Disclaimer: Naruto y etc son propiedad de Masashi Kishimoto y etc.
AVISO: Este fic tendrá indicaciones de una posible o futura relación entre dos chicos, si no te gusta no leas. No, va, en serio.
Muerte de un personaje en el primer capítulo, muchas palabras groseras y cursi y angustioso en próximos caps. Y cambio de rating a M, y de supernatural a angustia.
Y, además de todo esto; en este capítulo hay mutilación, no muy específica, pero la hay. Si este tipo de cosas te desagradan, por favor no leas.
Gracias a Ang-chan y a Nemu por si ayuda. ^^
Desventuras
"Al fin, por fin"
Faltaba poco para la medianoche. Sasuke estaba sentado en la cocina, bebiendo un vaso de leche caliente que empezaba a enfriarse. Miraba aburrido al reloj de la pared, que con su leve tic toc marcaba el lento paso del tiempo. Sus ojos seguían las manecillas, y, por mucho que lo intentase, el sueño no venía a él. Llevaba más o menos desde las nueve y media intentando dormirse –hora a la que se había ido Itachi y a la que Sasuke, con un sentimiento desconocido pesándole en el estómago, se había ido a la cama–, pero su mente no dejaba de recordarle los sucesos de los últimos días. ¿Quién podría dormirse con todos aquellos recuerdos arremolinándose en su mente como un torbellino? Él, desde luego, no.
Además, cuando cerraba los ojos, aún creía ver los ojos de Itachi, mirándolo desde el otro lado de la celda en la comisaría, cuando había llegado a buscarlo. Esa mirada de decepción y resignación, con los hombros caídos y una mano en el pelo, como si ya se estuviera esperando algo así desde hacía un tiempo. ¿Qué derecho tenía él para mirarlo de ese modo, para hacerle sentir de ese modo? ¡Sólo era un estúpido móvil, por el amor de Dios! No era como si hubiera asesinado a alguien o robado un banco o secuestrado a un bebé. No era necesaria esa cara.
Pero Itachi no parecía pensar de ese modo. En el trayecto a casa, en el coche, no había dicho ninguna palabra y Sasuke lo había preferido así en ese momento. Pero cuando llegaron y Sasuke traspasó el umbral y se dio la vuelta para mirarlo, Itachi sólo giró la cabeza y salió dando un portazo que le hizo saltar en su sitio. Se fue en el coche y no volvió. Él había pensado que aparecería en un par de horas, pero ya era medianoche y seguía asomar su cara por la casa.
Suspirando, Sasuke tiró la leche fría que quedaba en el vaso por el fregadero y dio un último vistazo al reloj. Las doce y cuarto.
Abrió la puerta de su habitación con cuidado, y un gato salió disparado desde dentro y se abalanzó sobre una de sus piernas. Sasuke lo agarró del pescuezo y con un descuidado movimiento lo lanzó al pasillo, por donde Riu se escabulló entre las sombras. Encendió la luz y descubrió sin sorpresa el regalo que le había dejado el gato en el suelo. Estúpido Itachi. ¿Cuántas veces le había dicho que si dejaba al gato encerrado en algún sitio fuera en su propio cuarto, y no en el suyo? Al final siempre acababa él limpiando.
Murmurando sobre estúpidos hermanos y su incapacidad para cuidar mascotas, Sasuke fue al baño y cogió una buena cantidad de papel higiénico, además de la fregona. Menos mal que tenían madera en vez de moqueta, o habría sido totalmente un engorro para limpiar.
Cuando acabó cogió el perfume de la cómoda que siempre guardaba para estos casos y enmascaró el olor de la habitación. Y después le preguntaban por qué siempre olía tan bien. ¡Ja! Si ellos supieran... Tenían que llevar al maldito gato al médico, porque, Dios, el olor simplemente no era normal. Algo así no podía venir de dentro de un simple gato.
Normalmente, cuando pasaba algo así, obligaba a su hermano a dormir en su cuarto y él se iba al de su hermano, pero no sabía cómo reaccionaría si lo pillaba durmiendo en su cama esta vez. No creía que estuviera de humor en unos cuantos días. Así que, resignándose a su suerte, Sasuke dejó la puerta de la habitación abierta y se metió en su cama con las sábanas hasta la nariz. Si iba a tener que estar toda la noche con el empalagoso olor de la colonia en el aire, al menos lo taparía un poco usando la manta como filtro.
"...perdimos a nuestros padres hace poco, y mi hermano aún no lo ha superado del todo..."
Sasuke apretó los dientes y cerró los ojos, obligándose a no pensar.
"...le prometo que no volverá a pasar, agente, son sólo cosas de la edad..."
