Disclaimer: los personajes pertenecen únicamente a Stephenie Meyer, esta es solo una historia de mi imaginación sin fines de lucro. Y está prohibida su copia no autorizada.

Summary: "no puedo Edward, no puedo seguir contigo porque no puedo olvidar tu infidelidad" "déjame hacerte cambiar de opinión" "¿Cómo?" "reconquistándote, dame un mes"

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Reconquistándote en un mes

"el dolor físico lastima, el espiritual desgarra"

Capítulo 20: cita 11, golpes de frustración

La conexión estaba allí; el espacio que separaba sus esmeraldas y los pozos achocolatados era electrificante, no eran más que ondas de fuerza, intensidad, pasión y amor, sobre todo amor. Bella lo sentía; era como una electricidad desbordante que avasallaba todo su cuerpo, su piel comenzaba a sudar y es que el calor de la pasión necesitaba ser filtrado. Sus ojos ya habían remitido un poco a las lágrimas y ahora podía ver mejor a su marido.

Toda su vida, o bueno, desde que lo conocía había estado clara que era un hombre hermoso rayando en la perfección pero en ese justo momento ella juraría que nunca lo había visto mejor. La belleza no es algo enteramente físico, es una serie de cualidades y pequeños detalles lo que complementan a una persona. Y el brillo en la mirada de Edward, algo entre guerrero griego, apasionado poeta y artista que esta frente a su más perfecta musa, era lo que hacía en ese momento a Edward Cullen el hombre perfecto.

Pero el hombre perfecto de Isabella Swan. ¿Cómo podría ella arriesgarse a vivir sin él? Estaba clara que no podía, llevaba dos semanas intentándolo y había sido un intento bastante patético. Su corazón dolía, su orgullo se alegraba pero era la felicidad la que se había ido a dar un paseo.

Necesitaba comenzar a madurar y aceptar que Edward debía formar parte de su vida; ya bastaban los intento de alejarlo y después los llantos por la distancia. No. El orgullo había luchado una gran batalla pero ese día, ella, Isabella Cullen había decidido derrocarlo.

Era una nueva lucha en la que participaría su alma en un intento de recuperarse y recuperar su matrimonio. Ya anteriormente había dicho que estaba luchando pero era obvio que no se había dedicado enteramente a ello. Una parte de su sistema, seguramente el orgullo, siempre le decía que ella no debía porque hacer eso; ya suficiente la había hecho sufrir Edward como para que ahora deba dedicarse a trabajar por mantener una relación así. Siempre daba un paso atrás, cuando todo comenzaba a mejorar ella se alejaba.

Pero ya no más.

En ese preciso momento parecían estar mejor de lo que habían estado en los últimos tres meses y dos semanas; ambos en la misma sincronía, abrazados sintiendo las olas avasallantes de su amor envolverlos y arrastrándolos poco a poco a una pseudo paz. "pseudo" porque era obvio que había muchas batallas que luchar, muchos miedos que superar, confianza que crear y sonrisas que comenzar a formar.

-¿Qué me dices? ¿Estás de acuerdo conmigo?- la voz de Edward quería aparentar calma pero ella lo conocía mejor que nadie y sabía que por dentro estaba sumamente nervioso temiendo a un rechazo de ella. ¿Realmente es capaz de pensar que ella diría que no luego de ese hermoso espectáculo que él había dado? Ella siempre había sabido que él tenía una hermosa voz pero se había superado a si mismo sin duda alguna-¿acaso hay posibilidad de rendirse?

-supongo que no- respondió un poco intimidada ante su insistencia y la incertidumbre que comenzaban a reflejar sus ojos.

-no, no me vengas con que "supones" Bella, a estas alturas del partido donde faltan como dos semanas para que se acabe el plazo necesita más de ti que eso, necesito seguridad, necesito saber que te alejaras, no te me escabullirlas entre los dedos, que cuando te sonría no estarás pensando que no me debes sonreír de vuelta, por favor pensemos menos y enfoquemos no en lo que queremos y en lo que nos hace feliz. Así que… repito, ¿está dispuesta realmente hacer un esfuerzo y no tirar la toalla cada día por medio?

