Aquí estoy con otro capítulo, después de muuucho tiempo. Espero que haya valido la pena :P Bueno, lo que sigue:
Disclaimer: Tanto los personajes, como la historia y la trama en general de Naruto no me pertenecen, ya me gustaría a mí...
Advertencias: Muerte de personajes (ok, sí, en plural), OCCismo, que empieza a ser más acentuado en este capítulo, y puede que en próximos caps la historia se vuelva algo cursi. Aún no lo tengo decidido.
Por cierto, dado algunos mensajes que he recibido, aclaro: ¡El aviso de necrofilia del cap anterior sí era una broma! No, en serio. xDD
Gracias de todo corazón a Nemu, a Ang-chan y a Yeli por su ayuda. ¡De verdad de la buena! :D
Desventuras
"Esto fue un error"
La ciudad de Konoha dormía. Es decir, toda aquella gente respetable, que no padeciera de insomnio y cuyo turno de trabajo no se situase en aquella tan poco apetecible franja horaria, dormía. El frío se deslizaba por las silenciosas calles, donde ni un alma transitaba, cubriendo con una apenas visible escarcha las hojas de los árboles y el césped de los parques y jardines. Y en una bonita casa de un buen barrio, en una sombría habitación, donde la tenue luz de la luna apenas traspasaba la ventana, dos ojos se abrieron en la oscuridad.
Se oyó un leve ronquido proveniente de la esquina del cuarto donde un apuesto muchacho reposaba en su cama. Los ojos miraron al bulto de debajo de las sábanas y parpadearon una vez, pareciendo tomar una decisión. Sus patas se movieron coordinadamente y de un ágil salto se subieron al catre, observando maliciosamente a aquella figura durmiente. El chico se removió, inquieto, y acabó boca arriba, completamente expuesto. El animal dejó escapar un siseo y sus afiladas pupilas se contrajeron. Entonces echó las orejas hacia atrás, se estiró y se dio un gran salto, cayendo de golpe sobre el vientre del bello durmiente, que se levantó de la cama como un resorte, intentado coger el aire que el gato le había quitado de los pulmones.
—¡Puto gato! —gritó, más por costumbre que por darse cuenta de lo que había pasado.
Tosió llevándose una mano al pecho, notando como su agitado corazón bombeaba la sangre rápidamente. Parpadeó un poco para aclarar la vista y pulsó el interruptor de la luz, iluminando todo el cuarto y al gato negro que lo esperaba ansioso al lado de la puerta. Gruñó al levantarse de la cama y Riu le correspondió con un maullido mientras se movía inquieto por delante de la dichosa puerta.
—Ya va, ya va —murmuró Itachi más bien para sí mismo mientras caminaba y se frotaba un ojo, bostezando. Giró el pomo de la puerta y el gato salió del cuarto como una flecha en dirección a la cocina. Itachi lo siguió para darle algo de comer, porque si no estaría toda la noche dándole la lata. Caminó por el pasillo intentando no hacer ruido para no despertar a Sasuke, que seguramente ya estaría durmiendo en su habitación.
Riu se frotó contra sus piernas ronroneando cuando Itachi llegó a la cocina aún medio dormido. El chico abrió la nevera y sacó una botella de leche, puso un poco en un cuenco y Riu empezó a lamerla de inmediato. Itachi volvió a frotarse los ojos y guardó la leche en el frigorífico. Paseó la mirada por la estancia, y cuando sus ojos llegaron al gran reloj que adornaba la pared de la cocina, no se sorprendió al descubrir que era ya bastante tarde, las tres de la madrugada, justo la misma hora a la que ayer había pillado al ladrón en el cuarto de Sasuke.
De repente Itachi sintió como si un peso cayese sobre su estómago, y su ceño se arrugó de preocupación. Sus ojos se dirigieron casi inconscientemente hacia donde estaba la habitación de su hermano pequeño, pues era él el que casi siempre le provocaba esa sensación de ansiedad.
Intentando ignorar esa molesta sensación, Itachi recogió el cuenco del que bebía el gato y lo dejó en el fregadero. Riu siguió insistiendo y frotándose contra él, pero Itachi lo apartó suavemente con el pie y salió de la cocina, caminando por el pasillo para dirigirse hacia su propia habitación.
Cuando llegó a la puerta del cuarto de Sasuke se detuvo, indeciso. La sensación que lo llevaba molestando desde que llegó a la cocina se acentuó. Era casi lo mismo que sintió cuando sus padres se estrellaron contra aquel otro coche; en aquel momento, a Itachi le golpeó el mismo mal presentimiento.
Abrió la puerta suavemente y se adentró en la oscura habitación. La luz entraba desde la ventana y la iluminaba tenuemente, dejándole ver a Itachi el bulto bajo las sábanas de la cama. Se acercó a este y se detuvo a unos centímetros del colchón. Le pareció que el cuarto estaba demasiado silencioso, pero no sabía muy bien qué era lo que faltaba. Miró a Sasuke y se dio cuenta de que estaba completamente tapado por las mantas. Esbozó una sonrisilla y soltó un suspiro, alzando el brazo con la intención de acomodar las sábanas.
