¡Hola a todos! Aquí está, un capítulo todo nuevecito, y debo decir que, bueno, bastante tranquilo, sobre todo en comparación con lo que pasará en el siguiente... Pero buéh. En realidad el siguiente capítulo iba a ser la mitad de éste, pero se me estaba haciendo demasiado largo así que lo corté por la mitad.

Disclaimer: Yo no, y absolutamente no soy propietaria de ningún derecho sobre Naruto, no importa lo que te digan, tú no les creas.

Advertencia: Por favor, si aún no te has enterado de que esto va a tratar de alguna manera que aún estoy por precisar sobre la relación romántica entre dos chicos, es que no has prestado la debida atención. Si no te importa, ¡adelante! Siéntete libre de leer todo lo que quieras. Si todo esto te parece desagradable y repugnante (aunque reconozco que mi fic puede llegar a ser eso sin necesidad de ningún BL), yo no te obligo a seguir leyendo.

Segunda advertencia: Reitero: Aquí va a morir gente. No digo quién (a pesar de que uno es bastante obvio), ni cuándo ni por qué, pero lo harán. Ah, y no hay que olvidar que esto es un evidente AU en el que hay un marcado OoC.

Y por último, ¡gracias a Ang-chan y a Nemu por todo lo que hacen por mí!


Desventuras

Pide y se te dará

Cuando Sasuke alcanzó la edad de ocho años, su madre pensó que ya estaba lo suficientemente preparado como para poder saber sobre cierto tipo de "cosas". Por ello, el día después de su cumpleaños, lo llevó a su cuarto y allí tuvieron una educativa y profunda charla que Sasuke, en los años venideros, intentó por todos los medios, pero fracasando miserablemente, olvidar. Desde entonces, Sasuke despreció todo lo que tenía que ver con las drogas, el alcohol, y si no fuera porque era un chico adolescente con las hormonas alborotadas, aunque lo ocultara bien, puede que incluso hubiera llegado a aborrecer el sexo. Puede. Probablemente.

Y en ese momento había decidido que había otra cosa que no soportaba: los vagabundos. En especial el que estaba delante de él, apestando y balbuceando incoherencias. Sobre todo aquél.

—Eh, chico, hic, ¿has visto, hic, a un tipo raro por... por aquí?

"Sí", pensó Sasuke, "está justo delante de mí."

—Tiene... tiene unos ojos, hic, muy muy raaroos —el vagabundo lo agarró de un brazo y acercó su cara a la suya. Sasuke intentó liberarse, empezando a enojarse —. No debe de, hic, dormir mucho —le cuchicheó, echándole el aliento a la cara.

Sasuke tosió y boqueó un par de veces.

—¡Suélteme! —le espetó cuando se recuperó, y dio un brusco tirón de tal manera que logró zafarse del sorprendentemente fuerte agarre del hombre de pelo blanco, quien lo miró y parpadeó estúpidamente. Sasuke se colocó la chaqueta, y ése fue el momento en el que el viejo decidió vomitar justo delante de sus pies. Rogando por que no se le hubieran manchado los tenis, Sasuke dio un gran salto hacia atrás. Dios, ¿por qué este tipo de cosas solamente le sucedían a él?

—No me encuentro bien —gimió el hombre lastimeramente, y se tambaleó, apoyándose en el muro de la entrada del parque.

—Ya. Cuénteselo a otro —le dijo Sasuke, cortante, pero el viejo no dio señales de haberle oído. Sasuke se encogió de hombros y empezó a andar, y el hombre se fue deslizando por la pared hasta quedar sentado en el piso, observando con la mirada perdida lo que antes había estado en su estómago y ahora estaba en el suelo.

Cuando Sasuke dobló la esquina de la calle comenzó a correr, y solamente se detuvo cuando el dolor punzante de su abdomen casi le impedía respirar. Observó a su alrededor después de tomar aliento, y notó que estaba a tan sólo una manzana de su casa. Se apoyó en sus rodillas e inspiró hondo un par de veces. En el momento en el que el retortijón se calmó un poco, echó a andar, sintiéndose seguro en una calle conocida y bajo la potente luz de las farolas.

No sabía qué tan tarde era, pero debía de ser lo suficiente como para considerar seriamente el dormir en un portalón. Para comprobarlo se sacó del bolsillo el móvil que le había cogido a aquel tipo, que por suerte seguía encendido, y miró la hora. Las tres de la mañana. Genial. ¿Por qué no habría hecho esta estupidez un viernes?

