Traer a Lancelot desde el mundo de los muertos fue un estupendo movimiento pues supuso el destierro de Guinevere y el quebranto de Arturo, un rey vulnerable significaba un Camelot vulnerable. Era el momento perfecto para atacar.

Agravaine sonrió mientras observaba a Morgana revisar los planos de los túneles de Camelot, se arriesgó él mismo a robarlos sólo para ver su rostro complacido –cuando ella tenía esa expresión era imposible pensar que fuera tan despiadada –y también por temor a que lo matara; ya muchas veces había fracasado.

-Lo has hecho bien, Agravaine… al fin.

Estaba tan contento de haberle sido útil que pasó por alto este último reproche pero la sonrisa desapareció cuando vio en la esquina de la choza a un hombre gigantesco y musculoso. Reconoció en él a Helios, un feroz guerrero famoso por sus hazañas militares y por… ser un completo mujeriego. Quiso preguntarle a Morgana qué hacía ese hombre allí sin embargo un segundo más tarde cayó en cuenta: ella necesitaba a alguien experto en batalla si quería conquistar Camelot. Una alianza. Sintió el aguijón de los celos, Morgana conocía a fondo sus habilidades con la espada, ¿por qué no recurrió a él? ¿Por qué confiarle el mando de las tropas a un extraño en lugar del hombre que le juró lealtad de rodillas?

Por primera vez experimentó el trago amargo de la traición. Sí, el traidor hablando de traición.

Helios pareció notarlo y tal vez para provocarle se acercó a Morgana y la miró con lascivia, sin importarle que ella se diese cuenta. Agravaine empuñó la espada, conteniendo las ganas de atravesarle el cuello ahí mismo, ¿lo habrían hecho ya?... No, Morgana no era de esas mujeres, sin embargo en aras de conseguir una alianza seguro tuvo que prometer algo, una noche quizás. La imagen de ambos revolcándose lo torturó durante todo el camino de regreso.

El ataque a Camelot se efectuó durante una noche fría, Agravaine hizo desmayar a los guardias de la puerta principal y llamó a los hombres de Helios agitando una fogata, la misma que luego usaría para incendiar las vías de escape. Pensó en lo defraudado que se sentiría Arturo no obstante fue un completo alivio quitarse la máscara del tío protector por lo que no tuvo reparos en perseguirlo a través del bosque. De vuelta al castillo para avisar que la ciudadela estaba bajo control se topó con una sorpresa agridulce: Morgana sentada en el trono, sí, pero Helios detrás.

Le dirigió al guerrero una mirada brusca. Él debía estar allí, no ese salvaje oportunista que podía comer con tranquilidad en medio de torturas.

-Santo Dios, ¿nunca va a terminar? –murmuró Agravaine para sí, escuchando los gritos desgarradores de Elyan.

-¿Qué sucede? ¿No tienes estómago para ello? –contestó Helios burlón.

-Arturo viaja hacia Ealdor. Y Agravaine… -Morgana tomó su brazo con gentileza, el corazón se le aceleró –Fállame otra vez y tomarás el lugar de Elyan.

La hechicera y Helios se alejaron, sonrientes. Agravaine iba a cumplir la orden de buscar a su sobrino cuando un pensamiento fugaz lo hizo detenerse; la posibilidad de que Helios quisiera traicionarla. Caminó hacia ese salón en el que Arturo preparaba sus estrategias políticas decidido a prevenirla, a decirle cuánto la amaba.

-Pensé que te había dicho que te fueras enseguida –le dijo Morgana, leyendo un pergamino.

-Mis hombres están preparados para partir.

-¿Entonces a qué estás esperando.

-Yo… -Agravaine tartamudeó, tratando de sacar valor –sólo quería despedirme….

-Dalo por hecho

-Y pedirte que tengas cuidado.

Se acercó hacia la mesa, ella lo miró interrogante:

-¿Por qué? No hay nada que temer.

-A pesar de todo lo que has conseguido, Morgana, debería seguir con cautela. Hay peligro en cada esquina, no puedes confiar en nadie. Ni siquiera en Helios.

-Nadie excepto en ti ¿no?

-Yo soy su único aliado, mi Lady, soy su único amigo de verdad. Haría cualquier cosa por usted, ya lo sabe –y aquí ya no hablaba en su rol de traidor o de sirviente, sino como un hombre enamorado.

-Estoy agradecida por tu lealtad, Agravaine, por ese motivo te he confiado esta misión.

-Entiendo, por supuesto que lo haré. Sólo desearía que no me alejaras de tu lado, donde puedo protegerte mejor.

-Encuentra a Arturo y no tendrás que alejarte de mí de nuevo.

Con una inclinación de cabeza, Agravaine salió del salón y partió, por suerte hallaron a los fugitivos al caer la noche, mas Arturo y Merlín se las ingeniaron para esconderse en una red de cuevas mientras su escuadrón era rostizado por el fuego del dragón. Aún con su ejército diezmado continuó persiguiéndolos porque no estaba dispuesto a fracasar otra vez.

En las grutas encontró a Merlín:

-¿Dónde está Arturo?

-Ten cuidado –respondió el sirviente, arrogante.

-¿De qué hablas? ¿Dónde está Arturo? ¡Dímelo ya o tendré que matarte!

-No creo que puedas.

Agravaine se acercó a Merlín con la intención de quemarlo con la antorcha que llevaba en la mano cuando una poderosa fuerza los arrojó a él y a sus hombres contra un puñado de rocas. Entonces lo comprendió:

-Tú tienes magia…

-Nací con ella.

De pronto, sus ojos se abrieron de par en par y por un segundo dejó de respirar. Aquel sirviente también era…

-Tú eres Emrys…

-Así es como me llaman los druidas. –los ojos del chico se mantenían fijos en él.

-Y has estado en la corte todo este tiempo, al lado de Arturo. Así es como le has engañado. Estoy impresionado, Merlín, tal vez seamos más parecidos de lo que piensas.

Sacó el cuchillo que mantenía oculto en la cintura pero no tuvo tiempo ni siquiera de empuñarlo bien. Merlín lo arrojó esta vez contra la pared de piedra.

-"Mi Lady… tengo que avisarle… Emrys…"

Hizo un esfuerzo para levantarse y al instante lo supo. Era en vano cualquier intento.

Vio a Morgana sentada en el trono, en su trono, mirándole tiernamente. Estiró los brazos tratando de llegar a ella, de tocarla, de besarla.

Todo se volvió negro.


Referencias:

-Tercer y último capítulo de este fic.

-Me tomé tanto tiempo en escribirla porque quería que fuese una especie de tributo a Morgana y Agravaine. Sí, me declaro seguidora del Morgravaine aún cuando sea tan impopular.

-Ojalá que les guste la historia.