Capítulo 11. Celos navideños.
Kali se había sentido bastante mal con las palabras de Leickran. No dudaba de que eso era lo que quería el alemán, y tal vez el hecho de que había logrado su objetivo le molestaba más que las cosas tan terribles que le había dicho.
¿Pensaría eso de verdad? (NC: Dado que el amigo Leicky no dice nada que no piense yo diría que sí)
Al menos Annell había vuelto diez minutos después y le había pedido disculpas por su dureza. Aunque Kali admitió que ella era la que tenía razón. Volvían a ser amigos. ¿Sería cierto que Annell era la única que lo soportaba? ¿Sería cierto que a Yeye no le importaba en absoluto?
Qué difícil era tener semejante capricho…
—¡Kali!
Se giró. Era Yeye. Y a pesar de su mal humor, Kali sonrió. Yeye solía producir ese efecto en la gente: incluso Liesl le sonreía de vez en cuando.
—¿Qué quieres? —le preguntó.
—Tenemos que ayudar a organizar la fiesta de Navidad —le recordó Yeye—. ¿No te acordabas?
La verdad era que con aquella discusión que había tenido con Leickran, no se había acordado de aquello.
—La verdad es que coincido con Liesl, creo que va a ser una total pérdida de tiempo —opinó—. Aunque por lo menos lo pasaremos bien en la fiesta, ¿no?
—¡SÍ! —respondió Yeye con energía—. Recuérdame que me ría de ti si estás equivocado.
Kali se rió. Yeye influía positivamente en él. El malestar que Leickran le había provocado iba desapareciendo gradualmente.
Se reunieron con los demás; Raven miró a Kali con desconfianza. Bueno, sabía que aquello no iba a cambiar, al menos en un futuro próximo.
—¿Por qué tenemos que hacer esto? —preguntó Remus a sus amigos.
—Para que pienses en algo que no sea Maycov… —contestó James con paciencia—. Y para que te animes un poco, que vas por ahí que pareces un trapo húmedo. Hasta en las reuniones de prefectos.
—¿Qué sabes tú de las reuniones de prefectos?
—Tengo informadores —dijo James señalando a Lily, Raven y Annell.
—Juro que no entiendo cómo Ivanov y Lithgow son prefectos —comentó Sirius.
—Yo sí. Si Ivanov no fuera prefecta, lo sería Von Prater —observó Remus—. Y eso sería el apocalipsis. Porque las mini Siamesas quedan descartadas sólo con mirarlas… Y de los chicos de quinto, lógicamente es preferible Lithgow, aunque sea gótico y esté como una cabra, antes que el loco psicópata alemán… (NC: No entiendo por qué Leicky no puede ser prefecto. No es como si fuera a soltar un basilisco por la escuela como YA hizo otro prefecto que yo me sé NH: Créeme, él solo se basta y se sobra para torturar a los demás sin necesidad de serpientes gigantes)
—Y antes que Dalton —completó Sirius—. Ya te sigo.
—Potter… —llamó Annell delicadamente, quizás muy delicadamente.
—Dime —preguntó James, preocupado por tanta delicadeza por parte de la rusa menor.
Annell se acercó peligrosamente a él, con cara de niña buena, cosa que asustó a los Merodeadores. Pero Annell sólo le preguntó al oído:
—¿Cómo va a pensar en algo que no sea Anushka si ella también va a ayudar?
—Ehm… Ah… Espera, ¿y dónde está, si se puede saber? —preguntó James al notar que estaban todos, menos Anushka.
—Ey, es cierto —asintió Annell mirando a su alrededor. Después miró a Talvi—. ¿Y Anu?
—En la habitación —la finlandesa se encogió de hombros—. Dice que pasa de ayudar.
—Qué suerte tiene —gruñó Liesl mientras miraba a Peter con cara de asco.
—¡Eh, no puede hacer eso! —exclamó Sirius enfadado—. ¡Dile a esa mujer que baje o ya la obligo yo a bajar!
—¿Ah, sí?
Talvi, Lily, Leickran, Raven, Liesl, Yeye, Annell e incluso Remus lo miraban como si estuvieran dispuestos a saltar sobre él y asesinarlo. Sirius se preocupó profundamente por su querida vida, y decidió rectificar el error (NC: Por otro lado… ¿Cómo pensaba hacerlo?).
—Bueno, no. Si la chica no quiere bajar, no tiene por qué hacerlo. Vamos a dejarla descansar y no seamos crueles. Venga, vámonos —dijo mientras cogía a James y Peter por el cuello de la túnica y se apresuraba a salir.
—Un chico inteligente —comentó Leickran sarcástico mientras todos salían detrás de Sirius.
