido del mapa. Se separaron en grupos, se volvieron a unir y se volvieron a separar, pero no la encontraron. Por su camino se encontraron con Remus, con Snape, con Malfoy, con las Siamesas… Pero no con Liesl. Tras una agotadora hora de búsqueda, regresaron a la sala común.

—¿¡Dónde demonios se habrá metido!? —gruñó James mientras entraban.

—¿De quién hablas? —preguntó entonces una voz desde la sala común.

—¿¡¿LIESL?!? —gritaron casi todos a coro, menos Talvi.

—No, inteligentes. Soy lord Voldemort, pero estoy tranquilamente transformado en el cuerpo de una alumna sólo para leer disfrutando de lo acogedora que es la sala común de Gryffindor… Hay que ver lo cortos que sois (NC: Malévolo plan donde los haya… NH: Y si te fijas, el maquiavelismo de Liesl se parece extrañamente al de Voldemort xD).

—¡Te hemos buscado por todo el colegio! —se quejó Annell mientras se desplomaba sobre un sofá.

—Bueno, bueno… Sé que soy guapa, pero no era para buscarme tan desesperadamente —se burló Liesl.

Annell no tenía ganas de contestar a eso. Además, en una pelea verbal nadie podía ganar a Liesl, excepto, quizás, Talvi.

—Era sobre Anushka por lo que te buscábamos —dijo Lily.

—Ah. Dime.

Y Lily le contó el plan Christian Dior mientras todos se repartían por los sillones y las butacas de la sala común.

—Bueno, es un plan estúpido —James se sintió ofendido—, pero no tenemos nada mejor planeado… Acepto.

—¡¡Gracias, Lilí!! —saltó Yeye, recuperando mágicamente sus energías.

Liesl sonrió. Una de las pocas sonrisas sinceras que había mostrado en su vida.

.

—¿Estás seguro de que esto va a funcionar? —preguntó Lily.

—No —admitió James—. Pero igual cuela.

—¿Ahora es cuando nos dices que no estás seguro de que funcione? —dijo Liesl—. Potter, se suponía que tú y Black sois los que tienen fe en la idea.

—¡Ey! ¿Y yo qué? —se picó Yeye.

—… Vosotros y Yeye —corrigió la austriaca en tono de impaciencia.

—¿Qué pasa, que ahora ya no quieres intentarlo? —replicó Sirius.

—Desde el principio le pareció una idea estúpida —le recordó James mirando mal a la rubia—. Y no has cambiado de opinión, ¿no, Von Prater?

—Por supuesto que no. No soy tan voluble.

—¡Qué poco os fiáis del profesor Dumbledore! —les reprochó Kali—. Plumas de azúcar… Mira, no la ha cambiado.

Entraron en el despacho del director, quien no se esperaba la visita y estaba sentado con los pies encima del escritorio, leyendo Ana Karenina y comiendo caramelos de limón. Kali abrió la boca para llamarlo, pero Yeye se le adelantó:

—¡¡¡POR FAVOR, AYÚDENOS CON LA OPERACIÓN CHRISTIAN DIOR, POR EL BIEN DE ANU Y SU FUTURO!!! —gritó poniéndose de rodillas y avanzando hacia Dumbledore.

—¿Se ha aprendido eso de memoria? —preguntó Raven sorprendido.

—¿Y tú eras el que no iba a ponerse a gritar en el despacho del profesor Dumbledore? —se burló Sirius.

Mientras tanto, el pobre Dumbledore se había llevado el susto de su vida, había dejado caer el libro encima de los envoltorios de los caramelos y había perdido la página.

—Señor Dalton… Por favor, póngase de pie y deje de gritar. —Yeye se puso en pie y dejó de gritar—. Y ahora explíquenme qué es eso de la operación Christian Dior y el bien de la señorita Maycov.

Annell se apoyó en un hombro de Leickran, que había permanecido callado todo ese tiempo.

—Es algo… tan triste… tan doloroso… tan… Dimitri —sollozó.

—¿El joven Plushenko? —preguntó Dumbledore.

—¡¡SÍ!! —gritó Yeye, imitando a Annell, solo que él se apoyó en el hombro de Raven, cosa que enfadó bastante a Kali.

—¡¡Que además, el muy desgraciado se dedicó a jod… digo, a molestar a Lupin cuando estuvo aquí!! —abogó Annell—. ¿¡Qué clase de psicópata sádico extrañamente parecido a Leickran haría eso, justo cuando su prometida está de baja?!

—¡Ey, a mí no me insultes! —le espetó Leickran mientras la empujaba.