Justo cuando su mano iba a tocar la manta, oyó un leve maullido. Se detuvo y miró hacia abajo, donde su gato lo miraba con sus grandes ojos verdes. Negó con la cabeza y lo cogió con los brazos, sacándolo del cuarto. Cerró la puerta con suavidad, volvió a su propia habitación y se tumbó en la cama. Y apenas unos segundos después notó como un peso se incorporaba al colchón y se acurrucaba a sus pies, ronroneando levemente.
Itachi cerró los ojos y se durmió al cabo de un rato, sumiéndose en un sueño intranquilo donde figuras borrosas intentaban advertirle sobre algo, pero, por desgracia, él no podía oírlas.
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Jiraiya no se consideraba a sí mismo un borracho. Puede que diera esa impresión, pero para él no estaba más lejos de la realidad. Desde que era joven había tenido muy claro el camino que quería seguir en la vida e hizo todo lo posible por conseguirlo; y al fracasar en la mayoría de sus empresas, se refugió en la bebida y en las mujeres para evadirse de sus problemas.
Pero él sabía que ya hacía mucho tiempo que había dejado de necesitar aquello. Ahora no bebía para ahogar sus penas, no contrataba prostitutas de lujo o seducía mujeres para olvidarse de aquella a la que realmente quería llevarse a la cama. No, ahora simplemente dejaba que su vida se meciera al son de lo que la gente consideraba moralmente incorrecto, divirtiéndose al ver sus escandalizadas caras.
Ahora, gracias a sus, según algunos, malsanas aficiones, tenía todo aquello que los hombres creían que daba la felicidad; dinero, fama, poder y mujeres. Entonces, ¿qué era aquel vacío que, a veces, en la noches solitarias y oscuras, sentía que oprimía su pecho impidiéndole respirar?
Y en ese momento, tirado en el suelo del parque, apestando a alcohol y sin estar muy seguro de cómo había llegado allí, miró las estrellas y se sintió pequeño e inútil, atrapado en un cuerpo enfermo y débil.
Tanteó el terreno con la mano, buscando algo para beber. Oyó un tintineo y su mano agarró una botella. La sacudió para ver si quedaba algo de alcohol dentro, y se sintió decepcionado al no ver satisfecho su deseo. La tiró lejos de él con enfado y el sonido del cristal al romperse se dejó oír bastante cerca. Maldijo sus descoordinados movimientos que solamente habían conseguido hacer llegar a la botella a unos pocos metros de distancia.
Se medio incorporó, apoyado en un brazo, y observó a su alrededor. Estaba en un oscuro parque, oculto en un matorral, detrás de un maloliente banco, lleno de pintadas, colillas de cigarros y basura en general.
Dejó caer la cabeza, un poco mareado, y tosió levemente después de inspirar con fuerza varias veces. Sus ojos se dirigieron hacia los restos de la botella, que brillaban bajo la luz de la luna, situados en medio del camino de tierra que atravesaba la arboleda. Observó como la luna cambiaba de color el verde oscuro del cristal, convirtiéndolo en un maravilloso y refulgente plateado.
Qué bonito…
Hasta que un pie enfundado en una bota militar entorpeció su visión. Jiraiya frunció el ceño, súbitamente enojado. Esperó a que el pie se largara, pero un segundo, también enfundado en una bota militar, lo acompañó. Luego, por si no fuera suficiente, otros dos más llegaron, estos en cambio calzados en un par de zapatos de cuero, al parecer de muy buena calidad.
Jiraiya cerró un ojo y luego el otro, intentando recordar cómo hacer que sus párpados se coordinasen, y sacudió levemente la cabeza, dándose cuenta por primera vez del punzante dolor que le estaba taladrando el cráneo. Y así, de pronto, el mundo volvió a recuperar el sonido.
—Ya te lo he dicho, estaba aquí, cerca de ese árbol —susurró el de las botas militares. O al menos, pensó Jiraiya, la voz provenía del lugar de donde estaban paradas las botas. Jiraiya movió los ojos hacia arriba para descubrir su aspecto, pero descubrió con pesar que estar detrás de un banco entorpecía enormemente su línea de visión.
Los pies se movieron y el sonido de las pisadas retumbó con fuerza en su mente embotada. Se agarró la cabeza con las manos intentando que no le diera vueltas, y volvió a abrir los ojos que no se había dado cuenta que había cerrado.
—Mira, incluso la mancha de sangre sigue ahí —el joven -porque su voz, aunque un tanto siniestra, demostraba claramente su juventud- se agachó unos metros más allá y Jiraiya pudo ver como una mano blanquecina tocaba el suelo manchado y se la mostraba a su acompañante. Una lástima que la capucha no le dejara ver su rostro.
