Capítulo 10. Cicatrices familiares.
—Talvi… ¡¿Qué demonios ha pasado?! —le preguntó Raven a la finlandesa.
—Pregúntale a Anushka, que seguro entiende todo esto mejor que yo —respondió Talvi—. Vi la sangre en la zorra ésta, pero ahora está intacta. Ni yo me explico eso. (NC: Pos imagina como estamos las demás.)
Alison aún seguía en shock, aunque físicamente estaba perfecta. Sus amigas la habían llevado a su habitación para hacerla reaccionar. Nadie sabía bien qué le había pasado. Sólo Anushka. El rumor de que la rusa agredió a Alison se extendió como la pólvora por la torre de Gryffindor. Y minutos más tarde, por casi todo el colegio. Y en una hora, Anushka se había convertido en una heroína para la gran mayoría de las chicas del colegio y en una satánica para una considerable, pero no tan grande, parte de los chicos. Y aunque muchos la buscaban, unos para pedirle un autógrafo o besarle los pies y otros para quemarla o clavarle una estaca en el corazón, nadie la encontró.
En la Sala Común de Gryffindor había tantos alumnos que casi no cabían todos en ella. Todos alborotaban, se comunicaban a gritos, reían, saltaban… Pero todos hablaban de lo mismo. El estado de Alison, el comportamiento de Anushka y la herida desaparecida. Remus estaba sentado en una esquina. Se le daba muy bien eso de pasar desapercibido. Escuchaba las conversaciones ajenas para enterarse bien de lo que había hecho Anushka.
—¿Pero tú estabas aquí cuando lo hizo? —preguntó Charlie Davidson a una chica de su curso.
—No, a mí me lo contaron…
—Le hizo un corte a Zegers —explicó Daphne Nishimura con un tono que sonaba ligeramente a impaciencia—. Y luego el susodicho corte ya no estaba ahí. No me extraña que le tenga miedo. El problema es que no encuentro a Anushka para expresarle mi admiración.
—¿Expresar? ¿Tú? —repitió Charlie burlón—. ¿La señorita carámbano?
La señorita carámbano le dirigió una mirada indefinible, se puso en pie e hizo ademán de abandonar la sala común (NC: Uy, hay ahí tema). Pero antes hizo un comentario sobre que si ella era un carámbano, Talvi era un iceberg, y después se paró delante de Remus.
—¿Tu curiosidad está satisfecha? —preguntó sin demostrar ninguna curiosidad por su parte.
—¿Qué curiosidad? —preguntó Remus en tono inocente.
—Lupin. Eres un Merodeador. No esperes que te crea esa cara de inocente —respondió Daphne fríamente—. Suelo notar cuando alguien me mira o me escucha.
—Ah, ya veo.
La pelirroja de ojos lavanda salió de la sala común sin mirar nada ni a nadie (NC: Perceptiva la niña).
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—Merlín, esa chica cada día me asusta más —le dijo James a Sirius.
Ambos se habían refugiado en su habitación, porque la más de la mitad de los alumnos de Gryffindor habían ido a ellos a preguntarles sobre Anushka, abogando que últimamente pasaban gran parte del tiempo con sus amigos y con ella. Sirius comprendió por un momento cómo se pudieron sentir Raven y Yeye. Aunque el arrepentimiento no les duró mucho.
—Bueno, si te soy franco, yo hubiese aplaudido eso del corte —admitió Sirius con una sonrisa—. Estoy dispuesto a pagarle un psicólogo profesional con tal de que se anime y repita esa escena.
—¡Ya podrías pagar el psicólogo para Remus, ¿no?! —se enfadó Potter.
—Venga, no te pongas así, era una broma… Y, ahora que lo pienso, se nos escapó con el alboroto de Zegers.
—Eso seguro que se lo contagió Maycov, igual que la depre —dijo James.
—Ya… ¡Vamos a buscar a Talvi… digo, Nieminen y los demás! —propuso Sirius levantándose de golpe—. ¡Y vamos a buscar a Maycov y Remus! ¡¡No es posible que se nos escapen con tanta facilidad!!