Ya estaba medio dormido cuando llegó a su casa. Saltó la verja, asustando al perro del vecino que inmediatamente empezó a ladrar, y cruzó el jardín, llegando hasta la ventana de su habitación. Se sacó los zapatos y abrió la ventana, metiéndose dentro del cuarto y cayendo al suelo con un ruido sordo. Vale, quizás no debería haberse burlado de Naruto la otra vez. Esto era más difícil de lo que parecía.

Se quedó quieto unos instantes, por si el repentino ruido había despertado a su hermano, pero la casa seguía tan silenciosa como antes de que él hubiera irrumpido en ella. Soltando un suspiro de alivio se incorporó y fue hasta su armario, de donde sacó su pijama. Entonces se sacó su ropa, la tiró al suelo y se puso la camiseta y el pantalón viejo que usaba para dormir; inmediatamente después, recolocó las almohadas y se deslizó entre las sábanas.

Al poco rato, estando tan cansado como estaba, Sasuke se durmió.


¡BUM!

—¡Sasuke, despierta! ¡Es hora de levantarse!

Sasuke se medio incorporó en la cama y se frotó los ojos legañosos. Itachi dejó de golpear la puerta de su hermano pequeño y se fue a la cocina, donde se estaba preparando el desayuno. Sasuke volvió a dejarse caer en el lecho, cansado y con la espalda y la cabeza palpitándole. Miró el despertador: las siete de la mañana. Bufó. Ni siquiera había llegado a dormir más de cuatro horas.

Se levantó después de mucho esfuerzo -porque la cama estaba calentita y se estaba muy a gusto allí-, y en cuanto dio un par de pasos tropezó con algo que había en el suelo y se cayó. Frotándose la rabadilla, miró la cosa que había entorpecido su camino. Se quedó helado. Era ropa. Ropa manchada de sangre. Mucha sangre.

—Sasuke, ¿estás decente?

El chico en cuestión empujó la ropa con el pie rápidamente y la escondió debajo de la cama. Justo entonces entró Itachi en el cuarto, quien arrugó el entrecejo al ver a su hermano a cuatro patas en el suelo. Sasuke esbozó una sonrisa nerviosa. Itachi optó por no preguntar por el tema.

—¿Qué haces todavía en pijama? —cuestionó en cambio—. ¡Vístete!

—De acuerdo —dijo Sasuke. Entonces se levantó y se sacudió los pantalones. Itachi miró a su hermano. Sasuke le devolvió la mirada—. ¿No vas a irte?

Itachi parpadeó y se frotó la nuca.

—Ah, sí, claro. Lo siento —murmuró, y se marchó cerrando la puerta.

Sasuke sacó la ropa de su escondite apresuradamente, cogió la que se iba a poner ese día y se deslizó sin hacer ruido hasta su baño. Una vez allí cerró el pestillo y suspiró de alivio. Eso había estado cerca. Demasiado para su propio gusto. Ahora que lo pensaba, visto desde fuera parecería que había cometido un asesinato y que intentaba esconder las pruebas. Sasuke sacudió la cabeza para quitarse esos pensamientos de la cabeza y miró dentro del cesto de la ropa sucia. Pues sí, eso respondía a una de sus interrogantes. Allí estaba la ropa que había usado el otro día, y aparte del barro -cosas que tenía desmayarse en un parque en invierno- tenía algunas manchas oscuras muy sospechosas, pero al menos no tan abundantes como las de las prendas que ahora mismo sostenía en la mano. Pues no, Itachi no había hecho la colada. Bendiciendo una vez más el hecho de tener cada uno un cuarto de baño separado, Sasuke colocó toda la ropa en la cesta. Ya la lavaría después de clase.

Se preparó para ducharse, y cuando ya había abierto el grifo pasó por delante del espejo y se miró. Confundido, se acercó más. Y entonces ahogó una exclamación. Pequeños puntos como salpicaduras marcaban su piel, y había que estar lo suficientemente cerca como para darse cuenta de ello. Ojeó el resto de su cuerpo y descubrió que su brazo izquierdo también estaba manchado, pero mucho más profusamente. "La sangre de Naruto se deslizó por el lado izquierdo de su cara, y debió llegar a mi brazo mientras lo arrastraba" pensó. Sasuke escondió la cara entre sus manos mientras inspiraba hondo para calmarse; y, después de unos segundos, suspiró y se metió en la ducha. Pero la imagen de Naruto, pálido y cubierto de sangre, volvió tan de repente a su mente que se tambaleó. El nudo que desde que se había levantado se había instalado en su estómago pareció subir por su esófago hasta asentarse definitivamente en su garganta, impidiéndole respirar. Cerró los ojos cuando el agua que caía empezó a volverse rosa, negándose a ver las evidencias de que aquella noche había sido real.

