+_CONFLICTOS_+

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Capítulo XVII. Sentencia.

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Capítulo final, sí no se me hubiera ocurrido hacer un epílogo.

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Advertencias: Demasiado drama. Lemon. Slash.

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Disclaimer: este anime no me pertenece ni los personajes, son de Temari Matsumoto y Tomo Takabayashi, sólo uso de ellos para mis locas ideas, por lo tanto no recibiré ningún benéfico de esto, sólo ver a mi lindo Wólfram feliz con Yuuri.

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Agradecimientos a: mininahermosa29, Jannie, Lauvirgo y a los lectores anónimos.

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En capítulos anteriores:

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-Es suficiente Frank, es hora que detengamos esto –trató de razonar el desconocido.

-¡¿Qué crees que haces, Víctor?! –escupió con rabia. Repentinamente su deseo odio aumentaba contra el hombre al que horas antes declaraba amar. Arrancó su mano del agarre del otro y se alejó. La interrupción de dos personas más mantuvo el silencio por unos minutos. Todos se miraron las caras en busca de una respuesta.

-Creo que es momento de aclarar todo esto –el chico pelinegro de lentes se abrió camino entre Conrad y Yuuri mientras que el siempre sonriente Saralegui se mantuvo en la entrada del lugar. Los ojos de Frank miraron a los recién llegados y luego a su fiel compañero. -¿Víctor? –interrogó al menor.

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Yuuri observó anonadado el cambio de atmósfera. -¿Qué significa esto? ¿Por qué sabes eso? ¿Saralegui? –volvió sus ojos a la pequeña figura del rey de Pequeño Shimaron que permanecía a unos metros de su posición.

-Es porque esto es una broma mal jugada entre Saralegui y el Rey de Gran Shimaron –terminó la frase el Gran Sabio.

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-¡Maldito traidor! –gritó empalando su espada contra su pecho, no se movió, tal vez porque no lo vio venir o tal vez porque creyó que se detendría. A penas pudo jadear en respuesta, porque el dolor y el repentino mareo estaban amenazando con dañar su intento de hacer entrar en razón a su desquiciado amante. La sangre escurrió de la herida a una velocidad increíble mientras caía por la espada, bañando la hoja y las manos de Frank, y luego salpicaba poco a poco la tierra húmeda. Los ojos de Frank observaron como la vida de aquel que tanto amaba se escaba por la herida que había ocasionada momentos atrás. No lo había pensado, se había movido por rabia y el sentimiento de haberse visto traicionado. Ahora simplemente su mente quedaba en blanco, cualquier otra emoción destructiva simplemente se había ido. El temblor en la mandíbula y la sorpresa ajena por su ataque quedaron grabados con fuego en su memoria. Se alejó nervioso evitando la mano fría de Víctor que apenas tenía la fuerza para estirarse. Lo llamaba lastimeramente.

Le dio la espalda a él, a lo único que le quedaba.

-¡Frank! ¡Perdóname! ¡Frank!

Y a pesar de sus gritos balbuceados entre la sangre que se escapaba de su cuerpo, él nunca volvió a mirar atrás.

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OoOoOoOoOo

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Apartó la humedad en sus ojos buscando de alguna manera espantar el cansancio que amenazaba con hacerlo desistir de su objetivo y abandonarse al merecido descanso en su habitación privada. Sin embargo, no podía olvidar que su presencia en esos instantes era más que necesaria. Su mirada vagó con desinterés sobre la figura fuertemente amarrada a la única silla del recinto y que restringida con sellos de magia contra humanos, facilitaba el interrogatorio al comandante de las tropas de Gran Shimaron. La captura no fue muy sencilla como se creyó al principio, pero tal como se había presumido, la línea enemiga estaba incorporando avances en cuanto a táctica militar y tecnología que no podían pasar por alto. Las pocas preguntas que formuló al extraño estaban pensadas en sacar la más valiosa información en poco tiempo, aunque igualmente era precisamente ese factor lo que les ayudaría a quebrar la voluntad del soldado. Nada nuevo había salido de esos labios, que sellados por la lealtad a su Rey no pronunciaron más que insultos y burlas hacia la dignidad de los mazokus.

Presionó con fuerza el puente de la nariz en un vano intento de menguar la creciente ansiedad que todo aquello le producía. No quería a llegar a extremos, pero si así lo requería la situación, sucumbiría nuevamente en las antiguas estrategias de tortura con el fin de sonsacar lo que tanto estaba esperando. Aquel momento era importante, porque pronto tendría que alejarse de su botín y entregarlo al consejo de las diez familias mazokus para que estos con sus alcances y habilidades consiguieran la información. Todos sabían que de alguna manera, sea lo que obtuvieran, pronto se avecinaban tiempos de guerra y que muchas de las naciones humanas caerían. Esta vez no por una diferencia entre razas, sino por la ambición de una en específica para destruir a la otra.

Gisella entró a la oscura y lúgubre habitación olisqueando el aire y haciendo un gesto vago con la mano. Agradecía que entre todos sus soldados ella se mostrara receptiva y capaz de lo que él claramente se negaba a hacer.

-Von Voltaire, Gunter-sama ha solicitado su presencia en la sala de audiciones real –la voz aunque con matiz serio y una expresión fría, cierto tono en su manera de decirlo le hizo sospechar.

-¿Tal mal están las cosas afuera? –suspiró.

-El pueblo y algunos aledaños han escuchado que el líder la rebelión escapó, que Yuuri –heika tomará oficialmente el trono bajo la bendición de Shinou-heika y que se hará un juicio en contra de Wolfram-sama y alguno de sus soldados. Esto último es lo que ha provocado mayor caos entre la población, que amenaza con destruir las mismas murallas del castillo de Shin Makoku si tal ofensa contra su Excelencia no es retirada.

-¿Desde cuándo Wolfram goza de tanta aceptación pública? –gruñó exasperado al notar que no tenía la menor idea por dónde empezar.

-Su campaña política por muchos pueblos y naciones de ambas razas la han encontrado satisfactoria y benéfica, al igual que su forma de pensar para las ambiciones futuras de todos. Es bien conocido que su alianza con el Rey Saralegui de Pequeño Shimaron, no muy bien vista, ha generado sorprendentes cambios en el flujo económico de varias regiones del continente y ha impulsado la investigación como fuente de conocimiento y mejoramiento de muchos aspectos cotidianos y militares.

-No seré quien presida el juicio contra mis hermanos, por el contrario, estoy comprometido de igual forma ante las irregularidades que algunos miembros de la nobleza mazoku señalan como herejía o traición a la corona –abandonó la herramienta entre sus manos, sin tener la convicción para ponerla a trabajar para lo que fue diseñada. La expresión de la mujer se suavizó un poco y antes que el ojiazul pudiera añadir algo más, ella le tocó levemente el hombro en señal de comprensión.

-Yo trataré de obtener la mayor información posible, por favor prepárese para el juicio que se llevará a cabo en la tarde –le sonrió inocentemente –Creo que Wolfram-sama ha despertado de su letargo desde ayer en la noche, aunque no ha querido ver a nadie, excepto a su Santidad. Yuuri-heika está trabajando con mucho esfuerzo para lograr rebajar la pena a su prometido y padrino.

-No será fácil, pero tiene la oportunidad de salvarlos de la horca si puede demostrar que sus acciones fueron valiosas para él y el pueblo –abrió la puerta sin dejar de pensar en todo lo que faltaba por suceder antes que pudiera recostarse en su cama, y dormí sin soñar.

-Espero, Von Voltaire… -se detuvo en seco al notar un deje de nerviosismo –La chica que encontramos muerta en la habitación de Wolfram es la hija de Norman-san. Pensé que debería saberlo, el pobre hombre esta destrozado.

La miró por unos instantes comprobando si había escuchado mal, pero pronto la frase se volvió lo suficientemente clara para unir algunos cabos sueltos que todavía seguía tratando de encontrar –Lo tendré en cuenta, Gisella.

Caminó por los sombríos pasillos de aquella parte olvidada de la gran fortaleza militar y por un instante pensó que todo por lo que alguna vez habían luchado estaba perdiéndose en el fango de la desconfianza y la avaricia. A pesar de todos los problemas externos hacia el reino, las dificultades internas y rivalidades de muchos nobles por arrebatarle a Yuuri el título de Gran señor de los demonios, era demasiado evidente. Hoy no sólo habían logrado consolidar un caso lo suficientemente coherente y con evidencia de la traición de Wolfram y Conrad, también ponían en juicio las decisiones del Maoh como gobernante y su capacidad de entregar justicia aun cuando era muy obvio su compromiso emocional con los involucrados. Sentía una tremenda lástima por el chico, porque sabía que aunque adorara y amara a su hermano pequeño y a su padrino, tendría que decirles adiós. Y se rió del cruel destino, porque su sentido de la justicia y la moral pisoteaban sus propios y egoístas intereses, normales, si le preguntaban, de un adolescente humano.