—Vale, hijo, pero no te alteres. Vamos.
Los dos animagos salieron corriendo de su habitación hasta llegar a la de Raven y Yeye. Pero en su corta carrera, varios próximos redactores de El Profeta comenzaron a atosigarlos a preguntas. Peor se pusieron violentos, y comenzaban a gritar, a empujar, a zarandear…
—¡¡¡LITHGOW!!! —gritó James golpeando la puerta de la habitación mientras él era golpeado por una chica de tercero que quería saber dónde estaba Anushka.
—¡¡¡DALTON!!! —gritó Sirius, al que otro chico comenzaba zarandear—. ¡¡¡ANGELIUM!!! ¡¡QUE ALGUIEN NOS ABRA!!
La puerta se abrió de golpe y Raven los empujó a los dos hacia adentro, dejando a todo curioso fuera.
—¡Es que ya no se puede estar a solas ni cinco minutos! —bufó.
—Pero si no estás solo —matizó Sirius con fingida inocencia, mirando a Yeye, que estaba en su cama leyendo.
Raven sólo le soltó un bufido de los de Talvi.
—Mira que eres —le reprochó Yeye a Sirius.
—Mira que soy ¿qué? —preguntó Black un poco molesto.
Yeye se lo pensó.
—No lo sé —admitió al final—. Pero sea lo que sea, lo eres.
—Un plasta —gruñó Raven.
—Eso sirve —aceptó su novio con una dulce sonrisa.
Entonces fue Sirius el que gruñó, de una forma muy parecida a como lo haría un perro.
—¡Bueno! Habrá que esperar a que se cansen todos ésos, pero después tenemos que encontrar a Remus y a Maycov —dijo James sentándose en la cama junto a Yeye—. ¿Qué lees?
—Como gustéis —respondió el metamorfomago sin levantar la vista—. ¿Para qué quieres buscar a Anu y a Remus?
—Para decirles lo que dijo el profesor Dumbledore…
—¡Ay, es verdad! —Yeye marcó la página y dejó el libro a un lado—. ¿Dijo algo importante después de que nosotros nos fuéramos?
—Dijo que Remus y Maycov podrían ayudar a organizar la fiesta si quieren. Que eso podría subirles la moral —resumió Sirius.
—Qué optimismo —bufó Raven.
—¿Y vosotros dos arreglasteis lo vuestro? —preguntó el moreno de ojos grises con curiosidad.
—No había nada que arreglar —repuso el pelirrojo encogiéndose de hombros.
—Pero si os vimos en pleno momento cursi… —abogó Sirius.
—Aye, me di cuenta, pero me refiero a que el problema no está entre nosotros dos. ¡El problema es Bloodworth! —replicó Raven fieramente.
—Chicos, mejor dejamos este tema —dijo James viendo que Yeye parecía incómodo—. ¿Vamos ahora a buscar a los demás? Y por cierto, Sirius, ¿por qué de repente te ha dado por llamar a Nieminen por su nombre?
—Eh, pues sí, mejor vamos a buscar a los demás —Sirius fingió demencia.
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La estaban buscando, lo sabía. Anushka rió para sí misma. ¿Cómo podían ser tan estúpidos que nadie iba a buscarla al lago Negro, si sabían que a ella tanto le gustaba? Pero comenzaba a cansarse. Le ardía la mejilla, pero se había dejado la varita en el dormitorio y no podría ir a la enfermería sin que la acosaran algunos alumnos. El ruido de unos zapatos aplastando la hierba al caminar llamaron su atención. Se giró sin ponerse en pie y descubrió a Remus a escasos pasos de ella.
—Sabía que estarías aquí —le dijo el licántropo.
—"Pues eres el único con cerebro" —pensó Anushka—. Ah —fue su respuesta antes de devolver su vista al lago.