—Pues entonces explícame cómo es posible que un cadáver desaparezca sin dejar rastro —siseó su acompañante con una voz más grave que el otro. El joven de la mano blanquecina se encogió de hombros. Jiraiya oyó una especie de gruñido furioso, y los zapatos de cuero se movieron rápidamente y se situaron al lado del chico, que aún seguía agachado, para luego agarrarle con fuerza la mano que le había enseñado—. Para empezar nada de esto habría pasado si hubieras hecho tu trabajo como Dios manda.
Entonces hubo un par de movimientos bruscos y Jiraiya dejó de ver las botas militares.
—No digas sandeces —dijo el chico. Jiraiya se dio cuenta de que el otro debía de estar agarrándolo suficientemente fuerte como para levantarlo del suelo—. Si vas a echarle la culpa a alguien, no me la eches a mí, sino al inútil de tu jefe que no supo darme las instrucciones apropiadas.
Las botas volvieron a aparecer en su rango de visión al mismo tiempo que se oía una inspiración brusca y las piernas que sobresalían de los zapatos de cuero temblaban levemente. Una especie de risilla maliciosa se dejó oír.
—Vaya —oyó Jiraiya, con una clara entonación de burla—, parece que el tipo duro sí que tiene puntos débiles.
—Serás cabrón —soltó el otro de golpe, como si no tuviera el aire suficiente para poder pronunciar más palabras.
Jiraiya se asustó; bueno, mejor dicho, se dio cuenta de que estaba asustado, porque con toda la neblina del alcohol todo esto se le estaba haciendo bastante confuso. Su cuerpo comenzó a temblar imperceptiblemente y sin querer su pie chocó contra un trozo de cristal roto, produciendo un leve tintineo. La risita que entonaba el chico pálido paró de pronto, y miró en su dirección. A Jiraiya se le paró el corazón.
Pero en ese momento el otro joven, que se encontraba jadeando y agarrando algún punto específico de su anatomía, aprovechó la distracción del chico y lo cogió agarrándolo de la chaqueta -supuso Jiraiya- y lo estampó contra un árbol a menos de dos metros del banco donde, bajo él, se escondía. Y ahora los dos ¿asesinos? estaban fuera de su rango de visión. Aguzó el oído.
—No vuelvas a insultar al jefe, imbécil. ¿Acaso quieres que cancelemos el trato? —acabó por decir el de la voz grave, mofándose.
—No puedes hacer eso —el chico intentó que su voz no trasmitiera ninguna emoción, pero falló estrepitosamente—. Yo ya he cumplido con mi parte del acuerdo, ahora vosotros deberías cumplir la vuestra.
—Peero —le contestó el otro, alargando la palabra y hablándole como a un niño pequeño. Jiraiya se imaginó la enorme sonrisa de burla que ese hombre debía tener en su cara en ese mismo momento—, yo no veo por aquí ningún cuerpo, ¿no es verdad?
—¡No me jodas! —gritó el joven, perdiendo los estribos—. ¡Maté al dichoso chico rubio, como me pedisteis! ¡No es culpa mía que su cuerpo no esté aquí! —el muchacho soltó un gruñido de frustración y de rabia, y entonces Jiraiya escuchó ruidos de forcejeo y oyó una inhalación brusca y una serie de sucesivos jadeos y toses.
—Claro que es culpa tuya —dijo el hombre de voz más grave soltando las palabras rápidamente, como un latigazo—. Lo mataste y te fuiste, sin más —Jiraiya vio como el hombre le daba una patada en la rodilla al otro, y este caía al suelo dando un gemido ahogado—. ¿Eres estúpido? —patada—. ¡Por supuesto que tenías que traérnoslo! —patada, quejido—. ¿Acaso pensabas que queríamos que la policía se enterase de esto? ¡Imbécil! —acabó diciendo, golpeando por última vez al chico, que estaba hecho una bola en el suelo, protegiéndose la cara con los brazos.
Jiraiya, considerando el hecho de que los dos hombres estaban muy ocupados -por decirlo de alguna manera-, se arriesgó a echar un vistazo y asomó imprudentemente la cabeza por debajo del banco bajo el cual estaba escondido. Y entonces sus ojos se abrieron de sorpresa.
Bajo la pálida luz de la luna, una escena se mostró ante él. Vio, como si de una fotografía se tratase, a dos chicos inmóviles -¿cuándo se había levantado del suelo el otro?-, mirándose fijamente, el primero con una sudadera gris -¿o era verde?- con la capucha puesta, pero que no lograba esconder la pálida piel de debajo. Este agarraba del brazo al otro joven, quien era bastante más alto que el otro, con el pelo ¿gris? recogido en una coleta y unas gafas de pasta de montura redonda. Al parecer el de la sudadera se había levantado del suelo mientras Jiraiya se arrastraba hasta el borde de su escondite.