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El aire enrarecido del lugar y la expresión vacía de su único ocupante terminaron de drenar sus energías. Si bien no era momento de estar feliz, tampoco podía entristecerse por el curso de los acontecimientos. Debía agradecer que su agresor huyó y no intentó aniquilar a su prometido, aunque no podía lamentarlo más por el oscuro destino que había corrido la chica que conoció semanas atrás en el pueblo como Aoi. Su presencia muy seguramente detectada minutos antes de cruzar por la puerta, no pareció incomodar al hombre mayor y herido, y tampoco motivarlo a reaccionar ante él. Se esperaba un comportamiento similar, sí, porque después de ser casi asesinado por la persona que más se ama, el trauma consiguiente debe ser algo con lo cual vivir puede llegar a ser irritante y molesto.

-Puedes irte, he ordenado que un carruaje te recoja por la salida de escape del castillo y te lleve lo más lejos posible, a dónde desees. Nadie te seguirá, nadie sabrá de ti, nadie te vio entrar o hablar con nosotros –terminó, escudriñando cuidadosamente a su interlocutor. Ni una sola arruga surcó la frente del rostro pálido de Víctor -¿Me has escuchado?

-¿Por qué el Maoh decidiría salvarme de una muerte segura y dejarme libre sin ningún tipo de castigo o advertencia?

-Porque sé que has salvado a Wolfram varias veces, y has evitado que su desquiciado plan se tornara en genocidio –le recriminó molesto por ser cuestionado incluso por esa acción –El castigo es más que suficiente, creo que intentar perdonar y comprender la reacción de aquel hombre será una tarea ardua y dolorosa. En cuanto a la advertencia…-dejó que sus ojos se enfocaran con intensidad sobre el mayor y las palabras se formaran en su boca. Víctor, quién permanecía inmóvil en la cama ladeó su rostro para encontrar los ojos del Maoh –No seré indulgente si vuelves a tocar a Wolfram o a hacer algo que sospeche que lo deseas. Es mío. –terminó con la expresión dura y los ojos fríos como el hielo glacial de los polos del continente demoniaco (1). Una pequeña sonrisa se formó en su boca. Aquel chico podía llegar a ser lo suficientemente aterrador y perspicaz.

-¿Él le contó?

-No me contó quién lo hizo, pero por la forma en que hablas de él, creo que no necesito explicaciones –comentó algo enojado.

-Bastante astuto. Sólo fue algo de ese momento, él fue lo suficientemente claro, heika. Créame que esas amenazas fueron más reales para mí que las suyas –se levantó a medias frotándose el costado izquierdo por dónde se asomaban un par de vendas.

-¿Duele?

-No tanto como el corazón –y aunque para cualquiera pudo sonar como algo físico, Yuuri comprendió que decía la verdad del alma.

-Espero que puedas encontrar la felicidad.

-Yo también –finalizó en su susurro sin mover su mirada de la pequeña ventana de aquella habitación improvisada de la planta más alejada del centro de operaciones del castillo de Shin Makoku.

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-Yuuri, ¿él está bien?

-Sólo unas pequeñas lesiones. Gisella le ha permitido trabajar normalmente –explicó Murata al rubio recostado en la cama. Lo observó con detalle. A pesar de haber dormido por varios días, su semblante lucía bien y su apariencia en general no delataba su anterior estado físico –Supongo que no permanecerá en cama hasta que la sesión se anuncie en la tarde.

-No –los ojos verdes pasearon por la gran habitación hasta posarse en la figura de su acompañante. –Gracias, no debió ser sencillo dirigir aquel caos y menos de ocuparse de los cabos sueltos –retiró la sábana que lo cubría. Estaba vestido y arreglado para salir de allí.

-Fue divertido, ¿a dónde vamos? –preguntó ayudando a Wolfram a calzar las botas de cuero que permanecían a un lado del lecho. La postura delicada y los movimientos suaves le daban al roble un aire vulnerable y adorable que llamaron su atención.

-¿Comparte las retorcidas ideas de su monarca? Creo que lo juzgué mal, su Santidad –sonrió encantadoramente con una postura recta frente al otro –Quiero ir al templo, ¿podemos?

-¿Le han practicado alguna transferencia de personalidad? –cuestionó analizando la cara sonriente y el aura extremadamente cálida del mazoku. No cuadraba para nada con el oscuro demonio que estaba detrás de una horrible historia de tragedia y horror.

-Qué grosero, su Santidad. Llámelo estrés, sin esa presión y la búsqueda de venganza calmada no tengo porque recurrir a mis odiosas habilidades –le restó importancia con un gesto vago de su mano -¿Me autorizará hablar con Shinou-heika?

-Sabe perfectamente que con aquel comportamiento puede conseguir cualquier cosa de mí o de cualquier hombre a varios metros a la redonda –se acercó hasta quedar a pocos centímetros del rostro del rubio –La pregunta es ¿qué me dará a cambio? –la sonrisa traviesa que recibió a cambio lo estremeció. Y por eso avanzó. Rozó sus labios sobre lo del otro chico sin preámbulos, la respuesta fue inmediata, aquella cálida cavidad se abría para darle paso a su lengua. Jugueteó con ella un poco hasta romper el beso para bajar por la mandíbula y deslizar una húmeda caricia por el cuello que se exponía ante su toque. Con cuidado abrió la chaqueta del ojiverde y cuando alcanzó la clavícula dedicó su esfuerzo en succionar y morder la prominencia del hueso. Un corto suspiro escapó de los labios hinchados que había besado antes. Entonces satisfecho se alejó para volver a su posición inicial en la silla frente a la cama. Le tomó unos segundos a Wolfram recuperar la compostura, acomodar su ropa y levantar la mirada hacia él –Eso dejará marca, Yuuri se pondrá furioso –bufó algo molesto por el encogimiento de hombros del sabio. Los lentes brillaron y la peculiar mueca de astucia brilló en el rostro del pelinegro.

-Supongo, aunque no puede llamarlo infidelidad de su parte, lo que traduce que alguien entró a hurtadillas nuevamente en su cuarto y estuvo tocando al prometido del Maoh.

-Siempre tan cruel con esas ideas –terminó sin convicción.

Murata tomó con suavidad la mano del rubio insistiéndole a levantarse -¿Está seguro de poder caminar hasta allá?

Una risita divertida escapó del mazoku -¿O qué? ¿Me cargará por todo el castillo hasta alcanzar el templo? –le respondió con sarcasmo, sin embargo, al notar que no era precisamente una broma y que la sugerencia podía ser tenida en cuenta, ignoró la réplica de su acompañante y tiró de él para abandonar su habitación.

Aún tomados de la mano recorrieron los silenciosos pasillos en dirección al templo. La calma sorprendió al mazoku. Había rastros de pisadas por todo el lugar, al perecer las lluvias de invierno estaban a merced del día, pronto la nieve se haría paso por unos meses hasta desaparecer bajo el brillo de la primavera.

-¿Los nobles de los diez familias están aquí? –preguntó indiferente aunque con un leve gesto de miedo en sus facciones.

-Sí. Yuuri y los otros están reunidos –quiso leer la expresión del otro, pero la máscara de frialdad había borrado la agradable reunión de antes.

-Los han interrogado a todos, supongo.

-Sí, el único que falta es usted, aunque no creo que consigan algo más de los acontecimientos de la pasada ceremonia.

-No.

-Lo único a lo que pueden vincularlo es a la suposición que usted dejó entrar al enemigo, visto que sólo usted y Von Christ conocían la clave y los objetos para identificar a los asistentes. No han encontrado el elemento en cuestión y tampoco la carta –Wolfram rodó los ojos hacia su interlocutor. Luego volvió la vista al frente –Pueden acusarlo por interferir con la misión de un soldado encubierto, a lo que declarará como verdadero, pero él no revelará la naturaleza de su entrada a la rebelión o del lazo que poseía con el subcomandante, Víctor.

-Oh, así que mentirá por mí.

-Así es, tal vez. Después de todo no hay declaraciones oficiales o testigos para corroborar esas acusaciones.

-Qué conveniente –señaló sin convicción. Sus pasos continuaban imperturbables por el sendero natural que conducía hacia la colina.