Remus se sentó junto a Anushka y también miró al lago. Después miró a la chica y reparó en su mejilla manchada de rojo. Se habría limpiado un poco con la manga de su túnica, porque sus finos dedos estaban manchados de sangre seca.
—¿Qué le hiciste a Zegers? —preguntó de golpe.
Anushka sacó de un bolsillo el cuchillo con el que había herido a Alison y se lo tendió a Remus. Él lo cogió y lo observó detenidamente. Su empuñadura tenía pequeños detalles en oro y su filo brillaba de manera sobrenatural.
—Me lo regaló Dimitri —le contó la rusa. Remus hizo una mueca de desagrado y le devolvió el arma a Anushka (NC: Y que se lave las manos… lo de Dimitri podría ser contagioso). Ella hizo caso omiso y la guardó—. Es especial. Tiene la capacidad de cambiar las heridas que produce de cuerpo.
—O sea, que primero cortaste a Zegers y después hiciste que la herida se cambiara a tu cuerpo —teorizó el chico.
—Sí. No hubiese sido muy bonito que me echaran del colegio por dañar a esa zorra. Mis padres no se hubiesen puesto muy felices… Aunque nunca están felices conmigo.
—¿Qué quieres decir con eso?
Anushka lo miró de forma indescifrable antes de contestar.
—Nunca hemos sido una familia muy unida desde que murió mi hermano —confesó.
—¿Tenías un hermano? —preguntó Remus incrédulo.
Ella no contestó y Remus no insistió. Sabía de sobra que si Anushka no quería hablar de algo, no lo haría. Anushka se sorprendió a sí misma con ganas de llorar. No se había dado cuenta que quería llorar desde hacía mucho tiempo. Maldijo mentalmente a muchas personas. A sus padres, a Dimitri, a Remus, a los padres de Dimitri, a sí misma… Decidió parar, dándose cuenta de que de esa forma sólo conseguía sentirse peor.
—No quieres mucho a tu familia, ¿verdad? —preguntó Remus cautelosamente.
Anushka no respondió. Se limitó a arrojar una piedra al lago y quedarse mirando las ondas que había producido.
—Podría entenderlo. Sirius tampoco se lleva bien con la suya —añadió el licántropo.
—No es de buena educación hablar de los problemas familiares ajenos —señaló ella secamente.
—No, tienes razón —admitió él—. Pero como tú tampoco hablas de los tuyos, me da curiosidad.
La rusa mayor lanzó un resoplido al estilo de su mejor amiga.
—¿Quieres que me vaya? —preguntó Remus.
—Te lo agradecería. Necesito estar sola.
Él se encogió de hombros. Al menos esta vez no lo echaba de malas maneras, ni le había hecho marcharse por su dolorosa indiferencia. En aquel momento la veía débil y vulnerable como nunca la había visto.
—Entonces me voy…
Anushka hizo un gesto de despedida con una mano.
Se habría dado de tortas. ¿Por qué le había dicho que se fuera si quería que se quedara?
Volvió a lanzar otra piedra al lago. Su familia y la de Dimitri ya habían vuelto a Rusia. Ya no podría irse con ellos, como el chico le había sugerido. Tampoco quería irse, pero todo resultaría más fácil. No feliz, pero sí fácil. Conviviría a diario con Dimitri, se olvidaría de aquel condenado Remus, perdería a sus amigos, volverían las peleas con su familia, recordaría a su hermano en cada detalle de su casa en Rusia y se sentiría terriblemente miserable hasta el punto que no aguantaría y se terminaría suicidando. Sí, una vida maravillosa, definitivamente.
