Capítulo 12. Locos santificados y merodeadores mártires.
Estaba visto que la pandilla de locos y los Merodeadores no se ponían muy de acuerdo con la decoración, por lo que abandonaron el Gran Comedor sólo con la idea de tapar los ventanales y la de las luces doradas y plateadas. Llegaron a la sala común, casi todos muy estresados, pero aún tenían un considerable tocho de deberes por hacer. Annell bajó a Anushka casi a rastras para que hiciera los deberes con ella y no estuviera sola todo el día. Leickran tenía que escribir cerca de cuatro redacciones, y en esos momentos intentaba concentrarse en la redacción para clase de Historia de la Magia. ¡Odiaba esa clase! ¡Era aburrida, inútil y pesada! ¡Era casi tan aburrida como la rata! La rata… Lo miró con cierto asco. Era enano. No le llegaba ni al cuello, ni siquiera al pecho. Y era gordo. ¡Era dos veces Leickran! (NH: No, era Leickran doblado por la mitad xD) Su pelo también era horrible, por no hablar de sus ojos negros y pequeños, muy juntos a la nariz redonda. Era una rata, no había otra descripción. Era la rata Pettigrew. Era… Eh… ¿Carl Pettigrew?… No, no era Carl, Carl era de su curso. Era… ¿Bill? No, Bill tampoco (NH: ¡Y menos mal! ¡No merece llevar el mismo nombre que mi ángel terrenal! ToT Aunque bueno, di tú que el que tiene tampoco lo merece…). Era… ¡Thomas! ¡Sí, Thomas! No, momento… ¿Thomas Pettigrew? No. Frunció el ceño.
—Oye, tú, rata —llamó de forma brusca. Sus amigos lo miraron extrañados, y Peter se asustó y se escondió entre Sirius y James. El primero estaba muy dispuesto a defenderlo a golpes—, dime, ¿cómo te llamas?
—Peter —respondió con un hilo de voz.
Eso causó una reacción en cadena. Yeye y Annell también estaban escribiendo sus redacciones, junto a Kali. En realidad, Annell estaba en medio de Yeye y Kali. Sobra decir que fue Raven quien, estratégicamente, la puso ahí. Al escuchar el nombre de Pettigrew, Annell se sobresaltó, dio un manotazo, tiró su tintero, saltó y se escondió detrás de Yeye y Kali, asustada.
—¿Qué pasa? —le preguntó el Caído.
—La rata… la rata… —tartamudeó Annell frenética—. ¡LA RATA TIENE UN NOMBRE BONITO!
—¡Ay, por favor! —bufó Liesl completamente indignada—. ¡Qué insulto para grandes personajes como Peter Pevensie! (NC: Esto me recuerda a otro Peter… Mi Peter Petrelli NH: Ahí se puede insertar cualquier Peter que te caiga bien xD)
—Déjalo, mujer —le dijo Raven mientras empujaba un poco a Annell para que volviera a estar en medio de Yeye y Kali—, que disfrute, para algo bueno que tiene…
—Quieres decir aparte de su ausencia, ¿no? —le preguntó Lily.
—¿Pero por qué os gusta tanto meteros con él? —preguntó James cansado.
La pandilla de locos al completo se miró, incluso Anushka. Después todos los que no estaban depresivos respondieron:
—Porque no tiene estilo.
—Ni cerebro —añadió Leickran—, y como bien dicen Liesl y Yeye…
—Que se pierda todo menos el estilo —terminaron ellos dos.
—Exacto.
—Von Prater —llamó Pettigrew, que estaba muerto de miedo pero le podía la curiosidad—, ¿quién es Peter Pevensie?
—Uno de los protagonistas de Las Crónicas de Narnia, inculto —le respondió ella con desprecio.
—Ah.
—¿Por qué es un insulto? —se rebotó Sirius—. Yo he leído Las Crónicas de Narnia y no me cayó muy bien que digamos (NC: En eso tiene razón NH: No, si Liesl prefiere a la bruja xD).
—Otra razón de peso para no salir contigo —argumentó Liesl sin inmutarse—. Y sólo mira a la rata. Se ve a la legua que un ser tan repugnante no se merece un nombre tan bonito.