-No parece preocupado por el castigo –manteniendo el ritmo lento y pausando del soldado al subir por la empinada ladera. Tal vez debía preguntar su quería parar, después de todo no quería que algo malo le sucediera antes de la audiencia.

-Sabía que me sucedería su rompía las normas, aunque sea un noble y el prometido del Maoh, la ley no está por encima de mi naturaleza –indicó con solemnidad.

-Yuuri no lo soportará.

-Tendrá que hacerlo. No es un chiquillo que deba ser mimado. Si quiere dirigir deberá ser implacable.

-Eso no suena como él.

Una risita risueña iluminó el rostro del ojiverde. –Tiene razón.

-Él aún está en conversaciones con los demás nobles.

-No servirá de mucho, excepto para salvarnos de la horca.

-Aun así, para él vale la pena intentarlo.

Los siguientes minutos pasaron en silencio mientras acortaban el tramo hasta el elevado muro del templo. En algún momento Murata había brindado apoyo al recién recuperado quién respiraba entrecortadamente, en señal de clara fatiga. Aunque en variadas ocasiones pasó por su cabeza pedirle que se detuvieran, una mirada de advertencia fue suficiente para hacerlo desistir. Las guerreras protectoras del templo vigilaban atentas en sus puestos cada pabellón, habitación, corredores y alrededores de la edificación, así que no fue sorpresa para ellas ver llegar a su Santidad acompañado del noble Von Bielefeld. Ante una señal, las mujeres le permitieron el paso. Ulrike les esperaba en la sala central más al fondo.

-¿Dónde está Conrad? –preguntó deteniéndose un momento para normalizar su respiración y acomodar su ropa.

-Shibuya lo ha acogido como su escolta, a pesar de las propuestas de Von Spitzweg para que fuera encarcelado –sonrió al recordar los acontecimientos –Incluyéndolo a usted –miró al rubio. Este le devolvió la mirada con un gesto de diversión.

-Ese hombre rastrero no aprende. Cree que puede ganarse la confianza de Yuuri cortando la cabeza de su corte.

-Bueno, recaen muchos rumores de sus acciones, aunque el pueblo ha empezado a moverse. No ven con buena cara que vaya a ser juzgado.

Un gruñido fue la respuesta al comentario. Entraron en silencio a la gran habitación. La sacerdotisa hizo una pequeña reverencia a los recién llegados. La conversación al respecto se detuvo mientras observaban la columna de luz detrás de la mujer fluctuar ante los nuevos invitados. –Shinou-heika los ha estado esperando. No sé qué sucedió y está sucediendo en el mundo exterior, pero las inconsistencias en el comportamiento de los espíritus me tienen desconcertada. Se lo informé en su momento a Von Christ y Von Voltaire y esto sólo pareció preocuparlos más, sin embargo, su Santidad, usted por el contrario hizo un gesto de irrelevancia y dejó el asuntó cerrado. Ahora, trae a su Excelencia ante la presencia del antiguo rey Maoh cuando estoy informada que un juicio se llevará a cabo en las siguientes seis horas. ¿Puedo preguntar si todo el caos que ha ocurrido allá afuera fue ocasionado por Shinou-heika? –la explicación y la pregunta no ofreció alguna reacción por parte de los dos hombros. El primero se encogió de hombros mientras el segundo simplemente se acomodó los lentes. Decidió no insistir, ella era una mazoku dedicada a la vida espiritual, y sus acciones estaban impulsadas por la meditación y conversación con las almas. –Los dejaré a solas. Recuerden que el tiempo no un lujo que puedan darse, al menos no usted, su Excelencia. Espero que todo esto se pueda solucionar a su favor, o lamentaré el dolor que le causará a Yuuki-heika.

Ulrike abandonó la instancia en unos pocos segundos. Las puertas se cerraron quedando aislados de cualquier molestia impertinente. Los ojos verdes vagaron por el lugar y luego un enorme bufido escapó de sus labios. Una pequeña risita se escuchó luego, ahora eran tres las personas que ocupaban el lugar. -¿Por qué estás tan enojado, Wolfram? –la voz serena de un hombre mayor resonó por las paredes de mármol del templo.

La figura transparente y sin cuerpo físico se materializó a un lado del noble Bielefeld. Este lo miró de reojo con un puchero asomando por su rostro. –He cumplido con todo el trato, debería ser yo quién reclame por incumplir el tuyo –se detiene cuando observa la aura peligrosa del chico pelinegro -¿Qué?

-No creo que volver a mencionarte las advertencias de entrometerte en este tipo situaciones contribuya a calmar tus graves defectos de manipulación y soberbia –Murata habló con tono serio, algo en su tono lucía enojado.

-No era un juego, no fui yo quien decidió formar todo esto para atrapar un hombre por venganza –sonrió socarronamente.

-Tal vez, pero facilitarme los recursos también lo hace mi cómplice –escupió molesto.

La risa divertida del rubio ojiazul sólo suscitó mayor irritación en el menor.

-¿Qué es tan divertido?

-Yuuri también dijo lo mismo –se secó las lágrimas que salieron de sus ojos intentando no perder la compostura nuevamente.

-¿Vino a verte? –curiosidad brillaban en los ojos verdes.

-Aún sigue aquí –su confesión alertó a los dos chicos que observaron con más atención la sala –Está en otra habitación esperándote, Wolfram.

-¿Por qué estás interfiriendo? Si llegan a enterarse que se vieron antes del juicio…

-Mi querido sabio, fue un favor personal, quien intente levantar una queja puede venir a enfrentarme –pasó sus brazos por la espalda del pelinegro enterrando su cabeza en el cuello y aspirando en el proceso su aroma.

Wólfram carraspeó –Lamento interrumpir el momento, pero quiero saber cuál es la razón por la que le has permitido violar el reglamento, al ser el Maoh deberá respetar no sólo la temporal suspensión de todos mis derechos e incluso de ser visitado por mi prometido, también la decisión que se tome en el tribunal con las cabezas de las diez familias de mazokus.

-No tengo porque responder eso, sólo te diré que me dio los suficientes motivos para dejarlo hacer lo que se le venga en gana –respondió aun sosteniendo entre sus brazos al chico con lentes.

-Eso es tan irresponsable –rebatió molesto.

-No estás en posición moral para decir eso. ¿O acaso has olvidado que el caos que hay actualmente en Shin Makoku es por ti? Formaste una revolución, y eso es lo que estás obteniendo. Las actuales cabezas dirigentes no se quedaran tranquilas hasta que el motivo de todo desaparezca.

Ninguno de los tres hombres mencionó palabra al respecto.

-No hay evidencia que vincule a Wolfram con alguien dentro de la rebelión –señaló el pelinegro separándose forzadamente del firme agarre del rubio. –Aún si deciden que debe ser castigado por ocultar y manipular información la pena de muerte queda fuera de discusión.

-¿Eso es un intento patético de animarlo? –rio el ojiazul volviéndose hacia el altar levemente iluminado por las claras aguas mágicas que eran contenidas en aquella habitación para propósitos de adivinación y clarividencia –Porque no está funcionando ¿Verdad Wolfram?

-No estoy esperando ser perdonado –declaró el rubio ojiverde alejándose del altar y caminado hacia la salida.

-Pero él aún lo espera, me refiero a Shibuya.

-Sigue siendo ingenuo igual que Julia.

-Y usted un pesimista.

-Wolfram –lo llamó un poco más serio -¿Por qué has venido a verme?

La pregunta detuvo los pasos del menor y atrajo la atención del sabio y del ojiazul. Por unos minutos el recinto permaneció en silencio. Al final, un gran suspiró de resignación se escuchó por parte del aludido. Su voz, anteriormente enojada y con una chispa de sarcasmo, se transformó en un hilo apenas perceptible a unos cuantos metros de distancia -¿Podrías reunirme con él, aunque sea en otra vida?

Los ojos azules y negros se abrieron con sorpresa. Murata intentó acercarse a pasos agigantados para sacudir al demonio por el mensaje implícito en aquella pregunta, sin embargo, fue detenido por el mayor. –Sí puedo hacerlo, pero nadie va a morir hoy, Wolfram.

- No importa, sólo quiero asegurarme.

-¡Qué estúpido pensamiento está rondando tu cabeza, Wolfram! Si estás creyendo que Yuuri o alguno de nosotros va a permitir que algo malo te suceda…

-Lo sé. Entonces, espero que pueda asesorarlo de la mejor manera, su Santidad –devolvió una sonrisa a medias –Al menos mejor de lo que ese hombre lo hizo.

-¡Hey!