Enterró la cabeza debajo de la almohada con un gesto brusco, murmurando "cállate, cállate" a su mente. Aún podía sentir la vergüenza de las palabras de Itachi corriéndole por la piel. Como si él fuera un pobre huérfano díscolo que sólo necesitaba un poco de comprensión y cariño para llevarlo de nuevo al buen camino. ¿Cómo se atrevía Itachi a pintarlo de ese modo? Con su voz suave y sedosa, convenciendo a los demás que dejaran de ver lo que tenían delante de las narices y que vieran en cambio lo que él quería que vieran. "Serías un gran político", solía decir su padre. Era una lástima que las preferencias de Itachi no se inclinasen por tal camino.
Al final acabó por salir de la comisaría abrumado y enfadado por el peso de las miradas de lástima que le echaban por el camino. Quería volverles la cara y decirles a todos que se metieran su compasión por donde les cupiese, pero el agarre mortal que Itachi tenía en su hombro se lo impidió. Al menos esos hombres no lo denunciaron por robo, ni tampoco por la agresión que habrían sufrido de haber seguido observándole así. Dios, había querido tanto soltarles un puñetazo en la nariz a cada uno... y a Itachi también...
Cuando Sasuke se despertó, no había ningún ruido en la casa. Había tenido un extraño sueño sobre payasos con rayas pintadas en la cara que no paraban de tirarle flores. Él les repetía constantemente "no, no quiero olerlas..." pero ellos seguían y seguían. En fin, sobre sueños extraños... que le preguntaran a él.
Se desperezó recordando que ya era fin de semana y que no tendría que ir a clase. Al fin algo bueno en toda la podrida semana. Y además, se le había pasado el dolor de cabeza y los moretones sólo dolían cuando los tocaba.
Cuando pasó por delante de la habitación de su hermano, echó un vistazo dentro y no se sorprendió al descubrir que la cama estaba impoluta y sin tocar, pero aun así sus tripas se retorcieron de un modo extraño. Bueno, si Itachi no quería verle la cara, mejor que mejor, así él tampoco tendría que verle la suya.
Para desayunar se hizo unas tostadas y se las comió en salón mientras veía la tele. Tenía ganas de ver una película, así que miró las que tenía grabadas Itachi: Guerra Mundial Z. Ésa pintaba bien, no sabía de qué iba, pero, por probar...
Vio sin sobresaltos los primeros minutos de la película, y justo cuando se estaba bebiendo el zumo aparecieron los primeros zombies, causando que se atragantara con su bebida y tuviera que ir a escupirla al fregadero. Desde la cocina se podían oír los gritos provenientes del televisor. ¡Claro! ¡"Z" de zombies! Estúpido Itachi...
Se limpió la boca con el dorso de la mano y volvió al salón. Entonces quitó la película y se puso a buscar otras en la memoria. Amanecer de los muertos... No. Soy leyenda, tampoco. El último hombre vivo, ni de broma. Resident Evil, ni muerto. 28 semanas después, por encima de su cadáver. Bienvenidos a Zombieland... ¡pero será posible! ¿Por qué diablos le había dado a Itachi por ver películas de zombies ahora?
Nada, ni una película normal en toda la lista. Si no era de zombies, era de fantasmas, que, para el humor que tenía Sasuke ahora, prácticamente era lo mismo.
Aguantándose las ganas de lanzar el mando contra la pantalla del televisor, Sasuke apagó la tele con brusquedad. Bueno, ¿y ahora qué?
Salió del cuarto, tropezó con el gato –"sí, sí, ya te pondré después comida"– y se adentró en su habitación para coger un libro. Colmillo blanco serviría. Se sentó en el sofá con las piernas apoyadas en la mesilla y se dispuso a leer.
Cuando acabó, ya habían pasado varias horas y el gato no estaba por ninguna parte. Se desperezó y dejó el libro donde estaba, yendo después a la cocina y cogiendo algo para picar; ése fue el momento que escogió Riu para aparecer y frotarse contra sus piernas. Eran las doce y Itachi aún no había llegado, pensó distraídamente Sasuke mientras ponía comida en el plato del gato.
Las horas pasaron lentamente, sangrando hasta el último minuto, dejando exhausto a Sasuke ya a las seis. Estaba apático, sin ganas de hacer nada. Si el techo pudiera ponerse incómodo, no había duda de que lo habría estado ya con todo el tiempo que Sauske se había pasado mirándolo desde la cama de su habitación.
No había comido apenas más que una manzana y seguía sin tener hambre. Soltó un suspiro y se cambió de posición en la cama, mirando hacia la ventana. La luz del sol de invierno entraba débilmente y traspasaba las cortinas, dejando en penumbra la habitación y creando sombras donde no debería.
De pronto se oyó el crujido de la puerta principal al abrirse y Sasuke alzó la cabeza, oyendo los pasos que se aproximaban a su cuarto. Más cerca, ya casi... y pasaron de largo, dirigiéndose a la otra habitación, y una puerta se cerró suavemente. Sasuke enterró la cara en la almohada.
Al día siguiente, Sasuke se despertó con el sonido del agua de la ducha. Se sentó rápidamente en la cama, con el corazón agitado, y miró hacia todos los rincones de su habitación con los ojos muy abiertos. Mientras su respiración fue calmándose, puso una mano sobre sus ojos, como queriendo borrar las imágenes que aún tenía grabadas en el cerebro. Cuando se sintió mejor, se puso las zapatillas y fue a la cocina para hacerse el desayuno.