Kali lo miró. Sentía una mezcla de desprecio y admiración por aquel loco psicópata. ¡Lo había humillado! ¡Y lo había amenazado! Y por otra parte, casi nadie tenía valor para meterse con él. Sólo las tres antárticas y Lithgow, y sólo Liesl lo hacía por gusto. Le caía peor Lithgow, eso sí, pero Leickran estaba por el mismo camino. Además, se parecían tanto… Los dos eran tan sádicos, tan… tan… ¡Tan altos! (NH: Y tan guapos xP)
—¡Kali!
Volvió a la realidad. Y se dio cuenta de que se había quedado atrás. Los únicos que lo esperaban eran Annell y Yeye, que cruzaban miradas preocupadas de reojo.
—¿Estás bien? —le preguntó Yeye.
¿Eso era lástima? ¿En verdad, aquello era lástima? No lo parecía. Por un instante, una sonrisa cruel delineó sus labios.
—Sí, ahora sí —respondió.
—Pues vamos, que los demás no nos esperan —dijo Annell.
Así, todo el grupo se reunió con Dumbledore en el Gran Comedor, donde, obviamente, no había nadie. Raven le dirigió una mirada desagradable a Kali antes de coger a Yeye de la mano y alejarlo un poco del Caído.
—¿Y la señorita Maycov? —preguntó el director un tanto sorprendido.
—Descansando —contestaron Talvi, Leickran y Sirius al mismo tiempo.
Dumbledore los miró interrogante.
—Hubo cierto… suceso en la sala común —explicó la finlandesa de mala gana—, prefiero no decirle de qué se trata, pero ha cansado bastante a Anu y entonces decidimos que esta vez no viniera.
—¿No sería mejor decirle que Anu no quiere colaborar? —le preguntó Leickran en voz baja cuando el director se alejó un momento.
—Le buscaríamos problemas.
El alemán le pasó un brazo por los hombros, algo bastante insólito en él, que, al igual que Liesl, acostumbraba a no establecer contacto físico no violento con nadie. Talvi lo miró extrañada, pero se abstuvo de comentárselo.
—¿Y crees que se te ocurrirán suficientes excusas para todas las veces que tendremos que venir? —le preguntó acercando mucho el rostro al de ella.
—Seguramente. No te preocupes, tengo imaginación. Y si a mí no se me ocurre nada, se le ocurrirá a Liesl, que tiene más.
Vaya, los ojos de Leickran eran preciosos. Tenía la suerte de que la expresión no se los estropeaba, eran como dos trozos de hielo.
Y los de ella eran como dos trozos de obsidiana, como pudo apreciar el loco psicópata germanohablante número dos.
—A ver, tortolitos —intervino Lily acabando con la magia del momento—, que ya tenemos tareas que hacer.
—¿Tor… tor… tortolitos? —balbuceó Sirius atónito.
Pero nadie le hizo caso. En la pandilla de locos, eso era normal, pero es que sus amigos estaban igual de sorprendidos que él. Leickran se alejó un poco de Talvi, que comenzaba a hablar con Lily de la decoración y demás, curiosamente sin mencionar aquel calificativo que no los definía muy bien a ella y a Leickran. De hecho, con la frase de Lily, no sólo los tortolitos comenzaron a moverse. Todos menos los Merodeadores ya estaban pululando por el Gran Comedor.
—Venga, despertad —gruñó Leickran mientras le daba un empujón a James.
—¿Qué? Ah, sí, vamos… —asintió éste mientras Sirius seguía con la boca abierta.
¡Cómo no iba a seguir en shock! ¿Es que acaso Evans no había dicho tortolitos? ¿Tenían alguna relación Angelium y Talvi… eh, no, Nieminen? ¡Pero si Angelium era un bruto, insensible, desagradecido, cruel, sádico, orgulloso, egocéntrico, y lo más importante, teñido!
—No puede ser… —susurró al borde de la histeria.
—¿El qué? —le preguntó James mientras miraba unos ventanales.
—Que le haya visto algo a aquel ser violento y sádico… —respondió casi sin darse cuenta.
James le puso una mano en el hombro, ofreciéndole su apoyo.
—Tranquilo Sirius… —sonrió. Sirius le devolvió la sonrisa—. No sé qué tendrá… —Sirius pensó que tenía uno de los amigos más maravillosos del mundo—, pero estoy seguro de que superarás tu trauma con Von Prater.
La alegría y los pensamientos de Sirius sobre el más maravilloso de los amigos se fueron al demonio.
—¡Eso no es, imbécil! —estalló Sirius.
—¿Ah, no? ¿Entonces? —le preguntó el buscador con gesto inocente.
A lo lejos, Lily, que había escuchado el grito de Sirius y le dedicó algo de atención, miró el gesto de James e inmediatamente pensó que se veía monísimo… Ladeando la cabeza… Con las gafas un poco dobladas y carita de desconcierto que…
—¡Lily! —le gritó Annell.
