Me alegra que les haya gustado n_n ahora no me tardé tanto *-* mejor les dejo leer en paz
Capitulo 3: finalmente juntos
La bella y hermosa Psique poco a poco fue recuperando la conciencia, se sintió a si misma envuelta en una refrescante temperatura y estaba recostada sobre algo mullido y cómodo, además de que su cabeza estaba acomodada sobre un material que bien pudo confundir con las propias nubes. Abrió los ojos con lentitud y algo de pesadez, en parte porque tenía miedo de ver algún monstruo, pero el ambiente era tan agradable y placentero que sintió curiosidad por saber en dónde se encontraba.
Se sorprendió por lo que vio ya que se encontraba en una hermosa y lujosa habitación teñida por la tenue luz sepia que el ocaso le brindaba. Vagó su mirada hacia abajo y se dio cuenta de que se encontraba recostada en una suave y mullida cama con el espacio suficiente para un matrimonio, todo era tan fantástico que no lo creía cierto.
Se quitó la suave y reconfortante manta de encima y se levantó de la cama, miró a su alrededor buscando algo que le diera una pista sobre dónde se encontraba, y como si fuera cosa de una invocación su mirada se fijó en un balcón con vista panorámica que se encontraba allí. Así que a paso lento y lo más controlado posible, se dirigió hacia el balcón y se asomó por él y lo que vio la dejó sin aliento.
Había un maravilloso y esplendoroso jardín justo frente a la aparentemente residencia donde ella se encontraba, podía ver cómo el sol acariciaba la frontera y cómo unos tonos sepia cubrían el cielo y teñía las nubes. Psique no podía estar más encantada con lo que veía, pero algo no estaba bien…
- ¿Dónde estoy? - Preguntó en un casi susurro al aire, aunque sabía que era algo un poco estúpido ya que no había nadie allí, incluso el jardín se veía desierto.
O eso era lo que pensaba hasta que un susurro de voz en el aire le respondió de forma apacible…
- Estás en el palacio de tu esposo.
- Mi esposo… - Murmuró, Psique, creyendo que se había quedado dormida en la cima del monte a causa del aburrimiento y que en esos momentos estaba en un sueño, un muy maravilloso y sumamente lucido sueño.
- Así es, ahora este palacio es tanto tuyo como de tu esposo. Pide cuanto quieras y todos tus deseos serán satisfechos. - Volvió a escuchar la apacible y agradable voz.
- ¿Lo que quiera? - Preguntó, inocentemente.
- Sí.
- ¿Quién eres tú y quién es mi esposo? ¿Me he quedado dormida?
No, Psique. Este no es un sueño. Yo soy la voz que te hará compañía. Y tu esposo acudirá a verte cuando sea la hora… pide cuanto quieras y todos tus deseos serán satisfechos. - Repitió la misma frase de un modo casi mecánico.
¿Cómo que la hora? ¡¿Quién es él?! ¡Exijo verle! ¡Soy su esposa, tengo todo el derecho del mundo! - Reclamó, saliendo bruscamente del balcón y saliendo por la puerta del cuarto.
Por favor, cálmate. Tu esposo acudirá a verte cuando sea la hora. - Volvió a escuchar la voz.
¡No pienso hacerlo! ¡Aparezco en un lugar extraño y tú vienes y me pides que me calme! ¡Soy su esposa, quiero ver a mi marido, quiero conocerlo!
Y así Psique empezó a rondar por el lugar con alteración. Sus motivos, en cierto modo eran comprensibles ya que se encontraba en un lugar desconocido, casada con quién sabe quién, además de que había una voz salida de la nada que le hablaba. Y Psique no se calmó hasta que llegó fuera de la puerta principal y frente al jardín el cual era increíblemente tranquilizante de cerca.
Ya afuera logró darse cuenta de que se encontraba en el palacio de ensueño más magnifico que había visto jamás, aquello le calmó un poco ya que al menos sabía más o menos dónde se encontraba: en un palacio.
Bien, dices que pida lo que quiera y se me concederá, ¿no? - Le dijo, Psique, al aire. - Pues… - Una sonrisa entretenida se asomó por los labios de Psique al tiempo que volvía entrar al palacio para empezar a probar a la voz y ver si lo que decía era verdad.
Psique pasó un rato adentro del palacio pidiendo y recibiendo un montón de cosas, entre ellas vestidos, joyas, instrumentos musicales… y al cabo de un rato decidió dejarse llevar por la belleza del lugar y empezó a corretear alegremente por el magnífico jardín.
Podría acostumbrarme a esto. - Se murmuró a sí misma, aunque en el fondo estaba bastante insegura ya que al final todo dependía de quién y cómo fuera su esposo, ya que a juzgar por el palacio podría tratarse de un rey, ¿y si era un rey tiránico?