Itachi seguía en el cuarto de baño, aunque ya no se oía el sonido del agua al correr. Justo cuando Sasuke estaba de puntillas intentando coger los cereales del estante más alto de la despensa, Itachi entró en la cocina. Sasuke se tambaleó de la sorpresa y sin querer tiró la caja de cereales que intentaba alcanzar, que cayó con estrépito al suelo, desparramando su contenido por el suelo. Itachi tan sólo arqueó una ceja ante esto y dejó la toalla con la que se secaba el pelo en una silla.
Puso la cafetera a funcionar mientras su hermano pequeño barría el estropicio, cogiendo el periódico y poniéndolo delante de él como para hacer de barrera. O al menos eso pensó Sasuke, quien, sentado incómodamente en su silla, levantaba la vista cada pocos segundos para mirar a su hermano. O lo que se veía de él.
—¿No vas a decir nada? —soltó al fin.
—¿Acaso quieres que diga algo? —respondió su hermano mirándolo por encima del periódico.
—No, pero...
—Entonces no te quejes. ¿Preferirías que te soltara una reprimenda sobre lo absolutamente estúpido que has sido? ¿Sobre la vergüenza que me has hecho pasar? ¿Sobre lo mucho que me has decepcionado? Creía que eras un chico listo, Sasuke, ¿cómo pudiste cometer semejante estupidez?
—Y yo que creía que no ibas a decirme nada —murmuró Sasuke por lo bajo.
—Ya, bueno, como parecías tan impaciente por escuchar cuál era mi opinión sobre todo este tema, parecía un poco injusto dejarte sin ella, ¿no crees? —espetó Itachi. A Sasuke se le colorearon las orejas de rojo—. ¿Tienes idea del trabajo que me costó calmar a ese hombre, Sasuke? Porque al parecer no le hizo mucha gracia la broma que le gastasteis tu amigo Suigetsu y tú — "¿Suigetsu?¿De qué demonios está hablando?" —. Por el amor de Dios, ¿en qué cojones estabais pensando? ¿Fingiendo estar heridos para poder atacar y robar a dos personas que intentaban ayudar? ¿Desde cuándo ha estado pasando esto?
—Mira, todo fue más bien un accidente, Suigetsu no tiene nada que ver y no tengo ni la más remota idea de lo que estás hablando. ¿Pasar el qué?
—Ya sé que la muerte de papá y mamá te afectó mucho, pero–
—¡¿Qué?! ¿Cómo te atreves–?
—Tal vez fue una mala idea que no vieras la ayuda de un profesional desde el principio–
—¡¿Ayuda de un profesional?! ¡¿Quieres que vaya a ver un puto loquero?! ¡Sólo he robado un móvil, estás haciendo una montaña de UN JODIDO GRANO DE ARENA!
Itachi golpeó la mesa con una mano. El periódico cayó al suelo.
—¡Cállate! ¡No es un maldito grano de arena y lo sabes! ¡Es asalto y robo, Sasuke! ¡Tu amigo y tú golpeasteis a aquellos hombres hasta dejarlos inconscientes!
—¿Eso es lo que dicen ellos? ¡Yo no les puse una maldita mano encima!
—Tú o tu amigo, ¡me da igual! El caso es que estabas allí y colaboraste–
—¡Yo no colaboré en nada! ¡Estás malinterpretando los hechos!
—¿Ah, sí? ¿Entonces cómo lo explicas? ¡Explícame cómo llegó ese móvil a tu bolsillo y por qué esos hombres dicen que tu amigo fingió estar muerto y tú estar en una especie de estado catatónico para después golpearles y robarles cuando estuvieran desprevenidos! ¡EXPLÍCAMELO!
Sasuke se quedó callado.
—¿Ah? ¿El señorito no tiene nada que decir por una vez? ¿Tal vez no le gusta que le suelten unas cuantas verdades? ¡Y no me mires así, porque esa mirada no funciona conmigo, Sasuke! ¡Yo la inventé! —gritó Itachi.
—Bueno, ¿y qué? ¿Vas a hacer algo más que gritarme como un lunático? ¡Porque eso es lo que pareces: un lunático! Diciendo todas esas chorradas... ¡Yo no hice tal cosa! ¡Estás exagerándolo todo, como de costumbre! ¡¿Que yo necesito un loquero?! ¡Mírate al espejo y verás a alguien que sí necesita uno!
—¡Suficiente! Ya he tenido suficiente de tus patéticas excusas. ¡Gritas y gritas que tú no hiciste nada, pero no das ninguna explicación! ¡Te estás comportando como un maldito niño mimado! ¡Y si te comportas como uno, serás tratado como tal! ¡Vete a tu cuarto!
—¿Qué? ¡No puedes hacer eso! ¡No soy un puto crío!