Cuando acabó de ducharse se secó apresuradamente con una toalla y después se la colocó alrededor de la cintura. Abrió el botiquín que estaba encima del lavabo y cogió el tubo de las aspirinas, de donde sacó dos pastillas. Ya se las tomaría en el desayuno. Ya vestido pero todavía el pelo mojado, fue hasta la cocina. Su hermano estaba allí, apoyado en la encimera, con los brazos cruzados y mirando con el ceño fruncido el reloj colocado en la pared. Su ceño se acentuó en cuanto vio a su hermano.

—¡Sasuke! ¡Te dije que estuvieras listo hace quince minutos!

El mencionado, ignorándolo, abrió un armario, cogió un bol de cereales y lo llenó de leche. Después, bajo la exasperada mirada de su hermano, se sentó en la mesa y se dispuso a desayunar.

—No te preocupes, hay tiempo —respondió al fin.

Itachi soltó un suspiro desganado y se unió a su hermano pequeño. Apoyó los codos en la mesa y su cabeza en sus manos, por primera vez reparando en las ojeras de Sasuke.

—Te he hecho el almuerzo; te lo he dejado en la mochila mientras te estabas duchando.

Sasuke enarcó una ceja.

—Ah —hubo una pausa—. Gracias.

—No es nada.

Durante unos minutos lo único que se escuchó en el cuarto fueron los ruidos que hacía Sasuke al masticar y tragar los cereales; cuando el chico se dio cuenta, intentó que se oyeran lo menos posible, pero sin éxito. Por alguna extraña razón parecía que el cuarto amplificaba cada pequeño sonido.

—Muy bien —soltó Sasuke, hastiado—. Itachi, ¿se puede saber qué haces aquí? ¿No deberías estar en clase? Además, para de mirarme tan fijamente; me estás poniendo nervioso —señaló.

—Ah, eso —dijo Itachi—. El examen de hoy es a las diez, así que decidí quedarme contigo por la mañana.

—Genial —masculló Sasuke—. ¿Y no deberías aprovechar tu tiempo en algo mejor? ¿Repasar, por ejemplo?

—No lo necesito —respondió Itachi, sobrado.

—Qué bien.

Sasuke ignoró la mirada de su hermano y siguió comiendo. Itachi se giró en ese momento para volver a mirar el reloj y Sasuke aprovechó para meterse las aspirinas en la boca y tragárselas junto con una cucharada de cereales y leche. Su hermano suspiró cuando se giró y lo miró, pareciendo un poco abatido.

—Últimamente estás raro —declaró de pronto.

—¡¿Eh?! —lo que le faltaba, escuchar eso de la persona que no había dejado de actuar como un psicópata toda la mañana.

—Has estado actuando extraño desde hace unos días —Itachi le dirigió una mirada preocupada—. ¿Hay algo que quieras decirme?

Sasuke se levantó bruscamente y dejó el bol en el fregadero, colocándose de espaldas a su hermano.

—No —contestó—. Todo va perfectamente.

—Sasuke...

—¡Todo va bien! ¿Qué tengo que hacer para que lo entiendas? —exclamó, golpeando con las manos la encimera para dar mayor énfasis, para luego cerrar los ojos y sacudir la cabeza en un intento de despejarse. Cuando oyó el chirrido de una silla al deslizarse por el suelo, se dio la vuelta y salió de la cocina. Cogió la mochila de su habitación y luego se fue sin despedirse, cerrando la puerta de la entrada de un portazo. Su hermano, aún en la cocina, suspiró.

El día había amanecido claro, sin nubes tapando la luz del sol. Era un día utópico de otoño; no muy cálido, pero tampoco muy frío. Sasuke se sintió engañado por el tiempo. No debería hacer un buen día, pensó, debería estar lloviendo a cántaros, con nubes espantosamente oscuras y amenazadoras en el horizonte y con un viento gélido que te helaba hasta los huesos. Pero casi nunca salían las cosas como él quería. La noche anterior era un buen ejemplo de ello.

¡Arg! ¡No pienses en eso!, se reprendió a sí mismo. ¿Por qué diablos no lo olvidaba y punto? Hasta su propia mente estaba en contra de él, amargándole el día.

Llegaría a la clase y tendría una aburridísima conferencia sobre Filosofía a primera hora; luego vendría el profesor Kakashi, tarde como siempre, y después clase con Asuma. Iba a ser un día normal como otro cualquiera, sin criaturas sobrenaturales haciéndole sentir culpable y sin cosas extrañas sucediendo a su alrededor. Primero instituto, después casa, y por último cama.