Entonces, muy lentamente, el de pelo gris fue deslizando su brazo hacia atrás con suavidad, soltándose del agarre del otro chico, quien al final acabó por bajar su brazo y miró a su acompañante; su rostro no mostrando nada, pero sus nudillos blancos de tanto apretarlos delatándolo.
Con una vaga sonrisa de autocomplacencia, el de pelo gris levantó su brazo derecho, y ante esta acción el muchacho pálido se tensó visiblemente. La sonrisa se hizo más grande y burlona, y el movimiento continuó hasta que el hombre más alto con la mano ajustó las gafas que se le habían deslizado hasta el puente de la nariz.
—Ya sabes lo que tienes que hacer —susurró; los puños del joven volviéndose todavía más blancos—. Encuentra el cuerpo y obtendrás el premio.
El chico asintió con sequedad. Cuando el más mayor se dio la vuelta, echó a andar sobre el camino que llevaba afuera del parque y su figura se perdió en la oscuridad, se permitió soltar un gruñido de frustración y patear una piedrecilla que estaba a la vista.
Ya se había echado las manos a los bolsillos y se había dispuesto a irse, cuando oyó un leve ruido de metal chocando contra algo, y levantó la vista con curiosidad. Jiraiya contuvo el aliento cuando pasó a su lado, retrocediendo a toda prisa hacia atrás, y soltó un suspiro de alivio al ver que el chico pasaba de largo y se detenía unos dos metros más allá. Observó como se agachaba y recogía un pequeño objeto del suelo. Intrigado, quiso forzar sus ojos para poder verlo y determinar qué era cuando el joven susurró, sonando sorprendido:
—¿Un móvil?
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Sasuke se agachó para esquivar una rama de un árbol y jadeó en busca de aire. Agarró con más firmeza la mano de un muy aturdido Naruto y siguió corriendo por entre los árboles. Parecía que pinos, castaños y robles se esforzaban por hacerle más difícil su apresurada huida a través del parque.
Justo cuando podía divisar la luz de una farola cercana, Naruto se detuvo de pronto, y Sasuke sufrió un repentino tirón en su brazo izquierdo -con el cual tiraba del rubio-. Se frotó la dolorida articulación de su hombro y miró al chico, enojado.
—¡¿Pero se puede saber qué te pasa, imbécil?! —le susurró con fuerza—. ¡Tenemos que largarnos!
—Mi padre… —respondió Naruto, en estado de shock, con los ojos muy abiertos y asustados—. Ese hombre de pelo gris… trabaja con mi padre.
—¿Y a quién le importa? —le espetó Sasuke, moviendo la cabeza hacia todos lados, intentando discernir en la oscuridad cualquier cosa que los estuviera persiguiendo—. ¡Tenemos que avisar a la policía, han encontrado mi teléfono! ¿Y si vienen a por mí?
Naruto pareció despertar de pronto, y se soltó de la mano de Sasuke, que aún lo sujetaba con fuerza. Quien ignoró a Naruto mientras boqueaba de la indignación.
—¿A por ti? —chilló, cuando recuperó la voz. Sasuke se apresuró a taparle la boca con una mano, mirando aterrorizado a su alrededor, esperando que nadie hubiera escuchado a ese estúpido. Naruto forcejeó con Sasuke intentando hablar pero únicamente consiguiendo hacer salir de su boca algo parecido a algún gruñido que Sasuke recordaba haber oído en Animal Planet.
Al final logró soltarse, empujando a Sasuke con las dos manos, casi cayendo este al suelo, teniendo que agarrarse al tronco de un árbol para evitar estrellar su cara contra una raíz que sobresalía de la tierra.
—¡Mi padre…! —empezó gritando Naruto, pero se interrumpió al ver la mirada alarmada que le dirigió Sasuke—. Mi padre —comenzó de nuevo, susurrando—, mi padre está en peligro, ¿y de lo único que te preocupas es de que han encontrado tu teléfono en un parque público? ¡No seas idiota! Seguramente pensarán que se le cayó a alguien por accidente, cosa que no está tan alejada de la realidad.
—Eso no lo puedes saber —respondió Sasuke, calmado por fuera, pero por dentro terriblemente nervioso. Esta no era una conversación que quisiera mantener de madrugada, en medio de la nada, con un asesino pululando por ahí, y con un cadáver. Bueno, tampoco con alguien vivo—. De todos modos, tenemos que volver a mi casa y avisar a la policía. Nunca debí seguir tu estúpido juego, ni siquiera debería estar aquí.
Naruto le dirigió una mirada dolida, pero pronto se recompuso, adoptando una pose tensa.
—Yo no te obligué a venir —le respondió, achicando los ojos—. Además, ¿qué les vas a decir a los polis? ¿Qué pruebas tienes? ¿Una mancha de sangre en un parque público de mala muerte? ¿Y acaso no has oído lo de "Sin cuerpo, no hay caso"?