—¿Qué? —preguntó Lily de mala gana.
—Que dejes de mirar así a Potter, mujer, si parecía que te lo comías con los ojos (NC: ¿Seguro que sólo lo parecía?).
Lily se puso color escarlata. Y Raven, que casualmente pasaba por ahí, escuchó el comentario.
—Vaya, ¿quién decía que sólo le gustaba un poquito el buscador estrella de Gryffindor? —preguntó con cierto toque de burla.
—Crueles, malvados… —gruñó Lily por lo bajo.
—Mujer, si no te culpo —continuó Raven sin abandonar el dejo de burla—. No es que sea un cardo precisamente. El cardo es la rata.
—¡Me voy a poner celoso! —le gritó Yeye de la que pasaba.
—Estarás en tu derecho —contestó el pelirrojo sin inmutarse—. Seguro que no me superas, de todas formas.
—¿No se supone que estamos colaborando en la preparación de ese inútil baile de navidad? —preguntó Leickran, un tanto molesto.
—Tú lo has dicho: se supone —contestó Remus en tono cansado—. ¿Por qué es inútil?
Leickran notó en aquel momento que había metido la pata, pero no hizo nada por arreglarlo. ¡Ni que le importara mucho el bienestar de Lupin!
—Cualquier acontecimiento de masas es inútil —respondió por él Liesl—. A menos que sea un concierto de rock.
—¡Mentira! —intervino Yeye muy ofendido—. ¡Los desfiles de modas no son nada inútiles!
—¿Has encontrado algo que se pueda poner un día normal en algún desfile de modas? —preguntó Leickran en tono mordaz (NC: De hecho, sí. La fruta que usan para adornar los camerinos de las modelos NH: Leickran no sabe tanto de desfiles de modas… Y además la fruta no se pone a modo de ropa).
Yeye se lo pensó.
—No —admitió al final—. ¡Pero no son inútiles!
—¡Claro que no! —lo apoyó Annell casi tan indignada como Yeye—. ¡Si no hubiese desfiles de modas, no habría moda! ¡Y si no hubiese moda, dime tú cómo nos íbamos a diferenciar los que tenemos clase de los que no! ¿¡Cómo nos íbamos a diferencias de aquellos que se compran cosas cutres como las Siamesas!? ¡La moda es fundamental en la vida de personas como nosotros! ¡Y los desfiles de moda más! ¡Si no nos juntáramos toda la gente con clase que seguimos la moda, ¿cómo nos íbamos a enterar de que tenemos que ir con ropa lisa y no con estampados de flores?!
Yeye y Annell estaban totalmente fuera de sus casillas, cosa que podría resultar peligrosa, recordando que a veces unían fuerzas y se volvían el dúo drama.
—Bueno, estoy segura de que Leickran y Liesl no lo decían con mala intención —se apresuró a decir Lily recordando ese detalle, seguramente falso.
—¡Que los desfiles de moda son inútiles! —repitió Yeye frustrado.
—Yeye… —llamó Raven con cansancio.
Pero su novio ni caso.
—¡Si Anu les escuchara…!
—Le daría igual —cortó Leickran—. No está de humor como para discutir sobre si esos desfiles de esqueletos vestidos con ropa que nadie se puede poner un día cualquiera son útiles o no. Y tú sabes perfectamente a qué hemos venido, así que hazme el favor de dejar tus dramas y ponerte a pensar en la decoración o algo.
Silencio. Ahí estaban Leickran y su infinito buen tacto. Un rinoceronte sería más delicado… (NH: Nos gustó lo de la comparación con un rinoceronte xD) ¡Qué mal le caía a Sirius! ¿¡Cómo no le iba a caer mal si, aparte de ser un loco psicópata germanohablante que conseguía asustarlo con una mirada, tenía una relación con Talvi!?
Y hablando de Talvi…
—Eh, Black. ¿Y si dejas de mirar mal a Leick y te dedicas a algo más bonito, interesante o al menos útil?
¿Leick? ¡¿LEICK?! Definitivamente odiaba a Angelium.
—Sólo era una sugerencia —continuó Talvi imperturbable—. Otra opción es que te largues y así por lo menos dejas de obstruir el paso.
Entonces Sirius volvió a la realidad. Tenía delante a la finlandesa, que casi parecía disfrutar de su sarcasmo, con los brazos cruzados como único signo de impaciencia. Y claro, a pesar de su casi extrema delgadez, la chica no podía pasar entre la mesa de Ravenclaw y la pared porque él estaba, en efecto, obstruyendo el paso.
Se apartó.
—Perdona.
—Perdonado —le respondió ella en uno de sus familiares resoplidos.
