HOLA A TODOS LOS QUE LEEN...

BUENO AQUÍ ESTA EL SEGUNDO CAPÍTULO..

AUN SIN BETA PERO CON AYUDA MARAVILLOSA DE MI MAMI QUE LO LEE Y ME HACE HACE OBSERVACIONES ASI QUE SI HAY ERRORES SON NETAMENTE MÍOS.

BUENO FELIZ LECTURA

Capítulo 2

Los diminutos rayos del sol que lograban filtrarse por la cortina la despertaron. Ella se movió ligeramente huyendo de la luz que se reflejaba en su rostro y buscó seguir durmiendo. Minutos después un ruido desagradable dio inicio y ella a tientas sacó una mano de su mullida y caliente manta para apagar el ruido ensordecedor. Pero la paz solo duró escasos cinco minutos ya que volvió hacer aparición el desagradable sonido, que gruñendo y resignándose, se dijo que era hora de levantarse. Se estiró como un gatito llevando sus brazos sobre la cabeza, extendiendo sus piernas de la cómoda posición en que dormía, después de su estiramiento se sentó lentamente sintiendo sus miembros pesados. Retiró las mantas colocándose al filo de la cama, buscando las sandalias para ir a al baño.

Caminó lentamente arrastrando los pies desde la cama hasta el baño, se despojó de su bata de dormir tirándola en la cesta de ropa sucia. Abrió el grifo de agua y comprobó la temperatura hasta que estuvo a su gusto, caliente. Se metió y se dio una buena ducha dejando correr suficiente agua por todo su cuerpo buscando que los golpes del chorro aflojaran sus nudos de tensión hasta que su piel estaba roja del calor del agua. Se lavó con suficiente jabón y champú para su cabellera. Terminado de bañarse sacó una esponjosa toalla y se secó. Ya en su habitación, con una poco de fuerza renovada, buscó en el armario un vestido para ese día, uno de color marrón café tipo jumper con una camisa beige, se colocó sobre su vestido un delantal blanco y zapatos negros. Peinó su larga y hermosa cabellera llenos de lindos rizos color caoba metiéndolos en un moño apretado en la nuca.

Mirándose en un espejo de cuerpo entero pegado a su armario de madera se admiró y sonrió tristemente a su reflejo. Ella era una chica de no más de 21 años con un hermoso cabello de rizos oscuros ocultos tras un moño sencillo que no hacía nada para favorecer su belleza. Ja belleza… pensó ella, era tan pálida, estaba más delgada, con los años ya su cuerpo parcia la de una niña sin desarrollo, no era alta pero tampoco pequeña. Menuda sí debido a la falta de una buena nutrición. Pero no estaba desnutrida tampoco. Sus manos mirándolas cuidadosamente era horribles: manos de sirvienta con uñas partidas y ennegrecidas. Suspiró y con resignación no siguió evaluándose porque no valía la pena. Se movió a la pequeña estufa y calentó agua para hacer un te bebiéndolo con calma, tomando nota mental del día que tenía por delante. La lista del día era larga y dura cuando vio el reloj eran escasamente las 5 am. Así que salió de la casa rumbo a sus obligaciones del día.

Empezó con lo más fácil el granero.

Llegó al granero rojo grande y caliente lleno de sonidos propios de un granja en ellos estaban los cochinos, vacas, caballos, gallinas, perro, patos. Se metió en el cuarto de utensilios, sacó un overol se lo puso junto con unas botas plásticas. Metiéndose en el establo rastrilló la suciedad de los caballos y las vacas que se guardaron debido al frío nocturno junto con sus crías. Reemplazó la paja y el heno. Cogió los tobos llenos de centeno y avena para los caballos dejándolos en cada uno de sus puestos. Ordeño tres de las cinco vacas que eran destinadas a la leche fresca de la mansión. Dejándolas después en el corral para su pastoreo. Se movió con las botellas de leche a la cocina y las dejó ahí. Siguiendo con su faena, recolectó los huevos metiéndolos en una cesta y esparció maíz y polaina nueva. Por último los patos, dándoles comida y a los cerdos los residuos de las verduras. Limpió todo el espacio siguiente dejando el corral y el granero listos. Cuando terminó ya el sol estaba en su cenit por completo. Mirando al cielo dedujo que serían un poco después de las diez.

La siguiente tarea era la ropa, eso la llevaba al cuarto de lavandería donde encontró cestas de ropa y lencería en general. La llevó a clasificar los colores y las telas separando la ropa de las toallas y las sábanas. Después cargar las dos lavadoras, el mejor aparato que pudo existir a su juicio. Tender y doblar la ropa y dejarla en la despensa para que la mucama la llevara al cuarto de los señores y la ropa de planchar en la cesta para ese trabajo.

Por ultimo en la lista era la limpieza y pulitura de la platería. Esa noche la señora tendría una cena elegante y quería perfectamente pulida la platería; así que se dirigió a uno de los otros lugares que tenía permitido acceso al hogar y se sentó en la gran mesa de madera con todas las piezas de plata: cubiertos, bandejas, candelabros, pinzas, y servidoras, trapos y cremas especiales para pulir.