Y se inclinó sobre su pergamino. Sirius miró a los amigos de Liesl, sorprendido.
—Está platónicamente enamorada de Peter Pevensie —aclaró Raven en voz baja—. Entre otras cosas porque no existe. Es una de las razones por las que no tienes posibilidades con ella, no va a serle infiel.
Y le sonrió con más dientes que amistad.
—Rave —llamó Liesl con voz de nada.
—Qué.
—Yo no estoy eso que empieza por E. Con o sin Platón. No le mientas a Black, que luego se cree que tengo sentimientos.
Raven se encogió de hombros. Sirius sólo le dirigió una mirada asesina antes de volver su atención a sus deberes. James miró a Lily de reojo. Vale, lo reconocía, la chica no le gustaba, estaba perdidamente enamorado. O al menos eso comenzaba a creer desde que pensó que Lily sería una buena madre. El problema era que como siguieran por ese buen camino de alegría y amistad, Lily no sería la buena madre de sus hijos… Tal vez, pensó, tal vez si se hacían amigos…
—Eh… Evans… —llamó, intentando que la pelirroja le hiciera caso.
Y sí, le hizo caso. Por desgracia para James, no sólo esa pelirroja. Annell dejó de escribir su redacción y miró mal a James.
—Lily, no recuerdo unas fechas, ¿me ayudas? —le preguntó Annell.
—¡Claro! —respondió Lily, contenta de que Annell la librara de Potter.
—¿Por qué no se lo preguntas a Dalton? —escupió James frustrado.
—Porque si se da cuenta de que paso de esa clase, no me volverá a dejar sus apuntes —sonrió Annell, antes de ocupar toda la atención de Lily.
Pasaron demasiado tiempo mirando la redacción, demasiado para que sólo fueran unas fechas, pero aun así, Annell escribía. ¡Era como si Lily le estuviera dictando la redacción! Aunque James sabía bien que lo que intentaban era cansarlo, para que no volviera a llamar a Lily. Pues James no se cansaría tan rápido.
Pero pocos minutos después descubrió que aquella pandilla de locos se podía comunicar mediante telepatía. Lily y Annell dejaron de mirar la redacción, y James le iba a hablar, cuando Liesl entró en escena.
—Pero, Lily… —dijo, acercándole su redacción—, entonces, estas fechas están mal, ¿no?
Otros veinte minutos en la redacción de Von Prater. Eso no le podía estar pasando a James… Cuando por fin acabó con Liesl y parecía que James iba a poder hablarle sin interrupciones, Talvi y Anushka se pusieron de pie al mismo tiempo, lo cual llamó la atención de Sirius, Remus y Leickran.
—¿Terminaste? —le preguntó Talvi, refiriéndose a los deberes.
Lily asintió y guardó sus cosas. James sólo pudo ver cómo la chica se alejaba. Unas ganas enormes de asesinar a la pandilla de locos lo invadió, pero se dio cuenta de que antes de poder levantar la varita, esos locos ya lo habrían matado. Entonces, Sirius llamó su atención.
—Eh, mirad… —y señaló las escaleras.
Por ahí estaban Lily, Talvi y Anushka, pero también estaba Amber Donahue. La Siamesa miró a Anushka con miedo y odio.
—No sé qué le habrás hecho a Alison —comenzó—, pero sea lo que sea, no vas a quedar limpia.
Lily intentó ahogar una risa. Esa loca no sabía lo que decía.
—¿La estás amenazando? —preguntó Talvi con tono peligroso.
—Pero si no quedé limpia, mira —objetó Anushka con fingida inocencia, y le enseñó las manos manchadas de sangre seca, que aún no se había limpiado. Después se dirigió a Talvi—. Sí, creo que intentaba amenazarme…
Lentamente, levantó una mano y acercó el dedo índice hacia la cara de Amber. Ella retrocedió, y por poco se cae sobre el escalón. La pandilla de locos y los Merodeadores miraban con atención. Otros curiosos también miraron atentamente.