¡Dios! ¿A quién estaba intentando engañar? Eso no iba a suceder ni de broma. Seguramente en cuanto entrara en el colegio algo raro le iba a ocurrir, podía apostar su vida si era necesario. Bueno, tal vez su vida no. Un brazo quizá sí. ¿Y cuándo diablos iban a hacer efecto las putas pastillas?

Justo entonces traspasó la puerta de entrada del instituto y de repente su visión se vio entorpecida por algo rojo y blanco. Intentó frenar pero ya era demasiado tarde. Chocó contra esa masa que de repente había aparecido delante de él y cayó poco agraciadamente al suelo. Haciendo una mueca de dolor, levantó la vista y entonces se quedó mudo. El viejo vagabundo de esa noche estaba delante de él. Con traje. Y limpio.

—Oh, perdona muchacho —dijo el hombre de pelo blanco, ayudándolo a levantarse. Sasuke se dejó, demasiado aturdido como para negarse. "Al menos", pensó aliviado, "parece que no se acuerda de mí."

No pasa nada respondió con educación, aunque por dentro estaba bastante sorprendido de haber tenido razón en su epifanía anterior. Sin embargo, decidió que lo mejor era irse antes de que las cosas se tornaran todavía más extrañas. Se podría decir que era como una "retirada preventiva".

Ya se estaba alejando para dirigirse a su clase cuando el hombre lo sujetó de un brazo. Retazos de aquella noche asaltaron a Sasuke, quien se zafó violentamente del agarre y lo miró con aire acusador.

—Eh, tranquilo —dijo con voz conciliadora el hombre, un tanto confundido por lo que él creía que era una reacción exagerada del joven—. Sólo quería saber cómo llegar al despacho de la directora Tsunade.

Sasuke parpadeó.

—Ah... eso. Solamente tiene que seguir el pasillo y subir las escaleras. Es la primera puerta a la izquierda.

—¡Muchas gracias, muchacho!

Y dicho esto el hombre desapareció por el pasillo. Sasuke se quedó mirando el sitio por donde se había ido hasta que recordó que sus clases iban a comenzar en cualquier momento,corriendo de inmediato a su aula. Bueno, aquello no era exactamente lo que había esperado, pero esperaba que eso fuera lo único extraño que le iba a suceder aquel día.

Por supuesto, estaba equivocado.

Cuando llegó el tiempo de descanso, Sasuke sacó su almuerzo de la mochila y fue hasta una de las esquinas del patio, bajo un gran árbol, pues no quería que sus amigos lo encontrasen. Le habían estado lanzando miradas preocupadas (sobre todo Karin) toda la mañana, y no quería ser interrogado; no esta vez, y a ser posible, nunca, aunque aquello era mucho pedir. No creía que tuviera tan mal aspecto, se había mirado al espejo después de la ducha para ver si quedaba algún rastro de sangre seca y no había encontrado nada raro en su cara. Pero al parecer los amigos tenían la irritable cualidad de saber cuándo te encuentras mal, para desgracia de Sasuke.

Ya estaba sentado en la hierba comiéndose su sandwich cuando oyó una voz tras él, de alguien oculto por los setos.

—No puedes esperar que te crea después de tanto tiempo.

¡Oh, Dios, ésa era la voz de la directora! ¿Qué diablos estaba haciendo allí? ¡Tenía un despacho propio muy bonito! Bueno, eso había oído, él nunca había estado allí.

—Te lo juro, Tsunade, he cambiado.

Espera, ¿ése no era el vagabundo?

—Las otras veces también dijiste lo mismo —se estremeció ante la fría y dura voz de la directora. Solamente había hablando con ella un par de veces, pero cuando hablaba con él, ella siempre había sido amable. Aunque había oído decir que cuando se enfadaba podía ser más destructiva que un tifón—. ¿Cómo sé que ésta es distinta?

—No puedes saberlo, tendrás que confiar en mí.

Pero al parecer aquéllas no eran las palabras correctas, porque Sasuke oyó las pisadas de su directora alejándose.

—¡No! ¡Tsunade, espera!

—Si eso es lo único que tienes que decir, ya puedes largarte.

—No, tienes que creerme, ¡he cambiado de verdad! —rugió el hombre con un leve tinte de desesperación en su voz.

—¿Qué hace esta vez diferente de todas las anteriores? ¿Puedes contestarme a eso?

—Mira, yo... —hizo un sonido parecido a un gruñido de frustración. Entonces tomó aliento y continuó—. Me he inscrito en un club de alcohólicos anónimos —se detuvo, probablemente para ver la reacción de su compañera, pero ésta no dijo nada—. Además también... también he escrito mi renuncia —aquello sí que pareció causar una reacción, porque Sasuke oyó un sonido ahogado de asombro. Se preguntó en qué trabajaría aquel tío.