Lanzó otra piedra. Después se giró para buscar a Remus con la mirada. El chico estaba más cerca del castillo que de ella. Y se permitió el lujo de comenzar a llorar. Recordó que Raven le había dicho que era débil. ¡Qué razón tenía el chico! ¿Por qué si no estaría llorando como estúpida en esos momentos? Soltó un sollozo. Buscó más piedras para lanzar al lago, pero ya no había. Se puso en pie y caminó hasta otro sitio donde sí había piedras, se sentó y siguió lanzando. A cada piedra sus sollozos se volvían más altos. Imaginó por un momento que Remus regresaba y la consolaba. Volvió a la realidad casi instantáneamente. Estaba comprometida y no podía enamorarse de alguien que no fuese Dimitri. Apoyó la cabeza en sus rodillas flexionadas y cerró los ojos.
—¿Pensando en Lupin? —preguntó una voz tenue a sus espaldas.
—¿Qué haces aquí? —preguntó Anu con voz apagada.
Talvi se sentó junto a ella.
—Lo que hacen los amigos. Ofrecerte mi apoyo. Intenté hacerlo telepáticamente, pero me salía una voz que decía: La persona con la que intenta comunicarse no se encuentra disponible en estos momentos, inténtelo más tarde.
La chica de ojos rojos parpadeó.
—Bueno, vale, ni siquiera salía la voz. Sólo intentaba animarte, aunque ya veo que hacer chistes no es lo mío…
—No, eres tan amargada como yo —susurró Anushka.
—Pamplinas —gruñó Talvi—. Que estemos en situaciones parecidas a mí no me hace amargada. Yo no me he enamorado de uno que no es Bioy.
—De hecho, tampoco te has enamorado de Bioy —matizó su amiga.
—Ni tengo la esperanza de hacerlo. Pero estamos hablando de tu problema, no de mi prometido…
—Raven tiene razón —musitó Anushka bajando la mirada—. Soy débil.
—¿Raven te dijo eso? —preguntó Talvi en tono de eso-me-lo-perdí. Anushka asintió—. Como siempre, demuestra ser el paradigma del buen tacto…
—Bueno… Yeye dijo una vez que yo era el paradigma de la elegancia… Mírame ahora —suspiró la rusa.
—Primero, con los ojos hinchados como los tienes ahora y lo pálida que llevas la piel últimamente pareces un vampiro —le informó Talvi—, y encima manchada de sangre… Llorar no es lo tuyo. Segundo, no eres débil, porque ya llevas bastantes semanas así y aguantaste lo tuyo. Cualquiera en tu lugar, sin contarnos a Liesl y a mí, hubiese explotado mucho antes.
Entonces Anushka le enseñó una media sonrisa.
—Ególatra —le dijo.
—Es la verdad —Talvi se encogió de hombros—. Ésa es la prueba de que sigues siendo una antártica. Y ahora, vamos al castillo a curarte eso, porque si no te dejará cicatriz y Yeye se pondrá como loco o peor.
Las dos se pusieron en pie y caminaron hacia el castillo, pero a mitad del camino Anushka se paró de golpe.
—¿Y qué haré con los plastas que me persiguen? —le preguntó a su amiga.
—Yo los sujeto y tú los golpeas. Así fijo que entienden —propuso Talvi.
Anushka asintió y ambas siguieron caminando. Anushka miró a Talvi. Admiraba rendidamente a su amiga. Desde que la conoció en primero era su más fiel admiradora. Talvi también estaba comprometida, y a ella ni siquiera parecía importarle, a pesar de que tampoco estaba enamorada de su prometido.
—Siempre sabes qué hacer para hacerme sentir mejor —dijo la rusa.
—Eso es porque tú y yo somos muy parecidas. Pero tú ponme a consolar a Annell o a Lily. Es más probable que las mate de un disgusto…
Anu sonrió. Y Talvi lo consideró un triunfo.
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—¡¡¡REMUS!!!
Yeye se lanzó a abrazar al licántropo, más para que no se escapara que por otra cosa.
—¡Coño, Dalton, qué susto! ¡No vuelvas a hacer eso!
—¡Te estábamos buscando! —informó el metamorfomago sonriendo en plan feliz de la vida.
—Buen trabajo, Dalton —aprobó James, también sonriendo, pero de forma más comedida.