—Sirius, me estás empezando a preocupar seriamente —le dijo James.
—Pues deja de preocuparte —respondió Sirius, aún indignado contra el mundo en general y contra Leickran en particular.
Su amigo se encogió de hombros. Cuando Sirius quisiera hablar, hablaría. Así que decidió dedicarse a algo más interesante, concretamente a mirar cómo se movía Lily. No era tan elegante como Anushka, pero era la gracia personificada. Ahí estaba, caminando de un lado a otro, con Annell al lado. No sabía de qué estaban hablando, pero se les veía muy emocionadas. Y entonces Annell y Lily se abrazaron… ¡Ah, qué buena madre sería!… (NC: ¿Eyn? ¿Qué fue eso?)
Momento…
¿¡James Potter había pensado eso!? No, no podía ser. Sacudió la cabeza, intentando que aquellos espeluznantes pensamientos se alejaran. Necesitaba pensar en otra cosa.
Entonces vio a Remus, alejado de todos, apoyado en una pared, mirando al vacío. Seguramente hacer de amigo y psicólogo ayudaría a James a olvidar aquel pensamiento horroroso, y de paso también ayudaba a Remus.
—Eh, Remus —lo llamó mientras se acercaba a él—. ¿Estás bien?
Remus lo miró.
—¿Tú me ves a mí cara de estar bien, James? —gruñó.
—Es que me parecía que estabas más animado —suspiró James—, pero creo que me equivoqué. ¿Sigues mal por lo de Maycov y el imbécil ése?
Remus se lo pensó antes de responder. ¿El imbécil ése hacía que se sintiera mal? Era un problema muy gordo en sus ya de por sí casi nulas esperanzas con Anushka, pero no era él el que hacía que se sintiera mal. Era Anushka, era verla en aquella condición y no poder hacer nada.
—No, sólo Anushka. —No tenía ganas de seguir hablando de eso, por lo menos no con James, así que decidió cambiar el tema—. ¿Y tú cómo vas con Evans?
James suspiró. No, estar con Remus no lo ayudaría a él en nada.
—Mal… ¿Pero qué tienen esas mujeres que les gusta hacernos sufrir?
—Sadismo —contestó el licántropo tristemente—. Son los seres más sádicos de Hogwarts…
—¿Ése no era Angelium? —intervino Sirius, que estaba visiblemente de mal humor.
—Angelium es más sádico que el propio Sade —observó James—. Te juro que me da hasta miedo.
—¿Vosotros tres estáis haciendo algo más que cotorrear? —les preguntó de pronto Lily.
—No —admitió el buscador frescamente—. Pero mira, Peter no está haciendo ni eso.
—Ah, ¿pero la rata estaba? —preguntó Raven lanzando una mirada circular—. Ah, sí, está ahí… Bueno, da igual.
—Sí, la verdad es que lo más útil que puede hacer es quedarse en una esquina para no molestar —añadió Liesl con crueldad—. Lily, ¿no crees que quedaría bien tapar los ventanales?
—¿No quedaría un poco tétrico?
—En realidad la idea era taparlos con sábanas blancas. Para que quedara tétrico tendrían que ser negras o manchadas de sangre —observó la rubia—. Pero eso queda mejor para Halloween… ¿Lo hacemos el año que viene?
—¿Y de dónde piensas sacar la sangre? —preguntó James.
—De la rata —respondió Liesl como si fuera lo más obvio del mundo—. No la echará en falta.
—Y si nos falta más sangre, se la sacamos a Bloodworth —completó Raven—. Los Caídos tienen más sangre que los humanos, puede permitirse el lujo de ser generoso (NC: Ostias, eso es tirar con bala y lo demás lanzar besos. Aunque la de la rata no sirve: demasiado colesterol, no debe ni fluir).
Kali, Yeye y Annell se giraron como movidos por un resorte. Kali parecía querer matar a Raven con la mirada, mientras que Yeye y Annell lo miraban entre suplicantes y cansados. Estaban tan hartos de aquellas peleas sin sentido…
—¿¡Y por qué no usamos la tuya!? —preguntó Kali furioso.
—No seas sacrílego, la sangre de un dios no se toca —respondió Rave sin siquiera mirarlo—. En cambio, la de un cualquiera como tú no es gran cosa, pero se puede usar…
—Rave… —suspiró Yeye con cansancio.
—¡Eh, eh, eh, alto! —intervino Leickran. Se plantó valientemente entre el concurso de miradas asesinas de Kali y Raven y los miró a ambos—. Me da igual de quién sea la sangre… Bueno, no, si es de Raven mataré al culpable… Como sea, ¡me pido ser yo el que pinte las sábanas! ¡Yo tengo más experiencia que nadie pintando con sangre!