—¿Lo... lo dices en serio?

Sasuke notó con sorpresa que la voz de la directora Tsunade parecía algo tomada, y tenía una cualidad que no supo discernir. ¿Confusión, estupor, aturdimiento... esperanza?

—Por completo.

—Supongo que entiendes que con solamente eso no conseguirás mi perdón.

—Sí, lo comprendo —contestó el hombre, aunque Sasuke podría apostar a que había una gran sonrisa deslizándose por su cara.

—Aunque reconozco que esto... es un buen principio —entonces se rió—. ¿Sabes? Conozco a alguien que va a estar muy triste con tu renuncia. No creo que se lo tome muy bien. Está enganchadísimo a tus libros, siempre que lo veo está leyendo uno tuyo.

Las cejas de Sasuke se elevaron tanto que se perdieron en el flequillo. ¿El tipo ése era un escritor? ¿Y al parecer de éxito?

—¿Ah, sí? —dijo el hombre con regocijo.

—Pues sí. No tienes ni idea de la cantidad de novelas tuyas que tengo requisadas en mi armario.

—¿Es un alumno tuyo, entonces?

Tsunade soltó una seca carcajada.

—Si tú supieras... —dejó escapar un suspiro desganado mientras negaba con la cabeza. Durante un momento estuvieron callados, hasta que Tsunade soltó la pregunta que le llevaba reconcomiendo desde que el escritor había llegado allí—. Hay una cosa que no entiendo. ¿Por qué ahora? ¿Por qué no antes, o después?

—Es difícil de explicar. Ayer, bueno, ayer no, o eso creo —dudó—. Bueno, da igual. El caso es que hoy en la madrugada me desperté en un parque sucio e inmundo, frente a mi propio vómito, frío y solo y me di cuenta... me di cuenta de que las cosas no podían seguir así.

—Si lo que quieres es que cambie mi opinión sobre ti, debo decirte que vas por el camino equivocado —dijo Tsunade con marcado sarcasmo.

—Oh, vamos, mujer, ¿querías la verdad o no? —rió el hombre—. Además, ya sé que te parecerá una estupidez, pero desde ayer, o bueno, hoy muy temprano, tengo una extraña sensación, como si me hubiera olvidado de algo, algo importante. Es como... como una desazón clavada en el pecho.

Sasuke dejó caer lo que le quedaba de bocadillo.

—Seguramente ya te debe estar afectando el síndrome de abstinencia —dijo ella con voz inexpresiva.

—Venga ya, deja de burlarte de mí; estoy hablando en serio.

Las voces fueron alejándose, y Sasuke pudo respirar tranquilo. No sabía qué había sucedido allí, ni quería saberlo, solamente estaba aliviado de que la directora no lo hubiera pillado escuchando a escondidas, aunque fuera involuntariamente, una conversación privada suya. De todos modos, ¿por qué tenía que hacerlo allí? Si no quería que alguien la oyese, que se hubiera quedado en su tranquilo despacho.

¿Habría visto algo aquel hombre la noche anterior? Si así era, Sasuke agradecía mentalmente a Dios de que no recordara absolutamente nada. Aunque, visto de otro modo, ¿tan mal habría estado que el escritorzuelo ese supiera lo que había pasado en aquel parque? Así podrían haber ido los dos a la policía, Sasuke fingiendo que era un espectador inocente que casualmente pasaba por allí y había oído toda la conversación entre los dos tipos esos. ¿Por qué las cosas nunca eran tan fáciles? ¿Por qué ocultar lo que sabía a todo el mundo?

—¡Sasuke!

El recién nombrado dio un respingo al oír la voz que le llamaba, y alzó la cabeza para ver una cabellera roja que se acercaba rápidamente a él.

—¿Qué haces aquí solo? ¡Ven a comer con nosotros! —dijo Karin al mismo tiempo que le arrebataba descaradamente la caja donde llevaba su almuerzo, sabiendo que nunca conseguiría llevarlo junto a los otros por las buenas.

—Oye, Karin, hoy no tengo ganas de hablar con nadie.

—¿Y cuándo sí? —preguntó ella irónicamente—. Bueno, no importa. Ven, los demás te están esperando; y no pongas patéticas excusas como siempre.

Sasuke observó cómo ella se largaba con su comida y soltando un suspiro se levantó con esfuerzo, apoyando una mano en el árbol bajo el cual se sentaba para darse impulso. Se sacudió la tierra de los pantalones, pues nunca le había importado mucho mancharse (aunque luego en casa lavaba a conciencia la ropa, eso sí), y siguió a la chica que nada más el primer día de clases, se había autoproclamado su mejor amiga sin ni siquiera haber hablado con él antes. Esperaba que los otros dos al menos lo dejaran en paz aquel día, aunque conociéndolos, aquello era muy improbable.


