Capítulo 18-

Rachel me mira y tartamudea:

-¿Q..Qué haces aquí?

Me volteo todavía sin encontrar las palabras. Sigue de pie en la puerta, dudando si entrar o no.

-No he puesto una bomba, tranquila.- le digo, procurando resultar despreocupado, pero me siento como un niño al que han pillado en medio de una travesura. Por la manera en que ladea la cabeza, sé que no es eso lo que se le hubiera ocurrido pensar. Da un paso hacia dentro, aunque no con mucha seguridad.

-¿Qué haces aquí?- repite.

Suspiro. La verdad a veces suele sonar demasiado irreal para ser tomada en serio.

-He visto una luz prendida al entrar- enarca una ceja y continúo.- Leí la nota de que los tres estaban fuera, y creí que era un desperdicio de energía.

Lo cual, lo admito, no es del todo cierto. El mundo y la naturaleza son pura basura, y en cualquier caso, moriré antes de que se vengan a pique.

Rachel se limita a llegar a mi lado y sentarse en un pequeño banco blanco, luego de acomodarse la corta (pero no por eso provocativa) pollera.

-¿Has encontrado algo digno de interés?

Aprieto un puño. Soy lo bastante rápido como para entender el significado que ocultan esas palabras.

-Noah- añade, notando el brusco cambio en mi expresión- no estoy insinuando que subiste a mi cuarto para robarme.

Los músculos se me relajan y desvío la vista, ligeramente avergonzado.

-Al parecer irás a Nyada.

Apenas oye mis palabras el rostro se le ilumina por completo. Responde a la par que se lleva el pelo hacia delante:

-A la mejor academia de Broadway, por supuesto. Aunque aún no he ingresado, pero estoy segura de que lo haré.

-¿Por qué aún no has ingresado?

Intento aparentar seriedad por más que no comprenda ni la mitad de las cosas que me está diciendo. Broadway es sólo para mí un nombre vagamente familiar, y ni siquiera había oído nombrar a Nyada hasta este dia.

-Antes de ingresar, debemos enviar una carta donde solicitamos permiso para audicionar, junto con una cinta de video en la que cantamos una canción a capella. Este año han aceptado nada más a diez, y yo.. ¡estoy dentro!

Las últimas palabras las ha pronunciado con un tonillo similar a un canto y se levanta de un salto, emocionada como está. Sin embargo, yo me encuentro inmóvil, asumiendo lo que acabo de escuchar. Siento como si algo dentro de mí hubiera dejado de funcionar y se detuviera de repente. Como si todo mi interior comenzara a moverse a cámara lenta. Rachel se mueve a mi costado, pero no puedo reaccionar más que para levantar la mano hacia ella, en señal de que se detenga.

-¿Acabas de...? ¿Acabas de cantar?

En otra oportunidad, me hubiera asqueado la vulnerabilidad en la que me dejaba expuesto esa pregunta. Ahora, me limito a ansiar la respuesta, y mirarla con la mente en otra parte muy lejos de aquí.

-Creo que no- contesta, aunque no está del todo segura.- A veces suelo hacer ese tipo de cosas, sólo que..

-Canta.

Lo he dicho antes de pensarlo. Incluso yo estoy igual de atónito que ella por la gravedad con que le he dado la orden.

-¿Qué?

-Te estoy pidiendo que cantes.

Mira sus zapatos y murmura:

-¿O me estás obligando?

-Tómalo como quieras.

Me dirijo hacia la puerta y deposito la espalda en la misma. Tal vez piense que la estoy encerrando en su propia habitación, pero no importa; porque sé que no podría hacer algo así. Dejo que mis ojos descansen en ella mientras dice, en un tono de voz apenas audible:

-Nunca creí que me pedirías ésto.

Mantengo el silencio y carraspea un segundo. Parece nerviosa, por más que no pueda afirmarlo.

-¿Tienes idea de algo en particular que quieras oír?

Levanto las cejas y hago una señal con el brazo, preparándome para escucharla porque estoy seguro de que no me resultará para nada sencillo.

-Sorpréndeme.