—¿Es que acaso tú has pintado con sangre? —inquirió Sirius en tono burlón, sin creerle.
Leickran lo miró directamente a los ojos. Sirius supo que no mentía cuando, con toda la naturalidad del mundo, dijo:
—Sí.
Los Merodeadores pasaron saliva al mismo tiempo. Estaban mirando a un demente.
—Yo te ayudo —se ofreció Liesl amablemente—. Y de paso me ayudas a perfeccionar mi técnica. Pero eso sí, si la sangre es de la rata pintas sólo tú. Yo no pienso utilizar materiales mediocres.
—¡Pero si la de la idea de usar la sangre de la rata fuiste tú!
—Pero nunca me ofrecí a pintar —se defendió ella.
Raven y Kali habían desviado su atención al tema de las pinturas con sangre. Pero en cuanto los dos locos psicópatas germanohablantes se pusieron a hablar sobre los materiales mediocres, volvieron a mirarse mal.
—Os presto yo la mía, si queréis —intervino Talvi, entre otras cosas para calmar los ánimos.
—Claro que no —respondió Leickran—. Me dolería en el alma herirte. Aunque tu sangre debe de ser preciosa…
—La sangre siempre es preciosa, tiene un color muy particular. ¿Sabíais que la sangre de los Espectros es más roja que la humana? Tiene que ser aún más bonita… ¿En serio no nos dejas ver la tuya, Bloodworth? —insistió Raven (NC: ¿Cree que la sangre de Kali es bonita? Vaya, es el primer piropo que le echa).
Kali le dedicó un gruñido bastante desagradable, pero vio la expresión de hastío de Yeye y decidió no decir nada. Sirius, por su parte, había escuchado bien lo de me dolería en el alma herirte y le había fastidiado bastante. Talvi ni se había enterado de aquella parte, porque sólo escuchó la negativa. Los añadidos le importaban más bien poco.
—¡Bueno, chicos! Que aquí están para ayudarme, no para charlar —les recordó Dumbledore—. Por cierto, esa idea de tapar los ventanales me ha gustado, se la cojo prestada, señorita Von Prater.
James lo miró como si se hubiera vuelto loco.
—¿Le ha gustado eso de pintar sábanas con sangre?
—No, me refería a la idea inicial. La de las sábanas negras o con sangre la reservaré para Halloween del año que viene —dijo el director con una sonrisa—. Si no les importa usar salsa de tomate en vez de sangre. Eso de desangrar al señor Pettigrew no me parece muy buena idea.
—¿Por qué no? —le retó Leickran—. Total, para lo que sirve…
—Porque es mejor desangrar a Bloodworth, que es un Espectro y seguro que tiene la sangre más bonita que esa rata de alcantarilla —le recordó Raven.
—No, tampoco es buena idea —decidió el director.
—Jo, ninguna de nuestras ideas sádicas es buena —se quejó Leickran mientras se cruzaba de brazos.
—Es que el sadismo no es bueno, señor Angelium —le dijo Dumbledore con amabilidad.
Leickran lo miró y soltó un suspiro resignado. Incluso él debía reconocerlo. Dumbledore era un hombre sabio e inteligente. ¡Más que el propio Leickran!
—Vale, puede que no —gruñó el alemán al final—. ¡Pero es divertido!
Dumbledore rió suavemente y todos volvieron a la tarea de la decoración. Todos, para variar, menos los Merodeadores. Sirius iba odiando cada vez más a Leickran, que parecía llevarse demasiado bien con Talvi. James se comenzaba a preocupar por su director, que aunque sólo había hecho caso en eso de las sábanas blancas y no pensaba usar sangre de verdad en Halloween, podría ser guiado al camino del mal por los dos locos psicópatas germanohablantes, que a pesar de ser jóvenes, los veía muy capaces. Remus era que sencillamente no tenía ganas de nada. Y Peter… Entre que tenía miedo de la pandilla de locos y pensaba que el morado y el verde moco juntos se veía bien, era mejor que se quedara quieto y callado en un rincón.
—¿Entonces vamos a tapar los ventanales con sábanas blancas? —preguntó Lily, devolviendo la atención a la ardua labor de decorar el Gran Comedor.
—Queda mejor la idea de las sábanas con sangre —se quejó Leickran por lo bajo.
—Habló el experto en decoración de interiores —se burló Sirius, que al parecer quería morir a manos de su peor enemigo.
Leickran sólo lo miró por encima del hombro y después fue con Talvi. Eso último molestó mucho más a Sirius, que comenzó a gruñir. James se acercó a él.
—¿Celoso? —parecía que el buscador lo que quería era morir a manos de su mejor amigo.
—¡¡No!! —le gritó Sirius con enfado.
Pero James no se acobardó.