Después de un rato, finalmente el ocaso llegó a su final y Psique se vio envuelta en un paraíso nocturno, se hubiese quedado un momento más, pero estaba cansada, así que decidió regresar al interior del palacio con la esperanza de que su marido por fin hubiese llegado.
Una vez que Psique entró, pudo apreciar cómo todo estaba sumido en oscuridad debido al hecho de que era de noche y no había ni una sola lámpara prendida.
Quiero una luz. - Pidió, Psique, aún parada frente a la puerta. Pasaron unos minutos y no recibió lo que pidió. - Dije que quiero una luz. - Pidió con la voz más autoritaria que tenía. Nada.
Se dio cuenta de que la misteriosa voz no iba a darle lo que quería, así que decidió buscar por su propia cuenta su habitación para dormir un poco, cosa que era muy difícil ya que era su primer día en ese palacio y aún no recordaba con certeza dónde estaba su habitación, además de que todo estaba oscuro y el lugar era bastante grande, mucho más que su antiguo palacio.
Psique empezó a caminar torpemente en la oscuridad recibiendo más de un golpe al chocar con algún objeto, pero después de un rato sus ojos empezaron a acostumbrarse a la oscuridad haciendo que pudiese distinguir sombras y siluetas, era un poco escalofriante y aterrador, pero algo en su interior le decía que nada podía sucederle estando en ese lugar, así que con el valor renovado empezó a caminar con más decisión y seguridad. Y sí, encontrar la habitación fue difícil, muy difícil, pero lo logró y una vez que entró, tuvo que buscar su suave cama a tientas, pero al final la encontró y se recostó en ella.reo que ya puedo dejar por terminado este dí… - Los pensamientos de Psique se vieron interrumpidos por unos pasos provenientes de ese mismo cuarto que se acercaban a la cama. Eros (de quien ella no tenía ni idea de que se trataba de él) había estado esperando en la habitación su llegada.
Aquí está tu esposo, Psique. - Escuchó una voz suave y masculina, casi al instante Psique se tensó, pero se calmó rápidamente, más que nada por la emoción de conocer a la persona con la que compartiría su vida, persona que tenía una muy buena voz a decir verdad. - Ámame como yo te amo, por encima de todo, y no busques a nadie más. -Eso hizo sentir a Psique enternecida, en parte por el cariño especial en el que esa voz había usado esas palabras. - No puedo decirte mi nombre, ni puedes ver mi rostro. - Escuchó cómo él se subía a la cama. - Pero, a pesar de todo, si me amas como yo a ti, seremos felices.
Esa noche, en la oscuridad, Psique se sintió maravillosamente "amada" (cofcofcofsexoposiblementesalvajecofcofcof). La bella joven esperó ansiosa que su "amor" se extendiera lo suficiente como para alcanzar los primeros rayos del amanecer y poder contemplar el rostro de su marido, pero (para desgracia de Psique y alivio de Eros) cayó profundamente dormida poco antes de que amaneciera. Y al despertar, estando ya todo iluminado con la luz del sol, notó que estaba sola otra vez en la habitación, y no solo en la habitación, cuando salió a explorar el palacio para buscar a su marido-increíble-compañero-de-cama, se percató de que también estaba sola otra vez en el palacio.
Y así los días fueron pasando. Por las noches, Eros y Psique tenían sus encuentros "amorosos" (cofcofcofysexualescofcofcof) y la más joven jamás tuvo oportunidad ni pudo ver el rostro del dios del amor; y, por los días, Psique vagaba en soledad por el palacio y los jardines.
Con cada noche, la joven princesa le agarraba más y más afecto a Eros, hasta el punto que ella misma admitía que se había enamorado profundamente de su misterioso consorte, sin embargo, todas las noches Psique le preguntaba a Eros quién era o le pedía poder ver su rostro, aunque fuese solo por un instante de un segundo, pero Eros siempre le decía la misma respuesta negativa: "no puedes ver mi rostro, Psique, tampoco puedes saber mi nombre, pero aún así puedes amarme como yo a ti y ser felices". Pero una noche en particular, Psique decidió cambiar su petición.
O-oye, amor. - La bella joven se encontraba recostada en la cama.
"Amor", así fue como Psique decidió optar por llamar a Eros a falta de un nombre; cosa que agradaba profundamente al dios del amor quien técnicamente era el amor mismo en persona, ya que significaba que había logrado enamorarla, ¿pero qué podía hacer? No podía mostrarle su apariencia, sus alas eran inconfundibles, delatarían quién era, y mucho más con su arco y sus flechas inseparables, tampoco podía decirle su nombre porque corría el riesgo de que ella se volviera más insistente, incluso podría llegar a rogarle el salir juntos y si eso sucedía, Afrodita se enteraría, era muy riesgoso y no quería separarse de su ahora esposa Psique.