Mirarlo a la cara, sonreírle y asentir fue una de las cosas más fácil que Bella había hecho en la vida, y sin duda una de las más duras fue aguantar las ganas de besarlo cuando él sonriéndole resplandecientemente volvió a unir sus frentes.

Por minutos se quedaron allí abrazados, simplemente sintiendo el latir del corazón del otro y llenándose del aroma. Recordaban cuantas noches pasaron igualmente abrazados sin poder dormir a menos que estuvieran con su amor en brazos. Las veces que llegaban del trabajo y el otro lo esperaba con una sonrisa. Todos los besos que se daban diariamente; los más significativos como el primero, con el que llegaron al primer orgasmo juntos, el de la boda y el último.

La última vez que se habían besado había sido la mañana del día en que Bella se fue de casa. Él se había despedido como cualquier otro día, un poco apresurado y solo un toque de labios. Si hubiera sabido que sería el último en semanas y con el riesgo de ser el último definitivo, sí que lo hubiera disfrutado, habría bebido su alma, recorrido cada milímetro de su boca, acariciado cada parte con infinita devoción y al separarse… ¡patrañas! Nunca se habría separado. Habría muerto de anciano con sus labios unidos a los de ella. El lugar más feliz de la tierra.

Como anhelaban la conexión de sus labios, hacerle sentir al otro cuanto lo amaban en ese pequeño gesto. Estaban deseosos de probarse nuevamente pero ambos estaban claros que aún no era el momento. Así como un simple apretón de manos un día había resultado el paraíso en un día determinado; su beso llegaría y seria el cielo, el paraíso, el infierno y cualquier otra utopía.

-nos tengo fe, Isabella- susurro Edward para no acabar con la intimidad del momento.

Bella lo apretó más fuerte y cerró los ojos porque ya no quería llorar más.

-yo también, Edward, yo también. Pero es duro, a veces solamente quiero golpearte.

Él se rio pero distaba de ser feliz, era una risa con melancolía y un poquito de furia también; estaba claro que eso era lo que Bella había querido en muchos momentos, golpearlo y tal vez infringirle dolor así como él se lo había hecho a ella.

-¿te sirve de consuelo el hecho de que muchas veces yo también me he querido golpear?

Ella solo se rio pero no respondió, y no era necesario, ambos sabían la respuesta. No, no era ningún consuelo; eso no cambiaba nada.

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-¿recuerdas cuando fuimos a Machu Picchu y te torciste el pie?- le pregunto Edward riéndose. Habían estado abrazados por un largo rato hasta que se cansaron de estar de pie y decidieron sentarse en el porche y simplemente hablar sin analizar demasiado las cosas.

-¡no te rías! Fue vergonzoso que me tuvieras que cargar todo lo que duro el recorrido. Aun me sorprende como no te desmayaste del cansancio.

-para que tu veas, soy súper fuerte- flexiono los brazos evidenciando lo muy bien formado que estaba y Bella tuvo que desviar la mirada para no babear o lanzarse encima de su marido; seguramente un poco de ambas.

-claro, claro; también recuerdo como todas las demás turistas suspiraban y me decían lo afortunada que era.

-¡hey! No olvides al adorable de Felipe- y ambos rompieron en risas recordando al adorable guía turista sumamente gay que no podía alejar sus ojos de Edward y le advirtió a Bella que lo cuidara o él aprovecharía a la mínima oportunidad. Bella pensó que tal vez debería llamarlo, seria gracioso ver sus intentos por conquistar al cobrizo.

-¡buenas noches!- rompió la risa una voz ronca y un tanto seria que ambos conocían muy bien. Bella inmediatamente se levantó para mirar a su intimidante amigo; su reacción extraño a todos, no era como si a Jacob le molestara que ella siguiera reuniéndose con Edward pero había sido algo que ni ella misma podría explicar. Y tampoco se esforzó mucho en hacerlo porque estaba enfocada en la chica que estaba al lado de su amigo.