—Sasuke, ¿puedes leernos tu redacción? —preguntó amablemente Iruka.

Sasuke soltó un corto e imperceptible suspiro antes de coger su libreta y abrirla en la página adecuada. Inmediatamente después su cara se vació de todo color y lució un poco atractivo blanco cadáver. Los demás alumnos lo miraron con confusión -era bien sabido por todos que las redacciones del Uchiha eran las mejores de la clase-, y luego empezaron a cuchichear entre sí. Iruka carraspeó.

—Erm... ¿Sasuke?

El chico levantó la mirada e Iruka creyó atisbar un leve destello de pánico y horror en sus ojos antes de que se volvieran tan fríos e inexpresivos como siempre. Entonces Sasuke se retorció en su asiento.

—Yo... esto... —tartamudeó Sasuke antes de intentar serenarse y tomar aliento. ¿Por qué le tenía que pasar esto precisamente a él? —. Lo siento, profesor Iruka, pero me temo que no tengo mis deberes conmigo.

Un jadeo de sorpresa recorrió el aula, y los ojos del profesor se abrieron con incredulidad.

—¿Y se puede saber por qué?

—¿Mi perro se los comió? —probó Sasuke con voz débil.

—Tú no tienes perro —dijo Suigetsu, confundido. Juugo le dio un codazo desde el asiento de al lado.

Iruka frunció los labios y miró a Sasuke con una evidente decepción en su rostro. Sasuke volvió a retorcerse en su asiento.

—Me esperaba otra cosa de ti, Sasuke. No me queda otro remedio que ponerte un negativo.

Una mueca se dibujó en la cara del moreno cuando su profesor escribió algo en su libretita donde apuntaba todo lo referente a sus alumnos. Genial, una mancha en su hasta ahora pulcro y limpio expediente. Lo que le faltaba.

—Karin, ¿podrías leernos tú entonces tu redacción?

La chica le envió una mirada preocupada a Sasuke, quien miraba por la ventana con un aspecto abatido muy bien disimulado, pero que ella podía llegar a ver perfectamente. Hizo una pausa, suspiró, y entonces empezó a leer.


¡Estúpido Naruto! ¡Estúpido, estúpido, estúpido!

¿A quién se le ocurre? ¿Cómo se puede ser tan... tan...? ¡Arrgg!

Sasuke tomó aire para intentar calmarse. Adentro, afuera, adentro, afuera, adentro...

¡Estúpido Naruto!

—¿Sasuke?

El chico se dio la vuelta y vio a sus tres amigos delante de él, mirándolo con preocupación. Bueno, solamente dos de ellos, porque Siugetsu estaba muy ocupado fingiendo que no le importaba nada de lo que estaba sucediendo allí.

—¿Qué queréis? —preguntó con hastío.

Karin se frotó compulsivamente las manos antes de mirar a los otros dos como para pedir su aprobación. Juugo asintió levemente con la cabeza, y Suigetsu silbó con despreocupación mientras miraba con interés la lámpara del techo del pasillo. Entonces la chica se adelantó un paso y se enfrentó a Sasuke, quien rodó los ojos ante la escena.

—Mira, sabemos que no te gusta hablar sobre ti, o sobre tus problemas, o...

—... sobre cualquier cosa en general —añadió alegremente Suigetsu.

—... o sobre cualquier cosa en general —concedió a regañadientes Karin—. Pero somos tus amigos, y estamos preocupados por ti.

—Yo no —interrumpió Suigetsu rápidamente.

—Bueno, todos menos Suigetsu —dijo la chica con exasperación, como si ya hubiera tenido esa conversación varias veces antes.

Sasuke frunció el ceño. ¿Cuántas veces iba a tener que soportar aquella conversación ese día?

—Estoy bien —dijo lentamente, como si hablara con niños de cinco años—. Y ahora que ya podéis dormir tranquilos, ¿podéis dejarme en paz de una puñetera vez?

—Sasuke —respondió la chica en el mismo tono—, no nos tomes por imbéciles. Has estado raro desde hace días. Apenas comes, tienes unas enormes ojeras, estás más pálido de lo habitual y mucho más brusco y engreído. ¿Y qué coño fue lo de la clase? ¡Por la cara que tenías parecía que habías visto un fantasma!

—Oye, por cierto, ¿qué diablos fue aquello del perro? ¡Yo pensaba que siendo tú podrías haberte inventado una excusa mejor! —rió Suigetsu antes de que Karin le diera un puñetazo en la mandíbula. La chica ignoró el "¡oye!" indignado que soltó después.