—Vas a comprobar muy pronto que sí puedo. ¡Vete a tu habitación!
—¡No puedes darme órdenes! ¡TÚ NO ERES MI PADRE!
—¡AHORA!
Sasuke miró desafiante a su hermano cuando se acercó a él, más furioso de lo que nunca lo había visto. Y cuando lo agarró del brazo y procedió a arrastrarlo por el pasillo, mostró clara su objeción a todo el asunto aferrándose a los marcos de las puertas y dejando su cuerpo muerto. Pero aquello no distrajo a Itachi, quien lo tiró a su habitación, donde Sasuke cayó cual muñeca de trapo en un amasijo de brazos y piernas.
Los dos hermanos se miraron fijamente durante unos segundos, los dos jadeando de rabia –aunque Itachi puede que también del esfuerzo de medio llevar-medio arrastrar a Sasuke por mitad de la casa–, hasta que Itachi cerró los ojos un momento, tomando una respiración profunda, y dio un fuerte portazo que dejó a su hermano pequeño allí encerrado.
—¡Y ya se me olvidaba! ¡ESTÁS CASTIGADO POR TODO EL RESTO DEL AÑO! —gritó mientras se alejaba por el pasillo.
Sasuke soltó un rugido de frustración cuando oyó cerrarse la puerta principal y dejó caer la cabeza sobre el suelo de madera.
—Maldito imbécil —murmuró, y se frotó el hombro. Ahora le iba a doler la espalda hasta el día siguiente.
El resto de la jornada pasó con Sasuke en su cuarto haciendo los deberes e Itachi desaparecido, como el día anterior. Y aunque a Sasuke esto no le hacía gracia, al menos era mejor que soportar sus estúpidos gritos, por lo que no se quejó.
Cuando Itachi llegó, Sasuke estaba dormido, y tan sólo se despertó cuando Itachi se fue a su propia habitación para descubrir una bandeja con su cena en su mesilla de noche. El tonto de Itachi debía de haber adivinado que se había olvidado de comer, como le pasaba cada vez que se estresaba o estaba molesto por algo.
No supo qué hacer con el extraño peso que se le instaló en el estómago, por lo que, ignorándolo, se dispuso a comer.
El lunes no fue tal malo como Sasuke pensó que sería. En realidad, fue como cualquier otro día: Juugo estaba tranquilo, Karin balbuceaba sobre algún que otro chico y Suigetsu se dedicaba a soltar comentarios sarcásticos sobre todo el mundo.
Bueno, hasta que Itachi apareció con su coche delante del colegio a la hora de salida.
—Oye, ¿ése no es el coche de tu hermano? —le dijo Suigetsu después de darle un codazo para que le prestara atención.
—¿Qué? —y efectivamente, allí estaba, con el coche en el aparcamiento del instituto—. ¿Qué demonios está haciendo él aquí?
—¿No deberíamos preguntarte eso nosotros? —bromeó Suigetsu.
—Cállate —le espetó Sasuke, distraído. Su hermano nunca lo había recogido de la escuela. Es más, nadie lo recogía de la escuela desde los diez años.
—Aah, Itachi —murmuró Karin para sí con una mirada ensoñadora en su cara—. Con esos ojos tan expresivos...
—Bueno, ¿y a qué esperas?
—¿Eh?
—Si está aquí será para recogerte, ¿no? Pues ve.
—¿Qué? ¡No! —soltó Sasuke —. ¡No tengo cinco años! Me voy a casa andando.
—Ehm, ¿tú crees que es una buena idea? Tu hermano no parece muy contento. Juugo, ayúdame un poco, ¿no?
—Yo creo en el libre albedrío.
—Albedrío, mi culo, lo que pasa es que no quieres mojarte las manos. Siempre es lo mismo, al final soy siempre yo el que paga el pat–
—¡Sasuke, tu hermano viene hacia aquí! —chilló Karin, a quien, inexplicablemente, le parecía todavía más atractivo Itachi con esa aura asesina rodeándolo.
—Al coche. Ya —dijo calmadamente Itachi en cuanto se acercó lo suficiente a ellos.
—No sé a qué viene esto, pero no necesito que me hagas de niñera, tengo piernas y puedo usarlas —gruñó de mal humor Sasuke, con los brazos cruzados y pose desafiante.
—Sí, eso ya lo sé, al fin y al cabo, las necesitas para huír del lugar del crimen, ¿no es así?
—¿Qué? —preguntaron Karin y Suigetsu al mismo tiempo que Sasuke se volvía rojo. De furia o de vergüenza, eso no se sabía.
—No te atrevas–
—No te atrevas tú a decirme lo que puedo y no puedo hacer. Soy tu tutor y tu hermano mayor y como tales tengo derechos y responsabilidades sobre ti, como hacerte saber cuándo has cometido un error. Y esta vez ha sido uno de los grandes.
Juugo miraba embobado una mariposa mientras Karin y Suigetsu intercambiaban miradas de "¿Qué coño está pasando aquí?", "¿Y a mí qué me preguntas? ¡Sé tanto como tú!".