—¡Remus! ¡No puedes escaparte de nosotros así! —Sirius se puso en plan madre protectora, con los brazos en jarras.
—¿Por qué no? —le retó Remus, que no lo consideraba precisamente una madre protectora.
—¡Porque nos tienes muy preocupados! ¡No nos gusta que andes por ahí que pareces un trapo húmedo!
El chico de ojos ambarinos amagó una sonrisa. Sus amigos siempre sabían qué decir para hacerle reír.
—Todavía no entiendo que seas amigo de estos dos locos, Lupin —comentó Raven, apoyado en una pared—. Tú eres más o menos racional…
—Por eso soy su amigo —dijo Remus—. Sin mí, a saber qué harían.
Sirius soltó un bufido ofendido, aunque James sonrió. Remus parecía más animado que los últimos días.
—Bueno, ¿para qué me buscabais? —preguntó Remus intentando quitarse a Yeye de encima.
—Pues mira… El profesor Dumbledore quiere hacer un baile para Navidad, pero será una sorpresa, y necesitaba que un grupo de alumnos le ayudaran, y no sabían a quién elegir, pero Nelly lo escuchó hablando de eso con McGonagall y nos lo contó, y nosotros fuimos corriendo con el profesor Dumbledore y nos ofrecimos, y nos aceptó… Y aquí estamos —relató Yeye.
Los demás lo miraron sorprendidos por la rapidez con la que planeó esa mentira.
—¿Me estás diciendo que Sirius y James se ofrecieron de buenas a primeras a ayudaros a organizar un baile? —preguntó Remus con voz incrédula.
—No —dijo Yeye con una gran sonrisa—. Los llevamos a rastras con nosotros.
Remus suspiró. Eso ya tenía más lógica.
—¿Y sólo nosotros?
—¡No! ¿Qué cosas dices? —preguntó Yeye escandalizado—. ¡Se necesita a una súper estilista como Anu para proyectos tan importantes como éste!
La mirada de Remus ensombreció un poco.
—¿Y tú crees que ella aceptará? —le preguntó pesimista.
Yeye lo miró un momento, igual que Sirius, James y Raven.
—Bueno… Tú aceptas, ¿no? —le preguntó el metamorfomago. Remus tardó un instante en asentir. El ánimo de Yeye volvió a subir como la espuma—. ¡¡Entonces seguro que Talvi convence a Anu!!
—Vale, vale… Pero ahora déjame ir de una buena vez a mi habitación —pidió el licántropo.
Remus desapareció por un pasillo y todos se quedaron en silencio un momento.
—¿Son mis nervios o se está animando? —preguntó por fin Raven.
—Se está animando —confirmó Sirius.
—Habrá hablado con Maycov, supongo —dijo James encogiéndose de hombros.
—¡¡AY!! —saltó de pronto Yeye.
—¿Qué? —preguntaron todos a coro.
—¡¡QUE SI ÉSA ES ANU, QUE ALGUIEN ME MATE!! —gritó, señalando hacia dos chicas que caminaban hacia ellos.
En efecto, eran Anushka y Talvi, que aún no habían pasado por la enfermería, así que Anushka seguía manchada de sangre. Yeye salió corriendo hacia ellas y cayó de rodillas delante de Anushka.
—¡¡¡ANU!!! ¿¡¿¡QUÉ TE HA PASADO!?!? ¿¡¿QUIÉN HA SIDO EL DESTRUCTOR DE BELLEZA CAPAZ DE HABERTE HECHO SEMEJANTE CORTE?!? ¿¡¿¡QUÉ SERÁ DE TU ROSTRO SI ESO TE DEJA CICATRIZ!?!?
—Yeye, tranquilo, ha sido mi culpa —dijo la rusa intentando seguir su camino.
Pero eso no mejoró a Yeye.
—¿¡¿QUÉÉÉÉ?!? —gritó, el pobre estaba fuera de sí.
—Talvi, haz algo —pidió Anushka, que no estaba de humor para casi nada.
La finlandesa dio un paso al frente.