El ambiente anteriormente tenso se disolvió rápidamente por aquella burla malintencionada.

-Yo cuidaré de él Von Bielefeld, nos veremos pronto –le sonrió de manera tan misteriosa que el mazoku no supo descifrar aquel gesto. Atrás observó la figura revoltosa del antiguo ex Maoh gritándole por su falta de respeto. No respondió a lo último, sería tonto rebatir su futuro incierto. Faltaban unas horas para comenzar el juicio, y aunque las cosas resultaran bien como Murata o incluso Shinou habían mencionado, sabía que su castigo tendría que ser ejemplar para mantener el control del actual sistema político.

Suspiró agotado. Dejando atrás el sentimiento deprimente al formular aquella simple pregunta, caminó presuroso por el pasillo oscuro dejando que la ansiedad se abriera paso por su mente y su cuerpo. La necesidad imperante de verlo y tocarlo se estaba convirtiendo en algo difícil de controlar. Antes había jugado un buen papel de actor ignorando sus propios impulsos y alejando con la más fría expresión a su prometido. Ahora simplemente el vacío de su ausencia y la incertidumbre de lo que le sucedería cuando la condena fuera dictada, eran cuestiones complicadas de soportar. Cuando alcanzó la habitación indicada permaneció inmóvil frente a la puerta petrificado por el miedo. Tantas cosas que aclarar, por las cuales pedir perdón y por hablar, no estaba seguro de poder enfrentar la expresión de enojo, de decepción de su amado. ¿Lo perdonaría? ¿Lo castigaría por su locura? Se mordió el labio y apretó los puños hasta que sus nudillos perdieron el color. Era la primera vez en mucho tiempo que sintió miedo.

¿Qué pasará si me rechaza?

La pregunta que su mente ideó lo descolocó por completo. Antes de poder crearse una película mental, la puerta se abrió y lo tiró al interior sin darle tiempo de balbucear una excusa. Los brazos que lo mantenían atrapado no se retiraron a pesar de estar casi asfixiándolo. Tumbados en el suelo sin haberse dicho una sola palabra lo desconcertó un poco. -¿Yuuri? –preguntó preocupado por la aparente falta de reacción del otro. La respiración varió un poco cuando lo llamó. Pronto los ojos negros del Maoh lo miraban con preocupación.

-¿Estás bien? –la pregunta inocente le sorprendió. Sonrió. Acarició con cariño los cabellos negros. Se acercó lentamente hasta depositar un casto beso sobre los labios entreabiertos.

-Sí. ¿Por qué estás aquí? Yuuri, sabes muy bien que está prohibido vernos antes del juicio.

-No me importa. Estoy enojando ¿sabes? No he podido verte o tocarte desde ese día que caíste inconsciente. Te odio –la mirada seguía fija en él. Sonrió un poco por el comportamiento infantil que su prometido seguía teniendo. Redujo la distancia nuevamente y esta vez sus bocas se encontraron con más calma. Se mantuvieron de la misma manera, sin atreverse a ir más lejos por cuestión de minutos. El calor, la necesidad e incluso, la presencia de los dos solos en esa habitación, era el aliciente perfecto para calmar el caos en su mente. Wolfram se dejó hacer, no porque no deseara aquel encuentro, sino porque la dominante pasión del pelinegro era más que evidente. Poco a poco las prendas fueron cayendo una a una. No con la misma desesperación con la que meses antes lo habrían hecho al estar distanciados. Esta vez, era lento y amoroso.

Demasiado.

Podría apartar al moreno de su cuerpo para sacudirlo por tanta dulzura, pero aunque lo negara, el mismo necesitaba eso. Los besos fueron malintencionadamente empalagosos, las caricias fueron tiernas y suaves, y la humedad que se iba expandiendo por su piel aumentó su temperatura unos grados por encima de lo normal. La poca preparación fue suficiente, porque las mordidas en su cuello, la sensación de fusionarse con la piel del pelinegro y la calidez insertándose entre sus piernas lo trasladaron al paraíso. Se olvidó de todo. Dejó que el placer de las embestidas, el aliente en su oído susurrándose palabras a medias, los gemidos y el calor asfixiante aplastándolo contra la fría superficie nublara su mente racional.

Terminaron agotados respirando entrecortadamente. No se separaron, permanecieron abrazados y sudorosos. Las manos del mazoku acariciaron con cariño los mechones negros sintiendo la seguridad que aquella situación le producía. Yuuri ronroneó ante el contacto, juntándose más a su cuerpo desnudo.

Por fin fue el rubio quién rompió el silencioso momento.

-¿Acaso terminaste de escuchar el final de la historia? –le regañó tirándole las orejas, el aludido simplemente se quejó por el reproche.

-No. Fue aterradora la manera en que Saralegui narraba la historia, creo que sentí más miedo de él –se disculpó con el rubio. La risa despreocupada del mazoku fue música para sus oídos. -¿No crees que deberíamos estar hablando de otras cosas más importantes?

-¿Qué es son más importante otros asuntos, que saber cómo mi prometido terminó en combate con aquel sujeto?

-No estoy refiriéndome a eso.

-Yo sí. Tampoco tengo idea qué cantidad de información reveló su Santidad y cómo aquella chica terminó muerta en mi habitación.

-Wolfram, no evadas el tema –el tono triste fue suficiente para dejar a un lado las bromas.

-No lo hago. Va a ver un juicio. Tú estarás ahí. Ocho de las diez familias de nobles serán los jueces. Recibiré una condena.

-¡No lo simplifiques de esa manera! –se alejó del otro con una severa expresión de enojo.

-No lo hago. Tú eres quién debe aceptarlo –se incorporó. El momento se había esfumado. Se levantó y paseó desnudo por la habitación recogiendo sus pertenencias. -¿Por qué debería? ¡No es justo!

-Porque eres el Maoh y no importa si es justo o no. Todo acto genera consecuencias. Estoy aceptando mi responsabilidad y tomaré el castigo, aunque no quiera.

-¡Wolfram! –la mano firme del moreno detuvo sus movimientos. Sus miradas se enfrentaron por unos segundos. Casi parecía un niño pequeño haciendo una pataleta por algo que quería peor no podía tener. Acarició con cuidado la maraña de cabellos negros.

Aquella acción le recordó a Yuuri el acto de hipocresía que Conrad había intentado en su cuarto días atrás. Lo apartó sin importarle si lastimaba los sentimientos del ojiverde. Recibió un encogimiento de hombros como respuesta. Lo observó vestirse, y aunque deseaba no hacerlo, siguió su ejemplo. No quería que alguna de las guardianas entrara y los viera en esa situación, y los sacara a patadas de allí por cometer sacrilegio.

-Esa manía tuya al igual que la de Conrad de enmendar todo con mentiras –soltó en reproche.

-Lo siento –escuchó la disculpa, pero no parecía sincera –Debe ser difícil enfrentarse a la otra cara que no conoces de las personas ¿Verdad?

-Sólo son máscaras.

-No. Conrad y yo, y todos los mazokus que conoces tenemos un pasado y un lado que pocas veces mostramos. Incluso tú, Yuuri.

-No me metas en esto. Manipulaste a tu propio hermano y a tu gente.

-Tal vez. Pero sus convicciones son propias.

-¡Está enamorado de ti, Wolfram!

-Lo sé. Pero no cambiara el hecho que te amo y que seré juzgado por traidor.

Notó que el pelinegro se mordía el labio con fuerza. Estaba a punto de cometer una estupidez.

-No te atrevas a hacer algo, de lo que te puedas arrepentir –lo enfrentó, pero no lo tocó. Se había acabado cualquier sentimiento de ser atento –Cuida de Conrad. Será difícil para él, pero por favor no lo odies.

Los ojos negros lo miraron sorprendidos.

-De lo demás se encarga Murata.

La familiaridad con que aquella frase fue dicha le inmovilizó. Nuevamente estaba siendo excluido y no tenía ni la voluntad ni el poder de hacer algo en contra.

-Este es nuestro adiós. Despídeme de Greta.

Observó al rubio marcharse. Se sentía mareado.

A ese Wolfram no lo conocía. Volvía nuevamente a levantar sus escudos de indiferencia con todos.

Como lo odiaba.

Se quedó allí sin saber qué hacer.

Lo que no sabía es que en unas horas estaría dispuesto a incendiar medio reino con tal de secuestrar a su prometido y llevarlo lejos de todos los demonios que querían separarlos.

