HOLA A TODOS LOS QUE LEEN...
SOY FELIZ :) Y QUIERO AUN SER MÁS FELIZ, HAGAN CLICK Y DEJEN COMENTARIOS...GRACIAS.
NOTA IMPORTANTE NO TENGO BETA PERO TENGO UNA MAMI GRANDIOSA QUE ME HACE MIS CORRECCIONES..
ESTE CAPÍTULO PASO POR SUS MANOS Y TIENE ALGUNAS MODIFICACIONES SI GUSTAN LEER DE NUEVO.
DECLARO LOS PERSONAJES SON LA FABULOSA JANE AUSTEN LO DEMÁS ES MIO.. SOBRE TODO LOS ERRORES JEJEJE
DISFRUTEN DE LA LECTURA
FELIZ DIA
Capítulo 1
En una oficina muy lujosa ubicada en uno de los edificios más altos de Londres, estaba sentado detrás de su escritorio un joven, moreno, alto, de ojos marrones. Vestía un traje de tres piezas en gris humo perfectamente hecho a su medida. Su camisa blanca relucía y en sus puños llevaba mancuernas de plata. Todo el conjunto lo hacía parecer un hombre sumamente atractivo, importante e imponente.
Se encontraba girando como un niño travieso en la silla de cuero mullida detrás de su escritorio meditando sobre los últimos diez minutos. Había recibido la correspondencia como regularmente lo hacía todas las mañanas. Pero el día de hoy trajo entre los papeles de la empresa un sobre totalmente sellado con diferentes visados y una dirección bastante particular. Quedó mirando el sobre por uno momento leyendo detenidamente a quien estaba dirigido.
Se encontraba debidamente autorizado por esa persona para recibir su correspondencia, por tanto no había nada de sorpresa el ver un sobre que no era precisamente para él ya que formaba parte de sus funciones en los últimos meses. Miro de nuevo el sobre y fue cuando empezó a girar en su silla pensado, debatiéndose si abrirlo o no, si lo abría cómo debía dar la noticia de su contenido. Pero lo que aún le sorprendía era quien lo enviaba.
-Esto debe ser una broma y una de mal gusto- murmuró mientras daba vueltas viendo como pasaban las paredes brevemente dándole una sensación de mareo.
-¿Debería llamarlo?- se interrogó, debatiendo consigo mismo cómo debía actuar.
-No, esto no debe ser por teléfono- tomando la resolución, dejó de girar en su silla y se detuvo frente a su escritorio. Levantó el auricular y después del primer repique contestó una voz suave y melodiosa que reconoció al instante como Magi. Margaret Jonshon o Magi como todos sus compañeros de trabajo afectuosamente la llamaban, era desde hace cinco años su secretaria y asistente personal. Gracias a ella tenía en orden su agenda y gran parte de su vida personal.
-Magi me voy por unos días, por favor desplaza todas mi citas… dejó un espacio en silencio y continuó -Necesito salir y esto es importante- dando énfasis en la última parte. Hablaron unos momentos más terminando de ordenar la agenda y colgó.
Se levantó de su silla y camino a través de la alfombra gruesa de la oficina hacia el perchero que estaba en la pared detrás de la puerta para tomar su abrigo y su sombrero.
Devolviéndose para agarrar el sobre lo miró brevemente con una nueva resolución en la mente y lo insertó en otro sobre sin marcas y lo selló. De esta forma estaría protegiendo la confidencialidad del mismo. Tomó el bolígrafo y buscó en su agenda donde había apuntado la dirección que necesitaba. Por tanto escribió con caligrafía impecable, grande y firme la dirección. Lo metió en sus portafolio y salió de la oficina cerrando la puerta tras de sí.
Dándole un guiño a su secretaria en su paso, salió de las instalaciones rumbo a cumplir con su misión.
_o_
Este joven salió de Londres poco después del medio día con un propósito muy importante que no permitía demora en cumplir. Por tanto tomó la dirección de su destino y salió tras ésta.
Cuando solicitó la ruta a recorrer, le indicaron en un lapso de cuatro horas, con buen clima y caminos en buen estado, llegaría sin inconvenientes.
Tomándose unos momentos para organizar todo lo que necesitaba para salir para un breve viaje meterlo en una maleta y comer una comida medio decente se encaminó. Salió de la casa solariega de ladrillos rojos, se metió en el auto y arrancó.