—No puedes herirme —dijo con voz suave. Acercó más el dedo índice, y Amber cayó al suelo, delante de ella—, ni siquiera puedes tocarme.
Y pasó por encima de Amber. Por encima literalmente, porque la pisó como si sólo fuera una alfombra. Amber soltó un quejido, aunque no se podía mover. Se puso en pie antes de que Talvi también la pisara y salió corriendo a su habitación.
Se hizo el silencio en toda la sala común.
—¿Alguna vez os he comentado que admiro a Anu? —preguntó Liesl de buen humor.
—Pues no, pero se te nota bastante —contestó James—. ¿Cuánto odias a Donahue?
La austriaca lo miró sorprendida.
—No la odio —respondió con calma—. Eso sería darle una importancia que no tiene.
—Buena respuesta, Lilí —aprobó Raven.
Los Merodeadores le dirigieron una mirada extrañada al pelirrojo, porque sólo habían oído a Yeye llamarla así y sobrevivir, pero a ella no pareció importarle, porque le mandó una sonrisa cansada a Lithgow y salió de la sala común, en dirección a su dormitorio.
Raven se quedó mirando al techo y de repente clavó la vista en Pettigrew.
—Este tío es más feo que pegarle a Leickran —dijo en tono de intenso desagrado.
—¿Más feo que pegarme a mí? —repitió Leickran divertido.
—La expresión equivale a más feo que pegarle a Dios —aclaró el pelirrojo.
—¡Menos mal que alguien admite mi divinidad!
—Eres un ególatra —atacó Sirius.
—No, soy Dios —respondió Leickran en tono teatral (NC: Acaba de recordarme un diálogo… Era algo así… "¿Crees en Dios?" "Sí, siempre he tenido mucho sentido del "yo"").
—De los teñidos, sí —gruñó Sirius por lo bajo.
Pero Leickran lo escuchó. Y le dirigió una mirada asesina. Entonces, Talvi y Lily arrastraban a Anushka a la sala común de nuevo, con Liesl detrás en plan espectadora interesada. Leickran sonrió con malicia.
—Talvi, Rave ha reconocido mi divinidad —informó.
—¿Y…?
—Y te nombro mi diosa consorte.
James y Remus sostuvieron a Sirius, para que no se lanzara contra Leickran. Talvi sonrió un poco y arrastró a Anushka hacia los demás. Raven miró a Leickran con fingida indignación.
—¿Y nosotros qué? —preguntó.
—Cierto… —murmuró mientras fruncía el ceño y meditaba unos momentos—. San Raven, patrón de los incomprendidos familiares…
—Anu y yo nos resguardamos bajo tu protección, Raven —le dijo Talvi mientras Leickran soltaba un carraspeo indignado.
Anushka corrió a sentarse al lado de Raven y cogió la mano del chico entre las suyas, como si en verdad fuera un santo. Lo miraba con ojos suplicantes mientras hacía temblar su labio inferior. Remus cogió aire profundamente, intentando calmarse.
—Raven, por favor —suplicó Anushka—, déjame huérfana. Por piedad, oh, San Raven (NH: Y luego las teatreras son las pelirrojas xD).
—Veré qué puedo hacer —respondió divertido el pelirrojo mientras le daba unas palmaditas a Anushka en el hombro, en plan consolador. Después una sonrisa vampírica apareció en su rostro—. De momento te puedo dejar sin prometido.
Anushka ladeó la cabeza, como si meditara la propuesta de Raven.
—No, no le toques un solo pelo a Dimitri o sufrirás mi ira —dijo con cara inocente.
Raven soltó un bufido de esos que se parecían a los de Talvi.
—¡Me limitas! —gruñó, aunque en verdad quería soltar algo estilo ¡Como si ese idiota valiera la pena!, pero sabía que eso podría peor a Anushka, y Raven se sentía un poquitín culpable por haberle dicho que era débil. Sólo un poquitín.
—Momento, de Anu lo entiendo… ¿Pero por qué te amparas a Raven tú, Talvi? —preguntó Liesl.