Kali la cogió para que no cayera al suelo y Annell fulminó a Leickran con la mirada.

—¿Podéis dejaros de estupideces y contar ya de una maldita vez lo que tenemos planeado? —y aquí fue donde Talvi perdió su ya de por sí corta paciencia. Pero con elegancia, como sólo las antárticas sabían.

—Vale —se apresuró a decir James—. Queremos pedirle, profesor, que organice un baile para Navidad, donde podamos juntar a Maycov y Remus, porque los dos están en depresión anímica. Ella porque se tiene que casar con ese… modelo pijo y Remus porque Maycov se tiene que casar con el modelo cuando él está enamorado de Maycov.

—¿Y planean que la señorita Maycov rompa su compromiso? —preguntó Dumbledore suavemente.

—Sí, esa es la idea principal —respondió Liesl.

—¡¡¡POR FAVOR!!! —rogaron Yeye, Annell y Lily al mismo tiempo, mientras ponían caras de ángeles inocentes.

—O terminaremos matando a ese tipo —susurró Leickran con una sonrisa algo terrorífica.

—Y juramos no volver a hacer bromas… muy pesadas en lo que queda de curso —juró James.

Sirius miró a James con admiración. Después él mismo cogió aire y lentamente asintió. Dumbledore miró divertido ese despliegue de fuerzas, todo porque los amigos de aquellos chicos se sintieran bien. Sonrió.

—Está bien —accedió.

—¿¡¿¡EN SERIO!?!? —ése sólo fue Yeye, Annell y Lily estaban en su nube privada de felicidad.

—Sí —sonrió el director.

Yeye volvió a dejarse caer de rodillas.

—¡¡GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS!! ¡¡ES USTED EL MEJOR DIRECTOR QUE HA TENIDO NUNCA HOGWARTS!! —gritó en uno de sus característicos ataques de emoción.

Raven, Liesl y Sirius lo miraron sonriendo en plan qué-niño-más-dulce… ¿Sirius? Pues sí, Sirius sonrió así. Luego él y Liesl se dieron cuenta de lo que estaban haciendo y borraron las sonrisas de sus caras. Afortunadamente para ambos, ninguno de sus amigos se había dado cuenta porque todos estaban mirando a Dumbledore con diversas expresiones, la mayoría de eterno agradecimiento, menos Raven, que seguía mirando a Yeye, mismo que seguía de rodillas en el suelo. Aunque el director sí se dio cuenta de las sonrisas de aquellos dos.

—Pero ustedes me van a ayudar a organizar el baile —estableció—. Así podrán convivir un poco más (NC: En amor y compañía, ¿no? NH: Después de la que le acaban de armar, es la mínima venganza xD).

Lily miró a James. Liesl y Talvi, a Sirius. Raven, a Kali. Los cuatro con cara de no-nos-haga-esto-por-favor. James miró a Lily. Kali, a Yeye. Sirius, a las dos antárticas. Leickran, a los dos Merodeadores. Los cuatro con cara de voy-a-divertirme-mucho.

—¿Tenemos que hacerlo? —preguntó Lily en tono pesaroso.

—Pues sí, si quieren… ¿cómo era…? Juntar a Maycov y Lupin en un baile de Navidad.

—Rayos —maldijo Talvi en un tono que habría recordado a Stewie, el bebé de Padre de familia, si alguno de los presentes hubiera visto la serie alguna vez (NC: Yo vi los anuncios… ¡Conozco el tono!).

—Bueno, si hemos sido capaces de llegar hasta aquí… —comenzó Sirius.

—Eso no significa nada —interrumpió Raven—. Aunque claro, tú no estás en mi situación, ni siquiera en la de Lily.

Kali sonrió con malicia.

—¿Y cuál es tu situación… Raven? —preguntó.

—Sabes perfectamente cuál es mi situación —respondió bruscamente el pelirrojo—. Mire, si hay que convivir con éstos, lo haré. Pero no me haga convivir con Bloodworth, porque acabará muriendo uno de los dos —le dijo a Dumbledore, y salió del despacho (NC: Podía ser peor… podía estar también la rata).

Yeye fue tras él.

—¿A ti te gusta vivir peligrosamente o qué? —le preguntó Liesl a Kali, con curiosidad.

Kali se encogió de hombros.

—No, pero se da por sentado que no sería yo el que fuera a morir —dijo.