-hola Bella, Edward mucho tiempo sin verte-su esposo dio un paso al frente y extendió su mano a la morena.

-sin duda, han sido años. Un gusto volver a verte- respondió Edward con esa sonrisa que deslumbraba a todas, aunque su amiga no parecía admirarla para nada. Su rostro mostraba solo indiferencia y Bella sabía que por carácter huraño de la chica Edward no le caería muy bien, ya lo tenía etiquetado como infiel, y aunque un día le había dado una dura charla, sus traumas relacionados con infidelidades no le permitirían simpatizar con él.

Se formó un silencio un tanto incomodo; Edward y Jacob solo se habían saludado con un muy masculino asentimiento de cabezas y ninguna de las mujeres hablaban porque estaban más interesadas en su comunicación visual. Que consistía básicamente en Leah pidiéndole detalles a Bella.

-ehh creo que debería irme- hablo Edward halando su cabello; volteo la cabeza y le dio un beso en la mejilla colorada de Bella susurrándole "nos vemos mañana" a lo que ella asintió mareada por su aroma- Buenas noches.

Los tres restantes se quedaron viendo como arrancaba la camioneta para luego volver a la incomodidad solo que ahora se miraban entre todos.

-bueno, yo tengo frio así que entrare, si quieres se quedan chismeando ustedes dos aquí afuera- hablo con simpleza Jacob y entro sin preocuparse por lo que ellas decidieran. Apenas cerró la puerta, Leah agarro a Bella del brazo y la hizo sentarse en el porche.

-¡habla! Supongo que siguen en eso de la reconquista que me contaste la otra vez, cuéntame… ¿Qué tal les va?- en ese momento Leah le recordó un poco a su cuñada y pensó con tristeza que sin duda le hacía falta ese tipo de adrenalina a su vida.

-pues… es como un sube y baja, hay veces que todo es perfecto y después bajamos en un solo golpe- Leah asintió y Bella entendió que debía continuar- esta vez vino porque estábamos molestos, ¡el muy idiota me llevo a una psicóloga engañada! Le conto todos nuestros problemas aparte de mis problemas de autoestima, como estaba considerando dejar todo y simplemente divorciarnos él vino a hacerme repensarlo y lo logro…. Él logra todo- sonrió pensando en lo persistente y convincente que Edward podía llegar a ser.

-¿problemas de autoestima?- pregunto Leah con una mirada de psicóloga, justo lo que era.

-bueno si… tu sabes, lo normal, a veces pienso que no soy especial, pensaba que no merecía a Edward y otras cosas… lo normal- trato de aparentar tranquilidad pero la mirada inquisitoria de Leah la intimidaba.

-supongo que debí imaginar que el autoestima se relacionaba cuando me dijiste que habías cambiado tu forma de ser por Edward. Bella la autoestima es algo que no debe tomarse a la ligera, es capaz de lograr que nos ocultemos detrás de una careta y no mostremos nunca realmente nuestra personalidad. Es como una forma de miedo. Entendería que tu autoestima se bajó cuando Edward te fue infiel- la palabra aun dolía en el corazón de Bella- pero antes no, incluso después de esa situación es ilógico que pienses que no lo mereces. Uno debe estar claro de su posición en el mundo, Bella. No quisiera pensar que en tu mente tienes la idea de que no eres especial en tu entorno. Eres esencial para la vida de muchas personas Bella y necesitamos que te valores- las palabras de su amiga llenaron su corazón de paz y amor; muchas veces odiaba tener el autoestima bajo y andar siempre menospreciándose pero era algo que no podía evitar, simplemente era algo más fuerte que ella- así que creo que Edward tiene cierta razón, sería buena razón que te vieras con alguien.

-Leah…- ni siquiera sabía que iba a decir pero es que la idea de contarle todos sus problemas a alguien desconocido no la animaba mucho.

-solo dime que lo pensaras por favor- cuando la castaña asintió, se abrazaron y Leah cerro la conversación añadiendo- solo dime que lo pensaras.