—¡Pero sí lo hay! —contestó Sasuke, señalándolo—. ¡Eres tú! ¡Eres la prueba perfecta, un cadáver que habla!
El rubio apartó la mano de Sasuke de un manotazo.
—No voy a entregarme a la policía, Sasuke. Me llevarían a un laboratorio secreto en quién-sabe-dónde y harían quién-sabe-qué-cosas conmigo. Puede que ya esté muerto, pero seguro que no es nada agradable ver cómo te hacen una autopsia.
Sasuke rehuyó de la mirada de Naruto, observando el suelo con interés.
—¡Sasuke! —el mencionado levantó la cabeza y se quedó de piedra al ver la imagen que se desplegaba ante él. Las sombras de los árboles creaban extrañas formas y contornos en la cara y ropa de Naruto, haciendo aún más tétrica su pálida faz. Sus ojos azules parecían vacíos, muertos y sin vida, como el cuerpo que los ostentaba. La venda que envolvía su frente no hacía más que aumentar el siniestro cuadro. Sasuke parpadeó, y el viento movió las hojas de los árboles, cambiando las sombras de lugar, y los ojos de Naruto volvieron a resplandecer de azul, como si aquel instante nunca hubiera pasado.
—¡Despierta! —Naruto se acercó para agarrar el hombro de Sasuke, pero el chico moreno dio un respingo y se apartó con rapidez. Naruto lo miró extrañado y Sasuke tuvo la decencia de parecer un poco avergonzado.
El rubio abrió la boca para decir algo -Sasuke nunca supo qué-, cuando de pronto pareció quedarse paralizado, completamente quieto. Los ojos se le volvieron blancos y una espuma amarilla empezó a salir de su boca. Sasuke retrocedió un paso, asustado, y entonces el cuerpo de Naruto empezó a sufrir violentos temblores que hacían que su cabeza se moviese de un lado a otro con fuerza, salpicando su camisa y barbilla de aquella sustancia amarillenta.
Justo cuando Sasuke se decidió a dar un paso y coger a Naruto por los hombros para que se quedase quieto, éste lo hizo, y de inmediato empezó a emitir una tenue luz anaranjada que envolvía su cuerpo como un halo. Sasuke se quedó quieto, mirando con los ojos como platos aquella escena, y levantó un brazo para protegerse de la luz que cada vez era más fuerte.
Él nunca supo qué fue lo que había pasado exactamente, pero de pronto sintió como si una onda de calor abrasador lo empujase hacia atrás, hasta que su cuerpo chocó contra el árbol en el que anteriormente había estado apoyado. Su vista se volvió negra, y creyó sentir como su cerebro golpeaba las paredes internas de su cráneo. Su cabeza empezó a latir dolorosamente, y pudo notar como en su espalda empezaban a formarse lo que probablemente serían horribles moratones.
Emitió un débil quejido, sin saber muy bien qué estaba pasando a su alrededor, y cerró los ojos con fuerza, apretando su cabeza con las manos, en un intento inútil de calmar el dolor.
Después de un tiempo; unos segundos, o tal vez minutos, se atrevió a abrir los ojos y se dio cuenta de que estaba tirado en el suelo. Con esfuerzo, se apoyó sobre sus manos y rodillas y se fue levantando lentamente, utilizando el árbol como punto de apoyo. Cuando finalmente estuvo de pie casi se vuelve a caer por culpa del intenso mareo que le sobrevino de repente y las urgentes ganas de vomitar. Aguantó como pudo, y una vez que se acostumbró a la oscuridad, distinguió un bulto tirado en el suelo a unos tres metros de donde él estaba.
Sasuke jadeó dolorosamente, la cabeza latiéndole y preguntas sin respuesta acosándole y no dejándole en paz. ¿Qué había pasado? ¿Qué había sido aquella luz brillante? ¿Se había roto algo? ¿Se había vuelto ya completamente loco? ¿Y si alguien lo descubría así? ¿Cómo iba a poder explicarlo? ¿Estaba Naruto bien… teóricamente hablando? ¿Y si uno de aquellos hombres, que hablaban sobre asesinatos como si fuera el pan de cada día, había visto el deslumbrante fulgor que había despedido Naruto y en este preciso momento estaba acercándose a ellos, pistola en mano, listo para disparar? ¿Y si descubrían de quién era el teléfono móvil e iban a su casa a por él? ¡Oh, no, Itachi!
Sacudió la cabeza para hacer retroceder a la enorme marea de cuestiones que iban y venían y a la creciente preocupación y ansiedad que lo albergaban, e inmediatamente se dio cuenta de su error, al volver las intensas náuseas y el sabor a bilis a su garganta.