Liesl y Talvi lo miraron con cara de asesinarlo. Leickran directamente buscó la daga entre sus bolsillos. Sirius y James lo miraron con expresión de qué-capullo-es-este-tío. Lily miraba la puerta por donde había desaparecido Raven y más tarde Yeye. Annell sólo miraba al suelo, como si le resultara fascinante. Y Dumbledore contemplaba la escena con curiosidad. Entonces, Annell decidió cambiar el tema de conversación.

—¿Anushka y Lupin nos van a ayudar? —preguntó.

—Si ellos gustan. Tal vez así se animen un poco —respondió Dumbledore.

—Créame, profesor, no hay fuerza humana capaz de animar a Anu en estos momentos —suspiró Lily con aire sombrío.

—Tranquila, Lily… ¡Lo conseguiremos! —respondió Annell con optimismo.

—Profesor, permítame usted darle mi más sentido pésame —dijo entonces Leickran.

—¿Por qué, señor Angelium? —preguntó el director.

—Porque, a partir de ahora, esas dos locas —señaló a Annell y Lily— lo considerarán un miembro más del comando Christian Dior.

Dumbledore soltó una alegre risa ante las ofendidas miradas de las pelirrojas.

.

Raven le metió un puñetazo a la pared de la sala común y soltó un hondo quejido. El maldito muro estaba más duro que la última vez que lo había golpeado.

—Au…

¿Por qué Bloodworth tenía que meterse con él constantemente? No había hecho nada. Bueno, sí. Se había ganado el amor de Yeye. En realidad no sabía cómo, pero se lo había ganado.

—¿Por qué te pones así? —Yeye entró en la sala común y lo abrazó por la cintura, desde detrás.

—No lo soporto, Yeye —susurró Raven—. No puedo con él. —Se dio la vuelta para encarar el rostro menudo de su novio—. ¿No ves que es él el que me reta?

Yeye apoyó la cabeza en el pecho de Raven.

—Claro que lo veo, pero lo que tienes que hacer es pasar de él (NC: Eso es fácil de decir).

—Y lo intento, te lo juro —dijo Raven en un tono de leve súplica—, pero es que no puedo. Me reta por ti, y eso es lo que no puedo tolerar. —El metamorfomago levantó la cabeza y lo miró interrogante—. Te quiero —aclaró el pelirrojo—. Y no voy a dejar que nadie te aleje de mí, y menos aún ese… zorrón de pelo violeta.

—¡No lo insultes! —protestó Yeye apartándose de él—. ¡No va a alejarme de ti! ¡Mira, admito que me gusta, no gano nada con negarlo, pero a ti te quiero, Rave!

—Lo sé, Yeye… Lo sé.

—¿Entonces por qué no te fías de mí?

—¡Es de él de quien no me fío, maldita sea! ¿No ves que te va a hacer daño? ¿Y no ves que yo no puedo permitir eso? ¡Si tú sufres, yo también! ¿Me explico?

—Sí —musitó Yeye bajando la mirada—. Crees que no puedo defenderme solo.

—No. Quiero protegerte aunque no lo necesites —corrigió Raven—. Por si acaso.

—Pues a lo mejor yo no quiero que me sobreprotejas —replicó el metamorfomago en tono enfadado, e hizo amago de irse, pero el otro lo sujetó por la cintura.

—No te vayas. Por favor, quédate.

El abrazo de Raven era firme y a la vez tierno. Así que Yeye se acomodó en sus brazos. Lithgow se dejó caer lentamente hasta quedar sentado, recargado en la pared, y con su novio apoyado en él.

—Intentaré convivir pacíficamente con Bloodworth —prometió.

—¿Lo harás? —Los ojos de Yeye se iluminaron.

—Si tú quieres, claro que lo haré. Es más, puestos a decir tonterías románticas… Si hubiera un fin del mundo y tú quisieras verlo, te llevaría. Costara lo que costara.

Yeye sonrió dulcemente y le besó el cuello.

—En estos momentos es cuando más me gustas —confesó en tono de guasa.

—¿Cuando me pongo cursi?

—Sí.

—Pero si es la primera vez, no fastidies. Si yo a los tíos cursis hasta los admiro, a veces me gustaría tener el cuajo que se necesita para decir memeces de ese calibre sin que se me descompongan los músculos faciales…

—Si lo sientes, entonces no es cursi —dijo Yeye.

—Yo eso sólo lo creo de una frase —replicó Raven.

—¿Qué frase?

Te quiero.

—Y hablando de eso, ¿sabes qué es lo primero que aprendí de ti? —El pelirrojo negó con la cabeza—. Que si le dices a alguien que le quieres, es porque de verdad le quieres.