Y Bella se aseguró a sí misma que lo pensaría detalladamente.

.

Estaba en su oficina al día siguiente aun pensando si debía tratarse con alguien que finalmente le ayudara a entender a que se debían tanto menosprecio a pesar de todo el amor que tenía a su alrededor, cuando su secretaria llego con una bolsa de regalo.

-lo acaba de traer un mensajero- comento al ver las intenciones de Bella por preguntar- es de parte de tu esposo.

La castaña suspiro ante eso, Edward nunca iba a entender que los regalos no eran lo suyo. Pero al abrir la bolsa solo quedo desconcertada al ver una especie de capa con gorro incluido azul brillante, y ni siquiera una nota había.

Intento llamarle para preguntarle el uso que debía darle a ese singular regalo pero el teléfono estaba apagado. Por lo que resignada siguió trabajando aun con la confusión seguía presente.

Confusión que creció cuando a las dos horas llego otro paquete pero esta vez era un short deportivo negro que seguramente le quedaría sumamente ajustado.

Siguieron llegaron bolsas de regalo hasta que armo un conjunto de zapatos deportivos azules, short negro, la capa azul, un sostén deportivo negro y unos guantes de boxeo azules. Sabía el uso que se le daban a esas cosas pero aun no entendía que uso le daría ella ni cuándo. Y el teléfono de Edward seguía apagado.

Justamente a las 5pm, cuando apagaba toda la oficina y recogía sus paquetes recibió un mensaje de Edward, lo leyó ansiosa esperando una explicación pero solo decía una dirección acompañado de un te espero y la posdata de que llevara sus regalos.

Y justamente así lo hizo. A los veinte minutos llego a un gimnasio que extrañamente se encontraba desolado, intento llamarle al ver el poco movimiento pero el teléfono seguía apagado. Confundida y frustrada uso la única opción que le quedaba; entrar como perro por su casa esperando encontrarse a Edward en algún lugar y pedirle una explicación.

Al entrar a la penumbra del lugar un escalofrió le recorrió el cuerpo, grito el nombre de su marido pero no recibió respuesta y la paciencia ya se le estaba agotando. Edward sabía que no le gustaban ese tipo de juegos, ¿Por qué la hacía ir si no iba a estar? Estaba dispuesta a irse cuando a lo lejos escucho primero un interruptor siendo presionado y después poco a poco un área lejana aclarándose. Segura de que allí la esperaría Edward camino decidida a darle un largo regaño.

Pero las palabras se le quedaron atoradas cuando finalmente llego a la estancia y descubrió que era un ring de boxeo. Pegadas a las paredes estaban unas gradas de hierro que rodeaban al cuadrilátero posicionado en el centro sobre el cual estaba parado Edward usando solamente unos shorts negros, unos guantes azules y una sonrisa deslumbrante. Toda la pinta dejo a Edward en shock y principalmente acalorada y excitada.

-¡llegaste!- extendió sus brazos mostrando más su musculatura y los shorts se le bajaron un poco mostrando los huesos pélvicos que Bella anhelo tocar.

-¿Qué es todo esto, Edward?- pregunto mirándolo a su alrededor intentando distraerse para no babear.

-bueno… ayer me dijiste que a veces deseabas golpearme- eso trajo de nuevo su atención y enfoco la mirada en esa picara mirada- así que he decidido concederte ese deseo.

-¡¿Qué?!- por poco y se le caen las cosas que llevaba en las manos. ¿Acaso Edward le dejaría golpearle?

-esta noche serás una boxeadora y yo tu bolsa de arena personalizada, así que ve a cambiarte, estoy segura de que te verás guapísima con lo que te compre. ¡Vamos! El tiempo apremia- añadió cuando ella no respondió y simplemente se quedó estática.

- o-okey- respondió aturdida y se fue hacia el gran letrero que anunciaba los baños.