—Aún no he terminado de santificaros —dijo Leickran antes de que Talvi pudiera comenzar a hablar—. San Yeye, patrón de la moda… Santa Lily, patrona de los culebrones y las telenoveleras… Santa Anushka, patrona de la elegancia… Santa Annell, patrona de… Eh… La inocencia, por decir algo —Annell y Lily hicieron un puchero—. Y Santa Liesl… No, espera… ¡Tú ya eras sacerdotisa leickrista!
—Es cierto —Liesl se encogió de hombros.
—Necesito una sacerdotisa, eres demasiado importante como para nombrarte santa tan rápido —Leickran miró a Kali fugazmente—. El patrón de los pesados…
Pocos entendieron de quién estaba hablando, de hecho, sólo las antárticas y Raven. Los cuatro se rieron.
—Ahora sí, Talvi. ¿Por qué te amparas a Raven?
—Por motivos personales —contestó Talvi.
Liesl chascó la lengua.
—Te pareces demasiado a mí —comentó—. Aunque entiendo que no quieras hablar delante de estos cuatro…
Talvi se encogió de hombros y se sentó junto a Leickran, que miró de reojo a Sirius, esbozó una sonrisa malvada y le pasó un brazo por los hombros a la finlandesa.
—¿Qué haces? —se extrañó ella.
—¿No me dejas? —protestó el alemán mirándola directamente a los ojos.
Ella sostuvo la mirada durante unos minutos y después asintió, acurrucándose un poco contra su amigo.
—Tengo frío —dijo aún extrañada.
—¡Pero si tú nunca tienes frío! —intervino Yeye, que parecía encantado por la escena pero se había preocupado por la última frase de Talvi.
—Pues ahora lo tengo.
Leickran la estrechó un poco contra su propio cuerpo, que era bastante más grande que el de ella. El alemán era un poquitín más alto y bastante más ancho que la chica. Sirius los miró casi sin poder contener los celos. Ahora entendía que Lithgow se pusiera como se ponía cuando Bloodworth coqueteaba con Dalton…
¿Y desde cuándo se había fijado él lo bastante en Nieminen como para sentirse celoso por ella? ¡Con lo borde que era! Casi tanto como Von Prater… Claro que con ésta también lo había intentado, pero era más que nada por el reto…
—Siiiiiiriiiiiiuuuus —llamó James—. Controla esos celos…
—No estoy celoso —espetó Sirius.
—¿No? —intervino Remus—. Es que como mirabas a Angelium como si quisieras hacerle vudú con la mirada…
Sirius decidió defenderse.
—¿Estabas tú celoso de Plushenko?
El gesto de Remus se endureció.
—No.
—Entonces yo no tengo por qué estar celoso de Angelium.
Pero Leickran se iba a encargar de darle motivos para estar celoso…
—¿Por qué no vas a descansar? —le preguntó suavemente a Talvi… Muy suavemente—. Te estás matando a trabajar… Los entrenamientos de quidditch, animar a Anushka, hacer deberes, el baile estúpido ése y continuar siendo la mejor en los estudios… Sinceramente, Talvi, descansa un poco.
Talvi lo miró, dispuesta a replicar, pero Leickran la miró como si le advirtiera que estaba muy dispuesto a cargarla y llevarla a su habitación.
—Oblígame —retó Talvi con un tono entre cansado y despectivo.
Leickran se encogió de hombros.
—Tú lo has querido —fue lo único que dijo.
De alguna forma que nadie vio bien, Leickran pudo coger a Talvi en brazos, y se dio cuenta de que era muy liviana. Demasiado. Sirius cogió aire… Lo soltó… No iba a cometer un homicidio en ese mismo lugar… No con tantos testigos… No iba a matar a Angelium sólo porque estuviera llevando en brazos a Talvi y la llevara a su habitación, no… Cogió a Remus y James por los brazos, para que ellos evitaran que matara a Leickran.
—No lo mates, Sirius, por favor —susurró James.
—También deberías comer más —añadió Leickran mientras caminaba sin ninguna dificultad hacia las escaleras con Talvi en brazos.
—Eso sí que no lo voy a hacer —gruñó ella.