—Eso no es asunto vuestro —dijo por fin Sasuke después de un tenso silencio, desviando los ojos. Él creía que había estado escondiendo bastante bien cómo se encontraba. Era evidente que estaba en un error.

—¡Claro que lo es! —exclamó la chica, exasperada—. ¡Eso es lo que te estamos diciendo! ¡Somos tus amigos, Sasuke! ¡No nos dejes de lado!

—Joder, ¿cómo queréis que os diga que me dejéis en paz?

—Pero, Sasuke... —dijo Karin con expresión dolida. Suigetsu le puso una mano en el hombro a la chica, negando con la cabeza. Karin dejó caer los hombros—. Está bien —susurró.

Sasuke los miró a los tres, luego cuadró los hombros y se deslizó a través de ellos para dirigirse a la salida. Tenía muchas cosas que hacer ese día.

—Sasuke —oyó el moreno tras de él. Se detuvo para demostrar que estaba escuchando, pero no se dio la vuelta—, cuando quieras hablar del tema, aquí estaremos —dijo Juugo con suavidad. Entonces el chico asintió con brusquedad y desapareció por la puerta de entrada.


"Comisaría de Konoha", eso es lo que ponía en el cartel.

No podía ser tan difícil, ¿cierto?

Una vez más, estaba equivocado.

—Muy bien —dijo el policía con una ceja enarcada—. Entonces, lo que me estás diciendo es que, mientras caminabas por el parque por la noche, te encontraste con un muerto y te desmayaste, ¿correcto? —preguntó, y continuó después de que Sasuke asintiera rígidamente—. Luego, te despertaste en tu cuarto y descubriste que el chico muerto te había llevado hasta allí, y después él, el chico muerto del que ni siquiera te sabes el apellido, te convenció para descubrir quién lo había matado. Al día siguiente, por la noche, fuisteis al mismo parque y allí por casualidades de la vida oísteis la conversación entre su asesino y un hombre misterioso de cabello gris que al parecer trabajaba para el padre del muerto, ¿sigo bien? —Sasuke volvió a asentir, apretando los puños ante el evidente tono de burla del hombre—. Y entonces tú, siendo prudente e inteligente por primera vez en esta historia, decidiste plantarte e irte por tu lado —el policía se volvió a su compañero, que estaba apoyado en la pared de detrás del escritorio con los brazos cruzados—. ¿Y tú qué opinas de esto, Murakami?

—Bueno —dijo el hombre, arrastrando las palabras y mascando chicle—. Opino que deberías ir con tus cuentos a otra parte, niño. Los hombres adultos tenemos problemas mucho más importantes que ocuparnos del desesperado intento de llamar la atención de un crío de secundaria —y a continuación hizo un globo con el chicle y lo explotó ruidosamente. Sasuke se encogió en su silla ante el ruido y las horribles miradas burlonas de los agentes, y su cara empezó a enrojecer.

Estaba sentado delante del escritorio del agente, en su pulcra y un tanto destartalada oficina, a donde lo habían hecho pasar cuando había comunicado en la entrada que quería denunciar un delito. Obviamente, había sido una mala idea. Casi podía oír a Naruto burlándose de él por pensar que había alguna posibilidad de que le creyeran.

El primer policía se levantó de su cómodo asiento, se acercó a Sasuke y le puso una mano en el hombro. Sasuke rechinó los dientes, pero no se apartó.

—Mira, chico —comenzó, con un repulsivo tono condescenciente y falsamente comprensivo—, ¿por qué no te vas a casa y, no sé, hablas con tus padres sobre el tema? Seguro que así dejarán de... prestarle atención a tu hermana pequeña y... volverán a mimarte como antes, ¿no crees?

El policía sonrió y el llamado Murakami dejó escapar una tos que muy bien pudo esconder una risotada. Respirando agitadamente, Sasuke se levantó con brusquedad de la silla y se dispuso a irse de allí, cerrando la puerta de un portazo, sintiéndose totalmente humillado. Casi había traspasado la puerta de la salida cuando oyó el grito de un hombre que provenía de algún lugar cercano de dentro de la comisaría.

—¡Es él! ¡El chico del que os hablábamos!

Sasuke, pensando que aquella persona se refería a otro chico, ignoró la voz y siguió su camino, pero una mano lo agarró del brazo dolorosamente y le dio la vuelta. Las palabras de indignación ya casi habían salido de su boca cuando Sasuke se dio cuenta de quién era el hombre; casi instantáneamente, todo color abandonó su rostro.

—¡Tú! —gritó el hombre con furia, con los ojos rebosantes de rabia—. Maldito pequeño bastardo. Os divertisteis tú y tu amigo anoche, ¿verdad?