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Unas horas después…

Los murmullos apagados de la pequeña multitud reunida en la sala de audiencias del Castillo de Shin Makoku reverberaron en sus oídos cuando entró a la gran habitación. Era lógico escuchar las habladurías de la gente y los nobles, desde que había tomado el control del reino luego de la súbita desaparición del monarca meses atrás. Sabía que contaba con adeptos para que fuera libera y que incluso su popularidad superaba a la de su prometido, sin embargo, al igual que se lo había mencionado a Shinou, a él no le interesaba gobernar. Él estaba interesado en ver lo que Yuuri podría hacer por su nación y su gente, en lo que podía llegar a hacer por el mundo. Con eso era suficiente, y eso no había cambiado ahora sentado en la silla de acusados al lado de su hermano Conrad. Los ojos miel lo recibieron con cierta chispa de alegría que agradeció, aunque muy en el fondo se sentía culpable por arrastrar a su propia sangre a la horca. Notó un par de ojos concentrados en su figura y supo entonces que el pelinegro no se había rendido.

Casi lo lamentaba por él. Su reunión anterior y la forma en que terminó todo lo llenaban de culpa, pero si daba el brazo a torcer, lastimaría muchas personas más, y eso sí no era justo. Dejó que sus ojos verdes recorrieran las figuras frente a él. Ocho de las diez cabezas de las familias nobles lo contemplaban desde lo alto del estrado con una mirada implacable. Su tío, Waltorana, era la única excepción. A pesar que ninguna acción de su parte involucró el nombre de su familiar, el hombre rubio jamás se apartó de su lado y en muchas ocasiones recibió apoyo de su parte. Por lo menos agradecía que ninguna sospecha recayera en su nombre. Suficiente era manchar la reputación de su familia y su linaje.

La reunión comenzó con la mención de una larga lista de los sucesos que acontecieron desde la emboscada hasta los últimos acontecimientos dentro del castillo la noche de la fiesta y como varias tropa del ejército de Gran Shimaron fueron abatidas por la fuerzas de Shin Makoku. A Wolfram le sorprendió enterarse de la gran cantidad de hechos que tuvieron lugar a su posterior desmayo. Ahora, con el contexto aclarado y la pronunciación al respecto de la lista de personas involucradas que tenían un proceso penal abierto, como él, su hermano Conrad, Yozak y unos cuantos más, entre ellos Gunter y su hermano mayor Gwendal; la sesión se declaró formalmente abierta. Los ojos negros de Yuuri detallaban con cuidado las evidencias, las expresiones de las personas que pasaban a declarar y una que otra vez paseaban por su figura.

A pesar que los minutos y las horas pasaban, y poco a poco se fue construyendo una escala cronológica de los hechos más relevantes, las preguntas relacionadas con el aparente éxito de Yozak en la misión de infiltrarse en las filas enemigas, la muerte de un hombre mercenario en un insignificante pueblo humano con papeles oficiales que involucraban a Shin Makoku, la pérdida de algunos documentos oficiales, la información administrada por el líder del pueblo Norman-san y la relación de la chica Aoi en todo el asunto, además de ser encontrada muerta en condiciones desconocidas en su habitación, y la gran incógnita, de cómo había logrado el enemigo entrar a una fiesta minuciosamente planeada, levantaron grandes sospechas contra él como traidor y posiblemente aliado de Frank Noltten. Afortunadamente su prometido había mantenido la identidad de Víctor y su relación con todo oculta.

-Me gustaría escuchar por parte de Mr. Wolfram Bielefeld, su versión al respecto -la voz imponente de atrajo su atención inmediatamente al lugar. Estaba divagando nuevamente.

Los demás asintieron de acuerdo. Podía jurar que aquellos hombres estaban comiéndose las uñas para quitar el velo del misterio de esas preguntas que rondaban por sus mentes. Si no fuera la penosa situación en la que se encontraba podía reírse de ellos, aunque no les daría el placer de revelar mucho. Igualmente sería juzgado si habla o se negaba a decir algo al respecto.

Se levantó de su lugar y mientras todos los ojos estaban enfocados en su figura, se permitió detallar la expresión seria e imperturbable de su hermano Gwendal. A su lado, su madre lloraba inconsolable. Escuchó la voz firme de Von Rochefort, y pensó que nada mejor que ella para presionar la herida y hacerla sangrar. Ella empezaría con la cruzada que desde hace mucho tiempo estaban esperando los nobles dirigentes. Despedazar sus restos por todo el territorio y dejar claro el mensaje sobre su eficiente y absoluto soberanía.

-Estamos conscientes, debido a sus informes semanales, de los movimientos de todas las tropas y en general, de las órdenes y resultados obtenidos con el ejército. Concuerda perfectamente con la información suministrada por Gwendal Von Voltaire. Sin embargo, para esta corte y los líderes de las familias nobles que estuvieron presentes, quedaba la duda de cómo conseguía adelantarse al enemigo e incluso, asegurar que atraparía a Frank Noltten.

Touché.

-Sabía que Gwendal mandaría a algún hombre con talento y de confianza para seguir los pasos de ese revolucionario. Yo me tomé la libertad de atraparlo a mi causa y gracias a ciertos favores de monarcas y líderes de muchos pueblos sin nombre logré hallar una ubicación cercana o al menos, una de las células de la organización. Lo que Yozak logró después es mérito de sus habilidades como espía, ya muy conocidas entre el ejército y los altos mandos.

-¿Qué tipo de favores y con quiénes?

-Soy un soldado que ha mantenido una ruta amplia de misiones. Es normal hacer amigos, conocidos y dejar favores pendientes cuando se necesiten.

-¿Así que sus contactos no son individuos de confianza? ¿Gente de poca clase, de los estratos más bajos, ladrones, rufianes?

-Quién sabe. No es mi obligación entrar en detalles, y si teme que la información hubiera sido malversada o falsa, o si revelé información del reino, no debe preocuparse, a esos individuos, como usted los llama, es posible persuadirlos si se sabe con qué.

-Está evadiendo las preguntas, Mr. Bielefed –Lady Von Rochefort se mantenía estoica ante sus intentos de evitar responder, pero eso no la hacía desistir. Después de todo su prestigio como una mujer fiera ante los negocios y la política se la tenía bien merecida –Y esto que nos comenta, son actos de alguien no cuenta con educación y la moral, usted ha estado dirigiendo una nación no una legión de espías, esto es demasiado bajo, incluso para usted, Mr. Bielefeld.

Los murmullos de desaprobación o de aliento a que continuara con ese comportamiento se levantaron

-Estoy consciente de esto. No es necesario revelar con quién o quiénes estuve relacionado para hallar el escondedero de aquel hombre. Ahora mismo, si lo hiciera y saliera a buscarlos probablemente no encontraría nada. Ese es su trabajo, ser encontrados, suministrar la información y desaparecer.

-La siguiente pregunta está relacionada con Aoi Heizt. Su vínculo a la causa de los mercenarios y su muerte bajo condiciones extrañas, aún no ha podido ser aclarada. ¿Conocía las intenciones de la mujer en cuestión? Tengo entendido que en algún momento estuvo muy cercano a ella, y que incluso trabajó para usted.

-Sólo son rumores. Nunca ofrecí información a la mujer. Aunque no puedo negar que en muchas ocasiones la vi espiando entre conversaciones y documentos que no le correspondían.

-¿Cómo fue que nunca mencionó eso a Von Voltaire o demás nobles, si aparentemente ese comportamiento extraño estaba relacionado directamente la información confidencial del reino?

-No tenía y aún ahora, no tengo evidencias que la relacionen con Frank Noltten. La mantuve alejada, y de eso si hay registros, puesto que entró a hacer parte del ejército como enfermera auxiliar.

-Si bien es cierto, hay algo que me incomoda –fue Von Spitzberg quién tomó la palabra. Le devolvió una mirada de repudio. El hombre rubio simplemente sonrió complacido.

-Hay testigos que los vieron muy cercanos, demasiado. Se llegó a pensar que usted la tomaría como prometida –la sola insinuación, le parecía aberrante.

-¿Por qué querría aliarme con una persona que era sospechosa principal de tenderme una emboscada? –realmente estaba colocándose de muy mal humor.

-No existen razones, pero su cercanía con ella fue antes que ese hecho sucediera ¿Verdad, Mr. Bielefeld? Además, aseverar que ella y no Norman Heizt, fue la culpable de la emboscada, sin pruebas reales y no circunstanciales, es una incógnita para mí. ¿Posee alguna evidencia que no haya mostrado ante este jurado?

Se mantuvo en silencio. No podía negar su cercanía, de poco tiempo, pero al fin y al cabo relación que mantuvo por unas semanas. Y si negaba lo último, asegurando que ella era la culpable tendría que revelar la identidad de Víctor. Presionó con fuerza la superficie bajo sus dedos. Maldito Spitzberg.