—Y ahora que está todo aclarado, al coche —y tal como lo dijo, asió a Sasuke del hombro y lo condujo hasta el asiento del copiloto con no poca resistencia después de darle a Suigetsu una mirada de las que te hacen querer esconderte bajo las mantas de tu cama.
—¡Para! ¡Has causado una escena delante de todo mi instituto!
—El que ha causado una escena has sido tú, que te has negado a colaborar. Ya te lo dije ayer, si te comportas como un niño serás tratado como tal —le dijo Itachi mientras encendía el motor del coche.
—¡No me dijiste nada sobre venir a recogerme!
—Sí, bueno, difícilmente puedo confiar más en ti andando por ahí tú solo, ¿no es así?
—¿Qué? ¿Crees que voy a ir por la calle y que de repente me darán impulsos homicidas o algo así? ¿Que de pronto me entrarán las ganas de robarle a una viejecita su bolso y empujarla contra la carretera?
—Por Dios, Sasuke, ¿siempre tienes que tener alguna respuesta inteligente? ¡Cállate de una vez! ¡No todo se trata de tener la última palabra!
—¡No es sobre eso! ¡Es sobre que me estás tratando como a UN PUTO INFANTE!
—¡QUE NO GRITES, JODER!
—¡Fue a hablar! ¡Casi atropellas a esa mujer!
—¡¿Y de quién sería la culpa?!
—¿Ah? ¿Ahora me vas a echar la culpa sobre todo lo que te pase? ¡¿Vas a organizar una feria y exponerme: "Sasuke Uchiha, el chico que se come todo lo que le den"?!
—¡SASUKE! —bramó Itachi, dando un volantazo y aparcando en al lado de la acera. Gracias a Dios que era un sitio poco transitado —. ¡Esto no es sobre si eres un niño o no! ¡Es sobre que has cometido un error y tienes que aprender a vivir con las consecuencias! ¡No puedes esperar que los demás arreglen tus problemas por ti!
—¿Tal y como hiciste tú en la comisaría?
—¡¿Acaso preferías verte con una denuncia?! ¡Podría arruinarte la vida! ¡Este tipo de cosas no son de broma! ¡Si te saqué del apuro fue porque soy tu hermano mayor, me preocupo por ti y no quiero que te pases la vida lamentando un estúpido error! —Itachi suspiró, pasándose una mano por el pelo —. Vale, hablar sobre esto no nos lleva a ninguna parte, vamos a calmarnos y a ir a casa en silencio, ¿de acuerdo?
—¿Vas a recogerme todos los días a partir de ahora?
—Sí.
—Pero...
—He dicho que se acabó la discusión, ya.
El resto del camino transcurrió en silencio, hasta que, nada más llegar al garaje, Sasuke salió del coche cerrando la puerta de golpe y corrió a encerrarse a su habitación. Itachi suspiró. Adolescentes.
Pasaron las semanas y llegó diciembre, y con él, el frío. Las calles se volvieron blancas, y si veías a alguien en camiseta, probablemente se debiera a que estaba borracho.
Fue en uno de esos días grises y aburridos cuando Sasuke se decidió por fin.
Cogió la guía telefónica y empezó a buscar. No fue fácil, se cansaba cada dos por tres y lo dejaba para luego, pero al final lo consiguió. Después de infructuosas llamadas a desconocidos y varios días desperdiciados –en serio, ¿quién iba a pensar que había tantas personas llamadas Naruto? –, encontró a la última persona con ese nombre en la ciudad. Naruto Namikaze.
Se quedó mirando el apellido durante unos instantes. ¿Namikaze? Podría jurar que lo había oído antes, pero, ¿dónde? El nombre despertaba algo en su memoria, pero no sabía el qué.
Cogió el teléfono, marcó el número y esperó. Y esperó. Y esperó. Nadie contestaba a la llamada. Lo probó varias veces más, pero nadie contestó. Le dio una patada a la mesita del pasillo con frustración. Tenía que ser ése, estaba seguro. Por fin había averiguado cómo se llamaba el dobe y ahora nadie le cogía el teléfono.
Y ahora que lo pensaba, maldito sea Itachi por no comprarle un móvil nuevo.
Ahora que por fin le había rebajado el castigo y le dejaba estar solo en casa... va y no le cogen el teléfono. Típico. Lo intentó varias veces más en distintos días, pero nada.
Bueno, qué se le iba a hacer. Si el dobe no iba a la montaña... la montaña iría al dobe.
Al día siguiente, en el instituto, le pasó un papel con el número escrito a Shino. Él podría encontrar la casa del dobe. Al fin y al cabo, el chico de los bichos era todo un hacker.
Pasó todo el día con los nervios a flor de piel, saltando al más mínimo comentario. Aunque nadie le dijo nada, puesto que esto era bastante normal para él. Y cuando por fin llegó el martes, casi le arranca de las manos el papel a Shino, que simplemente enarcó una ceja con curiosidad. O eso parecía, con esa capucha no era fácil asegurarlo...