—Yeye, si nos mantienes aquí y no hacemos algo rápido, le quedará una cicatriz enorme y fea —dijo en tono sombrío.
Yeye se puso en pie a una velocidad increíble, cogió a Anushka de un brazo, pasó corriendo al lado de Raven y también lo cogió a él, y así los arrastró a los dos hacia la enfermería. Talvi dudó un poco y los siguió.
—¿Pero para qué necesitaba a Lithgow? —preguntó Sirius cuando los cuatro habían desaparecido.
—Buena pregunta —reconoció James—. Y ahora haz el favor de contestar a la mía.
—¿A cuál? —Sirius volvió a fingir demencia, sabía perfectamente a qué pregunta se refería su amigo.
—No te hagas el tonto —exclamó James impacientemente—. ¿Por qué te ha dado por llamar a Nieminen por su nombre?
Sirius fingió pensarlo.
—No lo sé —dijo al final—. No tengo ni idea —lo cual era mentira.
James lo observó analíticamente.
—Te creeré por esta vez… Ven, vamos a buscar a Ivanov y a Lily. Perdón, a Evans.
La tentación de Sirius de gritar un ¡¡Mira quién habla!! era grande, pero el chico se controló. Fueron a buscar a Annell y a Lily. Aunque buscarlas no era una palabra muy adecuada, porque sabían que estaban escondidas en su habitación de todos los alumnos que quisieran atosigarles a preguntas. Llegaron a la Sala Común de Gryffindor esperando no volver a ser agredidos como antes, pero se sintieron enormemente aliviados al ver que Leickran iba a recibirles.
—¿Guardaespaldas, señores? —preguntó.
—Angelium, cada día de me caes mejor —dijo Sirius al ver que, estando acompañados por Leickran, todos los alumnos los miraban pero no se acercaban.
—A mí ya no me dan tantas ganas de matarte —respondió Leickran con una sonrisa de vampiro.
—Viniendo de ti es todo un cumplido —se burló James.
Llegaron a la habitación de las chicas y llamaron a la puerta. Lily preguntó cautelosamente quién era.
—¿Pero quién esperas que sea, Lily? —preguntó Leickran con impaciencia—. ¿Caperucita Roja?
—En todo caso serías Caperucita Gris —se burló Annell desde dentro de la habitación.
—Déjate de estupideces y abre la puerta o la tiro —amenazó el chico.
—Vale, vale, está confirmado que eres tú y no alguien con tu voz —gruñó la rusa mientras abría la puerta.
—¿Os escondéis de los demás alumnos? —preguntó James una vez dentro.
—¿Nosotras? ¡No! —respondió Lily sarcásticamente—. Lo que pasa es que queremos ver cómo viven los agorafóbicos.
—Ah. ¿Y cómo viven? —inquirió el buscador siguiéndole la broma.
—Aburridos de la existencia —contestó Liesl, que también se encontraba en la habitación pero pasaba de las pelirrojas.
Sirius se rió.
—Vaya, nadie diría que te gusta leer —observó mirando el libro que la austriaca tenía sobre las rodillas—. ¿Cuál es?
—Fahrenheit 451.
—Ah. No lo he leído.
—Si te portas bien, a lo mejor te lo presto.
—Uy, si te portas bien —se burló James—. No conocía esa faceta tuya de madre (NC: Qué miedo, durante un segundo, me he imaginado a Liesl con un hijo… Aún tengo escalofríos. ¡Pobre criatura! NH: No te preocupes. Por suerte para la criatura, Liesl es anti-niños).
Liesl lo miró, aquel día tenía los ojos cobrizos y mechas dos tonos más claras en el pelo, que continuaba dorado y lo llevaba peinado de una forma bastante sui generis (NH: Como Ito Kenichi, uno de los integrantes del grupo de j-pop Iceman).
—No es de madre —aclaró—. Es de supervivencia.
Leickran le dedicó a Sirius una sonrisa con más dientes que amistad.