—¿Qué? Yo no... —farfulló Sasuke. El hombre lo sacudió con violencia.

—¿Qué has hecho con él? ¡Devuélveme el teléfono, maldito ladrón!

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó con desaprobación un agente de policía, separando a los dos. Un hombre se acercó a ellos corriendo con su rostro arrugado en un ceño de preocupación mientras los miraba. Cuando llegó junto a ellos, le colocó una mano tranquilizadora en el hombro al otro hombre.

—Yousuke, cálmate —le susurró. Una pequeña muchedumbre se estaba agolpando en la entrada de la comisaría, mirando con curiosidad la escena. Los dos policías que habían atendido a Sasuke llegaron también, y Sasuke, por primera vez en toda su vida, quiso que la tierra se abriese y se lo tragase.

—Si no es capaz de controlarse a sí mismo, señor, le ruego que abandone las instalaciones —le comunicó formalmente y con un dejo de irritación Murakami a Yousuke. Éste enrojeció y se apartó con rudeza de su amigo, y entonces señaló acusatoriamente a Sasuke.

—¡Él es uno de los chicos que nos robaron anoche, señor agente!

Ahora sería un buen momento para que me tragases, estúpida tierra.

—¿Es eso cierto, chico?

Sasuke hizo lo único que podía hacer en aquella situación, es decir, mentir.

—No, señor —dijo rápidamente mientras negaba con énfasis con la cabeza. El policía se volvió hacia los hombres, uno de los cuales cada vez más furioso.

—¿Y dónde dice que le robaron, señor?

—En el parque de la esquina de la calle 14, agente —ante esto Murakami y su compañero enarcaron una ceja.

—¿Has oído eso, Takimoto? —le preguntó Murakami al otro policía con una desagradable sonrisa en su rostro.

—Perfectamente, Murakami —le respondió. El agente que había llegado primero a la escena, confundido, miraba a sus dos compañeros sin saber de qué estaban hablando.

—Resulta que este joven de aquí vino a nosotros con una curiosa historia.

—Curiosísima —reafirmó Takimoto.

—Y en esa historia él y otro joven iban a un parque por la noche —anunció el policía. Hizo una pausa dramática mientras mascaba el chicle, haciendo un globo y luego explotándolo. Sasuke volvió a reaccionar igual que antes al oír el sonido. No le gustaba nada a dónde lo estaba conduciendo esto. No debería haber venido—. Y dime, joven, ¿cuál era ese parque?

Sasuke murmuró por lo bajo unas cuantas palabras.

—Perdona, no te hemos oído, ¿podrías repetirlo? —le preguntó educadamente Murakami.

—El parque de la esquina de la calle 14, señor —masculló entre dientes Sasuke.

—Todo esto está muy bien —dijo el primer agente con el ceño fruncido. Sasuke no supo si era porque le desagradaba la situación o porque simplemente no aguantaba a sus compañeros y su evidente intención de burlarse de Sasuke. Aunque él apostaba por esto último—. Pero no hay ninguna prueba que demuestre que este chico hizo lo que le acusa el señor Yousuke.

Justo en ese mismo instante una señora mayor traspasó la puerta y con el bolso enorme que llevaba golpeó a Sasuke en la espalda magullada, haciéndolo trastabillar. El agente, sorprendido, agarró a Sasuke antes de que se diera de bruces contra el suelo, y un pequeño objeto salió volando del bolsillo delantero de su chaqueta y cayó con estrépito en el piso, dando vueltas sobre sí mismo antes de pararse por completo. Sasuke sintió como toda su sangre abandonaba su cara y un peso se instalaba en su estómago. Mierda. ¿Por qué no lo habría metido en el bolsillo del pantalón? Cerró los ojos sabiendo lo que se avecinaba.

—¡Mi móvil! —chilló Yousuke lleno de indignación. Sip, ahí estaba, justo como pensaba.

Media hora después, encerrado en la pequeña celda en la parte de atrás de la comisaría, esperando a que llegase su hermano y con el dolor de cabeza volviéndole con más intensidad que al principio, Sasuke pensó que ése, decididamente, no era su día.

Continuará...


¡Ey! ¿Llegaste hasta aquí? ¡Enhorabuena!

Y dado que yo soy la autora y este es el espacio que yo utilizo, diré: ¡Mírate la película de Terminator! Si no te gusta la acción y crees que es una antigualla, al menos veétela para poder admirar la preciosa espalda de Schwarzenegger (joder con el nombre). Solamente tienes que ver los primeros cinco minutos. Y te lo digo en serio. SUS hombros no son normales.

Y por último pero no por ello menos importante: ¿Un review?