—Me debes un favor ahora, Uchiha.
—Sí, sí, te debo una, tendré que devolverte el favor y todo ese rollo. Ahora dame la dirección.
—Alguien está un poco ansioso —dijo Shino mientras hacía lo que se le ordenaba—. No estarás espiando a alguna pobre chica, ¿verdad? Porque entonces tendría que quitarte el papel y no volvería a hacerte ningún otro trabajo.
—Claro que no, no seas ridículo. ¿Y para qué querría yo que me hicieras algún otro trabajo?
—También puedo descargarte los juegos que quieras. De hecho, salió uno hace poco de Tomb Raider que–
—Que no me interesa en absoluto. Ni siquiera tengo ordenador en casa.
—¿Qué? ¿Tú dónde vives? ¿En la Edad Media?
—No —respondió Sasuke ya aburrido de la conversación—. Y ahora, si me disculpas, tengo otras cosas que hacer.
—¡Coméntaselo a tus amigos! ¡Sé que Suigetsu está pirrado por los videojuegos violentos! —le gritó Shino mientras se alejaba.
—Sí, sí, lo que tú digas —respondió Sasuke.
Por fin podría ir allí y desembarazarse de toda esa historia. Iría allí y vería a Naruto y a su padre, en perfecto estado, y le estamparía un puñetazo en la cara al dobe por gastarle esa broma pesada –porque cada vez estaba más convencido de que eso era, una broma– y volvería a su casa y podría dormir en paz.
En el coche, con Itachi, tomó aliento y soltó:
—¿Puedo volver andando a casa a partir de ahora?
—No —respondió rotundamente su hermano.
—¿Qué? ¿Por qué? Me he portado bien todo el mes, no me he metido en problemas, he hecho todos los deberes a tiempo, ¡y hasta he limpiado tu baño cada semana! ¡No es justo!
—Justo o no, no te vas a librar del castigo por buen comportamiento. Esto no es la cárcel, Sasuke. Y además, este es el peor invierno que he visto en mucho tiempo. No, es mejor que te venga a buscar yo, no vaya a ser que pilles una pulmonía.
—He estado volviendo solo todos estos años a casa y nadie ha dicho nada.
—Lo cuál ha sido evidentemente un error. Tenías demasiadas libertades.
—¡Tengo diecisiete años y–!
—Aún no eres mayor de edad.
—¿Y por qué no cojo el bus y listo?
—¿Y gastar dinero porque sí?
—Sería lo mismo, ¿no? Al fin y al cabo también tienes que pagar la gasolina. Hasta podría ser un ahorro.
—Un no es un no, Sasuke.
—¿Pero por qué?
—Te lo acabo de explicar y no me gusta repetirme. Además, no es un gasto, porque vengo de la Universidad y te recojo de camino a casa. Ahora que lo pienso, no sé por qué no lo habíamos hecho así antes.
—Y cuando no puedas, ¿qué? Ni siquiera tengo móvil, no me podrías avisar si no pudieras venir. ¿Tendría que quedarme allí parado como un pasmarote o qué?
—Entonces sí que podrías ir andando o coger el autobús. Y en cuanto al móvil, ya veremos.
—¿Eso es un sí?
—Eso es un ya veremos.
—O sea, que no.
Itachi suspiró.
A medianoche, Sasuke estaba debajo de las mantas, fingiendo dormir. Su hermano se había acostado una media hora antes y tenía que estar seguro de que él estaba durmiendo antes de poder salir.
En cuanto oyó los característicos ronquidos procedentes de la otra habitación, se levantó y se puso las botas de agua que había escondido debajo de la cama. Metido dentro de un abrigo que podría pasar por el de un esquimal, salió por la ventana sin hacer casi ningún ruido. Dejándola abierta para después, salió por el jardín de atrás y de inmediato sintió un chute de adrenalina que le recorrió todo el cuerpo. ¡Sí! ¡Lo había conseguido!
Sasuke anduvo lo más deprisa que pudo, llegando al parque en menos de veinte minutos. Naruto vivía a unas cuantas manzanas de allí. Se echó aliento en las manos, sintiendo el frío ahora que la adrenalina se había disipado, y las volvió a meter en los bolsillos.
Las farolas en esa parte de la ciudad se habían estropeado unos días atrás, probablemente porque sabían que iba a ir él por ahí por la noche, pensó Sasuke con amargura mientras sacaba una linterna del bolsillo y la encendía.
Después de varios tropiezos con objetos no identificados por la calle, Sasuke llegó a la casa a la que se había mudado Naruto hacía poco, por lo que él le había dicho. Se trataba de una casa bastante cutre, con un jardín descuidado y las paredes mal pintadas. Latas de refresco y cigarrillos llenaban el césped por cortesía de los transeúntes. En realidad, parecía abandonada.
En ese momento, un gato decidió saltar sobre un contenedor cercano, asustando a Sasuke y haciendo que se diera cuenta de que el corazón le latía a cien por hora y de que llevaba varios minutos mirando fijamente la casa.