-Ya que ha quedado en evidencia su corta relación con la mujer en cuestión, me dispongo a interrogarle si conoce como fue su muerte y en qué circunstancias fue hallada sin vida.

-No realmente. Me contaron que fue hallada tirada en mi cuarto, acuchillada.

-Sí. Sería tonto preguntar si tiene alguna idea de quién podría asesinarla.

-Sí lo sería, si le recuerdo que estaba inconsciente, que todos mis hermanos, invitados y personal leal a mí se encontraba en la sala –aseveró con una pequeña sonrisa –Creo que ya deben haber confirmado tal hecho.

-De hecho, Gisella Von Christ nos ha facilitado un reporte de su estado de salud de los últimos meses y su colapso inminente luego de tantas presiones –se aclaró la garganta pero esta vez los ojos de anciano brillaban con perspicacia –Esto me hace pensar que hay una o unas personas más que no hemos tenido en cuenta.

La insinuación parecía una acusación basada en algo que tal vez el hombre sabía. Demasiado peligroso.

-No sé a qué se refiere –soltó lo más frío posible.

-Bueno, su prometido, Yuuri-heika mencionó que en dos ocasiones alguien entró en sus aposentos durante el regreso y mientras estuvo aquí, horas antes de la ceremonia. Y en ambas ocasiones, algo dejó con usted, una pieza de joyería que ni siquiera usted ha podido retirarse, es magia humana, tengo entendido, como las hermosas esclavas que en algún momento nos mostró –volteó a mirar al pelinegro, que sorprendido le devolvía la mirada. Ahora maldecía al idiota de Víctor por ser tan cursi y romántico, aquella prenda hermosa y peligrosa a la vez, era la mejor prueba que tenía un aliado entre las sombras, un humano. Un descuido que podría llevarlo directo a la horca. No respondió, a pesar de querer borrar la odiosa expresión presuntuosa de Von Spitzberg.

Y cuando creyó que estaba entre la espada y la pared, la modesta voz de Murata interrumpió el momento de tensión. Como siempre se las ingeniaba para actuar de forma asertiva.

-Creo que este asunto no nos llevará a ningún lugar, teniendo en cuenta que Mr. Bielefeld no estaba consciente de los hechos o personas a su alrededor –interrumpió firmemente su Santidad. Los nobles no hicieron buena cara ante la horrible forma de cortar el diálogo del rubio, pero asintieron. El noble se sentó de mala gana, mascullando sólo para sus adentros.

-Bueno –esta vez, la voz calmada y acertada de Von Wincott continuó con las preguntas –Si existe o no, una o dos personas más en cuestión, lo sabremos cuando hayamos terminado de investigar e interrogar a todos los involucrados.

-Ahora, tengo una última pregunta respecto al cómo Frank Noltten entró a la ceremonia. No lo hizo por la fuerza, tampoco se encontraron aberturas en el castillo que permitieran la entrada de incógnito a enemigo. La conclusión es que él poseía la forma de entrar por la puerta principal, como un invitado más, sin levantar sospechas.

Los ojos de Yuuri temblaron, mientras que notó que sentado más allá, lejos del jurado pero igualmente a la vista de todos, Gunter se removía nervioso.

-En otro tipo de circunstancias, no habría negado que de alguna manera la información se filtró y pudo existir algún tipo de manipulación por parte de terceros. Sin embargo, conociendo que sólo dos personas portaban el deber de hacer lo suficientemente segura la reunión, y sólo una de ellas tiene los suficientes cargos, un móvil para dejar entrar al enemigo y las influencias para no levantar sospechas, creo que es bastante obvio porqué traemos a colación el caso. ¿Wolfram Bielefeld, otorgó por voluntad propia la información a Frank Noltten para acceder esa noche a la fiesta en este castillo?

Antes, incluso que tuviera tiempo para plantearse una respuesta, el pelinegro interrumpió.

-Tengo que rechazar esta acusación directa hacia la integridad moral de Wolfram –gritó sin importar que Murata estuviera frenando su acción sosteniéndolo firmemente de la muñeca –No poseemos pruebas que semejante delito haya sido cometido por él y tampoco por Gunter, o alguno de los mis más cercanos soldados.

-Estoy totalmente de acuerdo con su majestad, Von Wincott –apoyó Waltorana. El hombre no medió palabra en contra, pareció de acuerdo con su proceder. Se disculpó ante el público. Esta vez fue Von Radford quién prosiguió con el punto.

-Voy a explicárselo a ustedes… –el hombre canoso detalló a la audiencia en general –Porqué hemos llegado a esa conclusión. Tal vez no fue la manera correcta de expresarlo, así que permítanme exponer la verdad ante ustedes –Según Von Christ, él era encargado de crear la lista de personas que asistirían al evento y hacer llegar la respectiva enmienda con el objeto y la contraseña, a cada noble humano o mazoku, porque lo acordaron de manera mutua ¿verdad, Wolfram?

-Así es.

-Tengo entendido, que nadie más conocía quiénes serían los invitados o cuantas personas asistirían ¿Verdad?

-Sí.

-Sin embargo, usted era la persona que estaba directamente involucrada en confirmar la asistencia y verificar la identidad de cada invitado para evitar falsedades o manipulación. ¿Tengo razón?

-Así es.

-A simple vista, usted no cometió ningún delito, porque no había nadie diferente o que no existiera dentro de los documentos de Shin Mazoku –la pequeña pausa hizo retorcer el estómago a Yuuri. Wolfram por su parte ya se había percatado a donde llevarían todas aquellas explicaciones. No existía prueba física, pero estaba la evidencia de su equivocación por su parte. Una omisión si lo ponía en palabras más específicas.

-Lo que usted pasó por alto, o creyó que nadie averiguaría es que se confirmó todas las asistencias al evento excepto una. Hemos hablado con el sujeto en cuestión, y por cuestiones de salud, días antes que se celebrara la reunión, este mandó una carta a Shin Makoku, dirigida únicamente a usted manifestándole que por motivos de enfermedad terminal no podía asistir. ¿Podría explicarme esto?

-No lo sabía, Von Radford. Desconozco la existencia de tal enmienda –la miró sin parpadear –Puede buscar entre mis objetos personales y oficina, no encontrará algo como eso. Sabe que es fácil que una carta se pierda antes de llegar a su destinatario.

-Qué conveniente para usted – Von Spitzberg escupió con odio.

-¡Ya basta, hermano! –la rubia gritó dolida ante las acusaciones sin sentido y el odio desmedido de su propio hermano hacia su sobrino. Sin embargo, el hombre ignoró la súplica de la rubia.

-Debe ser sencillo para usted librarse de una pena grave teniendo al propio Maoh durmiendo en su cama –el veneno de aquellas palabras

-La acusación es una falta grave, Von Spitzberg. Debería tener cuidado de no levantar afirmaciones que pueden convertirse en chismorreos entre pasillos –aquella frase hizo explotar la ira del noble. Fue necesaria la intervención de Waltorana y Von Gyllenhaal para evitar que un insulto fuera gritado en medio de toda la audiencia.

Los murmullos y las quejas ante el grosero comportamiento de Von Spitzberg hacia su persona no se hicieron esperar. Pronto la voz fuerte de Von Wincott acalló el ruido. Sabía lo que seguía continuación. Mientras los hombres se levantaban y debatían unos minutos fuera de la vista del público, él tendría que esperar por el veredicto. Observó a Yuuri, su Santidad y los ocho nobles salir del recinto.

Mientras nuevamente los susurros de los asistentes aclamaban justica o debatían los anteriores hechos. Volteó su mirada hacia su hermano. Extrañamente había permanecido callado y ajeno a todo el interrogatorio. Con cuidado y evitando tocar más de lo que debía para evitar chismes, rozó su brazo y lo llamó para atraer su atención.

-Conrad –fue suave pero firme. Los ojos miel lo miraron con algo de tristeza. Se mordió el labio para mantenerse fuerte.

-Lo siento –se disculpó sabiendo que eso no arreglaría nada. –Estarás bien, lo prometo.

Sabía que eso era lo que menos preocupaba la mayor. Como si eso le importara. Casi podía escucharlo gritar unas semanas antes cuando le confesó que terminaría todo aquel caos que había formado. Se pelearon, por primera vez desde que se conocían, desde que crecieron como hermanos. Todo había sido golpes, elementos rotos y un forcejeo físico que los llevó a terminar entre las sábanas de la cama. Esa vez se sintió completamente dominado por la odiosa personalidad de su hermano intermedio, esa parte que pocas veces mostraba y que se salía de control. El híbrido, que no se atrevía a tocarlo porque temía traicionar la confianza de su protegido, se lo hizo duro y con pasión. Fue la primera vez que el placer fue tan intenso como las marcas que aquel encuentro le dejó.