Después de unos instantes con la duda de si vomitar o no, su cuerpo pareció declinarse por la segunda opción, y su estómago pareció calmarse un poco, aunque aún lo sentía muy enfadado. Primero es lo primero, pensó Sasuke, tras mirar a la figura inerte en el suelo. Tambaleándose, se acercó con cautela a Naruto y se dejó caer a su lado, tembloroso y resoplando. Lo agarró por los hombros, y al instante lo dejó caer en la hierba húmeda, completamente anonadado y conteniendo un grito ahogado. Naruto… despedía calor. ¡¿Estaba vivo?!
Rápidamente buscó su cuello y le tomó el pulso, esperanzado, con los nervios retorciéndole las tripas, que ya de por sí estaban lo suficientemente agitadas, y la ansiedad desplomándose en su estómago.
—Vamos —susurró por lo bajo sin darse cuenta, al no encontrarle latido alguno—. Vamos…
Lo siguió intentando durante un minuto, hasta que al final se rindió, frustrado, y apoyó la cabeza en el pecho de Naruto, solamente cubierto por una camiseta. Su corazón bombeaba dolorosamente y era repentinamente consciente de todos los sonidos a su alrededor; el frufrú de las hojas de los árboles, el murmullo del viento, sus entrecortados jadeos… todo, excepto los sonidos que realmente quería oír.
—¡Joder! —soltó, y en su mente estallaron varias maldiciones que quería decir en voz alta. Frunciendo la boca, reaccionó rápido y volvió a hacer lo que había querido hacer desde el principio, es decir, agarrar a Naruto y llevarlo hacia algún lugar seguro.
Con cautela, intentando no forzar su espalda o hacer movimientos bruscos, pasó los brazos por debajo de los hombros del chico, y procedió a arrastrarlo. Siguió tirando de él hasta colocarse bajo un sauce llorón, apoyándose en el tronco y con el cuerpo de Naruto a su lado, desmadejado, con sus extremidades dobladas en un ángulo antinatural y su faz terriblemente tranquila.
Sasuke sintió como una creciente ira empezaba instalarse dentro de él. Lo cogió por los hombros y empezó a sacudirlo, viendo como su cabeza se bamboleaba de un lado a otro en cada movimiento, provocándole una especie de repulsión la baba amarilla que seguía cayendo, muy lentamente, de su boca. Lo dejó caer en el suelo, asqueado, y fijó la vista en cualquier otra parte, la que sea. Pero ya había visto suficiente.
Naruto tenía los ojos azules abiertos, y la herida de la frente milagrosamente se había vuelto a abrir—no, se corrigió Sasuke, porque nunca se había cerrado. De ella salía y se desparramaba a través de la cara de Naruto una abundante cantidad de sangre, más que la última vez, pensó, en la que no recordaba haberse manchado.
"Aunque si lo pensamos bien, dado que me había desmayado, y que cuando me desperté llevaba otra ropa puesta, no puedo estar seguro de ello. ¿Y qué había dicho Naruto? ¡Ah, sí! Tu ropa estaba muy sucia y llena de barro. ¿Se refería también a la sangre? Me pregunto donde la pondría… Era a Itachi a quien le tocaba la colada esta semana. Aunque supongo que si hubiera encontrado una camiseta mía completamente bañada en sangre me lo habría mencionado por lo menos…"
Un chasquido interrumpió sus cavilaciones, y Sasuke pasó a estado de alerta. Contuvo el aliento, y durante unos segundos lo único que pudo escuchar fue a su corazón latiendo rápidamente, cuando de pronto una potente luz le dio de lleno en los ojos, cegándolo momentáneamente. Alzó la mano para taparse los ojos al mismo tiempo que en algún lugar oía una exclamación ahogada.
—¡Dios mío, Yousuke! —gritó una voz masculina, bastante asustada—. ¡Llama a una ambulancia!
—¿Qué ocurre? —preguntó otra voz, algo más lejana.
—¡Aquí hay dos chicos, creo que uno de ellos está muerto!
—¡¿Qué?!
Sasuke sintió como una mano ajena le tocaba el rostro y el pecho, comprobando que todo estuviera en su lugar. La apartó con brusquedad, poniéndose de pie con dificultad, y mirando asustado a los dos hombres, uno muy cerca de él, observándolo con preocupación, y otro haciendo grandes aspavientos mientras conversaba con alguien al otro lado del teléfono. Entonces Sasuke comenzó a entrar en pánico. Su mente colapsó, y lo único que podía pensar era: "Oh Dios, joder. Mierda, mierda…"
—¿Estás bien, chico? —preguntó el hombre, pero Sasuke siguió sin hacerle caso.