Antes de desaparecer por las escaleras, Leickran miró hacia Sirius. Le sonrió con desdén, y desapareció de su vista con Talvi, que no intentaba bajarse y caminar sola porque sabía que el alemán era más fuerte que ella y no se lo iba a permitir.
—¡Bastardo! —gruñó Sirius mientras clavaba sus uñas en los brazos de sus amigos.
—Sirius, los celos son tuyos, pero los brazos nuestros —escupió Remus mientras soltaba su adolorido brazo del agarre de su amigo.
—Ay, perdón —se disculpó Black soltando también a James.
—¿Por qué no vas a Nieminen y le dices que te gusta? —preguntó el buscador.
—¿Te has vuelto loco, James? —preguntó a su vez su mejor amigo.
—¿Te gusta Nieminen? —intervino la rata… digo, Pettigrew.
—Joder, Peter, podrías ser menos perceptivo, pero poco —contestó Remus.
—Pero si no me gusta Nieminen —aclaró Sirius.
Remus y James lo miraron con cara de sí-sí-lo-que-tú-digas.
—¿Qué? ¡No me gusta!
Entonces hizo acto de presencia Liesl, que había subido con Leickran y Talvi.
—Chicos, Talvi está con fiebre —anunció—. ¿Alguien quiere venir a ayudarnos a convencerla de que vaya a la enfermería?
Todos los amigos de la finlandesa se pusieron en pie, incluyendo a Anushka. Sirius, sin saber por qué, los imitó.
—Tú no —lo señaló la rubia—. Queremos convencerla de que vaya a la enfermería, no de que te asesine.
Sirius se volvió a sentar.
—Pues dile que no sea cabezota, de mi parte.
—Sirius, no es por molestar ni nada —empezó James en un tono que decía que un poco sí que era por molestar—, pero es probable que haga exactamente lo contrario de lo que tú le dices.
El moreno de ojos grises le mandó una mirada asesina.
—¿Me dejáis intentar a mí? —pidió Anushka suavemente.
—Tú lo que quieres es cobrarte una venganza porque te haya hecho bajar a la sala común en incontables ocasiones —acusó Raven.
—¡San Raven! ¿Cómo puede pensar eso de mí? —inquirió Anushka escandalizada. Todos la miraron de forma acusadora—. … Vale, pero por lo menos yo voy a hacer un bien hacia su persona.
Y desapareció hacia su habitación. Después de pocos minutos en los que escucharon golpes que alertaron a Remus y Sirius, pero no a los demás, apareció con Leickran y Talvi. Lo curioso es que Leickran cargaba con Talvi, ella se retorcía y Anushka intentaba que ni ella ni Leickran salieran heridos con las patadas de Talvi, aparte de intentar calmar a la finlandesa.
—¡¡Talvi, TIENES que ir a la enfermería!! —le decía Anushka mientras intentaba sujetarla por los tobillos.
Leickran sencillamente no decía nada. Soportar todo eso requería un enorme acopio de paciencia por su parte, pero por Talvi lo soportaría. O al menos eso esperaba.
Sirius se quedó con la boca abierta en cuanto los vio. James sencillamente se rió un poco y Remus se preocupó porque Anushka no saliera pateada de camino a la enfermería.
—¿Y así ibas tú a ayudar? —le preguntó Lily a Anushka, divertida.
—Ha salido de la habitación de camino a la enfermería, ¿no? —preguntó ella ofendida.
Sirius se puso en pie y caminó hacia Talvi, la cual aún se retorcía en brazos de Leickran.
—¿Ayudamos? —preguntó, más dispuesto a golpear a Leickran que a llevar a Talvi a la enfermería.
—No —contestó Talvi con voz potente, mientras dejaba de retorcerse y patear y se aferraba con las uñas, literalmente, a Leickran, que sólo se mordió el labio inferior en señal de dolor.
—Chicos… No es por darle la razón a ella ni por quitárosla a vosotros, pero… ¿no sería mejor que la dejarais ir sola a la enfermería? —preguntó Yeye cautelosamente.
