Disclaimer: Inuyasha, Sengoku O Togi Zoushi es propiedad intelectual de Rumiko Takahashi.


A Christmas love story

por Onmyuji


IV. Es verdad que se alimenta del amor.


Inuyasha caminó con las manos bien fundidas en los bolsillos de su abrigo mientras subía a lado de la mujer de cabellos castaños con un pequeño bebé en los brazos. De vez en cuando echaba un ojo a la mujer, descubriéndola casi matándolo con la mirada en todo momento. Un suspiro por enésima vez y se resignó—. Ya, Sango. ¿Puedes perdonarme?

—¿Perdonarte? ¿Qué cosa? ¿Lo imbécil que eres? —Aferrada al pequeño bebé en sus brazos, escuchó a su otro lado a su marido, que respiraba profundo con sus pequeñas gemelas bien aferradas a la mano—. ¡Es la verdad!

—¿No podemos recibir el Año Nuevo en paz?

—¡No, Miroku! ¡Inuyasha es un imbécil!

—¡Keh! ¡Pero si ya me disculpé!

—¡Sí, pero no te has disculpado por el hecho de que Kagome-chan no me coge el teléfono!

Ouch.

—Bueno, debes entenderla, Sango, cariño. Seguro debe estar deprimida. —Concedió Miroku mientras continuaban subiendo los peldaños del templo Higurashi, seguidos de un séquito de personas que se asomaban y caminaban en pos de recibir el año de la manera más apropiada.

Su mujer respiró pesadamente mientras tomaba a Inuyasha del brazo y lo llevaba casi a rastras por la pendiente hasta que llegaron al torii y luego casi lo obligaba a formarse junto a todos los demás para agradecer el nuevo año.

—¿Puedes ser menos agresiva, Sango? —Se quejó Inuyasha ante la diabólica actitud de la mujer, aunque ella sólo acomodó mejor a su bebé entre los brazos y le habló, con veneno en la voz.

—¿Te lo mereces?

Seguro que no.

Pero cuando caminaba hacia la caseta donde le proveerían su fortuna del año, entre el gentío alcanzó a verle.

Kagome.

Caminaba hacia su ubicación e Inuyasha no supo cómo reaccionar. Enfundada en ese hermoso kimono color higo que tenía para ocasiones especiales, podía verla claramente entretenida en alguna cosa nueva en el suelo, porque no alzaba la cabeza en lo más mínimo. Luego vio a sus amigos adelantarse hasta ella y saludarla, aunque por el tono ansioso y preocupado del rostro de Sango, Kagome no lucía exactamente bien.

Él se acercó despacio y luego notó que sus amigos se marchaban, como una especie de oportunidad para que pudieran reencontrarse. Pero cuando la azabache lo notó e Inuyasha observó detenidamente su hermoso rostro, cayó en la cuenta de que ninguno de los dos la estaba pasando nada bien.

Y que ella había llorado. Mucho.

Se quedaron el uno frente al otro, mudos y sin verse. Kagome bajó la cabeza en una recatada y tímida postura, mientras él trataba de encontrar algún cerdo cayendo del cielo. Luego ella tembló suavemente a su lado y se movió, marchándose, pasando de largo de él, justo como habían decidido que sería.

Inuyasha apenas abrió la boca buscando alguna palabra para saludarla, cuando cayó en la cuenta de que ella ya se había marchado, sin esperar más nada.

Aquella sensación de ser ignorado (especialmente por una persona tan valiosa para él), golpeó su pecho en la forma de un vacío inusual. Nunca antes se había sentido así y dolía. Era extraño, porque mientras su cuerpo temblaba en una especie de ira y ella se alejaba definitivamente de su vida, Sango y Miroku, acompañados de sus hijos, volvieron sobre sus pasos y le hablaron.

—Inuyasha, ¿estás bien?

Para cuando volvió sobre sí, caminó entre el gentío del templo buscando a Kagome, temblando y castañeando los dientes con furia.

.

Kagome caminaba con pasos tímidos y trémulos. El frío de la nieve a su alrededor no ayudaba a sus emociones, mientras las lágrimas luchaban por salir de sus ojos y sumirla de nuevo sobre el llanto.