Salió al cabo de unos minutos sumamente avergonzada de estar usando esa ropa, era tan ajustada que parecía una segunda piel y dejaba todo su abdomen a la vista, afortunadamente el poco tiempo en el que había asistido con Jacob al gimnasio había dado sus frutos y se veía realmente bien y en forma. Especialmente lo pudo confirmar cuando Edward se le quedo mirando encandilado y todo un poco de más al ayudarle a subir al cuadrilátero.

-okey, lo que tienes que hacer es golpear lo más fuerte que puedas mis manos- él las había extendió palmas abiertas enfundadas obviamente en los guantes. Bella un tanto insegura dio el primer golpe y fue algo realmente triste- ¡oh vamos! Ese es el golpe más patético de la historia. ¡Más fuerte!

Le volvió a dar pero sin mucho empeño más, cosa que estaba frustrando a Edward, él había llegado dispuesto a ser apaleado así que le insistía gritándole que fuera más fuerte o que golpeaba como una chica. Irónicamente aquello fue lo que más frustro a Bella y la adrenalina fue llegando a su cuerpo, las ansias de cierta venganza estaban en sus brazos que poco a poco daban más fuerza e impulso a sus puños. Se concentraba en dar cada golpe, su mirada era intensa y soltaba jadeos para respirar más profundamente. Edward había dejado de burlarse y había necesitado proteger más; Bella estaba entregada en su ataque.

Su mente se había sumergido en el dolor que había pasado, recordaba todas las noches que se quedaba acostada al lado de Edward sin poder dormir llorando en silencio y frustrada porque Edward no se daba cuenta de su sufrimiento; lo golpeaba por eso. Lo golpeaba por la manera tan banal en que se confesó y no siguió insistiendo en saber cómo se encontraba. Lo golpeo por el simple hecho de haberlo hecho.

Las lágrimas habían comenzado a hacer y unos extraños sollozos se combinaban con los jadeos, parecía una loca; aspecto que aumento aún más cuando durante un momento antes de golpear se fijó en la posición en que se encontraba Edward. Se había encogido totalmente, flexionándose e intentándose proteger el pecho porque Bella hacía rato había dejado de golpear solo sus palmas extendidas y atacaba todo lo que estuviese a su paso.

Parecía un pequeño ratoncito protegiéndose pero firme, no hacia ni un sonido, ni intentaba quitarse a Bella de encima; honestamente había estado dispuesto a recibir el maltrato de Bella. No estaba segura si cualquier otra persona haría algo así.

Y en ese momento se detuvo y simplemente rio, rio porque lo amaba, amaba que él fuera tan idiota como para dejarse golpear solo para hacerla feliz a ella, lo amaba por no dejarla rendirse, lo amaba por ser como era. Y realmente nada iba a cambiar ese hecho.

Edward levanto la mirada y al ver el estado en el que se encontraba su esposa no pudo evitar reír también. Era absurdo verla con lágrimas en las mejillas, la nariz roja pero los ojos brillando de alegría. Los dos se estuvieron minutos simplemente riéndose como tontos, la respiración cortándoseles pero nada de eso importaba porque la felicidad era plena.

Aunque en un momento en que la castaña se agacho para respirar mejor sufrió el shock de ver el costado derecho de Edward sumamente rojo, obviamente, producto de los golpes que ella le había dado.

-¡oh por Dios, Edward!- se acercó a él y con sumo cuidado acaricio la zona que ya parecía incluso un poco hinchada- perdóname, perdóname, por Dios, no debiste permitirme hacer esto- las lágrimas habían regresado solo que ahora eran de puro arrepentimiento.

-hey, hey, nena, cálmate, ¿sí? Fui yo el de la idea y no es nada que se pueda solucionar con una crema. Te dije que estaba dispuesto a aceptar lo que sea para tenerte a mi lado, y entiendo que tú necesitas librarte del dolor espiritual que es aún más duro de manejar. Así que no te preocupes por mí, Isabella- pero Bella noto como en medio de la frase hizo una mueca y eso menos ayudo a que ella se calmara; el llanto se intensifico y Edward solo pudo abrazarla para intentar calmarla.

