Morgana arrojó al suelo los objetos de la mesa en un arranque de furia. De nada valió invocar a la Cailleach, Lancelot decidió sacrificarse para cerrar el velo entre los dos mundos, Guinevere seguía viva y Arturo más fuerte que nunca. Todo era culpa de Emrys, estaba segura.
-Mientras él exista nunca podré obtener lo que es mío por derecho. Tienes que ayudarme a encontrar a este Emrys y destruirlo.
Agravaine tuvo que ocultar con sus manos la tremenda erección; cuando Morgana se mostraba así de colérica lo único que deseaba era tumbarla sobre esa mesa. Un día simplemente no aguantaría más y… Desechó rápidamente esos sucios pensamientos, no fuera a ser que ella estuviese leyéndole la mente.
De momento la única manera de complacerla era descubriendo el paradero de ese tal Emrys y matarlo no solo por el bien de Morgana, sino por él mismo; quizás mostrándole el cadáver del brujo ella dejaría de usarlo como si de un sirviente se tratase y empezara a verlo como el hombre que estaría a su lado cuando tome la corona. Mientras tanto se concentró en asesinar a Uther con la triqueta encantada y a hacer de Arturo un rey despótico no sin sentir un poco de remordimiento, claro, –el chico era la vívida imagen de Igraine –pero recordó los labios rojos, los senos asomándose por el escote, la fragancia a cedro envolviéndola, entonces sus dudas se disiparon.
-¿Cuántos hombres hemos perdido? ¿Y cuántos hombres me traes? O debería decir, ¿cuántos sirvientes? –fue el sarcasmo de la hechicera al ver el cuerpo de Merlín, luego de la emboscada de los mercenarios.
-Arturo estaba a nuestro alcance
-¿Debería eso hacerme sentir mejor? -sus ojos resplandecieron llenos de ira.
-El desprendimiento de rocas fue nuestra culpa. Debo hacer acto de presencia en Camelot, el viejo doctor ya sospecha de mí.
-Gaius es astuto, debes tener cuidado. Después de todo si tu verdadera naturaleza se revela, no sé qué uso voy a darte.
-Morgana… -molesto, Agravaine desenvainó la espada –Mataré a este sirviente.
-No lo harás, Arturo está extrañamente encariñado con el chico. Podría serme útil, sin duda muy útil…
Morgana mostró de nuevo esa sonrisa cruel y Agravaine pensó que por nada del mundo le habría gustado estar en el pellejo de Merlín. Ella era muy poderosa: la vio hacer arder el fuego solo con la mirada, la vio encantar una espada con un par de palabras, la vio torturar sin siquiera mover un dedo; al pobre sirviente le esperaba una noche espantosa. En realidad no sabía a qué le temía más: si a la ira de la bruja o a su total indiferencia, lo que sí era cierto es que ya nada podría alejarlo de ella… salvo quizás la muerte.
Y tuvo miedo de que la muerte los separara el día en que la halló en el bosque; su rostro palideció y corrió rogando a los dioses que estuviera viva, afortunadamente solo se encontraba inconsciente así que la cargó de vuelta a la choza –parecía que llevaba aire en sus brazos –para depositarla en la cama. Pudo haber cedido al deseo, sí, pero decidió contenerse; Morgana con seguridad le habría cortado la mano que ahora usaba para acariciarle el rostro. Además dentro de Agravaine no todo era lujuria, también la admiraba porque en pos de sus ideales no temía enfrentar a los Pendragon (su propia sangre), porque era mucho más valiente que cualquier guerrero que haya conocido.
-¿Qué te ocurrió? –le preguntó cuando despertó -¿Morgana, quién te hizo esto?
-Emrys… -dijo ella aún mareada.
-¿El anciano? ¿Estuvo aquí?
-El cogió el Fomorroh, lo destruyó.
-¿Él conocía nuestros planes para matar a Arturo?
-Él sabía todo sobre nuestros planes, todos nuestros secretos. Lo sabía todo.
-Alguien se lo dijo
De repente Agravaine recordó la conversación que tuvo con Gaius acerca de Emrys, ambos ya se conocían y planearon juntos el ataque contra Morgana. Sintió ganas de golpear hasta la muerte a los ancianos al tiempo que maldecía en silencio: él mismo puso a Morgana en peligro mientras indagaba sobre el mago en Camelot. Por suerte pudo vengarse del médico acusándolo de brujería ante Arturo pues a Morgana se le ocurrió la idea de "solicitar" los servicios del mago Alator para sonsacarle el paradero de su némesis, sin embargo Gaius resistió la tortura sin decir una sola palabra.
Él regresó pocos días después con noticias alarmantes: Arturo le había propuesto matrimonio a Guinevere sin consultárselo primero, intentar hacerlo entrar en razón fue imposible. Morgana yacía en estado meditabundo dentro de la cabaña y le tocó el hombro pero segundos después sintió la punta metálica en su cuello, un milímetro más y…
-Más te vale que tengas una buena razón para asustarme de ese modo.
Agravaine se sintió molesto por la fría bienvenida, ¿no le había mostrado ya suficiente lealtad como para que dejase de tratarlo con tanta desconfianza?
-Me temo que la tengo: Arturo va a hacer de Guinevere su reina
El rostro de Morgana se contrajo de preocupación.
-Es justo como en mi sueño. –los ojos felinos se llenaron de furia -No veré a esa mujer en mi trono.
-No veo cómo podemos detenerla.
-Hay uno que puede arruinar los planes de Arturo, uno que puede interponerse entre ellos. Todos tenemos secretos y, para desgracia de Guinevere, conozco los de ella. Sé exactamente cómo destruirla.
Agravaine la miró fijamente mientras pensaba que tampoco él quería ver a esa repugnante sirvienta en el trono de Camelot. Su única reina sería la inigualable Morgana le Fay.
Referencias:
-Fomorroh: es la criatura de en forma de serpiente con siete cabezas utilizada para dominar la voluntad de las personas, Morgana lo utiliza varias veces.
-Me disculpo por la tardanza del segundo capítulo, en realidad ya estaba escrito pero como soy algo perfeccionista no quería subirlo sin antes revisar errores ortográficos, de lógica etc... Espero que no hayan tantos y como siempre ojalá que lo disfruten.