—No, porque como la deje en el suelo, volverá corriendo a su habitación y se encerrará ahí para que no nos la llevemos —contestó el alemán, demostrando que la conocía bien.
—¿Necesitas ayuda, Dios? —preguntó Raven en tono ligeramente burlón.
—Eh, que por muy santo que seas, sigo siendo superior a ti —observó fríamente el chico de pelo gris.
—Sobre todo en estatura —contestó el pelirrojo mordazmente.
—Le sacas nada más cinco centímetros, no seas cabrón, Raven —defendió Talvi, aún sujetándose con uñas y sin dientes a Leickran.
Liesl sacó su varita.
—Talvi, perdóname. Leick, suéltala —dijo.
Leickran obedeció: se fiaba lo bastante de la otra loca psicópata germanohablante.
En cuanto Leickran la dejó en el suelo, Talvi se puso en pie y lo fulminó con la mirada; iba a dirigirse a su habitación cuando Liesl la apuntó con la varita.
—¡Petrificus totalus!
Los Merodeadores se quedaron mirando a la loca psicópata austriaca con un poco de miedo. Si era capaz de usar una maldición contra una de sus mejores amigas, ¿qué no haría contra sus enemigos?
—Arreglado. A veces me avergüenzo de lo poco listo que eres, Leick —dijo la rubia mirándolo con una mezcla de burla y compasión.
—¡No es que sea poco listo, es que no era necesario llegar a tanto! —gruñó el alemán mientras volvía a coger a Talvi.
—Claro… Con Talvi no —observó Raven, divertido.
Leickran decidió obviar esa observación.
—Lilí, eso ha estado mal —dijo Yeye suavemente.
—Lo sé —respondió ella con soltura.
—¿Podemos irnos ya? —intervino Anushka—. Ahora la señora Pomfrey no tendrá que tratar sólo el resfriado, sino hacer que pueda volver a moverse.
—Bah, en cuanto Talvi se pierda las clases con los Slytherin me lo agradecerá —dijo Liesl encogiéndose de hombros.
Annell pareció meditar unos instantes sus palabras. Después cayó al suelo de rodillas, como solía hacer Yeye.
—¡Congélame! —pidió entre lágrimas de cocodrilo.
—No, Annell, tú físicamente sigues sana —se negó la austriaca.
—Claro, porque lleva psicológicamente inestable desde se relacionó con vosotros cuando aún iba en primero —se burló James.
Eso le valió que el libro de Historia de la Magia, un volumen de más de quinientas páginas, unos treinta centímetros de largo y pasta dura, le golpeara de lleno en la cabeza. Lo cual hizo reír hasta a Sirius y Remus. Peter se asustó.
—También en primero me enseñaron a lanzar libros con tan buena puntería —añadió Annell con una sonrisa.
—Vámonos —pidió Anushka cansada.
Leickran caminó con Talvi en brazos, no sin antes mirar fugazmente a Sirius, el cual se estaba poniendo verde de celos. El loco psicópata germanohablante soltó un suspiro de placer. Y toda la pandilla de locos salió de la sala común.
—Sirius, tú matas a Angelium y yo a Ivanov —pidió James cuando un dolor punzante llenaba su cabeza.
La única respuesta de Sirius fue un gruñido que parecía destrozarle la garganta, mientras intentaba controlarse. Definitivamente, Leickran y él estaban en guerra declarada. O más bien, Sirius le declaraba la guerra a Leickran (NH: El poco listo es él).
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Sirius averiguó que Talvi estaba en la enfermería con gripe. No la habían mantenido petrificada, pero sí la tenían atada a la cama para que no huyera. Si algo caracterizaba a la finlandesa, era que no le gustaba quedarse quieta y sin hacer nada
Lily fue la que le dio la noticia a Black, después que él pasara dos horas de clase mandándoles notitas a Anushka y a ella, todas en plan ¿qué le pasa a Talvi?, ¿está grave Talvi? o ¿por qué nadie me cuenta nada?, frase que, al parecer, ya era común a los Merodeadores.
—Está en la enfermería con gripe —contestó la pelirroja mayor dándose la vuelta—. ¿Te quieres callar de una vez?