—¿Ah, no? —preguntó con una sonrisa burlona—. ¿Entonces por qué desde que Li… Evans los llamó tortolitos miras a Angelium como si quisieras matarlo?
—Es que quiero matarlo.
—Por Nieminen —completó James.
—¿Quieres pelea, James? ¿Quieres morir joven? ¿Sin haberle pedido salir a Evans más de dos mil veces? (NH: Bah, seguro que ya superó las dos mil en primero…)
—Callaos de una vez —intervino Remus con autoridad.
Sus dos amigos lo miraron un tanto sorprendidos y después decidieron dejarlo por el camino de la paz. A lo lejos, Leickran miró mal a Sirius, y Talvi lo notó.
—Ayer no le tenías tanta manía —comentó la finlandesa.
—Ayer no me tenía celos —se defendió Leickran—. ¡Y hoy se dedica a mirarme mal! ¡Me gustaría saber quién se cree que es! ¡Si yo le doy miedo!
—Leickran, tú le das miedo a casi todo el mundo —le recordó Talvi.
Leickran sonrió.
—Menos mal que no eres parte de ese mundo.
—No, yo soy especial —contestó ella.
—¡Talvi! ¡Drama! —le gritó Yeye interrumpiendo la conversación.
Ella trató de volverse hacia él, pero como se había subido en su espalda para gritarle al oído, no lo logró.
—¿Qué drama, Yeye?
—¡Dile a Petipet que el fucsia y el verde manzana juntos quedan mal! —sollozó el metamorfomago.
—¿Fucsia y verde manzana? —repitió Leickran—. ¿Para qué coño quiere la rata usar fuscia y verde manzana?
—Para las luces —contestó Yeye—. ¡Sabía que era tonto, pero no que tuviera tan mal gusto!
—Yeye, viendo esa camisa que lleva, ya deberías haber notado que tiene tan mal gusto —observó el alemán.
—¿Te importaría dejar de escoñarme la espalda? —le preguntó Talvi en un tono muy educado.
Yeye se bajó de su espalda.
—Gracias.
—¡SE ACABÓ! —se oyó a Lily de repente—. ¡Profesor Dumbledore, me niego a seguir trabajando con Pettigrew!
—¿Lo ves? —susurró Yeye—. Seguro que le ha dicho lo de las luces.
—¿Qué pasa, señorita Evans? —preguntó Dumbledore, que tenía pinta de estar pasándolo bomba.
—¡Pettigrew quiere poner luces en fucsia! —chilló Lily señalando al aludido con un dedo acusador.
—¡Junto a otras luces en verde! —completó Annell, también señalándolo.
Peter se asustó y corrió a esconderse detrás de Remus, que lo miró muy, pero que muy raro.
—Bueno, se le habrá ocurrido por el rojo y el verde, unos colores muy típicos en Navidad —le defendió Dumbledore.
—Sí, puede que sean típicos —asintió Lily recuperando un poco de su paciencia—, pero quien los escogió tenía casi tan mal gusto como Pettigrew. ¡Y entre el rojo y el fucsia hay una diferencia algo grande!
—Yo digo que necesitamos a Anu o esto quedará de pena —dijo Yeye en voz baja, intentando que sólo Talvi y Leickran lo escucharan.
—Bueno, que cada uno piense un color para las luces —propuso Raven.
—Plateado… —susurró Leickran.
—Dorado… —susurró Sirius.
Se miraron. Sirius con cara de homicidio y Leickran sin gesto.
—¿Plateado? ¿Estás loco o qué? —inquirió Sirius con ganas de pelea.
—¿Y tú qué? ¿Dorado? ¿Es que no tienes ojos en la cara? Nos va a deslumbrar a todos, imbécil —respondió el alemán, con ganas de seguirle la pelea.
—¿¡A quién estás llamando imbécil!? —le gritó Sirius.
—A ti, ¿es que no lo ves? —dijo Leickran sin inmutarse—. Tienes casi tan mal gusto como la rata de alcantarilla que tienes por amigo.
—Deja de meterte con él —ordenó Sirius, más para continuar la pelea que para defender a Peter.
—¿O qué? ¿Me pegarás?
—¿Para qué ensuciarme las manos si puedo usar la magia?
—¡Ja! ¡Estarías en el suelo antes de haber pronunciado el hechizo!
—¿¡Apostamos!?
—¡Claro, la vida como premio!
Los espectadores miraban la pelea de Sirius y Leickran con cierto interés. De hecho, Liesl y Raven estaban por ir a buscar unas palomitas, pero entonces Dumbledore los interrumpió.
—¡Señores! —llamó con autoridad—. Aquí nadie va a matar a nadie. Tanto el dorado como el plateado son buenos colores para Navidad. Los dos han tenido buen gusto, usaremos esos colores.