Y Yeye sonrió, y buscó los labios de Raven con los suyos, y se besaron olvidándose del resto del comando Christian Dior, que debían de seguir en el despacho de Dumbledore…

Aunque el olvido no les duró mucho más.

Cuando seguían besándose, el retrato de la Señora Gorda se abrió sin más. En el umbral estaba Leickran, y detrás de él estaba todo el comando Christian Dior. Yeye y Raven se separaron bruscamente, aunque era demasiado tarde. Sirius los había visto. Y a todo esto, Leickran tenía los ojos como naranjas.

—Lo siento —murmuró antes de cerrar el retrato de golpe.

Yeye y Raven se miraron. Después miraron la parte de atrás del retrato. Se miraron. El retrato. Volvieron a lo suyo.

—¡¡Lo sabía!! —exclamaba Sirius, cuya parte cotilla se sentía enormemente satisfecha—. ¡¡Lo sabía, lo sabía, lo sabía!!

—¡¿Si lo sabías por qué coño te pasabas la vida preguntando?! —le gritó Annell.

—¡¡Porque tenía que confirmar mis sospechas!! —se defendió Black, y después se giró hacia Leickran—. ¡¡Gracias, Angelium!! ¡¡Es que tu apellido te viene como anillo al dedo!! ¡¡Eres un ángel!!

—Claro —se burló Liesl—. Blüts… Sí, es cierto. Sólo quítale el Umlaut y la S y te viene como anillo al dedo.

(NA: Explicación: blut en alemán es sangre. Y con lo que le gusta la sangre a este chico, pues claro que le queda genial el apellido)

—Pues no sé tú, pero a mí eso me halaga —sonrió Leickran.

—¿Alguien me puede explicar eso? —pidió James, que no había entendido nada.

—Nada, Potter… Eres demasiado inocente como para que te lo contemos —se rió la austriaca.

—Cuando crezcas un poco —completó Leickran—, puede que te lo expliquemos.

James rechinó los dientes intentando no gritar como poseído.

—Os recuerdo que soy mayor que vosotros —dijo suavemente.

—Y ahora te las das de mayor —rió Talvi—. ¡Qué tío!

Todos comenzaban a reírse, todos menos James. ¡Incluso Sirius se reía! El retrato de la Señora Gorda se abrió para dejar paso a alguien, pero nadie puso la más mínima atención, seguían muy ocupados burlándose de James. Pero entonces Kali sí se giró, y descubrió a Remus.

—¡Lupin! —exclamó con sorpresa.

El chico estaba igual que Anushka. Pálido y con los ojos apagados. A todos se les borró la sonrisa del rostro y miraron al recién llegado. Sirius y James bajaron corriendo con su amigo.

—¿Cómo estás? —le preguntó Sirius.

—De maravilla. Déjame en paz —cortó el licántropo, recordando más a Leickran de mal humor que a sí mismo.

—Qué ganas tengo de que funcione vuestro plan absurdo —suspiró Liesl mirando cómo se alejaba—. Lo siento por esos dos, pero tendré que pasar por la sala común si quiero tirarme en mi cama a leer…

Y entró por el retrato. Los demás miembros del comando entraron detrás de ella, aunque Leickran miró antes a ver si Raven y Yeye seguían igual… (NH: ¡Nos salió tímido! xDDD NC: Qué mono ^^ NH: Yo lo vi primero ¬¬)

—¿Qué? ¿Te asustaron o algo? —le pinchó Liesl.

—Cállate, Von Prater —espetó el alemán en tono antipático (NC: Se le pasó la monería ¬¬).

Afortunadamente para él, los otros dos se habían ido a su habitación, suponiendo (bien) que tendrían un poco más de intimidad.

—¡Vaya! ¿Los alemanes discuten?

Liesl giró sobre sus talones.

—Piérdete, Donahue. Tengo cosas más interesantes que hacer que verte la cara a ti.

Amber le dirigió una sonrisa afectada. Leickran soltó un gruñido.

—¡Estas tipas me cargan! —exclamó fieramente.

Las Siamesas, las cuatro, retrocedieron un par de pasos. Alison no perdió su sonrisita de suficiencia.

—¿Qué? —le llegó una voz retadora desde detrás—. ¿Contentas por haber arruinado la vida de alguien?

Zegers se volvió. Detrás de ella se encontraba Talvi, de pie y con un extraño brillo en los ojos que los hacía parecer más volcánicos aún de lo que ya eran. Se había quitado la túnica, dejando ver su ropa completamente gótica: un top, unos pantalones cortísimos, medias rotas y botas militares, todo ello en negro. Todo su aire elegante y enigmático había desaparecido. Ahora parecía más bien salvaje e indomable.