Poco rato después escucharon un gran alboroto abajo, en la sala común. El alboroto venía con chillidos, sollozos muy sonoros, pataleos, gritos y llantos. Todos comprendieron sin muchos problemas que era Yeye en un ataque de histeria a grandes niveles.
—¿Qué habrá pasado? —le preguntó Annell a Lily y Liesl.
—A Maycov le habrá quedado cicatriz —respondió Sirius encogiéndose de hombros.
—¿Cicatriz? —preguntaron los dos locos psicópatas germanohablantes y las dos pelirrojas noveleras.
—Sí, tenía un corte en la cara cuando la vimos —dijo James.
Cuando escucharon un cristal romperse en la sala común decidieron que tal vez Talvi y Raven necesitaran ayuda para controlar a Yeye, así que bajaron corriendo. En las escaleras pudieron ver a Yeye revolcándose en el suelo, gritando a pleno pulmón, con Talvi y Raven intentando calmarlo mientras Anushka era rodeada por un grupo de varios alumnos.
—Yeye… tranquilízate —pedía Talvi cuando su paciencia comenzaba a caer en números rojos.
—Aye, tranquilo… Seguro que… con un poco de maquillaje no se le notará —le dijo Raven.
—¿¡¿¡MAQUILLAJE!?!? ¿¡¡¿SOBRE ESA ENORME CICATRIZ?!!? ¡¡RAVE!! ¡¡¡PERO SI ES ENORME!!! —sollozó el metamorfomago.
Liesl bajó a ayudar a Raven y Talvi, mientras que Lily intentó atravesar la barrera de alumnos para llegar a Anushka e inspeccionar su rostro. Esperaba encontrar una grotesca cicatriz oscura, por el drama que estaba montando Yeye, pero resultó ser una fina línea un poco más clara que la piel de Anushka que sólo se podía ver de cerca.
—¿Estás bien? —le preguntó a su amiga en voz alta, haciéndose oír por encima de las preguntas de los alumnos y los gritos de Yeye.
Anushka sólo asintió. Dirigió una mirada gélida a los alumnos, que instintivamente se apartaron. Todos menos una. Daphne miraba a Anushka con serenidad. La rusa enarcó una ceja mientras miraba a la menor con cierto aire de curiosidad.
—Sólo quería expresarte mi más rendida admiración —le dijo Daphne—. Según me han dicho, Zegers sigue en su habitación y no quiere salir.
—Gracias —le dijo Anushka, aunque en su voz había un rastro de suficiencia.
Daphne respondió con una inclinación de cabeza y dejó pasar a Anushka. La rusa subió a su habitación y se encerró. Después nadie volvió a saber de ella hasta la cena, pero el asunto que más preocupó fue Yeye, que parecía haber quedado profundamente marcado por el asunto de la cicatriz. Lo que molestó a Raven fue que poco después ahí estaba Kali, consolando a Yeye.
—Joderme, ¡eso es lo que hace! —le dijo Raven a Liesl en voz baja.
—Tranquilo, Rave. El teñido número dos no es rival para ti —respondió la austriaca despreocupadamente.
—¿El teñido número dos? —repitió Leickran, que estaba cerca.
—Sí: Kali. El número uno eres tú.
—¡¡¡QUE NO SOY TEÑIDO, MALDITA SEA!!!
—Vale, no eres teñido. Pero deberías serlo —dijo la metamorfomaga tranquilamente—. El gris es un color muy mediocre, te recomiendo que te tiñas de blanco. Así, si te llaman teñido, al menos responderán a la verdad… Aunque no creo que te quede mucho mejor ese color que el que ya tienes…
Leickran maldijo por lo bajo. Ni él podía aguantar a Liesl cuando se ponía sarcástica (NH: O sea, casi siempre).