Apagó la linterna y, con manos temblorosas, la guardó en el bolsillo del abrigo. ¿Qué le pasaba? Vale que la casucha fuera un poco tétrica, pero él no era ningún cobarde. Pero cada vez que chocaba con una lata y hacía ruido, se quedaba quieto unos instantes por si alguien lo había oído.
¡Se estaba comportando como un estúpido!
Al final llegó a la puerta principal y se quedó delante de ella sin saber qué hacer. ¿Llamaba? Era la una de la mañana, si ésta no era la casa del dobe, no se lo iban a tomar bien... Tenía que haberlo pensado antes. Pero no había ido allí para irse con las manos vacías, así que, tomando aliento, dio unos golpecitos suaves en la madera. Y la puerta se abrió unos centímetros con un leve chirrido.
Sasuke sintió cómo un sudor frío le recorría la espalda. Debería irse. Debería irse ya. En esta parte era cuando en las películas de terror le gritaban al protagonista "¡No entres, subnormal!".
Pero entonces oyó un ¡THUM! de algo pesado chocando contra el suelo y la curiosidad ganó. "Me voy arrepentir de esto, me voy a arrepentir de esto, me voy a arrepentir de esto...", cantaba en su cabeza. Se adentró en la oscura entrada, su aliento creando una nubecilla blanca frente a su cara. Quería preguntar si había alguien allí, pero no se atrevía. Vale, mejor se iba, esto había sido una mala idea desde el principio, que le dieran a Naruto.
Y un leve grito amortiguado se escuchó en el interior de la vivienda, causando que un escalofrío le recorriera la espina dorsal. Si alguien estaba en problemas, no podía irse así como así, ¿verdad?
Otro grito hizo que tomara una decisión. Buscó en su bolsillo la linterna, pero no la encontró.
—¿Pero qué...? —murmuró, al encontrar un agujero en el abrigo. ¡Se le había caído la linterna en el jardín! Por un segundo se le pasó por la mente ir a buscarla, pero ahora se podía oír claramente el sonido de una pelea, y buscar algo a tientas en un jardín lleno de botellas rotas, cigarrillos, latas vacías y no sabía qué cosas más en plena oscuridad no estaba entre sus actividades favoritas.
—¿Hay alguien ahí? ¡Se lo aviso, he llamado a la policía! —exclamó Sasuke echándose un farol. ¿Ves, Itachi? Para situaciones como ésta era necesario un móvil.
Echándole valor, entró en la casa de nuevo, traspasando el umbral. Se movió entre lo que posiblemente eran basura y cajas –probablemente de basura, también– y buscó el origen de la pelea.
Entonces, todo sonido se disipó y lo único que podía escuchar Sasuke eran los latidos de su acelerado corazón. Bien, la hora de ser valiente había pasado y lo mejor era correr a refugio seguro. Un crujido se oyó no muy lejos de él y contuvo el aliento, la sangre huyendo de su cara. Oh Dios, había alguien ahí, estaba seguro, y seguramente también tendría un cuchillo, o una pistola o algo por el estilo y lo iba a matar...
Estúpido Itachi, maldito Naruto, estúpido Naruto...
Se movió lo más silenciosamente que pudo y chocó contra una mesa. Espera un momento, ¿una mesa? ¡A lo mejor había algún arma en ella! Rebuscó y cogió lo primero que encontró que no fuera un plato con algo en él.
Durante unos minutos se quedó esperando, reuniendo el valor para moverse e irse de la casa, pero nada pasó. Ningún asesino en serie se le abalanzó encima. Soltando un suspiro casi imperceptible, se apoyó en la pared y fue medio arrastrándose por ella hasta la salida de la cocina.
Vale, todavía no pasaba nada y la salida estaba allí delante suya, aunque no la pudiera ver. ¿Dónde estaba el Sol cuando lo necesitabas?
Pero los pelos de la nuca se le erizaron súbitamente y Sasuke se apartó del sitio chocando contra algo –¿una nevera?–. Y creyó que su corazón se había detenido durante un momento, porque sí que había alguien allí, alguien que en ese momento se había arrojado contra el lugar donde había estado hacía unos segundos.
La cabeza le daba vueltas, su corazón comenzó a palpitar furiosamente de nuevo y su mente le gritaba "¡CORRE, CORRE!" a todo volumen. Creyó ver algo plateado y afilado que brillaba en la penumbra.
Oh, Dios, no...
Salió corriendo lo más rápido que pudo, pero alguien lo agarró y le dio la vuelta. Sasuke no podía ver, así que dio una patada al azar y oyó un entrecortado siseo. Y entonces hubo dolor, un dolor súbito y profundo, empezando en su brazo izquierdo y extendiéndose por todo su cuerpo, quemando en su agonía todo a su paso. Sasuke gritó y cayó al suelo con estrépito, llevándose consigo a su atacante.