Alison la miró sorprendida. Crystal sacudió su larga melena castaña.

—¿Tienes algún problema? —preguntó en tono desafiante.

La finlandesa se acercó a ellas. Las Siamesas de quinto se alejaron hacia la escalera que llevaba a los dormitorios. Mientras tanto, Nieminen miró al metro y medio escaso de Crystal desde su imponente metro setenta y nueve.

—Tengo cuatro. Dos de ellos acaban de escaparse de mí por vestirme gótica y los otros dos están aquí delante —contestó en un siseo helado que espantó a Stanhope, que corrió a hacer compañía a sus dos amigas de quinto.

Talvi se volvió hacia Alison, que estaba aún más sorprendida.

—¿Vas a defender a tu amiguita la rusa poseída? —se burló la rubia.

—Si pretendes que te defienda a ti, lo llevas claro —respondió la finlandesa sacando una de las dagas que llevaba en las botas—. Ten cuidado, Zegers. No me agradan para nada las perras como tú, te lo advierto desde ya.

—¿Y por qué me adviertes? —replicó Alison.

Nieminen la miró de arriba abajo y guardó el cuchillo, cogió su túnica y se dirigió a los dormitorios. Se había quedado sin ganas de quedarse a asustar a la gente con su extraño aspecto. Y cuando ya subía la escalera, asomó la cabeza y le respondió:

—Porque soy noble. Y no como otras.

—Y porque ya sé defenderme yo solita… Zegers —rió alguien detrás de ella.

Ambas miraron a Anushka. Por primera vez en mucho tiempo, sonreía. Aunque no era una sonrisa bonita ni por asomo. Miraba a Alison con sus ojos sin brillo mientras hacía una daga girar entre sus finos dedos. Se acercó sin dejar de hacer girar la daga y se detuvo a escasos centímetros de Alison.

—Mira tú qué poseída estoy —sonrió.

La otra chica no tuvo tiempo de reaccionar. Cuando quiso darse cuenta, Anushka ya había trazado una línea con su daga en su rostro pálido. Alison chilló, más que de dolor, de horror al sentir cómo un fino hilo de sangre escurría por su mejilla. Su grito fue tan agudo y tan intenso que sus amigas subieron corriendo, y los amigos de Anushka también aparecieron. Lo único que vieron fue a la horrorizada Alison con una mano en una mejilla intacta, a una sorprendida Talvi y a Anushka, tan tranquila como siempre, que guardaba su daga con cuidado en el bolsillo de su túnica. Alumnos de todos los cursos comenzaba a rodear a las chicas, pero Anushka se fue sin que nadie se lo impidiera.

Salió de la sala común al desértico pasillo. Se llevó la mano a la mejilla y después se miró los dedos ensangrentados.

—Au… —susurró.

Notas de Haku:

Resumiendo… A Sirius se le ocurre una idea loca por casualidad, a las pelirrojas noveleras y a Yeye les parece la graaan idea, opinión que los psicópatas germanohablantes se ocupan de contradecir, Dumbledore accede a organizar un baile de navidad y a las antárticas nórdicas les da por llamar la atención. Un capítulo movidito.

Umlaut: Es la diéresis que llevan encima algunas a, o y u alemanas, pero como no es exactamente una diéresis y Liesl es germanohablante, utiliza el término alemán correcto.

Notas de Annell:

Te faltó decir que Anushka se está poniendo psicópata, que Kali es un capullo y que hasta Raven tiene una parte cursi. ¡Es genial eso del baile! ¿No? Los Merodeadores sufrirán lo suyo con nuestra pandilla de locos. Sobre todo con los locos psicópatas germanohablantes, que son los más aficionados a la violencia.

Notas conjuntas:

Ah, y tres cosas más: Talvi le encuentra lagunas a todo, Sirius empieza a llamarla por su nombre y el diseñador favorito de Anu es Christian Dior…

La parte inexplicable de esta última escena no es inexplicable, pero la explicaremos más adelante.

Nada más.

Bueno, sí, que si seguimos resumiendo tan bien los capítulos, nadie tendrá nada que decirnos en los reviews. Que por cierto, seguimos queriéndolos, así que ya los estáis dejando o mandamos a los dos locos psicópatas germanohablantes para asustaros con sus ojos azules.

Extraños saludos. Portaos mal y pensad peor, que es muy divertido, y comed bichos porque luego ellos os comerán a vosotros xP (total, son proteína pura).

Se despiden Annell y Haku, los Ángeles de Oscuridad.