Eros, quien se encontraba abrazando a Psique, acariciándole los cabellos, paró unos momentos de hacer lo que hacía para hablar.
No puedes saber mi nombre ni ver mi rostro, querida Psique. - Indicó seriamente, sin dejar de usar un tono suave de voz; no era que le molestase la insistencia de Psique, pero quería dejárselo en claro.
No es eso. Es que yo… he estado ya muchos días aquí, contigo. - Dijo, Psique, sin medir la gravedad de sus palabras sobre el dios del amor.
¿Te molesta mi presencia? ¿Es que te es imposible amarme, Psique? - Le preguntó, Eros, entristecido mientras sentía una punzada de dolor en su pecho.
¡No! ¡No me expresé bien! - Trató de enmendar lo sucedido al "ver" (aunque en realidad solo se podía ver sombras) que su esposo malinterpretó lo que ella dijo y no quería romperle el corazón. - Quise decir que llevo aquí mucho tiempo, viviendo apartada de las otras personas y he echado mucho de menos a mi familia, a mi padre, a mi madre y a mis hermanas mayores. Quisiera volver a verles… me gustaría que me dejases ir a verles.
Eros puso una expresión pensativa que Psique no alcanzó a ver, pero que la supuso. Por mucho que Eros amara a Psique y la quisiera mantener junto a él, le era imposible privarla de su familia, sin embargo debía de pensar bien eso. Casi al instante el recuerdo de las hermanas mayores de Psique llegó a la mente de Eros.
Psique, tus hermanas mayores querrán perderte y acabar con nuestra dicha. - Advirtió, Eros, conociendo cómo eran las hermanas de Psique.
Más añoro mucho su compañía. - Contestó, Psique, en un vano intento de no empezar a sollozar amargamente. - Te amo apasionadamente, pero quiero ver de nuevo a los de mi sangre.
El rubio solo se limitó a suspirar para luego darle un corto beso en la frente a su Psique.
Mañana será un largo día, será mejor que descanses. - Indicó, Eros, soltando a Psique del abrazo haciendo que ella se confundiera y se preguntara si lo que dijo molestó a su esposo.
¿Eso es un sí? - Preguntó, esperanzada, pero confundida.
Ya veremos. - Una vez que Eros dijo eso con una peculiar seriedad y severidad, Psique no dijo nada más.
Al cabo de un rato, Eros notó cómo la respiración de Psique se había suavizado, haciéndole saber que ya había caído en los brazos de Morfeo. El dios se quedó pensativo mirando el techo con cierto disgusto.
No sé qué hacer… - Pensó, Eros, con un ligero deje de tristeza. - No quiero que traten de convencerla de insistirme más sobre mi identidad… no puedo correr el riesgo de que los ame más a ellos que a mí, si no me ama a mí más que a cualquiera, no será capaz de amar a alguien a quien nunca le había visto el rostro ni sabe el nombre… jamás seremos felices si descubre quién soy. - Su mirada se dirigió hacia Psique a la cual, a pesar de la oscuridad, podía ver perfectamente. - Pero la amo demasiado, no sería capaz de verla triste por prohibirle algo. - Lentamente y con unos de sus dedos, Eros retiró un mechó de cabello de la cara de Psique que parecía estarla molestando entre sueños. - Creo que ya está decidido.
Eros cerró sus ojos, tendría algunas cosas que hacer durante la noche y quería descansar aunque fuese solo unos minutos.
Bueno, espero que les haya gustado :D lamento si demoré y... ¡hora de contestar los comentarios!
analiaapocaliptica-2012
Ola ke ase :D
Me alegro que no te haya molestado la demora, estaba muy preocupada :'D
Sí, lo sé, decidí que Eros tenía que ser asi para añadirle humor al fic xD mmn yo suelo decirle Oráculo de Apolo y no de Delfos ya que es más facil identificarlo para quienes no saben qué es. Me alegra que te hiciera gracia :D aunque no sé si este capitulo fue muy gracioso
¡Gracias! ¡Besos! ¡Nos leemos luego!
Akumu Hoshi
Y la consiguió xD pero ya veremos qué sucede en el futuro ;D
No es que me desagrade Psique, pero no puedo vivir sin torturar psicologicamente a algún personaje en un fic xD
Sí, ¿no? no pude evitar mostrarlo y no tenía ni idea de cómo hacer que Eros dejara el mensaje. y... me acabas de dar una idea para más adelante -w- creo que veremos a Apolo en persona más tarde jujuju...
Me imagino a Afrodita furiosa xD
:D