Inhalo con profundidad una sola vez, y cierro los ojos. Soy consciente de que Noah me está mirando, expectante, y el hecho de que se confunda con la oscuridad que me rodea hace que ésto resulte más sencillo. Despego los brazos de mi cuerpo apenas unos centímetros y comienzo a cantar una de mis canciones preferidas, y que se llama O Holly Night.

Un agradable cosquilleo recorre mis manos; y mi garganta emite vibraciones leves y controladas. Percibo el despegue de mi cuerpo, como si volara. A cada nota lo negro se cubre de luces, y mi pecho sube y baja acompañando la canción. Procuro parecer neutral, por más que sea consciente de que favorece a la puesta en escena el transmitir gran parte de las emociones.

Como pocas veces suelo hacerlo termino de cantar sin haber abierto los ojos. Respiro dos veces con una ligera agitación antes de volver a la normalidad, y miro a las manos perladas de sudor y me prometo intensificar la rutina diaria de limpieza esta noche.

Aunque me cueste admitirlo, es la primera vez que me pongo nerviosa al cantar, y supongo que así me sentiré en la audición de Nyada. Por lo menos pido que, sea quien sea la persona que me escuche en ese momento, al menos emita palabra, pues Noah está sumido en el silencio.

Miro sus ojos fijos en los míos a la par que el color sube por mis mejillas. No dice nada. Sigue inmóvil y con una expresión extraña en el rostro. El silencio parece palpable, incluso creo que puedo verlo, rodeándonos.

Sea lo que sea lo que él esté pensando, decido obligarlo a hablar.

-¿Y bien?

No le prestó atención a la brusquedad de la pregunta. Sólo me limito a convencerme de que no lo he hecho mal, pues es eso lo que en verdad me ha salido mejor que las otras veces que lo intenté frente al espejo. Formidable, como dirían mis padres. Pero no le parece así a Noah y comienzo a preguntarme en qué me equivoqué.

-Lo hice lo mejor que pude.- susurro y desvio la mirada. Nunca me he sentido así de insegura, y lo detesto.

-¿No deberías estar cenando con tus padres?

Aquéllo me desencaja. Su voz ha sonado lejana, como si no estuviera aquí.

-Explícame qué relación guarda eso con mi canción.

Se encoje de hombros.

-Simple curiosidad.

-Si quieres que la satizfaga, - exclamo, abriendo la puerta- he venido en busca de algo que había olvidado.

Asiente y se aparta un paso para dejarme el camino libre.

-Eso significa que el sitio donde cenan queda cerca de aquí, ¿cierto?

-No comprendo a dónde deseas llegar con esas conjeturas.

Paso por su lado y empiezo a bajar las escaleras cuando dice:

-¡Eh, Rachel! Creo que aún te olvidas de ese "algo".

Me detengo y resoplo. No hay nada que me ridiculice más que subir nuevamente y volver a pasar por su lado. Camino hacia el escritorio, y tomo la cartera que había ido a buscar. Por el espejo veo la mirada divertida de Noah. Me dirijo a la puerta otra vez, y le espeto:

-De ser posible, sal de mi cuarto. Me incomoda que estés aquí.

Coloca el brazo fibroso en el marco de la puerta, llo que me impide el paso. Frunzo el ceño.

-¿Sigues temiendo que lo haga explotar?

-Eres frustrante.

Intento pasar por debajo de su brazo, lo cual sé que debe verse demasiado patético, pero me gira y me coloca frente a él.

-Y tú cantas maravilloso.

Me paralizo. Por un instante creo que he oído mal, que Noah Puckerman sería incapaz de utilizar esa palabra hacia una persona como yo. Pero es eso lo que ha dicho y mi estómago se contrae.

Su rostro dista de apenas unos centímetros del mío y creo que hace amago de acercarse. Pestañeo una vez y doy un paso atrás, buscando despabilarme.

-Yo...Debería irme.

Aparta el brazo y atravieso la puerta abierta. El corazón no deja de martillarme mientras bajo las escaleras y salgo de mi casa.

Una sola palabra me persigue como una sombra, pero se siente bien.

"Maravilloso".