Capítulo 5-

Cuando vuelvo a mi casa lo hago sumida en el desgano, y cierro la puerta procurando hacer silencio, ya que mis padres deben estar durmiendo la siesta, como suelen hacer todas las tardes en que se les presenta la oportunidad. Me volteo y atravieso el salón de estar, donde cuelga mi retrato que ellos mandaron hacer hace un año. No he cambiado demasiado físicamente, pero en cuanto a la personalidad me siento distinta. Más maduara quizás; más realista.
Antes solía imaginar que el último año en McKinley representaría un cambio en mi vida. No sé muy bien cómo explicarlo, pero siempre creí que dejaría atrás mi adolescencia para adentrarme al lugar donde realmente pertenezco: al mundo de la música. Sin embargo, de vez en cuando me surgen oleadas de duda y..
Basta. Sé lo que quiero para mi futuro, la persona que quiero ser, y supongo que eso es suficiente. ¿O no?
Inhalo y exhalo para conseguir la calma, y mis dedos se detienen en el prendedor que llevo a un costado de mi pecho, sobre mi poulover. Toco las cinco doradas puntas y bajo la vista. Ahora me siento mejor; al menos en parte. Deposito el bolso en uno de los sillones y camino hacia el comedor.
-¡Sorpresa!
Doy un respingo y observo a mis padres que se levantan de las sillas donde hasta hace unos segundos estaban sentados. Cuando los veo, me olvido de todos mis anteriores pensamientos y esbozo una sonrisa sincera.
-Creí que estarían durmiendo.
Hiram se acerca y me besa la frente con cariño. Leroy se coloca a mi otro costado y me rodea los hombros en un abrazo paternal. Se miran con tanta dulzura que me reprocho a mí misma el haber estado preocupada por cosas tan sin sentido, y deseo disfrutar un poco.
-Qué bonita estás, pequeña.- me dice el primero y Leroy asiente. Les respondo las sonrisas, pues me resulta imposible estar con ellos y no contagiarme de su alegría.
-¿Cómo te ha ido?
Desvío la mirada.
-Bien, supongo.
-Estamos despiertos- dice Hiram como si se tratara de un gran esfuerzo para ambos- porque tenemos un regalo especial para ti.
-¿Un regalo?
Ellos se miran y percibo un brillo en sus miradas. Se colocan frente a mí y Leroy pasa un brazo por el torso de su esposo, colocándose frente a mí. Me producen una ternura infinita.
-Es más bien una sorpresa. Pero sabemos que te gustará.
Asiento, presa de la curiosidad. Se llevan las manos a la espalda y juntos retiran un papel rectangular, cuya forma de reflejar la luz del comedor indica que está plastificado. Unas letras que creo reconocer dominan la parte superior, pero no puedo estar del todo segura de lo que en verdad trata.
-Antes prométenos una cosa.-me pide Hiram y mi otro padre lo mira con el ceño levemente fruncido. Puede que él tampoco esté al corriente de lo que quiere decirme.
Aunque siento un cosquilleo en el estómago, sé que ninguno de mis padres me haría prometer algo que se encontrara fuera de mi alcance o de mi agrado, así que respondo:
-Doy mi palabra como miembro de la familia Berry.
-Lo que te pido es lo siguiente: prométenos que pase lo que pase, estarás allí.
No entiendo a qué se refiere con allí pero he dado mi palabra, y digo:
-Lo prometo.
Hiram sonríe mientras, juntos, me extienden el papel.
-He aquí tu sorpresa.
Antes de verlo, me acomodo el cabello y doy unas palmadas, nerviosa y sonriendo. Cuando mis manos tocan aquella superficie lisa y suave, no espero más y leo. A la par que lo hago, mis ojos se abren de par en par y la estupefacción que me domina acompaña al silencio absoluto de mis padres. Parece como si en mi interior algo me suprimiera el pecho y me impidiera respirar.
-¿Qué te parece?- me pregunta Leroy, con calma y luego de unos segundos para evitar perturbarme.
Mientras reacciono, la sorpresa abre paso a la euforia. Ésto que sostengo en mis manos es mucho más que un simple papel plastificado. Es la certeza de que mis sueños pueden verse cumplidos si sigo esforzándome, y es lo que tengo pensado hacer. Así y todo, es tan perfecto que no puedo creer que me pertenezca, después de tantos años de haberlo deseado.
Sin embargo, todo es real. Observo a mis padres y sonrío como nunca he hecho antes.
-¿Les dije alguna vez que son los mejores padres del mundo?