Leickran y Sirius cruzaron una última mirada asesina y gruñeron, antes de girarse a sus respectivos amigos.
—¿Tienes tan mal gusto como la rata de alcantarilla que tienes por amigo? —repitió Kali con una sonrisa burlona.
—Pues para tener tan mal gusto, los dos os habéis fijado en la misma persona, ¿no, Leickie? —añadió Annell con malísima intención.
Los ojos de Leickran pasaron de parecer dos trozos de hielo a recordar más a dos ascuas azules, increíble pero cierto.
—Annell, te aprecio muchísimo… pero corre por tu vida.
(NH: La avisa porque la aprecia. Si no, atacaría sin avisar xD NC: De hecho, a Kali no le ha avisado)
Annell se escondió detrás de Raven. Eso no era correr, pero servía por el momento.
—Leick, me parece que tú y Black tampoco vais a ser de mucha ayuda, mejor hacéis como la rata y os quedáis en una esquina sin molestar —se burló el prefecto pelirrojo, lo que le valió otra mirada asesina del alemán, que empezaba a sentirse bastante fastidiado.
Afortunadamente hubo una intervención que evitó el derramamiento de sangre, y esa intervención fue cosa de Talvi.
Leickran estaba a punto de comenzar a rifar a quién mataba primero, si a Sirius, a Annell o a Raven (sobra decir que el Merodeador tenía la gran mayoría de las papeletas), cuando sintió una mano fría y delgada sobre su hombro. Dio la vuelta y se encontró con los profundos ojos negros de Talvi.
—Si sigues así, vas a acabar explotando —murmuró la finlandesa.
Curiosamente, esta sencilla observación calmó bastante al chico de pelo gris. ¿O sería la voz de Talvi, que, como de costumbre, se oía poco y resonaba en la mente?
Leickran asintió, le dirigió una ligera, ínfima, menor, chiquitina, mínima sonrisa y rozó la mano de la chica, que seguía sobre su hombro.
—¿Ya?
—Sí —respondió él.
—Entonces olvídate de Black y piensa en algo útil.
Leickran la miró un momento, ladeando la cabeza, como si estuviera desconcertado. Después le preguntó con tono inocente:
—¿Estar pensando en ti no es algo útil?
—No —respondió Talvi—. Mejor piensa en la decoración.
Y caminó hacia Lily. Annell se alejó un poco de Raven y, cuando Leickran no miraba, salió corriendo hacia Talvi. Saltó y la abrazó, de forma parecida a Yeye, sólo que ella se le quedó colgando del cuello.
—¡Gracias, Talvi, me has salvado! —sonrió.
—Ya lo sé. A ti, a Rave y a Black, aunque a este último no me habría importado mucho que Leickran lo matara —le dijo Talvi—. Pero ahora, suéltame, que entre Yeye y tú me estáis destrozando los huesos.
Annell la soltó de buena gana y volvió a la difícil tarea de la decoración. Lily miró a Talvi.
—Leickran te hace mucho caso, ¿no? —le preguntó con una sonrisa soñadora.
—Lily, levanta la vista un momento —pidió Talvi mientras miraba al techo del Gran Comedor.
La pelirroja no entendía por qué, pero levantó la vista y miró al techo encantado. Aquel día estaba un poco nublado.
—¿Lo ves? —le preguntó Talvi mientras bajaba la vista—. Tú también me haces caso.
Lily la miró entre indignada y enfadada.
—¡Eres una tramposa, eso no vale! —le dijo a Talvi con voz indignada.
—Claro que vale. Volvamos a las luces —dijo mirando los ventanales de nuevo.
Lily suspiró. Era casi imposible ponerse novelera con Talvi…
—¡Luuuupin! —llamó alegremente.
Remus intentó camuflarse con el paisaje. Lamentablemente, el Gran Comedor no era un paisaje en el que un prefecto de sexto pudiera camuflarse de forma eficaz.
—¿Qué quieres? —le preguntó.
—¿Tú y Anu vais a alguna parte? —preguntó a su vez la pelirroja de ojos verdes.
—Ella, no lo sé. Yo no, me tenéis aquí encerrado…
—Muy gracioso. ¿Ahora podemos hablar en serio?
—¿De qué? ¿De que tu amiga sigue sin hablarme?
—Algo podrás hacer —opinó Lily— Vamos, sabes que le gustas, y ella también sabe que te gusta. Lo que pasa es que sois más tercos que dos mulas.
—Te equivocas. Lo que pasa es que ella está prometida con ese modelo pijo —corrigió Remus en tono impaciente.
Lily suspiró.
—¿Crees que a ella le gusta estar comprometida con el idiota de Dimitri?