Justó cuando estaba por dar inicio a este arduo trabajo la señora Hill quien es el ama de llaves de la gran casa la sorprendió con su pregunta: -¿Miss Beth usted ya comió?- Ella sonrió a la impertinencia de la vieja señora que seguía en llamarla miss, a sabiendas que le estaba prohibido decirle de esta forma, según la Señora el término miss solo era para las damas y ella no lo era. El ama de llaves era una mujer robusta y alta de una ascendencia alemana, ella le contaba en las tardes que sus padres emigraron aquí después de la segunda guerra mundial y amaba Inglaterra como su hogar. Ella siempre miró por Beth, estaba determinada que ese lugar que insistía llamar hogar, tuviera todo lo que necesitara, ya que la amaba tanto como el hijo que nunca tuvo. Beth miró a la señora mayor y se contuvo de tener otra pelea innecesaria, estaba cansada de mencionarle que ella no debía ser llamada así, es más, no tenía ni idea del por qué la nombraba de esa forma.

Con voz suave y una sonrisa feliz le contestó –no aun no he tenido el tiempo-. La cara del ama de llaves era de desesperación y frustración miró a su reloj y era la hora del almuerzo que estaba a punto de servirles a los señores y ella no había ni siquiera tomado el desayuno. -Deje eso de inmediato exclamó en un tono autoritario, y continuó -usted va a comer primero, cada día está más delgada, en los huesos diría yo-. Con la misma corrió refunfuñando del salón a la cocina y sirvió un tazón de sopa de verduras, carne, buñuelos de papa y panes recién horneados con alguna jalea que quedó del desayuno y jugo fresco, lo metió todo en el bandeja y lo llevó adonde estaba una niña testaruda.

-Aquí está la comida- en un tono un poco molesto pero no tan alto. Suspirando -los recién horneé y están calientes-, habló en un tono dulce y conciliador, sabiendo que era una guerra que no podía ganar bajo ningún aspecto. Ambas sonriendo en complicidad y ella procedió a comer o mejor dicho devorar los ricos alimentos que le fueron servidos. La sopa, la carne, los buñuelos de papa y los panecillos con mermelada de fresa y membrillo eran casi caídos del cielo, un delicioso jugo y para finalizar un té...

Finalizado su comida la joven se levantó de su silla y salió a la cocina y le dio un gran abrazo a la señora mayor que siempre de una u otra manera la protegía aun cuando ella no lo entendiera totalmente. -Gracias le dijo adentro del abrazo. Con esto salió de la habitación y se sentó de nuevo ante la gran mesa de trabajo donde estaría por muchas horas limpiando y puliendo.

Terminado su trabajo colocó todo dentro de los cajones correspondientes organizando para que el lacayo pusiera la mesa. Justo cuando culminó su trabajo, iniciaron los gritos dentro de la casa y ella salió de la misma.

Las únicas dependencias de la mansión donde ella podía entrar eran el cuarto de lavado, la mesa de trabajo y la cocina, del resto tenía prohibido, lección que aprendió muy temprano y no volvió a entrar.

Beth como ella se llamaba o por lo menos le decían suspiró cansada de otro día agotador. Salió por la puerta de la servidumbre y al salir de la casa se dio cuenta del cambio drástico del cielo era ya las tres de la tarde y parecía de noche así que corrió lo más que pudo para llegar de nuevo a su hogar. Donde la esperaba un rico calor.

Su hogar no era más que una pequeña cabaña anexada al granero, en principio era un almacén pero después lo reformaron para que fuera la habitación del cuidador. Por los últimos 8 años era su hogar. Este no era más que una gran habitación donde no había divisiones exceptuando el baño. El área era agradable y limpia. Ella poco a poco lo había conformado como un dormitorio grande pero también había una pequeña estufa y una mesa con dos sillas que eran comedor en la parte más cerca a la puerta de entrada; en el fondo su cama y para dividir el ambiente había puesto una cortina que cerraba y así daba algo de privacidad; en un costado del lado izquierdo estaba un sofá de dos plazas y uno sillón de cuero mullido y desgastado que no tenía ni idea del por qué se enamoró cuando estaban remodelando una de las habitaciones y lo habían desechado a la basura. Ella lo pido al ama de llaves que con gusto se lo entregó. Así también una mesa de café oscura a juego con un escritorio secreter y un gran armario. Eso era el mobiliario que comprendía su hogar.

Su cama era algo singular: era un catre común y corriente, pero el señor Hill en un duro invierno lo modificó para sorpresa de ella colocando cortinas en forma de dosel convirtiendo su catre en una cama de una princesa de cuentos de hadas. Aunque sus cortinas no eran de damasco ni tenían borlas doradas sino unas simples sábanas de algodón y un poco de terciopelo recuperado de la casa grande de unas de las cortinas, eran el juego más hermoso que jamás haya visto. La sábana era de un color salmón suave y el terciopelo oscuro en vino vivo. Así que ella tenía su cuarto de princesa.

Sus paredes fueron pintadas con los años y empapeladas de colores pasteles y suaves también algún afiche de algún grupo artístico favorito. En su escritorio secreter los pocos libros que con sus ahorros fue adquiriendo y otros como regalos de sus amigos. Su baño era lo que más la emocionaba, en la navidad pasada todos los miembros del personal le dieron el mejor regalo, una bañera aunque pequeña solo para ella era su máximo regalo.

Así que agotada pero con ganas de usar su regalo calentó agua y llenó la bañera tomó sales de lavanda y cuando estuvo listo se dio un rico baño relajante. Casi dormida cuando se enfrió el agua salió y se vistió con un vestido azul. Dejó su cabello oscuro suelto y tomó pan queso y una taza de té y lo colocó en su mesa de te y tomó uno de sus libros y se sentó junto una manta en la silla mullida de cuero.

Leyendo y comiendo estaba totalmente absorta en su lectura cuando escuchó el golpe y un estruendo por último un golpe muy fuerte y el ruido de una bocina.

POR FI REVIEWS