—Vale —respondió Sirius.
—¿Entonces de verdad te gusta Nieminen? —preguntó Pettigrew.
—Que no, Peter, que no.
—Está enamorado de ella —completó James, que cada día daba señal de apreciar menos su vida.
—¡¡QUE NO, COÑO!!
—¿Algún comentario que tenga que ver con la clase, señor Black? —preguntó la profesora McGonagall en tono glacial.
—Eh… No —contestó Sirius después de fingir pensárselo un poco.
Los Merodeadores decidieron (sabiamente) prestar un poco de atención a la clase hasta que terminara, y después, cuando salían en dirección al Gran Comedor, Remus demostró también su vena suicida preguntando:
—¿Vas a ir a ver a Nieminen a la enfermería, Canuto?
Lo cual le valió una mirada borde que ríase usted de las de Liesl. Bueno, tanto no.
—¿Para qué, para que me eche? Claro que no.
—Vaya, hombre. Con lo divertido que hubiera sido veros pelear —dijo James.
—Tú quieres morir joven, ¿verdad? —preguntó una voz conocida detrás de Sirius.
El buscador apartó a su mejor amigo para encontrar a Daphne Nishimura.
—¿Por qué lo preguntas?
—No, por nada… Sólo que te pasas la vida provocando a tu amigo, lo cual, a mi modo de ver, no es bueno para tu integridad física… Pero bueno, ya veremos en qué acaba todo esto. ¡Adiós!
James se quedó mirando cómo se movía la melena pelirroja de Daphne, hasta que desapareció entre la gente.
—Esa chica es guapa. Se parece a Evans —comentó.
Remus y Sirius se miraron.
—Vámonos —dijeron al mismo tiempo, cogiendo cada uno un brazo del moreno de pelo revuelto.
Entraron en el Gran Comedor, aún arrastrando a James. Se dirigieron a la mesa de Gryffindor. James se soltó rápidamente y tanto él como Remus se pusieron a buscar a sus amad… Amigas, sí, eso. Se pusieron a buscar a sus amigas con la mirada.
No estaba toda la pandilla de locos. Sirius no supo si alegrarse o no al ver que Leickran no estaba. Remus se sorprendió al ver que Anushka sí estaba. La rusa mayor llevaba más de una semana sin pasarse por el Gran Comedor a la hora de comer y pocas veces a cenar. O si lo hacía, conseguía increíblemente bien pasar desapercibida. Fue a sentarse al lado de Anushka, olvidándose casi completamente de sus amigos. James también lo siguió, feliz de tener una excusa que lo acercara a Lily. Y Sirius caminó lentamente, con pesadez. No le gustaba nada la idea de que Talvi no estuviese, mucho menos la posibilidad de que Leickran estuviera con ella.
—¿Qué haces aquí? —le preguntó Remus a Anushka.
Ella no estaba comiendo, sencillamente removía la comida con el tenedor. Pareció indignarse ante la pregunta.
—¿Qué pasa? ¿No puedo estar aquí? —preguntó de mal humor.
—No, yo no he dicho eso, pero me sorprende —aclaró el licántropo.
—Lo hago por Talvi —suspiró Anushka.
Eso hizo que Sirius se metiera en la conversación.
—¿Por qué por Talvi? —inquirió.
Anushka lo miró mal, pero respondió.
—Cuando pudo moverse de nuevo, me dijo que no podríamos mantenerla atada siempre, que encontraría la forma de soltarse —un escalofrío recorrió la espalda de Anushka al recordar el tono peligroso de su mejor amiga—. Y le propuse un trato: yo venía a comer y a cenar si ella se quedaba quietecita hasta mejorarse.
De pronto, Anushka se sintió especialmente sádica, y decidió torturar un poquito a Sirius, sin pasarse.
—Aunque, claro, como Leickran la está cuidando ahora mismo, no creo que se escape —añadió como si tal cosa.