No había pensado que tendría que asumir reencontrarse de nuevo con Inuyasha. Pero era incluso más difícil pensarlo cuando la noche anterior había despertado en su interior todo ese amor aletargado por la distancia y la falta de comunicación.

Se encogió de hombros mientras continuaba caminando con la vista ligeramente nublada; cuando entre la nieve casi resbala gracias a las sandalias, y mientras luchaba por mantener el equilibrio, escuchó el sonido de movimientos apresurados por la gente y una voz iracunda que detuvo su camino.

—¡No puedo más! ¡Odio el año nuevo de mierda porque no puedo tenerte! ¡Al carajo todo! ¡Quiero que te cases conmigo!

Y cuando Kagome reaccionó, reconociendo la voz, y volteó; la gente entre los templos se hacía a un lado para ver, a mitad del templo, al hombre que ella amaba, fuera de su papel, totalmente de pie, rojo hasta las orejas; antes de que el brazo animoso de Miroku lo empujara por la espalda para acercarse y luego Inuyasha le dedicara una densa y furiosamente avergonzada mirada.

Luego, se volvió hacia ella, rebuscando algo entre sus bolsillos. Y bajo la mirada de advertencia de todos los presentes y contra todo pronóstico, el chico se hincó sobre una de sus rodillas mientras abría una pequeña cajita entre sus manos y le mostraba el brillante contenido ante la muda expectación de toda la gente.

Parecía que el tiempo se había congelado tanto para Inuyasha como Kagome, que se vieron fijamente en medio del gentío, entre la nieve. Poniendo en evidencia lo que ninguno de los dos podía ocultar. Y luego él comenzó a temblar cuando Kagome se tambaleó despacio hacia él y caminaba hasta quedar apenas algunos centímetros entre ellos.

Entonces el sonido de una bofetada resonó furiosamente en el templo.

El chico de cabellos platinados se tocó la mejilla izquierda ligeramente hinchada y enrojecida con algo de indignación por semejante arrebato de la azabache, cuando ella se arrodilló frente a él y lo envolvió por el cuello con sus brazos.

—¡Eres un idiota, Inuyasha! —El aludido no perdió detalle alguno de la voz quebrada y llorosa de su amada cuando lo abrazó y luego él, con la mano que antes sostenía su mejilla, frotaba suavemente su espalda.

Por alguna razón que no podía comprender, una sonrisa se asomó por la comisura de sus labios, a la expectativa—. ¿Eso es un sí? —Y cuando sintió que la cabeza pelinegra asentía tímidamente entre sus brazos, el público que se les congregaba comenzó a aplaudir y vitorear mientras ella se soltaba de sus brazos y se limpiaba torpe y adorablemente las mejillas con la manga de su kimono y luego él mismo aprovechaba la ocasión para colocar el anillo sobre su dedo anular izquierdo.

Kagome enrojeció mientras él tomaba su mano luego de colocar el anillo y la besaba. La gente a su alrededor comenzaba a marcharse mientras susurraban lo tierna que había sido aquella propuesta y Kagome se envolvía avergonzada por los brazos de su amado, que pronto se levantó y la tomó de las manos para terminar de pasar aquel día tan especial juntos.

Sango y Miroku, acompañados de sus retoños, observaban contentos la escena, mientras Kagome hacía un puchero y se ocultaba en el cálido torso de su novio. El chico no pudo sino encontrarla más que adorable, pero se guardaría el secreto antes que subirle el ego a la ojiazul.

—¡Espero que tengas algo qué decir en tu defensa, Inuyasha! —Gritó Kagome sin dejar de enrojecer, mientras Inuyasha la soltaba autosuficiente y sonreía, de esa manera tan encantadoramente varonil que la chica tanto amada.

—¡Keh! Hola de vuelta en mi vida, desconocida.


Fin.


PS. ¡Hola a todos y todas! Pues hemos llegado al definitivo final de este fanfic que prometía ser navideño. Si bien me tomó un mes acabarlo (y no fue en épocas de navidad xD), espero que haya sido de su entero agrado y que me den sus opiniones acerca de esta historia :)

Me costó un poco llegar al final, pero creo que ha valido la pena totalmente X3. Espero que me den sus opiniones y comentarios respecto a esta historia, así como leerlos dentro de muy poco :D

Nos estamos leyendo :D

Onmi.