Te lo tienes merecido. No una disculpa, sí una sonrisa malintencionada.

Sin embargo, e actual jodido mutismo del castaño exasperó su paciencia. Casi esperaba que lo zarandeara como aquella vez. Por eso, a pesar del lugar y de no ser un momento adecuado soltó algo tan soez que provocó un sonrojo increíble en el rostro indiferente del mayor –Sería buena idea tener un trío, Yuuri, tú y yo ¿No te parece?

-¡Wolfram!

Los soldados cerca de ellos clavaron sus ojos en ellos. Conrad guardó la compostura.

-Wolfram…yo… -calló de repente. Ya no evadía su mirada.

-Sea lo que sea, estoy muy agradecido contigo, nii-chan –los ojos mieles brillaron de emoción, y eso le gustó al ojiverde. De no estar en un lugar público, el castaño muy probablemente lo habría abrazado hasta asfixiarlo. Joder, él podía llegar a ser tierno, según su Gwendal y su madre.

Las puertas de la habitación contigua donde estaban debatiendo los nobles se abrió dando paso a los nobles. Muy atrás, Yuuri y Murata parecían cabizbajos. Debía suponer que algo muy malo estaba por suceder. Se encogió un poco, repentinamente tenía frío.

Von Wincott fue el encargado de dar a conocer la decisión. Todos estaban nerviosos, después de todo, había pasado años antes de juzgar a alguien de tal manera.

-Mr. Wolfram Bielefeld, luego de escuchar sus comentarios al respecto y de haber estudiado cuidadosamente los hechos y testimonios de los involucrados, daremos paso al veredicto –el hombre se aclaró la voz y prosiguió –En primer lugar, será degradado a soldado raso; en segundo lugar, su pecado, aunque merece la máxima pena otorgada a traidores, ha sido rebajada gracias a la intervención amable de Yuuri-heika –los siguientes segundos fueron los más insoportables para él y muy seguramente para sus hermanos y su prometido –Se decidió que será sentenciado a doscientos años de exilio de las tierras de Shin Makoku, sin posibilidad de entrar o comunicarse –los sonidos de sorpresa sólo aumentaron su propio pánico. Aunque había pasado por su cabeza, incluso la pena de muerte se escuchaba alentadora. Sus ojos se humedecieron. Aunque no moriría, aquella situación suponía que tendría que vivir lejos de quienes amaba. Aún si cumplía a cabalidad, Yuuri ya no estaría para verlo regresar y muy posiblemente la mayor parte de su familia tampoco. Respiró ahondo para guardar la compostura. Podía escuchar al pelinegro discutir con Von Wincott y Von Radford. La mano cálida de Conrad se detuvo en la suya y permaneció allí. No lo miró, si lo hacía probablemente caería en llanto, igual que cuando era pequeño y perdía alguno de sus juguetes favoritos.

De repente la sala se había llenado de gritos en desacuerdo. Y el ruido era tanto que le estaba comenzando a doler los oídos. Alguien había gritado la orden, y la mano que lo mantenía conectado a la realidad fue arrancada. Se vio siendo arrastrado por guardias de seguridad fuera de la enorme sala de audiencias. Conrad fue detenido también al intentar interponerse.

-¡Wolfram! ¡Wolfram! ¡Wolfram! –los gritos de angustia por parte del pelinegro y su hermano intermedio continuaron escuchándose aun cuando la enorme puerta de la sala de audiencias se había cerrado ya unos segundos atrás. Todo el tormento que le estaba provocando a su prometido y a sus hermanos era su culpa, y sabía que se lo merecía, y no pudo más que aguantar el enorme dolor que todo eso significaba. La condena igual de implacable y ejemplar era lo que había esperado. Nada ni nadie podía cambiar su destino sin modificar los acontecimientos futuros sobre el orden y el progreso de la capital de los mazokus, por eso sabía que aunque Yuuri le rogara a Shinou este se negaría y muy probablemente lo mandaría de regreso dentro de poco, antes que su salud mental fuera terriblemente dañada.

No podría verlo por última vez. Nadie. Esa era la regla. Y por primera vez, maldijo a todos sus antepasados por aquella norma tan absurda y fría.

El camino se hizo largo y tortuoso, mientras que miles de recuerdos e ideas desfilaron por su mente, sus pasos continuaban llevándolo hacia una pequeña habitación designada para recoger sus pertenencias y salir inmediatamente de la tierra de la que había sido desterrado. Si algo lo dejaba tranquilo era haber hablado con Shinou-heika.

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¿Podrías reunirme con él aunque sea en otra vida?

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La pregunta sincera e ingenua, nacida de un momento de genuina desesperación, parecía ser su salvavidas ahora. Sonrió.

-Qué risa tan horrible –la voz burlona de Saralegui lo sorprendió. Estaba solo. Parecía muy confiado el muy arrogante –Pensé que estarías deprimido, pero veo que lo estás tomando muy bien.

Sus carceleros se movieron interponiéndose entre el intruso y su persona. A pesar de ser un traidor, continuaba siendo un mazoku nacido de la nobleza, y debía ser protegido a toda costa.

-Yo no haría eso, soldados –el rubio levantó una enorme carta que tras unos garabatos escritos en él contaba con la firma de Von Karbelnikoff. Su repentina risa estridente sorprendió a los hombres.

-No puedo creer que Anissina haya sobornado a su hermano –se limpió las lágrimas que amenazaban salir de sus ojos. Enfrentó a sus captores –No creo que puedan contradecir esa orden, sería complicado huir de la furia de esa mujer loca.

La sola mención de la científica puso a sudar a los corpulentos hombres. Estos asintieron ante el rey de Pequeño Shimaron.

-Cinco minutos –se retiró el último dejándolos sólo en la habitación donde pasaría sus últimas horas antes de irse del reino.

El silencio se mantuvo por unos segundos. Aún sospechaba de aquella treta tan rastrera. Y más aún, se sorprendía que Anissina se prestara para ello. Trató de enfocarse. Algo vino a su mente. Necesitaba noticias.

-¿Qué ha pasado con Víctor? –preguntó temeroso de escuchar el horrible final de aquel hombre que lo respaldo incondicionalmente. Los ojos dorados brillaron con algo de picardía antes de contestarle.

-¿Quién es Víctor? –la pregunta le descolocó un poco, sin embargo, la expresión burlona del monarca calmaron sus miedos. Suspiró agotado por las emociones que experimentó en menos de diez segundos y maldijo al prepotente de Saralegui por ser tan mentiroso y evasivo con aquellos asuntos.

-Olvídalo, creo que estoy confundido –finalizó sentándose en la forzada cama dispuesta en todo el centro del oscuro y mohoso cuarto.

-Creo que Yuuri es demasiado blando ¿sabes? Dejando abierta la puerta para que gente indeseada entre o salga –la voz sonaba clamada y risueña, parecía como si estuviera contando una travesura. Tal vez tenía que darle la razón por eso, después de todo Yuuri no era el tipo de persona que se escabulle a escondidas para cometer un acto que muchos considerarían traición.

-Así nos gusta a los dos, si fuera diferente nuestras vidas habrían continuado de la misma manera, monótonas y vacías –reflexionó deteniendo sus manos en la roída valija en la que empacaba unas pocas pertenencias.

-Aunque me habría gustado tener en mi poder un hombre tan habilidoso en la magia –el rubio de cabellera larga se acercó al distraído mazoku y le tomó la mano … detallando con cuidado la joya fuertemente sellada con magia –Es increíble que algo tan pequeño pueda matar a una persona… -las palabras flotaron en el aire. Wolfram centró su atención en el objeto de adoración que el rey deseaba tanto. Si bien no supo explicar ante sus hermanos y los nobles que significaba aquella prenda, estaba seguro, por el leve rastro de magia y la calidad del trabajo que Víctor había decidido dejarle un último regalo de despedida mientras él dormía.

-Escuché acerca de ese anillo –lo rozó con sus dedos delineando el hermoso bordado oculto entre los bordes del artilugio –Tienes suerte de ser protegido por tantos hombres –la leve caricia continuó hasta que apartó molesto la mano del otro.

-¿Has terminado?