—No parece muy dispuesta a dejarlo —observó el licántropo un tanto irritado.
—¡Porque tú no estás dispuesto a admitir hasta dónde estás dispuesto a llegar por ella! —gritó la pelirroja haciendo que todos la miraran—. ¿Qué? ¡Talvi, díselo tú! ¡O Liesl! ¡Que vosotras también sois antárticas y a lo mejor a vosotras os cree!
Talvi suspiró con cansancio. ¡No estaban organizando ese estúpido baile para que Lupin no pusiera un poco de su parte para mejorar su relación con Anushka!
—A ver, Lupin… —llamó, armándose de paciencia—. Anushka no puede dejar a Dimitri por rollos familiares. Sólo ese imbécil puede romper el compromiso, y lamento decirte que él sí quiere a Anushka, y no está muy dispuesto a dejarla. Pero ella perdió la cabeza por ti…
—¡Sí, claro! —interrumpió Remus con tono de burla—. Y eso lo demuestra tan efusivamente…
—Ahí está el punto de ser antártica, idiota —escupió Liesl—. No demostramos sentimientos.
—Ella sabe muy bien de lo que habla —comentó Leickran, que tampoco es que fuera el ser más romántico del mundo, pero expresaba un poquito más sus sentimientos que Liesl.
—Volviendo al tema de Anu y éste —gruñó Talvi refiriéndose a Remus—, Anushka necesitaría saber a ciencia cierta que la quieres para demostrarte que está loca por ti. Así de simple: o das tú el primer paso o te quedas miserablemente solo, viendo cómo ella se convierte en la señora de Plushenko.
—Es sorprendente que entiendas tanto de sentimientos cuando tú también eres antártica —dijo Annell admirada.
—Es que soy observadora e inteligente —contestó la finlandesa.
—Te doy la razón —dijo Leickran, lo que le valió una mirada asesina de Sirius.
A todo esto, Dumbledore fingía estar pensando en la decoración junto a Yeye, pero escuchaba atentamente la plática de los chicos y se divertía de lo lindo con los celos de Sirius hacia Leickran.
—Si no lo hicieras, estarías equivocado —replicó ella sin gran modestia.
—¿Se da cuenta de que nadie más que yo está haciendo algo útil? —le preguntó Yeye al director.
—Sí, me doy cuenta —respondió éste—. No sabía que las discusiones de sus amigos fueran tan entretenidas.
—Huy, y ésta es de las normalitas —afirmó el metamorfomago—. Ya cuando discuten Liesl y Leickran es mundial. Aunque acaban aburriendo un poco.
—Entonces vamos a pararlos… ¡Chicos! —Los aludidos se volvieron hacia Dumbledore—. Lamento tener que recordarles que estamos aquí para pensar en la decoración navideña, no para discutir.
Las reacciones no se hicieron esperar: los Merodeadores mostraron sus mejores sonrisas inocentes (o sea, las que menos engañaban), las dos pelirrojas noveleras intentaron sin éxito fingir que sí que estaban haciendo algo respecto a la decoración y los demás se encogieron de hombros, ni siquiera Dumbledore supo si en forma de disculpa o más bien en plan me-da-igual.
Notas de Haku:
Me doy cuenta de que no somos muy propensas a los finales impactantes a lo Carla Gray… Y bueno, vamos moderándonos. Dentro de poco volveré a aprender a escribir capítulos cortos (NC: ¿Por qué? Los capis largos molan más).
Por cierto, ¿os habéis dado cuenta de que Raven no se ha enfadado con Kali en este capítulo? Sí que estamos moderándonos…
Notas de Annell:
Seamos sinceros, señores… ¡Nadie saldrá vivo de ese baile! A lo mejor las Antárticas y Leickran, pero los demás… Lo veo difícil. Pero en fin…
Se aceptan apuestas. ¿Quién tendrá el honor de estar con Talvi? ¿Leick o Sirius? ¿Y quién no saldrá con vida de ese fic?
Notas conjuntas:
Otra cosa. Lamentamos muchísimo el retraso, pero es culpa de la madre de Annell, que la castigó sin Internet y no pudimos escribir en mucho tiempo. Así que las reclamaciones se las mandáis a ella, porque nosotras no pensamos leerlas.
Dejad reviews o mandamos a los dos locos psicópatas germanohablantes para asustaros con sus ojos azules (NC: Y Sylar irá a rajaros el cráneo... ¿Es que nadie ve "Héroes"?).
Extraños saludos. Portaos mal y pensad peor, que es muy divertido, y comed bichos porque luego ellos os comerán a vosotros xP (total, son proteína pura).
Se despiden Annell y Haku, los Ángeles de Oscuridad.
(¿Se nota el cortar/pegar? Es que hacía mucho que no lo preguntábamos)