Los dedos de Sirius se crisparon y casi tira su vaso con zumo. Anushka lo miró y pensó que quizás, tal vez, puede que se hubiese pasado un poco. Pero no le dio más importancia. Volvió a concentrarse en pasear su tenedor por la comida. ¿Qué era? ¿Carne con alguna salsa y setas? Si movía aquella seta un poco más arriba de aquel trozo de carne parecerían un árbol… Sacudió la cabeza. El ocio era muy malo. Y el ocio con comida peor (NH: Totalmente de acuerdo).
—Come —ordenó suavemente Remus.
Anushka se irguió, alzó una ceja y lo miró como si estuviese loco. Le lanzó una mirada desdeñosa antes de girar violentamente. Miró a sus amigos en busca de una distracción. La escena era una bien normalita. Kali y Raven se estaban intentando matar con la mirada, mientras Annell y Yeye intentaban calmarlos. Lily parecía estar calibrando las miradas de los dos contrincantes, mientras que Liesl estaba casi tan o igual de aburrida que ella.
—O comes, o se lo digo a Nieminen para que no cumpla su promesa y se escape de la enfermería —le susurró la voz de Remus a su oído.
Otro escalofrío corrió por su espalda. Se giró hacia Remus con una mirada de homicio. ¡La estaba chantajeando! Intentó fulminarlo con la mirada, pero el muy… sólo se rió. ¿Es que no sabía que cuando una antártica le dirigía una mirada asesina, lo normal era que se asustara, bajara la mirada y no le hablara en dos horas?
—Venga, come… ¿O quieres que Nieminen se escape de la enfermería?
No, definitivamente, esa parte de la lección se la perdió.
Anushka picó la carne y se llevó el tenedor a la boca maldiciendo mentalmente a Remus. Lo miró mientras masticaba, tragó y dejó el tenedor sobre el plato.
—Ahora el siguiente —insistió él.
Mientras masticaba otro trozo de carne, Anushka se preguntó qué pasaría si le clavaba el cuchillo a Remus.
—Te lo asesino gratis, si quieres —susurró Liesl inclinándose un poco para que Remus lo oyera.
Anushka sonrió macabramente.
—Prefiero hacerlo yo, muchas gracias —contestó en el mismo tono.
—Me encanta lo filántropas que sois, chicas —dijo Remus con sarcasmo—. Otro, Anushka.
Liesl lo miró mal. Aquel sarcasmo podía habérsele ocurrido a ella.
—Venga, Plushie —añadió—. O Lupin irá a la enfermería a chivarse a Talvi…
Ni que decir tiene que lo de Plushie no le sentó muy bien al licántropo… Una encantadora pequeña venganza.
Notas de Haku:
Muy bien, ahora resulta que Leickran es Dios, Liesl sacerdotisa y el resto de los locos santos. Los pobres Merodeadores se van a volver tan locos como sus compañeros xDDD Aunque quizá ya lo estén.
Los "motivos personales" de Talvi para ampararse bajo la protección de san Raven (xD) se sabrán, pero más adelante.
Otra cosa. Sí, Daphne se parece a Lily. Pero Lily es más guapa. Sobre todo para James, que está perdidamente enamorado de ella. He dicho.
¿Alguien aparte de mí está convencido de que Amber es absolutamente oligofrénica y de que el triángulo "amoroso" Sirius-Talvi-Leickran está muy interesante?
Notas de Annell:
Seh, a cada día que pasa estamos más locas (y mira que han pasado MUCHOS días desde que escribimos esto…).
Los motivos de Anushka para ampararse bajo la protección de Raven son obvios, ¿no? XD Los de Talvi ya los descubriréis…
Ahora, Remus como siga así de aventurero, va a tener que ampararse bajo la protección de Leickran para sobrevivir a las Antárticas…
(nah, creo que con las fans ya tiene legiones de sobra para defenderse…)
Notas conjuntas:
Dejad reviews o la rata aparecerá para manteneros despiertos toda la noche cantando "Soy Enrique VIII". Como en Ghost, pero en feo.
Extraños saludos. Portaos mal y pensad peor, que es muy divertido, y comed bichos porque luego ellos os comerán a vosotros xP (total, son proteína pura).
Se despiden Annell y Haku, los Ángeles de Oscuridad.