Ya no había nada que hacer, estaba muerto. Lo iban a acusar de asesinato, iría a la cárcel… ¿Por qué no podía ocurrir esto cuando tenía catorce años? Así solamente iría al reformatorio. ¿Le permitirían visitas? Seguro que Itachi no querría saber nada más de él. Normal, ¿quién querría a un adolescente homicida y potencialmente peligroso como hermano? ¿Y sus amigos? Fingirían que no lo habían conocido, harían como si él nunca hubiera existido. ¿Tan patética había sido su vida, que cuando desapareciera nadie lloraría por él? No había sido una buena persona; puede que no se metiera con los más débiles que él, pero nunca había hecho nada por evitar que otros, como Suigetsu, lo hicieran. Ya está, se acabó, se dijo, me meterán entre rejas, matarán al gato, le quitarán la casa a Itachi, Karin se liará con Suigetsu, habrá un escándalo porque a Juugo le va la zoofilia…
Mientras Sasuke divagaba, el hombre que hablaba por teléfono colgó y se acercó a su amigo, quien miraba con inquietud a un cada vez más pálido Sasuke.
—¿El otro chico está muerto? —preguntó con ansiedad. No quería acercarse a él si lo estaba.
—Sí —respondió su compañero. Lo había comprobado antes, tomándole el pulso en la muñeca, y no lo había encontrado. Además, ¡diablos! había demasiada sangre como para que estuviera vivo. Le preocupaba más el otro chico, quien parecía en estado de shock, con la mirada perdida y las manos temblorosas, apoyado en el árbol, al parecer sin escuchar lo que le decía.
—Llamé a la policía, vendrán aquí enseguida.
—¿Y la ambulancia?
—He pedido dos, aunque no haya mucho que hacer por el otro chico —el otro hombre asintió apesadumbrado, y se giró para mirar por última vez el cuerpo del chico. Y entonces soltó una exclamación ahogada al darse cuenta de que ya no estaba allí.
—¡¿Qué diablos…?!
Su compañero miró en la dirección que su amigo señalaba y se quedó de piedra al ver que el muchacho presuntamente muerto había desparecido. Con las manos torpes, encendió la aplicación de linterna de su móvil y empezó a buscar por los alrededores.
—¿No estaba muerto…? ¡Yousuke, tenemos que encontrarlo, ha perdido demasiada sangre!
Se giró para enfrentar al ya mencionado y lo único que pudo ver antes de caer al suelo fue un puño dirigiéndose a toda velocidad hacia su cara. Cuando su cráneo rebotó en el suelo, distinguió la figura de su amigo roncando a unos cuantos pasos de él antes de sumirse en la inconsciencia.
Naruto miró con asombro su mano izquierda, la que había utilizado para dejar K.O. a los dos hombres. No sabía que tenía tanta fuerza, debía de ser una de las ventajas de estar muerto, pensó.
Con decisión, le pegó una suave -o eso pensó- bofetada a Sasuke en la cara, y observó con satisfacción como éste se agarraba la mejilla encendida asombrado y parpadeaba estúpidamente un par de veces antes de despertar.
—¿Qué…? —preguntó inseguro, sin saber muy bien qué había pasado. Naruto lo interrumpió antes de que su mente se organizase y empezara a cooperar con su boca para enviar al exterior las múltiples protestas que pugnaban por salir de su cerebro. La más importante "¿Por qué cojones no te habías levantado antes?"
—Tenemos que largarnos, esos tíos han llamado a la pasma, y será mejor que cuando lleguen nosotros estemos muy lejos de aquí —justo cuando acabó de pronunciar esa frase fue cuando Sasuke finalmente tomó conciencia de su alrededor y se fijó en los dos hombres tirados en el suelo, inconscientes. Ahora fue a él a quién le tocó boquear de la indignación, mirando a Naruto blanco de la impresión.
—¡¿Pero qué has hecho?! —chilló de una manera muy poco masculina, aunque, por supuesto, nunca lo reconocería en voz alta, no señor—. ¡Los has matado!
Naruto puso los ojos en blanco.
—Claro que no. Ahora muévete.
Sasuke lo miró ceñudo, y entonces se acercó al individuo desparramado en el suelo más cercano a él, le arrancó de las manos el móvil iluminado que aun llevaba en las manos y se lo metió en el bolsillo.
—¿Qué? —le espetó a Naruto, defendiéndose de la mirada de reprobación que le enviaba—. Si Itachi se entera de que he perdido el móvil me matará. Además, ¿quién eres tú para dar clases de moral?
—Está bien, lo que tú digas, pero muévete YA.
Y lo agarró del brazo tal y como había hecho Sasuke con él anteriormente y procedió a arrastrarlo, lo cual era muy difícil cuando parecía que tu compañero había perdido la total coordinación de sus extremidades inferiores, chocando contra toda rama y toda raíz que encontraban en su camino. Era extraño, pensó, normalmente era a él a quien le sucedían esa clase de cosas.
Luego de bastante rato, Naruto se detuvo y tuvo que reconocer interiormente que se había perdido irrevocablemente. Joder, ¡nunca saldrían de ese puñetero parque!
Soltó un suspiro desganado y se giró hacia Sasuke, quien se frotaba la nuca con gesto incómodo. El chico lo miró interrogante. Naruto volvió a suspirar.
—¿Por dónde está la salida?