Mientras salía de la cuidad contemplaba el paisaje que gradualmente fue cambiando, dejando atrás los grandes edificios, las grandes fábricas, casas y el smog. También cambiaron los sonidos, el ruido bullicioso de los vehículos en tráfico, la gente caminando por las calles, el martilleo de una construcción y otros sonidos propios de una gran ciudad en pleno desarrollo, dio paso a sonidos más amables, el paso menos frecuente de carros y el agradable sonido propio de la naturaleza. Grillos y pájaros era un agradable cambio que le dio la bienvenida a lo largo del viaje en su primera hora de recorrido.
Más adentro de la carretera se hacían menos frecuente las señalizaciones y más desolada la zona. También el estado de las carreteras cambió, era más descuidado. En la comparación del país y la cuidad y los grandes cambios del lugar lo atrapó desprevenido la tormenta.
-¡Ya está! Una tormenta, lo que me hacía falta- expresó con disgusto en voz alta.
Con truenos y relámpagos la lluvia torrencial empezó. Tenían que llegar a su destino muy pronto pero la tempestad se despertó y pareciera como que los elementos no deseaban que llegara a su destino final.
En la temporada de primavera no era raro ver ese típico comportamiento del clima: estar soleado en un momento a otro oscurecerse mucho, bajar la temperatura y cerrarse en un torrente de lluvia invernal. Así fue este día a principios de la primavera del 58 el clima cambió drásticamente donde no lograba verse a un metro de distancia, la neblina, junto con las ráfagas de viento y gotas de lluvia hacían imposible la visión.
La lluvia arrancó con grande vendavales de viento haciendo insuficientes el trabajo del limpiaparabrisas y debido por tener las ventanas cerradas el vidrio del parabrisas empezó a empañarse constantemente haciendo la visión más difícil, lo hacía peor. Constantemente se vio recurrido a usar el puño de su impecable camisa para despejar lo empañado y ver mejor la carretera. En las próximas horas el aguacero no daba indicios de mermar la afluencia. Haciendo la conducción más lenta y difícil. Debido al mal estado de las carreteras se encontró cayendo constantemente en huecos y levantando agua de los suelos que caían sobre el capó del vehículo llevándolo a un estado de agitación. Agarraba con firmeza el volante rezando de no provocar alguna colisión.
-¡Demonios!, esto se hace más difícil cada vez- gruñó.
Las luces eran escasas casi inexistentes y las que habían eran insuficientes y dependían casi exclusivamente de las del auto haciendo la conducción más lenta y difícil.
Tampoco ayudaba el hecho que no sabía hacia donde se dirigía debido que nunca tuvo la necesidad de visitar esa área del país.
Pero aun así en contra de todo pronóstico su misión era demasiado importante para detenerse así que continúo su camino.
Las vías por donde pasaba eran cada vez más y más fangosas y enlagunadas haciendo su conducción dificultosa. Pero si se detenía en este momento con la cantidad de agua y charcos quizás no podría volver a arrancar el auto y quedaría varado sin saber a quién pedir auxilio o peor encontrarse con algún rufián y perder la vida en ello.
Ya habían pasado cuatro horas de su salida de Londres y aun no encontraba el lugar donde debía llegar. Ni nada a la redonda para detenerse y solicitar una indicación.
-Definitivamente me he perdido, ¿será que no debí cruzar en la intersección anterior?- se interrogó.
Mirando su reloj del bolsillo llevaba 6 horas en la agotadora carretera y aún no había señales de su destino.
-Confirmado me he perdido, debajo de la lluvia y sin saber dónde demonios me encuentro- gritó frustrado. Ya el movimiento del limpiaparabrisas lo tenía agotado y la vista cansada para saber por dónde debía meterse.
El limpiaparabrisas al máximo y el constante empañamiento del vidrio que debía ser secado con el puño de su camisa ya arruinada, seguía en su lucha con el tempestuoso clima Inglés. Moviéndose en su silla de conducción alejándose del respaldo de la silla y levantando la vista más de cerca del parabrisas por encima del volante con la finalidad de fijarse más en la carretera llenas de baches, notó que ya estaba dentro de un área rural.
Un poco después de diez minutos de la última vez que miró su reloj de bolsillo, por su distracción casi pierde una señalización, frenando de improvisto y cruzando más rápido de lo esperado, el auto entró en contacto con tierra y patinó, perdiendo el control totalmente. Empezó girando varias veces sin poder lograr mantener el dominio del volante, mareándolo, dejándolo bastante aturdido; pero después de pisar con algún hueco de gran magnitud e intentando frenar para recuperar el control, fue peor, el carro brincó dando un giro sobre sí mismo para volver a caer en pie y terminar estrellándose con un gran árbol de roble.
Después del choque inmediatamente todo para él se volvió negro.