Durante un segundo no pudo oír, mareado e invadido por las oleadas de dolor que salían de su brazo, pero en un instante de repentina claridad recordó el objeto que llevaba en su otra mano, e impulsó el objeto hacia adelante, esperando, deseando causar tanto dolor como él estaba sufriendo en ese momento. Y entonces sintió cómo se clavaba en algo blando, y el grito que había soltado él no era nada comparado con el que estaba soltando el hombre, que de repente se retorcía en el suelo agarrándose la cara rodeada de pelo gris.
Sasuke quería moverse e irse de allí, alejarse de los chillidos moribundos de aquella persona, pero las piernas no le respondían, sentía algo pegajoso extendiéndose por su espalda y tenía mucho frío.
¿Era así como iba a morir? ¿Entre gritos agonizantes y dolor? ¿Una muerte sucia e inútil?
Estaba seguro de que estaba empezando a alucinar, porque podía oír una voz conocida llamándolo por su nombre, y eso no podía ser cierto, ¿verdad? Alguien lo estaba sacudiendo, ¿eso eran sollozos? ¿Sería su madre, que lo esperaba en el cielo? ¿Por qué estás triste, mamá? Vamos a ser una familia de verdad otra vez... Ya casi no me duele nada, mamá, te lo juro...
Sasuke se obligó a abrir los ojos, y se encontró con un techo blanco luminiscente. ¿Habría muerto de verdad? Pero entonces giró la cabeza y vio el logo del equipo de béisbol de la ciudad. Espera, ¿qué?
Parpadeó de nuevo y pudo enfocar una cabeza amarilla con una gorra de béisbol colocada distraídamente. ¿Naruto? El mencionado levantó los ojos, mirándolo con cómica sorpresa. Debía de haber dicho el nombre en voz alta. ¿Dónde estaba?
—¡Sasuke! ¡Oh, Sasuke, lo siento mucho! —se disculpó Naruto entre hipidos—. ¡Todo esto es culpa mía! ¡Nunca debí involucrarte en mis problemas, por favor, perdóname! —todo su cuerpo se estremecía, pero ninguna lágrima salía. Los muertos no podían llorar.
¿De qué estaba hablando el dobe ahora?
—Naruto, ¿qué...? —tosió Sasuke. Tenía la garganta seca y todo su cuerpo dolía como si le hubiera pasado un camión encima.
—¡No! ¡No te muevas! Estás en el hospital, Sasuke, fui yo quien llamó a la ambulancia. ¡Podrías haber muerto! ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué, por qué lo hiciste?
—¿De qué…?
—¡Lo siento mucho, Sasuke, lo siento muchísimo! —gimoteó Naruto—. De verdad que lo siento...
Todas las disculpas del dobe no hacían más que agravar su dolor de cabeza, así que Sasuke levantó los brazos para frotarse las sienes. Sólo que no lo hizo, porque no había brazo. En el lugar donde debería haber estado su brazo izquierdo no había nada. Sólo un muñón envuelto en vendajes un poco debajo de su hombro.
Oh no, oh no, oh no, no, no nononono...
Sasuke miró a Naruto, suplicándole que le dijera que era una broma, que estaba soñando, lo que fuera, porque esto no podía ser real, no podía ser verdad.
—¡Lo siento mucho! —lloriqueó el rubio, volviendo a esconder la cabeza en su pecho—. ¡Por favor, perdóname, lo siento, lo siento mucho!
Pero Sasuke no prestaba atención a las letanías de disculpas de Naruto, estaba demasiado ocupado mirando su brazo, o el lugar donde se suponía que debía estar. No era posible que él... Simplemente no era verdad, no era cierto, no podía ser cierto. Ese tipo de cosas no le ocurrían a él, le ocurrían a otras personas, no a él, no a él.
Se podían oír unos extraños gemidos en la habitación aparte de los lloriqueos de Naruto y Sasuke tardó un poco en darse cuenta de que salían de su propia boca. Cuando intentó detenerlos, le salieron en cambio jadeos entrecortados, y el pitido de una máquina empezó a acelerarse.
Podía sentir las manos de Naruto, frías, aferrándose a su camisa del hospital. Quería gritar. Quería empujarle y estamparle contra la pared. Quería callarle de un tortazo. Las manos de Naruto se cerraron con más fuerza y casi era como si estuvieran contra la piel desnuda. Estaban heladas y el contacto resultaba horrible. Era asqueroso. Vete, vete, fuera, quería decirle, pero la boca no le funcionaba. Ningún músculo le funcionaba. Todo su cuerpo se había colapsado en la cama de esa blanca habitación de hospital.
—Tengo que irme —dijo Naruto, y le soltó al fin, mirándolo con ojos rojos y secos—. No pueden verme aquí.
Salió por la puerta al mismo tiempo que entraba una enfermera, que lo examinó y apuntó varias cosas en una carpeta que llevaba en la mano. Sasuke cerró los ojos. Todavía podía sentir el dolor en su brazo, aunque no estuviera allí. Mierda.
¿Review?