Bella solo podía pensar que había sido una idita por dejarse llevar de esa manera, la idea no era mal formar el cuerpo del pobre hombre, no había sido la mejor manera de desahogarse y solo se le ocurrió ayudarle de la menare n la que él le ayudaba cuando era ella la lesionada. Lentamente se separó del abrazo y bajo la mirada a la zona rosácea, tan suavemente como el toque de un ángel le acaricio deseando calmar con eso un poco el dolor, luego se inclinó y poso sus suaves labios en la costilla. Escucho como Edward contuvo la respiración pero no le prestó atención; siguió concentrada en la tarea de darle besos mariposa a todo el costado de su marido, no eran más que suaves caricias labiales en la cintura y las costillas derechas. Cerró sus ojos y recordó como Edward siempre besaba tan delicadamente las zonas que ella se lastimaba, le demostraba su amor con sus labios logrando que ella se distrajera y olvidara el dolor, esperaba estar consiguiendo eso.

La respiración de su marido era irregular, jadeaba forzosamente y ella tenía las mejillas súper rojas y honestamente la libido a niveles altos pero no quería detener su tarea. Con la misma parsimonia y delicadeza fue subiendo sus besos por todos los pectorales de su marido, ya no solo se enfocaban en el costado derecho sino que envolvía toda el área superior, de vez en cuando su lengua atrevida salía a jugar y como respuesta recibía más jadeos del cobrizo.

La temperatura de todo el ambiente había subido, era el momento más excitante que habían tenido en semanas, los dos estaban un poco sudados por la actividad previa pero no importaba en lo absoluto. Edward era un hombre irresistible y era suyo, totalmente suyo. Y ella estaba dispuesta a aprovecharse de ello.

Cuando llego al cuello pudo sentir lo apresurado que iba el pulso de él y sintió el poderío que llevaba tiempo sin sentir. Amaba ponerlo tan sensible y desesperado por su toque, en sus manos se llegaba a convertir en una masa temblorosa y no había mejor sensación que esa.

Besos, lamio e incluso mordisqueo toda la extensión de su cuello, ya no era lento, una desesperación y ansias de habían apoderado de su cuerpo. Quería a ese hombre, lo amaba y necesitaba sentirlo.

Pero cuando llego a la comisura de su labio se dio cuenta de que si lo besaba no habría marcha atrás, ese sería el final de los límites que se había impuesto y ninguno de los dos estaba preparados para eso. Con toda la frustración que reunió la calentura de su cuerpo suspiro y cerrando los ojos solo dio un muy leve beso en la comisura del labio de su marido. Y la explosión de electricidad producida ante ese toque le hizo sonreír.

Edward entendió todo lo que había pasado, o eso pareció cuando también suspiro y sonriendo la abrazo fuertemente por la cintura. La lujuria se había ido para dejar la paz que ambos sentían con el otro. De alguna manera Bella había drenado la frustración y la lujuria que había olvidado que tenía en su cuerpo. Y él estaba más que agradecido por la acción de ella, llevaba demasiado tiempo necesitando más roce entre ambos y Bella lo había sorprendido pero estaba satisfecho, al menos por ese momento.

Él la posiciono mejor en sus brazos para poder ver sus brillantes ojos chocolates.

-gracias, ahora me siento mucho mejor- los dos sonrieron y ella sujeto su peso en la puntilla de los pies para unir sus frente y susurrarle un muy sentido.

-te amo, Edward Anthony Cullen Masen.

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¡Hola chicas!

Muchas gracias a todas las que me siguen a pesar del largo tiempo que lleva historia, y gracias por aun comentar. ¡No saben lo feliz que me hacen! Las quiero muchísimo.

Les aviso que esta semana debo cambiar mi nombre de usuario a Nimia Forctis, es una combinación de palabras del latín aunque en cierto modo suena como un nombre. (Estoy viendo latín en la uní y aunque lo odio un poquito, no se puede negar que es interesante)

Gracias a las que leyeron.

Espero les haya gustado.

Gracias a: janalez, Angie masen, ligia rodriguez, glee, terewee, montego24, indii93.

Sábado, 01 de febrero de 2014

15.20pm