Por más que lo intentó, no pudo ignorar la ligera sonrisa de superioridad y mofa que se dibujó en el semblante de su compañero de desventuras al oír su pregunta. Sin embargo, Naruto optó por morderse la lengua y quedarse callado, para no comenzar una nueva discusión.
Sasuke forzó la vista en la oscuridad hasta distinguir una débil y lejana luz, y sonrió. Con cautela, intentando no mover mucho la espalda o la cabeza, le señaló a Naruto la dirección y empezó a caminar. Naruto se reprendió mentalmente por ser tan estúpido, aunque ello no fuera, en realidad, una novedad. Cuando alcanzaron el camino bordeado de farolas, ambos soltaron al unísono un gran suspiro de alivio, sintiendo que esa noche había sido ya innecesariamente larga.
Y también al mismo tiempo se dispusieron a caminar, solo que cada uno en una dirección contraria. Se miraron y Sasuke enarcó una ceja, mientras que Naruto se mostraba confundido.
—¿Adónde vas? —preguntó Sasuke—. Mi casa está por ahí —dijo señalando con el dedo el camino que quería tomar.
—¿Qué? —soltó Naruto rápidamente—. No vamos a tu casa, vamos a la mía.
—No, claro que no —le espetó el moreno—. Vamos a mi casa, y mañana por la mañana llamaremos a la policía.
Naruto retrocedió unos pasos.
—No puedes hablar en serio.
—Por supuesto que lo hago.
—Pero… ¿acaso sabes lo que me harán si me encuentran?
—¿Acaso lo sabes tú?
Naruto frunció la boca, disgustado, y una serie de arrugas de preocupación se mostraron en su frente. Sasuke en cambio, tenía un semblante sereno, con las emociones bullendo bajo la superficie. Los dos chicos se enfrentaron en un duelo de miradas, en el que ninguno ganó. El rubio trató de razonar con el otro chico.
—Sasuke… tenemos que ir a ver a mi padre.
—¿Tenemos? —inquirió sardónicamente.
Naruto ignoró la bulla punzante del otro y continuó.
—Ese hombre del cabello plateado, el que discutía con mi asesino —la palabra aún se le antojaba extraña a sus oídos. Asesino… parecía tan… irrevocable—, trabaja para mi padre. ¿No lo comprendes? ¡Él está en peligro!
Lo único que consiguió con esta declaración fue que Sasuke desviara la mirada, pero no parecía que hubiera cambiado de opinión. Naruto notó como un nudo se le formaba en el estómago y se le secaba la boca, al comprender que iba a estar en esto solo, que no tendría a nadie para ayudarlo…
—Lo único que sé —susurró Sasuke—, es que un grupo de maniáticos peligrosos van detrás de tu cuerpo por alguna extraña razón, y yo no… —se sintió temblar ante lo que iba a decir—, y yo no quiero tener nada que ver con eso.
El rostro de Naruto se volvió hermético, y Sasuke experimentó como una enorme ola de culpa y vergüenza se abatían sobre él, pero no flaqueó. No podía permitir que le pasase nada, ¿qué pasaría con Itachi si algo malo le sucedía a él? Había visto la forma en la que lo miraba a veces, como si fuera algo frágil, que se pudiera romper en cualquier momento. Y sin embargo, no era él quien sufría ese riesgo.
—Lo entiendo —murmuró más bien para sí Naruto—. Es pedirte demasiado, nos acabamos de conocer. Es increíble incluso que me hayas seguido hasta aquí —soltó una suave risotada amarga. Sasuke se estremeció, pero siguió sin mirarlo a los ojos. El rubio parpadeó para que las lágrimas no derramadas siguieran donde estaban y en silenciosos pasos comenzó a andar, sin despedirse.
Sasuke lo imitó, tomando el camino que conducía a su casa. La brisa le agitó el cabello, y él soltó el aire que no sabía que había estado conteniendo. Fue entonces cuando se decidió y echó una breve mirada hacia atrás, pero la figura de Naruto hacía tiempo que había dejado de verse.
Y Sasuke pensó que sí, realmente había sido una noche muy larga.
¡TADAAA! ¡Fin del capítulo!
Ahora voy a responder a un comentario de una chica que no tiene cuenta, así que no le he podido responder antes:
Suzu: Sí, Naruto es realmente un zombie, y no, no le va a entrar hambre xDD. Personalmente yo nunca he entendido eso del hambre de los zombies y por qué tiene que ser carne humana. Es decir, sí, vale, hay gente que tiene mucha... eh... carne, pero normalmente los seres humanos suelen ser todo huesos, con poca cosa que comer. Hay muchos animales mucho más apetitosos, como... ciervos, alces, osos, conejos... Y para los zombies de ciudad existen las carnicerías, que son como un buffet libre, ¿no?
Creo que me he desviado un poco del tema xDD
Ya sé que ahora todo está un poco confuso, pero ya se irá aclarando todo a medida que avance la historia, no os preocupéis.
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