-No pensé que fueras tan quisquilloso –se rio por la expresión peligrosa en el rostro del mazoku –Aún a pesar de nuestras diferencias creo que realmente eres hermoso –susurró muy cerca del rostro del mayor atrapando con su mano libre su mentón para inmovilizar cualquier evasiva -¿Estás mortificado porque dejarás libre a Yuuri?

Los ojos verdes revolotearon ante la simple idea. Sólo había dolor. Sara lo entendió, era demasiado evidente –No voy a lastimarlo ¿Sabes?

-No quiero que lo corrompas –su voz entrecortada estaba a punto de quebrarse.

-¿Rogarás? –la mueca burlona lo enfureció aún más. Lo empujó con fuerza borrando cualquier intento de someterlo.

-No tientes tu suerte, humano –gruñó en tono amenazante.

-Mitad, si quieres ser más específico, pero eso podremos discutirlo en un futuro, mi querido mazoku –le sonrió condescendientemente –Ahora si me dejas explicar el motivo de mi visita… deberás creerme que voy a hacerte un pequeño regalo, porque sé que él estará peor ante la idea de dejarte ir sin protección –señaló hacia la puerta. Aunque supuso de qué se trataba negó con la cabeza. No aceptaría eso, era como estar en constante vigilancia del enemigo.

-No lo necesito.

-No estoy preguntándote, Wolfram –el tono de voz se volvió más autoritario –Aún tenemos cosas pendientes cuando regreses, y tengo que asegurarme que lo hagas, así tardes quinientos años.

-Para cuando eso suceda, serás polvo –se burló por lo ridícula que sonaba aquella idea. Pero la carcajada que recibió a cambió le erizó los vellos.

-Ya veremos. También comparto tu visión del mundo, Wolfram, ansió poder verla erguirse ante este escenario tan podrido y decaído en que vivimos, y no me importará emplear cualquier método para lograrlo. Ah, Von Grantz estará atento a cualquier necesidad que tengas. Él será el mensajero. No dudes en comunicarte si algo malo sucede.

Con esas últimas palabras abandonó la instancia dejando a un confundido mazoku aterrado ante la horrorosa idea que aquella declaración vaticinaba.

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Se agazapó en la oscura esquina del carruaje que lo transportaría con una tropa de Shin Makoku al puerto más cercano para enviarlo lejos, al otro continente. A pesar de la fuerte influencia de los mazokus, ese territorio apenas si poseía reinos bajo el gobierno de camaradas. La comunicación es terrible y la posibilidad de sobrevivir es muy baja. Tierras desconocidas y la eterna ambición de los piratas y los caza recompensas, desafortunadamente para él sería una pesadilla sin fin. Ignoró las indicaciones del teniente a cargo, algo que malogró el temperamento del hombre quién lo insultó rápidamente y le prometió horas de entrenamiento que sonaba a tortura. Bufó en respuesta ganándose un golpe directo al estómago y también uno en su cara de no ser porque la intromisión de alguien muy conocido detuvo el ataque. La voz calmada de su hermano mayor le pidió que se detuviera y le explicó la situación, ante sus palabras el hombre a cargo refunfuñó algo entre dientes y se marchó dejándolos solos en aquel pequeño vehículo. Observó los ojos mieles registrarlo de arriba abajo y luego sintió las manos cálidas del castaño ayudarlo a erguirse correctamente en la silla después de quedarse casi sin aire por el repentino golpe de su oficial a cargo. Decidió que preguntar al respecto sería estúpido cuando podía ver la pequeña mochila a un lado del hombre.

-No tienes por qué hacer esto –le regañó serio y con una mirada fría –Dañarás tu carrera militar si haces caso a los caprichos de Yuuri –clavó su vista en los soldados corriendo afuera en espera de la señal de partida.

-¿Quién dijo que estoy aquí por Yuuri-heika?

Volvió a mirarlo esta vez con sincera curiosidad.

-Yo decidí hacer esto porque quiero hacerlo. Un capricho, como dijiste, Gwendal también lo mencionó, aunque no lo confesó, quedó aliviado al igual que Yuuri-heika porque no marchas solo –la sonrisa sincera le irritó. Su hermano estaba loco para pensar que estaría de acuerdo.

-¡Largo! –le gritó apartando las manos de sus rodillas. ¿En qué momento las había colocado allí? –¡No quiero que seas arrastrado por mi maldita suerte!

-Detente, eso no funcionará, y lo sabes –no lo tocó pero la intensidad de aquella mirada le dejaron petrificado en su posición –Te amo, Yuuri lo sabe, y él me ha dado permiso para avanzar en…cómo lo explico…en algún tipo de relación sentimental, si tú lo permites.

-¡Estoy enamorado de Yuuri!

-Pero también de mí, no lo niegues, y eso no influirá en tus sentimientos hacia él –la mano grande del castaño atrapó la suya y la apretó con fuerza –Así sea un reemplazo, necesitarás un respaldo emocional para estos años que están por venir. Todos tememos que decidas hacer una estupidez.

-Aún no estoy de acuerdo.

-Creo que no te he preguntado, así que no importa lo que digas.

-Eres igual que Saralegui.

-A propósito de él, los tres guardias que ha asignado para esta misión ya están sentados entre los soldados de nuestra tropa.

-Que molestia.

-No sé cómo consigues tanta atención de tantos hombres.

-Cállate.

-Creo que debo tener cuidado con todo el personal masculino que nos acompaña.

-No me trates como una puta.

-Lo siento, fue un pensamiento dicho en voz alta.

-Le has insinuado esa posibilidad a Yuuri ¿verdad?

-No sé a qué te refieres.

-Él estará celoso

-No sí es conmigo.

-Esto es infidelidad.

-Eso no te detuvo antes ¿Verdad? ¿Cuántas veces lo has hecho, aunque sea un beso, con otro hombre diferente a mí o a Yuuri-heika?

Bufó en respuesta algo sonrojado por la veracidad de aquellos hechos.

-Por lo menos el sabrá que no estás teniendo sexo con algún desconocido –le escuchó reír suavemente.

-¡Eh! ¿¡Desde qué momento he estado de acuerdo en hacer eso contigo!?

-Ya llegaremos a eso, Wolfram –aquellas palabras y el tono bajo en que fueron pronunciados le hicieron estremecerse en anticipación a lo que probablemente ese hombre le haría.

-Conrad… -le llamó. Se levantó con torpeza y sentándose sobre su regazo, le abrazó por el cuello descansando su cabeza sobre el gran pecho de su adorado hermano.

-Puedes desahogarte si quieres.

-Cállate.

Hubo un momento de silencio en que Conrad creyó que las absurdas excusas de su hermano se detendrían, pero se equivocó.

-Esto se llama incesto ¿sabes?

Su risa despreocupada en respuesta a esa declaración le resultó contagiosa. Se abrazó más al cuerpo cálido y se permitió perderse en la seguridad que ese pequeño acto le proporcionaba.

Ya pensaría más adelante como evadir la condena.

Por ahora quedaba mucho trayecto de viaje y muchos años para acostumbrarse a vivir como un mazoku promedio.

-¿En serio le has pedido permiso a mi prometido para tener sexo conmigo?

-Tal vez.

-Conrad, creo que soy una mala influencia para ti.

-…

-¿Y Julia?

-¿Qué pasa con ella?

-¿La amabas, no?

-Aún la sigo queriendo, de igual manera que lo hago con Yuuri.

-Esas dos comparaciones están fuera de lugar.

-Tal vez, pero es la verdad, Wolfram.

-Quédate conmigo Conrad y nunca te apartes de mí –le susurró.

El abrazo se hizo un poco más apretado en respuesta a su petición.

Y así entre tontos interrogantes y absurdas declaraciones, partieron de Shin Makoku dejando atrás los malditos recuerdos de una venganza inútil y miles de promesas por cumplir.

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¿Reviews?

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Comentarios finales:

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Aclaro que la sentencia está basada en que los mazokus tienen una longevidad marcada. Aunque no estoy segura cuanto es su promedio de vida, estoy haciendo una estimación propia.

Segundo, algunos asuntos quedaron inconclusos. Tal vez en algún momento edite el fic. Algunas otras cosas quedaron sueltas porque la idea es hacer dos continuaciones más. Aunque no se sí eso suceda, pero estoy dejando abierto panorama.

Tercero, esto es lo más largo que he escrito. Creo que le gana a uno de mis capítulos más largos.

Espero que todo haya sido de su agrado. El epílogo estará la otra semana, muy puntual, aunque no me lo crean. Ya está escrito, está esperando ver la luz desde hace meses, incluso antes que terminara de editar detalles de este.