Se ríen y yo también lo hago, y me arrojo a sus brazos con una felicidad absoluta.

La señora Dumont me recibe con una jarra de limonada en la mesa blanca del patio. Me mira y se queda a unos pasos, cerca mío. Desde esa posición, y considerando lo ajustada que es esa remera que lleva puesta, sus pechos parecen dos bolas gigantes.
Agarro el vaso y doy un sorbo mientras tomo con la otra mano la lona que cubre la piscina y la retiro. Está dentro de todo limpia, teniendo en cuenta que fui a limpiarla por última vez el viernes, pero de todos modos no tengo ánimos para trabajar hoy, aunque sea consciente de que tengo que hacerlo.
-¿No crees que hace calor, Puck?- me dice, y no me resulta distinguir lo que ocultan esas palabras. No obstante, hoy no es día de seducciones, y ella lo nota. Cambia la postura y se sienta en una de las reposeras. Palmea una a su lado.
-De acuerdo, muchacho; dime qué es lo que ocurre.
Me niego a ceder. No soy de esos que exponen sus sentimientos al primero que pregunte. Ella pregunta con delicadeza:
-¿Ésto tiene algo que ver con mi viaje?
La señora Dumont se irá de Ohio por cuatro meses; tiempo en el cual no vendré a limpiar su pileta, según lo que me ha dicho en otra ocasión.
Puede que ni siquiera yo sepa lo que me ocurre, pero no voy a dejar pasar esta oportunidad, así que respondo:
-Incluso si siguiera con este trabajo, yo..- finjo que no puedo terminar y me siento en el pasto. Procuro no hacer contacto visual por el momento; tengo que seguir dentro de mi personaje.
Espera que continúe, aunque luego de un rato en el que me muestro frustrado, inquiere:
-En tal caso, ¿qué tendría de malo? ¿Te he ofendido alguna vez?
Por supuesto que no. La señora Dumont tiene una figura espectacular para los años que lleva encima, y su esposo la a aburrido desde hace tiempo. Siempre quise saber si mi trabajo en la piscina era lo suficientemente bueno como para que aún no me hubiera largado, o si lo que en verdad influía era mi "otro trabajo". Lo mismo da. La cuestión es que siente debilidad hacia Puckerman, y ¿cómo no va a afligirse si me ve abatido, incluso triste?
Así que recurro a las dotes artísticas que nunca tuve pero que, cuando más las necesito, parecen florecer de golpe, y me paso una mano por la cabeza. Bajo la vista, dejando el rostro enterrado en mis brazos, y oigo que se mueve a mi lado.
Al caer en la cuenta de lo patético que me debo estar viendo, estoy a un paso de adoptar mi actitud normal y seguir limpiando la pileta. Por suerte, me obligo a continuarlo justo a tiempo, porque dice:
-Dime algo, Puck. Quizás antes de comenzar a trabajar para mí habías albergado otras expectativas.
-No es eso..-musito. Hago una pausa para tragar saliva. Así, con el rostro cubierto la mina debe pensar que estoy al borde de las lágrimas.- El trabajo siempre fue...Yo..
Si esta mujer me conociera más, caería en la cuenta enseguida de que todo es una farsa. Pero, al fin y al cabo, ella ignora que hace años que no dejo entrever ninguna lágrima, y que no me caracterizo por dudar cuando hablo.
Ella no lo sabe, y mi plan está funcionando.
-Puckerman, por favor.- me suplica que sea sincera, que confíe en ella.
Pan comido. Con cuidado, doy el último paso.
-Es sólo que no tengo dinero.
Solloza con exagerado horror, como si en serio le importara. Se sienta a mi lado y coloca una mano sobre mi espalda. Parezco un niño pequeño y aprieto los dientes, convencido de que lo estoy haciendo por una buena razón.
-No puedo aumentar tu paga ahora, siendo el último día que trabajarás aquí por cuatro meses.
Lo comenta con suavidad, para no hacerme daño. Lo cierto era que ya lo esperaba, los Dumont siempre fueron demasiado tacaños.
Pero aún me queda una esperanza, y siento satisfacción cuando exclama:
-¡Oh! ¡Ya sé qué puedo hacer por ti! Hay unos vecinos que tienen una piscina realmente grande, y quizás estén interesados en que los ayudes a mantenerla. Estoy segura que te pagarán lo que mereces.
La miro por primera vez en medio de esta actuación.
-¿Lo dice en serio? ¿Quiénes son?
Sonríe y me da unas palmadas en el hombro mientras se levanta.
-Es la familia Berry; les serás de mucha ayuda.