Raven, mientras tanto, había apartado a Kali de Yeye con muy malas formas (léase: a empujones) y se dedicaba a consolarlo personalmente. Yeye estaba bastante cómodo con la cabeza apoyada en el hombro del pelirrojo, mientras Kali dedicaba a ambos miradas entre triunfales y dolidas. Lo primero porque Raven cada vez ocultaba menos sus celos y lo segundo porque había vuelto a ganarle a Yeye…
—Deberías dejarlo ya —suspiró Annell cansada.
—¿Y renunciar a Yeye? —preguntó Kali como si la sola idea le diera asco—. ¿Estás loca o qué? No pienso hacer eso.
—No me hables con ese tono —exigió la rusa agriamente—. Primero, no tienes oportunidad con Yeye, él no siente nada por ti. Segundo, Raven te supera en tamaño, en atractivo y en fuerza, no puedes con él. Tercero, soy la única que escucha tus dramas, por lo menos de buena gana, así que hazme el favor de hablarme bien.
Se puso en pie y se fue. Kali miró sorprendido cómo Annell se marchaba. Ella nunca le había hablado de aquella forma, siempre había sido paciente y amable. Pero no sólo Kali se dio cuenta. Leickran contempló y escuchó divertido cómo Annell le dejaba las cosas claras al Caído. Después decidió desahogarse por lo del pelo con Kali.
—Vaya, vaya, vaya —dijo mientras se sentaba al lado del chico—, veo que has hecho enfadar a la única que te soporta.
—¿Y tú qué sabrás? —escupió Kali.
—Bueno, llevo con ella cinco años… Más que tú seguro que sí sé —respondió el alemán mientras se encogía de hombros.
—Ella no es la única que me soporta…
—Si me vas a decir que Yeye también, ahorrate las palabras. Yo más bien diría que le das lástima. Si no… ¿Por qué crees que no le importó que Raven te echara a empujones?
Kali se giró bruscamente hacia Leickran con cara de asesino, pero el loco psicópata germanohablante incluso sonrió. Sí, efectivamente, se había desahogado. Se puso en pie con una sonrisa cruel en los labios.
—Piensa en lo que te acabo de decir —dijo—. Ya verás cómo tengo razón. Ah, y una cosa más…
Sutilmente pasó su mano por el cabello de Kali. Después ya no fue tan sutil, cuando tiró del pelo del chico y le murmuró al oído:
—Aprende a respetar a mis amigos… No me gustaría tener que enseñarte a hacerlo.
Y también se alejó, con toda la tranquilidad del mundo.
Notas de Haku:
¿Mencioné alguna vez que me encanta Leickran? Lo sé, soy una sádica… Pero qué queréis, es que Kali se lo merece, es un capullo. ¡Y punto! (También me encanta XD)
Y sí, la daga de Anu también me encanta. Y también, Talvi está prometida. Por cierto, dato curioso: Bioy Niiranen, el prometido de la susodicha, es su eterno enamorado. En todos los fics en los que aparece está enamorado de ella. Hay que ser ciego para enamorarse de Talvi, pero bueno… Dato curioso: Bioy, en efecto, "es" ciego.
Notas de Annell:
¡Pues yo sigo pensando que Kali no lo merece! - ¡No es un capullo, es un caprichoso! (Venga, ni yo me creo eso)
Y la daga de Anu aparece en otros fics, pero no con ese maravilloso poder de cambiar las heridas de cuerpo xD Por cierto, ¿se han dado cuenta de que es la primera vez en todo el fic que Annell se enfada de verdad?… ¿Qué tan cansino puede ser mi Caído favorito?
Notas conjuntas:
¿Veis? Ya han llamado teñido a Kali… Tardaban bastante.
Dejad reviews o mandamos a los dos locos psicópatas germanohablantes para asustaros con sus ojos azules (NC: Y la rata aparecerá en vuestras camas para cantaros "El Tamborilero" NH: No, por favor. Save the music!).
Extraños saludos. Portaos mal y pensad peor, que es muy divertido, y comed bichos porque luego ellos os comerán a vosotros xP (total, son proteína pura).
Se despiden Annell y Haku, los Ángeles de Oscuridad.
